
La marcha de Lewandowski deja solo a Ferran. El Barça busca un delantero centro que le permita pasar de cuartos en Champions. El primer deseo fue Julián Álvarez, el segundo Lautaro Martínez, dos de los mejores del mundo. La realidad es que no hay dinero para costearlos, por eso se consideran otro par de opciones de buen nivel y con trampa.
Vlahovic queda libre y ha sido ofrecido. Deco lo mantiene en espera por si consigue convencer a Joao Pedro, aprovechando que el Chelsea no jugará en Europa y que el brasileño vive la desilusión de haberse quedado fuera del Mundial. Lo único que ambos comparten es posición en el campo, capacidad defensiva justa (como Lewandowski, al que Flick le asignó una labor zonal de cobertura al pivote, en este Barça presionante de Raphinha, por lo que sin problema) y la certeza de que bien aprovechados, en un equipo que cuenta con Pedri y Lamine Yamal, garantizan no menos de veinticinco goles. Con Lamine —todo atracción, todo desborde, todo creatividad, todo asistencia— el viejo Lewandowski se ha ido a 19 tantos, el mismísimo Abel Ruiz haría una decena y hasta mojaría yo. Con todo, es interesante ver qué puede aportar Vlahovic al conjunto y qué Joao Pedro.
Vlahovic (1.90) es un delantero que siente como delantero. Su voluntad es el remate, su hábitat la zona central y su medio el duelo contra los defensores. Le gusta aislarse y trata de tocarla poco: esta temporada ha promediado 18 toques por partido. Joao Pedro (1.82), por su parte, es un delantero de menos fuerza que siente como centrocampista. Su voluntad es alejarse de su par, acercándose a los poseedores para llegar desde la asociación. Es brasileño. Se mueve por toda la mitad rival y quiere tocarla mucho: 35 toques ha sido su promedio.

Si el Barça se encuentra en fase de construcción, Vlahovic se mantendrá con la zaga oponente y buscará desmarques de ruptura profundos. Estos podrán ser aprovechados por el volante pasador Pedri, incluso por Bernal. Al ser zurdo, su tendencia es trazarlos hacia la izquierda, algo que dificultará la maniobra a un Raphinha que, en esa fase del juego, siente igual. Joao Pedro, al contrario, estrechará al equipo. Con él, quien lo estire será Raphinha, que podrá percutir en diagonal aprovechando que, en la marca a pares de moda en la actualidad, un central habrá salido a perseguir al punta. No obstante, si bien Vlahovic se repite, Joao Pedro alterna los apoyos con las rupturas en una imprevisibilidad que es riqueza.
En esta primera fase, tanto el uno como el otro permitirán activar la vía directa si el equipo está comprometido en la salida. Vlahovic es mejor ganador aéreo y se impondrá siempre que su marcador no sea un Van Dijk. Ambos son superiores, a ese respecto, a Ferran. Y no parece mala idea ganar una caída donde esperan Pedri y compañía, o una prolongación que atacará Raphinha. Los otros caminos directos son el contragolpe y las transiciones a la alemana que propone Flick. El Barça estará, una vez más, de enhorabuena: la potencia de Vlahovic y la zancada de Joao Pedro harán que gane eficacia, respecto a lo ofrecido hasta la fecha por Lewandowski y Ferran.
Volviendo al modelo propio del equipo, cuando la posesión gane altura, Vlahovic cuerpeará con los centrales y conseguirá hundirlos. Esto da espacio interior. En ataque posicional, el equipo suele establecerse en la mitad oponente y todo claro entre las primeras líneas es útil para que influyan los centrocampistas asociativos del Barça, sobre todo el hábil Olmo. Si se avanza por dentro, Vlahovic esperará en el área para ejercer de frontón. Sin ser fino técnicamente, sus primeros toques de cara son eficaces para llegadores como Fermín o el propio Olmo. Esta es su única manera de asistir. Mientras, Joao Pedro sumará un efectivo en tres cuartos de campo a medida que el equipo construya. Es buscar la superioridad numérica que solo validan futbolistas notables en primeros contactos, como Joao Pedro. Retrasado es un aceptable asistente: ha dado cinco goles este curso. Una vez en la frontal, sin embargo, se mueve para intentar recibir y hacer la acción individual de carácter técnico que concluya en gol. En estos momentos ya no es generoso y suele decidir peor de lo recomendable.

Los ataques azulgranas, no obstante, suelen desenlazarse desde la derecha, donde Lamine activa el fuera-dentro para centrar o chutar. Vlahovic siempre se aleja del extremo cuando este recibe, aguardando en el segundo palo para rematar. Confía mucho en ganar su duelo contra el central que le marque, y a menudo lo gana. En el Barça esa acción acumulativa puede desactivar la sorpresa de Raphinha como rematador desde la izquierda, que tantos goles ha dado. Finalmente, si el extremo ha ganado línea de fondo, Vlahovic rompe al primer poste para rematar al toque. Esta maniobra mantiene a la zaga hundida y permite que desde segunda línea rematen otros un hipotético pase atrás. Los movimientos de Joao Pedro son distintos. Primero se acerca a los costados para apoyar, algo que beneficiará a Raphinha y a laterales profundos como Balde y Cancelo, pero no a Lamine, quien ahí ya busca aclarados, auxilios en menor altura o arrastres por fuera. Una vez la jugada va a desenlazarse, sin embargo, sus movimientos no son de apoyo ni de fijación de centrales. A diferencia de Vlahovic, Joao Pedro se mantiene entre ellos, en los espacios. Desde allí sí podrá favorecer a Lamine con cruzadas en profundidad. En estos casos, los llegadores tendrán que compensar la acción del ariete activando las zonas centrales del área por asalto, algo para lo que Olmo y Fermín están sobradamente preparados.
Flick dijo recientemente que busca un delantero que esté conectado con el juego, entonces uno piensa en Joao Pedro. Aunque no dijo de qué modo quiere que se conecte. ¿Acaso un jugador no puede aportar igual desde el balón que desde los espacios? Lo bueno de la posición es que no ha de repercutir en el circuito de balón, por ello pueden funcionar desde un Eto’o hasta un Suárez, no todos tienen que ser Messi o Cesc. Y lo importante es que tanto Vlahovic como Joao Pedro no tratan de hacer algo para lo que no están preparados, de ahí que sean buenos delanteros.
En los últimos días ha aparecido el nombre de Oyarzabal. Es el mejor de los tres y no parece inalcanzable. Es también quien más presiona y mejor se asocia. Especialmente, es el único que entiende el juego para sus compañeros, además de para sí. Su lectura y movimientos sin balón para favorecer jugadas son excelentes. Es, además, el único testado con Pedri, Olmo y Lamine, siendo garantía de rendimiento. No nos extenderemos aquí. Pondremos la lupa durante el Mundial y, de concretarse, le dedicaremos el artículo en exclusiva que merece.


Hubo un tiempo , tiempos lejanos, en que los medios que cubrían una liga afamada no se limitaba a las suertes y desgracias de los dos equipos más importantes y señeros. Tiempos lejanos es cierto y tan añorados por muchos. Por entonces no había una suma de equipos comparsa haciendo el paseíllo a los dos de arriba y si acaso al tercero en discordia si era Atlético y de Madrid. Por eso, nos divertimos más con las competencias y rivalidades de la Segunda que si el maravilloso Lamine Yamal celebra su cumpleaños con fiestas indignantes o si ha portado la bandera palestina, cosa siempre de agradecer.
El, Dépor, mi equipo, acaba ascender a primera como el Racing de Santander otro equipo que no tiene que pedir perdón a nadie por existir tras tantos años de historia. Lamentablemente es inevitable hasta un tipo que sabe de qué va la cosa como Javi Roldán, gastará sus muchas horas redactoras dedicados a los protagonistas y muy poco al elenco secundario.
¿Deberíamos quedarnos en Segunda mal llamada Liga Hypermotion?
Siempre he pensado (y siempre es desde la final de la Nations perdida contra Francia) que Oyarzabal es el delantero ideal para el Barça. Y también que para mejorar lo que Ferran aporta al Barça hace falta alguien muy bueno, no Vlahovic.