
El Barça de Flick se ha enfrentado al Madrid de Ancelotti en dos partidos oficiales y le ha hecho nueve goles. Esta vez fue una manita en la final, esas que el Madrid nunca pierde. Si ambas plantillas son de nivel parejo, ¿qué sucede?
El Barça realizó un partido para guardar en los álbumes, pero hubo cinco pecados cometidos por el Madrid que ayudaron a perder la Supercopa de esa manera. Muchos son achacables a Ancelotti, el técnico más ganador de la historia, porque nadie es perfecto.
Usar un sistema con tres delanteros
El Madrid, debido a la confección de la actual plantilla, es un equipo de opciones limitadas en ataque, dispuesto casi en exclusiva para el contragolpe. El planteamiento ideal pasa por establecerse en bloque medio o bajo y salir desde Valverde y Camavinga hacia sus delanteros, tal como propuso en la final. No obstante, si en la goleada liguera recibida la trampa del fuera de juego adelantado impidió los duelos en transición de Vinicius y Mbappé, su caballo ganador, en la final el resultado se facilitó por la mala elección del sistema por parte de Ancelotti.
A estas alturas se sabe que hay algo de lo que puede estar seguro cualquier rival del Barça: los de Flick conseguirán iniciar el juego en combinativo. Sus centrales sacan el balón como Xavi e Iniesta y por delante los auxilia Pedri, quien además resuelve las acciones bajo presión como un Messi. Luego adelantará sus laterales y entonces los extremos podrán incidir también hacia dentro. Y uno de ellos es Lamine Yamal.
Ancelotti usó en la final un esquema similar al del Barça, con tres delanteros. Esto es igualar numéricamente el centro del campo a un equipo que cuenta con Pedri y Lamine Yamal en ambos sectores, por lo que bien mirado es estar en inferioridad. Ambos son los mejores futbolistas del mundo en manejo de balón y asistencia. No hay defensor que los pueda detener por sí mismo, de ahí que sus acciones siempre atraigan a varios rivales.
Con dos delanteros inoperantes en defensa por naturaleza, además con Rodrygo y un Bellingham que también tiende al área, y sin ese cuarto volante que proteja la zona central, Valverde y Camavinga perdieron el resuello de intentar seguir cada maniobra técnica de la pareja de cracks azulgrana. Cuando toman el balón, Pedri y Lamine parecen jugar andando, pero que le pregunten a sus marcadores. Camavinga cometió penalti sobre Gavi en una acción alocada por su parte, que sin embargo fue consecuencia de su sobrexplotación defensiva. Era el gol que inició la remontada.
El Madrid hizo, así, agua en defensa y también en ataque, ya que saltarse esa barrera central es no recuperar balón alguno, lo que supone no contraatacar. Y es que la zaga, para esas labores, tampoco acompañó.
Lucas-Tchouaméni en la izquierda y Lamine por la derecha
La zaga del Madrid tiene tres bajas de primer nivel y es normal que no esté preparada para defender a los mejores delanteros, juegue quien juegue. A partir de ahí, las decisiones del entrenador tienen algo que ver.
Ancelotti decide apostar por Lucas Vázquez como lateral porque es el único que tiene en la plantilla, aunque sea alguien convertido. Y prioriza a Tchouaméni sobre Asencio como central por su estatura, experiencia y juego con balón, principalmente. Gracias a las actuaciones del francés hemos llegado a creer que el canterano puede ser el nuevo Sanchis, que ya es tener fe. De tal modo formó en la final.
Unir a ambos en el mismo sector es una temeridad, habida cuenta de que su concepción defensiva es tan limitada que pueden darse goles como el primero de Raphinha, del todo inverosímil a esos niveles. El zurdo aprovechó un balón larguísimo de su lateral derecho para internarse en el espacio entre ambos zagueros, distancia por la que podría pasar un río.
El Barça estuvo finísimo y volvió a marcar desde ese sector, lógicamente. Aunque también hubiera marcado estando regular. En este caso fueron los dos últimos goles, distintos al anterior pero igual de previsibles. En el cuarto, Balde completó una contra de Raphinha donde Lucas y Tchouaméni siquiera aparecen en la foto. Mientras el que cerró la cuenta sirve como representación general de las carencias defensivas de la pareja elegida.
En la segunda mitad, el Madrid necesitaba marcar y decidió adelantar líneas de presión. Como Lucas es extremo natural, tiende al ataque, pero como no es defensor, encimó mal a su par. Fue muy arriba pero llegó tarde para saltarle a Balde, y entonces la jugada salió hasta Casadó. Este la aceleró al espacio vaciado por el lateral, donde esperaba Raphinha. Dada su lentitud, Tchouaméni no es adecuado para defender grandes distancias, así que, cuando alcanzó al extremo, este ya estaba dentro del área y pudo hacerle un recorte sonrojante, antes de marcar.
La zaga hubiera estado compensada con Rüdiger como central derecho, pero esto suponía alejarlo de Lamine Yamal, que tampoco parece la mejor decisión. El de la Masía bordó el fútbol en la derecha del ataque y entonces el Madrid sufrió goles por el costado opuesto, el más débil de la zaga. En parte gracias a Lucas y Tchouaméni, un Raphinha imponente se llevó el MVP.
No usar ningún futbolista de toque
La idea de juntar a Tchouaméni con Lucas y Valverde en la derecha podría haber sido eficaz, al menos en ataque, de haberse alineado Ceballos como volante, o Modric en su defecto.
La presión intensiva del Barça a la salida, que tan bien ejecuta desde Raphinha y Lamine, obligó a que Courtois lanzara balones sin forzar la jugada. El Madrid no tiene delanteros que sean ganadores aéreos, por lo que cada uno lanzado regresó a su mitad de campo en el acto, principalmente desde que ingresó Araujo. El primer gol de Raphinha lo inició un cabezazo del uruguayo que, de tal facilidad sobre Vinicius, fue más bien un pase corto a Koundé.
Ancelotti no usó a ningún futbolista de toque en el centro del campo y entonces no tuvo alternativa al lanzamiento. Ceballos, sin ser un iniciador de juego natural, viene haciendo buenas labores en la base, moviéndose de manera inteligente para apoyar a los centrales, dando a continuación ritmo de pases en la zona ancha. Esto, a menudo, estabiliza el juego.
Con la alineación de Ceballos (en lugar de un delantero), el Madrid podría haber intentado iniciar jugadas de modo distinto, así como mantener alguna recuperación de balón en lugar de precipitar todas desacertadamente. Hubiera podido atacar mejor desde Ceballos en posesiones y, a su vez, desde Camavinga y Valverde en recuperaciones. Pero el sevillano sólo ingresó al final, ya con superioridad numérica y el Barça atrincherado.

Centrar balones a un área con Araujo
Que el Barça se quedara con uno menos en la segunda mitad no mejoró las cosas para el Madrid, más allá del gol conseguido por Rodrygo en la falta que supuso la expulsión de Szczesny. Por supuesto, tiene explicación futbolística.
El enganche blanco, Bellingham, no es virtuoso en espacios reducidos, y sus delanteros necesitan campo para expresarse en plenitud. Ingresaron Ceballos y Modric para dar clarividencia a las posesiones, entonces el Madrid consiguió instalarse en la mitad rival. Pero las jugadas morían en la frontal porque las interpretaciones y los desmarques de la retaguardia no estaban a la altura, todo lo contrario a la interpretación de Cubarsí y el poderío de Koundé y Araujo en situación de repliegue intensivo. Ante esa situación, el Madrid optó por centrar balones, pero Araujo despejó prácticamente todos, como era de esperar.
Sólo Mbappé creó peligro desde su individualidad técnica, aunque resultó insuficiente. Quien no lo hizo fue Vinicius, ya que había sido nuevamente sustituido por Ancelotti.
Cambiar a Vinicius cuando hay que marcar
Tener a dos futbolistas de la dimensión de Mbappé y Vinicius es beneficioso en multitud de sentidos para un equipo, pero puede ser perjudicial en la gestión de minutos. La vanidad de la estrella es hípersensible y sus reacciones ante lo que consideran injusticia o agravio no se pueden prever. Y además, con Florentino tomando las últimas decisiones, el enfado de un Vinicius puede tener efectos bigbanescos.
Ancelotti, como ante el Mallorca, como otras veces, decidió cambiar a Vinicius. En esta ocasión lo hizo en una final, contra el Barça y cuando el equipo necesitaba marcar. Mientras en el campo se mantuvieron los atacantes de siempre, Mbappé y Bellingham, además de Rodrygo, que pasó a ubicarse en la izquierda, donde su compatriota. Feo asunto para el autoestima.
Vinicius se retiró cariacontecido y se mantuvo en el banquillo visiblemente frustrado. Ancelotti creyó que sacarlo podía ser la solución futbolística en la final, sin embargo no lo fue y ahora puede tener un nuevo problema derivado de la gestión del crack.


Ambas plantillas no son de un nivel parejo en absoluto. No hay más que ver lo que han conseguido unos y otros los últimos años. Y decir que Bellingham no es un virtuoso en espacios reducidos no creo que tenga mucho que ver con la realidad. Ancelotti por primera vez está usando mal los recursos que tiene, colocando a jugadores que no son defensas en defensa y dejando un centro del campo muy desprotegido. El Madrid defiende de pena desde el principio de temporada, no hay más que ver que hasta el Rayo le ha metido 3 goles o el Sevilla 2(en el Bernabéu).
Estoy de acuerdo sin embargo en que el Madrid necesita futbolistas de toque en el medio. Ceballos no es ningún crack pero parece que Ancelotti no cuenta con Modric como titular.
Opino que la substitucion de Vinicius era necesaria. Tenia una targeta amarilla por protestar y poco despues hizo una entrada muy fea. El Madrid hubiera acabado con 10 o gastando el tiempo en saraos con Vinicius de protagonista.
Visto lo visto, creo que la solución (temporal) es poner a Valverde de central por Tchoumeni. Peor no lo va a hacer! Y así queda un puesto libre en el medio para Ceballos. Es que lo del francés es tremendo, no se entera de NADA!
Lo dije tras la clasificación con el City, Ancelotti debió dejar el club. Alonso debe ser el sustituto. Esto no es casualidad, hace tiempo que ganamos porque tenemos tres una plantilla de cracks, un día te salva Vini, otro Rodrygo, otro M´bappe, otra Judd, pero no por juego. Y creo que debería venir Rodri, un lateral y si puede ser un central.
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