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Manuel Vázquez Montalbán: el drama de morir y quedarse sin saber cómo acaba la liga

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Manuel Vazquez Montalban. DP

Su mayor temor era morirse y quedarse sin saber como acaba la Liga. A Manuel Vázquez Montalbán (1939–2003) le alcanzó la muerte en un aeropuerto de Bangkok, justo cuando regresaba a España tras una gira de conferencias. El destino quiso que no llegara a ver aquel Barça‑Dépor que iba a seguir en familia. La losa de la eternidad le impide, como tanto temía, saber si el Barça sigue siendo «más que un club».

Novelista de éxito internacional gracias a la serie del detective Pepe Carvalho, máximo exponente de un noir mediterráneo que creó escuela, por sus novelas desfilan, entre asesinatos y desapariciones, la crónica sentimental de la España democrática, con Barcelona como personaje principal. Su literatura fue, al mismo tiempo, relato policial, memoria colectiva y análisis político.

Poeta, periodista, ensayista, comunista, antifranquista, gastrónomo: dedicó centenares de artículos a lo largo de su vida al deporte y, muy especialmente, al fútbol. De ese corpus disperso puede reconstruirse una filosofía del balompié y de su relación con el mundo contemporáneo.

Territorio sentimental y político: Més que un club

Su hijo, el también escritor Daniel Vázquez Sallés, lo recuerda como un sufridor nato. Sufría hacia dentro. Le gustaba ver los partidos del Barça en solitario, deambulando por la casa enfundado en un chándal blaugrana, con la radio encendida como único acompañamiento. «Una vez le dio un infarto silente viendo un partido; meses después tuvieron que operarlo del corazón».

Se hizo culé durante su niñez en el Raval, entonces conocido como el barrio chino: «Nos hicimos del Barça porque en las tiendas del país de nuestra infancia aparecían carteles en los que Samitier regateaba a un jugador, cualquiera, del Espanyol». De allí a Vallvidrera, Montalbán acabó convirtiendo su pasión en material literario y sociológico, en una época en la que muchos intelectuales despreciaban el deporte rey. Como recuerda Sergi Pàmies, normalizó su afición como una conexión sentimental con la realidad y como parte reivindicable de la memoria popular, del mismo modo que hizo con la gastronomía.

El 25 de octubre de 1969 publicó en la revista Triunfo un texto que acabó pasando a la historia del barcelonismo: Barça! Barça! Barça! En él realizó un análisis político y sociológico del club, definiéndolo como el «ejército simbólico de la catalanidad» durante el franquismo. Era entonces un joven periodista que acababa de pasar por la cárcel debido a su apoyo a los mineros asturianos.

En aquel artículo subrayaba el valor extradeportivo del Barça como símbolo de la identidad cultural catalana, desarrollando la idea esbozada por Narcís de Carreras con el lema més que un club. «El Barça, escribió, es la única institución legal que une al hombre de la calle con la Cataluña que pudo haber sido y no fue», un elemento integrador que, como el pan con tomate, permitía a inmigrantes murcianos, gallegos, aragoneses o andaluces sentirse parte de su nuevo país.

Juan Cruz ha señalado que su interpretación del fútbol era política y sentimental a la vez. Esa mirada le llevó a vincular la historia del Barça con la historia de Cataluña a lo largo de centenares de artículos y referencias novelísticas. Jordi Osúa ha recopilado y analizado estos textos en Manuel Vázquez Montalbán. Barça, cultura i esport (Base, 2018) y Vázquez Montalbán. Fútbol y política (Base, 2019).

Montalbán fue un pionero en pensar el mundo a través del fútbol y en hacer literatura con ese material. Como señala Osúa, y no podemos sino estar de acuerdo, fue uno de los pocos intelectuales de izquierdas capaces de unir afición futbolística y militancia política, convirtiéndose en referente para generaciones posteriores. En sus textos se reconstruye la historia crítica del fútbol español y la traducción de las circunstancias políticas sociales y económicas de una sociedad en la que este deporte, como decía Arrigo Sacchi, es la cosa más importante de las cosas sin importancia.

Valdano, para MVM el Benedetto Croce del fútbol mundial, cuenta que desde que lo leyó sintió la necesidad de jugar con un libro debajo del brazo:

«Para mí jugar al fútbol ya no fue lo mismo, me sentía representante de algo más. Entendí que cuando hablábamos de fútbol, no sólo hablábamos de fútbol. Que había implícito en cualquier comentario cosas que tenían una vinculación muy seria con la vida, pero también con la política y con la sociología.»

Una religión en busca de Dios

Cuando murió, en su ordenador portátil quedó el borrador de un libro que vería la luz dos años después, editado por su hijo: Fútbol: una religión en busca de un dios (2005). El volumen reúne los textos futbolísticos escritos a lo largo de toda su trayectoria periodística.

Manuel Vázquez Montalbán (Foto: Cordon Press)
Manuel Vázquez Montalbán (Foto: Cordon Press)

El libro se estructura en tres grandes apartados. El segundo y el tercero están compuestos por artículos escritos entre 1969 y 2003: una gran sección que se centra en el Barça, el Real Madrid (White is beautiful) y la rivalidad de ambos, y un conjunto de «Fenómenos» y «Fenomenologías» del fútbol de finales del siglo XX: José María García, Jesús Gil, Berlusconi. Lo perfiles futbolísticos son de alta categoría literaria:

«Llamándose Romario, no podía esperarse otra cosa que goles sureños, del sur más profundo del mundo, con un estilo de samba con seriedad de macumba, de la misma manera que llamándose Van Basten los goles han de ser nórdicos y de metro noventa de estatura».

En el primer apartado de este libro, que hemos dejado para el final, MVM recoge su filosofía sobre «un deporte que nos permite una vivencia religiosa indispensable para nuestro ecosistema emocional». Así, repasa la evolución desde el juego callejero de su infancia hasta la mercadotecnia global: una nueva religión laica en manos de la FIFA, las multinacionales y las televisiones.

Recorre, además, la trayectoria de los grandes ídolos: Pelé, Di Stéfano, Cruyff o «el ángel caído», Diego Armando Maradona, junto a los nuevos mitos de finales de siglo como Ronaldo o Zidane. Messi debutaría poco después de su muerte.

Para MVM el fútbol contribuye a la construcción de identidades colectivas, lo que le convierte en un instrumento político de primer orden para dictadores y populismos, así como en una válvula de escape emocional para las frustraciones sociales.

En una sociedad en camino hacia la secularización, el vacío dejado por las grandes religiones ha sido ocupado por el fútbol: los estadios son templos, los aficionados fieles, los clubes iglesias, los jugadores santos o mártires y el gol una epifanía colectiva. Pero es una religión sin dios estable, siempre en busca de un nuevo mesías.

El tiempo ha confirmado una de sus tesis centrales: la mercantilización del fútbol. Los jugadores se han convertido en productos y los hinchas en consumidores emocionales. Frente a ensayos que celebran la belleza del juego o la nostalgia, el suyo es ante todo un análisis del fútbol como artefacto ideológico, un cruce de poder, mercado e identidades colectivas. Sigue siendo vigente porque no habla solo de fútbol, sino de cómo una sociedad se explica a sí misma cuando ya no cree en nada, pero necesita creer en algo.

Bonus track: El delantero centro fue asesinado al atardecer

Además de los libros citados, recomendamos leer El delantero centro fue asesinado al atardecer (1989), una novela negra de la serie de Pepe Carvalho en la que el célebre detective investiga las amenazas recibidas por el Fútbol Club Barcelona en las que se anuncia el asesinato del nuevo delantero centro del equipo. A través del caso, MVM presenta su visión crítica de la Cataluña preolímpica: de los empresarios especuladores a las prostituyas heroinómanas, pasando por el nacionalismo y el fútbol como negocio ligado al poder. Una sátira sobre la mercantilización de la cultura popular y la fragilidad moral de la Transición.

Un comentario

  1. Fue un visionario. El Barcelona resultó ser més que un club, concretamente una organización criminal que desde Núñez hasta hoy ha corrompido las competiciones.
    MVM, si lo hubiera sabido, hubiera sido de los pocos culés que habría pedido explicaciones a sus dirigentes por ello. Mal suerte que se perdiera a Messi, pero menos mal que no sufrió a Laporta.

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