
Fue uno de los mejores del mundo en los 90, luego entrenador de Andy Murray y ahora comentarista de televisión. Martk Petchey está acostumbrado a analizar hasta el último detalle sobre una pista de tenis y eso es lo que ha hecho junto a Jim Courier en una entrevista en el canal de ATP Tour donde ha repasado las grandes rivalidades de la historia del tenis.
La más importante para el público español, la que hubo entre Rafa Nadal y Roger Federer. Durante sus años de enfrentamientos, hubo una tendencia relevante hacia el final, cuando el suizo venció en 6 de los últimos siete partidos, en un global de 24 para el español contra 16. Petchey cree tener la clave: «La diferencia fue una raqueta más grande. Ese fue uno de los grandes cambios. Ivan Ljubičić le metió en la cabeza que tenía que empezar a golpear con más decisión las devoluciones. La nueva raqueta, unida al cambio de mentalidad, fue una combinación excelente para Roger».
Según explica, todo se debió a la llegada del big data: «Antes, Roger bloqueaba muchas devoluciones de revés, las cortaba. Pero el análisis de datos mostraba algo claro: puedes meter muchas devoluciones así, pero luego pierdes la mayoría de los intercambios que vienen después. Es mejor apostar por calidad que por cantidad. Empezar a golpear la devolución con intención le permitió a Roger plantarse sobre la línea de fondo».

Hasta un punto en el que, de haber mediado este análisis sobre su tenis antes, Federer cree que podría haber resuelto de otra manera la rivalidad del big three: «De hecho, le pregunté a Roger en Nueva York si creía que, de haber tenido esa raqueta durante toda su carrera contra Rafa, le habría ayudado frente al efecto liftado que tanto le incomodaba. Y él me respondió: ‘Sinceramente, no quiero pensar en eso’, porque quizá habría ganado algún Grand Slam más».
En otro punto de la conversación, Courier se pregunta si existe el gen competitivo. «Yo siempre tuve la sensación de que Rafa Nadal, en ciertos aspectos, era más decisivo en los momentos más importantes», dice. Pero los datos que aportan para corroborarlo añaden matices importantes. En 2005 y 2006, Federer lideró el ranking global de rendimiento ‘bajo presión’, una métrica que combina puntos de break, tie-breaks y sets decisivos.
En puntos de break salvados, el suizo se movió en torno al 64%, mientras que en puntos de break convertidos rondó el 44%. Rafa Nadal, por su parte, presentó un porcentaje ligeramente superior en conversión de bolas de break, en torno al 46%, y registros también competitivos cuando le tocaba defender su saque.
La conclusión es obvia. Federer sobresalía en la protección de su servicio y en el cómputo global bajo presión, mientras que Nadal destacaba por su eficacia al aprovechar las oportunidades al resto.
El análisis estadístico también llevó la conversación hacia los porcentajes históricos de rotura de servicio, una métrica que mide la capacidad de un jugador para quebrar el saque del rival. En ese terreno, los nombres que aparecen en lo más alto suelen estar condicionados por la superficie. La tierra batida, más lenta y propicia a intercambios largos, facilita más oportunidades de break. Sin embargo Courier introduce un matiz cuando sale el nombre de Rafa Nadal en esos listados: «Hay jugadores que aparecen arriba en esos rankings porque jugaron mucho en tierra batida. Pero Rafa no está condicionado por superficie, jugó y ganó en todas partes».
Mark Petchey sobre la llegada de Djokovic
No obstante, Petchey considera que fue Novak Djokovic el gran transformador del juego en la evolución del tenis moderno: «Novak ha cambiado el juego más que nadie. Obviamente, Rafa salió con el look de pirata y con ese lazo de derecha y todo el mundo se quedó como: ‘¿Qué demonios estamos viendo aquí?’. Pero Novak cambió el juego porque fue el prototipo original en el que ahora se ha convertido Jannik Sinner».

La clave, el servicio: «Porque, obviamente, desde el año pasado, Jannik se ha convertido en el primer jugador en ser número uno tanto en juegos al servicio ganados como en juegos al resto ganados. Novak mejoró mucho su servicio en los últimos años, pero Jannik ha conseguido algo que creo que Novak empezó a insinuar gracias a lo competente que era al resto. Puede que Novak no dominara la estadística del servicio, pero Jannik ha encontrado la manera de dominar ambas facetas».
De todos modos, lo más bonito de ver para Petchey fue cómo Djokovic fue descifrando el estilo de Nadal y sus trucos en su territorio, la tierra batida: «Recuerdo un partido contra Rafa en tierra batida, en una tarde fría, húmeda y con viento, cuando aún era un Masters 1000. Djokovic subió a la red unas 40 veces en ese partido. Perdía muchos puntos allí, lo estaban pasando constantemente, y uno pensaba: ‘¿Por qué sigue subiendo?’».
A simple vista parecía una decisión suicida. Nadal, en arcilla, castigaba cualquier aproximación mal calculada. Pero para Petchey aquel encuentro escondía algo más profundo que el resultado: «Pero él entendía que, si quería ganarle a ese jugador en tierra, tenía que cambiar el patrón de los intercambios. Tenía que desarrollar nuevas herramientas, incluso aunque ese día perdiera».
Sinner-Alcaraz
Sobre la rivalidad que stá marcando el presente del circuito: la que enfrentan Jannik Sinner y Carlos Alcaraz, Para Mark Petchey, existe un relato cómodo alrededor de ambos que no siempre se ajusta del todo a los datos. Para muchos el jugador calculador es el italiano y el anárquico el español, lo que suena muy bien, pero no se lo cree: «Es muy incómodo ver a un tipo como Alcaraz y decir que no solo tiene un juego increíblemente carismático, con una velocidad altísima, sino que además es súper disciplinado, porque eso va en contra de lo que la gente quiere pensar. También necesitamos un ‘Fuego y Hielo 2.0’ después de la gran rivalidad entre Bjorn Borg y John McEnroe. Necesitamos desarrollar una narrativa que encaje bien en ese molde. Y la realidad es que Carlos es uno de los jugadores más consistentes que hemos visto jamás».

Eso no quita que Sinner no opere con una regularidad extraordinaria y con un margen de error mínimo: «No creo que haya ninguna duda de que cuando Jannik pisa la pista lo miras y sientes que es un asesino silencioso. Hay muy poca emoción, mientras que en Carlos ves esa sonrisa desarmante incluso cuando falla una bola; parece que simplemente disfruta de estar ahí. Con Jannik da la sensación de que es un hombre en una misión y que solo quiere aplastarte, ese es el único objetivo. En términos de repetición, de calidad de golpeo, de colocación, creo que eso está incuestionablemente a favor de Jannik».
Pero los datos no dicen lo mismo cuando se enfrentan entre ellos: «En el ATP Tour, cuando se enfrentan entre ellos, los ‘performance ratings’ y la calidad de golpeo prácticamente se invierten. Alcaraz lidera en casi todas las estadísticas cuando juega contra Sinner, que es la única vez que sus números cambian así».
Y Courier cree que le español ha logrado desencajarlo: «Sinner quiere jugar a un ritmo rapidísimo desde el fondo, quiere pegar, pegar y pegar. Y Carlos tiene el slice, tiene la dejada, tiene la bola alta, tiene el saque y volea sorpresa. Siento que Jannik no puede jugar el tenis que quiere jugar cuando se enfrenta a Carlos».
Sampras-Agassi
Donde hubo menos fríos datos y más épica, fue en los noventa, cuando Sampras y Agassi encarnaban cada uno un ideal diferenciado. Dice Petchey: «Eran dos jugadores que en aquel momento no se querían demasiado y puede que todavía no se quieran. Y eso es algo que a mí me encantaba. Me encantaba que no se quisieran. No creo que haga falta un gran abrazo al final del partido. Me gusta que haya dos personas ahí fuera luchando por el mismo sueño, por el mismo trofeo, dispuestas a ir hasta el final para conseguirlo. Era un enfrentamiento precioso desde el punto de vista del tenis: el estilo ofensivo, el saque y volea de Sampras, la precisión de su servicio. Andre no era un restador al estilo Djokovic. No se iba a lanzar como un portero para devolver cualquier pelota. Si acertabas con el saque, obtenías recompensa. Si no dabas en el punto exacto, lo pagabas».

Courier sabe perfectamente de lo que habla, porque jugó contra ellos: «Andre, si le dejabas golpear cómodo el resto, estabas en problemas. Era despiadado con esas devoluciones, tanto de derecha como de revés. Sus golpes eran muy compactos y podían hacerte mucho daño. Pero a él le hice más ‘aces’ que a casi cualquier otro jugador, porque si colocabas bien el saque, no llegaba. La precisión era fundamental contra él. Y en nuestra generación no había nadie más preciso con el primer servicio que Pete Sampras».
Borg-McEnroe
En cuanto a la rivalidad Björn Borg contra John McEnroe, para Courier y Petchey, aquel enfrentamiento no solo marcó una época por el nivel competitivo, sino por el contraste absoluto de personalidades. Petchey lo recuerda así: «Me encantaba verlos, simplemente desde un punto de vista estético. El saque y volea, el enorme topspin que tenía Björn, la ropa de Fila, las cintas en la cabeza… ahora parece retro, pero entonces parecía futurista. Y eran estrellas de rock. No teníamos la cantidad de opciones de entretenimiento que hay hoy, así que durante las dos semanas de Wimbledon estabas pegado a la televisión cada día. Cada oportunidad que tenías de verlos, la aprovechabas».


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Me encantó el artículo, un análisis de datos fríos más la opinión de un gigante del tenis