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Thiago: «No creo que Lamine Yamal tenga un problema de mentalidad, es simplemente un chico muy joven, de hecho, me parece muy maduro para su edad»

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Thiago Alcántara (Foto: Rio Ferdinand Presents)
Thiago Alcántara (Foto: Rio Ferdinand Presents)

Thiago Alcántara conoce a Lamine Yamal desde una perspectiva privilegiada. Tras retirarse, pasó a formar parte del cuerpo técnico del Barcelona y pudo entrenar junto a la plantilla, una experiencia que le permitió observar de cerca al joven extremo cuando apenas comenzaba a consolidarse como una de las grandes irrupciones del fútbol mundial. En una conversación con Rio Ferdinad ha compartido todo lo que vio durante aquel periodo.

Primero explica que haber colgado las botas poco antes de incorporarse al cuerpo técnico le permitió medir el nivel de los futbolistas desde dentro: «Lo bueno de haber estado este año en el cuerpo técnico es que acababa de retirarme y todavía podía entrenar con ellos, comprobar de primera mano lo buenos que son y entender los patrones de juego que tienen. En los partidos reducidos Lamine marcaba siempre la diferencia. Sabías que, si estaba en uno de los equipos, ese equipo iba a ganar. Era increíble. Además representa muy bien la evolución del fútbol actual: jugadores capaces de correr más rápido que nunca con el balón y, al mismo tiempo, tomar la decisión correcta. Quizá antes había futbolistas con más técnica, pero ahora son capaces de hacer las mismas cosas a una velocidad muchísimo mayor, y Lamine es el mejor ejemplo de ello por la manera en la que conduce, regatea y decide».

A partir de esa reflexión, Thiago amplía su análisis sobre cómo ha cambiado el juego en los últimos años y por qué cree que la nueva generación ha llevado el fútbol a otro ritmo. «Por eso se dice que el fútbol de hoy es más físico. Los jugadores son capaces de tomar decisiones mientras se mueven a una velocidad muy superior. En ese sentido son mejores que antes, porque hacen las mismas cosas, pero mucho más deprisa. Probablemente, cuando el juego se ralentizaba, nosotros éramos mejores en nuestra época, pero ahora el nivel de velocidad al que se juega exige unas capacidades diferentes y Lamine encaja perfectamente en esa nueva forma de entender el fútbol».

Thiago Alcántara (Foto: Cordon Press)
Thiago Alcántara (Foto: Cordon Press)

Cuando la conversación se pasa a la mentalidad del extremo azulgrana, Thiago rechaza de plano cualquier crítica y considera que el futuro dependerá únicamente de las decisiones que tome fuera del campo: «No creo que tenga un problema de mentalidad. Es simplemente un chico muy joven y, de hecho, me parece muy maduro para la edad que tiene. Ahora está disfrutando de una vida extraordinaria que se ha ganado y será él quien decida qué quiere hacer con ella. Tendrá que elegir si quiere construir una carrera larga y consistente al máximo nivel o si le basta con vivir de lo que ya ha conseguido. Esa decisión solo puede tomarla él, pero yo creo que tiene absolutamente todo para convertirse en el mejor jugador del mundo durante los próximos años».

Además,, el excentrocampista del Barcelona y del Liverpool explica cuál sería el principal consejo que le daría para prolongar ese talento durante muchos años: «Cuando eres joven todavía estás construyendo tus rutinas y eso es fundamental. Hay que encontrar un equilibrio entre el trabajador y el artista. El artista es el que se levanta dispuesto a pintar un Picasso, mientras que el trabajador es el que todos los días cumple con su rutina, toma su café y hace todo lo necesario para seguir mejorando. Lo importante no es perder esa creatividad, sino elevar el nivel del lado trabajador para que ambos convivan. Y sí, Lamine ya tiene esa aura especial que tienen los grandes jugadores».

Thiago Alcántara compañero de Messi

Otro de los nombres que inevitablemente aparece durante la conversación es el de Lionel Messi, compañero de Thiago durante sus primeros años en el Barcelona. El excentrocampista intenta explicar qué suponía compartir equipo con un futbolista al que considera imposible de comparar con cualquier otro. Habla de la gravedad táctica que generaba sobre el campo, de la sensación de que todo el partido giraba a su alrededor, de una ética de trabajo muchas veces infravalorada y de la normalidad con la que convivía con sus compañeros dentro del vestuario.

Thiago reconoce que jugar junto a Messi provocaba una sensación difícil de describir incluso para quienes compartían el césped con él: «Es muy difícil de explicar porque era tan bueno que incluso resultaba frustrante. Le dabas el balón e intentabas participar en el partido, pero realmente no estabas jugando tu propio partido, estabas jugando el suyo. Tú simplemente estabas ahí para ayudarle y procurar no interferir en lo que él hacía. Y cuando conseguías conectar con él era una bendición, porque sabías que todo iba a ir a uno o dos toques, que él iba a superar rivales y que tú volverías a recibir el balón. Era una sensación increíble».

Thiago Alcántara (Foto: Cordon Press)
Thiago Alcántara (Foto: Cordon Press)

A continuación explica por qué cree que la selección argentina actual reproduce ese mismo fenómeno y cómo la presencia de Messi modifica por completo la lectura del juego de sus compañeros: «Con Messi siempre sabes lo que va a hacer antes de que ocurra. Cuando el balón está en un lado del campo, sabes que la jugada terminará en el otro, así que ya empiezas a ocupar ese espacio antes incluso de que llegue el pase. Él atrae todas las miradas hacia una zona y libera otra completamente distinta. Lo único que tienes que hacer es ser inteligente para interpretar esos espacios. Por eso centrocampistas como De Paul, Mac Allister o Paredes entienden tan bien cómo jugar con él porque leen los huecos que él crea constantemente».

Aunque durante años se ha destacado la obsesión de Cristiano Ronaldo por el trabajo, Thiago cree que la disciplina de Messi ha sido mucho menos reconocida de lo que merece: «La gente habla de que es el jugador con más talento de la historia, pero para mantenerse tantos años a ese nivel también necesitas entrenar muchísimo y tener un físico preparado para responder a todas las situaciones del juego. Hoy los jóvenes hacen muchísimo trabajo individual desde pequeños y eso les ayuda a desarrollar el aspecto atlético, pero Messi también tuvo que hacerlo. No necesitaba demostrar constantemente que estaba en el gimnasio, pero era evidente que había detrás un trabajo enorme para poder competir tantos años al máximo nivel».

Y en la parte más cercana, también desmonta la imagen de una figura inalcanzable dentro del vestuario: «Desde fuera todo el mundo percibe esa aura especial porque le ves hacer cosas extraordinarias cada fin de semana, pero dentro del vestuario todo es mucho más normal. Las relaciones son mucho más cercanas. Evidentemente le respetas por el futbolista que es, pero al final sigue siendo una persona más del grupo. Todos tenemos nuestras virtudes y nuestros problemas, y con él ocurría exactamente igual. Era uno más dentro del equipo, aunque sobre el campo fuera absolutamente diferente al resto».

A las órdenes de Guardiola y de Klopp

Thiago cree que Guardiola y Klopp comparten la capacidad de transmitir una idea con absoluta claridad, aunque el camino para conseguirlo sea muy diferente: «He tenido la suerte de trabajar con muchísimos grandes entrenadores, como Ancelotti, Luis Enrique o Hansi Flick, pero Pep y Klopp destacan por una cosa: los dos saben comunicar su idea de una manera extraordinaria. La diferencia es cómo la transmiten. Pep vende su fútbol a través de la táctica, de los mecanismos y de los detalles del juego. Klopp, en cambio, lo hace a través de la energía, de la comunidad, del grupo. Son dos caminos distintos para llegar al mismo sitio. Los dos consiguen que el equipo entienda perfectamente lo que quiere hacer y que los jugadores sientan esa idea como si fuera propia».

Thiago Alcántara (Foto: Cordon Press)
Thiago Alcántara (Foto: Cordon Press)

Para explicar la diferencia entre ambos recurre incluso a una metáfora culinaria: «Yo vengo de la escuela del Barcelona, donde todo era una cocina lenta. Preparabas los ingredientes, ponías el temporizador y elaborabas el plato poco a poco. Klopp era justo lo contrario: abría la nevera, miraba lo que tenía y con eso preparaba la mejor comida posible. Son dos enfoques completamente distintos, pero al final ambos consiguen un gran resultado. No hay una única manera de construir un gran equipo».

Donde sí establece una diferencia clara es en la dimensión táctica de Guardiola, a quien considera el entrenador que más le ha enseñado sobre el juego: «Pep era capaz de crear en los entrenamientos exactamente las situaciones que luego aparecían en los partidos. Te hacía ejecutar una acción antes incluso de que sucediera en la competición y, cuando llegaba el domingo, pensabas: ‘Esto ya lo hemos vivido’. Muchas veces ganábamos 3-0 a los diez minutos haciendo exactamente lo que habíamos trabajado durante la semana. Y cuando los rivales encontraban una respuesta, él ya tenía preparada otra solución para el descanso o para los primeros minutos de la segunda parte. Su velocidad para interpretar el fútbol y adelantarse a los acontecimientos era impresionante».

Como ejemplo, recuerda las interminables sesiones de vídeo y la capacidad del técnico catalán para detectar detalles invisibles para el resto: «Recuerdo salir de un partido y sentarnos inmediatamente delante del ordenador para volver a verlo. Pep paraba una jugada y me decía: «¿Has visto ese espacio?». Yo no lo había visto. Él detectaba patrones constantemente, veía huecos entre líneas que nadie más encontraba y a partir de ahí modificaba el equipo. Lo hizo, por ejemplo, cuando decidió colocar a Messi como falso nueve contra el Real Madrid porque había descubierto un espacio entre los centrocampistas y los defensas. Esa clase de detalles los repetía continuamente. Era capaz de ver el partido antes que los demás».

Esa obsesión por el detalle también tiene un precio para los futbolistas. Thiago reconoce que jugar para Guardiola exige una concentración permanente, aunque considera que el beneficio compensa el esfuerzo: «Los jugadores del City llegan a sus selecciones y sienten que pueden respirar un poco, porque con Pep todo está controlado. Él controla absolutamente todos los aspectos del juego y la exigencia es constante. Pero cuando te retiras y miras atrás te das cuenta de la suerte que has tenido. Mientras eres jugador solo quieres competir y no valoras esas cosas, pero después entiendes lo extraordinario que era escuchar a un entrenador como él decir públicamente que te quería en su equipo. Eso adquiere un valor enorme con el paso del tiempo».

Thiago Alcántara (Foto: Cordon Press)
Thiago Alcántara (Foto: Cordon Press)

Por todo ello, Thiago no duda al situar a Guardiola por encima del resto desde el punto de vista táctico e incluso cree que podría triunfar en cualquier selección del mundo. «Sinceramente, creo que Pep haría campeona del mundo a cualquier selección importante. Está en otro nivel. Para mí, junto a Luis Enrique, pertenece a una categoría distinta, pero Pep es diferente. Como jugador fue el entrenador que más me enseñó a entender el fútbol. Cuando pienso en todo lo que aprendí con él, me doy cuenta de que estaba varios pasos por delante del resto».

La referencia de Ancelotti

Por otro lado, Thiago explica que siempre ha necesitado sentirse próximo a sus entrenadores y que, en ese aspecto, Carlo Ancelotti encajaba perfectamente con su manera de entender el fútbol: «En las relaciones soy una persona muy sencilla. Me cuesta conectar cuando tengo delante a un entrenador distante o frío, pero me ocurre justo lo contrario cuando es una persona cercana, humilde y natural. Carlo era exactamente así. Antes de hablar de fútbol era capaz de hablar contigo de la familia, del tiempo, del perro o de cualquier cosa cotidiana. Después ya llegaba el momento de hablar del partido, de jugadores como Seedorf, Maldini o Nesta, y esas conversaciones hacían que te sintieras muy cómodo. Él conseguía crear un ambiente muy humano y creo que por eso el grupo funcionaba tan bien y yo pude rendir a un nivel tan alto».

Para Thiago, esa gestión personal era una de las grandes fortalezas del técnico italiano y una de las razones que explican su éxito durante tantos años en la élite. «Carlo tiene una sensibilidad especial para tratar a los futbolistas con experiencia y a los jugadores técnicos. Sabe perfectamente qué perfil necesita cada partido y tiene un instinto extraordinario para decidir quién debe jugar y cuándo debe hacerlo. Por eso ha ganado tanto. Conoce el fútbol como muy pocos y tiene esa capacidad de intuir qué futbolistas son los adecuados para cada momento. Esa mezcla entre conocimiento del juego y cercanía humana es lo que le convierte en un entrenador tan especial».

Los mejores futbolistas que ha visto

Cuando se trata de hablar de la elite, de lo mejor de lo que ha sido testigo, Thiago recuerda especialmente el talento ofensivo que reunió el Bayern de Múnich durante sus años en Alemania: «Tuve delante a Lewandowski, Ribéry, Robben y también a Douglas Costa, que durante sus primeros seis meses parecía destinado a ganar el Balón de Oro. No sé qué ocurrió después, quizá cuestiones personales, pero todos pensábamos que iba a convertirse en el mejor. Jugar detrás de futbolistas así era una bendición porque conocías perfectamente sus movimientos. Con Messi era diferente: le dabas el balón y simplemente te quedabas mirando lo que iba a hacer. Con los demás ya sabías sus patrones. Sabías que Robben iba a meterse hacia dentro para buscar el segundo palo, que Ribéry iba a regatear y terminar encontrándote con un pase y que Lewandowski, dentro del área, siempre iba a girarse para buscar el remate o una segunda jugada. Como centrocampista tu trabajo consiste en alimentar esos hábitos y adaptarte constantemente a ellos».

Thiago Alcántara (Foto: Cordon Press)
Thiago Alcántara (Foto: Cordon Press)

Preguntado por Harry Kane, Thiago reconoce que esperaba que triunfase en el Bayern, aunque admite que incluso él se ha sorprendido por el nivel del inglés: «Sabía que iba a rendir porque es un grandísimo jugador, llega a una liga menos exigente que la Premier y al mejor equipo de Alemania. Era lógico pensar que haría una gran temporada, pero no hasta el punto de marcar una cantidad de goles tan descomunal. Es ridículo. Además, cuando tienes un delantero como Kane, que baja a recibir entre líneas, el centro del campo también cambia. Muchas veces atrae a los centrales o hace retroceder a toda la defensa rival y eso genera espacios para el resto del equipo. Como centrocampista tienes un jugador más para combinar y muchas más soluciones para progresar con el balón».

Paul Scholes, Xavi e Iniesta

Otro de los momentos más interesantes de la conversación llega cuando Thiago explica que lo que más le impresionó del Paul Scholes no era ninguna acción espectacular, sino su capacidad para repetir la excelencia cada día. «Scholes rendía exactamente igual si era titular o salía desde el banquillo. Me recordaba mucho a Philipp Lahm porque hacía las cosas sencillas mejor que nadie: el primer control, el regate justo, el pase corto, el cambio de orientación largo… Siempre elegía la mejor solución. Lo verdaderamente impresionante era su consistencia. Todos los entrenamientos estaba entre los dos mejores jugadores y, si hacíamos partidos reducidos, siempre querías tenerle en tu equipo porque sabías que iba a controlar el ritmo del juego. Cristiano podía decidir un partido con un gol, pero Scholes dominaba cada minuto del encuentro».

Al recordar sus primeros años en el Barcelona, Thiago admite que la competencia era tan extraordinaria que llegó a preguntarse si alguna vez tendría sitio en el primer equipo. «Cuando veía entrenar a Xavi, Iniesta y Busquets pensaba: ‘¿Cómo voy a jugar yo aquí?’. Luego estaban Yaya Touré antes de marcharse al Manchester City y después llegó Cesc Fàbregas. Tenías delante campeones del mundo y de Europa que acababan de ganar todos los títulos posibles. Lo único que podías hacer era aprender, esperar tu oportunidad y disfrutar del privilegio de entrenar cada día con ellos. Para un joven centrocampista fue una auténtica bendición poder crecer al lado de jugadores de ese nivel».

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