
George Hincapie, uno de los gregarios más respetados de la historia del ciclismo profesional, ha repasado su carrera en Cyclist. Además de reflexionar sobre los líderes a los que ha servido, como los polémicos Lance Armstrong y Alberto Contador, y Cadel Evans. También ha analizado el dominio desesperante para el resto del pelotón de Tadej Pogačar. Nacido en Queens, Nueva York, el 29 de junio de 1973, hijo de un padre colombiano que alucinaba con el ciclismo, Hincapie pedaleó durante diecinueve temporadas en el pelotón profesional, disputó diecisiete Tours de Francia consecutivos, dieciséis de ellos completos, y participó en cincuenta monumentos. Hoy, instalado entre Barcelona y Estados Unidos mientras levanta el nuevo cuartel general europeo de su equipo en Girona, el exciclista habla como aquellos que lo han visto y vivido todo.
Para la afición española, la descripción que hace Hincapie de Alberto Contador es interesante. No se habla de dopaje en el encuentro y quedan solo descripciones técnicas y estilísticas de cómo eran algunos compañeros. En este caso: «en aquella época era más como un niño, alguien que simplemente se divertía, muy bromista. Parecía no darse cuenta de lo bueno que era, aunque en el fondo también tenía muchísima confianza en sí mismo. Pero no era muy visible como líder; confiaba mucho en corredores como yo para ayudarle a colocarse, protegerle del viento o llevarle seguro hasta meta».
Sobre Cadel Evans la cosa cambia. Si Contador era espontaneidad y desparpajo, Evans era disciplina militar: «Cadel era muy orientado al detalle. Estudiaba el libro de la carrera, conocía cada curva. Estaría en el autobús analizando el mapa de cada etapa antes de cada carrera. Era muy meticuloso en ese sentido. Tampoco era muy expresivo en cuanto a liderazgo, pero realmente quería estar rodeado de gente en quien confiara, porque había estado en equipos durante tantos años donde no siempre estaban completamente volcados con él».

Y del elefante en la habitación, Lance Armstrong, pocas palabras. Hincapie fue su lugarteniente y capitán de ruta durante todos los Tours de Francia que Armstrong ganó y en 2012 admitió haber usado sustancias dopantes en determinados momentos de su carrera, lo que le valió una suspensión de seis meses y la anulación de todos sus resultados entre el 31 de mayo de 2004 y el 31 de julio de 2006. Ese capítulo está cerrado, forma parte del registro público, y Hincapie no entra en él. Pero sí describe a Armstrong como líder: «Lance tenía siempre una confianza enorme. Tenía esa mentalidad de asesino. Era totalmente diferente a los demás».
Diecinueve años en el pelotón con George Hincapie
Hincapie debutó en el profesionalismo en 1994 con el equipo Motorola y se retiró en 2012 tras diecinueve temporadas en la élite. Había crecido en Queens, un barrio de Nueva York que no es precisamente un semillero de figuras del pelotón europeo, y fue su padre colombiano quien le transmitió la pasión por la bicicleta. A los doce años ya se daba codazos con adultos en los circuitos de Central Park y Prospect Park, compitiendo contra europeos y sudamericanos que se tomaban el deporte muy en serio: «Esos tipos me empujaban por todos lados. Yo tenía doce años e intentaba ganar a adultos que habían crecido haciendo ciclismo, que lo llevaban en la familia, y querían ganar costase lo que costase aunque no fueran profesionales. Creo que correr contra ellos de niño me ayudó a no tener miedo sobre la bicicleta, y también a desarrollar mi consciencia dentro del pelotón. Cuando llegué a Europa y corrí en Bélgica por carreteras pequeñas entre adoquines y ese caos, no me pareció tan caótico. Pensé: ‘Esto está bien, al menos no hay taxis parando de golpe, corredores y gente intentando tirarte.’ Creo que de verdad me ayudó a tener la mentalidad adecuada cuando llegué a Europa».
El equipo Motorola fue su escuela. Allí compartió vestuario con veteranos como Steve Bauer, Phil Anderson y Sean Yates, ciclistas que también habían dejado sus países de origen para abrirse paso en el pelotón europeo y que se convirtieron en sus primeros maestros. Después vino US Postal y más tarde Discovery Channel, los equipos con los que Armstrong dominó el Tour de Francia en una época que ha pasado a la historia como la más negra del ciclismo.

Como gregario y capitán de ruta, Hincapie desarrolló una función de enorme valor estratégico. Era el hombre que tomaba las decisiones que el director no podía ver desde el coche, los ataques que se escapaban en el último momento, los cambios de viento, los movimientos de peligro que la televisión tardaba en captar: «Conforme fui avanzando en la carrera, mi opinión fue adquiriendo una importancia real para los equipos en los que estaba. En muchos sentidos, se esperaba de mí que tomara muchas decisiones que el director no puede ver desde el coche, si está viendo la carrera por televisión, no distingue esos últimos ataques que se están escapando, ni el peligro que se acerca, ni los cambios de viento. Obviamente ahora hay mucha más tecnología con los sistemas de análisis de carrera, pero en aquella época los equipos dependían realmente de corredores como yo para tomar esas decisiones».
El ciclismo de combate
Cuando el entrevistador le pregunta cómo es posible levantarse año tras año y exigirle a las piernas lo que exige el Tour de Francia, Hincapie viene a decir que más frío hace en la calle: «Nunca di por sentada mi posición. Siempre disfruté de verdad siendo ciclista profesional. Era mi sueño hacerme profesional. Así que siempre tuve la mentalidad de que, si lo conseguía, haría todo lo posible para rendir al máximo y dedicar mi vida al deporte».
Pero hay algo más. Hincapie habla de cómo engancha el ambiente de un equipo, esa sensación de camaradería en el autobús cuando nueve hombres han ido juntos a la guerra y vuelven juntos, agotados, pero orgullosos. Por eso luego creó su propio equipo. Ya no podía salir de esas dinámicas: «Es difícil replicar el ambiente de un equipo dentro de un autobús cuando sabes que has ido esencialmente a la guerra con otros ocho o siete compañeros y todos habéis trabajado tan duro para llegar allí, y luego tenéis una carrera con éxito o salís juntos como un equipo. Es un sentimiento que es difícil… difícil de dejar. Es genial que esté de vuelta en este papel, teniendo mi propio equipo y esperando poder ser testigo de ese sentimiento de nuevo con mis corredores».
El Nuevo Orden: Pogačar
Por supuesto, se habla de Tadej Pogačar, e Hincapie reconoce que no ha visto nada parecido en sus muchos años de pelotón: «Es una locura verlo tan dominante. Ahora se va con sesenta, setenta, a veces ochenta kilómetros por delante, y no recuerdo que en mi época nadie fuera tan dominante. Ni siquiera Lance, ni Contador, ni Cadel. Había muchas más tácticas implicadas. Él es tan dominante que en Strade Bianche la semana pasada, la gente sabía cuándo iba a atacar. Todo el mundo sabía que lo haría en ese tramo. No era un ataque sorpresa, pero aun así se fue de todos. Es una nueva táctica en el ciclismo que no habíamos visto nunca, y parece ser capaz de hacerlo casi con facilidad».

La duda es si la dominación es por un talento innato o por un trabajo de precisión en los entrenamientos. Quizá sean ambos factores, deja entrever: «Una vez que se va, probablemente conoce el ritmo exacto al que puede rodar. Sabe que aunque los de atrás puedan acortar un par de segundos, su consistencia le permitirá mantenerse alejado. Pero además hay que considerar las variables: la posición, los accidentes, el peligro. Que eso no le afecte en absoluto es lo que le diferencia. No solo tiene los datos detrás, sabe exactamente lo que puede hacer, sino que también tiene esa increíble habilidad para posicionarse y sus capacidades técnicas para respaldarlo todo. Es una combinación muy difícil de batir».
En cuanto a posibles sucesores, Hincapie apunta a dos nombres jóvenes, Del Toro y Paul Seixas, que podrían en el futuro recortar distancias, pero hasta ahora no ha visto que flaquee en ningún momento. La comparación con Eddy Merckx es inevitable: «No he visto hasta ahora ningún fallo en su armadura. Y sí, para ahora mismo es cuestión de que él decida dejar de correr, porque ya lo ha ganado todo».
El respeto en el pelotón
Christian Vande Velde, uno de los grandes capitanes de ruta de su generación, y el propio Jens Voigt señalaron a Hincapie como uno de los corredores más respetados de su tiempo, alguien que era a la vez de los más callados y de los más populares: «Fui de este chaval punk intentando sobrevivir en Europa a ir escalando puestos poco a poco hasta correr con algunos de los mejores corredores de la historia del deporte. Todo tipo de corredores: escaladores, ciclistas de grandes vueltas, esprinters. Creo que practiqué con cada tipo de personalidad con la que puedes convivir sobre una bici. Y siempre di mucha importancia a cada relación que forjé dentro del deporte. Creo que eso me ayudó mucho. Cuando me convertí en veterano, siempre intenté ayudar a los corredores más jóvenes. Y creo que eso también fue muy valioso».
Cuando reunió a sus ciclistas por primera vez, les transmitió un mensaje marcado por ese ciclismo como oficio aprendido en las trincheras: «Les dije desde el primer campamento: esto no son fans ni gente de negocios quienes dirigen este equipo. Hemos estado en la guerra con vosotros. Hemos vivido cada escenario que se puede experimentar en el pelotón. Así que confiad en nosotros si tenéis preguntas. Confiad en nosotros cuando os digamos lo que creemos que podéis hacer para mejorar dentro del pelotón o en las carreras».

Los americanos de Motorola también tuvieron que ganarse el respeto a base de trabajo y resultados. Hincapie recuerda la hostilidad con la que los equipos europeos recibían a los recién llegados del Nuevo Mundo: «Nos gritaban todo el tiempo: ‘¡Volved a casa!’ Y hasta cierto punto era comprensible. A veces estábamos en medio. No sabíamos lo que hacíamos. Así que en realidad adopto el mismo enfoque con mi equipo ahora, siendo un equipo pequeño, un equipo americano. No espero que simplemente nos den toneladas de respeto del pelotón. Les dije a mis chicos: necesitáis ganar el respeto y correr juntos como un equipo».
Datos, nutrición y tecnología
El ciclismo que practica la generación actual tiene poco que ver, en términos tecnológicos y científicos, con el que vivió Hincapie en sus años de corredor. O al menos eso se dice una y otra vez, pese a que no falta quien expresa sus dudas. No obstante, los métodos sí que han cambiado: «En mis tiempos, si llegabas a casa completamente reventado y sin energía, era que habías tenido un buen entrenamiento. La mentalidad era completamente diferente. Ahora estos chicos están tan ajustados con la nutrición… La cantidad de nutrición que consume un equipo como el nuestro es increíble. Tenemos medio almacén lleno de suplementos que consumiremos en un par de meses, por la cantidad de cosas que ingieren».
Las bicicletas también han evolucionado de forma exponencial. Hincapie recuerda un accidente en el Roubaix de 2006, cuando el tubo de la horquilla se partió y el americano perdió el control del manillar: «Según el informe que recibí de Trek, parece que choqué al principio en los primeros cien kilómetros, antes de llegar a los sectores empedrados. Al parecer eso comprometió la integridad del tubo de la horquilla y fue rompiéndose poco a poco durante cien o ciento veinte kilómetros más hasta que simplemente cedió. Fue una mala jornada de mi carrera, como quiera que ocurriera».
París-Roubaix
Si hay una carrera que define la vida deportiva de George Hincapie, esa es París-Roubaix. La ha disputado diecisiete veces, ha sobrevivido a sus adoquines, a sus caídas y a sus crueldades: «Es una locura. Hice el reconocimiento del recorrido con los chicos la semana pasada y es una locura. El hecho de que haya corrido esa carrera diecisiete veces y siga estando sano y montando en bici ya es una gran victoria. Fue simplemente una experiencia maravillosa y no tengo ningún arrepentimiento. Sé que no pude haber hecho nada diferente: llegar a la línea de meta con Tom Boonen, el mejor esprínter del mundo en ese momento. Solo fue mala suerte. Sé que dejé todo en la carretera de Roubaix».

La carrera revienta el cuerpo de una manera que ninguna otra puede igualar: «Tu bajo vientre, donde te sientas. Eso definitivamente es doloroso, por el golpeteo. Da igual el culote que lleves, eso va a quedar destrozado. Pero también todo lo demás. Es la única carrera donde todo queda destruido. Los brazos, las manos, como decía Zoe. Las manos. Te salen ampollas que nunca pensaste que tendrías. Y ya en el Carrefour de l’Arbre o en esas últimas secciones, el traqueteo de tu cuerpo… sientes que el cerebro empieza a aflojarse, de lo intensa e increíblemente dura que es para el cuerpo».
Con todo, el mensaje que le lanza a sus corredores antes de enfrentarse a ella es hedonista: «Todo lo anterior. Disfrutadla. Esto es un sueño para cualquiera que esté en la línea de salida de esta carrera. Pero tampoco voy a endulzarlo. Va a ser un infierno absoluto. Va a ser el peor dolor de vuestra vida. Vais a asumir más riesgos de los que probablemente hayáis asumido en toda vuestra vida. Pero intentad estar ahí y disfrutar el proceso y correr con gratitud. Estad orgullosos de estar ahí».
Sobrevivir al pelotón
Por otro lado, tecnologías aparte, Hincapie cree que el gran diferenciador en una carrera ciclista sigue siendo la inteligencia táctica, la capacidad de moverse con eficiencia dentro de un pelotón caótico: «Cuando la carrera iba tranquila, sin mucha acción, me ponía en la parte de atrás del pelotón y me decía: ‘Voy a moverme cien puestos hacia adelante sin gastar ni una sola caloría extra.’ Simplemente encontrando huecos en el pelotón. Y hacía carreras con mis amigos: tú empiezas por ese lado, yo por este, y apuesto a que yo llego antes a la cabeza sin gastar energía. Hacía estos pequeños ejercicios y sentía de verdad que me ayudaron a moldear mi consciencia dentro del pelotón».
En la era moderna, con todos viajando exactamente igual, con la misma nutrición y el mismo entrenamiento, Hincapie considera que esa fineza táctica sigue siendo el gran factor de diferenciación: «Ahora todo el mundo hace la misma cantidad de entrenamiento, todo el mundo tiene la misma cantidad de nutrición. En mi opinión, es como quién puede tener más finura dentro del pelotón, quién puede ahorrar más energía. Siempre les digo a mis chicos: intentad ser muy conscientes de dónde estáis en el pelotón, siempre encontrando huecos y avanzando, especialmente en estas caóticas carreras de Bélgica donde la posición es tan importante todo el tiempo».

