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Zidane: «Modric, Kroos o Benzema en una hora y media de entrenamiento no perdían la pelota ni una sola vez; Cristiano la perdía algo más…»

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Zinedine Zidane (Foto: La Gazzetta dello Sport)
Zinedine Zidane (Foto: La Gazzetta dello Sport)

En el Festival dello Sport de Trento, organizado por La Gazzetta dello Sport, había programada una entrevista donde el exentrenador del Real Madrid, Zinedine Zidane, recordó sus años en activo como jugador y como míster.

Lo más llamativo fueron sus recuerdos sentado en el banquillo. Hablaba de sus antiguos pupilos lleno de admiración: «Tuve jugadores impresionantes. Y no solo en los partidos: en los entrenamientos, estar a cinco metros de ellos era un espectáculo. Por ejemplo, Benzema, Kroos, Isco… no perdían nunca la pelota. ¡Nunca! Una hora y media de entrenamiento y no la perdían ni una vez. Eso es impresionante. Modrić, Kroos, Benzema, Isco, RodrygoCristiano la perdía un poco más (ríe), pero luego hacía goles impresionantes, así que…».

Como novedad, reconoce jugadores blaugranas que le hubiera gustado entrenar: «Iniesta, por ejemplo. Y Busquets también». No obstante, hay un equipo que dejó huella en él y no es ni de Madrid ni de Barcelona, sino el Milan de los ochenta: «Si tengo que hablar de un equipo que me marcó cuando era más joven, fue el Milan de Van Basten, Rijkaard y Gullit… con Baresi, Maldini, y también con Carlo Ancelotti en el medio. Ese equipo ganaba muchísimo, era impresionante. El Milan de Sacchi, sí».

Ese recorrido por sus ídolos le lleva a rememorar lo que fue entrenar con Ronaldo Nazario, con el que coincidió en el llamado Madrid de los Galácticos, que futbolísticamente tuvo un impacto limitado en el deporte, pero sus entrenamientos eran verdaderas fiestas balompédicas: «Siempre digo lo mismo, porque hablo del brasileño, Ronaldo. Ronaldo… Lo que hacía en los entrenamientos era una locura. Eso sí que era fútbol de verdad, el juego auténtico. Hacía cosas increíbles. Para los más jóvenes: hablo del fenómeno, O Fenômeno. Aunque, claro, Cristiano también, lo que ha hecho no se discute. Pero lo que hacía el Fenómeno en el campo era algo increíble. Porque él te decía: ‘Ahora te hago dos caños’. Y los hacía. Eso no existe. Los caños, ya sabes, los túneles. Dos túneles. Y los hacía. Te decía: ‘¿Ah sí? ¿Quieres que me enfade?’, ‘Pues ahora te hago dos túneles’, y los hacía».

Zinedine Zidane (Foto: Cordon Press)
Zinedine Zidane (Foto: Cordon Press)

Aunque en la actualidad, solo tiene ojos para Yamine Lamal: «Sí, hay muchos buenos jugadores hoy, y menos mal por el fútbol y por los aficionados. Pero si tengo que decir uno que me haga sentir algo cuando toca la pelota, es el chico del Barcelona… Yamal. Sí, Yamal. Es muy bueno. No es exactamente un centrocampista, pero da igual la posición: tiene algo especial. Cuando toca la pelota, te transmite algo, te hace sentir algo. Por ejemplo, el segundo tiempo que jugó contra el Inter el año pasado fue una locura. Hacía cosas increíbles. Nadie podía pararlo, y el Inter no es fácil, porque los italianos defienden muy bien. Él lo hacía todo solo. Es impresionante».

El Zidane más personal

En otra parte de la charla, Zidane habló de los compañeros, pero desde un punto de vista personal. Cuando le pregunta, con qué jugador iría a cenar, no duda: «Modrić. Modrić, sí. Kroos también. Pero hay muchos jugadores así, discretos, gente tranquila, que me gusta porque hablan en el campo, no fuera de él. Son personas de familia, como yo. Por eso digo que somos un poco parecidos».

Más adelante, el entrevistador le pide que imaginara encontrarse con el Zidane niño, aquel chaval que jugaba en las calles de Marsella con una pelota destrozada. El francés sonríe antes de responder: «Le diría: ve derecho, sigue tu camino, porque tu destino en el fútbol ya está escrito. Yo tenía esa pasión dentro, y lo único que tenía que hacer era trabajar más que los demás. No dije a mis padres ‘quiero ser futbolista’ como un capricho. Lo dije sabiendo que lo sería. Y lo fui».

Sin duda, esos padres le enseñaron poco, pero le enseñaron todo: «Mi padre tenía poco, pero nos enseñó a valorar lo que teníamos. Siempre nos habló de la dignidad del trabajo, del esfuerzo, de la importancia de hacer las cosas bien. A veces me contaba que pasaba frío en el metro porque no tenía calefacción. Yo he vivido otra vida, pero nunca he olvidado eso. Todo lo que he sido viene de ahí».

Zidane contra el fútbol moderno

Otro contraste es la rabia que le da al astro francés cómo está evolucionando este deporte y la progresiva desaparición de la que, para él, era la posición más importante: el 10. Si jugara hoy, dice que intentaría adaptarse sin traicionar su naturaleza: «Defensivamente haría lo que me pidiera el entrenador, claro. Pero ofensivamente… nada. Haría lo que llevo dentro, inventar, aparecer donde no me puedan agarrar. Porque el fútbol también es eso: imaginar, improvisar, buscar espacios que no existen».

Zinedine Zidane (Foto: Cordon Press)
Zinedine Zidane (Foto: Cordon Press)

Todo en un fútbol mucho más rígido y sujeto a tácticas y orden en las líneas: «Antes estaban los libres, los cinco, los diez… gente inteligente, que entendía el juego de otra manera. Ahora todo es más físico, más ordenado, más controlado. Pero el fútbol sin el diez pierde poesía. Y a mí me gusta el fútbol que tiene poesía».

Vivimos en la era del músculo y la resistencia, y eso no le convence: «Creo que el fútbol se ha vuelto demasiado físico y demasiado táctico», dice. «Falta poesía. Falta ligereza. Echo de menos a los jugadores que acarician el balón, los que driblan, los que inventan. Hoy hay mucha velocidad, mucha potencia… pero a veces se ha perdido un poco el arte».

Para el francés, el fútbol es un idioma que se habla con los pies, no con los esquemas: «A mí me gustaba ver a un jugador que toma la pelota, que encara, que lanza un pase de cuarenta metros… Ese tipo de cosas se ven cada vez menos. Hay partidos buenos, claro, pero me falta algo. Me falta el juego».

Le preguntan cómo había aprendido ese toque tan suyo, esa manera de deslizar el balón como si tuviera alma propia: «No lo entrené, nací con ello. Es algo que tenía dentro. Después, cuando entré en el centro de formación, trabajé mucho la cabeza y la pierna izquierda, porque al principio me costaban. Pero el toque, eso venía solo. Lo que me gustaba era sentir la pelota».

Para sentenciar y enmudecer al pabellón: «Yo amo el fútbol cuando se juega con elegancia. No hace falta hacer mucho ruido para hacer cosas grandes».

Desde los banquillos

Cuando la conversación pasa a su etapa como entrenador, Zidane no se presenta como un estratega de pizarras, sino como alguien que entiende el fútbol de una forma más emocional y de trato cercano con los jugadores. Menciona a Marcello Lippi y a Carlo Ancelotti como sus grandes referencias. «De todos aprendí algo», dice. «Pero si tengo que destacar a uno, es a Lippi. Cuando llegué a Italia todo era difícil, también físicamente. Me criticaron, era normal, pero él siempre confió en mí. Me dijo: ‘Quédate tranquilo, vas a hacer tu carrera aquí’. Y eso fue muy importante, porque cuando un entrenador cree en ti, te da confianza, y de esa confianza sale todo».

También tuvo palabras afectuosas para Ancelotti, con quien coincidió en la Juventus y más tarde en el Real Madrid: «Carlo es un amigo, un viejo amigo, pero sobre todo un gran entrenador porque sabe escuchar. No todos escuchan; algunos oyen, que es distinto. Carlo escucha de verdad al jugador».

Zinedine Zidane (Foto: Cordon Press)
Zinedine Zidane (Foto: Cordon Press)

A partir de ahí explica lo que, para él, distingue a un buen técnico: «La pasión es lo primero. Si no amas el fútbol, no puedes transmitir nada. Y luego está la energía: cuando llegas por la mañana, si tú estás serio y concentrado, el jugador también lo estará. Somos humanos; si algo no va bien en casa, hay que dejarlo fuera, porque el equipo nota todo. Cuando entras al vestuario tienes que llevar buena energía, porque de ti depende el tono del día».

Eso le pasó a él, fue algo pasional. Cuando decidió colgar las botas, pensaba que se había acabado: «Dejé el fútbol porque yo lo había elegido», explica. «Me encantaba jugar, entrenar, competir, pero ya no soportaba las concentraciones, los viajes, los hoteles. A los veinte años está bien, pero cuando tienes treinta y tantos, con los hijos en casa, se hace pesado. Podía haber seguido dos o tres años más, porque apenas tuve lesiones, pero lo dejé porque quería vivir otra cosa».

Sin embargo, durante los tres años siguientes en los que se dedicó por completo a su familia, le faltó algo. «Me ocupé de mis hijos, de mi mujer, de mis amigos. Viajé mucho, viví bien. Disfruté de la vida, pero después de tres años me pregunté: ¿y ahora qué hago? No podía seguir así. Necesitaba un objetivo en la vida».

Fue entonces cuando, casi por azar, apareció la idea de entrenar. «Un amigo mío era técnico y hablábamos de fútbol todo el tiempo. Me picó la curiosidad. Yo había dicho que nunca sería entrenador, pero me equivoqué. Empecé a prepararme, a estudiar los cursos, y descubrí que me apasionaba. Dije ‘nunca seré entrenador’ y terminé haciendo tres Champions seguidas. La vida es así».

Desde entonces, opina que los entrenadores tienen mucho que ver en el resultado, lo que dejaría de una pieza a analistas como Javi Roldán, más proclives al protagonismo de los jugadores: «El entrenador es el ochenta por ciento del éxito. Puede tener los mejores jugadores del mundo, pero si no transmite confianza y serenidad, el grupo no funciona. El fútbol es energía, emoción y trabajo diario».

Eso sí, sus principios son inamovibles, todo en torno al esférico: «En mis entrenamientos siempre había balón. Incluso cuando trabajábamos la parte física. No me gusta trabajar sin balón. El balón tiene que estar siempre ahí, porque es lo que nos une, lo que nos recuerda por qué hacemos todo esto».

Todo por la Champions

Cuando la conversación gira hacia la Champions League, Zidane adopta un tono más analítico. Recuerda los años de la Juventus, donde aprendió que la grandeza no siempre se traduce en títulos europeos. «La Champions es muy complicada», reconoce. «Difícil de alcanzar, difícil de ganar. Con la Juve llegamos lejos, pero perdimos dos finales. Y eso te marca».

Zinedine Zidane (Foto: Cordon Press)
Zinedine Zidane (Foto: Cordon Press)

El entrevistador le recuerda que la Juventus de los noventa era una máquina de competir, pero el francés explicó que en Europa hay algo más que talento: «Ganar una Champions no depende solo de los jugadores. Hace falta un club que empuje detrás, una estructura sólida, una mentalidad colectiva que lo abarque todo. En un torneo así, cada detalle cuenta».

Lo dice desde la experiencia, levantó tres seguidas: «Para llegar a ese nivel se necesita que todo el mundo reme en la misma dirección: jugadores, cuerpo técnico, dirigentes. Y también un poco de suerte, porque en el fútbol la suerte existe, y hay que saber reconocerlo. La Juve la ganó en el 96, sí, pero después no volvió a hacerlo. No es por falta de calidad: es porque la Champions exige una conjunción perfecta de talento, trabajo y club. Y eso no se da todos los años».

Empezar desde cero

Al final, Zidane nunca ha dejado de ser aquel niño que jugaba en las calles de Marsella con una pelota que apenas botaba: «Empecé como todos los niños en casa o en la calle, con mis amigos. En Marsella se jugaba todo el tiempo, en cualquier esquina. Me enamoré del fútbol así, sin pensarlo». En su habitación, tenía los pósters de Platini y Amoros, símbolos de una Francia que era realmente potente en los 80: «Todos los niños queríamos jugar como ellos, aunque sabíamos que era imposible. Por eso los tenía colgados en la pared, para verlos y soñar».

Su familia había llegado de Argelia buscando una vida mejor. «Mis padres vinieron para trabajar», recuerda. «Primero a Marsella, pero no había mucho empleo, y mi padre se fue a París, a Saint-Denis. Justo donde años después se construiría el estadio en el que fui campeón del mundo». Hizo una pausa antes de añadir: «Era una época dura. Mi padre trabajaba en todo lo que podía. A veces me dice que el único sitio donde tenía calor era en el metro, porque en casa hacía frío».

Ese es el momento más emotivo del encuentro, cuando recuerda a su padre, hoy nonagenario. «Tiene 90 años y aún le brillan los ojos cuando recuerda lo duro que fue todo. Yo he tenido la suerte de poder hablar con él de esas cosas, de lo que vivió y de lo que me enseñó. Lo que más me queda es su orgullo, su dignidad. Él no tenía mucho, pero nunca se rindió. Todo lo que soy viene de ahí».

8 comentarios

  1. Pingback: Zinedine Zidane repasa a sus ídolos, su etapa en el Madrid y su visión del fútbol actual - Hemeroteca KillBait

  2. Desvela el confidencial que cada socio del Real Madrid deberá pagar 60.000 euros, como mínimo, por cada acción, para que la conversión a sociedad anónima impulsada por Florentino Pérez no deje el club en manos de unos pocos y de empresas privadas

  3. Está claro q fue un gran jugador pero no logra reconocer los q fueron mejor q el q no eran de sus equipos, menciona a Busquet e Iniesta y se olvida de tantos otros ….. pero no eran de sus equipos Madrid aunque le demostraron q eran mejor que El, Que Ronaldo, Q Bencema, Q Modric….. aunque le dieron lecciones de Excelencia en el Futbol y en la conducta en el terreno

  4. El Mundo

    El artículo habla de sobrecostes, freno a los conciertos y reveses judiciales por el parking. Y ojo: en la asamblea del 23 de noviembre se tratará la idea de convertir el club en sociedad anónima.

    Acabáramos, es para que no les pille por sorpresa a los socios compromisarios.

    Porque si algún día eso ocurre, que ocurrirá ni lo dudéis, cada socio tendría que poner unos 60.000 euros por acción —como mínimo— para mantener su parte del club.

    O dicho de otro modo: el Real Madrid, ese “club de los socios”, podría acabar en manos de unos pocos inversores, empresas o de algún millonario aburrido que quiera jugar a ser presidente.

    Florentino no quería, pero si los vecinos se quejan del ruido y la justicia no le deja que Almeida le regale el Parking, pues no le queda mas remedio que privatizar el club, que en el fondo es lo que le mola.

    Siempre les queda la opción que al socio que no tenga ese pastizal y no le den una segunda hipoteca, puede ir a Quirón a vender un riñón, o el huevo izquierdo que no sirve para nada.

    Por cierto 1.500 millones por un caparazón horrendo que en cinco años los cimientos cumplirán 80 años.

  5. Ernesto Delon

    Que entrevista. Mucha humildad de Zidane, todo lo que dice es importante. Me gusta la parte de devolver al nueve su libertad, y que el futbol debe de tener poesía, algo artístico.

  6. Negreira Negreira Negreira

    Están a punto de ser una SAD. La Superliga se les ha desmontado. El nuevo Bernabéu es la peor obra arquitectónica que se ha hecho en Europa en siglos, les paralizan los parkings y conciertos, tienen el vestuario roto…pero el tema de debate es Lamine Yamal.

    Esto es España.

  7. – Se les desmonta la Superliga
    – Van a convertirse en una SAD
    – Un Bernabeu infame por 2000M
    – Sin aforo suficiente para final mundial
    – Les paralizan los conciertos y el parking
    – Tiene a su propio vestuario roto

    Como actuaría la prensa si esto le pasará a Laporta?

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