
Este año ha vivido una mala experiencia en Roland Garros al tener que abandonar por lesión cuando estaba jugando ante uno de sus rivales favoritos, Alexander Zverev, pero su carrera sigue en ascenso. En Dubái remontó a Daniil Medvedev salvando cuatro puntos de partido y, un año antes, había sido clave para que Países Bajos alcanzara por primera vez en más de un siglo la final de la Davis. Su nombre es Tallon Griekspoor y, entrevistado profusamente por The Changeover, ha dejado claro que el rival al que más teme ahora mismo es Carlos Alcaraz.
En sus propias palabras: «Siempre he tenido más oportunidades contra Sinner que contra Alcaraz. Siento que con Jannik Sinner sabes lo que viene: lo hace increíblemente bien, es el mejor jugador del mundo, pero al mismo tiempo no tiene las habilidades ni el juego en la red que tiene Alcaraz. No tiene la dejada, no tiene el slice de revés. Tiene el revés a dos manos. Lo que hace, lo hace a un nivel increíble, increíble… Pero creo que Alcaraz tiene más opciones. Y creo que la razón por la que Alcaraz es también un poco más irregular es porque quizá no utiliza las opciones correctas en el momento adecuado. Cuando tiene problemas, creo que Alcaraz puede hacer mucho más. El pico de nivel de Alcaraz está más alto que el de Sinner».
Preguntado por cómo se puede ganarles, no lo tiene claro: «Es extremadamente difícil jugar estos partidos. Si me preguntas cómo creo que puedo ganarles, bueno, necesito tener uno de mis mejores días. Creo que contra ambos hay que ser muy, muy agresivo. Hay que sacar extremadamente bien, hay que jugar hit and charge, sacarlos de ese ritmo».

Porque el problema reside en dejarles que hagan su monólogo, que lleven por donde quieran al rival y puedan ejecutar libremente su estrategia: «Creo que lo que hacen tan bien es que, en cada partido que juegan, logran que el partido transcurra en sus términos. El partido gira en torno a Jannik, el partido gira en torno a Alcaraz. Y creo que, cuando intentas jugar contra ellos, deberías intentar que el partido gire en torno a ti».
Pero sacarles de su concentración es extremadamente complicado, tendrían que coincidir varias circunstancias a la vez: «Tienes que incomodarlos y, como he dicho, es casi imposible incomodar a Alcaraz. Pero él tiene partidos durante el año en los que no va tan a tope. Y creo que si juegas muy agresivo, devuelves rápido, subes mucho a la red y le pones mucha presión en los dos primeros golpes, creo que esa sería la única manera de ganarles. No voy a ganarle a Alcaraz ni a Sinner desde el fondo. Eso lo sé seguro; ahí son demasiado buenos».
Y en el caso de que se obtenga ventaja sobre ellos, hay que tener en cuenta que su capacidad de reacción es avasalladora: «Contra Alcaraz solo le he ganado una vez, pero fue cuando él acababa de entrar en el top 100. Yo creo que estaba en el puesto 150 y, después de eso, no he tenido muchas oportunidades contra él. El año pasado, en la Copa Davis, nos enfrentamos y conseguí un break temprano, me puse 4-2 arriba, pero entonces subió una marcha y me pasó por encima».
El partido mítico de Tallon Griekspoor
A pesar del drama de salir escaldado ante los mejores del mundo sí o sí, Griekspoor tiene en su haber un partido histórico ante Zverev. Ocurrió en Indian Wells, cuando el germano-ruso era número dos del mundo, y para lograr imponerse tuvo que diseñar hasta un plan psicológico: «Ante Zverev sabía que debía hacerle esperar; es el jugador que más tarda en salir a pista. Así que pensé: voy a hacerle esperar yo a él. Fui al baño a propósito para que tuviera que aguantarme».

El partido no fue fácil. Perdió el primer set y en el segundo estuvo contra las cuerdas, con Zverev sirviendo para ganar el encuentro. Ahí fue él quien metió una marcha más: «Me dije que tenía que seguir. Jugué dos buenos puntos, me puse 0-30 y vi que dudaba. En ese momento pensé que todavía estaba vivo». El encuentro se resolvió agónicamente en un desempate del tercer set, en el que su fisioterapeuta y preparador físico, Sebastian, tuvo un papel clave, de nuevo, en la faceta psicológica: «En el cambio de lado, con tres iguales, yo estaba quejándome, y me dijo: ‘¿Por qué te quejas? Estamos en el tiebreak del tercero contra el número dos del mundo. Estás encima de él, sigue así’». Eso, dice, le devolvió al presente. «Al final, fue toda una cuestión mental, más allá de técnicas y habilidades tenísticas: no jugué mi mejor tenis, pero mentalmente fue una de las victorias más fuertes de mi carrera».
La forja de un tenista
El neerlandés también ha recordado sus primeros años como junior. Con apenas 15 o 16 años se vio disputando torneos en lugares tan remotos como Omán, sin comprender del todo qué estaba haciendo: «Yo era un chaval rubio, con algo de sobrepeso, que comía chucherías. Cuando me mandaron a Omán, pensé que mis padres querían librarse de mí», bromea. Aquellas experiencias, asegura, le curtieron tanto dentro como fuera de la pista.
Su evolución técnica ha sido otro factor determinante. Reconoce que de joven no tenía un saque ni una derecha competitivos a nivel élite, y que gran parte de su progreso vino de aprender a usar todas las herramientas posibles. Hoy se considera un jugador versátil, capaz de alternar entre un tenis ofensivo, un planteamiento defensivo de fondo o incluso el saque-volea cuando la situación lo requiere. «Puedo hacer de todo y eso me permite adaptarme a lo que necesite cada partido», explica. Esa variedad, no obstante, también le obliga a tomar decisiones rápidas y precisas en pista. «Cuando eres joven, a veces eliges la opción equivocada; ahora sé cuándo conviene ser agresivo, cuándo esperar y cuándo sorprender en la red».

Su mayor progreso en los últimos años ha sido, precisamente, aprender a ganar cuando está corto de fuerzas o anda desmoralizado o distraído por lo que sea. Parte de esa fortaleza viene de su capacidad para leer al rival: «Miro más al otro lado de la red que a mí mismo. Veo lo que pasa ahí, si el otro está incómodo o a punto de explotar, y ajusto mi plan para aprovecharlo».
Agotamiento ATP
Y esos días de bajón son cada vez más frecuentes. Griekspoor no esconde su malestar con el calendario del circuito. «Si hablamos del calendario ATP, del calendario del circuito, sí, hay muchos torneos. Y especialmente ahora que los Masters 1000 se han convertido en torneos de dos semanas… no soy un gran fan de eso», se queja.
Para él, las jornadas de descanso entre partidos al mejor de tres sets en el cuadro masculino no son necesarias y responden únicamente a motivos económicos: «Entiendo todo el tema del dinero, que los torneos ganan más, pero, al final del día, la única forma que tendríamos de cambiarlo sería que todos nos plantáramos y no nos presentáramos a uno de estos torneos. Pero eso no va a pasar porque hay demasiado dinero de por medio para nosotros también».
El neerlandés recuerda que los jugadores tienen, en teoría, el control de su calendario, pero la realidad es que la lucha por los puntos empuja a muchos a competir sin descanso. «En el fondo, somos nuestros propios jefes: decidimos cuándo jugamos. Pero, por ejemplo, este año jugué Madrid y Roma, perdí pronto en Roma y me fui a Burdeos a disputar un Challenger para intentar ser cabeza de serie en Roland Garros porque necesitaba dos o tres partidos más para lograrlo. Y, mirando atrás, me digo: “¿Por qué lo hice?”. Al final fui sin ser cabeza de serie y alcancé la cuarta ronda. En Wimbledon sí fui cabeza de serie… y perdí en primera. No importa: si tienes el nivel, lo vas a lograr igualmente».

Por eso, insiste en que prefiere organizar descansos estratégicos, incluso si eso le cuesta posiciones en la clasificación: «Intento no jugar tanto como los demás, porque me gusta estar en casa y estar con mi familia y mis amigos. Después de Wimbledon me tomé unas vacaciones. La salud mental y física es lo más importante». Sabe que, en cuanto el ranking baja, la tentación de encadenar torneos es grande: «El año pasado caí al 50 o 60 del mundo y pensé: ‘Me estoy quedando fuera de algunos Masters 1000 y ATP 500, tengo que subir’. ¿Qué hice? Jugar todas las semanas. Pero creo que, a la larga, para mantener la cabeza fresca, hay que saber parar».
Griekspoor subraya que, en su opinión, la fatiga no viene solo de los partidos, sino del constante cambio de entornos, husos horarios y rutinas: «Viajar, los hoteles, la comida, los cambios de ritmo cada semana… eso es lo que lo hace muy difícil».
El precio de la profesionalización
Sobre sus inicios, Griekspoor admite que en sus años de formación no era de los juniors más prometedores. «En juniors no destacaba mucho. Jugué tres o tres años y medio en Futures, luego pasé a Challengers… y me preguntaba cómo iba a alcanzar ese nivel. Llegas pensando que, porque ganas en Futures, estás listo, y de repente te enfrentas a tipos que viajan con preparador físico y entrenador, y piensas: ‘¿Cómo voy a ganarles?’».
A ese inicio modesto se sumaban unos hábitos poco profesionales. «De joven no cuidaba nada la dieta», reconoce. «Me encantaban los ‘tostis’ y la comida rápida holandesa. Era el tipo que, si había que hacer diez series en el entrenamiento, hacía ocho. Entraba el último y salía el primero». El punto de inflexión llegó a los 27 años, cuando empezó a trabajar con Sebastian, un fisioterapeuta y preparador físico sueco. «Él fue un gran cambio para mí. Empecé a comer mucha más carne, pescado, verduras… eliminé el pan y la pasta casi por completo. También mejoré el descanso. Hoy sé que un ‘tosti’ no va a ayudar a mi derecha o a mi revés».

Ese proceso de profesionalización fue de la mano de un profundo trabajo técnico con Kristof Vliegen, el entrenador que, según dice, más ha influido en su carrera. «Cuando era junior no tenía ni saque ni derecha. Con Kristof cambiamos la derecha, construimos un plan de juego y mejoré muchísimo el saque. Ahora es una de mis armas y me considero un jugador que sirve muy bien bajo presión. En el tenis masculino actual necesitas una buena derecha; sin un gran revés puedes sobrevivir con slice, pero la derecha es imprescindible».
Hoy, esas carencias iniciales se han transformado en fortalezas. «Siempre tuve la sensación de que al final iba a llegar. Quizá podría haberlo hecho antes, pero estoy muy contento con el camino que he seguido y con todo lo que he aprendido en cada etapa», concluye.


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