
Ya es un cliché hablar de la guerra de Yugoslavia en relación a su deporte. Desde la famosa patada de Boban a la ruptura entre la amistad de Petrovic y Divac. Sin embargo, cada vez que Vlade Divac se asoma a los medios se le pregunta por aquel desencuentro con su amigo y excompatriota que dio pie a un célebre documental. Es lo que ha ocurrido en Byron Scott’s Fast Break, donde el serbio ha recordado este tema, entre otros de su carrera.
Sobre la disolución de Yugoslavia comenta el dolor que supuso para todos: «Fue muy difícil para todos nosotros, los que crecimos allí. Creces en un país y de repente los políticos toman decisiones terribles. Hubo conflictos, guerras civiles, la gente empezó a matarse. Y obviamente, todos teníamos que elegir un bando».
Eso es lo que le pasó a su amigo, Dražen Petrovic, que era croata: «Recuerdo que teníamos partido en Portland. Normalmente, si jugábamos allí o ellos venían a Los Ángeles, nos llamábamos el día anterior. Yo estaba en Portland esperando que viniera a buscarme para comer juntos antes del partido, pero no apareció. Después tuvimos el calentamiento con los Trail Blazers. Terminó y esperaba verle salir a la pista. Estaban todos menos él. Algo no iba bien».

Cuando se lo encontró, le habló cara a cara: «Fui al vestuario y le dije: ‘Dražen, ¿qué pasa?’. Y él me dijo: ‘Mira, hay problemas en casa. Ya veremos qué pasa y, cuando todo se calme, retomaremos el contacto’. Yo le respondí: ‘Dražen, yo tengo amigos, no tengo amigos a tiempo parcial’. Y eso fue lo que nos separó. Ya no volví a hablar con él, aunque sí pude hacerlo con su madre, su hermano y su familia, y eso fue lo que me dio algo de paz».
Y añade: «No culpo a nadie. Puede que yo hiciera algo mal sin ser consciente de ello. Es duro. Es muy duro».
La llegada de Divac a la NBA y a los Lakers
Divac era el mejor jugador de Europa cuando decidió dar el salto a la NBA en 1989, con tan solo 21 años. No había ningún europeo que hubiera abierto ese camino antes.

Su agente le dijo que saldría elegido entre los puestos 10 y 15 del draft, pero el día de marras su nombre no aparecía en el tablero, fue angustioso: «Nadie lo había hecho antes desde Europa. Todo el mundo me decía, casi riendo a carcajadas, que no iba a funcionar. Yo respondía: ‘Lo voy a intentar. Lo peor que puede pasar es que tenga que volver’. Cuando decidí presentarme al draft, tenía 21 años. Mi agente me dijo que podría salir entre el 10 y el 15. Miraba el tablero y los Chicago Bulls tenían tres picks, Golden State tenía varios. Me dije: ‘puede que desperdicien uno en mí’. Estaba allí, en el Madison Square Garden viendo cómo iban pasando los turnos hasta que llegó el 21 y nadie me había elegido. Me sentía fatal. Y entonces escuché: ‘Los Angeles Lakers’. Wow. Me sentí muy bien de nuevo [risas]». (Fue finalmente elegido el 26).
El salto de Europa a Estados Unidos parecía un sueño, pero primero había que enfrentarse al choque cultural, que en aquella época, aunque hubiera televisión, todavía era importante. No hablaba inglés, no conocía el estilo de juego americano y su forma física era mejorable para el nivel de la NBA. Los Lakers, conscientes de su potencial, le pusieron al lado de Kareem Abdul-Jabbar, que se acababa de retirar, para que le enseñara el oficio durante la pretemporada en Hawái: «Abrí mi taquilla en el vestuario de los Lakers y sabéis lo que encontré dentro? Las gafas de Kareem. No podéis imaginaros la felicidad que sentí. Durante mis siete años en la liga, las guardé siempre en el mismo sitio, por respeto a él. Era mi héroe. Era un pívot grande, como yo, y trabajar con él, sentarme en su silla, sentir sus zapatillas… fue increíble.»
Para ponerse en forma, Divac se machacó en el World Gym de Venice, en Los Ángeles: «Los primeros dos o tres meses fueron duros. Cultura diferente, idioma diferente, estilo de baloncesto diferente. Fui al gimnasio y no podía levantar la barra. Sin ningún peso, solo la barra. Y Scott Byron se reía de mí. Pero después de unos meses empecé a fortalecer el cuerpo. Tuve mucha suerte de llegar a la organización de los Lakers, porque allí se preocuparon de verdad por mí. Estoy muy agradecido a Jerry Buss, a Jerry West y a Pat Riley por todo lo que hicieron.»
Pionero europeo con Dražen Petrović y Arvydas Sabonis
Divac fue, junto a Petrović, uno de los primeros europeos en tener un impacto real en la NBA. Pero cuando habla de los jugadores europeos de su generación, es a Arvydas Sabonis a quien considera el número uno. Un gesto de honestidad, teniendo en cuenta que la URSS era el enemigo número uno de Yugoslavia, en el deporte y en la política.

En el caso de Petrović, dice que su problema no fue el talento, sino el equipo al que fue a parar. Portland tenía demasiados jugadores en su posición y no le dieron minutos. Solo cuando le traspasaron a New Jersey pudo mostrar lo que era: «Dražen era, sin duda, uno de los tres mejores tiradores de la historia de la liga. Cuando llegó a Portland, no tuvo suerte como la tuve yo. Yo llegué a la organización de los Lakers, que me cuidaron y me ayudaron. Él fue a Portland y estaban cargados en su posición: Clyde, Terry Porter, Danny Ainge, Danny Young... No tenía minutos. Cuando le traspasaron a New Jersey, mostró lo que podía hacer. Era muy bueno. La gente no es consciente».
Pero con Sabonis ya es otro cantar. Divac le conoció cuando ambos eran adolescentes y le describe como alguien que, en ese momento, ya era mejor que él. Sabonis llegó a la NBA con treinta años y ya destrozado físicamente, y aún así fue importante en los Portland Trail Blazers: «Sabonis, a los 21 años, sano… Era increíble. Creo que, si hubiera llegado a los 21 años sin lesiones y se hubiera convertido en jugador de la NBA, cuando hablan de Michael Jordan, Magic, Larry Bird, él estaría en esa categoría. Éramos de la misma época. Yo tenía 18 años y él, 21 o 22. Y cuando estaba sano, era asombroso. Te encontrabas con él fumando un cigarrillo antes del partido y, luego, fumando otro después del partido… y aun así era el mejor».
El traspaso por Kobe Bryant
En 1996, los Lakers traspasaron a Divac a los Charlotte Hornets a cambio de los derechos del pick número 13 del draft, un adolescente de 17 años llamado Kobe Bryant. Divac dice que la noticia fue como si le dieran con un bate de béisbol en la cabeza: «Mi agente me llamó para decirme que me habían traspasado. Fue como si alguien estuviera detrás de mí con un bate de béisbol y me diera tan fuerte que me quedaba sin poder moverme. No estaba contento, obviamente. Amaba Los Ángeles. Amaba la organización de los Lakers. Era como una familia para mí. Pero el tiempo pasa, y yo también me cambiaría a mí mismo por Kobe. Cambiaría a todo el equipo por Kobe».

Años más tarde, en su última temporada como jugador, Divac volvio a Los Ángeles y coincidió con él: «Fue un viaje increíble, divertido. Todos vamos a recordar a Kobe. Era increíble: como jugador, como persona, como amigo. Es una pena lo que le pasó».
Magic Johnson y el final del Showtime
Divac jugó con Magic Johnson durante dos temporadas completas, más un inicio de la tercera, cuando se produjo el anuncio que supuso una conmoción en el mundo del deporte. Magic hacía público que era seropositivo y se retiraba. Divac describe ese momento como uno de los más duros de su carrera: «Magic nos llamó a todos al Forum antes de que fuera a hacer el anuncio público. Cuando nos lo dijo, todos lloramos. No sabíamos nada en ese momento. En mi cabeza, era como si un miembro de mi familia se hubiera ido. Fue terrible. Toda esa temporada fue muy emotiva. Habíamos llegado a las Finales de la NBA ese año, en 1991. Fue el primer campeonato de Jordan. Y nosotros les habíamos ganado el primer partido. Esa noche no pude dormir. Estaba soñando con el anillo. Los Lakers lo tenían todo y aquella temporada habíamos gando más de 60 partidos. Y yo pensaba: ‘Por fin, campeón de la NBA’. Y no fue así».
Lo que vino después fue un largo proceso de reconstrucción con resultados mediocres: «Después de Magic, llegaron los chavales nuevos. Y no sé cuántos entrenadores tuve en los Lakers, creo que siete, ocho o nueve en siete u ocho años. Empecé con Riley. Luego Randy Pfund, luego Bill Bertka, luego Magic de entrenador, luego Del Harris… Es probablemente por eso por lo que nunca gané con los Lakers».
Su estilo como pívot pasador
Divac fue un pívot singular. Grande, con buenas manos, buen tirador y, sobre todo, un pasador excepcional para su posición. Cuenta que muchas de esas características le venían de serie, pero que hay que tener en cuenta la influencia de Magic Johnson: «Dársela a un compañero para que él anotase me hacía más feliz que anotar yo. Magic me ayudó mucho, lógicamente. Él era un base muy fuerte, y cuando tenía enfrente a un jugador pequeño, se metía bajo el poste y yo me iba fuera. Luego le pasaba la pelota a Magic cuando le doblaban, y él la distribuía. Yo no podía anotar, pero podía pasar. Era una buena combinación».

Ese mismo patrón lo ve hoy en Nikola Jokić, al que admira profundamente: «Nikola juega como yo jugaba, pero a otro nivel, a un nivel superior. Mucha gente me preguntaba en los clinics de baloncesto cómo hacía los pases. Y yo decía: ‘Los veo un segundo antes’. Magic también veía el juego un par de segundos antes de que ocurra. Nikola es igual. Te da la pelota donde vas a estar dentro de un segundo, no donde estás ahora mismo».
Rivalidades: Shaquille O’Neal y los grandes pívots
La época de Divac fue la época de los grandes pívots: Hakeem Olajuwon, Dikembe Mutombo, David Robinson, Patrick Ewing y Shaquille O’Neal. De todos ellos, el más difícil fue el último, dice el serbio: «Shaq era muy dominante. Era el tamaño, pero también el conocimiento del juego. De los demás aprendí mucho. De Hakeem, los pies, los finales, el shake and bake. También cómo Ewing, Alonzo y Mutombo tapaban tiros. Pero Shaq era tan dominante que yo sentía, jugando contra él, que podía anotar cuando quisiera, solo que él no lo sabía».
La única idea que se le ocurrió para defenderle, ya que no podía taparle, era agotarle corriendo: «Mi planteamiento, después de ver los vídeos antes de los partidos, era encontrar la forma, no de ganarle, sino de hacerle la vida más difícil. Me di cuenta de que si salía a correr, si hacía transiciones, le cansaba, porque era muy grande. Así tendría menos energía en ataque. Y empecé a exagerar los contactos. El público presionaba a los árbitros. Empezaron a pitar. Dije: ‘Esto funciona’. ¿Sabes lo que le decía antes de cada partido? En voz baja: ‘Hola, amigo. Ya llevas dos faltas’. Él se cabreaba, pero bueno».

Una táctica, fingir, que se llevó del fútbol europeo: «No nos pitaban la falta nunca, pero si me caía, hacía ruido, presionaba al público, empezaban a pitar. Vi que funcionaba. Los jugadores de fútbol lo hacían en Europa. Yo solo lo traje a la NBA».
Pero los estadounidenses no se andan con tonterías a la hora de velar por su negocio. La NBA le puso fin en el acto: «Al final, otros jugadores empezaron a hacerlo también, lo que no estaba bien. Y al final la NBA lo prohibió. Me alegra que lo hicieran, porque le quitaba diversión al juego. Todo el mundo se caía en el bloqueo».
La NBA antigua frente a la actual
Sobre la pregunta obligada a toda vieja gloria, cómo ha evolucionado el baloncesto, Divac sostiene que hoy es un juego muy distinto al que él conoció: «Siempre digo que no me gusta comparar épocas porque no es justo. Son reglas y enfoques diferentes. Si tengo que decir algo, creo que si Magic jugara hoy promediaría 25 o 30 asistencias por partido. Y si Jordan jugara hoy, se iría a unos 50 puntos por noche. Eso no resta mérito a los jugadores actuales: son grandes atletas y grandes tiradores. El juego gira ahora en torno al triple y todo el mundo lanza, incluso quienes no deberían. Me da cierta pena haber llegado a la liga tan pronto; preferiría estar jugando ahora». Sus jugadores favoritos en la actualidad son Jokić, Luka Dončić y De’Aaron Fox.

Además, como directivo, Divac ha tenido que convivir con el auge de la analítica en el baloncesto: «Soy de la vieja escuela, hay que reconocerlo. Creo que la analítica es una parte muy importante del juego, pero no puede ser la más importante a la hora de tomar decisiones. Te da mucha información, muchas perspectivas sobre el juego, pero hay una parte humana del deporte que hay que preservar. Yo sigo creyendo que el ojo es lo más importante. Tienes que poder mirar a un jugador, verle jugar, y eso debería decirte si es un buen tirador o no. La analítica puede ayudar en el siguiente nivel, pero no puede sustituir eso».


Hay una errata, no fue el número 21 del draft del 89, sino el número 26.
Él menciona el 21 cuando va enumerando los números y que no le cogían, aunque luego fuera el 26.
Se dice que cuando se va era el mejor de Europa, Divac nunca fue el mejor de Europa, era muy bueno pero nunca fue el mejor, ni cuando se fue, ni después, Al menos Kukoc, Petrovic y Sabonis estuvieron siempre delante. Recuerdo sus finales contra Bulls, iba con Lakers solo por él, y sus mejores años en Sacramento, que bien jugaba ese equipo y que lastima que no consiguieran el anillo. Luego como directivo ha sido nefasto en Kings