Innovación

La frecuencia de exploración o «scanning», la clave en los buenos futbolistas

Xavi Hernández

Los más asiduos a las redes sociales conocerán un vídeo en que sale Xavi Hernández mirando a todos lados en una jugada de ataque con el FC Barcelona, en plena exploración o «scanning». El actual entrenador culé calculaba la situación posicional de su entorno con golpes de vista para dejar el mínimo espacio a la improvisación cuando le llegase o volviese el balón en los pies. El fútbol, como deporte dinámico en que el tiempo para pensar es muy corto, sobre todo en el alto rendimiento, necesita respuestas rápidas por parte de los jugadores. Si no, te roban la pelota. Pura lógica. De ahí nace la urgencia de que cada futbolista explore su entorno antes de recibir el balón y, más importante, lo entregue a un compañero de manera efectiva.

Un grupo de científicos de la Norwegian School of Sport Sciences y de la Australia Catholic University estudió la posible correlación entre los movimientos de cabeza que hacen los jugadores y su rapidez de respuesta en jugada en un artículo llamado Frecuency of Head Movements is predictive of response speed. La premisa básica del estudio ya la hemos mencionado: la capacidad de tomar decisiones con rapidez depende de cómo el deportista percibe las posibilidades que le brinda el entorno.

Así, cuanto más rápido identifique las oportunidades y amenazas que hay a su alrededor, antes podrá dar respuesta a la situación que requiere la jugada. También hay que tener en cuenta la calidad de esta información, todos pueden dar esos golpes de vista, pero no todos procesar igual la información visual ni a la misma velocidad. Esto se llama conocimiento prospectivo, es lo que se obtiene a través del proceso completo de exploración. De seguro, con cuatro movimientos de cabeza, dos hacia adelante y dos hacia detrás, no será suficientes. De hecho, estos mecanismos se verán muy condicionados por la posición de campo del jugador.

Pirlo

En un deporte tan frenético, en que lo mismo atacas y defiendes en un lapso de cinco segundos, menos incluso si se trata de un contraataque, los trabajos de exploración del contexto y de ejecución del pase no se producen de forma independiente o consecutiva. Ambos ocurren de manera simultánea. Al caminar, por ejemplo, distintos estudios han probado que los adultos fijan la información relevante sobre un obstáculo o un objetivo dos o tres pasos antes de iniciar la marcha. Por eso, en los jugadores de fútbol, podemos decir que el comportamiento exploratorio crea un vínculo entre la percepción y la acción en la manera en que ayuda a completar la primera acción percepción– y esta, a su vez, condiciona a la segunda.

Para el mencionado estudio, los investigadores se marcaron como objetivo comprender las acciones exploratorias de los futbolistas. Es decir, saber en qué medida la ubicación de un compañero libre al que pasar el balón y la cantidad de tiempo disponible para hacerlo modificaba la cantidad de movimientos de cabeza que los jugadores hacían antes de recibir la posesión. Para ello, dividieron la secuencia en percepción–acción y recepción–pase de balón. Participaron doce jugadores de entre dieciséis y dieciocho años de la Australian National Premier League.

La tarea que debían hacer para la investigación consistía en colocarse frente a un ordenador portátil que simulaba una situación de juego en la que cada futbolista recibe un pase y debe soltar el balón a un jugador propio libre. Sus compañeros y rivales estaban en cuatro pantallas colocadas a la espalda del jugador que iba a tener el balón. Cuando este estaba listo, pulsaba la barra espaciadora y comenzaba la jugada. A partir de ahí, la pantalla del ordenador portátil y las otras cuatro comenzaban a reproducir vídeos de situaciones de partido. Para cada caso, los investigadores programaron distintos tiempos de espera de uno a cuatro segundos en los que el jugador esperaba a recibir el pase. Para dar el pase, el futbolista debía golpear alguno de los conos situados delante de cada pantalla.

Recreación gráfica del experimento

En este caso, el trabajo exploratorio del futbolista estaba en los 360º que le rodeaban. Los investigadores midieron los movimientos de cabeza que los futbolistas hacían a las cuatro pantallas auxiliares antes de recibir el pase simulado y cuántos más hacían mientras tenían el balón y buscaban al compañero libre. Uno de los primeros resultados obtenidos fue que, a menor tiempo de reacción, menor número de movimientos de cabeza y peor ejecución en el pase; las jugadas rápidas obstaculizaban a los jugadores. También lo contrario: cuanto mayor es el tiempo para pensar y explorar, mejor será la eficacia del pase.

La conclusión más notable fue la relación entre movimientos de cabeza y velocidad de respuesta: a mayor conocimiento del entorno, mejor rendimiento. Este resultado evidencia que, para aprovechar mejor las posibilidades de una acción es necesario que los futbolistas exploren visualmente su entorno de forma correcta.

Durante el estudio, se observaron pocas diferencias en los movimientos de cabeza que hacían los jugadores cuando tenían uno, dos o tres segundos antes de recibir. Sin embargo, con el balón en propiedad, la frecuencia de giros por segundo fue mayor en aquellos futbolistas que tuvieron menos tiempo para dar el pase al compañero libre. Cuando hay una limitación temporal y los jugadores tienen que arriesgar mucho para explorar el entorno, no pueden fijar las oportunidades de la jugada de manera óptima haciendo giros desesperados por localizar al compañero. Es decir, que la calidad en la percepción del entorno descendía y, con ella, la efectividad del pase.

Fernando Redondo

La exploración, esto es, la frecuencia de los movimientos de cabeza y ojos para recoger información mientras el balón se aleja o se acerca, varía en función de la posición del jugador y su edad. El fútbol es un deporte en constante evolución y en el que el aprendizaje de cada profesional está a la orden del día. Otro estudio de las mismas universidades citadas, llamado Scanning activity in elite youth football players, investigó cómo funcionan las distintas variables del juego en el escaneo y toma de decisiones.

Los mediocampistas miran más, seguidos de los centrales, extremos, laterales y delanteros. Las zonas del campo en que los jugadores exploran más el entorno son las del tercio defensivo y medio del campo. Por último, se observa que los jugadores sub23 giraban más la cabeza que los sub13. Es decir, que esta habilidad se va adquiriendo con el tiempo. La pregunta que se hacen actualmente los científicos deportivos especializados en fútbol es si esta habilidad se puede entrenar. Arsène Wenger, en una conferencia que dio en el congreso Sports Tomorrow del Barça Innovation Hub, opinó que posiblemente la Realidad Virtual sirva para desarrollar esta faceta del juego.

El escaneo permite a los jugadores despejar distintas incógnitas para encontrar affordances, que es como el psicólogo James J. Gibson definió las oportunidades de acción que configuran el comportamiento de una persona y que se vuelca en los objetivos, acontecimientos y lugares. Es decir, que las affordances son, en fútbol, todas las variables que intervienen en la decisión que toma un futbolista en una jugada, durante una fase del partido y en el propio encuentro. Dependiendo de su posición sus habilidades, posibilidades físicas y momento del partido, se cuestionan a través del trabajo de exploración si es posible regatear, pasar el balón por un hueco entre jugadores rivales o si el defensa está suficientemente lejos para encararlo y no pasar el balón hacia detrás al primer toque. Cuando hablábamos, al inicio de esta pieza, del vídeo de Xavi, en realidad, lo que el jugador hace con los movimientos de cabeza es preguntarse todas estas cosas.

Esta segunda investigación contó con los jugadores de las selecciones que llegaron a la final de los Campeonatos Europeos sub17 y sub19 del año 2018, Portugal e Italia y Países Bajos e Italia. Entre los participantes figuraban jugadores de la talla de Moise Kean, Scamacca, Sandro Tonali, Zaniolo, Trincão, Florentino o Thierry Correia. Durante el encuentro, los investigadores estudiaron cuántos movimientos de cabeza hizo cada jugador mientras perdía de vista el balón para buscar a otro compañero u objetivos. Las frecuencias de estas acciones se dividieron por segundos para analizar cada situación. Los movimientos eran tenidos en cuenta diez segundos antes de que el jugador recibiese la pelota.

Los sub17 realizaron de 0’42 a 0’3 exploraciones por segundo. En relación con los jugadores sub19, vieron cómo los más jóvenes hacían menos trabajo de exploración. Los primeros hacían una media de 0’45 movimientos por segundo y los sub17, 0’36. Aquellos futbolistas italianos o neerlandeses que realizaron un pase con éxito hacían, de media, 0’43 m/s (movimientos por segundo) antes de coger la pelota. Cuando fallaban, la frecuencia de exploración media había descendido a 0’36 m/s. Las golpes de vista que realizaba cada individuo subían en los pases cortos hacia adelante.

Otro de los datos descubiertos a partir de las investigaciones fue que, aquellos jugadores que hacían más movimientos de exploración, trataban el balón con más toques mientras lo poseían. Hasta 2’5 toques de media. También que orientaban mejor su cuerpo al sentido de la jugada.

Ruud Gullit

Los investigadores precisaron sus resultados hasta el extremo de descubrir que los jóvenes sub19 de Portugal e Italia pudieron hacer movimientos de cabeza «significativamente más cerca del momento en que recibieron un pase en comparación con los jugadores sub17». Esto explica que, a medida que se sube la categoría, también lo hace el nivel de exigencia y de habilidad.

Según una investigación de André Roca, los futbolistas más hábiles son capaces de mirar a compañeros más alejados del balón que aquellos que no lo son tanto. Es decir, que trabajar estas habilidades visuales de los jugadores se pueden sofisticar con la edad y el nivel de destrezas para que afecte positivamente al rendimiento. Los datos demuestran una correlación excelente entre la frecuencia de barrido visual y los pases exitosos. En esta misma línea, la psicología ecológica afirma que aquellas personas que son mejores analizando su entorno, y tomando decisiones con esta información, tendrán una ventaja en comparación al resto.

Este segundo estudio también observó que aquellos jugadores que estaban orientados hacia detrás de la jugada tuvieron menos opciones de hacer barridos respecto a aquellos que recibían de cara o de lado. Estos, que exploran menos el entorno, tienen menos opciones de encontrar affordances y eligen dar un pase atrás como opción más segura. Resultados estrechamente relacionada con una conclusión que ya sabíamos: a mayor número de movimientos de cabeza, más toques al balón.

El espacio de recepción del balón también influyó en las vistas de cada jugador y su comportamiento con la pelota. Aquellos futbolistas que recibían con rivales a menos de tres metros, hacían muchos menos movimientos de cabeza y soltaban antes. Es decir, que en momentos de posible error, los jugadores se centran en no perder la posesión y oxigenar la jugada con la primera opción viable.

En relación a las posiciones del campo, las finales de los campeonatos sub19 y sub17 arrojaron resultados idénticos. Los mediocampistas y centrales miran mucho más su entorno que el resto de compañeros. En las zonas de ataque, los extremos también tenían más tiempo y frecuencia de exploración que los delanteros centros.

Un último estudio recogido de estas facultades, The influence of playing role, pitch position and pase of play, analizaba estas variables con jugadores juveniles australianos de élite entre quince y diecisiete años. Estos futbolistas mostraban mayores registros en la exploración del entorno cuando tenían el balón. Esto sugiere que, cuando están en posesión, analizan mejor el entorno que cuando están a la espera. Durante las fases de transición del partido, esto es, cuando el balón está pasando de un equipo a otro y no hay una jugada de ataque organizada, las frecuencias de movimientos, prácticamente, se anulan. Los futbolistas, en estos momentos, están centrados en coger el balón, ganar la posesión o decidir si su rol es atacar o defender.

Uno de los hallazgos más interesantes de esta investigación versa sobre los laterales. En jugadas de posesión propia, al tener que ensanchar el campo hasta las líneas de banda, se colocan de espaldas al público apurando los límites del campo. Esta posición lateral les permite descartar a la mitad su campo de exploración –detrás de ellos solo hay gradas, el balón no se podría jugar ahí– y conocer mucho mejor el contexto de cada jugada sin necesidad de hacer muchos movimientos de cabeza.

El reto de los futbolistas será conseguir esas dosis de información en las fases de transición para llevar deberes hechos cuando la posesión caiga de un lado y ser más eficaces. Los investigadores ponen el foco en las jugadas de contraataque como ejemplo de situación imprevista en la que estos trabajos de previsión pueden dar mejor rendimiento.

Messi

Geir Jordet, investigador noruego que ha participado en todas las investigaciones citadas en este texto, empezó a estudiar el escaneo de los futbolistas en la década de los 90. En sus primeros estudios, observaba que quienes más frecuencia de movimiento registraban en la Premier League eran, casualmente, Frank Lampard y Steven Gerrard. Xavi, por ejemplo, registraba 8’3 giros de cabeza en los diez segundos previos a la recepción del balón.

Kevin De Bruyne lo hace menos, 5’6, pero ya es mucho en el contexto futbolístico actual. En declaraciones de Jordet para el diario belga De Tijd, explicó «Kevin De Bruyne ocupa zonas más cercanas a la portería rival que, por ejemplo, Gundogan, quien mira más, pero ya es mucho para el lugar en que se mueve. Normalmente, en su posición, la frecuencia de exploración cae mucho». El investigador noruego también revela otro tipo de futbolista al que llama microsans, es decir, aquellos que hacen el análisis del entorno con el movimiento de los ojos, sin necesidad de mover la cabeza constantemente. Su ejemplo más claro es Leo Messi, pero eso merece un capítulo aparte.

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