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Borja Fernández: «El Del Bosque de la cantera del Madrid era bastante autoritario, diferente al que todos conocemos»

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Borja Fernández

Entre los ecos del vestuario y el murmullo del río Miño, Borja Fernández (Ourense, 1981) parece haber encontrado la paz. Fue uno de ‘los Pavones’casi fue‘los Borjas’ que compartió equipo y fiestas de máximo glamour con Ronaldo y el resto de Galácticos del Real Madrid. Era el inicio de una larga carrera futbolística cargada de aventuras y altibajos, y que remató, injustamente,en un calabozo tras destaparse el erróneo caso Oikos.

Libre de condena, pero no de rabia, lee, escribe y reflexiona con la misma intensidad con la que antes cortaba ataques sobre el verde, a la vez que se implica en lo político y en lo social, sin rehuir el debate ni la opinión.

Borja nos abre las puertas de su pequeña bodega en Belesar (Lugo), en plena Ribeira Sacra, para compartir dos horas de charla bajo una majestuosa ladera con miles de viñedos que asoman desafiando la gravedad. Como buen anfitrión, no falta el vino sobre la mesa: una cosecha propia que rinde homenaje a sus abuelos y a la idiosincrasia de una tierra que, como él, ha aprendido a renacer y resistir ante las adversidades.

Francisco de Borja Fernández Fernández…

¡No! Borja Fernández Fernández. Por fin conseguimos quitarlo de Wikipedia. Le pedía a Mario Miguel (jefe de prensa) en Valladolid que lo quitase. Lo quitaban y al cabo de un mes estábamos otra vez con Francisco de Borja. De hecho, en una entrevista que me hicieron en un canal de televisión cuando fui a la India comienza diciendo: «Francisco de Borja Fernández Fernández, nacido en…». Alguien empezó a ponerlo en Wikipedia y en muchos sitios sale así.

Yo que te iba decir «nombre solemne para paisaje imponente» …

(Risas). Lo puedes poner y decir: «Pero al final no, es solo Borja».

La Ribeira Sacra es un poco tu refugio espiritual, ¿no?

Sí, lo conocí recientemente. Mi familia es de la Ribeira Sacra, pero de la parte de Orense, de A Peroxa. Esta zona la descubrí en mi penúltimo año en el Valladolid con varios compañeros: Mata, Antoñito… Venimos con las parejas de milagro, no sabemos ni cómo. Cuando empecé a bajar por aquí con el coche, mi pareja, que en ese momento iba en otro, dijo: «Está buscando casa seguro». Yo ya había entrado en Idealista a ver qué había.

Encontré un sitio muy chulo y luego apareció este otro. Siempre que está libre vengo por aquí porque me encanta, estoy súper agusto. Disfruto mucho también la soledad y si es con amigos, con amigos. Y si es con pareja, con pareja. O con familia. Siempre que está libre, aprovecho.

¿Cómo está la zona y cómo estás tú después de los terribles incendios que hubo el verano pasado?

Aquí hubo uno cerca, a cien metros. Estaba una amiga aquí alojada, me mandó el vídeo e impacta. También en Os Peares empezó a arder. Veníamos de un partido en Monforte y veía todo lo que pasaba en la televisión, pero no lo veías tan de cerca. No creo que exista la palabra adecuado que resuma todo. Es desolador, a veces estás bastante afectado por lo que le está pasando a la gente.

Un día salí a correr y casi no se podía respirar… Y los incendios estaban a sesenta kilómetros. Ves a gente peleándose en vez de ayudar, echando culpas, no solo políticos, sino la sociedad… Se mezclaba todo.

¿Tuvisteis problemas en pretemporada para entrenar con ese aire contaminado?

No, tuvimos problemas con el calor para jugar antes de los incendios. A mí me recordaba a la India con toda la polución que había. Dos de las tres veces que fui a jugar a Delhi, una entrenamos con mascarilla y otra estuvimos tres días sin entrenar porque estaba prohibido el deporte al aire libre por contaminación. La sensación era esa. No poder respirar. Hace calor, ves claridad, ves que hay sol, pero no ves más. Estuvimos cuatro o cinco días que no se veía nada. Abrías la puerta de casa y respirabas que parecía hasta sólido.

Aquí, por lo que veo, a tus viñedos no les afectaron los incendios.

No, hubo un conato que duró media hora. De hecho, había un hidroavión cogiendo agua aquí y la soltaba a doscientos metros.

¿Tanto incendio tú crees que es un problema político, de prevención, faltan medios…?

Los tres. Hay datos que muestran que se ha dejado mucho de la mano de Dios en vez de prevenir. Ves senderos que están totalmente tapados. Yo vivo en el campo y a mis vecinos, cada dos por tres, cuando veo que crece, se lo digo y van y cortan. Yo también corto todas las acacias que tengo alrededor. Vas protegiendo un poco.

Están ahí los datos. Han quitado un montón de brigadistas, de limpieza. Me acuerdo cuando pasó en La Culebra, hace dos años, que se decía que ya sí se iban a empezar a gastar más dinero y salen dirigentes diciendo que es un despilfarro. No tienen forma de demostrarlo después si no arde, pero bueno, vemos que no arde porque «se ha despilfarrado» ese dinero.

Eres una persona muy activa ya desde hace tiempo en X (antes Twitter). Has dado mucha caña con el conflicto entre Palestina e Israel, con la corrupción, has criticado a Alvise, Vito Quiles, PP, PSOE… ¿Lo haces como desahogo o porque consideras que tienes altavoz por ser exfutbolista y tienes más seguidores que otra gente?

Me sale más por desahogo. Luego, si a alguien le puede hacer pensar, igual que yo leo cosas y me hacen pensar a mí, pues mejor. Muchas veces es impotencia y luego me toca pillar de los dos lados: unos me llaman facha y otros me llaman rojo.

Borja Fernández

Eso dicen que es bueno…

Sí, lo que hace es que no te calles. Pero claro, muchas veces pones algo y ya te pone alguien: «Y no dices nada de no sé qué…». De seis meses atrás. Pues sí lo dije, a lo mejor no me seguías o no te llegó ese tuit, o no estabas viéndolo en ese momento… Estamos criticando esto, no hace falta compararlo.

Eso es otra crítica diferente, la podemos hacer. O a mí no me da la gana de hacerla. Hazla tú. Pero si yo estoy criticando algo que veo que no me gusta, yo creo que lo que tienes que hacer es opinar: estás en contra o estás a favor, pero de una forma adecuada.

Es imposible, obviamente, es imposible. Me pasó el caso Oikos y mi madre se tuvo que quitar Twitter. Todo lo que estaba leyendo veía que era al revés y leía unas cosas que sufría muchísimo. La gente que está detrás de una cuenta muchas veces viene a pagar otras cosas que no van con la persona a la que está respondiendo.

De hecho, un mes después de que se muriese mi padre, un aficionado del Celta, que el año anterior había jugado contra ellos y había marcado gol con el Dépor, me llamó «huérfano» el Día del Padre a primera hora de la mañana. ¿Qué pretendes? ¿Estás un mes esperando a que llegue el Día del Padre para llamarme huérfano? No me afectó para nada, pero me duele como ciudadano.

Siempre hay uno o dos tontos en todos lados que empañan a otras personas que están alrededor. Hay gente que va a los estadios a pasárselo bien, a disfrutar y tiene una competitividad sana. Quiere que gane su equipo, pero no va a insultar al árbitro o a insultar al jugador que hace lo mismo que hace el de su equipo, pero le aplaude.

¿Verter estas opiniones políticas en redes sociales te ha creado algún problema importante?

Sí, hay gente que se lo ha llevado a lo personal. El año pasado dije que la reforma del estadio de O Couto había sido bastante mala y llamaron al club de la Xunta. Incluso algunos amigos míos dijeron: «Oye, tu amigo se puede estar callado».

Bueno, haz las cosas bien. Si me preguntan, pues yo opino. Es que me gusta no ser políticamente correcto, porque si todos somos políticamente correctos…Yo no voy a ponerme a criticar a mi madre por Twitter, por no estar de acuerdo por como ha hecho algo. Puedo hablarlo con ella, pero si yo veo una mala actuación de algo y a mí me preguntan o a mí me fastidia, pues estoy en mi derecho de poder decirlo.

Echando la vista atrás alguna vez he dicho: «¿Yo lo hago ahora porque estoy en una posición buena, privilegiada?» Y no. Me acuerdo, con quince años, discutir con alguna persona en el Real Madrid y era el último mono en haber llegado. Sí que muchas veces pues eres un bocachancla y luego pasa algo y dices: «¿Para qué lo habré dicho?» Aunque tenga razón. Pero luego me gusta, me quedo más tranquilo pasando ese mal momento conmigo mismo que tragándome sapos.

¿En los vestuarios se habla de política?

Sí se habla, pero imagínate el conocimiento que puede haber ahí. Recuerdo un día en el vestuario del Real Madrid que había elecciones. Era en 2003, 2004, no recuerdo…

Ahí fueron las de después del 11M, en 2004.

Sí, coincidió porque recuerdo que fui con Núñez a aquella famosa protesta contra ETA porque parecía que había sido ETA. Ahí estábamos en la Castellana acojonados por si saltaban otras bombas.

El atentado de Atocha fue al día siguiente de haber ganado al Bayern de Múnich en la Copa de Europa en el Bernabéu. Ganamos 1-0 y lo eliminamos. De hecho, nos fuimos a tomar algo después y, a las 4:30 o 5 de la mañana, yo pasé por el Pozo del Tío Raimundo a dejar a un amigo.

De hecho, escuché las bombas desde la casa de mis suegros, en Fontarrón, al lado del estadio del Rayo. Yo pensaba que estaban soltando fuegos artificiales por algún lado. Mi suegro se iba a Atocha, era encargado de limpieza de los cercanías, y cuando nos despertamos y vimos lo que pasaba… Acojonados.

No sé si fue en esas elecciones o un año antes o después, pero recuerdo que llegó uno, que no voy a decir quién es, y dijo:«¡Tú a la derecha siempre! Vota a la derecha que con esos pagamos menos impuestos». Y claro, a ti se te queda eso y no tienes esa formación o no has sido curioso con ciertas cosas, pues venga, ya está.

Yo escucho muchas veces comentarios, más cuando jugaba que ahora de entrenador, porque estoy en un fútbol más modesto y a lo mejor hay gente que se ha dedicado también durante unos años a estudiar, formarse o a tener más ideas propias. Y sí veo que se paran más a pensar. En el fútbol profesional muchas veces lo que veía, y lo lees muchas veces en Twitter, eran comentarios fáciles.

Al final estamos muy sesgados con lo que escuchamos y lo que tenemos alrededor. Un día estaba en una boda y a última hora dice uno: «No conozco a nadie que haya votado a Pedro Sánchez». Yo pensaba: «¡Normal! ¡Normal!». También tengo amigos que no conocen a nadie que haya votado a Feijóo. Yo, sin embargo, sí que tengo amigos en todas partes porque bueno, hay una parte que no me gusta, pero entiendo que todo el mundo tiene sus opiniones.

Me imagino que ese comentario en el vestuario del Real Madrid es más o menos habitual dentro de un equipo profesional donde se gana mucho dinero…

Sí, seguro (ríe). Es lo más normal, ya no solo en el Real Madrid. La gente, muchas veces, cuando tiene dinero pierde un poquito la perspectiva de lo que pasa alrededor. A lo mejor de lo que hacen tus padres, tus familiares o tus amigos.

Borja Fernández

Eres una persona muy aficionada a los libros. Recientemente saliste a defender la importancia de una sociedad lectora tras una polémica publicación de la influencer María Pombo donde decía que «no sois mejores porque os guste leer». ¿Cómo te veían a ti en el vestuario? ¿Eras una persona un poco extraña por esa afición?

Sí. No sé si era Manu del Moral o quién era que me llamaba bohemio. Me lo han llamado varias veces, pero bueno, seguramente tampoco sabían lo que significaba algunos de ellos. No Manu, que él sí es una persona más inteligente.

Me veían raro. Yo, por ejemplo, si jugábamos en Sevilla, a lo mejor por la mañana si no teníamos nada que hacer, cogía un libro, me iba a dar un paseo y me sentaba en cualquier parque, donde fuera. Otras veces no me apetecía, me apetecía quedarme a dormir y descansar por la mañana.

Pero no era el único que leía. A lo mejor era el que le daba un poco igual lo que pensaban de mí. Sí que mucha gente te veía diferente porque te pones a leer, o porque vas a ciertos sitios o no juegas a la Play. También aquí rompo una lanza en favor de que el que quiera jugar a la Play que juegue a la Play. Y otra de que hay mucho futbolista que tiene estudios, que es más culto, se preocupa por otras cosas y a lo mejor no tiene Instagram, no lo publica y no hay alguien que se lo vea.

Sí que hay una fama que tenemos bien ganada los futbolistas y en algunos casos es injusta porque hay gente que se preocupa por más cosas que no sea jugar al fútbol y ese lujo que se ve.

¿Qué libros leías o qué autores consumías más?

Siempre me ha gustado mucho el misterio, la novela negra… Es lo que más me engancha, pero he leído de todo porque la gente me iba regalando y siempre voy intercambiando. Me gusta mucho la novela histórica, también algo que no es novelado… Leo de todo. Hay cosas que me gustan más o me gustan menos. Por ejemplo, de poesía, solo leo lo fácil porque no tengo comprensión o no tengo esa paciencia para leer algo más profundo, pero en cosas de historia de filosofía, que me gusta bastante, sí que leo un poco.

¿También te gusta escribir?

Sí, aunque hace tiempo que no escribo. De hecho, hace poco tuve una conversación por un libro que yo he escrito y lo tengo ahí parado desde hace ya varios años. Cada vez que vuelvo a leerlo cambio cosas, me avergüenzo de alguna, la cambio, la escribo de otra manera… Es una novela que empecé a escribirla en 2010. En 2014 la tenía ya acabada, pero le di diez vueltas más y ahora estoy pendiente de volver a coger el hábito para dejarla bien, dentro de mis conocimientos.

En algún momento hablé con algún editor y había cosas que le gustaban mucho y otras que no. Me dijo: «Esto está supermal hecho». Otras le sorprendían para bien, pero bueno, no tengo ninguna pretensión ya de publicarlo. En algún momento de mi vida sí, pero ahora que la vuelvo a leer y con todo lo que he leído y digo: ¿Para qué voy a publicar yo esto? Obviamente, sí que hay gente que quiere leerlo. A lo mejor me voy a la imprenta, lo imprimo y listo.

Luego empecé a escribir con Iñaki Bea en la web del Real Valladolid. Más tarde, cuando me fui, seguí por mi cuenta con un blog, pero hace ya tres o cuatro años que no escribo nada. Pero leo mi blog y leo columnas en la prensa, veo la calidad con la que escribe la gente, y entonces cada vez me da más vergüenza.

¿Es una novela negra?

No, empecé a escribir sobre situaciones que había vivido yo y otras que me había fijado de otra gente. Se encadenan así diferentes historias, están todas relacionadas y van fluyendo. Imagino que tiraría de películas o de novelas que me han gustado y que me han llamado la atención.

Por la fecha en la que lo escribiste, estabas jugando…

Recuerdo que tuvimos una concentración larga con el Getafe en La Manga. Ahí todos los días escribía bastante. Diego Castro me decía que le sorprendía porque estábamos en la habitación juntos en ese viaje.

Pero fue más por épocas. Me sentaba por las tardes y me tiraba dos o tres horas escribiendo. Le daba la vuelta al móvil y disfrutaba un montón. Se nota mucho de las primeras cosas que escribí a las últimas, la forma de expresarme…

Me gusta releerlo e ir cambiando cosas o ir mejorándolas, dentro de mi perfeccionismo. Para algunas cosas soy así, para otras soy más pasota, o más conformista. En ciertos momentos envidio a la gente conformista. Me quita muchos problemas y, más que problemas, muchas rayadas.

¿Es cierto que tienes amigos universitarios que les fastidia perder con un exfutbolista al Trivial?

¡Sí, sí! ¡Muchísimo! Y a mi cuñado que es escritor, César Pérez Gellida, cuando le gano le da rabia. Que no le gano siempre, es un tío muy culto y con mucho conocimiento en ciertas cosas. Y amigos universitarios igual. Se saben la lista de los reyes godos y, a lo mejor, yo por una película me acuerdo de un detalle y acierto. Muchas cosas son por leer y por fijarme, aunque algunas personas digan que no es tan importante leer, sí que tengo más conocimiento de algunas cosas.

Borja Fernández

¿Eso influye en el fútbol?

A la hora de jugar no. Pero sí que hay aspectos que puedes leer, filosóficos o cosas que han ocurrido que te ayudan a llevar mejor alguna situación. Por ejemplo, a partir de los veinticinco años me he tomado las cosas de otra manera, más calmado. A lo mejor en ese momento estoy nervioso o es una situación estresante, pero estoy más calmado. No sé si eso me ha ayudado alguna cosa que he leído, posiblemente.

Hablemos de tu carrera. ¿Ya desde tu infancia en Ourense se te veía que podías llegar a ser futbolista?

Nunca me he creído que me iba a pasar lo que me ha pasado. Lo soñaba, pero nunca me lo he creído. Incluso estando en el Madrid, en los cadetes y tal, yo eso lo veía lejísimos. Veía a Redondo, Zamorano, Raúl… y decía: «¿Cómo voy a jugar yo con ellos algún día? ¿Con este cuerpo?» Luego empiezas a crecer y lo natural es que…

Siempre jugué en la selección orensana, gallega, española, pero no lo veía cerca.

Ya, como cualquier otro niño, vamos…

Bueno, hoy en día hay padres que se piensan que sus hijos con ocho años, hablando mal, les van a sacar de pobres. Y eso es un problema muy grande.

¿Crees que eso pasa más ahora que antes?

Yo creo que sí. Antes era más… ¿Mi hijo por qué no juega? O madres y padres gritando en la grada.

Ahora es más… Un día en Reus, estando en Segunda en la temporada 2017-2018, salí a pasear y me senté en un parque. Vi a un niño de seis o siete años y el padre le ponía conos. Entonces el niño iba con el balón, los iba regateando y esa era la educación que le estaba dando el padre. Lo estaba preparando para ser futbolista.

El niño lo que va a hacer es cogerle manía a esto. Ver al padre con la pelota y decir… prefiero leer (risas). A lo mejor le venía bien. Ahora quieren preparar más a los niños y lo ves en los padres, como ya empiezan con tema de alimentación, de gimnasio, con niños de trece años. En vez de pensar que esa alimentación es buena para su desarrollo, piensan que es buena porque luego va a estar mejor preparado para jugar al fútbol. Yo creo que es un problema.

En ese aspecto, tanto el tema de la nutrición como el apartado físico, la diferencia entre tu época en los 90 con la de ahora es abismal, ¿no?

Nosotros no hablábamos de hidratos de carbono. Había unos macarrones con chorizo, genial porque están ricos. Pero los niños ahora son como que hay que hacer esto, esto y esto.

A mí la nutricionista del Madrid me dijo que no podía comer huevos fritos y… (gesto de rechazo). «¿Un huevo frito? ¿Estás loca?»

La visión mía es que antes se era mucho más profesional con el equipo, con la profesión, con el juego de equipo, con el club. Y ahora se es más profesional con uno mismo y se piensa menos en el club y demás.

Tú ves golpeos de balón o acciones técnicas que antes se las veía solo a los buenos, buenos. Ahora, cualquiera mínimamente preparado es capaz de hacer alguna acción espectacular que a lo mejor estás pensando que ese gol lo marcó Zidane, Baggio, Maradona o Bergkamp no sé cuándo, contra no sé quién y es uno de los momentos de la historia. Y resulta que ahora ves de repente algunos goles…

Te fuiste a Madrid en edad cadete. ¿Cómo era la vida de un niño que de repente se va de casa con quince años?

¡Y de Orense! Que hasta Benavente no había autovía. Buenas palizas se pegaban mis padres.

El primer año fue extraño. No será bullying, pero sí que no estuve a gusto del todo con algunos compañeros en la residencia. Me llevaba bien con la gente, pero también tenía una parte muy solitaria y el primer año me quise venir dos o tres veces. Recuerdo un día que quería venir a casa y llamó mi padre a Del Bosque y le dijo: «Oye, ya sé que le dijiste a Borja que no podía venir, pero es mi hijo y queremos que venga».

Del Bosque dijo: «Perfecto, que vaya, pero nosotros decidimos sobre el club. Si va, que se vaya con todo, que ya no vuelva». Él tenía la experiencia de un montón de niños que tienen que superar esos caprichos, porque muchas veces son caprichos. Es… «Pues yo me quiero ir con mis amigos». Ya no es el que «necesito el calor de mi familia». Hay niños que sí, hay otros que era más un capricho. Y yo, en ese momento, era: «Pues me quiero ir».

Vivíamos en un hotel, al lado de Chamartín, e íbamos a clase por las mañanas. Una persona vigilaba si estábamos en cama o en la habitación aún. Cogíamos el autobús o el metro, íbamos al colegio y volvíamos para comer. Teníamos que estar todos a las dos en el comedor. El día que no entrenabas te ibas al cine o ibas a hacer algo por ahí por la tarde, o te quedas estudiando o haciendo el gamba en el hotel. Luego entrenábamos casi todas las tardes y el fin de semana había partido.

A mí es que entrenar siempre me ha gustado mucho. Recuerdo un día en Orense que llegué tarde al entrenamiento porque estaba jugando al futbolín. Cuando llegué me dijo mi entrenador: «¿Y estas horas?» Y le dije: «Es que me castigaron en clase». Mentira. Pero veía a mis compañeros divirtiéndose, estaban ya en el partidito y yo calentando solo… Luego me metió en los últimos diez minutos y dije: «Yo no quiero futbolín, a mí me gusta esto». Yo creo que he aguantado tanto porque siempre me ha gustado mucho el entrenamiento y el día a día.

¿Qué es lo que te pasó cuando llegaste a Madrid? ¿Típicos vaciles de niños?

Tú piensa que yo en mi equipo nunca he sido el mejor, pero ni aquí en Orense. A lo mejor sí era el mejor, pero había otro que también era muy bueno. Entonces otro podía opinar que el mejor era el otro. Entonces yo nunca tuve esa parte de ego de «yo soy el mejor del equipo».

Aquí, en Orense, a lo mejor éramos dos. Cuando llegué a Madrid, en vez de ser tres buenos, eran quince. Pero quince en el Cadete A, quince en el Juvenil C, quince en el Juvenil B…Y muchos vivíamos en el hotel. Estábamos treinta y pico, cuarenta niños allí. Allí está lo mejor de todos lados.

Eres uno más, hay gente que tiene otras personalidades, son más echados adelante… Luego hay gente veterana, que, aunque fuera de mi edad, vas a la selección española y te mira un poquito así… Había muchas envidias entre la gente de Madrid y la gente del hotel. Y los padres muchas veces alimentaban también esos problemas.

Y yo justamente me llevaba bien con gente de fuera también. Es decir, no hacía mi gueto con los del hotel, que también tenía buenas relaciones en mi día a día. Pero a lo mejor me iba a casa de algún compañero o su madre me traía ropa que me había lavado y planchado porque en el hotel nos la robábamos entre nosotros (risas).

A ellos les decían: «¿Por qué te llevas tan bien con la gente de fuera?». Y a mí era: «Los padres de la gente a nosotros nos tienen un poquito de manía». Yo les decía: «Me llevo bien con él, voy a su casa, como ahí con sus padres, con su familia. Incluso también ayuda a que nos vean de otra manera a nosotros. Que vean que estamos sufriendo, que lo estamos pasando mal. Y que nos ayuden».

Yo tenía quince años, acababa de salir de casa, me costaba socializar al principio, era bastante más tímido. Si venía uno y te decía una cosa fuera de tono, se reía de ti y la gente se reía alrededor… pues sufres. Estás fuera de casa, tienes que esperar a las diez de la noche a que te llamen tus padres… Yo escribía muchas cartas, me mandaban muchas también, a lo mejor recibía tres o cuatro cartas a la semana. Entonces la gente ya era: «Ya está el de las cartas». ¿Qué pasa? No pasa nada.

O me iba solo al Retiro a dar un paseo porque no quería estar metido en el hotel. El miedo al diferente y el querer reírse de alguien. Yo también en algún momento me habré portado mal con alguien y he visto alguna situación que me hacía gracia y no eres consciente de que esa persona esté sufriendo.

Borja Fernández

¿Quiénes estabais en ese hotel?

Alberto Rivera, Mista, Dorado que falleció hace poco… Esa era gente que se portaba muy bien con nosotros. Eran los mayores. Ya jugaban en Segunda División con el Real Madrid B. Estaban también Corona, José Luis Sánchez Capdevila, Nino, Luis García, Diego León… Había gente muy buena. Y luego la gente de Madrid: Casillas, Raúl Bravo, Miñambres, Aganzo

¿Quién era el que más te llamaba la atención en esa época?

Rubén Sánchez. Al final no llegó a nada. El segundo año lo echaron y no nos lo creíamos nadie. Llegó a debutar con el Racing en Primera, se rompió la rodilla y no tuvo más chance.

¿Del Bosque hacía la función de padre con todos vosotros?

Sí. Yo tengo dos referentes a la hora de mirar atrás y ver por qué conseguí llegar, aparte de padres, familia y ciertas cosas. Uno es Manuel Meiriño, que fue mi entrenador en Orense. Aún tengo relación con él. Y el otro es Del Bosque, que no tengo relación ni tuve una relación cercana en ese momento, pero viendo como él se comportaba con nosotros y los consejos que nos daba…

Es un Del Bosque diferente al que todos conocemos de entrenador porque era bastante autoritario. No tenía malos modos ni había nada raro, todo lo contrario, pero era: «Esto es así. Esto es así y esto tienes que hacerlo así». Cuando te decían: «Sube a hablar con Vicente». ¿En qué me ha pillado? En algo me ha pillado seguro.

Te daba muchos consejos futbolísticos. Era el padre de todos, pero no era una autoridad mala, no eran gritos y malas formas. No, era un tío recto, de respeto.

Luego lo veías entrenando al primer equipo, sobre todo el primer año que tuvo un momento malo que perdieron 1-5 contra el Zaragoza en casa y lo veías cabizbajo por las zonas comunes y era… «Este señor con lo que es y está sufriendo».

Cuando me subió al primer equipo me daba consejos, con cariño. Lo que yo veía en él, las cosas que hacía, cómo nos trataba y cómo sabía tensar esa cuerda, me llamó mucho la atención.

De hecho, falleció mi padre años después y me llamaron y… «Borja, soy Vicente». Se acordaba que mi padre trabajaba en la radio, mi madre era peluquera… ¡Con todos los niños que hay! Y se acuerda de todos nosotros. Pero de detalles… «El día que viniste a probar que apareciste por la montaña de repente…». Íbamos tres de prueba y los del hotel, como éramos tres que les podíamos quitar el puesto el año siguiente, se fueron sin nosotros.

Tuvimos que aparecer tres tíos de Orense en Moratalaz. Les estaban echando la bronca porque se habían olvidado de nosotros. Y, de repente, ven por ahí, por un cerro, tres tíos apareciendo perdidos. La broma debía ser…«Mira estos que son del pueblo». Estaban todos descojonándose.

Yo fui tres veces de prueba a Madrid. La primera era más media punta, luego empecé a ir a la selección de central y fui a final de temporada. Lo hicieron muy bien mis dos compañeros, Mara y Roberto, yo lo hice bastante mal. Pero me vieron que era alto, grande, que podía desarrollar. Me habían visto en la selección gallega, en la española y me volvieron a llamar. Volví quince días de prueba y en la tercera me cogieron.

Creciste en las categorías inferiores hasta formar parte del Real Madrid de los Galácticos.

Debuto el año de la Novena (01/02) en Copa contra el Pájara Playas y también juego contra el Nástic y contra el Rayo. A Liga y Champions voy, pero no llego a jugar. Yo empiezo a subir el año de Zidane (01/02), el año de Ronaldo (02/03) subo muy poco y el de Beckham (03/04) subimos Antonio Núñez y yo como miembros del primer equipo, aunque tenemos los primeros seis meses dorsal del filial por problemas de fichas.

¿Y cómo te encontrabas rodeado de los Ronaldo, Figo, Zidane, Beckham, Roberto Carlos…?

Pues era extraño, era muy extraño. De hecho, es, obviamente, la única vez que asumes que no juegas. A lo mejor también tiene razón el entrenador en otras épocas, pero no lo ves. Pero ahí…

Lo que más me he llevado, además de poder jugar con ellos y en algún momento determinado hacer buenos partidos y ser uno de los destacados con esa gente, fue el ver cómo afrontaban el día a día, porque era un sitio de mucha presión. Empezaba el Aquí hay tomate, una prensa más amarilla, más fea… Salían cosas de uno, de otro, malos momentos porque empezábamos a perder partidos…

¿Se hablaba de eso en el vestuario?

César puteaba muchísimo a Beckham. El otro se reía, pero estaba fastidiado porque le seguían. Me acuerdo un día que bajé con él al entrenamiento. Yo hablaba poco inglés, él menos aún castellano, pero nos íbamos comunicando. De repente, Beckham empezó a hacer unos gestos hacia donde estaba yo. Yo no entendía nada, pero era a gente que le seguía.

Él iba en su coche, el escolta en otro e iban dos coches de prensa rosa persiguiéndole. Dejaba a sus hijos y le hacían fotos, estaba en la grada viendo el entrenamiento y veía a los de la prensa ahí… La gente a veces se escuda: «Tiene dinero que lo aguante». Creo que es otra cosa diferente.

¿Aquel lema del equipo de los Zidanes y Pavones molestaba o dividía en el vestuario?

No, yo creo que no. Nosotros estábamos encantados porque subíamos. Yo creo que hizo más daño luego al Real Madrid cuando no acabó de salir bien que a nosotros. Yo estoy encantado de ser un Pavón. Casi es Borjas en vez de Pavones. Había debutado ya antes Pavón, pero llevaba un año sin jugar con el primer equipo y yo llevaba varios partidos yendo con ellos. De hecho, contra el Athletic, se lesiona Karanka e Iván Campo estaba con un cuadro de ansiedad.

En el descanso dice Del Bosque: «Que caliente Borja que sale ya». Yo supernervioso. Salí y escuché a Toni Grande diciéndole a Del Bosque que yo estaba jugando de mediocentro, ya no jugaba de central y que Pavón, que jugaba de central e iba por primera vez esa temporada, era más lógico.

Dijo que calentásemos los dos y al final salió Pavón. También debutó Valdo y Raúl Bravo. Y yo cogí un coche después del partido y me fui a Cuenca a jugar. En vez de debutar en el Bernabéu jugué contra el Conquense, con todos los respetos.

Borja Fernández

¿Cómo se gestionaba un vestuario con tantos egos?

Entre ellos se llevaban muy bien, se respetaban mucho. Lo que pueden decir en casa o a espaldas… pero entre ellos eso lo gestionaban bastante bien.

No sé a nivel entrenador si influía mucho más en su relación o influía mucho o poco. Con nosotros no había ningún problema. Yo coincidía a primera hora con Figo en el desayuno porque llevaba muy temprano a mi hija al colegio y él también. O iba ya para desayunar antes para estar preparado para entrenamiento y la relación era muy buena. E

stabas ahí hablando normal con él, riéndote, comentando una cosa que estaba leyendo en el periódico. Venía más gente, empezaban bromas… El día a día era bastante bueno y yo aparte en ese momento estaba con los ojos así (abiertos) y todo lo que veía era disfrutar.

Siendo tan joven, llegando desde Ourense de niño, rodeado de tanto crack de repente… ¿A nivel mental cómo se gestiona eso?

Yo creo que ahí me ha ayudado el hecho de nunca haber sido la estrella en mi equipo, además de otras cosas como la familia, la educación o la forma de ser.

Recuerdo un partido contra el Betis que estaba viendo un jugador que llevaba años jugando y yo estaba en el Madrid. Pensaba… «Este me tiene que ver con una envidia sana, o no, o insana…». Y yo jugando lo respetaba un montón, si lo tenía en los cromos desde hacía diez años… He llegado aquí de repente, he empezado a jugar con los mejores del mundo… y dirás: ¿A quién ha empatado este? Obviamente jugué ahí porque venía de la cantera y era una necesidad que había en ese momento.

¿Por qué crees que no ganó más títulos aquel equipo?

Yo recuerdo que llegábamos muertos a final de temporada. Batimos el récord negativo, cinco partidos seguidos del Real Madrid en Liga perdiendo. El sexto lo ganamos en el Calderón.

Dicen que en Mónaco (03/04), en el descanso, cuando nos marcan el 1-1, le dice Giuly a Zidane: «Por lo menos ya hemos maquillado el resultado». Y Zidane le dijo que estábamos muertos y que era un milagro que estuviésemos así. Giuly llegó al vestuario y dijo: «Oye, estos están muertos, vamos a ir a ganar, que no pueden con su alma».  Y fue el día de la remontada. No sé si será verdad, pero se decía.

Yo creo que ahí hubo un fallo grande y es que siempre jugaban los mismos. Y esos mismos iban con las selecciones, venían y jugaban. Cuando había rotaciones, me acuerdo un día de quede repente entramos cinco que no habíamos jugado o que habíamos jugado muy poco. Eso hacía que se volviera a confiar siempre en los mismos, que obviamente eran los mejores, pero yo creo que esa gestión no fue buena.

Recientemente leí a Ronaldo reconociendo que salía de fiesta en París porque no podía salir en la ciudad donde jugaba…

De hecho, hubo una crítica una vez a Roberto Carlos porque se jugaba la Liga contra el Athletic. Yo no estaba ahí. Ganaron, pero él cogió un avión el jueves y estaba en un desfile en París. Vino al día siguiente, entrenó y el sábado se jugaba el partido. Son cosas que no se veían bien y no se ven bien, obviamente.

En ese momento, tú cuando salías tenías que informar de que salías de la provincia donde vivías. Lo mismo me pasó en Valladolid. Tenía a mi hija en Madrid y le dije a Mendilibar: «Oye Mendi, yo me voy todos los lunes. Si quieres todos los lunes te lo digo». Me contestó: «¡Te tendré que dar permiso!». Era una broma. No me iba a negar ir a ver a mi hija.

Recuerdo muchos momentos en Madrid. Era un momento muy activo, Buddha estaba en pleno rendimiento. Jugabas Champions y casi siempre salías después. O si jugabas el domingo salías el jueves y el domingo pues otra vez volvías a salir. Ahí había mucha gente y no solo los del Madrid: estaban los del otro equipo, gente que jugaba ese día contra el Madrid, Atleti o Rayo, o hacían noche en Madrid porque venían de jugar contra el Athletic de Bilbao…

Te encontrabas a todo el mundo allí. No es que los del Madrid fuesen unos fiesteros, no, eran todos, lo que pasa es que algunos tienen más fama o se les conoce más.

¿Salíais incluso entrenando al día siguiente?

Sí, sí, sí.

¿Y había broncas por ello luego en el vestuario?

No, porque… ¡Y menos en ese vestuario! A lo mejor suena un poco raro, pero si tú eres responsable, si no llegas a las mil todos los días, si llegas en buen estado y al día siguiente te da para hacer un entrenamiento de recuperación que no se hace casi nada… La gente es joven. Incluso ahora de entrenador… es que es normal que la gente…

Hay muchas escuelas: «No, no. Fútbol y fútbol y…». No, es un niño de dieciocho años que está viendo a sus colegas que salen todos los fines de semana, entonces, porque un jueves o un miércoles se vaya a tomar algo y se divierta… Juegas un sábado y que por la noche se vaya con sus amigos de fiesta… No pasa nada. Pero nada.

Lo que pasa es que vivimos ahora mismo en un momento en el que «no, no, hay que centrarse en esto y solo hacer esto, y si tú quieres ser futbolista…». No, no, tú puedes trabajar bien, puedes hacer las cosas bien. Otra cosa es que salgas todos los días o que llegues borracho a tu casa todos los días. O cada vez que salgas llegues borracho a las cinco de la mañana. Eso no es compatible y menos hoy en día con la exigencia física que hay. Pero que un chico de veintidós años salga a cenar y tome algo con los amigos…

Borja Fernández

También se hablaba mucho en esa época de las fiestas en casa de Ronaldo. ¿Estuviste en alguna?

¡Sí, sí, claro! Muchas veces salíamos y después íbamos para allá. Estuve hasta en el famoso cumpleaños de Ronaldo. Estábamos Núñez y yo y llamamos a las parejas: «Oye, veniros que luego hay cumpleaños en casa de Ronaldo». Nos dijeron que fuéramos nosotros. A las diez de la noche el teléfono echaba humo porque estaba saliendo en todos lados desde fuera…

Luego estabas allí y, obviamente, había tías, había tíos, había venido gente de Milán, era una fiesta superelegante… Luego no sé en qué se convirtió porque a las diez de la noche Antonio Núñez y yo cogimos el coche y nos tuvimos que ir a casa.

Había una parrilla del De María, había camareros, había juegos para niños, estaba Figo con la mujer… Luego se hizo famoso el momento ese como que era el único normal. Bueno, normales éramos todos. Había gente que podía desfasar como desfasan tus colegas y otros que no.

¿Os fuisteis porque os llamaron vuestras parejas?

Sí, sí, claro. Pero también, al día siguiente era el Trofeo Bernabéu contra el River Plate y lo íbamos a jugar nosotros, los que menos jugábamos. Llegamos por la mañana a las once o así. Ronaldo llegó una hora tarde. Hicimos la foto oficial de ese año. Salimos todos riéndonos, de carcajada, por tonterías que estaban diciendo con Ronaldo.

Al año siguiente hizo una fiesta y creo que invitó a cinco compañeros con las parejas. Era supercerrada y había creo que quince personas en el cumpleaños.

Volviendo al campo. Te tocó también compartir vestuario con Gravesen, que además era tu rival por el puesto. ¿Era tan extravagante?

Sí, era muy personaje, pero era muy cariñoso también. De hecho, cuando me marché, me fui a despedir y me decía: «Yo quiero Borja aquí». Digo: «Claro, porque así juegas tú, no te fastidia».

Jugué porque me dio una patada en un entrenamiento y yo me caí encima de su tobillo. Se hizo un esguince y no se tomaba medicamentos, entonces no pudo jugar el siguiente partido y jugué yo. Al siguiente, él seguía sin tomar medicamentos, y jugué otra vez. Me regaló dos partiditos. Luego continué jugando, pero no titular porque jugaban él y Beckham. Yo siempre era el primer cambio.

Luego te fuiste al Mallorca y viviste una temporada complicada. Héctor Cúper dimitió y llegó Gregorio Manzano, que era entrenador y psicólogo a la vez.

En Madrid ya teníamos un psicólogo, pero bueno, nadie hacía mucho caso, entre que es novedad y los egos de «yo para qué quiero un psicólogo…»

Con Manzano vino Patricia Ramírez (psicóloga) e incluso viajaba con nosotros. Hacíamos trabajo psicológico durante la semana y en el hotel, grupal e individual. A mí me parecía muy positivo. El problema que ha habido en el fútbol es que se ha usado cuando iban las cosas mal, en vez de usarlo antes para potenciar, se ha usado siempre como milagro.

Los psicólogos mismos te lo dicen: «Sí, yo puedo ayudar de repente, pero si esto va mal, aquí no hay una varita mágica…». Luego ya tuve más psicólogos deportivos en otros clubes. En otros no, no podían ni verlos. Clemente no le hablaba al psicólogo.

Fue un año que iba para jugar todo y no jugué. Estaba cedido, pero estuve a gusto. Mallorca es un buen sitio y conocí a gente como Tuni, Moyá, que hoy en día es de mis mejores amigos, Víctor Casadesús y alguno más, pero sobre todo esos tres. Fue un año para recordar por la gente que conocí.

Después fichaste por el Valladolid que termina siendo el sitio en el que te asientas.

De no haber jugado el año anterior, me querían cuatro o cinco equipos de Primera. Me rescindió el Madrid tras hacer la pretemporada con Capello y después de la primera jornada me fui a Valladolid a Segunda División.

Ahí es el punto de inflexión. Recuerdo ese viaje a Valladolid en coche por la noche. Me estaba esperando mi representante, con Mario Suárez también, que firmó ese día. No sé ni cómo llegué a Valladolid. Venía de no haber jugado, de que no me quería nadie…

Para mí era un drama bajar a Segunda porque yo solo conocía la parte buena y la parte bonita. Entonces eso era un drama, me daba hasta vergüenza. Recuerdo un mensaje de Carlos Moyá que me puso: «Enhorabuena». Yo era… «Enhorabuena, ¿por qué? Si me voy a Segunda División». Luego, mira, todo lo contrario.

Recuerdo que me había separado tres días antes. Venía mal de una relación, venía mal del fútbol y llegué allí… Mendilibar un tío muy accesible, muy cercano, todo lo contrario que había vivido en los últimos años. Bueno, con Manzano bien, pero los otros entrenadores habían sido muy distantes. Los compañeros superhumildes, supermajos, un equipo de trabajo genial, un sitio muy humilde porque recuerdo los vestuarios, las duchas, el gimnasio era inexistente…

Venían de pasarlo muy mal económicamente y es donde más he disfrutado. Luego también hubo otros años buenos, pero tengo ese año como punto de inflexión. Empecé a vivir en el centro que nunca lo había hecho y empecé a conocer más esa vida de ir por la calle y de que no pasa nada porque te hablen o porque te digan: «Borja, qué tal, a ver si este domingo…».

Empezó a ir bien y batimos récord de puntos. De hecho, al final de año había dos equipos interesados en contratarme, el Valencia y el Atlético de Madrid. El club dijo que no, que iba a jugar en Primera y yo ni protesté, ni pedí aumento de sueldo ni nada. Ahí estaba bien. Y estuve cuatro años.

Borja Fernández

En tu cuarto año descendéis y termináis la temporada con Javier Clemente.

Era un personaje. Pero no sé si lo has escuchado alguna vez fuera de una rueda de prensa, haciendo un análisis futbolístico… Lo clava todo. Y eso pasó. Llegó el primer día, se sentó encima de la mesa y los pies no le llegaban al suelo. Lo veíamos superpequeñito. No conocía a nadie, pero se había estudiado al equipo. Decía…

– ¿Tú quién eres?

Álvaro Rubio.

– Zaragoza, Albacete… ¿Verdad?

Lo tenía en la cabeza porque se lo había estudiado durante la comida, mientras tomaba dos vinos. Nos conocía a dos porque habíamos jugado un partido benéfico ese año y nos había entrenado él. Conocía a Marcos, Asier Del Horno, Javi Baraja y a mí. No conocía a nadie más. Y con mucha naturalidad se cargó a los que se tenía que cargar, no pasó por el aro de nadie y casi nos salvamos. De hecho, los puntos con él son de UEFA. Ganamos tres, perdimos en el Camp Nou y en el Calderón, y empatamos otros tres.

Le escuchabas hablar…

– Ellos son más fuertes, ¿no?

– Sí.

– Son más altos.

– Sí.

– Tienen más calidad

– Sí.

– ¿Qué tenemos que hacer? Meternos todos atrás.

O le decía a uno…

– ¿Cuánto mide el defensa de Sevilla?

– 1,90

– ¿Dónde hay más sitio? ¿De su cabeza al suelo o de su cabeza al cielo? ¡Pues por arriba! ¡Pásala por arriba!

Veías a Onésimo entrenando cosas, trabajando y luego no salían por lo que fuera… Y llega Clemente un día y te decía: «Hoy vamos a jugar así». Lo habíamos entrenado hacía tres semanas con Onésimo y no salió. Y le dimos un baño al Sevilla, ganamos 2-1 pudiendo ganar 4-0 porque el tío se sentó encima de un balón dos horas y te empezó a contar cosas. Algunas cosas futbolísticas y otras que es mejor no decirlas. Y casi le sale.

En ese equipo estaba Diego Costa empezando a despuntar.

Era un tío muy cariñoso. Venía con mala fama del Celta y de Albacete, un poco díscolo y tal. Y desde el primer día conmigo, con Marcos, con la gente, muy cariñoso. Estaba muy metido en el equipo, muy competitivo. Si se peleaba con alguien en los entrenamientos enseguida le iba a dar un beso y le pedía perdón. Alguno tuvo sus roces, pero la mayor parte de la gente le teníamos mucho cariño.

Si descendíamos él se iba al Atlético otra vez. Estuvo llorando cuando bajamos en el Camp Nou, muy fastidiado.

Llegamos a 2011 y coincide que Dépor y Celta se interesan por ti. Tú de pequeño eras del Celta, pero tu padre era fundador de una peña del Dépor…

Mi primer año en Madrid estaba Celta, Dépor y Compostela en Primera y yo era más del Celta. Me tiraba más porque cuando empecé a ver fútbol el Celta era el que estaba en Primera División, el Dépor no estaba. Luego muy bien con el SuperDepor, genial. Pero hubo un año que le pillé un poco de manía porque empezó a traer mucha gente fuera, estaba solo Fran y poco más…

Ese año iba de Orense a Getafe para el primer entrenamiento de pretemporada y me llamaron para decirme que no contaban conmigo. Sonó Celta y sonó Depor. El Celta me había querido los años anteriores. Uno me fui a Mallorca y el año siguiente me querían, pero no como primera opción, y fiché por el Valladolid. Al final me fui a Coruña porque el Getafe quería a Rubén Pérez y estaba en el Dépor. Rubén se fue para allí y yo me fui para el Dépor.

Mi padre de pequeño vivió en Coruña, al lado de Riazor, y veía al Dépor. Era muy del Dépor y del Madrid. No fue presidente de la peña, pero era socio, socio fundador, o cuando se fundó la peña él estaba allí… no recuerdo exactamente. El Dépor lo usó como propaganda porque me estaban criticando porque años antes, cuando me quería el Celta y me fui a Valladolid, me dejé querer y dije que era del Celta. Pero bueno, dije que era del Celta, no dije que era antideportivista… Pero como aquí tenemos ese asco…

Borja Fernández

Eso dio origen a un incidente en tu presentación con el Dépor…

Sí, fue por eso. Yo no me enteré al principio. Entré en el Playa Club con mi primo Fernando y con mi padre. Yo estaba un poco nervioso. Hicimos la rueda de prensa y, de repente, cuando voy a salir por la puerta y me dice Ernesto Bello (secretario técnico): «No, vamos por abajo que hay unos ahí que están…». Yo no me había enterado pero mi primo me dijo que cuando iba a entrar casi me dan con una botella y se me puso uno a gritar y que lo apartó él.

Fuimos por abajo y nos vieron por unas escaleras. Mi representante llevaba el teléfono en la mano por si se tenía que defender. Empezaron a bajar y, de repente, se puso un chico a increparnos: «¡¿Tú por qué has dicho eso?! ¡¿Tú por qué dices que eres celtarra y no quieres venir al Dépor?!». Era mentira, pero desde los periódicos en Vigo se empezó a enmarañar todo.

Yo dije que no iba a ir al Dépor porque me hicieron esperar quince días para hacerme el reconocimiento médico y parecía que yo estaba para retirarme del fútbol. Me cansé de esperar por Lendoiro, de que no mandaran el contrato…Y entonces salió: «Borja ya no viene». Y juntaron eso con «Borja es celtarra y no viene aquí. Y, de repente, le obligan a venir…» Que no fue así, pero bueno.

Y de repente, cuatro borrachos: «¡Cuidado! ¡Cuidado!». Una botella de Coca Cola de las grandes llena de calimocho. Nos pasó por delante y no llegó a reventar, chocó con las escaleras delante de nosotros. Eran cuatro o cinco, incluso el que me estaba increpando les dijo a los compañeros que si estaban locos.

Yo había empezado a vivir siempre en el centro y quería lo mismo. Me paseaba por las calles e iba cogiendo teléfonos y llamando a pisos. Me vio uno de seguridad del Dépor y al día siguiente le dijo al club que durante los primeros días no estuviera por el centro.

Habían hablado con los Riazor Blues y les habían dicho que estaba todo bien pero que intentara no ir por el centro los primeros días. No me iban a hacer nada… Lo que no podía era meterme en un hotel porque hay cuatro gilipollas que me querían pegar, tirarme una botella o increparme. No pasó nada.

En la segunda jornada yo estaba lesionado aún, no podía jugar, y uno me empujó al salir del estadio. Es lo máximo que me ha pasado allí.

Luego, lo que es la vida, pasaste a ser recordado en A Coruña por un gol al Celta precisamente…

Muchas veces me da rabia porque ya se me quería antes de ese gol al Celta por mi forma de jugar, como soy pesado, voy corriendo de un lado a otro y soy competitivo… No estaba siendo titular, pero había jugado buenos partidos y siempre que salía se me veía correr, aparte siempre salía por Valerón, con lo cual siempre salía a defender un resultado. Desde pronto ya noté el cariño de la gente allí.

El gol en Balaídos fue uno de los que más me marcaron por la importancia que tuvo y la repercusión. Y eso que era en Segunda División. Recuerdo que marcamos el 0-2 en la segunda parte y estaba calentando detrás de la portería. Vino corriendo Franganillo (preparador físico) hacia el córner gritándome, no me encontraba y yo ya estaba yendo hacia el banquillo porque sabía que iba a salir. Salí y nos empataron el partido. Y yo: «Por favor, que no nos remonten…».

Por muy alto que sea no se me daba bien la estrategia ofensiva. Incluso tenía miedo cuando había choques ahí de meter yo la cabeza, para defender no, pero para atacar sí. Recuerdo un balón al segundo palo, me voy para el otro lado por evitar ese choque allí. Pega el balón en el palo, Borja Oubiña me estaba marcando, se despista, me cae a mí el balón y dije: «¿A que la fallo?».

Empecé a correr, los nuestros estaban en ese córner, fui allí, recuerdo a Xisco corriendo por la banda y chocar contra mí, todo el equipo ahí haciendo una piña… Había diez o quince personas encima de mí y yo estaba intentando empujarlas para meterlas al campo, para que el Celta no sacara rápido.

Aquel Dépor hizo récord de puntos en Segunda (91).

Sí, batió el récord del Valladolid de Mendilibar (88). De hecho, al último partido del Dépor, en Villarreal, no fui porque era la comunión de mi hija y me dio permiso Oltra al estar ya ascendidos. Por un lado, decía: «Joder, si perdemos hoy…». Estábamos los dos equipos con 88 puntos y en los dos equipos estaba yo. Ahora tengo el primero y el segundo. Aún no se ha batido desde aquellas.

Regresas al Getafe pero terminas mal esa etapa.

El vestuario ese no era muy bueno a nivel humano. No sé si será el peor en el que he estado. Tenía a mi mejor amigo, Moyá, pero el resto, lo que se respiraba… Había gente joven que eran como una planta, no podían opinar, no podían hacer nada… No había muy buen ambiente.

¿Por piques entre jugadores?

Con alguno puede ser, pero era más a la espalda. Tú entrabas al vestuario y notabas que ahí no se respiraba… Yo como no me cortaba en decir cosas, decían: «Este va de bohemio…», en vez de tomarlo por lo bueno, lo tomaban por lo malo. A mí me daba igual… De hecho, por eso me voy a la India porque acabé cansado.

Borja Fernández

Irse a la India sí que es de bohemio. ¿Cómo fue esa experiencia?

Era la primera temporada de la Superliga india y me llama un amigo de Valladolid, que era muy amigo de Caminero, y me dice que el Atlético de Madrid iba a hacer un equipo en la India. Me dijo que iban a hacer una liga de tres meses, que había dinero y yo no había firmado por nadie, estaba libre.

Era una liga nueva, tenía más marketing. Ocho equipos nuevos, franquicias de Europa o América. Empezó a cobrar fuerza la idea, teníamos casi dos meses de vacaciones y había un buen sueldo, con el paraguas del Atlético de Madrid. Tenía treinta y tres años e igual era mi última oportunidad de irme fuera.

Me llamó el Eibar antes de firmar, pero ya había acordado las condiciones y había dicho que sí. Alguno en Eibar se enfadó porque me iba allí y ellos habían subido a Primera. Yo ya estaba comprometido. Garitano me llamó y me dijo que lo entendía perfectamente y que le gustaba que diera mi palabra y la mantuviese. Y luego, de hecho, me ficharon.

¿Cómo era el día a día en la India?

El primer año entrenábamos muy temprano, a las siete y media salía el autobús. Vivíamos en un hotel todo el equipo, los indios también. Nosotros éramos seis españoles.

Me juntaba mucho con Jofre, luego estaba Luis García, Josemi, Arnal… Luis y yo, por contrato, teníamos un chofer, como un taxista. Cogíamos la mochila y nos íbamos por ahí, por Calcuta. A cenar, a ver templos, un día nos metimos en el metro y elegimos una parada al azar. No sé ni dónde era. Vimos niños por la calle jugando con una tubería que caía agua, las pollerías… Digo: «Estamos jodidos como pase algo». Todo lo contrario.

La gente con nosotros muy bien, luego empezaron a conocernos porque estábamos en todos lados: autobuses, pancartas, carteles… Y así durante tres años. A mí me tocaba ser siempre el que llevaba a la gente al Mercado de las Flores, la noche en Calcuta, algún templo… A mí me encantaba.

Jugabas allí lo equivalente en el calendario a la primera vuelta en España.

Claro. El primer año jugamos la final el 20 de diciembre y el 28 llegué a Eibar.

Luego terminas tu carrera en Valladolid, que se terminó convirtiendo en tu casa y en el club de tu vida.

Ya el primer año había estado muy bien. Estuve cuatro temporadas. Luego volví seis meses tras mi segunda temporada en la India. No me querían y me volví por tercera vez a la India. Después fui al Almería y cuando iba a renovar, por la mitad de dinero volví a Valladolid.

Sí que había condicionantes que si se cumplían salía bien. No se lo esperaba nadie. No lo sabía nadie de mi familia. Me llamó mi excuñado: «Oye, ¿qué están diciendo aquí? Es mentira, ¿no? Se han equivocado. ¿Cómo vas a volver tú aquí?» Y volvimos.

Allí terminaste tu carrera en mayo de 2018, donde pasaste de la ovación en tu despedida a estar detenido diez días después por la operación Oikos (caso donde los investigadores aseguraban destapar unos presuntos amaños en el fútbol español para lucrarse a través de las apuestas y que fue archivado seis años después).

Ese partido para mi es el mejor momento de mi carrera. Es muy emocionante todo. Se concentra todo lo que has hecho bien durante muchos años, todo el reconocimiento, en ese momento. Luego nos vamos a Ibiza con Ronaldo, que nos invita a todo el equipo.

El día de la detención me iba a Madrid con Carlos Suárez y Miguel Ángel Gómez a reunirme con Ronaldo. Tenía un billete de AVE que había sacado el club para irnos a reunir con él y ver un poco más las funciones que iba a hacer en el Valladolid.

Sonó el despertador y al cabo de dos minutos mi hija entró en la habitación. Que estaba la policía. Quince, veinte, trece policías, no sé, para detenerme. Mi primera sensación fue: habrá fuego en el edificio, se estará quemando algo y estarán desalojando. Era casi verano, hacía mucho calor ese día, me acuerdo de que estaba en pelotas en cama, y digo: «Bueno, espera, me pongo un pantalón y salgo». Y vuelve a entrar mi hija: «Papá, que está la Policía».

Mi pareja estaba en Milán trabajando ese fin de semana. Y digo: «Le habrá pasado algo a Paloma, seguro». Y ya cuando entran en mi habitación, me estoy subiendo los pantalones, y dicen: «No toque nada…». Digo: «¿Qué ha pasado aquí?». Me llevaron al salón y hasta que me dijeron algo pasó una hora y pico.

Borja Fernández

¿Mientras registraban la casa?

No, no, eso fue más adelante. Ahí había una comunicación entre ellos, un grupo de WhatsApp, coordinando todas las operaciones y demás. Eso lo supe después. Yo mientras estaba sentado con mi hija en la cocina viéndome. La calmaba como podía, pero mi hija se tenía que ir al colegio.

No podían decirme nada. Me pusieron un papel delante para leer y ponía Valladolid-Reus y yo no estaba en el Valladolid. Era de dos años antes. Y de hecho el Valladolid era víctima, entonces yo no entendía nada de lo que estaba pasando.

Luego te llevan al calabozo. Primero a Madrid y luego a Huesca.

Fuimos por la tarde a Madrid y luego a Zaragoza. Allí el calabozo estaba cerrado y no nos esperaba nadie. Nos llevaron a otro calabozo que tampoco nos esperaba nadie. Al final se hicieron cargo de las diligencias allí y al día siguiente a Huesca.

¿Y eso todo en un coche de policía?

En un furgón. A Madrid fui con los policías que me detuvieron en un coche de paisano. Y a Zaragoza fuimos en un furgón Raúl Bravo, Íñigo López y yo. Íbamos juntos. Me imagino que teníamos micrófonos. Había mucho ruido, iba sonando todo por la autovía y me decía Raúl: «¿Pero tú por qué estás aquí?». Y yo hablaba superalto para que se me escuchara por si había micros. Él me decía: «¿Por qué gritas? (risas).

¿Os llevaban esposados en el furgón?

Íbamos, pero nos las quitamos cuando pudimos. Eran como unas bridas, de plástico, no eran esposas. Nosotros mismos nos las íbamos quitando porque nos habían apretado e íbamos incómodos en el furgón. Luego un policía nos dijo: «Ahora cuando tal, disimulad como que las lleváis puestas».

¿Y cómo lleva una persona que no ha hecho nada estar tres días en el calabozo?

Yo estaba un poco preocupado por mis abuelos. Ya había visto a uno de mis mejores amigos que también era abogado. Le dije que tranquilizara a la gente, que no había nada de nada. Pero claro, la gente estaba sufriendo. Estás en un calabozo, no sabes lo que están diciendo afuera. Algún policía ayudaba, otro no: «Hay un lío ahí fuera que flipáis. No os van a dejar salir hoy». Llevaba tres días en un calabozo, ¿cómo no me iban a dejar salir?

Tres días con la misma ropa, sin quitártela, sin ducharte, sin lavarte los dientes; pasando en algún momento frío, en otros empezaba a sudar, pero decía: «Si me quito esto sudado, luego me lo tengo que volver a poner…».

Durmiendo en un sitio de piedra con una manta y una colchoneta, algunos estaban limpios, otros no; comiendo fatal y dándole vueltas a la cabeza todo el rato, rayado con lo que estaba pasando fuera: qué estaba pensando tu pareja, qué estaba pensando tu madre, cómo lo estaban pasando tus abuelos, a lo mejor le ha dado un chungo a uno mientras yo estaba ahí…

Fue heavy, fue bastante heavy. Aparte nervioso porque sabes que vas a estar delante de un juez y un fiscal que te van a estar ahí apretando. Estás hasta nervioso sin haber hecho nada. Fue complicado.

En 2023 estallas y publicas un vídeo contra los jueces de Valladolid diciendo que «son unos mierdas» por haber rechazado encausar a los policías de la UDEF.

Sí, eso fue después de denunciar porque no había orden judicial para entrar a mi casa. De hecho, incluso la orden que llegó después más tarde, cuando ya estaba en mi casa, era de un piso diferente.

Además del daño a mi imagen y demás, lo primero que denuncié fue que habían entrado a mi casa sin orden judicial. Abrió mi hija que era menor, ellos lo sabían. No podían autorizar a haber entrado. Y no había un delito flagrante, no estaba intentando matar a nadie. La orden judicial se firmó una hora y cuarto después de haber entrado en mi casa.

Luego había más cosas: ¿Por qué se hizo de la forma que se hizo? ¿Por qué yo tengo que salir así y otra gente no? ¿Por qué no metieron el coche en el garaje? ¿Por qué había un fotógrafo en la puerta una hora y media antes ya esperando…?

La Policía Nacional de Valladolid les dijeron a los de Madrid: «No le pongáis las esposas. Habéis hecho el registro, no habéis encontrado nada, se ha comportado bien, os ha dado el PIN del teléfono, os ha dado el bloqueo de seguridad, os ha dado todo… No tenéis ni que esposarlo, ni sacarlo a la calle». Desde Madrid insistieron, llamó un mando superior y le dijo que allí mandaba él.

Borja Fernández

¿Por qué no te dio la razón el juez en algo tan flagrante? ¿Cómo lo justificó?

Proteger a los policías. No hay otra forma. Es que el domicilio es inviolable. Solo puedes entrar en el domicilio de alguien en esas tres maneras que he dicho. El resto es un delito y es la Policía la que está cometiendo ese delito. No entro ni a valorarlo.

De hecho, cuando contratamos a un abogado ya experto en estos temas, nos dijo: «Mira, esto era denunciable en un momento determinado, ya no, ya ha prescrito… Esto otro es, pero te pueden dar la razón o no, yo no echaría ahí mis cartas… Y esto es muy, muy claro».

De hecho, la demanda la firma el juez Pallín, que es un magistrado del Tribunal Supremo, ya retirado. La firma porque ve que es muy, muy claro que ahí había un delito por parte de la UDEF.

Lo otro que denunciaste, daño a tu imagen y al honor…

Iba en la misma, pero nada. Aquí solo me gasté yo el dinero en abogados y en estudios. Está todo cerrado. Me gasté más dinero por ir al Constitucional. Luego podía ir a Europa, pero ya era mucho dinero, no estaba ingresando y no me quise arriesgar viendo cómo se portaron en Valladolid.

Ni un duro, ni perdón…

No, perdón tampoco, nadie. El único que hizo una columna un poco pidiendo perdón fue David Gistau, que se murió hace unos años. Hizo una columna en El Mundo muy, muy fea. Me dolió bastante. Al cabo de dos semanas, tras revelarse parte del sumario, hizo otra que tenía más pinta de evitarse posibles demandas, más que de pedirme perdón a mí. Pero fue lo único que se pareció a ello.

Después de este episodio tan duro, ¿confías en la Policía y en la Justicia?

Sí.

¿No te queda rencor ahí?

Hombre, estamos viendo cómo se están abriendo casos políticos sin ningún fundamento y viendo a gran parte de la justicia en contra de esos procesos. Personas que hacen mal su trabajo las hay en todos lados, pero policías que hacen bien su trabajo hay muchos. Confío y espero que sean la mayoría. Y jueces que hacen bien su trabajo, hay muchos. O la mayoría. Luego intereses, pues en el mundo hay muchos.

Es extraño porque tanto el abogado que cogimos, como otro que consultamos, más gente que me ha escrito por redes sociales o me he encontrado por la calle, me han dicho: «Es muy claro, esto fue un atropello y van a por ti». Y ya encima con lo de entrar en tu domicilio sin orden judicial, ahí hay una negligencia. Y nadie ha pagado por eso.

¿Qué te queda de esto? ¿Ya no le das vueltas? ¿Ya has pasado página? ¿O te queda ahí el rencor?

No, rencor, sí, rencor, sí. Rencor y rabia, sí. Y eso no va a desaparecer nunca. Porque aparte vi como se comportaron los policías, como hicieron un informe totalmente manipulado, entonces eso no es un error, no es alguien que ha fallado, eso es alguien que ha fallado adrede. Que no ha mirado por mí en este caso. Es una persona o un grupo que ha dicho: «No, no, esto está muy claro, esto es así».

Párate un poco, que en esa reunión que tú dices está mi mujer y mi hija comiendo conmigo. Y en esa barbacoa que dices nos juntamos todas las semanas los amigos. Y tienes un chat ahí para ver que nos juntamos todos los compañeros todas las semanas y están los padres y los suegros de unos compañeros. Entonces no es una barbacoa entre siete personas para comprar un partido.

Ves que la intención fue… a ver si esto salva la investigación. Porque como se ha visto luego, no tenían nada contra nadie. Hay policías que nos han dicho que es una táctica de… «A ver si este, que aparece por aquí de repente, dicen su nombre en una conversación, a ver si este sabe algo y se caga». Y si no pues mala suerte para él.

Luego te pasó factura porque perdiste ese puesto de director institucional y enlace con la plantilla en el Valladolid.

Sí, además de estar muy cerca de Miguel Ángel Gómez en la dirección deportiva para empaparme de todo. De hecho, Ronaldo me había ofrecido en algún momento coger la dirección deportiva y yo le dije que no estaba preparado, que eso llevaba un proceso y aprender.

Al cabo de un año y medio, Miguel Ángel Gómez me dijo: «No te van a dar el puesto que tú quieres, creo que tú tienes que ser entrenador y no sé si ves bien empezar aquí con nosotros. He hablado con Javi Baraja y ve con buenos ojos que estés con él en el cuerpo técnico…» Y empecé con Javi. Luego se fue, cambió la dirección deportiva y la que llegó me ofreció coger el Juvenil A del Valladolid.

¿Ronaldo se portó bien contigo?

No, porque yo tenía unas funciones y un contrato. Yo podía haber seguido jugando, incluso en el Valladolid porque me lo ofrecieron. Pero yo veo que igual es ya con la boca pequeña. Me ofrecen unas condiciones económicas y un trabajo, que a mí lo que más me gustaba era ser entrenador, pero un trabajo también me gustaba. Hubiera hecho un máster sobre el terreno: viajando siempre con el equipo, cerca del míster, cerca del director deportivo para ir conociendo todo…

Antes de eso, con el caso Oikos se mojó públicamente. Antes de que saliese nada. Y eso seguramente le llevó a algún problema con los abogados y asesores suyos. A nivel personal estuve en su casa una semana en Ibiza, con la familia y demás. Durante ese año yo iba a comidas de equipo, pero no salía en las fotos. Y no cobraba. Tampoco tenía un desempeño muy grande, más que esperar a que acabara la Oikos. Cuando acabó, no pasó nada, no hubo llamada.

En ese momento tú esperas que tu club te apoye, luego si yo he hecho algo y he fallado la culpa es mía, no del club. Primero sí se mojaron, igual que se mojó Oscar Puente, por ejemplo. No tenía una amistad con él, ni la tengo.

Lo conozco de Valladolid, buen rollo, y antes de que se supiera nada dijo que yo no tenía nada que ver en esto. Y eso políticamente le podía haber afectado. Un día le di las gracias en un evento y me dijo: «Es que a mí me enseñan una foto tuya cogiendo un sobre y sigo diciendo que eso es otra cosa». No tenía por qué haberse mojado, no éramos amigos, pero se mojó.

Borja Fernández

El fútbol por lo menos te está devolviendo ahora un poco de paz y alegría en tu tierra…

A ver cuando venga el golpe, ¿no? (risas). Fui yo el que llamé al club cuando sabía que estaba la vacante, llamé a gente que estaba por ahí que sabía que podían tener conexiones. Tenía mucha ilusión y muchas ganas, también de una forma responsable que creía que podía hacerme cargo de esto. El primer año conseguimos llegar a la final del playoff y la temporada pasada salió todo muy bien y ascendimos.

Estoy muy involucrado con el club y el club conmigo también, noto que tienen muy en cuenta la experiencia que he tenido. No sabemos hasta a donde llegará, pero estoy bastante a gusto. Hay una parte que no paga lo que ha ocurrido, pero hay otra que por lo menos lo que es el balón y el verde pues sigue dando alegrías.

Y si no, siempre te quedará el vino…

Sí (risas). Como tengamos que recurrir al vino… Malo.

5 comentarios

  1. Gran entrevista y gran tipo Borja Fernández. Me alegro de que esté feliz y de que las cosas le vayan yendo bien.

  2. Me gustan, las personas así, con su propia personalidad, lo que es correcto y lo que no. Nunca hay que bajarse ante nadie, eso si siempre con respeto. Eso es lo que más admiro. Respeto.

  3. Excelente entrevista y muy buen tipo Borja.

  4. 10′ bien invertidos. Felicidades

  5. Pingback: Borja Fernández reflexiona sobre su carrera, su visión del fútbol y su vida tras la retirada - Hemeroteca KillBait

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