
Milos Raonic, ex número 3 del mundo y uno de los grandes referentes del saque en el tenis contemporáneo, se acaba de retirasr y ha hecho revelaciones en The Changeover sobre la trastienda del circuito profesional. Habla desde la experiencia de quien convivió durante años con el Big Three y observó de cerca sus métodos de trabajo. Raonic comenta también de la evolución del juego, del peso real del saque, de la preparación física y mental en la élite y de cómo Federer, Nadal y Djokovic construyeron su dominio desde estructuras muy distintas.
Lo más relevante para el público español es el análisis que realiza de Rafa Nadal. La conversación no iba de él expresamente, sino que Raonic comentaba cómo los grandes jugadores aprenden a ser profesionales observan do a los mejores. La importancia de ver, copiar y probar cuando se llega a un Grand Slam.
Un aprendizaje por ósmosis con todo lo que se ve que hacen los top tanto en el vestuario, como en el gimnasio, incluso sus horarios, y sobre todo de qué gente se rodea. Dice que un tenista cuando tiene ante sí al mejor del mundo, tiene que intentar copiar lo que ve que le funciona.
Milos Raonic ante el Big Three
Sin embargo, no todos funcionaban igual. Federer, Djokovic y Nadal tenían diferentes formas de funcionar. El serbio iba con un equipo amplio tratando de tener todo bajo control, pero Federer llevaba a su entrenador, su fisio habitual no estaba siempre presente y el preparador físico aparecía de manera puntual, mientras que Nadal hacía el trabajo duro lejos de los torneos, con mucha intensidad, lo que le permitía no tener que reprogramarse luego cada día.

Así lo explica: «Ves a Roger, ves a Novak. Viajan con preparador físico, con fisioterapeuta, con entrenador. Y te preguntas: ‘¿A quién necesito yo en mi equipo?’. A lo mejor no necesitas a todos, pero si puedes permitírtelo y tienes apoyo, al menos lo pruebas. Luego decides: ‘Vale, quizá no los necesito todo el tiempo’. Roger, por ejemplo, no viajaba mucho con su preparador físico; estaba alrededor, pero no siempre. Novak llevaba a todo su equipo constantemente. Rafa, en cambio, nunca tuvo realmente al preparador físico viajando con él por el circuito, al menos que yo recuerde. Y vas fijándote en esos detalles de los mejores».
Además, explica que los grandes jugadores han tenido diferentes estilos y recursos a lo largo de su carrera, han estado en una evolución constante. Si Nadal empezó como alguien muy físico y dependiente de su derecha, con el tiempo fue tomando la iniciativa, adelantó su posición en la pista y no esperó siempre a la derecha: «Si te fijas en Rafa, al principio de su carrera daba la sensación de que usaba el revés casi solo para aguantar el intercambio, tirándolo profundo y paralelo mientras esperaba poder entrar con la derecha. Con el paso de los años, en cambio, se ve a un Nadal distinto: un jugador que se apoya en el revés, se adelanta en pista y lo juega cruzado con mucha más agresividad. Ese tipo de evolución forma parte del camino de los grandes».
En ese punto señala a Ivan Lendl como uno de los grandes puntos de inflexión: «Creo que Lendl fue el primero que llevó de verdad el gimnasio al centro del tenis. Era tan bueno que la gente empezó a pensar: ‘Si quiero competir, tengo que hacer lo mismo que él’». Años después, explica, Novak Djokovic dio un paso más y amplió el concepto de preparación mucho más allá de la pista y el gimnasio. «Con Novak empezó a entrar de verdad todo lo que pasa fuera de la pista: la alimentación, el descanso, el estilo de vida, las horas en las que no estás entrenando».
En 2011 se hablaba casi obsesivamente de su dieta sin gluten, cuando en realidad lo que estaba imponiendo era otra cosa. «Él fue el que dijo: esto también es trabajo, no solo lo que haces en pista o en el gimnasio». Raonic explica que ese tipo de cambios solo se consolidan cuando vienen respaldados por resultados sostenidos en lo más alto, y que a partir de ahí el circuito entero empieza a copiar. «Si eres el número 40 del mundo y haces algo distinto, nadie le presta atención; si eres el número uno y ganas, todo el mundo quiere saber qué estás haciendo»

Eso sí, también destaca que tenistas de ese nivel siempre han tenido alienados los astros en el circuito. Si Steve Johnson comentaba recientemente que cuando jugaba Nadal se echaban carretillas de tierra en la pista para hacerla más lenta y ajustársela, Raonic se queja del tiempo del que disponía: «Sería ingenuo pensar que van a sancionar a Rafa por violación de tiempo cuando se pasa 45 segundos una y otra vez. Eso no va a pasar. Desde luego no en Francia. Ni de broma. De repente, el reloj de la esquina deja de funcionar o va un poco más lento».
Sobre aquellos años, según su recuerdo, primero Federer tenía el monopolio, luego Nadal se reivindicó como especialista en tierra y, para cuando ya parecía que iba a ser el dominador en todas las superficies, apareció Djokovic para impedirle el dominio exclusivo: «Cuando apareció Federer, durante un tiempo fue solo él. Luego llegó Rafa en tierra batida, y después Rafa pasó a ser el referente en todas las superficies. Pero en ese momento Novak ya estaba ahí…Hubo una sensación de dominio muy fuerte, pero en realidad parecían casi tres generaciones separadas: Roger es del 81, Rafa del 86, cinco años más joven, aunque Rafa se desarrolló muy pronto. Así que tuvo quizá dos o tres años de ventaja respecto a Novak. Todo fue llegando en oleadas».
Con Sinner y Alcaraz
Del tenis actual, le tiene sorprendido la precocidad de sus dos grandes protagonistas, Janik Sinner y Carlos Alcaraz: «Creo que Sinner y Alcaraz se han distanciado un poco más rápido del grupo que va del número 3 al 20 del mundo, o al menos lo han hecho antes. estos dos chicos, con solo un año de diferencia entre ellos, se consolidaron rápidamente como un grupo claramente por delante del resto. Eso casi no dio opción a que el siguiente grupo creyera que había una oportunidad real para ellos. Entonces, ¿el número cinco del mundo de 2025 ganaría siempre o perdería siempre contra el número cinco de 2015? Yo creo que serían comparables. Si coges números cinco aleatorios en un periodo de cinco años, el nivel es parecido. Lo que pasa es que estos dos se han comido el oxígeno de la sala mucho más rápido».
La cuestión es cuánto durarán, porque la generación de Raonic se tuvo que comer la longevidad del Big Three, que parecía que no se iba a retirar nunca: «Para mi generación, lo más difícil fue que, cuando empezabas, Federer, Nadal y Djokovic siempre eran mayores que tú. Vivías con la sensación de que tu momento acabaría llegando… pero ellos fueron alargando su dominio mucho más de lo esperado. Era como pensar que el partido ya estaba en la novena entrada, que aquello se iba a terminar, y de pronto entraba en la prórroga, luego en otra más, y de repente te encontrabas en la entrada 25 preguntándote cómo era posible que no se acabara nunca. Para esta generación, en cambio, el problema es otro: estos chicos son más jóvenes que tú. El tiempo no corre en su contra; corre en la tuya».

Por ahora, cree que no ha llegado aún nadie más joven que ellos que pueda desafiarles: «¿Quién hay realmente por detrás que sea más joven que ellos? Prácticamente solo Félix Auger-Aliassime entra en esa conversación. Pero, ¿son realmente relevantes en los grandes escenarios? Todavía están construyendo su camino. Han llegado a finales de torneos 500, como Beijing. Creo que FAA ganó algún 500 por equipos, quizá algún 250 en Francia al final de la temporada, alguien ganó un Masters… Pero solo hay tres jugadores más jóvenes que ellos que, técnicamente, tengan más tiempo. El resto está jugando contra un reloj más corto. Por eso puede dar la sensación de que la brecha es mayor, aunque también puede ser simplemente porque estos dos llegaron al mismo tiempo. Mi argumento es siempre el mismo: los más grandes lo hacen durante 12 o 15 años. A estos dos todavía se les juzga solo por dos o tres. Ya veremos».
El servebot como ventaja competitiva
Raonic también desmonta uno de los clichés más extendidos del tenis moderno, la etiqueta de servebot. No la considera un insulto, para él, en el contexto actual del circuito, es casi un halago. En un tenis cada vez más homogeneizado desde el fondo de pista, con jugadores muy sólidos y estilos similares, disponer de un saque verdaderamente dominante se ha convertido en un recurso cada vez más raro y, precisamente por eso, más valioso.
Recuerda que durante años se construyó toda su carrera alrededor de ese golpe y no lo oculta, «he hecho mi carrera siendo un servebot», y llega a reivindicar ese estilo: «Hoy en día hay menos jugadores así. El tenis se ha vuelto muy uniforme desde el fondo de la pista, todos son sólidos, todos juegan parecido. Por eso, si puedes ser un servebot ahora, probablemente tenga incluso más valor que antes, porque los rivales ya no están acostumbrados a enfrentarse a ese tipo de juego».
Para Raonic, el saque dominante no solo gana puntos directos, sino que condiciona mentalmente todo el partido: «Cuando juegas contra alguien con un gran saque, sabes que no va a ser un partido divertido. Sabes que va a depender de muy pocos puntos. Si ves que ese jugador viene perdiendo 7-6, 7-6 todo el tiempo, piensas: ‘No quiero jugar contra este tipo, esto va a ser una locura’».
Explica que él mismo analizaba siempre ese tipo de datos antes de enfrentarse a un gran sacador: «Yo miraba dos cosas. Una, si ese jugador perdía siempre en tie-breaks. Y dos, cuántas bolas de break había afrontado. No es lo mismo ganar 7-6, 7-6 habiendo salvado ocho bolas de rotura que ganar sin haber enfrentado ninguna. Si ves que lleva varios partidos sin conceder break points, sabes que los juegos van a ser rápidos, que no va a haber ritmo y que todo se va a decidir en un desempate».

Ese contexto, insiste, eleva el estrés del rival a niveles muy difíciles de gestionar: «De repente, una bola de break con 2-2 en el primer set se siente casi como una bola de set. Todo pesa más». Porque el saque dominante no solo ayuda a quien saca, sino que también facilita el resto: «Hay muchas veces en las que no estás jugando bien, vienes de una lesión o simplemente no tienes buenas sensaciones. Y aun así, gracias al saque, te mantienes en el partido. El otro no tiene ritmo, no ha tocado muchas bolas. Metes una devolución decente, comete un error temprano y de repente estás 30-30».
Y cita a otros grandes con ese perfil: «Roddick hacía mucho eso. Sacaba muy bien y, cuando llegaba al 30-30, simplemente metía una bola incómoda y te hacía jugar. Muchas veces te castigaban por moverte un poco de más».
Para concluir con un elogio del pragmatismo y el realismo de la efectividad de ese recurso: «No es el mejor tenis para ver, seamos honestos. No es especialmente entretenido. Pero nadie te paga por ser entretenido. Te pagan por ganar partidos. Y no hay ningún golpe que genere tanto miedo ni tanto beneficio como el saque».
Las piernas
Raonic entra entonces en uno de los debates técnicos más recurrentes del tenis, el papel de las piernas en la potencia del saque, y lo hace entrando en profundidad, abarcando cada detalle: «Nadie va a decir que las piernas son el 80 % del saque. La cuestión es qué valor les das. Si dices que son un 30 %, para mí eso es bastante acertado». El error habitual está en pensar que la potencia nace desde abajo cuando la mecánica del brazo no está bien construida. «Si tienes las piernas un poco tocadas, pero tienes un buen brazo, la bola va a salir con bastante velocidad. En cambio, si tienes unas piernas increíbles pero tu brazo es malo, no vas a sacar fuerte».

El trabajo de piernas, dice, no es el núcleo del saque, sino un complemento que solo marca diferencias cuando el gesto ya está interiorizado: «Mucha gente piensa que para sacar más fuerte lo primero son las piernas. Para mí eso no es el inicio, es algo suplementario», resume, recurriendo a una comparación sencilla para explicarlo: «Es como decir que alguien pega la derecha como Fernando González, pero si no tiene piernas para llegar a la bola, da igual».
Ahora bien, una vez que el saque está bien armado, el uso de las piernas sí se vuelve decisivo y ahí el margen de mejora es real: «Cuando ya sabes usar bien el brazo, entonces las piernas importan, ahí puedes ganar mucho. Si eres capaz de sacar a 120 millas por hora sin usar demasiado las piernas, probablemente puedas ganar 10 o 15 millas más cuando las utilizas bien».
A nivel profesional, ese salto lo cambia todo, porque «a 120 tienes que ajustar mucho más al borde de la línea, mientras que a 130 tienes más espacio para colocar el saque y que no vuelva». Raonic introduce además la variable de la altura y explica que en jugadores más bajos el trabajo de piernas es casi imprescindible para compensar, «como en el caso de Federer o Sampras en relación con mi altura», mientras que en sacadores muy altos el énfasis puede ser distinto. «Isner, por ejemplo, salta mucho para alguien tan alto. Yo no salto tanto; en mi caso, lo que hago bien es la transferencia de peso», aclara, definiéndola como «la manera de llevar el cuerpo hacia delante, ver cómo las caderas pasan por delante del pie delantero, algo que muchos consiguen deslizando el pie de atrás».
En momentos en los que sus piernas no estaban al cien por cien, reconoce que su saque seguía siendo competitivo, aunque ya no dominante: «Si no tengo las piernas, sigo teniendo un saque por encima de la media, pero no tengo lo que yo llamaría un gran saque»,
Sobre la colocación de los pies, pinpoint frente a platform, y Raonic vuelve a priorizar la fiabilidad sobre la potencia puntual. «Con los pies juntos puedes sacar mejor una vez, pero a lo largo de cinco sets el saque más fiable es con los pies separados», sostiene, por una razón puramente mecánica y ligada al desgaste: «Con los pies separados hay menos cosas que pueden fallar. Tienes más estabilidad. Cuando estás cansado, el lanzamiento se te va un poco, el equilibrio se resiente, empiezas a perseguir la bola… con esa base es más difícil que todo se descomponga».

Y para explicarlo, cita otros deportes: «Si te miden el salto vertical en la NFL o en la NBA, nadie junta los pies; los tienes separados porque así sacas lo mejor de ti». Para cerrar el argumento con una frase que resume toda su visión del saque: «El trabajo físico importa, claro, pero si no sabes usar el brazo, saltar no te va a convertir en un gran sacador. Eso es poner el carro delante del caballo».
El retiro
Raonic remata su reflexión entrando en lo que él mismo define como los «detalles locos», pequeñas decisiones que no convierten a nadie en mejor jugador de la noche a la mañana, pero que en la élite pueden marcar diferencias mínimas acumuladas en el tiempo, sobre todo cuando el objetivo ya no es mejorar, sino alargar la carrera. «En mis últimos años no se trataba tanto de ser mejor, sino de ver si algo podía ayudarme a estar sano un poco más de tiempo».
Llegó a probar cualquier cosa. Entre ellas, jugar con una férula o mouthguard, algo que en su momento llamó la atención. «Yo soy una persona naturalmente tensa, apretaba mucho la mandíbula y había desgastado los dientes de forma desigual», cuenta, y relata cómo le explicaron que ese desequilibrio podía afectar al cuello y, por extensión, a toda la cadena corporal. «Si crees que el cuello está conectado con todo, que un desajuste ahí puede acabar afectando a las piernas o al saque, empiezas a pensar que igual tiene sentido», dice, reconociendo que parte de ese proceso también es psicológico: «Puede que sea placebo, pero si crees que funciona, puede tener efecto».
Raonic insiste en que ese tipo de decisiones no buscan milagros, sino porcentajes: «Ninguna de estas cosas te convierte de repente en un gran jugador. Todo va de márgenes». Lo compara con el trabajo físico cotidiano: hacer una repetición más en el gimnasio, esforzarse un poco más cada día, no porque una sesión cambie nada por sí sola, sino porque la suma de muchas puede marcar la diferencia en un punto decisivo. «Si hago una repetición extra cada vez que entreno, quizá no pase nada hoy, pero después de 20 veces, igual sí».

Porque todo termina siendo también una cuestión de fe: «Al final, creer que has hecho más que el de al lado también importa». Para Raonic, ese convencimiento forma parte inseparable del alto rendimiento. «Para ser un buen atleta tienes que tener ego. Tienes que pensar que hay algo en ti que es mejor que el otro», concluye, defendiendo que probar, creer y comprometerse con esos pequeños detalles es, en sí mismo, una manera de darse la oportunidad de que funcionen.


Excelente narrativa, me gustaba su juego muy buen tenista que buenas notas compartidas de los mejores, feliz retiro Milos que sigas cerca del tenis, eres muy buen observador, lo expresas muy “sabroso” saludos y un abrazo
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