
El Mundial femenino arrancó hace unos días en Berlín con España aplastando a la anfitriona Alemania (83-53) en el Uber Arena. Ese mismo día, 4 de septiembre, se publicó la conversación entre Pau Gasol y Sue Bird en Bird’s Eye View, el pódcast que Bird produce con la Vox Media Podcast Network y TOGETHXR. Los dos son embajadores globales del torneo, nacieron el mismo año, en 1980, y han pasado los suficientes veranos jugando por su país como para reconocer en el otro una experiencia compartida. En la distendida charla conversan sobre los Mundiales que han jugado ambos, de Kobe Bryant, de las jóvenes españolas que empiezan a destacar y de lo que cambia en un jugador cuando escucha el himno antes de salir a la pista. También de los Lakers y de una botella de Vega Sicilia.
La venta de los Lakers sirve para abrir la conversación. Gasol admite que la noticia le sorprendió. La franquicia vuelve a estar pendiente de un cambio de propietario después de que Mark Walter acordara en 2025 la compra de la participación mayoritaria de la familia Buss en una operación que valoraba el equipo en diez mil millones de dólares. Ahora son Josh Kushner y Bob Iger quienes han acordado adquirir su participación, con una valoración de doce mil quinientos millones para el conjunto de la franquicia y a la espera de la aprobación de la NBA. A la operación se añade el conflicto por el 17,8 % que conserva el patrimonio familiar de los Buss. Los hermanos de Jeanie Buss pretenden vender esa participación, mientras ella se opone y ha llevado la disputa a los tribunales. El apellido que durante décadas pareció inseparable de los Lakers podría desaparecer de su accionariado. Gasol contempla el asunto desde el vínculo con una organización con la que ganó dos anillos. Le preocupan el legado y la continuidad, aunque su respuesta es prudente: los cambios ocurren, a veces asustan y no tienen por qué arruinar lo que había antes. Se declara optimista y cuenta que tiene previsto viajar a Los Ángeles para conocer mejor la situación. A quien espere una invectiva contra los nuevos propietarios le tocará buscarla en otro sitio.
Bird lleva después la charla a los comienzos. Ella se formó en Estados Unidos y pasó numerosos inviernos jugando en Europa; él aprendió el oficio en España antes de marcharse a Memphis. El intercambio le permite preguntar qué había en aquella formación europea que Gasol pudo llevarse a la NBA. La respuesta empieza por algo muy concreto: nadie decidió demasiado pronto que, por ser alto, debía vivir debajo de la canasta. Jugó por fuera, manejó el balón y aprendió movimientos que no parecían destinados a un futuro pívot. Su delgadez también ayudó. Pelearse con los más fuertes dentro de la zona era una opción poco atractiva para un adolescente al que todavía le faltaban kilos. Aquella educación le dio recursos cuando el cuerpo terminó de crecer. Gasol contrapone esa experiencia con un sistema estadounidense en el que, a su juicio, pesan más los incentivos económicos y el desarrollo individual. También observa que la extraordinaria capacidad atlética de muchos jugadores permite resolver situaciones que en otros sitios obligan a aprender un movimiento, encontrar un pase o pensar un poco antes.
Sus primeros recuerdos contra Estados Unidos pertenecen a la adolescencia. Evoca el torneo de Mannheim, conocido como un Mundial oficioso de la categoría júnior, y después Lisboa. Allí, el 25 de julio de 1999, España ganó la final del Mundial júnior por 94-87. Gasol acababa de cumplir diecinueve años. Juan Carlos Navarro, Raül López y Felipe Reyes formaban parte de aquella generación que quedó bautizada como los júniors de oro. Llegarían muchos más partidos contra los estadounidenses y bastantes menos victorias. Gasol recuerda especialmente las finales olímpicas de Pekín y Londres, dos oportunidades de competir por el oro contra equipos extraordinarios. Le habría gustado convertir alguna de aquellas platas en otra cosa, pero tampoco discute el mérito del rival. Perdieron, felicitaron a los ganadores y siguieron jugando. En Japón, en 2006, Estados Unidos no llegó a la final. Grecia eliminó en semifinales a un equipo que reunía a LeBron James, Carmelo Anthony y Dwyane Wade, todavía jóvenes. España tuvo que superar a Argentina en un partido cuyo último lanzamiento sigue alojado en la memoria de cualquiera que lo viera.
Gasol lo recuerda desde el peor asiento posible. Se había lesionado el pie izquierdo y, antes de retirarse, convirtió los dos tiros libres que pusieron el 73-67. La ventaja parecía suficiente para respirar, pero Argentina volvió a acercarse. Un triple de Pepe Sánchez, una serie de libres de José Calderón, una canasta de Manu Ginóbili y dos tiros libres de Luis Scola dejaron el encuentro empatado a 74. Calderón volvió a la línea y convirtió uno de los dos lanzamientos. Argentina tuvo la última posesión. Ginóbili penetró y encontró a Andrés Nocioni en la esquina. El triple no entró. España ganó 75-74 y Gasol tuvo que afrontar una noticia que no admitía negociación: la lesión le impediría jugar la final. Contra Grecia, sus compañeros ganaron 70-47. Él lo vio desde el banquillo. Cuando Bird le pide más adelante que elija su mejor recuerdo con la selección, vuelve a ese partido. Después de tantos encuentros decididos con sus puntos, escoge uno en el que no pudo anotar ninguno.
La conversación pasa de aquella alegría a la exigencia de los torneos de selecciones. Gasol insiste en la entrega de los jugadores y en el escaso margen para corregir un mal día. No hay una temporada larga por delante que permita relativizar la derrota. En un campeonato corto, un mal cruce puede deshacer en cuarenta minutos el trabajo de todo el verano. Tiene dos ejemplos españoles. En el Eurobasket de 2007, Rusia ganó la final por 60-59 y él falló el último lanzamiento. En el Mundial de 2014, también en casa, Francia eliminó a España en cuartos por 65-52. Gasol las sitúa entre las derrotas más dolorosas de su carrera. El tiempo ha hecho poco por volverlas borrosas. Cuando Bird le pregunta qué significaba jugar con España, aparece la distinción entre el «Pau España» y el «Pau NBA». El propio Gasol recuerda que había quien hablaba de él como si fueran dos jugadores. La camiseta, el himno y el reencuentro con unos compañeros a los que veía prácticamente cada verano lo colocaban en un estado que intentaba trasladar después a su equipo estadounidense.
Lo explica a través del afecto por el baloncesto y por su país. También de la convivencia. La selección permitía volver a jugar con amigos de adolescencia, compartir concentraciones y acumular recuerdos que no pertenecían a ninguna franquicia. Para alguien criado en Sant Boi, la imagen del Dream Team en Barcelona había dado forma muy pronto a ese deseo: salir a una pista representando a su país e inspirar a otros como aquellos jugadores lo habían inspirado a él. Kobe aparece en ese punto de la conversación. Gasol recuerda una broma que le atribuye antes de los Juegos de Pekín: si Estados Unidos no ganaba el oro, Bryant se iría a México en lugar de regresar a casa. La cuenta como una manera de expresar hasta qué punto había asumido la obligación de ganar. El equipo estadounidense venía de varias derrotas en grandes torneos y Kobe se había incorporado para ayudar a terminar con ellas.
Bird encuentra material para dirigirse a sus propias jugadoras. Desde mayo de 2025 es la primera directora general de la selección femenina de Estados Unidos, con responsabilidad sobre la elección de entrenadores y jugadoras para el Mundial de Berlín y los Juegos de Los Ángeles 2028. Conoce bien la presión de un equipo para el que la plata suele exigir explicaciones. Durante años tuvo que responder a ella en la cancha; ahora participa en las decisiones que determinan quién sale a jugar. El apoyo de Gasol al baloncesto femenino tiene un recorrido anterior a este Mundial. Fue embajador del de Sídney en 2022 y participó en la ampliación de capital de la WNBA anunciada aquel año, presentada entonces como la mayor de la historia del deporte femenino. En 2023 recibió el Kobe & Gigi Bryant WNBA Advocacy Award, que reconoce la contribución al desarrollo del baloncesto femenino y de la liga.
Al explicar sus motivos, habla de sus dos hijas y de las oportunidades que quiere para ellas. Le gustaría que pudieran perseguir sus ambiciones con las mismas posibilidades de reconocimiento que su hijo. También menciona a Kobe y Gianna Bryant. La dedicación de su amigo al baloncesto de las niñas y las mujeres se convirtió, después de su muerte, en otra razón para implicarse. Ese compromiso convive con su interés por la gestión y la inversión. Bird le pregunta por la posibilidad de dirigir un club y Gasol reconoce que estudia opciones. Sigue de cerca el proyecto de NBA Europe y lo contempla como una posible vía para asumir responsabilidades.
Tiene un ejemplo familiar próximo. Marc Gasol preside el Bàsquet Girona, cuya estructura se unió a la del Uni Girona en 2025. El proyecto reúne al equipo masculino de la ACB y al Spar Girona femenino. Pau elogia la ciudad, la comida y la afición, mientras Bird recuerda con agrado sus visitas como jugadora. Entre las incorporaciones del Spar Girona está Iyana Martín, que ha firmado por dos temporadas después de su paso por Perfumerías Avenida. Portland Fire la eligió en el número siete del draft de 2026. Un poco antes, en el tres, Seattle Storm había seleccionado a Awa Fam: el mismo puesto que ocupó Gasol en el draft de la NBA veinticinco años atrás.
La comparación conduce a una pregunta sobre lo que supone empezar tan pronto una carrera profesional. Gasol debutó con el primer equipo del Barcelona a los dieciocho; Fam llegó al del Valencia con quince. La ventaja deportiva es evidente: entrenarse y competir con adultos acelera el aprendizaje. Las dificultades aparecen fuera de la estadística. Un adolescente puede tener recursos para resolver una defensa y carecer de ellos para manejar todo lo que rodea a su trabajo. Gasol atribuye parte de su estabilidad al entorno familiar. Sus padres y sus hermanos le proporcionaron un apoyo al que podía volver cuando las cosas se complicaban. También recuerda el desgaste de convertir tan pronto el juego en una profesión: empiezan las obligaciones cuando todavía se está aprendiendo a vivir con ellas.
Al hablar de la selección española femenina, vuelve a la final del Europeo de 2025. Bélgica ganó por 67-65 después de remontar doce puntos en el último cuarto. Gasol reconoce el mérito de las campeonas, aunque se le quedó la sensación de una oportunidad española desperdiciada. Elogia a Iyana y a María Conde, que juega en Toronto Tempo, y sitúa a España entre las selecciones capaces de disputar las medallas, junto a Francia y Bélgica, con Estados Unidos como favorita. Desde que se grabó la conversación, España ha pasado ya por una pequeña montaña rusa en Berlín. Después de vencer a Alemania, perdió con Mali por 82-73 y reaccionó contra Japón con un 79-59. Iyana anotó veinte puntos en cada uno de los dos últimos partidos. La selección acabó primera de grupo y accedió directamente a los cuartos del jueves 10 de septiembre.
El cuestionario rápido devuelve la conversación a los nombres de siempre. Navarro es el compañero elegido por Gasol. Se conocieron en las categorías inferiores del Barcelona y volvieron a compartir equipo en Memphis durante la temporada 2007-08. Pau recuerda su insistencia para que diera el salto a Estados Unidos y habla de él como uno de sus mejores amigos. Entre los rivales aparecen Tony Parker y Dirk Nowitzki, con quienes compartió la promoción de 2023 del Salón de la Fama de Springfield. Fueron carreras que se cruzaron en la NBA y en los campeonatos de selecciones. Gasol se permite presumir de los resultados de España frente a sus equipos. La conversación sobre la amistad conserva espacio para llevar la cuenta de quién ganaba. Luego llega el vino. Gasol elige el Único de Vega Sicilia, asociado a los aniversarios con su mujer, aunque también menciona los burdeos, los borgoñas y los supertoscanos. Cree que los vinos españoles reciben menos reconocimiento del que merecen. Bird aborda la cuestión con menos atención a las bodegas y más a las sensaciones al beber; la conversación termina dejando pendiente una copa juntos en Berlín.
