
Flick dijo que quería un delantero que tuviese gol y el Barça le ha fichado a Gordon. De sus cinco temporadas como titular en la Premier, Gordon solo ha pasado de los diez goles en una de ellas. En aquella 23/24 coincidió arriba con Isak, fichaje que le superó como el más caro de la historia del Newcastle porque es mejor delantero. Este curso, ante la incompetencia de Woltmade, Gordon tiró de ese carro para alcanzar sus mejores cifras generales: diecisiete goles en todas las competiciones.
Es una cantidad similar a la del reserva Rashford en el Barça, quien, sin embargo, cuesta tres veces menos. También es inferior a las peores cifras del jubilado Lewandowski y de su eterno suplente Ferran, que materializó veintiún goles apenas pudo jugar un poco más. Aunque, en defensa de Gordon, hay que decir que marcar en este Barça lleno de asistentes no es lo mismo que hacerlo en un Newcastle de mitad de tabla, y acaso en cualquier Newcastle.
El Barça ha pagado ochenta millones por Gordon. Nada hace pensar que la Real Sociedad no estuviese dispuesta a aceptar por Oyarzabal una oferta similar. Viendo jugar a la España de Lamine se sabe que, con el vasco al lado (un gol cada dos partidos, amén de otra serie de beneficios), no sería necesario imaginar complementariedades y la delantera ideal ya estaría.
No obstante, puesto que no ha ejercido la opción de compra por Rashford, también cabe pensar que Gordon llegue a modo de competencia de Raphinha en un costado. O, si finalmente la ejecuta, Dios libre a este Barça de querer ser britanizado, sobre todo en tiempos donde, fuera del Mundial, quedan hombres como Foden y Palmer para que vayan justo los Rashford y los Gordon, que más inglés, imposible.
Es precisamente en el sector izquierdo donde Gordon ha jugado en el Newcastle. Sin embargo, sorprende que un club con la economía actual del Barça pague esa cantidad para un puesto que ya tiene garantizado. Conviene recordar que el Barça vive en el posicional 4-3-3, que es tradición de club y le ha dado las dos últimas ligas. Toda vez que Raphinha en la izquierda —por el efecto de Lamine— se vuelve Balón de Oro y, por el centro, es solo Raphinha: alguien inferior a Olmo y Fermín.

Gordon no mejora a Raphinha, pero comparte con él una cualidad que está al alza. En una charla con el Ferdinand analista, dijo que «todo el mundo quiere ser un gran jugador con el balón, pero eso tiene que ser mi base». Se refería a lo de presionar: «Estoy dotado físicamente. Me encanta el reto de enfrentarme a un lateral o a un defensa: cuando tienen el balón, no me van a superar».
Es ese ánimo defensivo el que, en la actualidad, ha llegado a pedir, por ejemplo, en el Madrid, que Gonzalo juegue en lugar de Vinicius o Mbappé. En esto, Gordon al menos es netamente superior a Rashford. También a Lewandowski, por lo que se vuelve a la cuestión de jugar como punta.
Con Gordon como referencia, Flick no tendría que preocuparse de inventar funciones concretas para ejecutar la presión intensiva a la salida rival, como hizo con Lewandowski. Es algo muy a tener en cuenta en un equipo obligado a establecerse en la mitad rival porque sus centrales no saben defender el área.
No obstante, el principal inconveniente de Lewandowski y Ferran no estuvo relacionado con la presión o el gol. Ni tampoco el de Rashford. La larga ausencia de Raphinha dejó patente que, en un ecosistema asociativo que lo es todo en este Barça, tener futbolistas con poca sensibilidad de balón es un estorbo si no se limitan. Numerosas jugadas de ataque combinativo se perdieron al recibir Rashford o Ferran aún en zonas de maduración. Los mínimos a este respecto los da precisamente Raphinha, con su alma europea, pero su naturaleza brasileña.
Cuando Lewandowski llegó al Barça dijo que con Guardiola había aprendido que tenía que participar más del juego, así que a menudo se le vio caer a tres cuartos. Con todo, faltó la certeza de que sus aportaciones lejos del área beneficiasen al equipo más que lo contrario. Si bien el concepto de vaciarla favorece el asalto de Raphinha, fue el instinto de Lewandowski para moverse en ella lo que le permitió más de treinta goles tanto antes como después de conocer a Guardiola.
Flick dijo que quería un delantero centro que se relacionase con el juego y por eso Deco rechazó a Vlahovic y fue a por Joao Pedro antes que a por Gordon. Por eso también tendría que tantear a Oyarzabal. A este respecto, en la citada charla, Gordon dijo que antes «solía jugar como 10. Me gusta la libertad, pero puedo ayudar al equipo en diferentes posiciones. Si no tengo la pelota, me muevo porque tengo que tenerla para marcar. Juego similar a Kane, Lewandowski y Agüero».
Hay que obviar la insensatez de compararse con Kane y Agüero, dos de los mejores a ese respecto. Para luego afirmar que lo cierto es que Gordon mejora a Rashford, pero, como Lewandowski, tampoco es fino técnicamente ni en espacios reducidos. Si se retrasa, pero en cualquier caso asegura los treinta goles del polaco, todo perfecto. Aunque nada apunta a que así sea.
En el circuito de juego del Barça, juntarlo a Raphinha, además de a un Fermín con carácter llegador y vitola de titular, sería demasiada mella en la esencia del juego azulgrana. Esa que dan desde Cubarsí hasta Olmo, con Pedri y el resto de centrocampistas como modelo. La da el pase, el balón.
Si Gordon está destinado a la izquierda para que salga Raphinha, puede desbordar, aunque no es un experto regateador. Sus regates, poco más de uno completado por partido, son de técnica larga, no de habilidad y rapidez. Precisan espacio —aunque no tanto como los de Rashford— porque el balón no se le queda cerca. Es el campo que le otorga una propuesta como la del Newcastle, equipo físico y de estilo directo donde, para construir y atacar, se juntan poco.

Otro aspecto negativo, en esa posición, es que Gordon es diestro. Jugar a pie cambiado, con las sintonías ofensivas del Barça, también imposibilitó a Rashford incidir a la altura de un titular. Mientras, fue jugar a pie dominante lo que revitalizó a Raphinha. Así pudo aprovechar las asistencias dadas o provocadas por Lamine desde la derecha sin necesidad de girar y prepararse el remate. Pasó de ser un regateador insustancial a un eficaz rematador.
Gordon es, por su parte, un extremo más centrador que chutador. Incluso en sus desbordes fuera-dentro opta por definir al palo largo con el interior, a diferencia de Rashford y Raphinha. Define en modo pase. Pero ¿cuántas veces podrá pasarla desde el extremo izquierdo? ¿Cómo repercutirá esa acaparación de pelota en las subidas de Baldé —o de Cancelo, si lo firman— o en el ratio de acciones de Lamine por el otro costado?
Si Gordon ha llegado para jugar por la izquierda, no jugará. Si ha llegado para ser él quien actúe desde el área, se asociará atrás porque siente así y marcará porque, en un equipo con Lamine y Pedri, cualquiera marca, pero no igualará el rendimiento de Lewandowski antes de envejecer. Y lo que el Barça necesita es una alineación titular que le permita pasar de la Liga a la Champions que no consiguió con un 9 específico de condición legendaria.
Como en su día lo fue el de Vitor Roque, Gordon es un nuevo fichaje de cuestionable fiabilidad en la cuenta de Deco. Todo, a falta del palancazo que vista de azulgrana al inalcanzable Julián Álvarez o al desapercibido Oyarzabal. Entonces, teniendo eso, Gordon sí. Y quien sea.


186 millones de euros en fichajes y ninguno va al Mundial. Esto se estudiará en las universidades.
Ni Carreras, ni Hujsen, ni Arnold, ni Mastantuondo.
Pero Negreira
Florentino rechaza un cara a cara electoral con Riquelme
Democracia blanca:
1) 20 años sin elecciones
2) Cuando las hay, el candidato casi no tiene tiempo ni a presentarse
3) Estás obligado a avalar casi 200 millones de euros para poder presentarte
4) No hay debates cara a cara
Estos son los que «denuncian amaños»
Francamente, este es uno de esos análisis que serán retratados antes de que acabe la próxima temporada.
Cómo no, Javi Roldán! jajajajajajajajajajajaja. Qué verguenza en lo quese ha convertido Jot Down.