Fútbol brasileño

Roberto Carlos: «Beckham fue el mejor galáctico; Zidane era top, pero Beckham anteponía al equipo»

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Roberto Carlos (Foto: The Obi One Podcast)
Roberto Carlos (Foto: The Obi One Podcast)

Dice el exinternacional nigeriano John Obi Mikel que Roberto Carlos ha sido el mejor lateral izquierdo de la historia del fútbol y que, por eso, se ha ido a Madrid a entrevistarlo. Y lo cierto es que en su encuentro han salido varios testimonios interesantes. El más reseñable, los elogios hacia David Beckham del brasileño. El futbolista que para muchos fue ‘la maldición galáctica’ que estropeó un equipo bien ordenado por acumulación de cracks en los mismos puestos, para Roberto Carlos fue el mejor.

Así lo expresa cuando Mikel le pregunta cuál fue el mejor de Los Galácticos: «Beckham. Por supuesto, Beckham. Porque Zidane era top. Zidane era el mejor. Pero David Beckham también era un amigo muy cercano mío, mi modelo a seguir, el mejor en los entrenamientos, el mejor en los partidos, corriendo todo el tiempo, todos esos pases increíbles. Jugaba con todo su corazón. No importa lo que la gente diga sobre Ronaldo, Zidane, Raúl, Figo, Morientes, Míchel Salgado… pero en los cuatro años de los Galácticos, en mi opinión, Beckham fue el más constante, el mejor, porque si Zidane era top, estaba en lo más alto, pero Beckham jugaba para el equipo. Beckham atacaba, defendía, pasaba. Hacía todo lo que el equipo necesitaba. Cosas que el público no veía, pero que nosotros, en el equipo, dentro del campo, sí veíamos. Era muy especial».

Y añade: «Beckham no jugaba para los aficionados, jugaba para el Real Madrid, para que sus compañeros ganaran. Y esa es la diferencia entre él y otros jugadores individualistas. Pensaba en el equipo mientras otros jugaban para sí mismos. Tenía una gran mentalidad, concentración total con y sin balón, era un jugador de equipo. Tener a Beckham en el Real Madrid con todas sus cualidades, su golpeo, su potencia, sus asistencias, sus faltas… fue espectacular. Para mí, era un jugador muy completo».

La evolución del puesto de Roberto Carlos

A la hora de destacar jugadores de otros equipos en su puesto cita a Paolo Maldini, «Un maestro, tanto como defensa como capitán», y a otro grande de su tiempo: «Yo quería ser como Ashley Cole, ofensivamente y defendiendo. Era muy inteligente, con inteligencia defensiva, defendía, saltaba, controlaba el balón, hacia caños a sus rivales, era un jugador muy completo». Y también le dedica unas palabras a su sucesor: «Yo traje a Marcelo al Madrid y luego le vi crecer ganando la Champions, La Liga y el Mundial de Clubes. En mi opinión, de todos los jugadores de la lista, Marcelo es el número uno».

Roberto Carlos (Foto: Cordon Press)
Roberto Carlos (Foto: Cordon Press)

Sobre la evolución de su posición en el campo, destaca la versatilidad que permite ese rol: «Hoy en día, los laterales se meten mucho hacia dentro, como Marcelo. Ahora hay futbolistas de más calidad, muy técnicos. Lo mío era más fuerza física: jugar abierto en la banda izquierda, atacar y defender. Pero en el fútbol moderno, los laterales tienen un poco más de libertad para ir por dentro, por fuera, marcar goles, dar asistencias».

Ronaldo, el intelectual

Otro que no podía faltar en el repaso biográfico es Ronaldo Nazario. A él también le destaca por encima de lo que la gente cree: «Cuando la gente me pregunta por el mejor del mundo, hablamos de Cristiano Ronaldo, Messi, Zidane, Figo, Pelé, Di Stéfano… Pero con Ronaldo no hace falta mucha discusión. Ronny tiene su propia historia y todos los exjugadores dicen que él es el número uno. En la opinión de todos, el número uno de todos los tiempos en su era es Ronaldo. ¿Habría sido el mejor sin las lesiones? Para mucha gente ya lo es, incluso con las lesiones. Con o sin lesiones, Ronaldo es el número uno».

Aunque no es objetivo, porque fueron grandes amigos: «Conocí a Ronnie en 1992 con la selección brasileña y, desde entonces, siempre compartimos habitación. Crecimos juntos. Tuvo una gran carrera con el PSV, el Barcelona, el Real Madrid, la selección de Brasil… Ronnie siempre será el número uno en la selección brasileña. Para mí es complicado hablar de Ronaldo porque lo conocí muy joven y lo conozco muy bien, personal y profesionalmente. Viví sus alegrías y también la tristeza de su recuperación. Estuvimos muy cerca en el Mundial del 98 y del 2002. Viví sus mejores momentos y también los peores. Eso lo ha hecho aún más grande y por eso la gente lo quiere tanto. Porque siempre está feliz, dentro y fuera del campo. Me decía: ‘Roberto, ayúdame; Roberto, vamos a cenar; Roberto, vamos a tomar algo…’ Siempre Roberto, Roberto, Roberto. Para mí ha sido un honor crecer con él. Y hoy es presidente. Ronaldo el gestor, Ronaldo el intelectual. Es muy divertido».

Los sucesos del 98

También ha contado con todo lujo de detalles lo que ocurrió en ese Mundial: «Ronnie estaba bien. Muy tranquilo. En el hotel encendimos la televisión a las diez de la mañana, vimos las noticias del Mundial, bajamos a comer y hablamos del partido contra Francia. Al volver a la habitación noté que se sentía débil, cansado, pero no entendí por qué. Se tumbó, puso la tele otra vez… y de repente su cuerpo se apagó. No sé si fue algo epiléptico o una convulsión, solo sé que estaba tenso, rígido, y que no respondía. Hablé con él, pero no podía hablar. Le pregunté si tenía algún problema y me decía que no, que estaba bien. Esas cosas pueden pasar. Era mucha presión. En aquel momento Ronaldo era el número uno del mundo y había que cuidarlo mucho».

Luis Enrique y Roberto Carlos (Foto: Cordon Press)
Luis Enrique y Roberto Carlos (Foto: Cordon Press)

Tuvieron que aguantar un sinfín de teorías conspirativas y eso que todavía no había redes: «Muchos dijeron que había sido agua contaminada o comida en mal estado. Nada de eso. No hubo envenenamiento ni nada raro. Francia nos trató muy bien. Fue simplemente una cuestión emocional: demasiada presión, demasiada tensión. Cuando por fin se relajó para preparar el partido, el cuerpo le pasó factura. Nada más. Pero claro… nosotros perdimos la final porque Francia fue mejor, y al mismo tiempo Ronnie estaba viviendo un día muy duro».

A pesar de todo, aunque colapsara por el estrés, quería «morir matando», quería jugar a cualquier precio: «Cuando lo llevaron en ambulancia al hospital, pensé que no iba a jugar. Pero al salir de la habitación me dijo: ‘Roberto, habla con Zico y con Zagallo y diles que quiero jugar’. Yo le dije: ‘Ronaldinho, cálmate, cálmate’. Y él me contestó: ‘Siento como si me hubiera pasado un autobús por encima. Pero no hay dolor en mi cuerpo que me saque de esta final’. Cuando volvió del hospital y entró en el vestuario ya estaba cambiándose para calentar».

Y paradójicamente, eso fue lo que rompió a la concentración, que jugara: «La alineación ya estaba dada: Edmundo iba a jugar. Él mismo estaba convencido de que saldría de titular. Pero cuando Ronaldo regresó y se preparó para el calentamiento, el míster dijo: ‘Edmundo, vas al banquillo. Ronaldo juega’. Ahí se acabó nuestro partido. El ambiente se rompió por completo. Veníamos de un día muy negativo en el hotel, todos preocupados por Ronnie, y ese cambio de último momento terminó de desestabilizarlo todo».

Jugaron completamente condicionados por su estado de salud, pensando que en cualquier momento se podía quedar en el sitio: «Nada más empezar el partido, Cafú le pasó un balón y Barthez salió a despejar. Ronnie cayó al suelo y todos pensamos: ‘Dios mío, se ha muerto otra vez’. Nadie quería acercarse, teníamos miedo. Fue un día muy pesado, muy triste. Perder la final no fue lo peor. Lo peor fue ver a un amigo sufrir así. Lo único que queríamos era que siguiera vivo, que estuviera bien. Lo demás era secundario».

El Mundial de 2002

Sin embargo, pudieron sacarse la espina en el Mundial de Corea y Japón: «El ambiente era totalmente distinto al de 1998. Todo lo que hicimos mal en el 98 lo corregimos en 2002. O, mejor dicho, no repetimos nada de lo que hicimos en el 98. Había más calma, más alegría, más tranquilidad dentro del grupo».

Guti y Roberto Carlos (Foto: Cordon Press)
Guti y Roberto Carlos (Foto: Cordon Press)

«Lo más interesante es que, en la final contra Alemania, durante la siesta de la tarde, Ronnie no durmió ni un minuto. Se quedó despierto todo el tiempo. Y eso, para nosotros, fue lo mejor que podía pasar. Nos olvidamos de Alemania, de Brasil, de cualquier presión… El ambiente era espectacular: en el hotel, en el autobús, en el vestuario. Sabíamos que Ronnie iba a ser el jugador clave. Ese día estaba perfecto, mentalmente fuerte, físicamente muy bien. Revisaba todo lo que comía, el agua, cada detalle. Todo estaba bajo control. Nosotros nos relajábamos, contábamos historias, pero siempre mirando de reojo a Ronnie. Ese día él estaba increíble, espectacular».

Las fiestas

Sin andarse con tabúes y pudores, Roberto Carlos no oculta que los galácticos brasileños tuvieron una vida licenciosa cuando caía la noche: «Tuve una entrevista con Ronny aquí en España, con Valdano, que trabajaba en televisión en ese momento. Y una de las preguntas fue que todo el mundo decía que organizaba muchas fiestas. Y Ronny respondió: ‘Yo solo hago fiestas cuando ganamos’. Y como siempre ganábamos… pues siempre había fiesta. Pero es que eso es el fútbol: música, celebraciones, amigos».

Una afición que hace extensiva a Ronaldinho: «Es lo mejor que hay. La vida del futbolista dura como mucho veinte años; ahora quizá veintitrés o veinticuatro, pero en nuestra época terminaba a los treinta o treinta y dos. Así que teníamos que disfrutar. Ronnie y Ronaldinho, como buenos brasileños, tenían esa necesidad de celebrar, de estar alegres, de pasarlo bien. Eso marcó un poco la historia de Ronnie: por eso la gente le tiene tanto cariño y tanto respeto. Nunca dejó de hacer lo que realmente le hacía feliz».

La clave del declive galáctico

Los analistas menos escuchados en su día se llevaron las manos a la cabeza cuando Claude Makélélé abandonó el Real Madrid porque Florentino Pérez no le quiso actualizar la ficha: «Yo le decía: ‘Quédate ahí delante de la defensa, roba el balón y dáselo a alguien que sepa jugarlo’. Era un jugador completísimo. Es una pena que estuviera tan poco tiempo en el Madrid, porque cuando Makélélé estuvo, hizo cosas muy importantes para el club y para el equipo. Daba alegría, ejemplo, equilibrio. La gente no habla mucho de él, se habla más de su etapa en el Chelsea, pero aquí en el Real Madrid fue un jugador de altísimo nivel».

Roberto Carlos (Foto: Cordon Press)
Roberto Carlos (Foto: Cordon Press)

El francés era el sostén de todo el árbol de Navidad, su salida se pagó cara en forma de temporadas en blanco y, lo que es peor, en ridículo, en buscar mediocentros defensivos de forma demagógica para tapar el enorme agujero que había dejado Makélélé. Roberto Carlos no lo duda: «Su salida fue una decisión técnica. Pero en cuanto se fue, el club reaccionó muy rápido: ficharon a Cambiasso. Fue como reconocer que habían cometido un error dejándole marchar. Necesitaban un jugador como él, y por eso trajeron a Cambiasso para ocupar el vacío que dejaba alguien tan grande como Makélélé. Pero luego no fue Casemiro quien lo reemplazó directamente. Antes llegó Gravesen. Makélélé se fue, firmaron a Cambiasso y, más adelante, vino Gravesen… y todos conocemos las historias con Gravesen».

Al menos, eso sí, el danés dejó anécdotas: «Cada equipo necesita a un tipo loco, y Gravesen era como un auténtico hooligan. Robinho… ¡madre mía! Robinho hacía cosas que sacaban de quicio a Gravesen: quería matarlo en los entrenamientos. Entrenar con él era como jugar un partido. Todo lo que hacía en competición lo hacía también en los entrenamientos. Era durísimo, agresivo, intenso. Y tenía además un lado muy gracioso. Creo que también jugaba para divertirse, porque sabía que había jugadores a los que les gustaba el choque. Venía de Inglaterra y siempre estaba insultando a los árbitros, y los árbitros no entendían ni una palabra de inglés. Pero para el equipo fue maravilloso. Thomas Gravesen era un ejemplo: muy gracioso y muy duro. Y necesitábamos a un loco en el vestuario, alguien como él».

Figo, de enemigo a amigo

Sobre otro galáctico sobre el que se deshace en elogios es Luis Figo. Fue una bendición que llegara, dice, porque estaba harto de tener que marcarlo cuando estaba en el Barça: «Tengo que felicitar a Florentino Pérez por ese fichaje fantástico. Estoy muy agradecido, porque cuando el Madrid jugaba contra el Barcelona yo no podía dormir: Figo era dificilísimo de marcar. Y cada vez que estoy con él en entrevistas siempre le digo lo mismo: que le doy las gracias a Florentino por traerlo al Real Madrid, porque para mí fue un alivio enorme».

Lo que no quita que cuando tuvo que regresar al Camp Nou fue un verdadero calvario: «Un estadio muy feo ese día, un ambiente feísimo. Fue un día muy desagradable para el fútbol español. De los diez mil partidos que he jugado, ese es el único que no quería jugar. El regreso de Figo al Camp Nou… la gente estaba muy agresiva, y eso no es fútbol. Cuando me preguntan por ese partido, no me gusta hablar mucho porque me trae recuerdos desagradables, más de estar en una guerra que en un partido de fútbol. Los 90 minutos, el viaje, el hotel… fue terrible. Insultos por todas partes. En el hotel la gente gritaba, no nos dejaban dormir. El viaje al estadio, el ambiente dentro… horrible».

El año del Inter

Antes, Roberto Carlos apenas estuvo un año en el Inter, pero lo recuerda como una etapa decisiva. Nunca terminó de encajar y, según cuenta, no por falta de adaptación al club o a la Serie A, sino por un encaje táctico que no tenía sentido para sus condiciones: «Estábamos muy cerca de la Copa América. Era Suárez el entrenador y luego llegó Roy Hodgson. Yo siempre fui muy ofensivo, pero él me hablaba todos los días porque quería un sistema más defensivo. Y un día me puso de delantero. Yo, delantero, con un metro setenta. En Italia, además. No entendía nada. Tenía miedo de perder mi sitio en la selección brasileña y me preguntaba: ‘¿Por qué voy a jugar de delantero?’».

Roberto Carlos y Joaquín (Foto: Cordon Press)
Roberto Carlos y Joaquín (Foto: Cordon Press)

Estos experimentos terminaron convenciéndolo de que debía marcharse. Aun así, no guarda rencor: «Hablé con Massimo Moratti y le dije: ‘Presidente, yo no soy delantero’. Y como venía la Copa América al terminar la liga, no quería arriesgar. Hodgson, en realidad, me ayudó a marcharme. Tanto él como Moratti. No fue porque me pusiera de extremo o de delantero o de mediocampista… cada entrenador tiene su manera de trabajar. Yo lo entendí muy bien. Y estoy muy agradecido a Roy Hodgson, porque gracias a que me puso de delantero tuve una trayectoria maravillosa en el Real Madrid. No tengo nada en contra suya. Es un gran entrenador y un gran profesor. Pero era momento de irme».

A un paso de ir al Chelsea

Muchos años después, en 2007, Roberto Carlos pudo dar un giro sorprendente a su carrera, estuvo a punto de fichar por el Chelsea. Lo reconoce él mismo: «Cuando mi contrato con el Real Madrid terminó en 2007, Peter Kenyon me llamó y me preguntó si quería ir al Chelsea». El acuerdo parecía hecho, hasta el punto de que se reunió con Kenyon y con Roman Abramóvich: «Nos vimos en París. Todo estaba listo para firmar el contrato… pero al final no funcionó por los números».

El problema no era deportivo, sino contractual: «Yo tenía 30 años y quería un contrato largo, de tres o cuatro años, porque podía ser el último de mi carrera. Pero el Chelsea ofrecía uno o dos. Ahí se estropeó todo». No fue el único club inglés que intentó ficharlo en ese momento. «Aston Villa, Chelsea y Everton estaban interesados», recuerda. «Chelsea fue el que estuvo más cerca».

La Brasil de Ancelotti

Roberto Carlos también se ha detenido a analizar el presente de la selección brasileña, ahora dirigida por Carlo Ancelotti, un técnico al que conoce bien y por el que siente un enorme respeto: «Carletto se adapta a cualquier club, a cualquier selección, porque conoce a los jugadores. Sabe usar diferentes sistemas, entiende los egos, entiende las características de cada uno. Es un entrenador que se adapta muy rápido».

Roberto Carlos (Foto: Cordon Press)
Roberto Carlos (Foto: Cordon Press)

Para él, el reto de Brasil bajo Ancelotti no está en el talento, eso sobra, dice, sino en la estructura: «Brasil va a hacer un Mundial fantástico en Estados Unidos, México y Canadá. La última vez que ganamos fue en 2002, pero ahora, con un entrenador nuevo, una metodología nueva, una idea nueva… podemos volver a competir por el título. Neymar está bien, Vinicius está bien, RodrygoJoão Pedro, Richarlison, Matheus Cunha… Brasil tiene muchos jugadores». El problema, señala, es otro: «Con el balón somos muy buenos, pero sin el balón tenemos un problema. Ahí es donde Brasil tiene que mejorar de verdad».

Le preguntan quién debería ser el delantero centro en el próximo Mundial, y responde sin dudar: «A mí me gusta Matheus Cunha. João Pedro es muy joven, y Europa le está ayudando mucho, pero hoy Cunha está mejor. Richarlison marcó un gol en el Mundial de Catar, sí, pero puede ser Cunha un día y João Pedro otro. Brasil tiene opciones. Depende del sistema: si juegas con tres o cuatro centrales, 4-3-3, 4-2-4, 3-5-2… depende mucho del entrenador». Y concluye con una idea que repite varias veces: la clave será defender bien, porque talento ofensivo «hay de sobra».

¿Messi o Cristiano?

La entrevista termina con una de las preguntas inevitables de cualquier conversación futbolera contemporánea: ¿Messi o Cristiano? Roberto Carlos tiene una historia personal que convierte su respuesta en algo más que una opinión. «Mira mi dedo —dice, mostrando la mano—. Esto es Messi. Me lo rompió». Recuerda aquel uno contra uno: «Era el minuto ochenta. Va en el uno contra uno conmigo, me regatea por fuera, me hace moverme, y cuando va para dentro intento agarrarle la camiseta… y mi dedo terminó del otro lado. Es como tener un souvenir suyo».

Pero al comparar sus trayectorias, el brasileño matiza la diferencia: «Messi es como Zidane. Es espectáculo puro. Es un número uno con su estilo. Cristiano, en cambio, es más físico, más profesional. Para mí, para un futbolista que quiere ser profesional durante muchos años, Cristiano es el ejemplo. Messi también, pero si quieres una referencia de trabajo, de dedicación, tienes que hacer lo que hace Cristiano».

Messi y Roberto Carlos (Foto: Cordon Press)
Messi y Roberto Carlos (Foto: Cordon Press)

No escoge a ninguno por encima del otro, pero sí deja clara su admiración por la ética del portugués: «Para mí es difícil elegir, porque los dos son buenísimos. En cuanto a entrenamiento, yo me inclino un poco por Cristiano, pero los dos están en un nivel altísimo».

La falta de Dios

Al final, también habla de uno de los momentos más icónicos de su carrera, la falta contra Francia, en 1997, aquella pelota que desafió la física y acabó entrando después de describir una curva imposible. «Es solo entrenamiento», afirma, como quien le quita importancia a un milagro. «Todos los días, después del entrenamiento, treinta o cuarenta minutos. Zidane, Beckham y yo. Ronaldo era la excepción… él no entrenaba tanto las faltas. Pero nosotros sí. Era golpeo exterior, frontal e interior. Tres dedos».

Lo que para los aficionados fue un fenómeno inexplicable, para Roberto Carlos es solamente la consecuencia de la repetición: «Entrenar, entrenar y entrenar. Hubo un día en que Dios me iluminó y marqué un gol maravilloso». Nada más. Y nada menos.

 

 

 

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