Opinión Futbol

Marruecos, la posibilidad de una nueva Grecia

La victoria del Real Madrid en la última edición de la Champions League volvió a abrir un debate que nos acompaña desde hace décadas y que aburre a las ovejas, pero que por la falta de defensores de una de las dos posturas, nos obliga a bajar al barro una y otra vez a recordar que en el balompié, dentro de las reglas recogidas en el reglamento, se puede hacer lo que se quiera. Incluido pasarse el balón solo con las nalgas. Queda a juicio de cada equipo valorar la utilidad de cada táctica. En este ejemplo, un gol con el culo puede ser realmente bello, pero te va a costar tanto conseguirlo que igual es contraproducente empecinarse.

En ese amplio abanico de tácticas está el catenaccio. Todos atrás, bien prietos, a esperar, resistir y que sea lo que dios quiera. Un estudio de 2020 de la Universidad de Colonia que analizó más de mil penaltis de 14 competiciones distintas, encontró que las posibilidades de que un equipo netamente inferior a otro se imponga en la tanda de penaltis es de un 40%, un ratio mucho más elevado que durante el tiempo reglamentario. No es que sea perfectamente legítimo defender con el cuchillo entre los dientes hasta el final de los ciento veinte minutos, es que está demostrado que aumenta las posibilidades de imponerse en el cruce.

En este Mundial el gran ejemplo de fútbol defensivo exitoso lo está dando Marruecos. No se puede decir que sus jugadores sean muy inferiores, la verdad es que juegan en los mejores campeonatos del mundo, pero línea por línea o jugador por jugador, contra sus rivales Croacia, Bélgica, España y Portugal, sí que estaban por debajo. Por eso el resultado ha sido tan digno de admirar. Solo han encajado un gol y ha sido un autogol que entra por un hueco inverosímil y cuando ya iban ganando 2-0 a Canadá.

El gran antecedente de esta gesta es la Corea del Mundial de 2002, pero sus semifinales estaban ligeramente empañadas por las actuaciones arbitrales. Su partido contra España fue calificado por un actor neutral, Gary Kasparov, como «el atraco más visto de la historia», ya que, según se dijo, mil millones de espectadores en todo el mundo sintonizaron ese encuentro. La semifinal contra Alemania recibió calificativos prepotentes de todo tipo. Leo en la crónica de El País: «el juego resultó deprimente», «decepcionante que la mayor competición del mundo no logre identificar el verdadero talento», «el fútbol quedó desacreditado», «la mediocridad no sorprendió»… Y el gol, «en una de las pocas ocasiones en que la defensa coreana no está bien armada».

Efectivamente, lo mismo le pasó a España, que tuvo dos ocasiones claras de Asensio en un renuncio de la defensa marroquí, pero el jugador del Madrid no resultó ser Ballack, que solo tocó esa bola aquel día. Con Portugal fue tres cuartos de lo mismo, pero donde no llegó la defensa de la selección norteafricana, lo hizo la mano de su portero, Yassine Bounou «Bono».

No obstante, como todo el mundo sabe, hay un antecedente todavía más citado y más conocido, aunque fue en otro torneo: La Eurocopa de Portugal de 2004. Grecia plantó unos autobuses espectaculares en su área y le bastó con los aguijonazos de Angelos Charisteas y un gol en semifinales, en el 105+1, del elegantísimo defensa central Traianos Dellas a pase de córner del siempre recordado y añorado Vassilis Tsartas, contra la niña bonita de ese campeonato, la República Checa. En la final, contra el anfitrión, se metió otro córner tranquilamente y se ganó el partido prácticamente sin sobresaltos ¿llegaron a tirar a puerta desde dentro del área los portugueses? No recuerdo muchas, un par de Figo y las que tuvo un adolescente Cristiano Ronaldo, que envió la pelota en ambas fuera del Estadio da Luz. Por cierto, que ese año se presentó CR en sociedad tras su primera temporada en el Manchester United y le vimos llorar, igual que en el encuentro que puede ser su último partido con la selección hace unos días, donde también le vimos llorar. Llorar está muy bien, es expresar una emoción como cualquier otra, pero lo bonito es que un dios del fútbol llore impotente ayer y hoy ante… un catenaccio bien puesto.

Aquella Grecia se prestó a muchos chistes y la gente se echa las manos a la cabeza si les dices que es el torneo más bello que recuerdas. Este año escribí en Panenka  un repaso de la trayectoria menos citada de su seleccionador, Otto Rehhagel, antes de coger la selección helena. El odio que le cayó encima del parnaso futbolero le debió importar bastante poco habida cuenta de que en su país llegó a tener que sentarse en los banquillos con chaleco antibalas por las amenazas que sufrió tras la dureza con la que se empleaba su Wender Bremen, en esa temporada un recién ascendido que se clasificó para la UEFA.

El qué dirán le traía sin cuidado después de que los ochenta la prensa alemana calificara sus métodos de Ottocracia. Su gestión del vestuario era puño de hierro, se apoyaba en los veteranos, exigía a los jóvenes -suyo fue el descubrimiento de Rudi Völler y de Karl-Heinz Riedle– y presionaba a las estrellas. Sus logros, inicialmente, no fueron fascinantes, encadenó segundos puestos. Algunos, accidentados. Como el derivado del fallo de Michael Kutzop de un penalti, el único que marró en toda su vida. A Rehhagel también le habían llamado King Otto por hacer volar a un equipo de segunda por la Bundesliga y a raíz de estos accidentes le rebautizaron como King Otto II.

Los éxitos le llegaron en el 91. Ganó la Copa de Alemania y, al año siguiente, la Recopa. Su rival ya adelantaba la polémica a la que nos referimos entre dos mundos irreconciliables. Se enfrentó al Mónaco de Arséne Wenger y se lo cepilló con un cómodo 2-0. En el once de ese Wender Bremen solo dos jugadores habían pasado por la selección alemana al menos una vez en su vida y llevaban, el que menos, tres años sin ir. El inventor del fútbol más bello jamás concebido que se recomienda verlo acariciando la lira tenía sobre el campo, entre otros, a Emmanuel Petit, Youri Djorkaeff y George Weah. Aquí sí que hay un hecho incontestable, de esta victoria de Otto no se acuerda nadie y la opinión de Wenger se escucha como la de un expresidente del Gobierno. Ahora, si le preguntas a Otto si en la actualidad preferiría tener un gallifante o la Recopa seguramente el alemán se incline por lo segundo.

 

Solo Cruyff logró pararle en la Supercopa del año siguiente con su famoso Dream Team. Vi ambos partidos y no recuerdo que los azulgrana pasaran serios apuros, siempre tuvieron la iniciativa. Sin embargo, ahí no acabó la andadura de este técnico. Le fichó el Bayern de Munich, tuvo una temporada tormentosa, puesto que sus métodos, cuanto mayor caché tenían los jugadores, más difíciles de aplicar eran. Logró llevar al equipo hasta la final de la UEFA, pero Beckenbauer le despidió antes del partido y se sentó él mismo en el banquillo. ¿Se jubiló Otto? No, cogió al Kaiserslautern, en segunda división, lo subió a primera esa temporada y, en la segunda, lo hizo campeón de la Bundesliga. Busquen, busquen cuántas veces ha sucedido esto. Para ese proyecto fichó a un barbilampiño llamado Michael Ballack, pero lo dejó en la grada todo el año por «blando», en sus propias palabras.

Con esta trayectoria llegó a Grecia. Lo más fascinante de su cerrojazo fue el uso que hizo de Tsartas, el artista de aquella plantilla, que calificó al equipo para el torneo con un gol de penalti frente a Irlanda del Norte. Entraron, por cierto, por delante de la España de Iñaki Sáez, que se fue a la repesca. Dato para los que se sorprendieron con la victoria helena. Tsartas era posiblemente su mejor hombre y si no lo era, el que metía un mejor catálogo de goles. Con 31 años, agotando sus días en el AEK, ya no era el mismo que entró en los planes del Real Madrid tras el descenso del Sevilla en la 99-00. Otto lo sacó cuando tuvo que sacarlo. Para dar un pase anonadante y que Grecia empatara contra España y en el 91 contra Chequia para sacar el córner de la victoria.

La Francia de 2004, con Zidane, Makelélé, Henry, Thuram y Trezeguet, perdió ante esta Grecia. Es harto difícil que Marruecos pueda pasar ante la Francia actual de Mbappé y compañía, pero solo que exista una pequeña posibilidad es lo que hace hermoso a este deporte. Ver a Amrabat recuperar balones y sacar contras rodeado de rivales no es menos bonito que una penetración en el área de Mbappé. Yo me atrevería a decir que incluso más. Sacar mayor provecho de un talento menor es lo realmente asombroso. Claro, siempre y cuando entendamos que este juego es para todos y no tengamos concepciones elitistas de cómo debe ser, tan frecuentes en la cultura, por otra parte.

2 Comentarios

  1. Álvaro, abres un melón muy interesante aquí.

    Creo que en la vida, las narrativas ayudan a que lo deportivo perdure y cale más, ya sea un jugador o un equipo. Si hay algo más detrás, una historia, una filosofía… tus resultados se convertirán en leyenda.

    Uno asocia el catenaccio y la defensa a Italia, la alegría y el regate a Brasil, el tiki-taka al Barça, el no rendirse nunca al Real Madrid, el saber sufrir y animar en las buenas y en las malas al Atleti…

    Por otra parte, la historia de la Cenicienta también reúne simpatías. David contra Goliat..en los mundiales a uno le alegra ver que selecciones pequeñas llegan lejos.

    No creo que Wenger sea más recordado que el seleccionador griego por jugar menos defensivo, sino por ser el entrenador de un Arsenal dominante durante más de una década (posiblemente el mejor Arsenal de siempre). Final de Champions y Premier con record de victorias incluidas.

    Sí que es cierto que una narrativa favorable ayuda a calmar las aguas y tener menos presión; que se lo digan a Koeman, que ve como Xavi es que infinitamente menos cuestionado a pesar de no estar haciéndolo muchísimo mejor tras una inversión millonaria.

    En resumen, las narrativas son importantes para reforzar un proyecto…pero conviene no abusar o puedes acabar borracho de filosofía y seco de fútbol y resultados

  2. La estrategia más defensiva y aburrida que yo he visto jamás, es el futbol de posesión extremo de la España de LE vs Japón y Marruecos.

    Tener el balón siempre y que no te hagan contragolpes es la mejor forma de defender que hay. Los mil pases horizontales, planos y sin riesgo son una garantía de aburrimiento mucho más extrema que el autobús de Grecia. Aunque tenga mejor fama

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