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Luka Modrić: «En el Real Madrid no se tolera la mediocridad»

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Luka Modric (Foto: (Ne)uspjeh prvaka)
Luka Modric (Foto: (Ne)uspjeh prvaka)

Por el programa (Ne)uspjeh prvaka (El fracaso del campeón), presentado por Slaven Bilić, exjugador croata de Hajduk, Karlsruhe, West Ham y Everton, y seleccionador de Croacia, están pasando todos los astros del deporte del sudeste europeo. Hace unos meses fue Novak Djokovic, que dijo de sí mismo que acabó con el sueño hollywoodiense de Nadal y Federer, y ahora ha sido Luka Modrić, actualmente en el Milan, pero incontestable líder del Real Madrid de los últimos años multicampeón de Europa.

En una entrevista extensa, que no le gustan al centrocampista porque reconoce que es tímido, ha comentado varias verdades sobre su salida del Madrid. Primero, el nivel de exigencia del club, o todo o nada: «Todo el mundo sabe qué club es el Madrid, donde no se tolera la mediocridad, y solo el hecho de haber mantenido este nivel en un club así durante tantos añoses lo más increíble entre todos los éxitos que he vivido».

De ahí su frustración, siempre quiso decir adiós al fútbol vestido de blanco: «Siempre lo he dicho: no eran meras palabras ni halagos a los hinchas, al club o a cualquiera; mi deseo más sincero fue retirarme en Madrid. Pero, simplemente, todo tiene un principio y un fin. A veces no pasa lo que querías…».

Luka Modric (Foto: Cordon Press)
Luka Modric (Foto: Cordon Press)

No obstante, esa despedida le llegó al corazón mucho más profundo de lo que pudo verse en las imágenes: «Cuando veo qué despedida he tenido, no lo esperaba ni en los sueños más locos. Todo era ideal, muy emotivo… yo soy muy emotivo, pero no lo dejo ver, lo escondo mucho; sin embargo, estos últimos días en Madrid fueron muy emotivos para mí. Este amor de los hinchas, del club, de la gente vinculada al Madrid es algo que queda para siempre».

Ahora está en otro club, jugando a un gran nivel, recibiendo incluso halagos hasta de Ibrahimovic, que le llamó «maestro» por cómo juega a su edad, pero no se corta a la hora de reconocer lo mucho que ama a los aficionados del Madrid: «Fue desde el primer día. No empezó después de la décima o la segunda Liga de Campeones, sino desde el comienzo, cuando vine con todas las dificultades que hubo; desde el principio sentí este amor y devoción de los hinchas, que se dieron cuenta de que yo era la persona adecuada, y esto me inspiraba y motivaba para devolvérselo de la manera mejor posible».

Luka Modrić, niño de la guerra

A la hora de repasar su vida, ambos croatas han recordado los años de la guerra. Algo que no supuso para él un trauma: «Pues sí, mi infancia no fue fácil, pero cuando pienso en ella, recuerdo que no era infeliz; al contrario, era feliz y la disfrutaba. A pesar de la guerra y las dificultades de aquella época, recuerdo mi infancia como feliz, porque estaba rodeado de muchos amigos. Como estuvimos refugiados en un hotel mientras duró, había muchos niños; éramos conscientes de todo lo que pasaba a nuestro alrededor, pero aun así me sentía bien: tenía amigos, salía fuera, jugaba al fútbol, al escondite».

Eso no quiere decir que pase por alto los detalles duros, pero no quedó tocado para siempre. Cuando le pregunta si recuerda algo de la exYugoslavia, dice que poco: «Pues, algunas cosas, pero no mucho. Estábamos en Zaton cerca de Obrovac y cuando empezó la guerra nos fuimos a un hotel en Zadar. Me acuerdo de algo, por ejemplo, cuando mataron a mi abuelo; las situaciones así te marcan para siempre y no puedes olvidarlas. Pero repito: a pesar de todo, mi infancia fue feliz».

Luka Modric (Foto: Cordon Press)
Luka Modric (Foto: Cordon Press)

También cuenta que sus padres nunca le presionaron para que fuese futbolista, aunque se veía que despuntaba desde muy niño. Detalle que no quiere decir que no le apoyaran en todo. Al terminar la guerra, tuvieron que elegir dónde ir a vivir y el fútbol fue lo que ayudó a tomar esa decisión: «En aquel tiempo, cuando la guerra estaba llegando a su fin y la gente empezaba a regresar a sus pueblos y a sus casas reconstruidas, nosotros también tuvimos que decidir si volver al pueblo o quedarnos en la ciudad. Todos le decían a mi padre que regresáramos, que en la ciudad no teníamos nada que hacer y que olvidáramos el fútbol. Pero su decisión fue quedarse en el hotel y, como ya he dicho, querían darme todo, ponerlo todo a mi alcance para que pudiera dedicarme a lo que amo».

Los inicios en Zadar y Split

En cambio, en el Hajduk Split, el gran club de Dalmacia, pensaron que era demasiado pronto para fichar a ese crío: «Antes de nada nada, hay que decir que en Dalmacia todos son hinchas del Hajduk, yo también lo era, y mi padre especialmente. Se presentó la oportunidad de ir al Hajduk para unas pruebas y ver si podía jugar allí, y mi padre lo hizo sin consultar con Zadar ni con el difunto Tomislav Bašić. Fui con mi compadre de hoy, Oštrić, estuvimos unas dos semanas, con partidos y entrenamientos, y la gente del Hajduk decidió que era demasiado pronto para mí, que todavía no era el momento. Regresé a Zadar y estaba muy decepcionado, pensé que no era lo suficientemente bueno, pero seguí adelante, eso no me detuvo, aunque me tocó un poco el ego».

A partir de ahí se desató la locura. Enfadados por que hubiera ido a hacer una prueba a Split, en Zadar empezaron a ponerle trabas y a exigirle ideas de bombero: «Bašić le dijo a mi padre que no podía; si no era lo suficientemente bueno para Hajduk, tampoco lo era para ellos, y que no podía entrenar. Mi padre se opuso, pero Bašić dijo que durante tres meses no podía entrenar, que hiciera ejercicios especiales, como colgarme de barras para estirarme y crecer».

¿Físicamente débil?

Hasta que el centro del campo del Real Madrid empezó a funcionar como un reloj con él, siempre estuvo en el aire la alusión a su físico, si no era lo suficientemente fuerte para el fútbol de elite: «Absolutamente no me desanimó ni me hizo dudar de mí mismo. Siempre he tenido mucha fe en mí. Y no solo en las categorías juveniles, sino también cuando llegué al Dinamo, cuando fui a Inglaterra, cuando llegué al Real Madrid… durante toda mi carrera hasta que gané el Balón de Oro. Y ahí ya dijeron: ‘Bueno, quizás era eso’. Solo fue una motivación para seguir adelante, porque así soy como persona. Incluso de joven y mientras crecía, no me importaba la opinión de los demás. Aunque lo oía, los comentarios negativos siempre me motivaban. Aun así, siempre me apoyé en los positivos porque también los había, no solo negativos, pero nunca me importó la opinión de otros, especialmente si eran de ese tipo. Mi opinión sobre mí mismo nunca fue así, podría haber pensado que era pequeño o débil, pero no, mi opinión era completamente opuesta».

Luka Modric, balón de oro (Foto: Cordon Press)
Luka Modric, balón de oro (Foto: Cordon Press)

Porque el fútbol es algo más que fuerza y volumen: «El fútbol no es solo fuerza o altura; es mucho más que tener que medir 1,90 m o correr 100 metros en 11, 12 segundos… no, el fútbol es mucho más: técnica, cabeza, intuición, muchos más componentes que eso. Hoy en día, cuando veo que la gente sigue intentando imponer cierta agresividad, velocidad, fuerza o tamaño en el fútbol, intentan que todo se mida según eso, pero no funciona así. La cabeza es lo más importante. Y la fuerza o la velocidad nunca superarán a la técnica o a la actitud. Y por estas razones, la gente ama y sigue viendo el fútbol».

De hecho, pese a todos estos problemas iniciales con Bašić, este acabó siendo un padre para él y fue quien le recomendó al Dinamo de Zagreb: «Era especial, realmente especial. Estaba adelantado a su tiempo. Su comprensión del fútbol estaba a un nivel muy alto. Para mí era especial porque fue una de las pocas personas que creyó en mí desde el principio, cuando los demás decían todo lo del físico, él desde un inicio estuvo a mi lado, creyó en mí y siempre me decía a dónde llegaría y qué lograría. Cuando otros no creían y tenían dudas, él nunca dudó. Por supuesto, mi familia me apoyaba, pero entre entrenadores y demás, él fue uno de los pocos. Fue mi padre futbolístico, compartimos momentos como si fuésemos familia; su hijo fue mi entrenador en las categorías juveniles, esa relación fue algo increíble, y la gratitud que siento hacia él no se puede expresar fácilmente con palabras».

Llegada al Dinamo de Zagreb

Aquel viaje fue para el pequeño Modrić el inicio de una odisea que culminó con el balón de oro, pero el primer paso lo recuerda casi con lágrimas, fue duro para toda la familia: «La despedida de la familia fue difícil. Me iba de Zadar a Zagreb; en ese entonces era mucho, no había autopista, eran casi cinco horas de viaje. En mi familia todas lloraban, mis hermanas lloraban, mi padre no podía contenerse, lo expresa completamente; al final mi madre era la más estable, se parece más a mí, se lo guardaba para sí misma. Cuando me subí al coche, también se me escaparon las lágrimas, pero no delante de ellos, porque dejaba atrás a mis amigos, mi infancia, y me iba a una nueva ciudad, pero sabía a dónde iba, quería progresar y estaba preparado para ese paso».

A las primeras de cambio, Modrić prefirió irse al Zrinjski Mostar cedido para poder jugar más y con más intensidad que en las categorías formativas del Dinamo, un paso extraño para un chaval de su edad: «En cuanto se me presentó la oportunidad, yo de inmediato quise irme al Zrinjski, porque sabía que iba a una liga profesional. Pensé que para mí sería mejor competir en fútbol senior, en vez de quedarme en juveniles o en el segundo equipo del Dinamo, contra equipos de segunda o tercera, estaba con mis amigos, en mi zona de confort, todo era más fácil, y no quería eso. Y en Bosnia la experiencia fue espectacular».

Luka Modric (Foto: Cordon Press)
Luka Modric (Foto: Cordon Press)

Sobrevivió al fútbol bosnio, pero aún hoy recuerda con cariño las anécdotas que vivió, que prueban la ambición que tenía el joven centrocampista: «Cuando llegué, el día antes del partido se daba la lista de los jugadores convocados, los dieciocho que iban a jugar, y yo iba convencido de que estaría. Y empiezan a leer los nombres… y yo no aparecía. Nadie me decía nada. Se terminó el entrenamiento, me fui a la ducha… y me puse a llorar. Fue una decepción enorme. Pensaba: ‘¿Qué es esto? He venido aquí para jugar y no me meten ni en la convocatoria’.  Ahí, bajo la ducha, llorando, rezando para que nadie entrara y me viera. Después me calmé, me vestí y me fui a casa, totalmente abatido. Y en ese momento me llaman por teléfono y me dicen que no estoy en la lista porque no habían llegado mis papeles. Sentí un alivio enorme. Al final, en ese periodo en Mostar me formé como persona. Me endurecí muchísimo, porque esa liga era muy dura y los rivales, muy agresivos. Todo eso fue fundamental para que yo creciera y me diera cuenta de que podía competir en el fútbol profesional».

Después, cuando el Dinamo de Zagreb decidió recuperarlo en pleno invierno no era, sin embargo, el club pujante y hegemónico que sería poco después. Modrić aterrizó en un escenario desolador, con ventas inesperadas, disputas internas y una sensación permanente de provisionalidad. Él mismo admite que fue uno de los periodos más difíciles de su carrera juvenil: «Llegué a una situación en la que no se sabía ‘quién manda, quién paga’; así fueron esos seis meses… y luego, después de la lesión». No esconde que fue su peor etapa en el Dinamo, tanto que experimentó un alivio al lesionarse, por la tensión y el desgobierno que percibía: «Fue el único momento en que me alegré de estar lesionado, porque el club estaba literalmente en caos».

La etapa en el Dinamo coincidió también con la explosión mediática de un duelo que él nunca sintió como tal: Modrić vs Kranjčar, dos talentos de edad cercana y dos símbolos de clubes históricamente contrapuestos, Dinamo y Hajduk: «La rivalidad con Niko fue más creación de los periodistas, especialmente porque él estaba en Hajduk y yo en Dinamo. Intentaron eso, pero yo nunca lo vi de esa manera; lo respeté como persona y fue un placer competir contra él».

El entrevistador, Slaven Bilić, entonces era el seleccionador, y abunda en lo mismo durante la conversación: para él, Modrić y Kranjčar no solo podían jugar juntos, sino que eran mejores cuanto más cerca estaban. Y el propio Luka lo confirma, recordando sobre todo su etapa compartida en Londres: «En el Tottenham funcionábamos fenomenal, y en la selección también. Fue un placer jugar con Niko, es un crack, y es un placer jugar al fútbol con jugadores que lo ven de manera similar».

El líder de la selección

Meses después, el crecimiento del Dinamo coincidió con su propio salto definitivo a la selección croata. Primero brilló en la sub-21, donde Bilić le dio el brazalete siendo el más joven, y después en la absoluta, donde debuta con brillo ante Argentina. A partir de ahí, su ascenso fue meteórico. En la Euro 2008, ya era el líder: «Lo demostré en los partidos grandes… contra Inglaterra en casa, en Wembley, contra Rusia, Israel. En los partidos en los que se ve quién eres, donde se confirma tu calidad y si puedes jugar a ese nivel».

Luka Modric (Foto: Cordon Press)
Luka Modric (Foto: Cordon Press)

Además, acompañaba el grupo. Con el recuerdo de los años dorados de Suker y Prosinecki, la selección era algo muy especial para Croacia como país. Modrić recuerda que había un equilibrio humano que rara vez se da en los equipos nacionales: «Teníamos una mezcla perfecta, un equilibrio increíble», dice Luka mientras enumera nombres que hoy forman parte de la memoria sentimental del fútbol croata: Robi Kovač, Srna, Jo Šimunić, Dario Šimić, Niko Kovač… Todos convivían sin jerarquías rígidas, en un entorno en el que los veteranos protegían y potenciaban a los jóvenes, y donde estos últimos, Modrić incluido, devolvían esa confianza en el campo.

Antes del histórico triunfo en Wembley, estaban entrenando en Čatež, en un campo lleno en barro tras días de lluvia, ya clasificados para la Euro y sin nada ‘serio’ en juego, salvo el orgullo de visitar Londres. Y ahí, embarrado de pies a cabeza, Modrić se acercó al seleccionador para pronunciar una frase que fue profética: ‘¿Te imaginas cuando juguemos en Wembley el miércoles…? los vamos a destrozar…’». Y así fue. Croacia ganó en Wembley, dejó fuera a Inglaterra y confirmó que aquella generación estaba llamada a lograr algo grande.

La Eurocopa del 12

Sin embargo, en el Mundial del 10, el que ganó España, se llevaron el chasco de no clasificarse. Y tampoco hubo mucha suerte en la siguiente Eurocopa, donde cayeron en uno de los grupos más duros de la historia reciente: Italia, España e Irlanda. Enfrente estaban Xavi, Iniesta y Pirlo, una suerte de Olimpo del centro del campo, y sin embargo Modrić confiesa que, por dentro, tenía la certeza de pertenecer a ese nivel: «Ya sabes que tengo una gran fe en mí mismo, en mis cualidades, en mis posibilidades. Cuando juegas contra equipos así, puedes sentirlo por dentro, pero tienes que demostrarlo: ¿estás o no estás a su nivel?». Su juego fue sobresaliente, con fases de dominio real ante los futuros campeones del mundo y de Europa, pero el torneo castigó su suerte: «Jugamos un fútbol excelente… pero en un grupo que luego jugó la final, y pudimos haberles ganado a ambos».

Y el salto a la Premier

A falta de una segunda parte de la entrevista, Modrić acabó este fragmento comentando su fichaje por la elite. Esa Eurocopa le consagró y el Tottenham invirtió en él. Sin embargo, el llegar le esperaba Juande Ramos de entrenador, uno de los más duros que recuerda en toda su vida. Sesiones diarias, carreras a las 7:30 de la mañana, trabajo en la playa: «Llegué y todo era correr, correr, correr. Tenía las piernas como de madera; no podía hacer nada»

El Tottenham empezó la liga en caída libre. Y entonces ocurrió el giro que, visto desde hoy, marcó su crecimiento en Inglaterra. Harry Redknapp llegó al día siguiente de firmar y se sentó en el banquillo incluso sin poder hacerlo oficialmente. En su primer partido, victoria ante el Bolton y cambio inmediato de ambiente. Modrić lo describe como el entrenador perfecto para aquella plantilla: «Jugamos uno de los mejores fútboles de la Premier League. Harry adoraba a los croatas. Era un entrenador que entendía el fútbol, que sabía cuándo hablar y cuándo no, que te decía exactamente lo que quería de ti en el campo».

Luka Modric (Foto: Cordon Press)
Luka Modric (Foto: Cordon Press)

Nació así el famoso Cro-Tottenham, con Pletikosa, Kranjčar, Ćorluka y Modrić compartiendo vestuario. El equipo se clasificó para la Champions, derrotaron al City para entrar en Europa por primera vez en décadas y dejaron partidos memorables contra el Milan, el Inter y el propio Real Madrid. Redknapp, recuerda Luka, «no tenía miedo de poner juntos a todos los jugadores buenos con la pelota», y al equipo dio gloria verlo.

Interés del Chelsea y del Madrid

En 2011 llegó el interés del Chelsea, que veía en Modrić la pieza perfecta para dar el salto competitivo. Luka lo entendía como el paso natural en su carrera y lo expresó públicamente. Pero el Tottenham, y sobre todo Daniel Levy, se negaron en redondo a dejarle ir a un rival inglés. Las negociaciones fueron duras. Fue entonces cuando Bilić, como recuerda en la entrevista, le dio el consejo que aún hoy Luka tiene grabado: «Diles que tú eres Luka Modrić; si quieren ficharte, que te fichen». Pero no hubo acuerdo. El Tottenham resistió… y Modrić respondió con profesionalidad: hizo quizá su mejor temporada en Londres, terminaron cuartos y, paradójicamente, el propio Chelsea ganó la Champions y les arrebató la plaza de Champions. Una ironía cruel del fútbol moderno.

Pero lo que no sucedió aquel verano abrió la puerta a lo impensable. Levy, en reuniones privadas le había hecho una promesa: «El único club al que te dejaría marcharte es el Real Madrid». Para un futbolista croata, criado en Zadar y endurecido en Mostar, el nombre del Madrid sonaba más a mito que a posibilidad real. Hasta que llegó el primer contacto. Antes de la Euro 2012, ya en la concentración, llamaron para decirle que el Real le quería. La ilusión fue inmediata; el proceso, mucho más duro: «Por más que él me hubiera dicho todo aquello, las negociaciones fueron durísimas y larguísimas… tenía su palabra, y esperaba que la cumpliera».

Modrić reconoce que aquella vez tensó la cuerda más que con el Chelsea. Estaba dispuesto incluso a no jugar, porque sentía que se había roto un acuerdo moral. Y eso le produjo una contradicción íntima: «Me resultó durísimo por mi historia con el club y mi relación con los aficionados; no es mi carácter. Pero no veía otra salida».

Al final, la operación se cerró. Y Modrić lo mira hoy con filosofía, si hubiera ido al Chelsea un año antes, quizá jamás habría llegado al Real Madrid. «Nunca sabes por qué algo que no sucede puede ser bueno», dice, y en su caso la frase encaja con precisión quirúrgica: once años, cinco Champions y un Balón de Oro después, la historia dio la razón a aquella frustración de 2011.

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