
Cuando un gran equipo no funciona, suelen buscarse explicaciones ajenas a la lógica del juego. Sobre el Madrid, esta temporada se ha dicho que varias figuras se envidian, que algunas hacen la cama al entrenador o que al equipo le falta intensidad, orgullo, hambre. Es lo habitual. Sin negar la porción de verdad en todo ello, la razón subyacente es siempre futbolística.
La historia está repleta de ejemplos al respecto. Alineaciones en las que, aunque parezca lo contrario por la dimensión de sus nombres propios, ni el nivel actual ni la complementariedad de sus futbolistas son idóneos. Entonces pierden hasta que algún entrenador identifica el problema, toca apenas un par de las delicadas teclas del fútbol y vuelven a ganar. Sin ir más lejos, el Madrid puede acudir a la historia y encontrar un prototipo en su máximo rival.
Rijkaard pierde el control
Para el verano de 2006 el Barça era campeón de Liga y Champions. Como previsibles refuerzos, firmó a dos finalistas del Mundial: Thuram y Zambrotta. También llegó Gudjohnsen, desde el Chelsea campeón de Premier, y retornó Saviola. Ambos lo hicieron para relevar al veterano Larsson, delantero cuya aportación en la final europea había sido capital, asistiendo en los dos goles contra el Arsenal.
A excepción del argentino, quien corrió la misma suerte que su antecesor Maxi López, todas las incorporaciones disfrutaron de numerosas titularidades durante el curso. Sin embargo, lejos de mejorar, el equipo empeoró hasta el punto de conseguir únicamente la Supercopa de España, el menor de los seis títulos a disputar. ¿Qué sucedió?
En febrero de 2007 el Barça había perdido ya dos títulos y Eto’o regresaba de una larga lesión de menisco. Habiéndose negado a ingresar contra el Racing el día 11, explicó: «Yo no tengo ningún problema. En el Barcelona hay dos grupos, uno es el del presidente y otro es de otra persona que son los que están preocupados tras saber que he vuelto». Señalaba la guerra entre Laporta y Rossell, con adeptos en ambos bandos, algo que le llevó a enfrentarse a Rijkaard y a la pareja que componían Deco y un Ronaldinho a quien acusaba de no esforzarse para el equipo.
De tal modo, la ausencia de títulos a final de temporada se achacó por completo al mal ambiente entre las estrellas. Al descontrol que había sufrido Rijkaard, desamparado esos meses tras la marcha de su ayudante Ten Cate, contrapeso emocional para los jugadores. Por su mano blanda, se dijo, el técnico desperdició la mayor plantilla de la historia del Barça hasta ese momento.
Sin embargo, lo cierto fue que la razón futbolística pesó incluso más que el deterioro ecológico. Tanto el estado como la participación de algunos jugadores, entre quienes se incluían los fichajes, quebró la sintonía de las alineaciones en puntos sensibles y en consecuencia el juego tornó insuficiente.
Un Zambrotta contranatural
Empezando por abajo y desde lo individual, Zambrotta fue titular como lateral derecho. Era mejor futbolista que Oleguer e incluso que Belletti, de quienes tomó el puesto. Sin embargo, era menos adecuado que ellos para rendir en un Barça tipo.
Desde tiempos de Cruyff, en el juego azulgrana las fases de construcción y posesión se presentan fundamentales. En ese modelo combinativo, tanto Oleguer —por su estancia en el filial— como Belletti —por su origen brasileño— interpretaban con sentido cuándo y cómo debía circular el balón.

Oleguer era mediocre pero ese buen hacer lo sostuvo. Sin complicarse, seleccionaba pronto el momento para encontrar a compañeros más dotados técnicamente y darles el pase más sencillo de entre los posibles. Belletti, por su parte, conocía el fútbol ofensivo desde la asociación y la llegada a línea de fondo. Elegía con precisión las subidas y explotaba con frecuencia los espacios libres, algo muy arraigado en la tradición de su país. Así hizo el gol de la victoria contra el Arsenal.
Del otro lado, Zambrotta sentía el juego desde lo físico y las zonas adelantadas. «Jugaba de medio ofensivo y Lippi me retrasó al lateral izquierdo. En la selección y durante el Mundial jugué a la derecha», dijo en El País. Asimismo, había vivido bajo el espectro táctico del rígido Calcio de los noventa, donde siempre sobran pases y todo pulmón es poco. «Es completamente diferente la forma de entender el juego desde la visión italiana o desde la española», aseguró.
El poderío de Zambrotta pasaba por recibir balones, conducir con potencia y aprovechar el buen manejo de ambas piernas para chutar o centrar. Estas cualidades chocaban en Barcelona. Se le vio en numerosas ocasiones decidir mal tanto las subidas como el pase, priorizando conducciones arriesgadas en jugadas que no lo demandaban. Atrás no era fiable para construir y adelante era un mal socio para Messi, quien no podía combinar con él de manera rápida ni segura.
El propio Zambrotta reconoció, en una entrevista concedida a El País, que le costó mucho adecuarse al fútbol de asociación. «Jugar de defensa en el Barça es un gran desafío. No es fácil dejar el Calcio y jugar en España. Tienes muchos hábitos adquiridos. No sólo he cambiado el modo de vida. Lo más importante es que he cambiado la manera de jugar. Debes hacer un trabajo de calidad porque estás obligado a participar en el ataque y ser exigente en todas las decisiones. No es fácil ser lateral en el Barça. A mí me ha obligado a una reforma. La diferencia está en tener la pelota y jugarla».
Un ejemplo trágico de estas dificultades se dio en su segunda y última temporada, durante la vuelta de las semifinales de la Liga de Campeones. Bajo el estrés propio de jugar contranatura, Zambrotta decidió ejecutar un pase temerario en la zona más comprometida del campo, acción que derivó en el gol de Scholes que los eliminaría.
No obstante, el problema de Zambrotta no se limitó al mecanismo de ataque, puesto que en el plano defensivo también tuvo dificultades. En primer lugar, al no ser defensa, su concepción en la zaga no superaba a las de Oleguer y Belletti, ni acaso su técnica defensiva. Se colocaba y decidía mal los movimientos de ajuste. Esto se sintió con cualquiera de los dos acompañantes centrales que tuvo. Aunque las carencias surgieron especialmente de su interacción con el diestro Thuram.
Thuram descuelga las botas
Gracias a su contundencia en todo orden, el francés fue legendario de lateral y de central, tanto en Francia como en la Serie A. Sin embargo, había estado cerca de retirarse tras Alemania 2006, pero la llamada del Barça le hizo reconsiderar su decisión. Ya con 34 años, su nivel había menguado considerablemente y sus condiciones eran muy distintas.

En una mala decisión de Rijkaard, el galo se hizo con el sitio de Márquez desde noviembre, arrebatándole más de la mitad de partidos ligueros. El Thuram veterano mantenía el dominio del cuerpo a cuerpo y el juego aéreo, siendo en estos aspectos aún superior a Márquez. Es de reconocer que así evitó muchos goles cuando el equipo se encontraba en bloque bajo. Pero ya no era un gran anticipador, sino que se trataba de un central lento, rígido de movimientos, dependiente de la posición y sujeto a las distancias. Estos son los asuntos vitales para aquel equipo.
En el plano individual, muestras del último Thuram se dieron en el Clásico del Camp Nou, donde regaló un gol a Higuaín por llegar exigido a un cruce y sufrió cada mano a mano contra Van Nistelrooy, a quien aguantaba para finalmente no conseguir bloquearle los tiros a portería.
La relación defensiva entre Thuram y Zambrotta, en un equipo que se instalaba habitualmente en campo rival, fue deficiente. Eusebio, ayudante de Rijkaard, explicó que «no es lo mismo defender metido en una línea de cuatro muy atrás, muchas veces incluso de cinco con tres centrales, que hacerlo con cuatro jugadores abiertos y los laterales que se van cada dos por tres, con 40 metros a tu espalda».
Debido a esa tendencia ofensiva de Zambrotta, en la Italia campeona del mundo su acompañante era Cannavaro, central rápido, quizá el mejor corrector del momento. Mientras en su última Juventus, Capello elegía tres centrales para completar la zaga. Kovac y Chiellini acompañaban a Thuram, así este tenía menos espacio que cubrir hacia su derecha, donde volaba Zambrotta.
En el Barça, si bien la capacidad física de Zambrotta le hacía destacar en el pressing posicional, era la reestructuración tras la fase ofensiva lo que fallaba. Al subir dejaba tras de sí una parcela de terreno que debía cubrir Thuram, a menudo por velocidad ante ataques lanzados. «He tenido que asumir nuevos conceptos, prescindir de movimientos a los que estaba muy hecho, porque el juego azulgrana tiene unas exigencias únicas», reconoció el francés. Actuando de ese modo, ya no estaba preparado para dar garantías, así que desde ese sector nacieron numerosos goles del rival.
Sin Márquez, el Barça pierde juego
El déficit de Thuram no se limitó a su decadencia y a su relación con Zambrotta. Lo sustancial fue que su participación afectó directamente al latido de aquel Barça, una fase de construcción de la que dependía el buen funcionamiento de todo lo demás.

Hasta la fecha, Márquez había capitalizado el engranaje con balón desde el sector derecho. Mientras la tensa zurda de Van Bronckhorst compensaba las carencias de Puyol como iniciador desde el central izquierdo. Si Márquez era un mediocentro organizador vestido de zaguero, Thuram nunca destacó por dominar los tiempos y la ejecución del pase a tal grado. Como además en ese particular Márquez era un jugador expansivo, con él los acompañantes daban su tope técnico y en su ausencia tocaban fondo, por lo que las dificultades para salir jugando se extendieron como gangrena.
En ese contexto, los interiores se veían obligados a retrasar demasiado su posición prácticamente en cada jugada. Como pivote, Edmilson estaba enfocado al sostén defensivo y exigía ver el juego de cara para sumar en ataque, por lo que Deco y Xavi eran los únicos encarados de desactivar las presiones rivales y dar claridad a la salida. Sin ellos en la base, el balón no avanzaba. No extraña, en este sentido, que Iniesta ganara minutos en una zona de primeros volantes que no explotaba todas sus virtudes.
De tal modo, los mejores equipos conseguían provocar bloqueo asociativo en un Barça que ahora carecía de la segunda vía de construcción fiable: el pase diagonal desde Márquez hacia la banda izquierda, ocupada por Ronaldinho.
Las temporadas anteriores, los zagueros del Barça tocaban abajo en la derecha y, con el rival basculado, Márquez ejecutaba su excelso pase medio-largo que superaba la línea de presión. Luego Ronaldinho controlaba como los dioses y precipitaba los ataques. A diferencia del mexicano, Thuram tampoco dominaba este tipo de desplazamientos, lo que rompió una sintonía entre alejados definitiva para el equipo.
Ronaldinho decide jubilarse
No obstante, Márquez jugó mucho ese curso, aun sin ser indiscutible. Así que para entender del todo la pérdida de impacto de esta relación a distancia, también es necesario detenerse en la evolución del propio Ronaldinho.
El brasileño fue decisivo en la exitosa temporada 05/06, pero incluso con ello, ya no era el mismo futbolista que llegase al Barça en 2003 procedente del PSG. Aquel jugador hábil y potente que, además de generar juego, desbordaba defensas en regate para encontrar casi siempre un último pase o un chut letal, poco a poco desaparecía.
Tras conquistar el Balón de Oro, Ronaldinho decidió jubilar a ese futbolista, prematura y definitivamente. Pasó a ser mucho más estático, basando su influencia en el pase —sobre todo medio y largo— y en acciones puntuales de golpeo, ya fuera tras jugada corta o a balón parado.

Sin el entorno creado por Márquez, y en su nueva condición futbolística, Ronaldinho recibía el balón en peores condiciones que las temporadas anteriores, casi siempre de espaldas, encimado y con menos ventaja espacial. Como ya no giraba y salía con electricidad, ahora era previsible y más sencillo de anular. De tal modo, tendía a amagar y buscar el envío hacia la espalda de la zaga oponente, a menudo sobre el segundo palo, ya fuera para encontrar un remate o para generar una segunda jugada en el área. «Ronaldinho me daba pases dado la vuelta», dijo Saviola en El Confidencial.
Este Ronaldinho, más atrasado por sistema, más pasador y menos desequilibrante por condición, desde la banda necesitaba como nunca delanteros complementarios que atacaran los espacios y así dieran continuidad a su talento. Sin embargo, donde habían estado Giuly y Larsson, ahora aparecía un Messi de cualidades distintas.
Larsson era un excelso rematador que, partiendo muchas veces desde la banda, aprovechaba los espacios generados en la última línea por la basculación hacia el sector de Ronaldinho y los constantes movimientos de Eto’o. Por su parte, Giuly, aun siendo un extremo rápido con el balón dominado, también interpretaba el juego desde el desmarque profundo. Así lo demostró ante el Milan, filtrándose entre los mejores centrales de Europa para ofrecer la asistencia a Ronaldinho y marcar el gol que dio la clasificación para la final.
Messi, en cambio, vivía principalmente de crear fútbol. Como el mejor Ronaldinho, su posición en una banda solo era simbólica, un punto de partida desde el que acaparar el balón para desbordar a su par o relacionarse por dentro. A sus 19 años, era ya el mejor futbolista del mundo. Pero con él en lugar de Larsson o Giuly, era necesario reinventar los patrones grupales. Buscar otras ubicaciones y sintonías para Ronaldinho y Messi. Algo que con Rijkaard no sucedió.
Sin Eto’o no hay presión
Pero los problemas en la fase ofensiva no terminaban ahí. El recambio de Larsson para ejercer como suplente de Eto’o fue Gudjohnsen. El islandés era inferior a ambos y, además, resultaba menos adecuado para el juego de aquel Barça. «Venía del Chelsea, donde jugaba casi siempre en el centro del campo. Como delantero era el único punta, solo arriba. No es que me sintiera incómodo, no es eso, pero jugar en el Barça no es tan fácil como parece desde fuera», declaró.
Al final hubo de contar casi las mismas titularidades que Eto’o y el juego lo sintió. Como referencia, Gudjohnsen era útil para el ataque directo por vía aérea, algo que el Barça apenas utilizaba. Era un atacante corpulento que entraba bien desde segunda línea, sin marcación fija, pero de nivel insuficiente para salir airoso en duelos contra los mejores centrales. A diferencia de Eto’o, tampoco servía para desenlazar los contragolpes u ofrecer desmarques de ruptura que aprovechasen tamaños asistentes.

Su mayor aportación pasó por hundir la zaga rival y crear espacio en zona de aceleración para que Messi lo aprovechase. También tocaba de cara para el buen chut de los interiores. Pero incluso en ese rol, le cuestionaron en El País que abusase de girarse al recibir, y contestó que «desde joven, esa jugada ha sido uno de mis puntos fuertes. Trabajo para crear espacios con el equipo con mis movimientos. Soy mi primer crítico. He perdido algunas oportunidades con esa jugada…»
No obstante, dada su implicación, las cifras goleadoras de Gudjohnsen fueron decentes. En lo que verdaderamente afectó al rendimiento del equipo fue una fase defensiva que dependía en buena medida de presionar alto. Recordada es la frase de Eto´o en su presentación: «No prometeré 50 goles, pero sí correr como un negro para vivir como un blanco».
En este mecanismo Eto’o y Larsson resultaban troncales, a diferencia del frío y pesado Gudjohnsen. Así las cosas, especialmente a partir del bajón de Ronaldinho, el pressing se volvió insostenible, sin delanteros capaces de asfixiar a los centrales y a los primeros recuperadores del rival. Por lo que, roto desde abajo y roto desde arriba, aquella manera de entender el equipo era imposible de sostener.
Con todo, aquel Barça perdió la Liga por los enfrentamientos directos contra el Madrid de Capello, toda vez que se quedaría a un gol de alcanzar las finales de las siguientes Champions y Copa del Rey. Tal material seguía habiendo en la plantilla.
Guardiola naturaliza el equipo
Tras dos temporadas de dinámica similar, Rijkaard se marchó y Guardiola se hizo cargo del primer equipo. Tanto la Junta directiva como el técnico de Santpedor tomaron decisiones precisas, y el juego volvió a ser orgánico.
En la zaga salieron Thuram, para retirarse, Zambrotta, hacia su añorado Calcio y Oleguer, quien tuvo acomodo en un Ajax hermanado con los culés. En sus respectivos lugares llegaron Piqué y Alves, acaso el central y el lateral derecho más importantes de la historia del Barça. Estas variaciones hicieron que la mejora en la línea de fondo fuese absoluta: de una defectuosa a la confección de otra inmaculada.
Piqué había sido residual en un United donde Ferdinand y Vidic eran indiscutibles. Sin embargo, a los 21 años tenía las ganas, las piernas, el dominio del balón y el juego aéreo, el sentimiento y todo lo que se le puede pedir a un central del Barça. Junto a él, el nuevo técnico recuperó a Márquez, repartiéndose ambos los minutos con Puyol.
El capitán aún estaba en edad para hacer eficaz la línea adelantada con su inigualable capacidad de corrección. «Si hemos de jugar con tres atrás, con tres jugaremos pero los tres las piernas de Oleguer y Puyol han de tener», había escrito Guardiola en 2006.
También firmaron al joven Cáceres, pero como Guardiola detectó pronto que no tenía nivel para ese equipo, naturalmente no jugó. Nadie llega a ser el entrenador más ganador que han dado los tiempos por confiar en futbolistas sin la categoría exigida para el conjunto que dirige, sino que lo es exactamente por lo contrario. Del mismo modo, Milito se lesionó y esto evitó que el nuevo técnico le redujera la cantidad de partidos que, siendo un central justo para tamañas aspiraciones, había jugado la temporada anterior gracias a Rijkaard.
En cuanto a Alves, probablemente se hable del mejor lateral derecho de la historia, tanto defensiva como ofensivamente. Tan adecuado como Belletti pero además muy superior, con el brasileño volvió a bordarse el inicio del juego en un sector donde aparecía una sintonía perfecta bien con Piqué o bien con Márquez. Asimismo Alves fue, del centro del campo en adelante, el mejor socio combinativo de Xavi y sobre todo de Messi. Ahora fluían las paredes, los pases «cortos, al pie y al primer toque» (en palabras de Cruyff, a través de Seirul•lo).

Cuenta Alves que aquel Guardiola les exigía encontrar a Messi desde zonas interiores, cuando el argentino partía de extremo, a fin de que recibiera el balón en mejores condiciones. Pero él le corregía diciéndole que lo que había que hacer con Messi era mantenerlo activo a través de todo tipo de pases; cuantos más, mejor. Un futbolista tan especial está por encima del concepto, quiso decir. Gracias a la alineación de Guardiola y a los consejos de Alves, desde ese momento Messi coleccionó Balones de oro.
El descarte de Deco y la apuesta por Busquets
Para el nuevo centro del campo salió Edmilson, que en realidad era un central usado de pivote, insuficiente para asegurar el máximo domino territorial a través de la posesión. Salió Motta, mediocampista de categoría que en el Barça vivió entre lesiones. Y ascendió en su lugar Busquets, otro acierto del técnico, quien tras dirigirlo en el filial pudo afinar en la apreciación de su talento.
Aunque el canterano creciera en posiciones adelantadas, por características se trataba del clásico 4 barcelonista. Su valedor lo definió así: «el mejor centrocampista de contención que he tenido. Lo leía todo. No se movía mucho, pero su cerebro lo resolvía todo». Justo lo que dijeran del propio Guardiola personas como Rexach o Seirul•lo.
Más allá del nivel, en un equipo de carácter posicional, como pivote Busquets destacaba sobre Touré, en esencia un segundo volante para influir en todo el campo a través de su zancada, como luego demostraría en la Premier con un City campeón. De ahí que acabara por arrebatarle el puesto. Más tarde, el costamarfileño declararía que Guardiola «quería dominar y tener jugadores obedientes», por lo que él no encajaba.
No obstante, las salidas más sonadas en la parcela creativa fueron Deco y Ronaldinho. Lo que parece una decisión de riesgo fue en realidad pura sensatez de Guardiola, habida cuenta del estado de los futbolistas y la situación de plantilla.
Para un equipo que invariablemente iba a formar con solo dos interiores, el portugués tenía 30 años y menos nivel que Iniesta. Mientras Ronaldinho contaba 27 mal llevados en lo profesional. A todas luces ya era insuficiente como crack de un equipo de primer orden, como demostraría el rendimiento en su siguiente paso por un Milan venido a menos.
De tal modo Iniesta se estableció junto a Xavi. Contó Guardiola que en el Barça dudaban de que ambos pudieran jugar juntos, pero él contestaba: «Si son buenos e inteligentes, ¿por qué no?» Fue otra relación de iguales, como todas en las que confió el técnico para el centro del campo, que suelen ser las idóneas para encontrar un determinado estilo.

El banquillo también mejoró. Fue firmado Keita, centrocampista de notable nivel y equilibrio físico-técnico. Y Gudjohnsen, ingresando sobre todo en las segundas partes, pasó a tener ese rol de centrocampista llegador en el que se sentía mejor. De nuevo, buenas decisiones del dúo compuesto por Laporta y Guardiola cara a aquella temporada.
El adiós de Ronaldinho abre un contexto para Henry
En lo referente a la delantera del 4-3-3 de su confianza, para cubrir la ausencia de Ronaldinho el técnico estableció a Henry, atacante con tendencia a caer a la izquierda.
La temporada pasada el francés actuó sobre todo como delantero centro, su ubicación natural, ante las numerosas ausencias de Eto’o derivadas sus problemas físicos y la participación en la Copa de África. De esta manera, en 2008 el sector izquierdo pasaba a tener otra interacción a la dada con Ronaldinho. Si este estaba para crear, Henry estaba para acelerar y definir.
Ahora el equipo se asociaba por la derecha con Alves, Piqué, Busquets, Xavi y Messi, entonces ese sector atraía la mitad del equipo rival. En cuanto el argentino recibía el balón, se aclaraba todo unos metros más allá. Si Messi no conseguía activar directamente a Henry, aparecía Iniesta como conector definitivo.
Aunque la izquierda no le era extraña, siendo su zona siempre que jugó con Eto’o, explica Henry un matiz importante del siguiente modo: «Guardiola solía llamarlo las tres pes: jugar (se refiere a play, aunque en realidad esta pe es de presión), posesión y posición. Esta última era la más importante. Quédate en tu posición y confía en el compañero que tiene el balón para que te llegue. Mi posicionamiento fijaba al lateral derecho y permitió que Iniesta recibiera el balón». Luego el español se lo daba al pie o se lo filtraba, pero siempre con un lazo.
En el nuevo Barça, a Henry se le pedía sostenerse. Ese estricto sentido posicional que destaca el delantero, hasta entonces desacostumbrado pese a jugar para Rijkaard, responde al purismo de Guardiola. El técnico acudió al ejemplo de su referente Cruyff sobre el uso de Lineker o Stoichkov. Se trataba de delanteros con velocidad y potencia a los que era preciso dar contexto en un equipo que, por la condición común de sus generadores de juego, iba a instalarse en la mitad rival durante los partidos (ese «viajar juntos» popularizado por Guardiola). Partir desde la banda les otorgaba espacio para poder trazar rupturas hacia adentro.

En el caso de Henry, el extremo izquierdo también le beneficiaba el «con balón», ya que en fase de posesión su jugada predilecta era chutar al palo largo tras internarse desde la banda. Hizo más de veinte goles, prácticamente el doble que la temporada anterior.
El indulto de Eto´o para recuperar al Barça
Según anunció en su primera rueda de prensa, Guardiola tampoco contaba con Eto’o, a priori por los temas actitudinales arrastrados de sus últimas temporadas. Bien descartados asimismo los delanteros Dos Santos y Bojan como apuestas de club, el primero rumbo al Tottenham y Bojan sin previsión de titularidad, sacar también a Eto´o hubiera sido catastrófico para la alineación. Pero el técnico supo rectificar y en esa decisión estuvieron los títulos de aquel Barça.
El camerunés lo jugó todo. Fue decisivo para una presión adelantada en la que, junto al emergente y entusiasta Messi, también decidió colaborar Henry. «Guardiola me hizo entender que el pressing era bueno. Desarrollé el gusto por presionar arriba y aprecié así otra área del juego».
Pero la principal recompensa al indulto de su técnico llegó en forma de goles. Eto’o disputó a Forlán el Pichichi hasta la última jornada. Finalizó igualmente segundo en Europa, con 10 tantos en una Champions que levantaría el Barça. Eto´o recuperó la alegría jugando y haciéndolo para un equipo que jugaba bien.
Todo lo anterior demuestra que la revolución de Guardiola partió y concluyó en lo futbolístico. Descartó a quien había que descartar, al tiempo que contrató, promocionó y se quedó a los mejores futbolistas. Estableció alineaciones complementarias, que respetasen la lógica del juego (o sea, de los jugadores). Si bien Rijkaard había descuidado lo importante, nadie llega a ser el técnico más ganador de la historia sin aguzar la mirada. Los mejores posibles para jugar al estilo en que se sentían cómodos. Guardiola ajustó lo futbolístico y entonces, desde el puro fútbol, revivió lo anímico.
El problema de fondo en el Madrid de Alonso es el mismo que tuvo Rijkaard entonces o Ancelotti la temporada pasada. Es que la plantilla tiene futbolistas peores de lo que se dice, toda vez que la descomplementariedad de la alineación es manifiesta jueguen los que jueguen. Entonces el fútbol no fluye y el entorno, siempre confundido, enturbia el juicio.
Por suerte para el técnico, estamos en el mercado invernal y un par de adecuadas incorporaciones pueden hacer que Vinicius le sonría y la prensa vuelva a respetarles.


Obvio que el problema del Madrid es futbolístico: sin Militao, y con Huijsen pasando un bache, no hay salida limpia y los laterales no ayudan; no hay ningún futbolista en mediocampo que tenga fútbol para hacer jugar al equipo (se fueron Kroos y Modric y llegaron macheteros); Mbappé ocupa (permanentemente) la zona ala que Vinicius y Belingham se alternaban para llegar y ver puerta (aparecer, no estar); hay cuatro futbolistas que se creen con licencia para no trabajar defensivamente, lo cual es insostenible.
Pero es complicado separar algunas de estas cuestiones del tema de los egos: Valverde sería de mucha ayuda como ‘2’, pero se niega y es un lastre queriendo ser Modric/Kroos (no puede); Bellingham podría darse cuenta de que no es una estrella mundial sino un futbolista que vio mucha puerta durante seis meses de su vida, pero que lo mejor que puede hacer para ayudar a su equipo es aprovechar su físico para correr arriba y abajo, presionar, ocupar zonas libres aunque no vaya a ser el destinatario del centro pues va a atraer rivales que liberarán a un companero, etc; Vinicius podría darse cuenta de que hay un futbolista (mucho) mejor que él en el equipo, y que la forma de ayudar es la de aprovechar su físico para la presión y su velocidad y 1vs1 para ser un extremo al uso que juegue para los demás y no para él.
Respecto al Barca de Rijkaard 2006-08: Thuram juega mucho más de lo inicialmente planificado porque Márquez, como Ronaldinho, también abdica y se pasa anho y medio viajando a Madrid casi cada tarde para ver a Jaidy Mitchell. A Rijkaard le faltaron intervencionismo para salirse del sota-caballo-rey (si los nuevos no encajan, pon a los que ya estaban) y autoridad para sentar a Ronaldinho (y Deco) y darle las llaves del equipo a Messi e Iniesta en su lugar. Claro, aquella lesión de Eto’o no ayudó ni en lo deportivo (tardó en recuperar esa explosividad suya + Gudjohnsen no era ‘9’) ni en la caseta (era un tío que ayudaba a Puyol a tenerles a todos firmes, y Carles se quedó solo).
Sin arbitro no party.
Hasta 10 presidentes del Comité de Árbitros tuvieron vínculos con el Madrid como refleja el infográfico adjunto.
El primero ya defendió los intereses del club blanco en el terreno de juego y en el palco. Alfonso Albéniz Jordana, hijo del compositor Isaac Albéniz, jugó tres partidos oficiales en el Barça pero después de mudó a Madrid y allí militó en la plantilla del club merengue (1911-12) antes de ser socio y directivo (1913-1917). Y a partir de ahí, la lista es interminable hasta llegar a José Plaza pasando por Carlos Dieste Vega (jugador del Madrid en 1914 y 15 y directivo de 1913 a 1916), Luis Colina Álvarez (presidente del Stadium de Madrid, filial del Real Madrid, socio y directivo) Antonio de Cárcer (socio y directivo del Madrid), Julián Ruete Minuesa (jugador, socio y directivo), Eulogio Aranguren (jugador del Madrid diez años), Emilio Suárez Marcelo (socio del Madrid y organizador de las Bodas de Oro del club en 1952), Luis Saura del Pan (jugador blanco en dos etapas y socio) y Arturo López Espinosa (futbolista merengue de infantiles al primer equipo).
Una retransmisión típica en España:
0 Comentarios de que el gol precede de una falta inexistente.
0 Repeticiones de una posible mano de Rüdiger en el área.
0 Comentarios de la Roja a Gonzalo que el VAR decide olvidar.
27816 Repeticiones y gritos del gol de Valverde.
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