Entrevistas

Ernest Riveras: «En España no nos cuesta pagar por ir a un restaurante, pero sí por ver deporte»

Es noticia

7P8A5737

Se ha puesto específicamente pantalón largo para las fotos. «De lo contrario, hubiese venido en bermudas», explica Ernest Riveras, un hombre que lleva 40 años en televisión. Como dice él, menos fútbol, lo ha narrado todo, más de 25 deportes diferentes en los que siempre se preparó «como si fuese la última retransmisión» de su vida.

En la distancia corta, como detrás del micrófono, Ernest Riveras se muestra como un tipo interesante. Lleno de energía y ritmo, evita la nostalgia a pesar de que ya está viendo el final. Si nada cambia, se jubilará a los 63 años y se irá a vivir a la montaña,  donde jamás se mostrará neutral con TVE. «¿Quién me hubiese dado la oportunidad de hacer ocho JJOO?»

Tienes 61 años.

Sí.

Y esos son muchos años.

Justamente se cumplen 40 años de mi primer trabajo, desde que volví del servicio militar en Canarias. Mis padres trabajaban en la radio. Mi madre Ana María Tobia en Radio Barcelona. Mi padre, Ernesto Riveras, en lo que era Radio Juventud. Conocían a mucha gente en el oficio y, nada más volver del servicio militar y empezar en la Universidad, les pregunté: ¿con quién puedo hablar para empezar a trabajar?

Y empiezo en Antena 3 Radio con Alfonso Arus, imagínate, con un tipo que ha sido un pionero en todo, y con Jorge Salvador, que es con Pablo Motos el creador de El hormiguero, sobran las palabras. Y, efectivamente, eso fue en septiembre del 85. Tenía 20 años.

El tiempo vuela.

Han cambiado muchas cosas. No todas para bien en el periodismo. Tampoco diré que tiempos pasados fueron mejores. No he quedado contigo para eso. Pero aquel periodismo deportivo en el que yo empiezo en febrero del 86 con Alex Botines, no era tan de bufanda, era más crítico, ahora para mí se define todo en esta pregunta: ¿por qué lo llaman deporte si quieren decir fútbol? y ¿por qué dicen fútbol si quieren decir Barça-Madrid?

No has sido un periodista de bufanda.

Ni de bufanda ni de fútbol. He tocado todos los papeles, pero el fútbol no, y mira que ahora soy socio del Espanyol. Pero lo soy por mi hijo que se aficionó y me llevó con él, pero si fuese por mi interés… no soy hombre de fútbol.

¿Y eso te hace diferente?

Me hace diferente, pero ni mejor ni peor, sino raro. He estado cuarenta años. He llegado lejos. He dirigido equipos. Me llamó la empresa privada estando en la pública para crear canales. Estoy orgulloso, no te voy a engañar. He llegado a un punto alto sin haber pasado por el fútbol, y eso no es lo normal. Casi todos los grandes nombres de la radio o de la televisión han pasado por el fútbol.

¿Eres uno de los grandes?

No, no (risas). Mira que mientras lo estaba diciendo imaginaba que me lo ibas a preguntar…. Pero no, no soy uno de los grandes. Sí he pensado alguna vez que si yo hubiese estado en Madrid, en vez de Barcelona, hubiese podido llegar más lejos. Pero, a su vez, no creo que hubiese hecho más JJOO, más Vueltas a España, más MotoGP, más atletismo… Por eso estoy en paz.

7P8A5760

¿Qué hubiese cambiado en Madrid?

Yo creo que tengo talento para narrar. Y cuando hablo de talento no me refiero a ser bueno o malo, sino a una habilidad natural, a la comprensión rápida de un deporte, a escuchar. Cada transmisión me la preparo como si fuese la última de mi vida, como si fuese la narración de un título de MotoGP de Marc Marquez. Y creo que tengo esa habilidad para adaptarme. La prueba es que me he adaptado a más de 25 deportes. Por eso a veces pienso que si hubiese tenido más foco…

Pero no viniste a Madrid.

Soy de Barcelona. Me siento muy catalán, muy barcelonés, muy español. No tuve necesidad. Tenía mi trabajo y mi familia en Barcelona. Enseguida pasé a TVE y, desde allí, entré rápido en el grupo de gente que iba a todos los operativos. Entré en el ciclismo gracias a Pedro González. Entré luego en el atletismo gracias a Gregorio Parra y Carlos Martín. Y en MotoGP gracias a Javier Grima y Dorna. Siempre estuve en los sitios en los que había que estar. Te quiero decir que no me queda nada dentro.

¿Piensas entonces en el final?

Sí, sí, claro. Ahora mismo tengo más de 38 años y medio cotizados. En TVE nos podemos prejubilar a los 63. Así que si no cambian las cosas no creo que llegue a los JJOO de Los Ángeles 28. Otra cosa es que llegado ese momento quien mande me diga que cuentan conmigo para ir a Los Ángeles. Entonces esperaría porque estaría muy bien haber empezado con los JJOO de Seúl’88 en TVE y terminar con los de 2028 cuarenta años después en el mismo sitio.

Atrás quedarán cuarenta años.

Son muchos, sí.  Por eso hay que dejar paso a la gente nueva. De verdad que miro hacia atrás y creo que es suficiente. No tengo delante un horizonte de cosas que me inviten a preguntarme: «¿qué te queda por hacer, Ernest?» Siempre habría cosas, sí, pero me parece que ya no hay nada que me haga cambiar mi libro de ruta para irme. Por eso el día que se produzca lo haré sin nada que me quede en los bolsillos.

En definitiva, que tú no serás como Alfredo Relaño, que a los 74 años sigue al pie del cañón.

No, no. Otra cosa es que pueda dar clases a gente en universidades, en masters. Eso me gusta porque creo que sobre retransmisiones puedo aportar muchas cosas. Tampoco descarto escribir un nuevo libro olímpico si a alguna editorial le interesa. Pero me iré.  Quiero irme. Eso no quita para que admire a los que continúan como Relaño.

Pero también cierran el paso a la gente joven.

Pero, mientras continúen aportando y tengan nivel, también les están enseñando.

7P8A5801

¿Qué será de tu vida?

Nos hemos comprado una casa en la montaña, en el Pirineo catalán, para pasar el tiempo montando en bicicleta, subiendo montañas… en definitiva, estar tranquilo, porque luego nunca sabes cuantos años vas a vivir. Nos pasamos la vida haciendo números de cuanto me quedará de pensión sin saber qué día nos vamos a ir.

Yo tengo el máximo de pensión, pero si me voy con 63 no me lo van a dar. Bastante suerte tengo de poder irme a esa edad. Pero es que yo no soy de los que este pensando que si me quedo un mes más me van a corresponder cincuenta o cien euros más… ya, pero ¿y si vives dos años? ¿qué más te da? Mis números pasan por disfrutar, no en planificar lo que no depende de ti. Mi padre murió con 78 años. Mi madre tiene 83. Así que no me planteo lo que voy a vivir.

Mejor.

Además, mi mujer me va a reñir cuando lea esta entrevista y vea que hablo de la jubilación y de los años que voy a vivir y volverá a decirme: «siempre hablas de lo mismo, no seas cenizo». Por eso, lo que estoy diciendo, en cuanto pueda me iré.

Tanto hablar de la jubilación te hace parecer mayor.

Por eso te digo que mi mujer me va a matar.

¿Y yo seré el culpable?

Eso le diré: no he sido yo, ha sido Alfredo. Pero tampoco estoy haciendo o diciendo nada malo. Solo recuerdo que mi tiempo está pasando y yo mismo lo noto. Mis facultades ya no son las de antes. Ahora termino muerto una Vuelta a España. Hace veinte años iba en bicicleta, salíamos a cenar y hacíamos reportajes para los telediarios. Sin embargo, ahora llego a dormir y estoy machacado. Un día hicimos 800 kilómetros en coche. Nos levantamos en Turín, hicimos la etapa en Francia y dormimos en Figueras. Llega un momento en el que hay cosas que te van pesando.

Has viajado mucho.

Muchísimo. Como profesional y como persona. Yo volvía a casa y cogía la maleta y me iba con mi mujer de vacaciones porque para mí esos eran los verdaderos viajes. Mira, yo he estado quince veces en Australia. Pero de las quince hubo 11 que sólo vi el hotel, el circuito y el aeropuerto. Hay otras que sí he visto más como en los JJOO de Sidney en los que fui un mes pero ¿el resto? Llegabas el miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo en el circuito y el lunes por la mañana para Malasia. No veías nada.

Te hizo importante la TVE.

El otro día estaba en un aeropuerto esperando y decidí contar todos los países en los que he estado. Me salieron 65. Y es evidente que la tele me ha dado notoriedad. Ha permitido que la gente me conozca y en general me aprecie. He sido honesto con mi trabajo. No le he gustado a todo el mundo. Pero la gente ha podido ver que me preparaba las cosas, que era respetuoso con los deportistas.

7P8A5832

Y eso se valora.

Mira, a mí me encanta cuando la gente me dice: «formas parte de la banda sonora de mi vida». Sobre todo con las motos con tantas victorias españolas en la época de Valentino, Lorenzo, Stoner, Pedrosa, Marc Marquez… La gente conoce más mi voz que a mí. Igual no sabe ni como me llamo, no sabe en que televisión estoy, pero conocen mi voz.

Narraste hasta rugby.

Me cayó de hoy para mañana. En el año 1989. Ramón Trecet, que era quien lo hacía, dejó de hacerlo y me preguntaron si yo lo haría. Y, como tantas cosas que me han caído de golpe, me dijeron, «vale bien, pues el sábado». Y era un martes, «pero si estamos a martes», y me contestaron, «sí, sí, claro, pero es que es el sábado el partido Francia-Australia», y así fue como empecé.

¿Qué hiciste?

Leer L’Equipe. Desde entonces, soy un lector diario de L’Equipe. Pero sobre todo fui a Sant Boi a preguntar a los que saben, que es lo que tenía más cerca de Barcelona y que es la cuna del rugby. Todavía tengo amigos de aquellos años ochenta que son los más amigos que he hecho en el periodismo.

¿Has jugado al rugby?

No, no, por favor, me parten por la mitad. Si solamente con los golpes que me dan cuando estamos cenando o comiendo o haciendo una barbacoa con los manotazos que me dan en la espalda me parten por la mitad,

¿Te han llegado a lesionar?

No, hombre, eso no. Qué cosas dices. Pero si Albert Malo te pone la mano encima te aseguro que lo sientes, jajaja….

¿Y cómo te despiertas al día siguiente?

Que no, hombre, que no. Lo que te quiero decir es que si te lo hacen de broma y te provocan ese impacto imagina lo que es chocar con esos tipos de metro noventa, 110 kilos, corriendo a quince o veinte por hora en un partido, no quiero ni pensarlo, tú ponte delante…., yo, desde luego, no me voy a poner.

Tu pelota de rugby es la palabra.

Sí. Lo mío es comunicar. He tenido esa fortuna. De niño me apasionaba el deporte.  Cuando repetí COU, porque suspendí inglés, me escapaba de las clases de refuerzo que tenía en Sitges. No iba a clase y me metía en un bar para ver el Mundial de atletismo de Helsinki. Said Aouita, Carl Lewis, Bubka… El tío del bar me veía con 18 años y me decía: «venga, chaval, que te pongo la tele». ¿Quién me iba a decir que algún día esas narraciones las iba a hacer yo?

7P8A5936

Años y años en el periodismo.

Te quería contar una anécdota. Mi hijo pequeño Àlex trabaja en el ámbito de las productoras. Ahora está en TV3 pero empezó con Alfonso Arus. Pero es que mi padre ya trabajó con Alfonso Arus. Y como yo empecé con Alfonso, pues han sido tres generaciones de Riveras las que han trabajado con él.

Igual es Alfonso Arus quien ha trabajado con los Riveras.

Con mi padre, sí. Con nosotros no. Alfonso Arus es un talento de la televisión. Es un adelantado a su tiempo. Todavía está liderando las mañanas. Cuando se murió mi padre fue una de las últimas veces que he hablado con él. Hizo algo muy bonito al recordar en antena que fue mi padre el que había creado el nombre de «Arus con leche». Yo ya lo sabía pero cuando me lo dijo Alfonso me hizo mucha ilusión.

¿Qué aprendiste de tu padre?

El rigor, la preparación. Mi padre me marcó sin darme cuenta. Yo soy muy analógico. Soy de papel y bolígrafo. Necesito papeles en mi posición de comentarista. Me ordeno en ese caos y me doy cuenta que eso lo heredé de mi padre. Mi padre recortaba los periódicos, subrayaba las cosas. Guardaba toda esa documentación que entonces no existía en ninguna otra parte. Pero es que cuando yo empecé tampoco existía. Y de mi madre heredé la pasión por la comunicación y la palabra. Por la radio de hecho, aunque ahí he hecho poca carrera.

¿Dónde estabas en los JJOO de Seúl 88 el día del mítico positivo de Ben Johnson?

Yo entré en TVE en marzo de 1988 y ya estaba todo el mundo acreditado para los JJOO. Me quedé en Barcelona haciendo cada día un programa resumen, trabajaba de madrugada. Aquel día claro que lo recuerdo. Es más, siempre he creído que fue el 23 de septiembre que es el día de mi cumpleaños. Pero, sobre todo, recuerdo aquellos JJOO como algo heroico. A distancia para enterarnos de algo a miles de kilómetros, a horario cambiado. Todavía me pregunto como se podía lograr.

¿Cómo se hacía?

Llamabas a la gente que estaba allí al teléfono fijo. Pero, claro, cuando tú les llamabas ellos estaban durmiendo. Aquello era mortal. Mira, yo recuerdo la primera transmisión de atletismo que hice en aquellos años de atletismo en catalán con Dani Martí preparando los JJOO de Barcelona. El mitin de Zúrich del año 1988 en el que Harry Butch Reynolds batió el récord de 400 metros. Nos enviaban las listas de salida a diez minutos de empezar por telex o por fax. Todavía me pregunto como podíamos hacer aquello desde Barcelona porque no estábamos en Zúrich. Pero lo hacíamos.

Qué difíciles son los inicios.

Pero yo agradezco que siempre me tratasen con respeto por parte de la gente veterana. Eso me permitió aprender muchísimo y muy rápido. Yo empecé en Estadio 2 que lo presentaba Olga Viza y me daba igual entrar el viernes y salir el domingo y no dormir dos noches. Me daba igual aunque tuviese que hacer 50 horas al día porque era lo que me apasionaba.

Además yo conocía a todos los periodistas por la cara y por la voz. Ya fuese Pedro Barthe, o redactores menos conocidos como Marisol Soto o Miguel Ángel Rosello… Años después, llegaba gente joven a nuestra redacción y les decían «ese es Ernest Riveras» y te decían «encantado», pero no te conocían de nada, ni les sonaba tu nombre después de haber hecho MotoGP muchos años. O sea, que te quieres dedicar a esto y no tienes esta base. Yo, hasta que no acababa José María García, no me iba a dormir. Por eso la historia del periodismo también es la historia de mi infancia.

7P8A5873

Un día pediste la excedencia en TVE.

Me salió un proyecto, porque llamaron de Telefónica.

¿Y te fuiste por dinero?

Hombre, gané muchísimo más.  Lo que se gana en la pública es vox populi, tiene unos baremos. Sin embargo, en la privada puedes negociar lo que tú quieras. Pero yo no me fui por dinero de ninguna manera. Para empezar, perdí una antigüedad de 26 años que no me daba Telefónica. Allí sólo tenía dos años blindados. O sea, que dinero a corto plazo, sí, pero podía ser un drama a largo plazo. Así que el dinero nunca fue una prioridad.

¿Entonces?

Me fui porque me proponían a partir de una hoja en blanco crear dos canales que terminaron siendo tres: uno de MotoGP, otro de Formula 1 y luego uno de fútbol. Pero sobre todo me decían que iban a comprar Canal Plus y que el objetivo era cambiar la televisión de este país y pasar de los tres millones de espectadores de pago a diez millones de abonados. Me fui por eso, porque era un proyecto brutal. Pero en esa época el pirateo era tremendo. En España pagamos por ir al cine, no nos cuesta pagar por ir a un restaurante, pero sí por ver deporte y no digo nada porque cada uno sabe lo que hace con su dinero.

¿Valió la pena?

Estuve fantástico en Movistar Plus. Aprendí. Conocí gente que, de lo contrario, no hubiese conocido. Me llamó Sergio Gil, que había sido jefe mío en TVE. Me junté con Carlos Martínez, Michael Robinson, Maldini, Daimiel, Susana Guasch, Castaño, Dani Garrido, Manel Arroyo, Lobato….

¿Qué aprendiste de ellos?

Cuando Michael Robinson se ponía a hablar era magnífico, y mira que yo le conocí poco tiempo. Año y medio. Pero a cualquier presentación que nos juntaban, estar a su lado resultaba extraordinario. Recuerdo que hicieron un Informe Robinson sobre Lorenzo y yo estuve ahí. Eso me permitió estar a su lado, escuchar como explicaba las historias de la vida … Yo ya le había conocido en los años noventa en TVE cuando comentaba fútbol y venía algún día a Sant Cugat. Pero estar con toda esta gente no sé ni cómo explicarlo.

Un día fui al plató para la presentación de la programación con Crivillé. Y allí estaban Pedro Martínez de la Rosa y Lobato, Antoni Daimiel y Guille, Carlos Martínez, Maldini, Morientes, Gerard… De repente , me sentí parte de algo que, si no hubiese estado allí, nunca lo hubiese sido.

Hay que estar en los sitios.

Eso es lo primero de todo.

Aunque a veces dé pereza.

El último año de MotoGP fue el mejor. No viajaba. Me mudé cerca de donde se hacían las retransmisiones en Barcelona. Yo iba, cruzaba la calle, iba a narrar y volvía a casa. Sin embargo, un domingo en el que viajas, entre el atasco de salida de un circuito y coger el avión a las nueve de la noche y las maletas no te salen hasta las dos de la mañana, llegas a casa a las tres. Por eso te digo que ese fue el mejor año de mi vida. Hice 20 carreras muy cómodo. Pero, eso sí, yo hubiese elegido viajar, estar in situ. Siempre pienso que hay que estar en los sitios para poder informar de primera mano.

No te presentas a los exámenes sin estudiar.

La gente se da cuenta que, haga lo que haga, siempre lo haré con mucho respeto, sea en Teledeporte y lo vean cincuenta mil personas o sea en La 1 y lo vea un millón y medio. Siempre me voy a preparar y la gente se da cuenta. Les podré gustar más o menos, pero saben que soy un tío que se prepara las cosas, lo cuido, sea una competición de atletismo o un partido de hockey sobre patines.

7P8A5938

¿Por qué volviste a TVE?

Se había acabado el proyecto que había creado yo. Pasé de hacerlo todo a dejar de dirigir, a  dejar de presentar y ya sólo quedé como comentarista sin viajar. Entonces sentí que se estaba apagando el fuego. Me di cuenta que había ido a Movistar para una cosa que ya no estaba haciendo. Entonces me dijo un compañero de TVE, Arsenio Cañada: «oye, ¿tú sabes que se te acaba la excedencia?»

Y vuelves.

Hablé con Carlos González, que era el jefe de deportes de Sant Cugat, y le pregunté que les parecía que volviese. Me dijo que encajaría muy bien porque el próximo año estaban los JJOO, la Copa del América de vela, el Godó…. Y, claro, eso ya eran proyectos. Y encima apareció la Vuelta a España como editor-coordinador donde aprendí mucho… Pero ha pasado un año y ahora es verdad que no veo muchos proyectos en el horizonte. Por eso hablo de irme, porque entiendo que no tener un cometido claro es desaprovechar a Ernest Riveras.

Eres suplente.

No me molesta, pero es una pena que no me aprovechen. Llevo cuarenta años en esto, diez en la privada. He dirigido, he presentado, he dirigido la orquesta y tocado los instrumentos. Que TVE no se dé cuenta y no lo aproveche, a mí me sabe mal.

¿Y no se vive más cómodo?

Sí, claro que se vive más cómodo. Pero por eso mismo. Si me voy a empezar a acomodar, prefiero irme. Me parece una pena que alguien que vuelve como yo en el mercado de invierno luego no lo hagas jugar. Simplemente es eso. Pero sin ninguna acritud, insisto.

Eso parece claro.

Porque es así. Mira, ¿podría presentar un telediario?, sí, ¿quieres hacerlo?, no. Si me dices un acontecimiento seguramente te diré «he estado», si me dices un deportista te contestaré «le he entrevistado»… ¿Qué me queda?

¿Hay muchos egos en la profesión?

En Barcelona no hay muchos. Pero en el periodismo sí hay egos. El hecho de salir por la televisión y de que te conozcan y de que te saluden… Si yo lo he tenido no lo sé, es posible. Desde luego, ahora no. De hecho, cuando era jefe siempre decía a los que trabajaban conmigo, «vais a hacer los programas vosotros», porque yo quiero venir aquí en bermudas y sin afeitar. Yo tengo que narrar porque es lo que sé hacer. Yo me quedaba atrás, ya no necesitaba salir por televisión. Si yo quise salir por la televisión en su momento era para progresar. El que salía parece que era mejor que el que no salía. Pero hace muchos años, desde 2014, que no me interesa. Me interesa hacer cosas que importen. Sé que no operamos a corazón abierto. Pero a uno le gusta narrar.

¿Los periodistas de TVE son tan privilegiados?

Sí. Aunque critiquemos a la tele, le debemos todo. Nos ha formado. Nos ha dado la oportunidad en mi caso de hacer ocho JJOO. ¿Quién me hubiese dado esa oportunidad?

7P8A5736

¿Te costó mucho aprobar la oposición?

No, en aquel momento no. Estaban renovando, contratando gente. Hice las pruebas. El primer año no las pasé y el segundo sí.

¿Cómo era Olga Viza en aquel Estadio2?

Fenomenal. De hecho, cuando presenté mi libro de «La historia oculta de los JJOO» le pedí si me lo podía presentar ella y le agradezco mucho que dijese que sí. Pero fíjate hasta donde llega Olga Viza. La llamé y le dije, «quiero que me presentes el libro», y la primera pregunta que me hizo fue: «¿cuántas páginas tiene?», y yo no entendía esa pregunta.

Que viniese Olga Viza ya era un sinónimo de lo que era ese libro: riguroso. Sólo que ella lo presentase ya me valía. Pero ella quería leerse el libro antes de presentarlo. Y yo también lo haría. Pero en ese momento no lo pensé. Y cuando le digo que son 400 páginas y me dice que se va mañana de vacaciones y que no volverá hasta el día antes de la presentación, eso me recuerda lo que es Olga Viza. Es rigor, es preparación, se lo leyó, hizo la presentación y las preguntas adecuadas. Fue la primera persona que tuvo el libro, antes que yo. La editorial está en Córdoba y le llegó el libro antes que a mí. Se lo leyó en vacaciones.

¿Llegaste a entrevistar a Johan Cruyff?

No sólo le entrevisté, sino que cuando fui jefe de deportes de Sant Cugat fui a cenas con Cruyff. Y yo, que de pequeño no era futbolero, sí tenía admiración por Cruyff. Recuerdo que era otra galaxia. Se ponía hablar y te quedabas mirando. Te venían a cambiar el plato y no habías comido. Tu misión era escucharlo.

Gregorio Parra en TVE.

Champion y mosqueperro, como decía él. Yo hice la zona mixta desde 1999 a 2004. Entonces, Carlos Martín se fue y me pusieron a mí a comentar con Gregorio. En el Mundial de Helsinki’05 fue la primera vez que pasé a comentar con Gregorio que tenía los papeles, los libros, todo a su lado. Se quedaba mirando al estadio y me decía , «champion, no va a quedar más cojones que hacerlo bien». Y era verdad.

Estás aquí en este estadio de Berlín, de Helsinki o de Gotemburgo y va a empezar un campeonato del mundo y lo vas a ver en directo y sin pagar ¿qué cosa más importante hay que hacer en ese momento? Y en ese campeonato recuerdo que Isinbayeva se estaba preparando para saltar por primera vez cinco metros y Gregorio me hace un gesto con la mano para que fuese el que narrase ese récord del mundo. Y lo narré yo.

¿Recuerdas con el actual presidente de la Federación Española de Atletismo tras hacer tres nulos en los JJOO de Sidney que te dijo que estaba contentísimo?

Aquello fue tremendo. ¿Cómo olvidarlo? Raúl Chapado contentísimo por tres nulos. A mí eso me dejó fuera de juego. Empecé a pensar que no me había enterado bien de la competición, que se había clasificado y yo estaba en babia. Pensé: llevo aquí toda la mañana, he escuchado a Gregorio y a Carlos y está eliminado. ¿Cómo puede decir que está contentísimo?

Y ahora pide la excelencia como presidente.

Me parece bien porque él también la intentaba. Que no la consiguiese no quiere decir que no la intentase. Pero hay otros parámetros para seleccionar a un deportista. Hay que encontrar un equilibrio, porque no se pueden llevar equipos muy amplios y que algunos vayan de turistas. Aunque en la competición lo único que puedes pedir es competir en tus marcas. Y luego ya llegaran las medallas.

Pero tampoco olvidemos que el primer fastidiado siempre es el atleta. Me acuerdo cuando venían los atletas y me preguntaban si podían saludar a través de la cámara. Recuerdo que mi jefa en TVE Mari Carmen Izquierdo, me decía si me estaban tomando el pelo, que me pusiese serio y yo le decía que esa gente estaba jodida al irse al primer día ¿cómo voy a darles caña? No estoy ahí para machacar. Esos JJOO de Sidney fueron duros. No competían bien y querían saludar.

La vida también son anécdotas y en estas entrevistas más.

Son cuarenta años, ¿cómo no voy a tener anécdotas? He comentado 25 deportes y en mi caso tengo paranoia por ejecutar la memoria. Las neuronas también hay que entrenarlas. Ahora me puedo ir a la habitación y preguntarme quien ganó los 100 metros, 400, lo que sea, en tal campeonato y si no me acuerdo, no voy a Google, insisto durante horas hasta que lo recuerdo. Incluso hasta cuando me meto en la cama.

También es un desafío.

Mi padre murió de un a enfermedad neurodegenerativa. Sus últimos años no podía demostrar la brillantez que tuvo. Eso me infunde aún más respeto y me hace prepararme para llegar lo más lejos posible. Por eso trabajo mucho la memoria, trato de que no se pierda a pesar de la edad. Porque sabes que lo sabes. Sólo te tienes que esforzarte en recordarlo.

Recuerdo un año que estaba en Kenia en un Safari con mi mujer. Y pensé que el campeón olímpico de 800, que batió el récord del mundo en Londres’12, era de esa zona. Pero no me salía el nombre ni a tiros. Y estuve los ocho días que duró el viaje, porque esto fue al principio, forzándome a mí mismo para recordar y así un día tras otro, «con la a», «con la b» …., hasta que finalmente me salió. David Rudisha. Sabía que lo sabía porque, como decían en la película Hannibal, la mente es como una biblioteca que tiene pasillos, estanterías, cajones… Y yo sabía que ese nombre estaba metido en un cajón de mi memoria. Mi mujer, sin embargo, no, ella va rápido a Google.

 ¿A qué se dedica tu mujer?

Abogada.

¿Y también se jubilará pronto?

Ella es más joven, doce años menos, me volví a casar, así que tendrá que esperar para jubilarse, pero espera hacer en cinco años lo que tendría que hacer en quince. Al final, es adaptar tu vida a los dineros que tengas y ya está, más ahora que tenemos la ilusión de vivir en el Pirineo.

Y ahí se vive bien.

Ese es un legado inmaterial de mi padre. Hay cosas que te pueden dejar materiales tus padres y otras inmateriales. Hace cincuenta años fuimos a esa montaña por primera vez con mis padres a pasar la Semana Santa y nos dijeron: «si os gusta esto en Semana Santa, imaginar en verano».

Desde entonces, empezamos a ir. Luego, fui cuando nacieron mis hijos y ahora he vuelto con Natalia y me he dado cuenta que es algo que he heredado de mi padre, y poderme comprar ahora la casa…. Yo he vivido toda mi vida de alquiler. Ahora es la primera vez que me compro algo.

Esa es la ilusión.

Mi sueño sería pasar el verano en la montaña y el invierno en la costa gaditana, desde San Lucar a Tarifa, cualquier sitio. Ese sería mi objetivo. Pero eso ya es de millonario. Lo que yo quiero es vivir en bermudas y chanclas y sin afeitar. Yo quiero calor en invierno.

6 comentarios

  1. Pingback: La influencia de Ernest Riveras en la transmisión emocional del deporte - Hemeroteca KillBait

  2. Veo retransmisiones en canales latinos y algunos europeos, y aquí tenemos los peores narradores y los peores comentaristas. Usan mal el lenguaje, abusan de los tópicos y las frases hechas, son gritones y los supuestos especialistas, se pierden en obviedades y se empeñan en contarme lo que ya estoy viendo. Y el entrevistado es un vivo ejemplo: cursi, gritón, engreído… vamos, absolutamente insufrible. Que se jubile pronto.

  3. No quiero hablar de cómo narra, pero sí de cómo trabaja. Voy a intentar expresarme de la forma más clara y sincera posible. He tenido a este «señor» por llamarle de alguna manera como superior durante aquellos maravillosos años que él tan felizmente recuerda.

    ¿Sus preferidos? Los que acaban de empezar en la profesión. Con los que más se ensañaba. Disfruta y celebra la sensación que provoca hundiendo en la miseria a la gente que tiene debajo de él. Jamás se equivocaba, jamás pedía perdón y jamás se preocupaba por su gente.

    Es la persona más despota y con aires de psicópata que he visto en toda mi carrera profesional. Un director ausente, con tintes de grandeza, que lo único que hacía los pocos días que pasaba por la redacción era humillar y tratar fatal a sus subordinados. Egoísta, ególatra y cruel, sería mi resumen.

    Hoy en día un director de esa índole no puede sobrevivir en un mundo laboral donde ya no puedes gritar ni humillar a un trabajador así como así. Espero que en su conciencia quede todo el daño que produjo; y para toda la gente que acabó en terapia por su culpa, enhorabuena, la momia está acabada.

    Para personajes así estaría bien hacerle la entrevista a los que trabajaron con él. La historia sería más verídica y no el cuento de hadas que con tanto gusto narra.

  4. Yo le recuerdo básicamente de sus inicios como comentarista de baloncesto, de lo que apenas se habla en esta entrevista. Lo hacía para TVE2 de Sant Cugat, circuito catalán, narrando en catalán obviamente. Y ahí la bufanda no la ocultó en ningún momento, lo mismo que su forofismo por cualquier equipo catalán que se enfrentase a otro del resto de España. Era increible la inquina que sentía por el Real Madrid. Mientras el resto de España disfrutaba de las narraciones de Ramón Trecet, en Cataluña debíamos aguantar a este personaje. Recuerdo especialmente sus lamentables comentarios en la Final Four de Tel Aviv de 1992 (la del triple de Djordjevic contra el Joventut). También narró NBA cuando esta competición daba sus últimos coletazos en TVE antes de que Canal+ comprase sus derechos. Sus narraciones eran demenciales y demostraba tener muy poquito conocimiento de la competición más allá de los topicazos que cualquiera conoce. Bienvenida su retirada de la profesión.

  5. «si os gusta esto en Semana Santa, imaginar en verano».

    ¿Quién no sabe usar el imperativo? ¿El entrevistador o el entrevistado?

  6. A mi me resultó muy curiosa la forma en que respondió a Nico Abad tras unas críticas hacia él.

    Os recomiendo buscar el video en YouTube porque no tiene desperdicio y retrata un poco la personalidad de ambos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*