Pide un café americano en vez de un zumo de naranja. Es lo primero que me sorprende de Chema Martínez (Madrid, 1971), un hombre casado con la salud y con el alto rendimiento que, a los 55 años, sigue viviendo de su imagen. «Vivir sin redes sociales sería un error en mi caso», argumenta.
Todavía es capaz de entrenar más de 160 kilómetros. Pero es que la motivación sigue a punto en un hombre que fue campeón de Europa de 10.000 y que suma más de doscientos mil kilómetros a lo largo de toda su vida, lo que se traduce en varias vueltas al mundo. «Podría vivir sin comer, pero no sin correr», añade. «Necesito gente optimista a mi alrededor».
Estás loco.
Posiblemente. Un punto de locura que me hace vivir como si tuviera 20 años tal vez sí. Vivo de manera intensa y no quiero renunciar a eso, pero loco, loco….
170 kilómetros corriendo la última semana.
162 para ser exactos, y no está mal con 55 años y entrenando como un animalito, se me había olvidado lo que era entrenar así. En dos semanas he hecho 300 km en Flagstaff en Estados Unidos, donde estudian mis hijos, y puedo decir que vengo con más energía de la que me fui.
¿Y por qué tanto?
Lo necesito. Hay gente que necesita cosas materiales para vivir. Yo no, yo necesito correr. Es más, puedo pasar sin comer, pero no sin correr. Sigo teniendo mentalidad de atleta de élite, no renuncio a buscar mi cien por cien, y eso permite alimentar a ese loco que dices tú.
Lo he dicho cariñosamente.
Lo sé, lo sé.
Te desnudas en redes sociales.
Siempre lo he hecho, pero te puedo prometer que no existe ninguna diferencia respecto a la persona que soy. No tengo que fingir nada.
En tu época de atleta no existían las redes sociales.
No existían y menos mal. No sé cómo hubiese sacado tiempo. En mi momento de máximo nivel lo único que hacía era entrenar. Me cuidaba las 24 horas y las redes sociales ocupan mucho tiempo. No solo es poner una foto o un video: va mucho más allá. Hay gente joven que desconoce que yo era ese blanco que me peleaba con los africanos y que corría más con el corazón que con la cabeza. Estoy agradecido a las redes sociales. Me permiten contar esa época.
¿Podrías vivir sin redes sociales?
Me encantaría pero es mi tarjeta de visita. Es la que me define y sería un error para una persona como yo que vive de mi imagen.
¿Vives de tu imagen?
Sigo siendo profesional, sí. Es complicado definir lo que hago. Pero sigo vinculado al deporte que es lo que rige mi vida. Sigo teniendo contrato con Adidas, sigo compitiendo y tengo patrocinios que me ayudan a seguir viviendo. Hago muchas cosas gracias a haber sido atleta de alto nivel, que es el denominador común de todo lo que vivo hoy.
¿Se puede vivir toda la vida de la imagen?
No lo sé. Dentro de cinco años esperemos volver aquí y te diré. Es una pregunta que necesita tiempo. Pero he creado mi propia imagen y la cuido cada día porque es mi marca personal. Trabajo muchísimo y no sé hasta donde llegaré.
Eternamente joven.
No. Eso no es verdad. Cuando entreno con los más jóvenes noto que ya no. Pero, a cambio, sigo siendo un atrevido. Cuando me miro al espejo me atrevo a ponerme el pelo de colores y resulta que sigo entrenando en el Centro de Alto Rendimiento desde que empecé en el año 91 y allí trato de robar a los jóvenes toda la energía. Asumo que mi tiempo ha pasado y que estoy muy currado. Pero también sé que hoy es el día en el que soy más joven del resto de mi vida.
Fuiste un obrero del atletismo.
Un currante, sí. Quería ser el mejor atleta del mundo y entrenaba como el mejor del mundo. Era un animal. Llegué a entrenar en el año 1995 250 kilómetros en altitud. Ahora va todo el mundo, pero entonces no iba nadie, y ahí estaba yo.
Fuiste campeón de Europa de 10.000.
Lo sigo siendo. No es justo hablar en pasado porque eso queda para toda la vida. En mi caso recuerdo hasta el día exacto y la hora. Las siete de la tarde del 7 de agosto de 2002 en Munich. En la última vuelta hice 56 segundos para superar a Bauman y a Ríos, porque, mira, yo no tendré trofeos ni camisetas en casa tras 18 años en la selección, las he regalado todas. Pero sí te puedo decir que en mi cabeza lo tengo registrado todo y aquel día en Múnich no se me olvidará nunca: «Chema, tú has entrenado para esto», me repetía a mí mismo.
En el maratón de los JJOO de Pekin 2008 nunca se olvidará que saliste en plan suicida.
Quería conseguir una medalla a toda costa. Había ganado el maratón de Madrid. Estaba como nunca. Había entrenado dos meses en Sierra Nevada. Estaba totalmente convencido de que era mi último tren en unos JJOO. Fui a China un mes antes para adaptarme a la polución. No había nadie y ahí estaba yo. Iba por la villa olímpica corriendo a 3’20» y la gente me miraba raro. La única visita que hice en un mes fue a la Muralla China. El día del maratón no podía fallarme. Tenía que arriesgar.
Y arriesgaste.
Asumí riesgos, sí. Tomé esa decisión. Como digo yo, quedé campeón olímpico de 10.000 porque pasé el primero en ese punto. Pero, sí, fue una locura, hice un 3.000 en 8″30″ entre el kilómetro 6 y el 9 y al final acabé 14 clasificado con 2h14m00. Y fue una locura. Pero todo es satisfacción al recordar. Mi puesto era entre el cuarto y el sexto si hubiese corrido de otra forma. Pero volvería a repetir lo que hice. Luché por un sueño. Antonio Serrano, mi entrenador, me dijo entre 3’00 y 3’05 vas bien pero ir por debajo de 2’50» cuando se rompieron las hostilidades… Aquel cambio de ritmo de Wanjiru. Aquello ya fue imposible.
¿Has trabajado para ti o para los demás?
Para mí. Siempre para mí.
¿Y eso le vuelve a uno muy egocéntrico?
No soy muy egocéntrico. Tengo mi pequeño ego pero creo que soy una persona normal. Pero no puedo obviar que he hecho un deporte muy individualista en el que no tengo nada que reprocharme. Era capaz de entrenar un fin de semana por la tarde yo solo en la pista del CAR. Volvía de un cross un domingo por la mañana y, a la tarde, salía a entrenar. Tenía presente que mi cuerpo era mi herramienta a la hora de vivir, de comer y de entrenar.
¿Fue beneficioso o perjudicial entrenar tanto?
Todo lo que he hecho en esta vida me ha llevado a ser quien soy, a aceptarlo todo. En Göteborg logré la plata. Hice el último mil en 2’31» y me gana un alemán que hace 2’29» y lo acepto. Esa es la honestidad. He dado conferencias en casi todas las grandes empresas. He transformado los momentos malos y buenos en un mensaje porque, al final, un deportista siempre se recompone. Por eso hoy trato de que la gente se inspire en mi para los días complicados. A mí también había días que no me apetecía ir a entrenar e iba.
En el Europeo de Múnich 2002 tocaste el cielo.
Pero ha habido más momentos como cuando gané la maratón de Madrid en las calles de mi ciudad, ser capaz de descolgar a todos los africanos en el kilómetro 30, de superar el muro, la subida a Pirámides me resultó una muralla China, pero ver la victoria tan cerca… pero quizás, sí, mi mejor momento fue Munich, donde me quedé sin poder hablar de la emoción de escuchar el himno de mi país en el podio…. noté como se me secaba la saliva. Yo quería más momentos como ese.
Tampoco tenías un talento especial.
Depende de lo que entiendas por talento. Todo el mundo tiene uno. Quizás yo no brillé a primeras de cambio. Pero mi talento fue persistir en el esfuerzo o aguantar 240 kilómetros de media durante 14 semanas, ese talento no se ve pero existe. Yo lo descubrí a tiempo y, a estas alturas de mi vida, llevo doscientos mil kilómetros en el cuerpo y he conseguido medallas en grandes campeonatos frente a los mejores atletas de la historia… El talento se tiene y se trabaja. Yo descubrí que el mío estaba en correr y en ser disciplinado. No tenía una técnica innata brutal pero el talento son más cosas.
En aquella época se decía que Pepe Ríos y Fabián Roncero, tus rivales naturales, eran mejores que tú. Pero tú hiciste más currículum.
Pero yo entrené con ellos y no podían entrenar más que yo. No me sentí menos que nadie. Nunca. Es verdad que Fabián hacia locuras, pero lo que entrenaba yo no he encontrado a nadie que entrenase más que yo. Tardé más en despuntar, pero las victorias llegaron cuando tenían que llegar.
Tienes 55 años y sigues compitiendo.
No me he retirado nunca. En todo caso, mi retirada es que no he conseguido las marcas para ir a los campeonatos. Pero si fuese por mí… Mira, en 2012 me rompí la fascia entrenando para ir al maratón de los JJOO de Londres y traté de lograr la clasificación en el 10.000. Al final, no pude ir. Pero lo que te quiero decir es que yo nunca he dicho «hasta aquí».
De hecho, ahora si puedo doblar mañana y tarde lo hago. Acepto que mi nivel no es el de antes o que mi cuerpo cada día tiene más secuelas. Siento el deterioro muscular, ya no estoy tan fino como antes ni corro como corría antes… tengo un juanete que me causa problemas, se me ha roto el tibial posterior… Pero sigo entrenando a ritmos que me convencen. Aún hago 300 en 46 segundos, me pongo los clavos, me encanta llevar mi cuerpo al límite, no tengo miedo, me hago mis chequeos médicos y estoy bien.
Pareces uno de los Beatles.
Me gusta pero no de los de ahora sino de los de su época ¿no?
De los de su época, sí.
He tenido la suerte de ser deportista. He vivido esa experiencia en su esplendor. Estoy muy agradecido. No cambiaria nada de lo que hice y durante años no tomé ni una copa de vino ni una bebida con gas ni una comida con sal. Pero fue tan bonito… De hecho, creo que el deporte me ha hecho mejor persona.
¿Tu vida es tan bonita como la de antes?
Depende del prisma con el que la veas. Pero yo trato de que sea bonita.
Ya no se te aplaude como antes.
Claro. Ya no soy portada. Soy una persona normal y corriente pero sigo sintiendo el cariño de la gente y me ocurren cosas como hace poco en Flagstaff en Estados Unidos. Se me acercó un venezolano que recordaba que se había hecho una fotografía conmigo cuando tenía 13 años y yo fui a dar una charla a Caracas. De hecho, me enseñó la foto, me dijo que había sido su inspiración y eso es importante: te hace ilusión, mucha ilusión. Asumo que ya no soy quien fui pero dejé algo.
Los récords pasan, pero las personas quedan.
Pero los récords también están ahí. Trabajamos para ellos. No se me olvidan mis marcas y me gusta recordarlas. Yo he corrido sin zapatillas con placa y he hecho 2 horas y 8 minutos en maratón y eso me hace estar muy orgulloso. He tenido mis decepciones, sí, pero supe salir de ellas. He sido muy batallador y por eso llegué a ser medallista en el maratón del Europeo de Barcelona 2010 que era mi último tren. Creo que llegué a tiempo a todos los sitios que podía llegar. Y eso no es fácil.
Solo te faltó marcar un gol en el Bernabéu.
Hubiese estado bien… Pero, a cambio, hice una rabona en un saque de honor en Vallecas cuando me invitaron en un Rayo Getafe tras ganar la San Silvestre… Mi hijo alucino viéndome. Me lo llevé conmigo al palco. Entonces él era pequeñito y no sé le olvida ese día.
¿Podían tus hijos lograr lo del padre?
Es como comprar décimos de Lotería. Esas previsiones no se pueden hacer. Mis hijos están acostumbrados, desde que nacieron, a ver meterse a su padre todos los días en agua fría para recuperar, a concentrarse en la montaña. Por eso tienen ese contacto con el alto nivel. Eso ya está ganado. Paula se decantó por la natación. Ha sido medallista en todas las categorías en España y le ha dado para estar becada en Estados Unidos. El otro día se permitió decir que iba a correr una media maratón de Chicago e hizo 1h41m sin entrenar, eso son genes, talento. Yo sólo le ayudé un poco.
¿Y tu hijo?
Nico ha sido medallista en Campeonatos de España. Ahora ha descubierto las vallas y en su primer 4 vallas de este año ha hecho 51,02. Tiene una madurez mental con 19 años que a mí mismo me sorprende. A mí me costó mucho más. Pero él es un animal competitivo y ahora está viviendo en Estados Unidos con una beca en un lugar maravilloso, entrenando, estudiando… No sé dónde llegarán mis hijos, pero el reto de que el deporte forme parte de sus vidas lo hemos logrado.
¿A qué se dedicaba tu padre?
Vengo de una familia muy humilde de Villaviciosa de Odón en la que yo era el mayor de cinco hermanos. Mi padre trabajó de camarero, de conserje muchos años… Mi madre limpiaba en la Comunidad. Pero lo que te quiero decir es que ellos no hacían deporte, incluso fumaban. En ese ambiente es hasta extraño que salga un atleta de élite como yo. Pero fue como pasó. Cuando cambia realmente mi vida es cuando empiezo a estudiar INEF. Me doy cuenta de que existe el rendimiento y me encanta.
Fuiste el hermano mayor.
Sí, y eso siempre es una responsabilidad. Te puedo decir que dos de mis hermanos se han enganchado a correr, incluso ahora me ganan. Me ganan también mis hijos. Pero yo disfruto con ello porque significa que la vida pasa, que ya no se trata de ganar o perder, sino de dar lo mejor de ti. Además, siempre tengo en la recámara el pasado. Siempre puedo poner el video de esa última vuelta en Múnich que me gusta tanto recordar.
Aquel atleta con la cabeza rapada.
Sí, era una superstición….
El pelo pesa. ¿Temías que te pudiese quitar segundos?
Ha habido épocas en mi vida en las que estaba obsesionado con el peso, sí, porque los africanos con mi misma altura pesaban trece kilos menos que yo. Siempre fue muy estudioso. Pensaba que bajar el peso me ayudaría a rendir más. Pero cuando bajé a 59, no se tradujo en rendimiento. Así que constaté que mi peso era 60 o 60,5 y acabé con esa manía, porque, sí, los atletas a veces somos un poco obsesivos porque quieres tener el control de todo lo posible.
¿Hay cosas imposibles?
Te puedo decir que yo llegaba a cortar las etiquetas de la ropa para que pesase menos. Hasta ahí llegaba. Todas las etiquetas iban fuera con unas tijeras. Roberto Palomar me hizo una entrevista en la que expliqué esa meticulosidad. Incluso comprobamos que todas las etiquetas que quité pesaban 300 gramos. En cualquier caso, reconozco que eran manías, manías de atleta.
¿Era difícil vivir así?
No, no, para nada. Para mí no. Lo que sí acepto es que era difícil vivir conmigo. Pero tuve la suerte de que Nuria, mi mujer, fue deportista de alto nivel. Entre los dos formamos un gran equipo. Todavía lo somos hoy en día. Ella fue clave, una gran compañera de viaje que empatizó con lo que quería, con lo que queríamos los dos. Hay que darse cuenta que yo gané la medalla en el Europeo de Barcelona con 38 años y con tres hijos y entrenando al máximo nivel. Si no hubiese tenido a Nuria a mi lado hubiese sido imposible.
Eres un tipo inteligente.
No lo sé. Pero sí sé que he conseguido vivir como quería vivir. Soy consciente de eso. Siempre supe lo que quería. No tengo miedo a lo que pase el día que no pueda vivir de mi imagen. Me he formado para cuando no fuese deportista y pudiera pelear por un puesto de trabajo, tengo una licenciatura, tengo tres Masters, me he formado para dar conferencias….
¿Y cómo se forma uno para dar conferencias?
En 2008 me pongo en contacto con una empresa Make a team para ser parte de sus conferenciantes. Me llaman y me ponen una ayuda durante un año de una persona que me da instrumentos para elaborar una charla coherente. Me forman, me explican. La primera charla que di fue «Éxito o fracaso». Dedicaba una hora a la semana mínimo como si fuese un Master.
Ahora llevas casi 20 años en el oficio.
Cada charla es única, es un proceso vivo en función de la temática que me piden o de las palabras clave que las empresas quieren que utilice. Por eso es motivador. No cuento la misma historia siempre. No me importa salirme del guión. Me gusta que me pregunten y que la gente interactúe conmigo.
¿De qué me hablarías ahora?
De la toma de decisiones. Hay veces que debes tomar decisiones en la vida corriendo y las tienes que tomar en décimas de segundo. Eso te marca para siempre. Eso se puede extrapolar a la estrategia a seguir en tu carrera o en tu trabajo. De cada experiencia de mi vida he aprendido.
¿Cómo se puede triunfar en la vida?
Lo importante es vivir, no puedes ser esclavo del triunfo. Debes ser una persona honesta, saber lo que puedes hacer. No sé lo que es el triunfo. Para mí el triunfo es levantarme por la mañana y tener ganas de salir a correr con mis años. Pero eso depende de cada persona. Insisto en que para mí el éxito no es tener un coche o una casa increíbles.
¿Y las tienes?
Sí, pero tampoco es algo a lo que conceda mucha importancia, no es lo más motivante. Reconozco que vivo bien. No estoy pendiente de llegar a fin de mes. La vida me ha devuelto el esfuerzo que le he dado. Pero las cosas materiales no es lo que más me importa. Soy una persona muy emocional. Necesito moverme, necesito hacer deporte, necesito estar en contacto con gente optimista con la misma actitud que yo. Mi preocupación, en definitiva, es vivir.
¿Quién es tu mejor amigo?
Quizá te diría Nuria, mi mujer. Es la persona que siempre está ahí y en la que más confío para desahogarme, para contarle mis problemas. Ella me conoce totalmente en todos los aspectos. No encuentro una mejor compañera de viaje. Pero tengo un entorno muy amplio, desde vecinos que vienen a entrenar conmigo a presidentes de grandes compañías.
Pallete, el anterior presidente de Telefónica, que es un maratoniano.
Sí, es uno de ellos. Un líder, un tipo increíble en cuanto a formación, sabiduría. Mira, recuerdo un maratón de Nueva York en el que fui con él y en el que lo llevaba todo organizado. Sabía las pastillas de sales que tenía que tomar cada tramo de kilómetros en un día de mucho calor. Todo lo llevaba estructurado, el ritmo al que iba. Te das cuenta de que es gente muy metódica. Sólo escuchándole aprendes, compartir momentos con alguien de ese nivel… Eso no se olvida. Queda para siempre.
¿Y eso te hace desmitificar a la gente?
No, me ayuda a tener la suerte de conocer a esa gente. Si mi vida no fuese esta, a lo mejor no hubiese tenido esa suerte. Pero desmitificar desmitificas a todo el mundo. Al final, todos somos personas.
Juanma Castaño en la COPE.
Con él también he corrido. He corrido con mucha gente. Pero en el caso de Juanma, líder ahora de la radio de la noche, llevo quince años en el programa, quince años con una sesión semanal que me parece algo maravilloso y poder expresarme, hacer lo que yo quiera sin trabas. Pero también te digo que el que está cerca de mi, acaba corriendo tarde o temprano y ahora Juanma se ha puesto las pilas. En estos últimos años ha encontrado el equilibrio. No se trata de hacer una media a 1 hora, 30 minutos y dejarse todo. A mí me pide consejo y los lleva a cabo. Hay mucha gente que me pregunta, sí.
Van a Chema Martínez como si fuesen al médico.
Sí, sí, yo qué sé la cantidad de preguntas que he contestado en mi vida de dudas. Las preguntas se repiten en los últimos treinta años, porque al final es lo mismo. Pero ver a la gente correr me gusta, me hace sonreír.
Qué bonito es correr.
Sobre todo, cuando te sientes bien, que no es fácil. Ayer iba corriendo con Daniela, mi hija pequeña, y me decía: «Papa, hoy es el primer día que me he encontrado bien». Y no se preocupó ni del tiempo. Hizo 10 kilómetros en 46 minutos que no está mal. Yo, que venía con el jet lag, me paré en el ocho porque estaba hecho polvo y ella siguió hasta el 10. En definitiva, un día cualquiera se puede convertir en un día de grandes sensaciones si respetas los objetivos.
¿Qué te falta en tu vida?
Últimamente estoy dando vueltas a ser entrenador. Nunca lo había valorado porque soy una persona tan exigente que exigiría mucho a los deportistas que están conmigo. Pero ahora empiezo a planteármelo porque me encanta el alto rendimiento, llevar un grupo de entrenamiento en el que hubiese buenos atletas y generase sensaciones gratificantes. Yo puedo compartir mi experiencia, ayudar.
¿Tendrías capacidad ahora para entrenar a Attaoui, a Mariano García?
Yo creo que sí. Y he hablado con él. Cada vez que hablo me gusta saber lo que entrenan. En ese sentido soy bastante inquieto. Son deportistas muy hechos que tienen el alto nivel interiorizado. Pero tendría que conocer sus puntos fuertes y débiles y ese periodo de tiempo no es de un día para otro. Necesitas tiempo. Pero la capacidad para entrenarlos la tengo.
¿Morirás corriendo?
Seguro. Moriré el día que no pueda correr. No me imagino mi vida sin correr. Hoy, por ejemplo, no he corrido para hacer esta entrevista, pero ya estoy pensando en que esta tarde tengo que salir a entrenar. Es lo que te he dicho antes, yo podría estar sin comer, pero no sin correr. Aunque sean diez, quince minutos. Necesito caminar, necesito moverme, hacer ejercicio.
¿No tienes artrosis?
No, no tengo ni tatuajes (risas)
Sólo te faltan los tatuajes.
Es lo único que me falta y estoy en ello. No renuncio. Mi mujer me dice que a estas edades. Pero hasta mis hijos me dicen: «hazte unos aros olímpicos o algo así», pero no he encontrado el momento todavía. No tengo prisa, pero seguramente lo haga. Tampoco me había teñido el pelo hasta la primera vez que me lo teñí.
¿Cuál será el próximo color de pelo?
No lo sé, porque cuido mucho la imagen y no está demasiado bien visto dar esas charlas de motivación y que aparezca con estos pelos. Cuido mucho esa parte de la imagen. Ahora toca repaso porque teñirse el pelo es una locura: debes cuidarlo muchísimo, es una manera de tapar las canas que te recuerdan que te estás haciendo mayor. Estaré una temporada. Pero me rejuvenece cambiar. No tengo miedo a los cambios. Creo que es algo importante.
No somos nadie sin cambios.
Pero en todo este tiempo ya llevo 14 años en Adidas. Si me dices que con 55 años iba a estar en esa marca no me lo hubiese creído. Es algo que se lo digo a mis hijos, la dificultad que es estar en el más alto nivel a mi edad. Ni yo mismo sé cómo lo he hecho.
Siempre nos quedará Pasapalabra.
Me encanta. Llevo 24 años yendo al programa, desde 2002, la primera vez que fui. ¿Qué ha cambiado desde entonces? Pues, mira, yo sigo considerándome atleta y sigo viviendo de lo que me gusta. Puedo hacer lo que me apetece. La diferencia es que a mi edad ya está casi todo hecho pero hay que seguir. Está el día a día que es lo más importante. Detrás de mí tengo el respaldo de empresas muy fuertes que me permiten seguir. Y eso es lo más bonito.











Un ejemplo de pasión por lo que hace y lo que le aporta.
Admiración total!!!
Vuestras entrevistas suelen ser fantásticas pero, en esta ocasión, quería admirar la edición un tanto agresiva, intensa y, para mí, interesante, de las fotos en blanco y negro.
Gracias.
Un grande de verdad.