
El nombre de Hakeem Olajuwon siempre ha sido considerado como uno de los más grandes de la historia de la NBA, pero pocas veces se ha notado tanto como cuando Kevin Durant, en una conversación con él para recordar el pasado, iba desglosando sus números y legado. Hall de la Fama, dos campeonatos, dos veces MVP de las finales, dos veces defensor del año, 26.000 puntos, 13.000 rebotes, 3.800 tapones (el número uno de todos los tiempos en esa categoría), y dieciocho años de carrera. «Tus promedios podrían haber sido incluso mejores, pero seguiste jugando hasta el final porque amas este deporte», le dijo Durant.
Pero la cara de Durant ha hablado más que sus palabras. Especialmente cuando ha salido a relucir uno de los grandes what if de la historia de la NBA. En 1984, Houston y Portland se jugaron a cara o cruz el derecho a elegir primero en el draft. Los Rockets ganaron el lanzamiento y seleccionaron a Olajuwon. Portland, que tenía la segunda elección, optó por Sam Bowie y dejó pasar a Michael Jordan. Años después también se supo que había existido la posibilidad de que los Trail Blazers traspasaran a Clyde Drexler para subir posiciones en aquel draft. De ahí la fantasía que planteó Durant, un equipo con Olajuwon, Jordan y Drexler juntos desde el principio de sus carreras.

«Es una locura pensar que, con aquel lanzamiento de moneda entre Portland y Houston, podrías haber acabado en Portland», le ha dicho Durant a Olajuwon. «¡Habría sido un draft con tú, Jordan y Clyde en el mismo equipo! Dios mío. Eso habrían sido diez o doce campeonatos. El mejor equipo de todos los tiempos».
La educación de Olajuwon
Pero para entender a Olajuwon hay que regresar a Lagos. Durant quiso saber cómo había entrado el baloncesto en la vida de alguien criado en una cultura donde el fútbol era el deporte rey y donde el éxito académico tenía prioridad sobre cualquier otra cosa. «En Nigeria siempre se hacía hincapié en la educación», explicó Olajuwon. «Jugar al baloncesto era como decir que no te estabas tomando la vida en serio».
Hasta los 16 años no tocó un balón de baloncesto. Fue su propio colegio el que introdujo aquel deporte y, para entonces, ya medía 2,08 metros. «Era el más alto de toda la escuela. Nadie se acercaba a mi altura», recordó. Aquella singularidad física en Nigeria no siempre fue una ventaja. «Me metí en muchas peleas porque la gente se burlaba de mí por ser tan alto. Se reían. Tenías que defenderte a puñetazos. Así era como te ganabas el respeto».
Kevin Durant aprende cómo se defiende
Durant ha querido indagar en el origen de su extraordinario instinto defensivo y Olajuwon ha explicado que antes de descubrir el baloncesto había jugado como portero de fútbol, una posición que él mismo compara con la de «protector del aro». Por eso, cuando empezó a jugar al baloncesto, su reacción natural era salir al encuentro de los atacantes. «Al principio iban directos a canasta y yo taponaba muchos tiros», recordó. «Entonces empezaron a pensárselo dos veces. Y yo ya sabía dónde iba a ir el siguiente pase». Aquella lectura del juego fue la base de una carrera legendaria: «Así es como fui acumulando tapones y robos al mismo tiempo».
La formación de Olajuwon en Houston tuvo como maestro a Moses Malone, al que llaman «el presidente de los rebotes». Durant ha preguntado por aquella relación. «Despiadado. No me daba tregua. Me machacaba sin piedad», reconoce Olajuwon. Fue en aquellos partidos de verano en Fonde donde se templó el acero. «Moses era el mejor pivot de la liga y yo entraría como freshman… pero ya no tenía miedo».
El juego de pies de Olajuwon, probablemente el más refinado que haya tenido nunca un pívot, tampoco nació en un gimnasio. Nació de la necesidad. «Cuando juegas partidos informales, nadie te regala el balón. Tienes que salir a buscarlo tú mismo», explicó. Aquellos encuentros de verano le obligaron a alejarse de la pintura y a desenvolverse como un alero. Luego llegaba la temporada y los entrenadores lo devolvían al poste bajo. «Ya sabes cómo va eso con los pívots», bromea. Durant, entre risas, asiente: «De vuelta a la cárcel».
La aparición de Michael Jordan
En su primer año universitario en Houston, el equipo llegó al Final Four. Allí les eliminó North Carolina. El responsable: Michael Jordan. «Ellos le ganaron ese año a Georgetown», recuerda Olajuwon. Al siguiente, la final fue contra NC State y los Cougars perdieron una ventaja que parecía definitiva. «Intentamos los cuatro esquinas para agotar el tiempo… pero les dimos la oportunidad», lamenta.

El citado draft del 84 fue el más brillante de la historia. Olajuwon, número uno. Jordan, tercero. Drexler, también allí. Durant le pregunta si en aquel momento era consciente de lo que significaba competir con el propio Jordan por el rookie del año. «Yo solo intentaba asentarme. No me fijaba en los dioses ni en las probabilidades». En Houston, compartió pintura con Ralph Sampson. «Tener a alguien de ese tamaño a tu lado era una garantía. Cuando intentaban tirar por encima de él, yo llegaba del lado débil», explica. Los entrenadores tardaron en ver su potencial ofensivo: «Corrían todas las jugadas para Ralph al principio. El entrenador no se había dado cuenta de que yo tenía juego ofensivo».
La gran hazaña de aquellos Rockets llega en las finales de la Conferencia Oeste de 1986, cuando eliminan a los Lakers de Magic Johnson y Kareem Abdul-Jabbar. «Nadie pensaba que fuerais a ganar», le recuerda Durant. «Ellos acababan de ser campeones. Les golpeasteis desde el primer momento». Olajuwon atribuye aquella sorpresa al contraste generacional: «Juventud y talento contra experiencia. Los desbordamos. Teníamos dos pívots atléticos y muy rápidos».
Contra los Celtics
Después llegan las Finales de la NBA frente a los Celtics de Larry Bird, Kevin McHale y Robert Parish, y la experiencia acaba imponiéndose. «Su sistema era muy difícil de detener. Todos se movían, cortaban hacia canasta y compartían el balón. Tenían tamaño en todas las posiciones», recuerda Olajuwon. Pero de aquella derrota también extrae una enseñanza: «Cuando pierdes contra un equipo mejor, tampoco te sientes tan mal».
Tras la marcha de Sampson, Olajuwon se convirtió durante años en la gran referencia ofensiva de los Rockets. Durant se detiene en una cifra difícil de imaginar hoy: una temporada con 4,6 tapones de media por partido. «No puedo ni concebir eso. Cuádruples dobles, de todo», comenta asombrado.

Olajuwon no presume de aquellos números. Al contrario. «Disfrutaba de esa parte del juego más que de ninguna otra», admite. «Lo que más me gustaba era taponar». Después explica su filosofía con una sonrisa: «Lo peor para un taponador es que le tapen a él. Prefiero tirar un mal lanzamiento antes de que me pongan un tapón».
Durant compartió entonces su propia experiencia frente a los grandes taponadores. «Como anotador, a veces entras en modo túnel. Vas directo hacia el aro y no ves nada más. Y encontrarte con un taponador rondando por ahí, esperando el momento, es de las cosas más angustiosas que hay en este deporte», confesó. Puso como ejemplo a Dwight Howard: «Saltaba tan rápido…».
Fans de Wembanyama
Olajuwon asintió. «Es una mentalidad. Vas a por todo. Alguna vez te van a machacar o te van a superar porque has calculado mal. Pero vas a taponar muchos más tiros de los que vas a recibir». Ambos coincidieron entonces en señalar a Victor Wembanyama como el heredero de esa forma de entender la defensa. «Tiene esa actitud», afirma Olajuwon.
Otro de los grandes temas de la conversación fue el progresivo abandono del tiro de media distancia. Durant confesó que le cuesta entender que muchos lo consideren una reliquia del pasado. Olajuwon salió en su defensa: «Es el tiro más imprevisible. Cuando lo dominas, acaba siendo casi tan sencillo como una bandeja».
Durant fue incluso más contundente. «Soy uno de los jugadores que más lanza desde la media distancia en la NBA. Llegas a tu sitio, conservas energía. No tienes que estar machacando o tirando de tres todo el tiempo». Olajuwon compartió esa visión, aunque recordó que el baloncesto actual ha evolucionado hacia un juego más abierto. «Hoy hay muchos más tiradores. Hay que adaptarse», resumie.
La llegada de Rudy Tomjanovich al banquillo marca un antes y un después en la carrera de Olajuwon. Durant señaló que fue él quien terminó de construir el equipo campeón alrededor de jugadores como Vernon Maxwell, Sam Cassell y Robert Horry, capaces de abrir espacios en la pista. «Llevaba mucho tiempo en la organización. Había visto toda mi evolución», explicó Olajuwon. «Siempre quiso darme la libertad de jugar como lo hacía en los partidos de verano. No me colocaba siempre en el poste bajo. A veces recibía en el poste medio, encaraba a mi defensor, botaba, me giraba y lanzaba»

Durant no oculta su admiración. «Anoche me pasé 35 minutos viendo tus mejores jugadas entre 1990 y 1995. Cómo corrías la pista para llegar a tu sitio antes que los bases, cómo recuperabas la posición después de un tapón… Tu energía era increíble».
Cuando Durant le pregunta por los rivales más difíciles a los que se ha enfrentado, Olajuwon no duda. «Shaq, Patrick, David», responde en referencia a Shaquille O’Neal, Patrick Ewing y David Robinson. «Los grandes taponadores. Eran rápidos y fuertes. Contra ellos tenías que jugar de otra manera: sacarlos de la zona, obligarlos a moverse lateralmente».
Durant sonríe porque sabe exactamente a qué se refiere. «Tenías una movilidad increíble. Fuiste un innovador. Hacías cosas que nadie imaginaba que pudiera hacer un jugador de tu tamaño y en tu posición».
La conversación deriva entonces hacia algunos de sus movimientos más característicos. Durant menciona el lanzamiento a una pierna y admite que se inspiró en Dirk Nowitzki. «Se lo vi hacer a Dirk. Se lo robé», bromea: «Me encanta tu giro. Paras en seco con los dos pies y luego te das la vuelta. No hay ni un movimiento desperdiciado».
Entrenamientos de repetición vs. juego
También es interesante cuando hablan de rutinas de trabajo. «¿Hacías entrenamientos individuales durante la temporada?», quiso saber Durant. La respuesta de Olajuwon es sencilla: «Nunca. Jugaba uno contra uno antes de los partidos. Simplemente jugaba».
Durant se muestra sorprendido. Resulta difícil creer que un repertorio técnico tan sofisticado haya surgido sin interminables sesiones de entrenamiento específico. Pero Olajuwon insiste en su idea. «Hay cosas que solo aprendes jugando. No puedes reproducirlas con ejercicios», explica. «La mejor manera de mejorar es jugar».
Durant admite que él sí recurre al trabajo individual para pulir determinados aspectos de su juego, aunque reconoce que comparte la misma filosofía de fondo: «A mí también me parece que la mejor forma de mejorar es jugando».
Olajuwon también ha sido olímpico, una experiencia que Durant conoce bien. El nigeriano recuerda lo que suponía compartir vestuario con figuras como Shaquille O’Neal o David Robinson: «Éramos compañeros, pero en los entrenamientos seguíamos compitiendo como si estuviéramos enfrente».

Durant aprovecha para plantearle una de las grandes discusiones del baloncesto, si aquel Dream Team de 1996 habría podido derrotar al de 1992. Olajuwon rehúye la comparación. «No me gustan las hipótesis», responde. «Cuando tienes dos equipos capaces de ganar, todo depende del día. Los campeones lo son por una razón: pueden vencer a cualquiera».
Con 37 años, Durant también acaba reflexionando sobre el final de una carrera extraordinaria. Le pregunta a Olajuwon cuándo empezó a notar que se acercaba el momento de retirarse. La respuesta gira menos en torno al baloncesto que al paso del tiempo. «Las ganas de jugar nunca desaparecen», explica Olajuwon. «Lo que cambia es que un día te das cuenta de que algunos de tus compañeros estaban en la escuela primaria cuando tú ya jugabas unas Finales de la NBA».
Durant sonríe porque entiende perfectamente esa sensación. «Llevo 19 temporadas», dice. «Hace poco alguien me preguntó si podría jugar cinco años más y pensé: «Vaya, eso es muchísimo tiempo». Tengo 37 años». Al final, adopta la misma filosofía que su interlocutor: avanzar sin mirar demasiado lejos. «Un año cada vez».
El debate sobre la evolución del juego ocupa buena parte de la conversación. Durant reconoce que muchos aficionados miran con nostalgia el baloncesto de los noventa y critican la NBA actual por su dependencia del triple y por la desaparición de ciertas formas de jugar. Olajuwon entiende esas reticencias, pero prefiere observar la realidad sin nostalgia. «Hoy hay más atletas y más tiradores», señala. «He visto a jugadores renunciar a una bandeja para sacar el balón y buscar un triple. Parece una locura, pero si lo meten, hay que respetarlo».
Cuando Durant le pregunta qué jugadores le gusta ver hoy, Olajuwon no duda en mencionar a Nikola Jokić. «Es increíble. Mete tiros dificilísimos, a veces desequilibrado y sobre una pierna». También se detiene en Joel Embiid, sobre quien deja una reflexión especialmente llamativa: «En mi humilde opinión, es el jugador que más se parece a mí. Tiene los mismos movimientos, el mismo estilo. Se nota que me ha visto jugar».
Cómo ser veterano en la NBA
Durant aprovecha entonces para hablar de su presente en Houston junto a Alperen Şengün. «Es la primera vez que juego con un pívot capaz de hacerlo todo», explica. «Los que había tenido antes ponían grandes bloqueos y defendían muy bien, pero eran más limitados en ataque. Él puede tirar de tres, jugar al poste, pasar el balón…». También admite que la adaptación no ha sido sencilla. «A veces ocupamos los mismos espacios de la pista. Hay momentos en los que se coloca exactamente donde suelo jugar yo. Pero cuando le hacen un dos contra uno, me deja tiros abiertos».

El veterano alero también compara esta etapa con sus últimos años en Phoenix. Evita las críticas, pero reconoce diferencias en la dinámica de grupo. «En Phoenix disfruté mucho y viví grandes momentos, pero éramos un equipo veterano y cada uno tenía ya sus hábitos. Aquí hay una energía distinta. Es como volver a la universidad: todos están aprendiendo juntos». Además, el contexto le resulta especialmente familiar. «Y encima estoy en Texas, muy cerca de donde estudié».
La conversación termina con una confesión que arranca una sonrisa a Olajuwon. Durant admite que cada vez que entra en el pabellón y ve las camisetas retiradas de las leyendas de los Rockets encuentra una motivación extra. «Me hace trabajar todavía más. Aunque ya sea veterano, sigo creyendo que, si me esfuerzo lo suficiente, algún día podré estar ahí arriba con vosotros».

