
La titulitis es una enfermedad social, hay quien se cree que sin títulos no es nadie y falsea su curriculum, pero es aplicable también al fútbol. Los jugadores que no han alzado grandes títulos, pasado el tiempo, es como si no hubieran existido. Tal vez por eso, de Vassilis Tsartas solo hay en un YouTube vídeos muy pixelados de sus años en España. Sin embargo, la inmensa mayoría de ellos contienen obras de arte. Goles que si se hubieran marcado con las dos únicas camisetas que parecen existir en España, habrían servido para que periodistas de todo tipo, incluidos los culturales, se desvivieran en elogios hacia el artista. Pero no, jugó en el Sevilla FC y la leyenda, que sin duda la creó, se quedó solo en los locales.
Lo gracioso del tema es que Tsartas sí que levantó títulos importantes, una Eurocopa de naciones años antes de que España lo hiciera en televisores en color. Otto Rehhagel le tuvo a raya todo el torneo, era el mejor de su plantilla, pero necesitado de desgaste absoluto del primero al último de sus hombres, el técnico griego empleó al 10 con bisturí. Salió lo justo para hacer lo justo para pasar y así fue, en varias ocasiones clave. Una de ellas, contra España.

Retirado de los focos, ahora de Tsartas solo llegan noticias por sus opiniones conservadoras en X o por alguna entrevista retrospectiva, sin prisa y sin censura, que le han hecho en su país, como esta en Betarades, donde el ex centrocampista griego no se corta un pelo a la hora de abordar cada tema.
Para empezar, del Sevilla recuerda lo que todos sabemos, que fueron años complicados: «Cuando estaba en Sevilla, aquellos años no fueron fáciles para el club. Esa Sevilla no tenía nada que ver con la que llegó después: no era protagonista, peleaba por mantener la categoría. Dos años en Primera División y dos años en Segunda. Mis mejores cifras, sin embargo, fueron en Primera. Y en la temporada de Segunda en la que ascendimos, en solo seis meses marqué 14 goles, desde diciembre hasta el verano, cuando llegó como entrenador Marcos Alonso».
Sin embargo, aquella temporada del ascenso, en la que se echó el equipo a la espalda, es su mejor recuerdo, especialmente por el entrenador: «Marcos fue el mejor técnico que tuve en mi carrera, con él tenía una química excelente. Hablaba conmigo, me entendía, confiaba en mí. Cuando llegó yo llevaba cuatro goles y estaba algo desmotivado, porque el verano anterior se había frustrado mi traspaso al Racing de Santander. El club y yo habíamos llegado a un acuerdo, pero el entrenador de entonces, Castro Santos, dijo que solo me venderían si encontraban a otro igual que yo… algo imposible, claro. Así que el traspaso se cayó».

No fue difícil motivarlo. Marcos decidió hacerlo a golpe de talonario: «me dijo: ‘Por favor, inténtalo. Si marcas 12 goles, te doy 50 millones de pesetas’. Eran 100 millones de dracmas. Le contesté: ‘No me provoques, que los voy a meter’. Cambió la forma de entrenar: más intensidad, más explosividad. Y en un mes empecé a marcar uno, dos, tres, cuatro goles… Llegué a los 12 sin decirle nada. Entonces me dijo: ‘Si llegas a 16, te doy los 50 millones’. Y yo: ‘Marcos, vamos bien…’. Alcancé los 16 goles, y en los playoff contra el Villarreal, en la ida allí, ganamos 0-2 con dos goles míos de derecha».
La noticia es que renunció a esas primas decididas semana a semana. Se limitó a pedirle un avión privado para volver a Grecia… y se lo tuvo que pagar: «Antes de un partido clave contra el Málaga, en el hotel, delante del director financiero y de algunos compañeros, le dije: ‘Yo voy a subir al equipo, y tú lo único que vas a pagar de tu bolsillo será un avión privado para llevarme a Grecia cuando logremos el ascenso’. El avión costaba 3,5 millones de pesetas, mucho menos de los 50 millones que él había ofrecido. Ganamos 0-1, entramos en playoff, y en la vuelta, con gol de Quevedo tras un saque de falta mío, ascendimos. En el autobús de celebración le recordé la apuesta. Al día siguiente, mi representante recogió el dinero en las oficinas y pagó el avión. Ese fue el premio que yo elegí».
Esos días no solo dejó huella en el club, también en los jóvenes. Uno de ellos, el hijo de Marcos Alonso, que décadas después jugaría en la elite europea: «Marcos también tenía a su hijo, el actual jugador, entonces niño, siempre conmigo viendo cómo lanzaba faltas. Le enseñé la técnica: primero encontrar el toque, el golpeo correcto, sin importar la distancia. Cuando tengas fuerza, mantén la forma. Él lo recuerda y ha declarado que aprendió de mí».

Esos días no fueron de vino y rosas. Aunque era el mejor jugador de la plantilla con diferencia, recibía críticas por su indolencia, por no apretar a los rivales ni bajar a defender. Marcos resolvió ese problema en el vestuario por el camino más corto: «Cuando escuchó críticas de que yo no defendía, preguntó en la pizarra: ‘¿Alguien aquí puede hacer lo que hace Vasilis en ataque?’. Nadie levantó la mano. ‘Entonces, dejad que él haga lo suyo y vosotros haced el vuestro’».
El romance con el entrenador se rompió cuando Tsartas intentó meter mano en la configuración de la plantilla: «Le pedí tres fichajes para consolidarnos en Primera: Baraja (Atlético de Madrid B), Fortune (lateral izquierdo, también del Atlético B) y Makaay (Tenerife). Los tres triunfaron luego: Baraja en el Valencia, Fortune en el Manchester United y Makaay en Deportivo y Bayern. Yo ya veía esas cosas, tenía ojo para detectar talento». Lo que siguió fue el Sevilla «de los uruguayos» que volvió por donde había venido a Segunda división.
La Eurocopa de Portugal
Sobre aquella cita para la historia que fue la victoria de Grecia en la Eurocopa, revela pequeños secretos, esos detalles que les hicieron campeones y que le tuvieron a él como Sr Lobo, el especialista que aparece, resuelve y se va: «Contra España, en la fase de grupos, fue el partido en el que di la asistencia a Charisteas. Fue una jugada que habíamos trabajado: control, mirar rápido la posición del delantero y poner el pase en el momento justo. Angelos hizo el desmarque perfecto y definió. Ese gol fue crucial, porque nos dio un punto que resultó decisivo para la clasificación».

Lo que hizo estaba planeado y controlado hasta el último detalle. En la semifinal no fue una asistencia, sino un córner en el minuto 105+1: «En la semifinal contra la República Checa, Rehhagel me utilizó de una forma muy concreta. Me dijo antes de entrar: ‘Quiero que tengas calma, que no pierdas balones, que pauses el juego cuando sea necesario, y que aproveches cualquier oportunidad para meter el balón a nuestros delanteros’. Era un partido duro, contra un equipo muy físico y con mucho ritmo. Recuerdo que me pidió también que controlara los tempos y que buscara las faltas cerca del área, porque sabía que teníamos buenos rematadores».
La disciplina fue clave y, aunque era el mejor pero no el que más minutos jugó, para él aquello fue una exhibición porque todos los jugadores fueron uno solo, no hubo un solo ego: «La relación con Rehhagel fue siempre profesional. Él tenía su manera de hacer las cosas, muy estricta, y yo la respetaba. A veces teníamos diferentes puntos de vista sobre cómo plantear un partido, pero en la Eurocopa él supo transmitir confianza al grupo. Por ejemplo, antes de la semifinal, nos habló de la importancia de mantener la disciplina táctica por encima de todo, incluso si eso significaba que algunos tuviéramos menos libertad ofensiva de la que estábamos acostumbrados. El ambiente interno de la selección era muy bueno. Éramos un grupo unido, con jugadores que sabían que no éramos favoritos pero que creíamos en lo que hacíamos. Cada uno conocía su papel. No había egos por encima del equipo; todos aceptábamos las decisiones por el bien común. Creo que ese fue uno de los grandes secretos de nuestro éxito: la mentalidad colectiva».
Por eso, no tuvo queja cuando le tocó chupar banquillo siendo la estrella: «Con Rehhagel, en la selección, tuvimos alguna diferencia de opinión. Yo era un jugador que siempre quería el balón, que buscaba proponer juego. A veces él optaba por un planteamiento más conservador, especialmente contra rivales fuertes, y eso podía dejarme menos participación ofensiva. No siempre coincidíamos en la manera de enfocar un partido, pero yo respetaba su papel como seleccionador. Hubo partidos importantes en los que no fui titular. Eso nunca me gustó, pero lo asumí con profesionalidad. Entendía que el entrenador hacía sus elecciones pensando en lo que consideraba mejor para el equipo. Mi trabajo era estar preparado para entrar y marcar la diferencia, aunque fueran solo unos minutos. Siempre que salí al campo, lo hice con la misma determinación, titular o suplente».

Y todo esto, llevándose mal. Con el otro gran jugador griego, Nikolaidis, tuvieron problemas y desencuentros muy tirantes: «Con Démis nunca tuve una buena relación personal. No nos hablábamos en el día a día, pero dentro del campo siempre cumplí con mi deber: en el fútbol profesional no puedes llevar los problemas personales al terreno de juego. Siempre respeté que, aunque fuera alguien con quien no me llevaba bien, era un compañero y había que colaborar para el bien del equipo. El incidente más grave fue antes de la Euro 2004, en el campo de entrenamiento de St. Strakomakedones. Un grupo de hinchas radicales entró para agredir e intimidar a varios jugadores del AEK. A mí me destrozaron el coche. Pero lo peor no fue eso: cuando llegué a casa, mi hija, que entonces tenía seis años, vio en la televisión las imágenes del coche roto y me preguntó: ‘Papá, ¿qué te han hecho?’. Esa pregunta me afectó mucho, porque entendí que la violencia no solo iba contra nosotros como jugadores, sino también contra nuestras familias. Siempre pensé que ese clima fue fomentado, directa o indirectamente, por Démis».
El propio seleccionador tuvo que intervenir para que la sangre no llegara al río en la Eurocopa: «Otto Rehhagel, el seleccionador, me llamó para pedirme que no provocara ningún incidente que pudiera afectar a la selección. Yo le prometí que no crearía problemas, porque mi prioridad era la Eurocopa y representar a mi país. Pero internamente, estaba enfadadísimo. Llegué a pensar que si me encontraba a Démis en ese momento, habría una pelea física, porque lo que pasó fue una auténtica canallada. Poco después, Démis quiso hablar conmigo. Lo hizo a través de un intermediario, Stefanis Mavromatis, que me pidió que aceptara reunirme con él. Lo hice por respeto a Stefanis, que había estado a mi lado en momentos difíciles. En esa conversación, Démis me dijo: ‘No fui yo, vamos a arreglarlo juntos, no sé quiénes fueron esos tipos…’. Sinceramente, nunca le creí. Y aquel episodio casi me deja fuera de la Euro 2004».
Influencias
Sobre sus ídolos, por su edad, nacido en 1972, creció idolatrando al único dios verdadero, Diego Armando Maradona: «De niño, el primer Mundial que recuerdo fue el de 1978, cuando tenía seis años. Lo vi con mi familia, en un ambiente especial, porque mi padre tenía un restaurante y se llenaba de gente para ver los partidos. Ahí me enamoré del fútbol. Pero fue en el Mundial de 1982, en España, cuando tenía diez años, cuando me marcaron a fuego dos cosas: la selección de Brasil de aquel torneo, que jugaba un fútbol espectacular, y Diego Maradona. Recuerdo especialmente el partido Argentina–Italia. Años después, lo volví a ver y me indignó lo que le hicieron. El defensa Gentile le dio patadas sin parar y ni siquiera vio tarjeta amarilla. Incluso expulsaron a Maradona. Fue tan brutal que pensé que el árbitro merecía ir a la cárcel por lo que permitió. En 1986, en cambio, Diego recibió menos castigo físico y pudo llevar a Argentina al título. Para mí, es el más grande».

El otro gran referente fue local: «me marcó fue Vassilis Hatzipanagis. Fue un futbolista increíble, probablemente el más talentoso que hemos tenido en Grecia. Influyó mucho en mi manera de pensar el juego y en mis entrenamientos cuando era joven. En la escuela de entrenadores coincidí con su técnico, Telis Pattakos, que hablaba de la pase vertical. Yo le decía que para mí esa pase era como un bisturí: corta al rival en dos, como un cirujano que abre para operar. Por eso siempre defendí que esa es la esencia del 10: tener la visión, la técnica y el momento justo para dar ese pase que rompe líneas».
La técnica de Tsartas
Como los grandes del basket, como contaba recientemente Stephen Curry, sus famosos lanzamientos de falta no eran solo una cuestión de talento, sino de entrenamientos muy duros cada día: «Para mí, las faltas eran algo que trabajaba de manera muy específica. No era cuestión solo de talento: había una rutina detrás. En los entrenamientos, siempre después del calentamiento y de los ejercicios con el equipo, pedía un saco de balones, un portero y me iba a una portería para practicar. Golpeaba una y otra vez, buscando siempre perfeccionar el gesto. Tenía en cuenta muchos factores: el estado del terreno, si estaba seco, húmedo, si la hierba estaba alta o corta; también el balón, porque no todos son iguales. Había pelotas más pesadas, otras más ligeras, y eso influye en cómo sube o baja el disparo. Incluso consideraba el viento: si era a favor, en contra o lateral. Todo eso cambiaba mi forma de golpear».
Lejos de otros grandes tiradores que han destacado por la potencia que le imprimían al balón, como Roberto Carlos o Cristiano Ronaldo, Tsartas pertenecía a una vieja escuela que prefería la colocación y la parábola a los kilómetros/hora: «Mi calentamiento antes de lanzar faltas era clave. No me gustaba llegar frío a la pelota: hacía movimientos de articulaciones, estiramientos y algunos toques previos para sentir el balón. Luego empezaba con tiros más suaves, midiendo la dirección y el efecto, y poco a poco aumentaba la potencia. También analizaba al portero rival. Observaba si era más alto o bajo, si tendía a dar un paso antes de lanzarse, si se colocaba más hacia un lado. Toda esa información me ayudaba a decidir si buscar el primer palo, el segundo o un disparo más centrado con efecto. Mi objetivo siempre era que el golpeo fuera limpio y preciso. Prefería un tiro con buena colocación y la potencia justa, antes que un disparo muy fuerte sin dirección».

Que corra el balón
Tampoco es de extrañar que Tsartas hable como Cruyff y critique a los que se quejaban de que no corriese. Todas sus opiniones son de la escuela del holandés o de Menotti, el filósofo argentino: «Muchas veces escuché que era lento. Yo siempre respondía que la velocidad más importante en el fútbol es la de la mente. Puedes ser rápido corriendo, pero si no piensas antes que el rival, no sirve de nada. Mi juego se basaba en anticipar, en decidir antes qué hacer con el balón. Por eso, aunque no fuera veloz en la carrera, siempre encontraba la manera de llegar primero a la idea y, en consecuencia, a la jugada. También se me criticó porque nunca marqué goles de cabeza en partidos oficiales. Es cierto que no era mi punto fuerte: no era un jugador de área esperando centros, y mi rol estaba más enfocado en la construcción del juego y en el pase final. Claro que hice goles de cabeza en entrenamientos o partidos amistosos, pero no era algo que buscara de forma natural».
Polémica con Giannis Antetokounmpo
Por último, admite que en las redes sociales tiene el gatillo fácil: «Siempre he dicho lo mismo: voy a seguir diciendo lo que pienso, aunque eso me cierre puertas. No me interesa vivir cuidando cada palabra para no incomodar a quienes tienen poder. No voy a cambiar mi forma de expresarme para gustarle a todo el mundo. Prefiero ser honesto y directo».
Y que siempre marca la misma tendencia, la muy conservadora: «Se me ha acusado de racismo y de fascismo, y lo rechazo completamente. Quienes me conocen de verdad saben que no tengo nada que ver con esas ideas. Que alguien no esté de acuerdo conmigo en un tema concreto no significa que pueda ponerme una etiqueta tan grave. Pero hoy en día es fácil para algunos manipular una frase o un comentario, sacarlo de contexto y usarlo contra ti».

Una costumbre que le llevó a tener un desencuentro con el mismísimo Antekounmpo: «Un ejemplo fue lo que pasó con un comentario mío sobre una campaña en la que aparecía Giannis Antetokounmpo. Yo hice una observación crítica sobre el mensaje de la campaña y sobre cómo se utilizaba su imagen, no sobre Giannis como persona ni sobre su origen. Sin embargo, algunos medios y usuarios en redes sociales distorsionaron mis palabras para presentarme como alguien que estaba atacando a Giannis por motivos raciales. Eso es totalmente falso. Lo triste es que, aunque expliques después lo que realmente quisiste decir, la primera impresión negativa queda y es la que algunos prefieren difundir. No me voy a callar por miedo a que me tergiversen, pero tampoco voy a dejar pasar la oportunidad de aclarar cuando se me atribuyen intenciones que no tengo».
Pero hablamos de alguien incorregible: «Yo seguiré diciendo lo que creo, y quien quiera entenderlo, lo entenderá», concluye.


Pingback: Vassilis Tsartas: su legado en el Sevilla y el recuerdo de la Eurocopa 2004 con Grecia - Hemeroteca KillBait
Que Tsartas tenía mucha calidad es cierto. Que había decenas mejores que él, también. Querer convertirle en estrella porque en 6 partidos de una eurocopa dio 2 asistencias y sacaba bien los córners me parece atrevido. Y precisamente si se le recuerda es porque jugaba en equipos muy cortitos de técnica. En el Real Madrid o en cualquier otro grande no habría jugado.
La leyenda de Tsartas no se debe a esos seis partidos ya en el ocaso de su carrera. Que no hubiera jugado en el Real Madrid (que lo dices tú), no significa que no fuera un crack. Saludos
No has leído bien mi comentario ni el artículo tampoco. Saludos.
No sé si Paco lo ha leído, yo si. Los que disfrutábamos aquel fútbol sabemos que Tsartas fue mucho más que una Eurocopa, era una delicia verle jugar en la liga española y quizás si, quizás, en un equipo más grande no habría destacado porque no se lo habrían permitido, o quizás rodeado de mejores jugadores hubieran brillado más, quién sabe pero fue un gran jugador.
Tebas contesta a RMTV: «El ser superior sabe de doblar y de tráfico… si no que se lo pregunten a Montoro…»
El presidente de LaLiga carga contra el club blanco después de que su TV oficial afirmase que el campeonato doméstico empieza viciado, alterado y manipulado.
Por cierto, ni Chelsea ni PSG se quejan y han descansado menos.
La verdad es que Florentino no se puede quejar de nada, después de haber pagado al menos durante 17 años al vicepresidente de los árbitros y poner al frente del CSD a un directivo justo antes de hacerse
público, que no desciendan al Madrid ni le quiten los títulos cuando fue cien veces más grave que lo de la Juventus, que el que decide qué imágenes ven los árbitros en el VAR sea el que les haga palancas ficticias para seguir en la Liga o que hasta el gobierno tenga que inscribirles a jugadores fuera de plazo cuando al resto de equipos no se lo permiten.
Qué vergüenza, Florentino, de verdad. Además es amigo íntimo de Tebas.
Oh, wait
Jot Down, por favor, dejad de publicar comentarios de bots laportianos pagados con suscripción gratuita a Spotify. Por favor. Degradan a esta maravilla de oasis escrito.
Juan es la demostración del madridismo sociológico. En cuanto le dicen la verdad, piden que la censuren.
La verdad jajaja. Disfruta de tu Spotify gratis, pero podrías ganar algo más de dinero estudiando en vez de tener que soltar ranciofacts falsos por internet a cambio de tan poco …
El Barça ha gastado 27M en este mercado, ha vendido a varios a jugadores, se han liberado varias fichas (ahora la del central titular) y aun así hay problemas para inscribir. Pero el relato es que Tebas nos ayuda y que el Barça ficha todo lo que quiere. Esque es de coña. Y a otros le dan la enésima recalificación, plazas de garaje por años, y todo el estamento del fútbol
Ya sé que te pagan el Spotify por mentir (es triste venderse tan barato pero oye, es tu decisión), pero no pongas estas cosas en una revista prestigiosa. Ve a decirlas al Sport, aunque seguro que por tu «millonario» contrato también das ahí la turra
Hoy sale a la luz que cuatro miembros de tu club han sido sancionados por la UEFA. Hay que tener un poco más de dignidad, que en vuestro club dentro de poco lo anormal va a ser cumplir las normas. Hacéis lo que os da la gana desde hace décadas y no pasa nada.