
Ancelotti es un señor sin suerte. No se cansa de ganar Champions pero la crítica se empeña en destacarle presuntos defectos. Dicen que no sabe de táctica, cuando creció a las órdenes de Sacchi, el tacticista por antonomasia, y tiene hasta manuales escritos sobre ello.
Las acusaciones recientes vienen del propio entorno. Ahora lo que se lleva en el madridismo es atacarle porque, según sus detractores, no cree en el futbolista joven y en cambio tiene confianza ciega en el veterano, que juega por decreto. Este mes, Ancelotti declaró que no le molestan esos ataques porque no son ciertos. Veamos.
Desde Kaká a Bellingham, una carrera exitosa
Remontándonos a 2003, en Milán, encontramos que Ancelotti reestructuró todo el sistema de su vigente campeón de Europa para incluir a Kaká. Cayeron la figura Rui Costa y el eficaz Ambrosini, ambos en plena madurez. Así lo contó en Mi Árbol de Navidad: «Ricardo produjo el efecto de un tornado que sacudió y dio un vuelco al que, hasta entonces, había sido nuestro sistema de juego. De hecho, se apoderó del centro del campo que, por aquel entonces, se había amoldado ya a él».
El Milan de Kaká y el también joven Pirlo ganó otra Champions. E incluso antes de abandonar el club, Ancelotti aún tuvo tiempo de apostarlo todo por un delantero de 18 años llamado Pato.
Centrándonos en su etapa blanca, Ancelotti dio la titularidad a Isco y Carvajal en su primer Madrid, mientras Vinicius y Rodrygo, ambos fichados para el filial, fueron ascendidos hasta convertirse en referencia ofensiva del segundo, sin siquiera haber cumplido 21 años. Sobre la situación pueden preguntar a Arbeloa, Hazard o el propio Nacho, tres años mayor que Varane y superado por este como relevo del lesionado Pepe.
El último caso destacable es Bellingham, cuya edad parecen olvidar los críticos cuando se centran en Güler.
Ancelotti y el pensamiento objetivista
Para saber cómo opera realmente Ancelotti hay que recurrir al pensamiento filosófico. En la Rebelión de Atlas, Ayn Rand, ideóloga del Objetivismo, escribió lo siguiente: «yo no estoy en el negocio para dar oportunidades. Estoy dirigiendo un ferrocarril (…) No estoy interesada en ayudar a nadie. Quiero ganar dinero».
Ancelotti es un abierto objetivista y así hay que entenderlo. Ejemplifiquémoslo desde lo sucedido con un gran jugador. Aquel Madrid que dirigió entre 2013 y 2015 fichó al adolescente Ødegaard. Interpelado por ello, el técnico respondió que aceptaba la decisión del club, pero que él no estaba allí para hacer crecer futbolistas, sino para ganar títulos. El Objetivismo es producción, no empatía.

Como era de esperar, Ødegaard no jugó. Pero, más allá de lo que pueda parecer, la decisión del técnico no se basó en la edad, sino en el nivel. Pasada una década, las trayectorias de Isco, los entonces también jovenes Bale y James, Di María o Modric demuestran que Ødegaard llegó en mal momento al Madrid. Sencillamente, los competidores del noruego eran mejores que él. Quien dude de Isco, siempre en entredicho, puede recordar que el malagueño fue titular en dos finales de Champions ganadas, participando en cuatro de ellas.
En general, un repaso a la carrera de Ancelotti nos revela que no desaprovechó prácticamente a ningún joven. A ninguno cuyo rendimiento luego demostrase que se había equivocado. Los que jugaron menos, casos de Morata o Kimmich, fue debido a la competencia dada en plantillas como la del Madrid o el Bayern, de ahí que los rotase o ingresara durante el partido. Y los que no jugaron nada no eran grandes futbolistas, siendo los aciertos de Ancelotti en este sentido innumerables. El objetivismo se mide en resultados, no en ficciones.
Viejas teorías, nuevos complejos
Pero el Madrid ha sido goleado recientemente por el Barça en la Supercopa y de nuevo estamos ante el mismo dilema. Se culpa a Ancelotti por alinear a Tchouaméni de central en lugar de a Asencio. En el último partido disputado, de Copa ante el Celta, el Bernabéu no dejó se silbar a ambos.
Todos piden a Asencio e incluso a Fortea, lateral derecho que no juega ni en el Castilla pero supuestamente es mejor que Lucas Vázquez. En este caso el debate va incluso más allá de la edad. Ambos son canteranos y resulta que está de moda la confianza del Barça en la cantera. Por eso, aunque sepamos que el orgullo herido tiende a la irracionalidad, se dice que la Fábrica está a la altura y que tanto Asencio como Fortea son soluciones reales.
Ancelotti se defiende ante la prensa exponiendo que «Tchouaméni lo ha hecho bien como central. Eso dicen los datos». Dicen que, en veinte partidos del francés como central, el Madrid sólo ha perdido uno. Mientras que Asencio ha sido titular en seis y se han perdido dos. Entonces, «en el momento en el que no tengamos la emergencia atrás, cuando vuelva Alaba, él volverá a su posición de pivote», continúa.

Para el italiano, Alaba, por nivel, es la solución, mientras Tchouaméni y Asencio son prácticamente la misma emergencia. Él piensa eso y la crítica piensa lo contrario de eso y de casi todo.
Ancelotti conoce la verdad, no tú
Hace no demasiado, a propósito de las lesiones, Ancelotti tuvo que explicar que lleva más de treinta años en los banquillos y que un periodista no está en disposición de decirle lo que es mejor para sus futbolistas. Esto nos lleva a otro diálogo objetivista:
– Bueno, ¿de quién es la opinión que has seguido?
– Yo no pido opiniones.
– ¿Y con qué te guías?
– Juicio.
– Ya, ¿el juicio de quién has seguido?
– El mío.
– Pero ¿a quién has consultado sobre esto?
– A nadie.
– Entonces ¿qué narices sabes tú sobre el Metal Rearden?
– Que es lo mejor que ha salido jamás al mercado
(…)
– Pero ¿quién dice eso?
– Jim, estudié ingeniería en la universidad. Cuando veo cosas, las veo.
Ni que decir tiene que, en dicha obra, la empresa funciona gracias a las decisiones de Dagny Taggart, la mujer racional que basa su juicio en una conjunción de saber y sensibilidad, a diferencia del resto.
No hay verdad que atienda a «fe. Ni a caprichos, emociones o decretos arbitrarios», expresa Rand. En el Objetivismo hay una realidad absoluta que la mente del hombre ha de ser capaz de percibir. La realidad del fútbol es el nivel del futbolista.
Quizá Ancelotti use a Tchouaméni sólo porque costó millones. Quizá Asencio sea mejor que Tchouaméni y, sin usarlo, Ancelotti quiera aumentar sus probabilidades de derrota. Quizá Asencio sea Piqué y no Fernando Sanz. O, al menos, quizá sea un Nacho y merezca más minutos. Los opinantes pueden haber alcanzado la realidad y Ancelotti estar equivocado. Ya faltaría, sólo es el técnico más ganador de la historia gracias a la detección de niveles, al aprovechamiento de talentos, no Dios.


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Sin desmerecer a Ancelotti, no es esa mi intención, pero el entrenador más ganador de la historia del fútbol es un tal Alex Ferguson. Corríjame si me equivoco.
No sé porqué se molesta el autor. Por definición, cualquier entrenador del RM no tiene ni p… idea de futbol: Ancelotti, Zidane, Mourinho, Del Bosque, Benítez, Lopetegui…, de todos se ha dicho.