Historia del ciclismo

Jan Ullrich: «Yo también tuve referentes; Miguel Induráin, por supuesto»

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Jan Ullrich (Foto: immo tommy)
Jan Ullrich (Foto: immo tommy)

Nadie como Jan Ulrich para encarnar la decepción que supuso el ciclismo de los años 90 y primeros 2000. El ciclista alemán era uno de los pedaleadores más elegantes del pelotón, pero como tantos otros cayó en el dopaje sistemático y estructural, aunque ahora sostenga que como lo hacían todos la competición al final estaba igualada.

Ahora, por lo general, en las entrevistas, el alemán, nacido en la extinta RDA, suele repasar en tono lastimero lo que supuso su caída y su descrédito como deportista profesional. No obstante, entre frases hechas sobre el martirio, se le cuelan algunas sobre ciclismo. Por ejemplo, en una entrevista con Tommy Primorat, en la que ha revelado que Miguel Induráin era su ídolo.

 Para él fue importante: «Yo también tenía referentes en mi vida. Mi primer referente fue mi hermano. Y más adelante, ya como ciclista, también Induráin. Era un ciclista español. Yo siempre he tenido referentes, y sigo teniéndolos hoy en día, porque me interesan mucho las historias de vida y las personas que han pasado por situaciones parecidas».

Para quien tiene peores palabras es para Bjarne Riis, que en las entrevistas que da ahora también habla solo de sufrimientos y el drama que le supuso decepcionar a todo su país por doparse. Ullrich no tiene buen recuerdo de él cuando eran compañeros de equipo: «Yo durante muchos años no bebí nada de alcohol. Eso tenía que ver también con mi historia familiar. Mi padre tenía problemas con el alcohol y eso influyó mucho en mí. Durante mucho tiempo decidí no beber. Luego, ya en el equipo profesional, llegó Bjarne Riis a nuestro equipo. Él había ganado el Tour de Francia en 1996 y era nuestro capitán. Venía con una mentalidad muy italiana, digamos. Él siempre decía: ‘Por la noche, con la cena, una copa de vino tinto forma parte de la vida’. Decía que una buena copa de vino con una buena comida era algo normal, algo que pertenecía al disfrute. Y claro, eso empezó a influirme. El alcohol empezó a aparecer en mi cabeza como algo positivo. Veías que el rendimiento seguía siendo bueno, que seguíamos ganando carreras».

Jan Ullrich (Foto: Cordon Press)
Jan Ullrich (Foto: Cordon Press)

Pero aquello no tardó en convertirse en un problema: «En ese momento todavía era disfrute. No era un problema. Era una o dos copas de vino por la noche, algo social, algo integrado en el día a día del equipo. Eso formaba parte del ambiente profesional de entonces. Nadie lo veía como algo negativo. El problema vino después, cuando empecé a utilizar el alcohol no para disfrutar, sino para reprimir cosas. Ahí empezó el proceso peligroso, pero eso ya fue mucho más tarde»

La omertá y Jan Ullrich

Y sobre el tema, por supuesto, quien aparece es Lance Armstrong, quien actualmente dice sentirse respetado por sus compañeros de profesión pese a su red de dopaje y amenazas para mantener el silencio sobre el hábito. «Durante muchos años yo no dije nada. Me callé. Pensé que el silencio era lo correcto. Luego, años después, otros empezaron a hablar. Entre ellos Lance Armstrong. Él hizo su confesión pública. Y, claro, eso volvió a poner todo sobre la mesa. Volvió a aparecer la pregunta: ‘¿Y tú? ¿Vas a decir algo también?’».

Al principio, se sentía salvo: «En aquellos años era un problema general. No solo en el ciclismo, pero yo hablo del ciclismo porque es lo que conozco. El deporte estaba contaminado, prácticamente todo el ciclismo estaba contaminado. Yo fui solo una parte de eso. No fui el único».

Y por lo visto considera que aportó algo con su denuncia tardía: «Mientras no estaba resuelto ni para mí ni para la opinión pública, yo seguía reprimiéndolo todo. Entré en un modo de negación total. Pero cuando otros empezaron a confesar, cuando se supo que el sistema funcionaba así, eso también me ayudó. Me ayudó a poder hablar de ese contexto, a explicar que no era una cuestión individual, sino un problema estructural de toda una época. El hecho de que otros corredores, entre ellos Armstrong, hablaran públicamente, facilitó que yo también pudiera hacerlo más adelante. No para justificarme, sino para explicar cómo funcionaba realmente el ciclismo en aquellos años».

El ídolo caído

Ullrich es consciente de que su figura pública es la de alguien que también acabó decepcionando a todo un país: «Lo peor no fue solo que me apartaran del deporte, sino que me quitaran mi identidad. Mi deporte, de la noche a la mañana, todo aquello que para mí era valioso en la vida, desapareció bajo mis pies. Todo lo que había construido se vino abajo de golpe».

Jan Ullrich (Foto: Cordon Press)
Jan Ullrich (Foto: Cordon Press)

Durante años, Ullrich no supo cómo gestionar ese vacío: «Al principio todavía eres fuerte, eres joven, estás en una forma física increíble. Pero te lo quitan todo. Y aunque por fuera parece que sigues teniendo una buena vida, por dentro no sabes quién eres. Yo no tenía otro ámbito al que agarrarme, no tenía otra identidad».

Encima, la prensa, llegado el momento, se cebó: «En ese momento piensas que esto no va a terminar nunca. Sientes que todos te miran solo por tus errores. Da igual lo que hayas conseguido antes. El éxito anterior desaparece y solo queda la caída. Y con eso tienes que aprender a vivir». Durante muchos años no supe cómo manejar esa situación. No sabía cómo aceptar que ya no era el que había ganado el Tour, sino alguien que había decepcionado. Eso pesa mucho. Pesa durante años».

Los tristes años 90

Pero para él, el problema no fue tanto doparse como formar parte de un deporte que funcionaba así de manera estructural: «Hay algo que mucha gente no entiende hoy. En aquellos años era un problema general. No solo en el ciclismo, aunque yo hablo del ciclismo porque es lo que conozco. El deporte estaba contaminado. Prácticamente todo el ciclismo estaba contaminado».

Ullrich insiste en que su caso no fue una excepción ni una anomalía: «Yo fui solo una parte de eso. No fui el único. No era algo individual. Era el sistema tal y como funcionaba entonces. Yo quería tener las mismas condiciones que los demás. Como deportista, quieres competir con las mismas armas. Y si todos lo hacían, al final la competición seguía estando igualada». Lo de siempre.

Incluso se atreve a decir que durante años sintió que romper ese pacto tácito suponía una traición: «Yo no quería traicionar al ciclismo. No quería traicionar a mis compañeros. Para mí era impensable salir y contarlo todo. Por eso me callé. Pensé que lo correcto era guardar silencio. Me aconsejaron que no dijera nada. Nadie tenía experiencia con algo así. Todo estaba en el aire, los procesos duraban años, y yo pensaba que lo mejor era callar. Pero eso no lo resolvió, solo lo fue aplazando».

Jan Ullrich (Foto: Cordon Press)
Jan Ullrich (Foto: Cordon Press)

Sin embargo, su silencio fue estruendoso: «Durante muchos años no dije nada. Me callé. Pensé que el silencio era lo correcto. Pensé que lo mejor era no hablar, no removerlo todo otra vez. Mientras no estaba resuelto ni para mí ni para la opinión pública, yo seguía reprimiéndolo todo. Entré en un modo de negación total. Simplemente lo empujaba hacia dentro y seguía adelante como si no hubiera pasado nada».

El problema, admite, es que lo no dicho no desaparece. Se acumula: «Eso no se procesa solo. Lo vas reprimiendo durante años, y llega un momento en el que está tan lleno que desborda. En mi caso explotó varias veces. Te vacías un poco y luego vuelve a llenarse. Pero nunca se resuelve. Había procedimientos abiertos durante años. Todo estaba en el aire. Me aconsejaron que no hablara. Nadie sabía cómo manejar una situación así. Y yo pensaba: esto ya se resolverá de alguna manera».

Y reconoce la realidad: «Hoy sé que callarme fue un error. No hablar no me protegió. Al contrario, me fue destruyendo poco a poco por dentro».

El precio en salud mental

El silencio prolongado y la imposibilidad de reconstruir una identidad fuera del ciclismo acabaron derivando en un deterioro profundo de la salud mental de Ullrich. Durante años, explica, fue deslizando sin darse cuenta hacia una depresión que al principio no supo reconocer ni nombrar: «Eso fue derivando poco a poco en una depresión. Al principio una depresión ligera, casi imperceptible. Tú sigues funcionando, sigues viviendo, pero algo ya no va bien».

La situación se agravó con el tiempo, especialmente cuando el mencionado alcohol empezó a formar parte de su rutina diaria como forma de anestesiar el malestar interno: «Luego llegó el alcohol. Más tarde también las drogas, incluso combinadas con el alcohol. Fue terrible. Yo pensaba: lo voy a manejar solo. Soy el ganador del Tour de Francia. He conseguido todo lo que me propuse en el deporte, esto también lo voy a poder resolver por mí mismo».

Jan Ullrich (Foto: Cordon Press)
Jan Ullrich (Foto: Cordon Press)

Esa convicción de autosuficiencia, heredada de su mentalidad de deportista de élite, terminó jugando en su contra: «Mirándolo ahora, todo eso era una tontería. Tendría que haber buscado ayuda profesional mucho antes. Pero entonces pensaba: eres un hombre, no puedes mostrar debilidad».

Y fue incapaz siquiera de hablar de estos problemas, ni en público ni en privado. La sola idea le resultaba insoportable: «Si retrocedes cinco o seis años, yo no habría sido capaz de hablar de estos temas. Ni siquiera en un entorno cercano. Hoy estoy aquí hablando contigo, pero entonces no podía».

Ullrich describe cómo el autoengaño se convirtió en parte del proceso. Beber a escondidas, minimizar el problema y convencerse de que todo estaba bajo control eran mecanismos habituales: «Cuando empiezas a beber a escondidas, cuando empiezas a mentirte a ti mismo, ahí ya es peligroso. Yo pensaba: si no lo ve nadie, entonces no pasa nada. Pero en ese momento ya estás perdiendo el control».

La espiral descendente alcanzó su punto más crítico tras la ruptura familiar, cuando se quedó solo y sin estructuras externas que lo sostuvieran:  «Cuando mi mujer se fue con los niños y me quedé solo, ahí fue cuando realmente se me fundieron los plomos. Durante un tiempo no sabía ni qué estaba haciendo con mi vida. Solo me anestesiaba para no sentir nada. Si te drogas o bebes de esa manera, es porque no te quieres a ti mismo en ese momento. Si te quisieras, no te meterías veneno en el cuerpo».

Masculinidad herida

En mitad de esta crisis, dice que no podía permitirse mostrar debilidad: «Eres un hombre, no puedes mostrar debilidad. Eso lo tenía muy metido en la cabeza. En el deporte, y especialmente en el ciclismo, los problemas mentales se veían como una señal de fragilidad. Yo pensaba que podía con todo. Que si había ganado el Tour de Francia, esto también lo podía resolver solo. Me decía: aguanta, sigue, no pasa nada. Pero eso no es fortaleza, eso es negación».

Lance Armstrong y Jan Ullrich (Foto: Cordon Press)
Lance Armstrong y Jan Ullrich (Foto: Cordon Press)

Otro de los problemas fue que no tenía oficio ni beneficio fuera del ciclismo: «Yo no tenía otro ámbito. No había estudiado otra cosa, no tenía otro camino. No dije: voy a estudiar de nuevo o voy a empezar en otra dirección. Eso lo fui dejando pasar. Vivía bien, podía hacer lo que quería, no tenía presión económica. Eso hace que lo vayas posponiendo todo. Te dices: ya encontraré algo. Pero no llega si no lo buscas».

Lo más duro fue comprobar que estaba siguiendo los mismo patrones que sus antepasados: «Mi padre tenía problemas con el alcohol. Eso lo vi desde muy joven y me marcó muchísimo. Durante muchos años decidí conscientemente no beber nada de alcohol. Sabía exactamente a dónde podía llevar eso. Por eso decía: yo no voy a beber, yo no quiero eso para mí. Y de repente te encuentras haciendo exactamente lo que siempre dijiste que no harías. Eso es muy duro de aceptar. Te das cuenta de que no eres tan diferente como pensabas».

Esa toma de conciencia llegó tarde, cuando el problema ya estaba instalado y había dejado de ser una elección: «Durante mucho tiempo pensé que tenía todo bajo control. Pero en realidad estaba repitiendo un modelo que conocía muy bien. Eso lo entendí solo mucho después».

La redención

En la parte final de la entrevista, Ullrich deja claro que su decisión de hablar no responde a un ajuste de cuentas ni a una voluntad de justificación personal. Su objetivo, insiste, es otro: «Hoy hablo de todo esto porque creo que puede ayudar a otras personas. Todo el mundo carga con su propia mochila en la vida. A veces se vuelve muy pesada, y si no sacas cosas de ahí dentro, te acaba aplastando».

Jan Ullrich (Foto: Cordon Press)
Jan Ullrich (Foto: Cordon Press)

Desde esa convicción, entiende su testimonio como una forma de acompañar a quienes atraviesan situaciones similares, especialmente en el terreno de la salud mental. Y hasta ahí, porque todas las redes mafiosas que se lucraron con su salud y la de sus coetáneos, siguen impunes: «Si hay una sola persona que escuche esto y diga: ‘No estoy solo, a mí me pasa algo parecido’, entonces ya ha valido la pena. Durante mucho tiempo reprimí todo. No lo resolvía ni para mí ni para los demás. Cuando empiezas a hablar de verdad, algo se libera».

Aunque al final, según dice, le queda la lección: «He cometido muchos errores, he decepcionado a mucha gente, pero también he aprendido mucho. Y eso forma parte de quien soy hoy. No quiero que se me recuerde solo por ganar o por caer. Quiero que se entienda que también me levanté. Si mi historia sirve para que otros pidan ayuda antes, para que no esperen tantos años como yo esperé, entonces todo este dolor habrá tenido algún sentido», concluye.

 

 

 

5 comentarios

  1. Eres un referente para todos, no podemos imaginar lo que has pasado en esos momentos tan malos, ni tampoco en los momentos de gloria, que ya los quisiéramos todos. Gracias por hacernos disfrutar y vibrar con tu ciclismo. Un abrazo.

  2. Miguel Ángel

    Ullrich fue un grande, y lo es más haciendo este ejercicio de sinceridad. No merece que se califique su exposición como «lastimera»…

  3. Como dice el Dr sans segarra de eso se trata de descubrir el ser y la verdadera identidad .en eta vida. Y en cuanto al doping todos a lo hacian así que igualadad de condiciones todos Grande ulrich . 💪💪💪

  4. Pingback: Jan Ullrich reflexiona sobre su caída, la salud mental y su admiración por Induráin - Hemeroteca KillBait

  5. Increíble deportista, a la altura de Miguel Induráin, que debería tener la cabeza muy alta y estar orgulloso de lo que ha sido.
    Él no tiene la culpa de lo que está establecido como normal en el ciclismo profesional.
    Muy fan de él así como de Pantani, y siento pena de que trabajores como son los que entrenan con la bici todos los días desde niños terminen siendo juzgados por supuestos aficionados estivales como si hubieran sido delincuentes.

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