El agua de la ría resplandece en turquesas y azules bajo el sol de agosto. No estamos en un rocoso balcón cantábrico donde reinan las hazañas de los remeros vascos: estamos en Redes, un escondite que baña una de las Rías Altas coruñesas: la de Ares. Nos acompaña un jaleo veraniego, de fondo, al que le quedan apenas tres o cuatro semanas. A cincuenta pasos está el pequeño puerto. A otros cien, una casona y una calleja en las que Pedro Almodóvar rodó buena parte de Julieta (2016). Hemos juntado a cuatro representantes de un deporte, el remo en traineras y, posteriormente, en banco móvil, tan asentado en las sociedades de pescadores como ajeno al profesionalizado mundo del remo de hoy día. Arturo Salorio (Redes, 1949), Germán Rodríguez (Redes, 1943) y Julio Abelleira (Redes, 1949) vivieron la fundación y la mayor parte de los años épicos del club. Se unen a la charla Miguel Filgueiras (Redes, 1955) y Camilo González (Redes, 1963), que por entonces eran unos críos que después tomaron su sitio en los catorce bancos de traineras, yolas y outriggers.
Unos y otros vivieron desde la fundación hasta la última etapa de un modesto club que seguro que pasará desapercibido para el país. Pero el calado de las historias no se debe medir por calibres sino por la importancia que estas tienen para sus protagonistas. Los cuatro presentes son una mezcla entre un mítico elenco de titanes y una pandilla de salvajes sacados de una película de los años setenta. Va a costar meterles en vereda. Y su primera enseñanza es que ellos no remaban sino que bogaban. Le damos al play.
Poco menos que la excusa que nos ha sentado aquí es un tal Enrique Leite Paz, Ricucho. ¿Quién era este personaje?
M. Filgueiras. Yo, cuando dices que conoces a Ricucho me sorprendiste, ¿cómo carallo sabe este de Madrid quién era este tipo?
Es que en internet está todo. Crees que la prensa de 1966 no está disponible en digital.
A. Salorio. Te voy a explicar. Ricucho era el que tenía más influencia por aquí. Germán y yo éramos unos chavales y ese tenía una prima que estaba casada con uno que era del Club de remo de Ares. Iba la pandilla de estos de aquí a remar por delante de la casa de un tal Paco, que era concejal durante el franquismo. Decían que remaban allí a ver si viéndoles influía algo para soltar un dinero y poder tener nosotros un batel, una yola.
G. Rodriguez. Estaba además metido en la Federación Gallega de remo.
A.S. Y tenían una trainera en Ares que tenía el arrufo al revés, que es como le llaman aquí a la quilla, al fondo de la barca. Y la trajimos para Redes. Tenían la trainera allí tirada, estaba encima de unos neumáticos, en fin.
G.R. Nosotros los domingos íbamos al fútbol a Ares, a pasar un rato, a los guateques en el Casino. Yendo por el campo de fútbol, había una carretera y ahí la tenían a la trainera. Y Rabanico (check quién) dijo: nosotros estamos rascándonos los carallos todo el día en Redes y estos tienen la trainera aquí abandonada. Pero que aquello era de la época de Educación y Descanso, cuando Franco era trompeta. Y este habló con Ricucho.
M.F. ¿No se sabía si era del club de Ares o de quién era?.
Tras la guerra, en los años cincuenta ya se hacen pruebas de traineras de nuevo en Coruña, Corcubión…y hay clubes en As Xubias, Portiño, San Amaro, Mera y Sada. En Ares se fundó el club de remo en 1958, aunque desde los años treinta ya hubo competiciones. ¿Proveníais alguno de allí?
G.R. Es que en Ares tenían a gente que había ganado una competición de remo con unos bateles, una competición militar.
A.S. La primera competición a la que se acude como club de Redes es una regata que se organizaba para el invicto (risas). Que debió ser en el año sesenta y seis o así.
Vayamos por orden. El remo es un deporte derivado de la actividad pesquera. Echar carreras con los bateles al final de la jornada sería algo natural, imagino
G.R. Nada, aquí en lugar de terminar y bajar a la playa a jugar al fútbol, pues nos juntábamos con la barca.
M.F. Se bajaban remando por la ría de Ares prácticamente hasta Sada.
A.S. Antes de tener embarcación ninguna había en el pueblo alguna buceta, que es una lancha de cuatro o seis remos.

¿Y por fiestas no había carreras?
G.R. En Redes hubo traineras pero muy antiguamente. Mi padre, que era un orensano de la montaña pura, remó aquí pero en los años cuarenta. Me acuerdo porque el padre de este Ricucho tenía una tienda y recuerdo que ahí guardaba un trofeo que había de alguna regata que hubiera en Ares o Pontedeume.
En otros deportes siempre hay un profesor en el colegio que organiza algo, pero aquí poco más que jugar en la escuela al fútbol y nadar en la ría, ¿o hubo tradición deportiva en vuestro caso?
M.F. Había un campito de fútbol en lo que llamábamos San Vicente pero nada, jugábamos sin federar.
G.R. Todos los chavales salíamos de la playa a las once de la noche después de trabajar y jugar. Si había marea baja, pues allí pasábamos la tarde con el fútbol.
Entonces os hacéis con una trainera, a la que hay que quitarle todos los clavos y la de Dios. ¿Cómo o a quién encargáis que dé vida a esa embarcación? (Julio Abelleira saca una pequeña carpeta con fotocopias de imágenes, con unos jóvenes poco menos que haciendo una autopsia a un bote que está boca abajo).
G.R. A mí esa barca me dio muchos disgustos (risas). Y tenía a Ricucho detrás de una muela, indicando que hay que hacer esto, lo otro, tal. El tipo era muy entendido.
A.S. De todo creía que entendía.
G.R. Mira, sale en esta foto que tiene aquí Julio. Mira que éramos burros. Se hacía todo aquí, en la plaza ésta donde queda ahora el puerto. Y tenías que llevar todo el armazón arriba, a asentarlo, donde la ferrajeria.
A.S. Eso era donde la ferralla, para fundir todas las placas y todo. Sus columnas estaban hechas a hierro.
La Derradeira, la bautizasteis.
A.S. En gallego es como decir la que llega la última.
J . Abelleira. En este bar donde estamos tienes una foto de todos nosotros, cargando con ella.
G.R. Cómo sería que incluso traía un remache, un parche que habían hecho con una lata de Aceites Ybarra. En el pueblo teníamos un ebanista muy bueno que se llamaba Andres Freire, y fue el primero que le puso la mano encima a la trainera. Le quitó los remaches. Porque entonces no se calafateaba.
A.S. Las maderas se hinchan cuando se echan al agua. Cuando estaba mucho tiempo al aire la madera se abría y la echabas al mar y la embarcación siempre hacia agua. Eso pasa con todas las embarcaciones de madera, cuando las varas. Algunas llevan estopa…
C. González. Algunas, pero las dornas (Nota: embarcación de pesca, típica de Galicia) iban madera contra madera.
A.S. Eso, iban como se dice en tingladillo…También vino a ayudar Manolo, el hermano de Luco. Este trabajaba en Bazán, no recuerdo bien si en gálibos o en carpintería y traía unas puntitas muy finas que había que remachar poco a poco.
G.R. Se habló con un carpintero de Ribeira o de Perbes, un tipo maravilloso. Nada, me traes la trainera a Bañobre, en la playa de Miño, nos dijo. Fuimos a remos.
Eso iba a preguntar, ¿cómo ibais trasladando el trasto aquel?
A.S. Todos los autocares de la época tenían arriba una baca.
G.R. Además le poniamos atravesados unos palos para que hiciera forma.
A.S. Le poníamos los palos de proa y popa, luego unos en medio más altos, neumáticos… de todo.
G.R. Llevamos la embarcación allí, esa vez la llevamos a remo. Y un vecino nos llevó otra barca en un remolque para regresar. Tenía el carpintero ya los caballetes preparados. Y cuando nos veníamos de regreso, nos dio miedo que quién andaría por ahí, y vuelta a por ella de remolque. Un caso…
Lo que empezó como una tertulia sobre un club de remo, con la afluencia de otros vecinos se convierte en una animada charla sobre técnica carpintera. También se habla de oficinas de bancos desaparecidos. Se habla de matrimonios. Y se menciona Cuba, porque esta menuda población marinera mandó decenas de adultos a la isla caribeña, que aprovecharon su experiencia en el mar para dominar el sector pesquero y el transporte en la bahía de La Habana y el golfo de México. Habrá recias imprecaciones (excelente el repertorio gallego de juramentos) por alguna fecha que a unos baila y a otros no, y del mismo modo que Camilo y Julio contraatacan rastreando la información en el chat GPT, en la misma tertulia se relativizará la inteligencia artificial.

La competición que abre camino fue una copa del Generalísimo que disputais en La Coruña. “Presidida por S.E el Jefe del Estado, acompañado de su esposa, el Ministro de Marina”, comienza la crónica del día…
A.S. Las llamaban las regatas del caudillo. Se salía del Club Náutico de Coruña, hasta el castillo de San Antón, en dirección a Mera.
M.F. Dirección a Marola.
A.S. No, coño. A Mera.
G.R. La primera vez que fuimos estaban las traineras de Fuenterrabía, Pedreña, los asturianos de Castropol y nosotros.
A.S. Contaban que el patrón de aquellos días de Fuenterrabía era el único que le dejaban subir arriba donde Franco y se cuadraba y hacía un saludo que no veas.
¿Un tal Lujambio muy mencionado en los diarios?
G.R. Esas embarcaciones, cuidado…
A.S. Incluso le hacían dos agujeros en el lado de popa, porque el agua se embolsa dentro y hay que evacuarla. Venían los vascos entre cuatro o cinco y sacaban sus traineras. Pero la Derradeira era como para subirla al lomo entre varios.
J.A. Tú comparabas las embarcaciones y las suyas eran unas plumas. Nosotros entre dos en proa y dos en popa la subíamos. Eso sí, ya sabías quién iba a quedar el último con aquel peso muerto que movíamos.
C.G. La tripulación la tengo aquí apuntada. Popeles, eran Jose Amando Perez; Tú, Germán; Moncho Moreno; luego Paco Varela; Manuel Freire Santidad, Enrique Piñeiro, su primo Manel Piñeiro; luego estaba Camilo, o meu pai; J. Naveiro; Toncho, Eu vivo, y después Toto Bárcenas, J. Porta, y Hermida de patrón.
Hacéis un gesto como que aquello era un plantel de primera.
C.G. Compitieron en una regata en Coruña contra Hondarribia, Kaikutarra, Castropol, Educación y Descanso de Meira, Pedreña y vosotros, los de Redes. Y quedastes de últimos (atruenan las carcajadas)
G.R. Por eso la llamamos A Derradeira a la embarcación.
Y os clasificasteis para el Campeonato de España en la bahía de Santander, frente a los monstruos del Cantábrico. ¿Os metisteis otro viaje en autobús para llegar con la trainera hasta Santander?
A.S. No, cuando llegaron allí les prestaron una embarcación los de Astillero, al ver la mierda esta que llevaban para competir.
G.R. Lo que nos falló fue tener que tirar, para el transporte, de un vecino de aquí, un tal Ramón.
A.S. Es que para llegar allí, tienes que tener en cuenta cómo era entonces la carretera de la costa hacia Asturias.
J.A. En O Cebreiro, para cruzarlo, tuvieron que hacer maniobras.
Allí estaban los remeros de Pedreña, el Iberia, Hondarribia y vosotros
C.G. Quedó primero Pedreña, luego Iberia, tercero Redes y descalificado Hondarribia
G.R. Pero ¿quién era Iberia? ¿El otro no era Kaiku?
M.F. Sí, tiene razón, eran los de Iberia, de Sestao.
¿Y qué tal era para competir esa bahía de Santander?
A.S. Como esta, es una ría abierta.
G.R. Pero cuidado, que nos recibieron con aplausos, eh. Solamente después de llegar con la trainera desde Astillero a Santander tuvimos que darle la vuelta para vaciarla. La echamos al agua y cataplof, se llenó de agua.
A.S. Decía luego Moncho Moreno que ese día nos dieron tres copas: una por burros, otra por lentos y otra por tontos.
G.R. Aquello era para llorar, porque date cuenta que llevábamos a Jose Armando con 14 años, Piñeiro con 16 o 17. Éramos unos chavales: yo recién cumplida la mili, Camilo, el padre de este, era el mayor de todos.
¿Y más fauna de aquellos días?
A.S. Hombre, estaba Ricucho que andaba siempre con las carpetas bajo el brazos, el bigotito y sus cosas nacional sindicalistas…
C.G. Había uno que estuvo varias décadas, un tal Antelo. Que cuando competía yo todavía estaba allí.
J.A. Además era uno de los que llevaba los ideales falangistas a todos lados. Trabajando en Astano (Astilleros y Talleres del Noroeste), tampoco se apartaba de todos aquellos principios. No era solo el remo. A mí no me podía ver porque hacíamos un piquete y en seguida amenazaba: Oye, tú no vas a remar hoy. Tenía una verdadera obsesión aunque nosotros tampoco le dábamos mayor importancia, porque era todo palabrería
Vivisteis el paso de la trainera al banco móvil. Porque era la aspiración de todo club, el paso al formato olímpico. ¿La primera que tuvisteis fue una yola?
G.R. No, verás. Un día de Año Nuevo estábamos un poco borrachiños. Y fuimos a Cedeira, a la tienda del padre de uno, y Ricucho empieza a decir que haría falta ir porque se ha enterado que nos regalan un outrigger de banco móvil, que tal.
El outrigger es la embarcación que tiene el soporte por fuera, ¿no?. ¿Y la yola lo llamáis al que tiene el soporte en el borde?
A.S. Eso es. La yola es más ancha y el que rema en estribor va sentado en el lado de babor. Los remeros van sentados alternos, en escalera.
G.R. Yo no sé si lo compramos o qué carallo. Tenían un outrigger tirado los de Cedeira por allí, yo creo que lo cogimos y ya está. Nosotros siempre íbamos así. Reutilizando. Los de Ares cogían una yola nueva y nos regalaban la vieja.
En yola. ¿Las posiciones de los remeros cambiaban?
A.S. Germán, en banco móvil, pasó a mis órdenes. Le tenía todo el día “me cago en la madre de tal”, porque yo era el timonel. El marca es al que el timonel le va indicando ahora, arriba, y va siempre echando pestes.
M.F. En yola fuimos a las fiestas patronales a Ribeira, a competir. Debieron faltar cuatro o cinco porque hasta me llamaron a mí que era un cativo.
A.S. Bueno, fuimos también a un campeonato internacional en Vigo, un día de verano que llovía a Dios y nos dieron allí comida y todo. Ese día competían portugueses y quedamos segundos. Recuerdo que había que dar ciaboga frente al Club Náutico de Vigo, y éramos los que competimos por la boya de fuera, a cuatro largos, y una racha de viento por sí misma me viró la barca. Recuerdo que estaba allí Franco Cobas, un remero que fuera a las olimpiadas de Roma.
C.G. Recuerdo que a Armando le hicieron también las pruebas para ir a entrenar a Barcelona. Vino el seleccionador nacional.
Y todo aquello del entrenamiento estaba ideado por vosotros.
M.F. Bueno, un poco después ya tuvimos a un amigo nuestro, a Suso. Hacía de entrenador.
C.G. Con ese empezó mi calvario.
M.F. Hacía un poco de patrón, presumía de ser entendido… Déjalo, necesitaríamos otras cuatro horas de charla para contarte sus métodos.

No hemos podido tener esta reunión en el club, en O Castelo. ¿Cómo conseguís que el Gobierno Militar de Ferrol liberase los terrenos de una fortificación para poder hacer allí el hangar del club de remo de Redes?
C.G. Digamos que nosotros ya guardábamos allí cosas en una especie de chabola que se construye.
J.A. La foto que te enseñé antes fue tomada en los días del inicio del club, pero ahí ya estaba liberado el terreno.
R.G. Y fuimos a una subasta a pujar.
¿No os lo cedieron, o no os veían tan buena gente?
R.G. No, no. Tuvimos que pujar bajo la denominación de la cofradía de pescadores.
A.S. Ahora Redes es pequeño pero, en aquellos días, tenía cofradía de pescadores y hasta un pósito.
M.F. ¿Recordáis vosotros el precio de lo que pudo costar el local?
R.G. No te podría decir, estaba Lindón de secretario, Moncho de presidente…
A.S. Era una cosa muy rara, porque este Moncho era un represaliado de la guerra que trabajaba en un cargo público. Era un cenetista que estuvo preso en Cartagena. Un tipo que tenía una cabeza privilegiada para las matemáticas.
¿Hubo más gente que pujó? ¿Quién más podría estar interesada en la puja de los terrenos?
M.F. Claro, gente particular, para construir un chaletito costero.
A.S. También pujaron la gente de astilleros Chas, de Coruña, para montar un varadero abajo, en la cala.
R.G. Para comprar los terrenos hicimos unos boletos, una rifa. Estaba de alcalde aquellos días uno puesto a dedo, un tal Justo Montero, que firmó el depósito del dinero en el Casino. Colaborabas con doscientas, con mil pesetas.
A.S. O con veinticinco, con lo que querías en una cuestación popular en el pueblo.
O sea que aquel pirucucho estaba cotizado (Llega un vecino que nos confirma que el terreno costó cincuenta mil pesetas de 1967).
J.A. No hemos dicho nada del acceso que tenía el terreno, la aventura que era bajar la embarcación de todo el alto, hasta una playa que tenía siempre unas piedras que estaban llenas de mejillones. Madre mía para ponerse allí de pie con la barca.
R.G. Ahora hay unos pasos de cemento, se hizo mucho trabajo en adecentar aquello.
C.G. Y que no trabajara el mar, porque se hacían ahí unos remolinos de miedo. Baja tú solo desde allí arriba un skiff.
M.F. Y los del club náutico de La Penela estuvieron también interesados en hacer un club náutico, para vela… Los de Cabañas.
A.S. Los señoritos de Cabañas
R.G. Era en la época de un tal Nieto Antúnez, que era ministro de Marina con Franco.
Es que el pueblo es muy reducido de dimensiones.
R.G. ¿Ves esa casa del fondo? (señala el Salón de Baile América, un edificio colonial de una planta entre blanco y añil, construido como un pequeño pastel de nata). Por esa puerta había que meter las embarcaciones haciendo maniobras, los remos. Todo así, con unas dificultades que yo qué sé.
A.S. Ten en cuenta que por cada costado sale un metro y medio, y donde más panza llega hasta casi dos metros de manga.
¿Daba la población del pueblo para tanta cantera, para tripulaciones enteras?
R.G. Daba de sobra, y no como ahora que no hay chavales ni para un outrigger.
A.S. El declive de Redes fue cuando Astano empezó a ir para arriba, porque mucha gente de aquí trabajaba en los astilleros y se fueron a vivir allá.
R.G. También les fabricaron casas, que era una ventaja para los obreros. Se marchó mucha gente.
A.S. Juancito mediometro, el abuelo de este futbolista de Pontedeume que destacó en el Deportivo, Juan Dominguez, también estuvo ahí trabajando.
El remo es para grandes y chicos.
A.S. Fíjate que los patrones de los barcos pueden pesar lo que quieran, pero nunca menos de los 40 kilos. Y uno, de unos hermanos gemelos que había en Ares y que remaban con la Marina de Ferrol, era muy fino. En un pesaje se quedó en 39. Pues lo tuvieron que poner con dos chándales y llenarle los bolsillos con botellas de agua. Yo era de los pequeños y pesaba sobre 51.
¿Hasta qué año hubo aquí tripulaciones?
A.S. Hasta que llegó la generación que sigue a este, a Camilo.
C.G. Ya en el ochenta y poco fue el declive del club. Yo entré en la Marina en 1981 y ya no había prácticamente remo en Redes
J.A. Luego hubo también un batel (barca de cuatro remeros y timonel con la que hoy aún se compite). ¿No remaste tú en el batel, Germán?
A.S. El batel se compró a finales de los años setenta. Estaba yo soltero y fuimos a Orio a por él con unos de Pontecesures. Allí entrenaban los de la universidad de Santiago, que tenían un Land Rover con remolques. Fue una odisea aquello, un viaje para adquirir un batel que hacía un tal Amilibia, que era uno de los que empezara a fabricar bateles y traineras en fibra de vidrio. Arriba de lo alto de Orio tenía los talleres. Fue en el año que aprobaron el estatuto de autonomía de Euskadi, en 1976. Y nos dijo “vosotros iros espabilando”.
C.G. Todavía hubo una época dorada del batel aquí. Teníamos bastantes chavales: mi primo Luis, Martín, gente joven que ganaba de todo compitiendo por ahí. Fuimos a Campeonatos de España, había gente que remaba a dos. En los años setenta y ochenta.
A.S. En realidad, fueron ellos que le dieron más brillo al club, nosotros éramos algo realmente muy poca cosa.
No era un mal nivel entonces.
J.A. Desde que empezamos a destacar en inicio, habría que contar que vino un seleccionador catalán por aquí. Seleccionaba gente y nos daba unas charlas, con la idea de buscar gente para hacer equipo para los Juegos Olímpicos. En las de Roma había estado Franco Cobas, un remero de Vigo, donde tenían un club de mucho nivel, el Náutico de Vigo de Boiro. Y desde la federación estaban siempre seleccionando talentos. Un consejo que nos dio en aquellas charlas era que, dos días antes de la competición, había que masturbarse. Imagina que se nos quedó grabado (risas generalizadas).

¿Cómo se organizaba aquello de estar en una punta del país y que os tocara competir en otra? Aquellas expediciones debieron ser una aventura.
M.F. Al lago de Bañolas fuimos alguna vez, por ejemplo.
C.G. Eran las ocasiones en las que salías del pueblo. De aquí, o salías fuera a estudiar, o cuando te ibas de vacaciones a los campeonatos de España. Yo fui a competir a Mequinenza, a Sevilla y a Bañolas. Al embalse de Trasona, en Avilés. Yo pude ir a cuatro campeonatos de España. Y luego salimos mucho por Vigo, Portugal.
A.S. La primera odisea buena fue la de ir al primer campeonato de España en 1968, en Bañolas. Coincidió con la gran huelga del Mayo Francés. Pues esto fue en Junio. Salimos desde aquí en un autobús que compartíamos con el Deportivo, con los hermanos gemelos de Ares que competían con la Marina de Ferrol. Muchos de hecho fuimos compitiendo como juveniles, pero un poco mezclado, porque entonces el patrón no tenía límite de edad. Cómo sería que hubo un club de Cataluña, unos que se llamaban Olímpicos de no sé qué año, y que eran una selección que habían hecho de remeros olímpicos, pero que llevaban un timonel tan viejo que casi lo metían a capón. Que era el único timonel olímpico que encontraron. Llevábamos en el autobús dos embarcaciones apiladas y luego otras arriba, quitando los brazos de los outrigger. Montar aquello era una ingeniería.
Salías al mundo.
A.S. Tuvimos alguna bien seria. En competición íbamos penúltimos y oíamos detrás de nosotros a unos gritandonos ¡la mare de Deu, fills de puta! Y claro, los gallegos les entendíamos. Resulta que le íbamos metiendo popa a unos de Tarragona y nos cruzábamos en el campo de regatas del lago, porque no estaba delimitado todo con boyas, solamente las de fuera; en fin, que no nos podían pasar. Al llegar a meta, uno que remaba con nosotros, el Toto, empezó a vocearles. Que si cuando bajemos a tierra, que si me cago en tal. Y le tuvimos que decir que se callara, que nos descalifican y nos quitan hasta la dieta del desplazamiento. Porque éramos juveniles pero este venía con la ficha de uno al que en casa no le habían dejado viajar.
M.F. En uno de aquellos campeonatos de España, en Bañolas me llevaron a mí. Yo era tan bueno que cuando va el Ricucho a cobrar la subvención del desplazamiento, ochenta mil pesetas, me llama y yo acudo pitando. Yo ya estaba pensando que esta vez sí remaba de popel. Me grita que fuera para allá, y lo que quería era encargarme llevar una cartera de cuero con el dinero de la subvención, ¡que bajo ningún concepto se lo diera a nadie!. Y le pregunto que entonces, para remar, qué. Me dijo que ya hablaríamos. Y hasta hoy. Me tiré un campeonato de España entero guardando una cartera con la pasta bajo el brazo. Todo Dios entrenando, ellos se bañaban en el lago y ni bañarme me dejó.
También fueron tiempos en los que lo importante era lo importante.
A.S. Luego vinieron tiempos conflictivos en los que yo estaba metido en la Junta Sindical de Astano y tenía por casa bastantes cosas que esconder, y me vinieron a registrar. Esto ya era por el año 1975. Alguno de estos de aquí presentes también pasó por la comisaría de Ferrol. (Nota: Julio Abelleira y Arturo Salorio son dos históricos miembros y dirigentes de la lucha obrera en la industrial ría de Ferrol).
Mientras que las factorías de Cartagena y Cádiz estaban controladas por el Sindicato Vertical, la de Ferrol lo estaba por Comisiones Obreras. Eran los últimos meses del franquismo.
A.S. Esto fue a principios de año. Dieron un chivatazo sobre un piso en Ares donde se escondía gente de la ORT. Yo alguna vez iba allá a poner música, algún disco que habíamos comprado en Portugal creyendo que serían canciones como Grandola Vila Moreira, de cantautores, pero que luego resultaba que era una grabación del dirigente Alvaro Cunhal, con un discurso entero del Partido Comunista de Portugal y el disco lo remataba La Internacional. Total, que los detienen por las fiestas de Barallobre y uno le dice a la policía que el disco era mío. Da la casualidad que pasa el verano y a la vuelta de otro viaje a Portugal me dice mi primo que no pase por casa. Que han ido allá los policías a por mí. Menudas caras, porque yo era el garbanzo rojo de mi familia. Y de camino a Astano, Juan Carballal, el padre de la ministra Yolanda Diaz y otro más me recomiendan que si me aprietan mucho que cante, que las cosas ya estaban mejorando. Pero pasé una noche detenido en el calabozo porque me detuvieron al encontrarme unos planos.
M.F. Pero, los planos, ¿de dónde?.
A.S. Entre todos los papeles en mi casa, tenía una fotocopia de un plano que me habían dado los de la organización del Campeonato de España. Era algo que se lo daban a todos los patrones de las embarcaciones. Era un plano del lago de Bañolas donde marcaban Norte, Sur, etcétera, también la delimitación de Olot y la carretera con Francia. Y la policía creyó que yo andaba transportando materiales por la frontera. No se creían nada de historias de remeros.
¿Cómo queda de castigado el cuerpo de un remero profesional? ¿Las lesiones más frecuentes son de remar o de la vida?
J.A. Nosotros aprendimos de la importancia de correr para coger fondo. Incluso en el club había una barra con dos latas de sardinas llenas de hormigón. Yo creo que lesiones tuvimos pocas.
C.G. El banco móvil es un deporte muy completo. No es de generar lesiones.
A.S. Se asemejaba mucho a la natación. Trabajas desde los tobillos a los brazos.
J.A. Bueno, el banco fijo de la trainera sí era mucho más duro. Me tuve que operar del hueso del coxis, porque lo castigué mucho.
R.G. Cuidado, que en la trainera las cachas del culo se pelaban como el demonio. Y ojo también las manos.
J.A. Y las manos. Las manos se te pelaban. La ropa que usábamos también era un bañador normal, no era una prenda tipo culotte. Así que se iba haciendo arrugas y como empezase a rozar estabas así horas.
A.S. Ya en Bañolas empezamos a usar ropa y pantalón como la de los ciclistas. Los vascos nos enseñaron que se podía usar y mejoraba mucho la comodidad.
C.G. Sabes, los viejos del lugar, para formar un callo en las manos nos mandaban el truco de mearse en ellas pero la urea layaba (Nota: escocía) de cojones. Las manos en verano no las teníamos para andar tocando las cachas a nadie.
A.S. Las manos se ponían en carne viva.
Grandes nombres gallegos de hoy son Caetano Horta, de Noia, en scull, y Rodrigo Conde, de Moaña. Antes estuvo José Manuel Francisco en traineras ¿Quiénes fueron los nombres legendarios del remo en vuestros días?
A.S. Estaba Jose Luis Korta, que era de Orio.
M.F. Piraguista habia uno de Lugo tremendo. Pero por aquí no había nadie.
A.S. Luis Ramos Misioné dices tú. Claro, pero ese es un poco posterior. En mi época era este de Vigo que decíamos y Korta, que remaba en skiff, que es banco móvil pero solo de uno. Porque hay una gran cantidad de variaciones, de cuatro, hasta de ocho remeros.
M.F. Ahora aquí al lado hay un club de piraguismo muy potente a nivel nacional, el club Firrete de Pontedeume. Está sacando unos resultados increíbles.
A.S. También había uno muy bueno que se llamaba (Jose Antonio) Montosa. Y en Ares en mi época, había uno que se llamaba Pedro Carro. El hijo (Pedro Carro Allegue) rema aún en la trainera de Ares, que está en la liga LGT. Y la hija ahora rema en el País Vasco en un equipo femenino. Porque ahí hay bien donde cobrar.
M.F. Ojo, que hay mogollón de gallegos compitiendo en traineras en el País Vasco
¿Y después mantuvisteis la vinculacion con el remo?
A.S. Yo durante un tiempo fui a la Residencia Blume de Madrid. Los clubes te llamaban para formarte como monitor de remo, y estuvimos una semana allí en la ciudad universitaria. Usábamos sus instalaciones, los gimnasios, las pistas. Pero era cuando estaba ya dejando el remo. Empezaron los primeros ERE de los Astilleros, en los años ochenta, y tenía más tiempo. Y gente del club en Redes me dijeron que fuera para allá, que por inscribirme les caía alguna subvención como club. Por allí estaba Luis María Lasúrtegui. Y el presidente de la federación española era Félix Martierena.
Una duda ¿De donde viene la palabra Yola?
A.S. Debe venir del Mediterráneo. No sé. Nosotros a la nuestra le pusimos Yolanda para que anduviera más.
¿Se notaba mucho cuando veías deslizar aquellas embarcaciones de fibra?
M.F. ¡Brillaban!
A.S. Calla, cuando veías aquellas embarcaciones de vascos y catalanes. Había unas embarcaciones que se llamaban saetías, hechas en Barcelona y otras que se fabricaban en Italia, en Livorno, aquello eran como unos objetos de lujo. Eran obras de arte. Había otra marca que usaban vascos y no recuerdo ahora. Luego mirabas las nuestras y parecían muebles de comedor.
Yo venía con la idea de enchufar la grabadora y abrir unas botellas de vino en el local del Club Marítimo de Redes, situado en la mencionada Punta do Castelo, que se construyó encaramado sobre esa vieja batería de defensa. Pero el mar es caprichoso. Y es difícil domesticar a unos remeros que están de vuelta de todo en la vida. Como decidieron charlar y contar sus batallas deportivas sentados en unas mesas en la calleja central del pueblo, sólo me queda abrir bien los oídos, intentando no perder detalle de un buen puñado de términos del mundo del remo y la mar. No hay manera de instaurar disciplina en la entrevista así que les dejo continuar. Aprovecho para identificar un tiempo pluscuamperfecto, que no se usa en castellano. Anoto alguna maldición que me resulta de una belleza literaria. Una de ellas me da el titular para la charla. El paso de los minutos nos ha convertido en una mesa de viejos lobos de ría. Filgueiras los llama los remeros del Volga y brotan las carcajadas. Así que, igual que le dimos al play, aceptamos que la sesión se desvanezca. De fondo quedan unas terrazas que ejecutan la banda sonora de otro verano de nuestras vidas.

