Opinión

Quizá los argentinos tenemos un sesgo que nos impide ver la realidad, pero en la albiceleste vimos humildad, profesionalismo y camaradería

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Alexis Mac Allister es superado por Lamine Yamal (Foto: Cordon Press)
Alexis Mac Allister es superado por Lamine Yamal (Foto: Cordon Press)

España es un gran campeón del mundo, de eso no hay dudas. Es un equipo sin fisuras, paciente, sincronizado, convencido de su idea de juego, con jugadores muy inteligentes, disciplinados y talentosos, valientes para asumir el riesgo de jugar siempre la pelota al pie, aplicados para recuperar rápido. Y llegan al triunfo sin necesidad de convertir muchos goles porque defienden como nadie. Lo que se dice un equipazo. No sé cómo habrán seguido los españoles el rendimiento de su selección a lo largo de este Mundial, pero la sensación que tuve desde Argentina fue que ganaron todos los partidos sin demasiado esfuerzo, sin despeinarse. Todo lo contrario a lo que sucedió con la selección de mi país, que hizo un culto del sufrimiento, como si hubiese preferido quedarse con la insólita épica hollywoodense del cierre contra Francia en el Mundial de Qatar y no con sus primeros 75 minutos de excelencia en aquella final. Se juega como se vive, suele decirse. Y entonces Argentina cumplió el mandato y jugó en Estados Unidos a sobreponerse día a día con la adrenalina de aquellos que no tienen certezas sobre su futuro inmediato.

Frente a la adversidad surgida de sus propias limitaciones, el equipo de Messi y Scaloni se aferró a la emocionalidad amateur, al carácter avasallante forjado en el espíritu grupal indestructible que viene construyendo el entrenador y su cuerpo técnico desde 2018, y en las biografías deportivas de cada jugador, pertenecientes a un linaje que los precede. Lo dijo Scaloni en conferencia de prensa después de la remontada contra Egipto: «Yo me hice entrenador cuando dejé de jugar para tener estas emociones, no porque me guste ser entrenador. Las emociones que te da un partido de fútbol, que nos da a nosotros los argentinos un partido de fútbol, yo creo que es inigualable, y volver a recrear esa emoción es algo increíble. Soy entrenador por esto».

Los hinchas argentinos ya éramos conscientes de las falencias del equipo. En fase de grupos alcanzó con el talento y la capacidad goleadora de un Messi inoxidable a sus 39 años. Luego seguimos con atención el durísimo partido que Uruguay le hizo a España porque imaginamos que de ahí saldría nuestro rival en la siguiente fase, pero no: ni Finalissima postergada ni clásico sudamericano, nos tocaría cruzarnos con la sorprendente selección de Cabo Verde (que empató con España y con Uruguay). Suponíamos que sería el partido para despejar cualquier duda y resultó al revés: en esa instancia inauguramos el sufrimiento como lenguaje, la épica sostenida que terminó de moldear nuestro discurso acerca del mejor ciclo histórico de la selección argentina.

Aimar, Scaloni, Samuel y Ayala (Foto: Cordon Press)
Aimar, Scaloni, Samuel y Ayala (Foto: Cordon Press)

Lo que vino después, ya se sabe. No hace falta repetirlo ni es el propósito de estas líneas. Quería hablar de otra cosa y es por eso que me detengo acá. Mientras en Argentina (y en Bangladesh) sentíamos orgullo genuino por el desempeño de nuestro equipo, la Scaloneta, no tanto por los triunfos como por la ética que lo constituye («la nobleza de los recursos utilizados», diría Marcelo Bielsa), empezamos a advertir un ruido en las redes sociales: son tramposos, racistas, pendencieros, incivilizados, animales, corruptos, les están regalando otra copa. ¿De qué hablan? ¿Qué Mundial están mirando? ¿Dónde vieron fallos escandalosos que torcieron el rumbo de un partido? Al principio le restamos importancia: son cuentas verificadas que escriben pavadas conspirativas para buscar monetización, algunos madridistas resentidos con el capitán argentino, es apenas una cámara de eco del wokismo delirante. Imposible tomarlo en serio como imposible es no conmoverse ante el prodigio de Messi, la bonhomía de Lionel Scaloni y Pablo Aimar, la sencillez de Julián Álvarez, el amor propio de Lautaro Martínez, el espíritu guerrero de Lisandro Martínez y Cuti Romero. ¿No se dan cuenta lo que genera esta selección en los niños argentinos y en diferentes confines del mundo?

Hasta que empezamos a escuchar esas mismas cosas (son tramposos, racistas, pendencieros, incivilizados, animales, corruptos, les están regalando otra copa) en boca de personas reales, desde el exaltado entrenador de Egipto hasta firmas de New Yorker o el The Telegraph inglés. Incluso en el newsletter de una periodista española al que estoy (estaba) suscripto llegué a leer esto: «Mancharon la pelota y, junto a la politización de Trump y el negocio hortera montado por Gianni Infantino, fueron lo peor del Mundial». ¿En serio, Mónica, el final de la carrera de Lionel Andrés Messi a un nivel extraordinariamente competitivo a sus 39 años fue lo peor del Mundial?

Me intriga saber de dónde viene esa idea de equipo «villano». Es cierto lo que dice Guillem Balagué en un tuit del lunes 20 de julio: «Es una nación que, sobre el campo, hace todo lo posible por ganar» (aunque yo preferiría asignarle esa característica a los deportistas y no a la nación). También es cierto que Messi, cuando expulsaron a su compañero Enzo Fernández por doble amonestación, cayó en la tentación de sacar ventaja ladina de una ley difusa ante un gesto de Marc Cucurella, o que una vez terminado el partido algunos jugadores argentinos provocaron una trifulca innecesaria con sus pares españoles. Quizás esta última reacción de Molina y Paredes haya sido por impotencia o tal vez sean malos perdedores (la razón no importa, es cuestionable en cualquier caso) aunque, vale aclarar, fueron la excepción, la mayoría se comportó con hidalguía, tanto en ese final como en la premiación posterior. No me parece una buena lectura del contexto señalar que les dieron la espalda a los jugadores de España mientras levantaban la copa. No le busquen el pelo al huevo.

Messi (Foto: Cordon Press)
Messi (Foto: Cordon Press)

Así como los ganadores tuvieron su ceremonia emotiva con las autoridades que les entregaban el trofeo de oro macizo de 6,175 kilogramos, los perdedores tuvieron la suya de cara al público que los acompañó en cada partido y que los estaba aplaudiendo en la derrota. ¿Qué mayor demostración de caballerosidad deportiva, de aceptación estoica, que la de un público vitoreando a los vencidos? Además, ¿alguien reparó en lo que hicieron los franceses en 2022 o los croatas en 2018? No voy más atrás porque hasta 2014 las premiaciones eran diferentes, perdedores y ganadores subían hasta el palco oficial para recibir sus medallas y la copa, no se montaban tarimas en el campo de juego.

Jot Down Sport no hizo coberturas especiales sobre el Mundial ni dedicó la edición del lunes 20 de julio a celebrar la proeza del equipo de Luis De la Fuente. Quizás esta nota con mirada argentina sea extemporánea, una discusión con hombres de paja, con fantasmas que no existen, aunque escriban tuits diciendo que «Messi ha decidido terminar su carrera como un cualquiera, intentando sacar rédito de acciones intrascendentes cual usurero y sin hacer historia. Lo tuvo todo en sus manos para ser él el mejor, pero su escasa inteligencia lo cegó. Ha dilapidado toda su carrera por nada», o «Le agradecemos que jugara y le mostrara al mundo lo tramposo y mal jugador que es. Que la FIFA le regaló el mundial pasado y le iba a regalar este pero la presión mediática no lo permitió! Tramposo, violentos, ladrones. Eso son y el mundo lo sabe ahora!».

A lo mejor lo que dicen es cierto y somos los argentinos quienes tenemos un sesgo que nos impide ver una parte de la realidad. Lo que vemos desde el sur futbolero de Sudamérica es que nuestra selección consolidó su estatus de potencia, que el artefacto al que llamamos Scaloneta es un ejemplo de humildad, de perfil bajo, de profesionalismo con pasión, de camaradería, de hermandad, de vergüenza deportiva, de respeto a los proyectos a largo plazo, algo inédito para los estándares culturales argentinos. También vemos las lágrimas de Messi y pensamos que podría haber elegido retirarse de los mundiales con la gloria de Qatar, con la foto de la copa del mundo en sus manos en un cierre perfecto para su carrera. A sus 35 años, podría haber optado por giras de despedida y homenajes en fade out. Pero no. Decidió entrenarse como nunca (como siempre) y exponer la corona. Compitió con excelencia poniendo en riesgo el final feliz. Así de generoso es con su talento y su liderazgo. Por eso es el mejor de la historia.

47 comentarios

  1. Imposible no pensar en el conductor que va en direccion contraria por una autopista y piensa que son los demás los que van mal. Asumid la realidad y olvidaos de excusas: pasasteis la raya de lo obsceno y ahora justificais lo injustificable. Dadle una vuelta a vuestros valores.

  2. Luis Luque Lucas

    ¡Tiene gracía! (poca desde luego) cuando pides que se te perdone, pero, (el pero de casí siempre) pero: «cometí los atropellos cometidos porque…» Y a continuación el ofensor se descarga de su «mea culpa» para justificar lo injustificable .

  3. Efectivamente , los argentinos deben tener un sesgo que les impide ver la realidad :¿humildad?, ¿saber perder? …. Es la única explicación que encuentro a las afirmaciones del artículo.

  4. Me parecen absurdas esas conspiraciones que han estado comentando pero no hay selección con peor perder (y ganar) que la Argentina y cuando está contra las cuerdas, saca ese «cancherismo», «el otro futbol», «corazón», o demás eufemismos para no mencionar ese juego duro al límite mientras el árbitro tiene que hacer un ejercicio de conciencia sobre si los deja con 9 a la media hora de juego o intenta mantener el orden con evidente y sonoro fracaso. Lo entiendo, al igual que los españoles, sois de sangre caliente. Eso tiene sus cosas buenas y malas, pero viene bien reconocerlo. Ser honesto con uno mismo, esa debería ser la meta de todo el mundo.

  5. Estoy contigo

    • Dios mio. El pais con mas psicologos per capita del planeta y siguen mas enfermos wue nunca… Decididamente ven el mundo a su manera como los alucinados… Y sobre todo esa percepción de que es su futbol y el de los demás no es jugar… Lo dicho, solo ellos tienen razón, los demás estan equivocados

  6. Totalmente de acuerdo y gracias por el artículo, así pensamos muchos. Es una lástima, pero en la realidad los datos no son suficientes porque se arma un discurso de odio en las redes sociales y pronto hay ordas de seguidores desaforados. El fútbol o lo que ven ya les importa poco, es una versión edulcorada de una mala película de los buenos y los malos. Ver para creer.

  7. Somos Todos Uno

    Todos los comentarios de acá abajo son un ejemplo de lo que detalla la nota (incluso uno dice que “estamos pidiendo perdón”, más bien un reflejo de su deseo europeo parece. Sin contar que habría que preguntarse “perdón de qué?!”)
    Orgullo y honor a la selección argentina 2026. Entrega, futbol real y pasión por lo que representan.
    Respetados y amados por siempre.
    Nunca nadie fuera de Argentina va a entender qué significa el futbol para nosotros y qué significa representa al país mediante una pelota en el pie.
    Aguante Argentina y la Scaloneta.

  8. El autor escribe «Me intriga saber de dónde viene esa idea de equipo «villano»
    Para luego dejar claro que no hay intriga ninguna: Básicamente Argentina es un matón que va de víctima: violento, mal encarado con los arbitros, que sin embargo luego defiende que las competiciones las tiene amañadas en contra (pese a ser excampeón y llegar a una final).
    Para mi a la afición argentina la define esa mano de Maradona: claramente fraudulenta, pero, ¡Que orgullosos estamos de nuestros fraudes

    • No deja de tener mucho mérito presentarse en un mundial con 24 medianías y un jubilado en Miami y conseguir llegar (o que te lleven) hasta la final, convertirla en una exhibición de MMA, teatro y lloriqueo a partes iguales (aunque si no hueles el balón en 120 minutos en algo te tienes que entretener, y luego tratar de justificar todo el papelón con la verborrea vacía tradicional.
      En fin. Que somos muy injustos y todo el mundo los odia.

  9. Javier Montón

    «Trifulca innecesaria de Molina y Paredes» se puede traducir como «puñetazo alevoso y sin venir a cuento de Molina a Rodri» y «agresión vergonzosa y barriobajera de Paredes y Almada a Eric García y Gavi)». ¿Y qué decir del puñetazo canalla de Ayala a Olmo? Supongo que estará enterado y habrá visto las imágenes. Por lo que se ve, los argentinos también son los reyes del eufemismo.

  10. ¿Nos tomas por tontos? En serio ¿Nos tomas por tontos?
    ¿Por qué disimular tras un barniz de épica barata lo que es una realidad visible para todo el mundo desde Latinoamérica hasta la India y Bangladesh aunque no para el ombliguismo argentino: los equipos de fútbol, rugby, baloncesto, voleibol etc… no quieren jugar contra vosotros no porque seáis tan poderosos, tan heroicos, si no porque no respetais el Fair Play, jugáis al limite y más allá del límite y no sabéis perder. Lo del domingo noche fue un escándalo: media hora después de terminado el partido y justo cuando España recogía la copa, teníais que saludar a la afición argentina. Algunos con las manos en los bolsillos y otros con las manos detrás. Curiosa forma de saludar al público. Solo os honra la actitud de un jugador desconocido, pero que recordaré: Flaco López

    • No, no se trata de tomar a nadie por tonto. Se trata de separar hechos de percepciones. Hablar de «los argentinos» como un bloque que no respeta el fair play es una generalización que no resiste análisis.

      Argentina lleva 25 años compitiendo al máximo nivel con la misma generación de futbolistas y ha sido reconocida por rivales de todos los continentes por su jerarquía deportiva. En ese período ganó y perdió muchas veces. También perdió finales importantes y, salvo casos puntuales como ocurre con cualquier selección, aceptó las derrotas y volvió a competir. De los últimos cuatro mundiales, solo el seleccionado argentino se quedó en el estadio.

      Respecto del saludo tras la final, cada uno puede interpretar los gestos como quiera, pero convertir una imagen en prueba del supuesto carácter de todo un país es un salto enorme. Del mismo modo que nadie juzga a toda España por la conducta de algunos de sus hinchas o periodistas, tampoco corresponde hacerlo con Argentina.

  11. La verdad es que su entradilla es bastante aprovechable:

    Versión 1: Tengo un sesgo que me impide ver la realidad, por eso en la albiceleste vi humildad, profesionalismo y camaradería

    (No creo que todos los argentinos lo tengan, el sesgo, ni hayan visto lo que usted.)

    Versión 2: En la albiceleste vi humildad y blablablá, luego tengo un sesgo que me impide ver la realidad.

    De nada. Puede usar cualquiera de las versiones como mejor le parezca.

  12. La construcción colectiva de una realidad conveniente: mecanismos psicológicos que sostienen la justificación del comportamiento grupal

    Un grupo cohesionado desarrolla una narrativa compartida que justifica conductas poco éticas mediante racionalizaciones y razonamiento motivado. Si obtiene el resultado deseado, interpreta el éxito como prueba de que actuó correctamente. Si fracasa, recurre al sesgo de autoservicio y a la búsqueda de chivos expiatorios, atribuyendo el fracaso a factores externos en lugar de reconocer sus propias decisiones o comportamientos.

    Es importante señalar que este tipo de dinámicas puede ocurrir en grupos de cualquier ideología, organización o contexto (empresas, partidos políticos, equipos deportivos, comunidades en línea, etc.) y no implica que todos los miembros actúen necesariamente de esa manera. Se trata de tendencias estudiadas en psicología social que aparecen bajo determinadas condiciones, especialmente cuando hay una fuerte identidad grupal, intereses compartidos y presión por mantener una narrativa común.

    Un proceso gradual, no un fenómeno repentino

    La consolidación de una narrativa colectiva que distorsiona la realidad rara vez aparece de forma espontánea. Generalmente surge como consecuencia de un proceso gradual en el que los miembros del grupo refuerzan mutuamente sus creencias, reinterpretan los hechos de manera favorable y reducen la importancia de las evidencias que contradicen sus objetivos.

    Desde el punto de vista de la psicología social, este patrón no suele obedecer a una intención consciente de engañar en todos sus participantes. En muchas ocasiones, las personas llegan a convencerse sinceramente de que su interpretación de los hechos es la correcta, precisamente porque diversos mecanismos cognitivos y sociales actúan simultáneamente reforzando esa percepción.

    La racionalización: convertir lo cuestionable en aceptable

    Uno de los primeros mecanismos que aparece es la racionalización.

    La racionalización consiste en elaborar argumentos aparentemente lógicos para justificar comportamientos que, analizados objetivamente, entrarían en conflicto con los propios valores o con las normas sociales. En lugar de reconocer que una acción ha sido incorrecta, el individuo construye explicaciones que le permiten seguir considerándose una persona íntegra.

    Así, una mentira puede transformarse en una «estrategia necesaria», una manipulación pasa a interpretarse como una «respuesta proporcionada» o una conducta deshonesta termina justificándose porque «todos los demás hacen lo mismo».

    La función principal de la racionalización no es convencer a los demás, sino proteger la propia identidad psicológica.

    La disonancia cognitiva: reducir el conflicto interno

    La teoría de la disonancia cognitiva, desarrollada por Leon Festinger, explica que las personas experimentan incomodidad cuando sus acciones contradicen la imagen que tienen de sí mismas.

    Si alguien se considera honesto pero actúa de forma deshonesta, aparece una tensión psicológica. Existen dos maneras principales de reducirla: modificar la conducta o modificar la interpretación de la conducta.

    Con frecuencia resulta psicológicamente menos costoso cambiar la interpretación que reconocer el error. Por ello, el individuo termina convencido de que realmente actuó de forma correcta o de que las circunstancias hacían inevitable ese comportamiento.

    Cuando este proceso ocurre simultáneamente en numerosos miembros del grupo, la narrativa compartida se fortalece y adquiere apariencia de verdad.

    El razonamiento motivado: cuando la conclusión precede al análisis

    En condiciones ideales, las personas deberían analizar las pruebas antes de llegar a una conclusión. Sin embargo, el razonamiento motivado funciona en sentido contrario.

    La conclusión deseada aparece primero y, posteriormente, la mente selecciona únicamente aquellas evidencias que permiten justificarla.

    Los datos favorables reciben mayor atención, mientras que la información contradictoria se cuestiona, se minimiza o simplemente se ignora.

    No se trata necesariamente de un engaño deliberado; muchas personas creen estar razonando objetivamente cuando, en realidad, su motivación está guiando todo el proceso de evaluación.

    El sesgo de autoservicio: apropiarse del éxito y rechazar el fracaso

    Otro componente esencial es el sesgo de autoservicio.

    Este sesgo lleva a atribuir los éxitos a las propias capacidades, inteligencia o mérito personal, mientras que los fracasos se explican mediante factores externos.

    Cuando el grupo alcanza su objetivo, interpreta el resultado como una confirmación de que sus decisiones eran acertadas.

    Sin embargo, cuando fracasa, rara vez revisa críticamente sus propios comportamientos. En cambio, culpa a circunstancias imprevisibles, decisiones ajenas, obstáculos externos o incluso a personas que considera responsables de haber impedido el éxito.

    Este mecanismo protege la autoestima colectiva y evita cuestionar las decisiones adoptadas.

    El pensamiento de grupo: el consenso por encima de la realidad

    El pensamiento de grupo (groupthink), descrito por Irving Janis, aparece cuando la cohesión interna adquiere más importancia que el análisis crítico.

    En estos grupos se genera una fuerte presión, explícita o implícita, para mantener la unanimidad.

    Las opiniones discrepantes se silencian, las dudas se interpretan como una falta de compromiso y las voces críticas pueden ser marginadas.

    Como consecuencia, el grupo desarrolla una confianza excesiva en sus propias decisiones y pierde capacidad para detectar errores o valorar alternativas.

    La cohesión deja entonces de ser una fortaleza y comienza a convertirse en una fuente de vulnerabilidad.

    La identidad social: proteger al grupo para protegerse a uno mismo

    La teoría de la identidad social explica que una parte importante de la autoestima procede de la pertenencia a determinados grupos.

    Cuando la identidad grupal se vuelve especialmente relevante, cualquier crítica dirigida al grupo puede percibirse como un ataque personal.

    Esto favorece el favoritismo hacia los miembros del propio colectivo y una interpretación sistemáticamente más benévola de sus conductas.

    En consecuencia, las acciones cuestionables de los integrantes se minimizan, mientras que los errores de quienes pertenecen a grupos externos suelen juzgarse con mayor severidad.

    El error fundamental de atribución

    Este sesgo complementa los anteriores.

    Las personas tendemos a explicar el comportamiento de los demás apelando a rasgos de su personalidad, mientras justificamos nuestras propias acciones recurriendo a las circunstancias.

    En el contexto grupal, este mecanismo suele intensificarse.

    Los errores propios se atribuyen a factores externos, pero los errores de otros grupos se consideran consecuencia de su incompetencia, mala fe o falta de ética.

    Esta asimetría contribuye a consolidar una visión simplificada y polarizada de la realidad.

    El chivo expiatorio: desplazar la responsabilidad

    Cuando los resultados son negativos y la explicación interna resulta insuficiente, puede aparecer el fenómeno del chivo expiatorio.

    Consiste en concentrar la responsabilidad del fracaso sobre una persona, un colectivo o una circunstancia concreta.

    Este mecanismo cumple una importante función psicológica: preserva la cohesión del grupo evitando que sus miembros cuestionen las decisiones compartidas.

    Aunque esta estrategia puede aliviar temporalmente el conflicto interno, también dificulta el aprendizaje, ya que desplaza la atención desde las causas reales hacia culpables simbólicos.

    El círculo de retroalimentación

    Estos mecanismos rara vez actúan de forma aislada. Lo habitual es que formen un proceso circular de refuerzo mutuo.

    La racionalización reduce la disonancia cognitiva. La disminución de la disonancia facilita el razonamiento motivado. Este fortalece el pensamiento de grupo, que incrementa la presión para mantener la narrativa compartida. El sesgo de autoservicio protege la autoestima colectiva, mientras el recurso al chivo expiatorio impide revisar críticamente las decisiones adoptadas.

    Con cada repetición del ciclo, la narrativa interna puede alejarse progresivamente de la evidencia objetiva sin que los miembros del grupo perciban necesariamente esa distancia.

    Reflexión final

    Comprender estos mecanismos no implica asumir que todos los grupos desarrollen este patrón ni que quienes participan en él actúen siempre con intención consciente de manipular. La investigación en psicología social muestra que la mente humana está sujeta a numerosos sesgos cognitivos que, en determinadas circunstancias, pueden reforzarse mutuamente y dar lugar a interpretaciones compartidas de la realidad difíciles de cuestionar desde el interior del propio grupo.

    Reconocer la existencia de estos procesos constituye una herramienta de pensamiento crítico. Fomentar la diversidad de opiniones, aceptar la crítica fundamentada, revisar las propias decisiones a la luz de nuevas evidencias y asumir la responsabilidad por los errores son prácticas que ayudan a reducir la influencia de estos sesgos y favorecen una toma de decisiones más objetiva, tanto a nivel individual como colectivo.

  13. Tras mi primer comentario y releer el artículo, no creo que sea un sesgo. O bien está escrito en plan irónico, o buscando la provocación; no lo sé. He leído varios artículos argentinos sobre la final y ninguno menciona el comportamiento del equipo durante y al final del partido, leyendo cosas como «esta Argentina fue ejemplar en el coraje para alcanzar la victoria como en la hidalguía para reconocer que ganar no es un destino manifiesto.»
    ¿O es que finalmente lo del sesgo es verdad.?

  14. Quiero pensar que es ironía o que lo ha escrito desde el frenopático.

  15. Resumen del sesgo: Ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Bravo, ¿de verdad que merecía la pena publicar este texto?

  16. Julio César Pérez González

    He leído el artículo con atención, también había hecho lo mismo con otros textos periodísticos argentinos sobre la final y, aunque siempre se agradece leer otros puntos de vista, lo único signo de mención ha sido la frase «Quizás los argentinos no sepamos ver la realidad». El resto, aunque sin un ánimo exaltado, no deja de incluir medias verdades y excusas injustificables (¿cuándo hubo una tangana provocada por el subcampeón tras el pitido final). Ante todo esto, he llegado a estas dos conclusiones:

    1 – la gran parte de los aficionados y jugadores de la selección argentinos no son capaces de admitir el comportamiento chulesco, prepotente y antideportivo de la albiceleste, victimizándose a la menor ocasión. Cabe recordar en el anterior mundial la celebración chulesca de los argentinos frente a la selección de Holanda el famoso «qué miras, bobo» de Messi y la celebración del Dibu Martínez de manera grotesca al recibir el premio al mejor portero. Todo esto sobre el Mundial del 2022 no lo cita el redactor de este artículo, aunque sí que se acuerda de el supuesto desplante de Francia en la final de Qatar, otro gesto más de victimización del libro.

    2 – la negación del evidente interés que ha tenido la FIFA y la propia organización estadounidense del Mundial en que Argentina siguiera adelante en el torneo, ya que Messi es el principal activo que tiene la MLS, aparte de pretender que una de las grandes figuras del fútbol mundial como otras de las que habían aparecido en Estados Unidos durante la competición, llegase a buen término y, quién sabe, incluso que acabara levantado la Copa. Toda transcurrido desde la no expulsión de Messi en el primer partido (ni siquiera se pitó falta en una entrada violentísima que, encima, terminó en gol) hasta la actitud pendenciera que tuvieron tanto en semifinales como en la final, hasta los sucesivos errores favorables permitidos por los diferentes árbitros que pitaron los sucesivos encuentros, partido contra España incluido. Nada de eso se cita pero eso sí hay un comentario desdeñoso hacia el seleccionador de Egipto, quien se quejó al finalizar del encuentro sobre el arbitraje.

    Por último, el autor del artículo cita que los jugadores de la selección son un ejemplo para los niños. Creo que, visto lo visto durante todo el campeonato y especialmente en la final, ese comentario está absolutamente fuera de lugar. Los jugadores deberían pensar, precisamente, que son un ejemplo para los más jóvenes y deberían evitar comportamientos como los vistos, aparte de que los los propios periodistas no deberían caer en la justificación sobre dichas actitudes, sino condenarlas.

    • Estimado, calificar las actitudes del equipo y de Lionel Messi despojándolas de todo contexto resulta injusto. En el caso de Holanda, se omite sistemáticamente la provocación y la abierta subestimación en las declaraciones previas del DT neerlandés en un clásico histórico atravesado por la tensión desde 1978. Asimismo, resulta incomprensible cuestionar la figura de Messi ignorando más de 25 años de una trayectoria intachable en la élite mundial, donde siempre ha sido un ejemplo de profesionalismo y deportividad.

      El artículo expone precisamente cómo la crítica deportiva suele cruzar un límite peligroso. Enfocar la mirada únicamente en las faltas del rival para construir una condena moral termina alimentando discursos de odio y generalizaciones desmedidas hacia todo un país, como se evidencia en posteos de figuras públicas (entre ellos Arturo Pérez-Reverte, al calificar al equipo como representación de la «parte más violenta e irracional de cierta detestable sociedad argentina»).

      Se pueden criticar y condenar los desbordes en un campo de juego —y el texto lo hace—, pero despojar los hechos de su contexto para convertir la tensión futbolística en un juicio sobre la moral de una Nación entera es inaceptable.

      • Julio César

        Tras empezar a leer tu réplica y encontrarme con, y cito de manera literal, «se omite sistemáticamente la provocación y la abierta subestimación en las declaraciones previas del DT neerlandés en un clásico histórico atravesado por la tensión desde 1978», me reafirmo nuevamente en ese victimismo que había señalado con anterioridad. Es curioso ver cómo en España ha habido tantos deportistas que han sido ídolos en la Península, desde los míticos Di Stéfano y Maradona hasta el propio Messi, pasando por otros ejemplos más modestos (como el rosarino Vicente Cantatore, el entrenador más exitoso del equipo de mi ciudad, el Real Valladolid), pero parece que no se quiere ver la paja en el ojo ajeno, obviando situaciones, desde luego, tan escandalosas y llamativas que deberían se objeto de una profunda reflexión.

  17. Gibraltar es español. Esa bandera nunca la verán…
    Esa es la diferencia entre Uds y nosotros.

    • Pero si a Rodri lo sancionaron sin jugar en una ventana UEFA por gritar Gibraltar español durante la celebración de la Euro 2024. El fútbol usado como altavoz de reclamaciones inútiles no es patrimonio de Argentina, se usa en todas partes.

  18. Siempre admiré la garra argentina, a Passarella, a Ruggeri, a Monzón, … Pero eran humanos, no bestias como algunos de ahora. Se quedaba en el campo, era argentinidad al palo pero llena de nobleza.

    Sufrí viendo a Maradona ser apartado en el 82 por un marcaje psicópata de Gentile sin amonestación, en el 90 por un Negreira mexicano que dejó a Argentina con 9 y les cobró un piscinazo de Klinsmann y en el 94 cuando le cortaron las piernas desde los altos mandos de la FIFA. No es argentinofobia, está claro. Era mi equipo cuando echaban a España del mundial.

    Pero hace gracia ver que pueden reírse de Holanda en la cara, cantar sobre la sexualidad de Mbappe o las raíces africanas de Francia, bardear a todo el mundo y andar todo el mundial pegando en manada a personas de otros países pero no permiten que un equipo celebre una victoria en el césped. Curioso. Puño de hierro y mandíbula de cristal, niños mimados y consentidos. De las dos Argentinas me quedo con la de los 80. En todo.

    Y, como he dicho antes, Maradona luchó contra el poder y aún así ganó un mundial él sólo. Y hubiera ganado más si no le hubiesen perseguido por decir lo que pensaba y escupir hacia arriba. Lo contrario que su versión cutre que ha vivido desde el principio de su carrera bajo las faldas de Negreira y después las de Infantino, con prebendas que no ha gozado nadie, ni de lejos, en toda la historia del fútbol. Con Xavis, Iniestas, Neymares y Di Marías al lado. Con la protección de las marcas comerciales, el periodismo a sueldo y la FIFA. Messi es el poder, y aún así en seis mundiales ha ganado uno y de qué manera (regalado, y éste a punto de suceder lo mismo). Cuando ha jugado sin esta protección (PSG, Argentina hasta la llegada de Infantino) coleccionó lágrimas y fracasos y no pasó de ser un gran jugador, pero a años luz de Maradona, Pelé y Di Stéfano. Jugadores que agarraron clubes que no eran nada y los pusieron en la élite, en épocas violentas y campos de barro.

    Por favor, dejen ya de poner a Messi por encima de Maradona porque no se sostiene, no le sigan el juego al marketing fraudulento. Es un chiste de mal gusto, y una aberración.

    • Hay un problema de base en tu análisis: el sesgo de confirmación. Tomás únicamente los hechos que refuerzan tu hipótesis e ignorás todo lo que la contradice.

      Decís que Messi «vivió protegido» durante toda su carrera. ¿Toda? Son 25 años de carrera en la élite. Debutó en 2004 y atravesó distintas dirigencias de FIFA, UEFA, AFA, Barcelona, entrenadores, reglamentos, árbitros y generaciones de rivales. Ganó con Rijkaard, Guardiola, Luis Enrique, Scaloni. Fue campeón en España, Francia, Estados Unidos, Juegos Olímpicos, Copa América, Finalissima y Mundial. Sostener que todo eso responde a una conspiración es una afirmación extraordinaria sin evidencia.

      También hay una sutil omisión: hablás de Xavi, Iniesta, Neymar o Di María, pero omitís que esos mismos compañeros no lograron lo que consiguieron junto a Messi. Y olvidás que durante años se usó justamente el argumento contrario: que Messi «fracasaba» con Argentina. Cuando ganó, la explicación pasó a ser que estaba «protegido». La conclusión nunca cambia; solo cambia el argumento.

      Maradona no necesita que se disminuya a Messi para seguir siendo Maradona. Ambos construyeron una parte enorme de la historia del fútbol. Reducir 25 años de rendimiento extraordinario a una teoría de favores de FIFA y del marketing no explica la realidad: la reemplaza por un relato.

      • Juan, su club estuvo pagando a Negreira desde tres años antes de su debut y hasta casi el fin de su carrera. Y Senes Erzik estuvo en tres de sus cuatro Champions, con episodios como los de Pepe con Alves, el gol anulado a Higuaín, el de Shevchenko, la robontada al PSG o Stamford Bridge.
        En la selección hizo un papel muy discreto en Copas América y mundiales (sin ganar nada) hasta que llegó Infantino quince años después.
        En el PSG se llegó al punto que los propios aficionados le abucheaban, obviamente si te arbitran como a un mortal no es lo mismo.
        No intento poner a Maradona por encima de nadie, pero observo incrédulo cómo se coloca a Messi por encima. Porque estoy convencido que con esos mismos compañeros del domingo Maradona hubiera ganado. Messi es, después de Maradona, probablemente el mejor jugador que he visto, pero es tremendamente inferior.
        Supongo que la amplia mayoría de gente que piensa que Messi es el mejor es porque no vieron jugar cada semana al Diego, nada más.
        Era incómodo para la FIFA, para la AFA, para cualquier mercader del fútbol. Y Messi es la gallina de los huevos de oro. Con el trato que se le ha dado a Messi, ¿qué hubiera sido Maradona?

      • Toda, absolutamente toda la carrera de Messi, al menos en la que obtuvo exitos reseñables (la liga francesa o la americana son una broma) está cimentada en corrupciones. Documentada con facturas en el caso de Negreira y filmada en Catar y ahora en este mundial en el que debieron irse a casa mucho antes de la final si no fuera por las ayuda continuas.
        Ahora lleva cuatro años arrastrándose por los campos y los que le quedan. Porque luces tiene muy poquitas y el amor a los billetes es muy grande. El problema que tiene es que ahora hay miles de cámaras en los campos y le retratan. Una y otra vez. Y lo que se ve no dice nada bueno de él.

  19. Qué gran artículo. Al fin leo algo lejos de los discursos de odio y xenofobia. Las dos mejores selecciones llegaron al final. Con una preponderancia de España. A veces pienso qué dirían hoy en las redes del «cabezazo» de Zidane o incluso de las expulsiones en el Mundial 90. Es llamativa la ola de odio que pueblan las redes y la calle. Salud, España. Felicitaciones, Argentina. Nos volveremos a ver.

  20. Yo creo que el texto es irónico, por lo de Bangladesh y algunas cosillas más. Pero hay que tener cuidado con la ironía si no se deja bien claro. Las respuestas de algún argentino creo que no lo son

  21. Totalmente de acuerdo Javier: tenéis un sesgo que os impide ver la realidad tal como es. Un punto de soberbia por lo que pudo ser y no fué. Y no fué por vosotros, no por demás. Vos no lo vés?

  22. Armando Casitas

    «¿Cómo se suicida un argentino? Se sube a su propio ego y luego se tira desde allí abajo»

  23. Definitivamente, no veis la realidad. Sin más.

  24. Manuel Molina

    Cierto, un sesgo, solo lo ven ustedes. El resto de mundo vio otra cosa, muy desagradable, por cierto. Será difícil olvidar todo lo malo que hicieron. ¿ No les enseñan a saber ganar y perder?

  25. Sí, en America y en España se juega un fútbol diferente. Argentina paró a España en los lugares adecuados. Hizo faltas en los lugares adecuados y en los momentos ideales, cómo no saltando, empujando y metiendo cuerpo, codo o lo que haga falta. Incluso muchas no fueron pitadas.
    Todo esto, en España, parece juego sucio pero para cualquier espectador curioso, Argentina juega cómo nadie en los límites, los lindes del reglamento. Unos pícaros.

  26. Pues o es un texto irónico o está escrito bajo la influencia de alguna sustancia sicotrópica. En una posición totalmente alejada de la realidad.
    Si al final del partido me dicen que hay un autobús esperando a esa cuerda de rufianes y que se los llevan a Attica o Sing-Sing una vez acabado el permiso carcelario me lo creo.
    Ni futbol. Ni deporte. Malos modos, nula educación y una imagen como para meterse debajo de la cama. Para pasar mucha vergüenza. Si se conoce el concepto, claro.

  27. cuesta creer que habiendo ganado una copa del mundo todavía esten objetando los más mínimos gestos del adversario. se puede ser tan inseguro tras un triunfo? creo q nadie lo puso en duda. españa es una gran nación, para qué necesitan la venia de argentina?

    • Sabes perfectamente que sí hay quien lo ha puesto en duda. Y todos con el mismo pasaporte.

      También sabes perfectamente quién ha incendiado la previa. «Boquear» o «canchero» no son precisamente vocablos castellanos. Ni cantar en las calles del país del rival que si se tiene miedo son prácticas habituales por aquí… Habéis sobrepasado todos los límites y aún tenéis la poca vergüenza de considerar que se trata de una cuestión de gestos. Faltáis el respeto y aún pretendéis ir de víctimas.

      Supongo que es más cómodo armar un discurso victimista e inventarse conspiraciones que agachar la cabeza y hacer algo de introspección.

    • No no, inseguros después del triunfo no. Estamos muy seguros de que ganamos. Y de que fuimos limpios, honrados e inteligentes. Ahora bien. lo de tener que soportar que digan que robamos el partido, que nos peguen, y que fuimos unos llorones… No tenemos por qué aguantarlo.
      Un tío que se pegó desde el minuto 43 que entró hasta el 120 pegando por todos lados, gritando… tras el espectáculo que montó al final del partido contra Inglaterra, llamó llorón a Rodri. Sí podéis jugar vuestro partido, pero nosotros no podemos, ¿no? Un partido que no tiene patadas mal dadas (lo de McAllister clamó al cielo totalmente, Paredes constantemente, Tagliafico el marca tacos, Simeone y sus empujones cada vez que alguien da un pase…), que no tiene gritos al árbitro ni cuando anulan un gol legal, que no tiene protestas, ni faltas de educación…
      Y luego, la realidad: los llorones eran otros: los que no supieron jugar, ni perder, ni comportarse, ni ser educados, ni valorar a quien les ganó honradamente. Los que pegaron a otros. Los que buscaron excusas y teorías de frenopático. Los que llevaban días diciendo que España no era rival (que había que estar ciego, como Borges, para no ver la realidad previa, pero eso es otra cosa)… Esos fueron los que lloraron.

  28. Veía el otro día el vídeo de un aficionado argentino con la remera de la albiceleste volviendo a su casa después de la final, cruzándose con centenares de aficionados españoles festejando la victoria en la final. Ni una mala palabra, ni un mal gesto… Todo sonrisas y cánticos de campeones. Tan solo un grupo de chavales detrás de él empezaron a cantar «Argentino el que no bote», pero rápidamente fueron parados por los aficionados que les rodeaban. ¿Os imagináis la misma situación a la inversa? ¿Un aficionado con la camiseta de España caminando por Buenos Aires durante la celebración del Mundial ganado por Argentina? El propio chico del vídeo decía que esto que estaba haciendo era impensable en su país…

    Creo que el titular de este artículo no podía estar mejor escogido… Sin duda, hay un sesgo a la hora de ver la realidad.

  29. 1978. Partido comprado contra Perú, necesitaban meter cuatro, metieron seis.
    1986. Gol con la mano a Inglaterra.
    2022. Como dice el autor, 75 minutos de buen fútbol y luego a la guerra.
    Rattin negándose a salir del campo tras ser expulsado, aquella caterva de delincuentes que fue el Estudiantes de finales de los 60, Juan Carlos Heredia intimidando con un clavo a sus rivales, Simeone pateando a Julen Guerrero, Bilardo ordenando «pisalo» a un jugador de su equipo, el «bidón de Branco».., ningún país ha emputecido tanto al fútbol como Argentina.

  30. Te puede gustar o no una forma de ver el fútbol, de vivirlo y de jugarlo. Seguramente hay muchas diferencias en esos aspectos entre españoles y argentinos, y es normal porque somos humanos con condiciones ambientales y culturales que nos hacen diferentes.
    Pero de ahí a generar una ola de racismo y xenofobia (disfrazado de «defender la ética y la moral») me parece que se sobrepasa una línea indebida. Y se debe en gran parte a que la gente dejó de pensar por si mismo y solo repiten sin cuestionar fake news o discursos de 5 segundos que alimentan mi ego al darme la razón (eso basicamente hacen los algoritmos para conseguir más atención y monetizar tu tiempo)
    Ahora imaginense que yo como argentino diga que los españoles son unos asesinos masoquitas con problemas psiquiatricos porque les gusta encerrar a un toro a clavarle cuchillos. Eso me parece mucho más de reo y delincuente que un empujón en un partido de fútbol, pero: ¿no suena ridículo condenar a toda una sociedad por lo que hacen unos cuantos que la representan?

    Y ojo, esto es un problema que ocurre en todos los paises del mundo (por ej en Argentina se armaron teorias conspiranoicas de que Argentina no perdió el mundial, sino que lo entregó… tan absurdo como cualquier teoría conspiranoica)

    Mi llamado, que nadie atenderá, es que no caigamos en el camino del odio fácil, somos pueblos hermanos y en ambos paises (todos los paises del mundo en realidad) hay buenas personas que se levantan todos los días a ganarse la vida y con problemas que lo afligen.
    Caer en la tentación del odio fácil no hace más que reforzar el sometimiento hacia las clases dominante.

  31. Sesgo distinto,no; lo tuyo es realidad paralela… todo el planeta vio lo que vio, salvo vosotros.

  32. Se habla de odio y racismo pero yo solo veo críticas a ciertos aspectos del comportamiento de la selección Argentina. Por mi parte, no critico ni el juego duro, ni el juego defensivo, que me parecen igual de validos que cualquier otra forma de jugar. Sí critico la violencia pospartido y la falta de deportividad, una actitud de niñato «picado» que no sabe perder. No entiendo que se pueda defender, aunque ya sabemos que los forofos podemos no ver cosas evidentes cuando nuestro equipo juega.Esa actitud irrespetuosa de «picado», nada tiene que ver con «la garra», «el aguante», «los huevos» que sí es una cualidad de la selección Argentina de la que carecen otras selecciones, que tiene el mismo merito o mas que otras características y que creo que se valora y aprecia. Por otra parte, es innegable que se ha favorecido a la selección Argentina, pero es igualmente futbol, y se sabe que las grandes selecciones y las estrellas parten con ventaja. Nos gustaría que esa «grandeza» estuviera asociada a la deportividad y a un comportamiento modélico pero no es el caso.
    En cuanto a Messi, después de haber sido durante 20 años su admirador, tengo que aceptar que no es referente de nada, ni tiene discurso, ni valores destacables y se quedará en ser un genio del futbol, ni mas ni menos. Le veo como el niño que dejó su pais con 13 años y que cuando se hizo adulto, para ser de verdad aceptado en su pais, y no ser visto como un blandito privilegiado que jugaba al tiqui taca, dejó el papel de genio humilde, se tatuó y adopto el papel de malo, de «canchero». Pensaba que era una pose pero quizá se lo haya terminado creyendo.

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