
El acto que organizó la Gazzetta dello Sport hace unas semanas fue todo un homenaje al Real Madrid de la última década. Un reconocimiento que sería raro de ver incluso en España. Además de Zidane, que se acordó de Kroos y su incapacidad para perder un solo balón, el sueco de origen bosnio, Zlatan Ibrahimovic, también tuvo palabras para ese equipo eterno. En su caso, aludió a Luka Modrić al que describió de una forma tan bella y sintética que parecía un verdadero poeta: «Modrić es un maestro. Cuando entra en el campo, él es el fútbol. Él no juega al fútbol, él es literalmente el fútbol. Esto no es ningún secreto. Ha hecho una carrera que no es normal, una carrera increíble».
Ibrahimovic ahora es asesor de los propietarios del AC Milan, el nuevo club del croata, y no dudó en recomendarles su fichaje: «Al final de la liga del año pasado, el club estaba convencido de que faltaba experiencia y se habló con Modrić. Ciertas personas de fuera nos dieron consejos, recomendaciones: ‘¿Cómo se encuentra?’. Se habló con Ancelotti y nos dijo que era el único jugador del Real Madrid que no se había lesionado nunca el año pasado. Así que físicamente estaba al 100%, si no más».
No se equivocaron: «Tiene una mentalidad… No hace falta hablar demasiado. Basta ver la foto del final del Milan – Napoli. Eso es pasión. Eso es pasión, identidad. Es un maestro». Está tan enamorado de su juego, que si hubiera tenido la posibilidad de coincidir con él, asegura que habría aplazado su retirada: «si hubiera estado él cuando yo jugaba, habría alargado mi carrera seguro dos años más».

El activo con el que cuenta el Milan ahora no se puede medir en euros: «Estamos muy, muy contentos con la llegada de Modrić, por lo que aporta, pero no solo en el campo, también fuera, porque en el autobús va con chicos jóvenes, pero también se junta con los que tienen experiencia… Tener a Modrić al lado te da esa energía, te da motivación para hacer aún más. Y luego imagínate cuando está en el campo: esas ganas que tiene te hacen hacer todavía más, y si él corre, los que están a su lado corren el doble».
De hecho, no es un jugador que haya llegado a reforzar la plantilla con su veteranía, sino que le quieren de líder absoluto: «Como le he dicho a Modrić: ‘No esperes, toma enseguida tu espacio, haz lo que tienes que hacer, tienes que ser tú mismo’. Conozco muy bien a este equipo. Si haces eso, ellos están disponibles y te van a seguir. Solo tienes que hacer de guía».
Los otros ídolos de Ibrahimovic
Ibrahimovic también dejó su particular podio histórico, una lista que suele generar polémica cada vez que se formula pero que él resolvió con una seguridad muy propia de su personalidad directa y sin historietas: «Para mí, Ronaldo el Fenómeno era el fútbol. Cuando veías algo suyo, al día siguiente querías salir al campo a imitarlo». Por detrás colocó a Maradona, «un jugador verdadero, que hacía todo con emoción y sin buscar la perfección», y completó el trío con Messi: «Ha ganado absolutamente todo. No sé si le falta algún trofeo. Su carrera habla por sí sola».
La conversación también derivó hacia dos de los entrenadores que más marcaron su carrera: Pep Guardiola y José Mourinho. Ibrahimovic habló las diferencias entre ambos: «Estos dos entrenadores cambiaron el fútbol. Tuve la suerte de tenerlos a los dos». De Guardiola recordó su etapa inicial en el Barcelona, cuando el técnico catalán estaba empezando su carrera y apostaba por una idea de juego muy definida, casi doctrinal. De Mourinho, en cambio, destacó su capacidad para manejar el vestuario: «Con él todo era mental. Te entraba en la cabeza y desde ahí te controlaba. Un ganador absoluto».

Pero al evocar a Guardiola dejó entrever una herida que nunca terminó de cerrarse. «No lo puedo perdonar si no sé cuál era el problema. El problema lo tenía él, no yo», dijo con frialdad. Contó incluso que se vieron tiempo después, en Nueva York, y que el catalán se mostró encantado de saludarle, «pero era solo un amistoso». Es decir, que la historia no está aún cerrada. No suelta la presa.
Después, le tocó el turno en el repaso a Fabio Capello, que recientemente dijo de él que le tuvo que enseñar a chutar durante un mes y medio. Para el sueco, fue el técnico que más le caló. Lo define como el entrenador que lo transformó para siempre: «Capello me llevó a la Juventus y desde ahí empezó mi camino para convertirme en un jugador diferente».
Fue bajo sus órdenes cuando dio «el último paso», ese que separa a un buen futbolista de uno que marca una época. «Me entrenó de otra manera, física y mentalmente. Era capaz de levantarte y, al día siguiente, hundirte bajo tierra». Lo hacía para mantenerlo alerta, para moldear su carácter: «Cada jugador necesita que el entrenador le entre en la cabeza. Él sabía cómo hacerlo». Aquel método duro, casi espartano, fue para él un punto de inflexión: «Capello me transformó: pasé de ser un jugador normal a ser un animal».
Su opinión sobre Lamine Yamal
También pintaron bastos hablando del Balón de Oro, un terreno en el que Ibrahimovic siempre se ha movido con sarcasmo porque no se lo dieron. Dice que habría tenido argumentos para ganarlo: «No lo gané, pero podría haberlo hecho un par de veces. No siempre el más fuerte es quien se lleva el trofeo».
Insistió en que el Balón de Oro es, ante todo, un premio estrictamente individual, una valoración del futbolista por lo que es capaz de hacer él solo, incluso más allá de los títulos colectivos. Y en ese terreno lanzó un elogio inesperado hacia el nuevo prodigio del fútbol europeo, Lamine Yamal: «Para mí, si hablamos de impacto individual, Lamine Yamal ha hecho cosas que no son normales. Es de esos jugadores que te obligan a decir wow cada vez que tocan la pelota. Si el Balón de Oro es de verdad un premio individual, él lo merece».

Aunque si tuviera que describir cómo es su jugador ideal, tendría que hacer un Frankenstein: Para rematar de cabeza, eligió a Mário Jardel, aquel delantero brasileño de potencias imposibles: «Cuando remataba de cabeza parecía que estaba chutando desde fuera del área». Las manos se las dio sin dudar a Gianluigi Buffon, Superman, como lo llamó, aunque siempre ha estado coqueteando con el fascismo: «Era increíble. Jugué con él, jugué contra él… y hasta le marqué un gol que todavía recuerda».
Las piernas, la potencia y la zancada, fueron directamente para Ronaldo Nazario, «el fútbol más fluido que he visto nunca», mientras que la elegancia recayó en Zinedine Zidane, «un bailarín en el campo, jamás rígido, siempre natural». Para cerrar el puzzle, en la parte baja, eligió un defensor que le hizo la vida difícil durante años, Paolo Maldini: «Un defensa completo, uno de los mejores de todos los tiempos», dijo, casi con reverencia. A su lado mencionó otros nombres, Nesta, Samuel, Chiellini, pero ninguno eclipsó la figura del eterno capitán del Milan.
Sobre la selección italiana, que ahora la lleva otro contemporáneo suyo, Gattuso, al que respeta: «Le deseo lo mejor, porque sé quién es. Cuando jugaba, te cargaba, te daba adrenalina, te contagiaba su mentalidad. Es un ganador». Para el sueco, Italia necesita precisamente ese tipo de liderazgo en un momento en el que el fútbol del país «ha sufrido» por no haber estado en los dos últimos Mundiales.
Zlatan, sin embargo, fue más allá de los resultados inmediatos. Subrayó que el futuro de la Azzurra no depende solo del seleccionador, sino de cómo se trabaja en la base: «Italia tiene que estar siempre en los Mundiales y en las Eurocopas, pero eso no empieza en la absoluta. Empieza en las categorías formativas».
Es más, esa es la línea que está llevando con los rossoneri: «Por eso hemos creado Milan Futuro, para llevar a los talentos hacia adelante, para hacerlos crecer y convertirlos en profesionales. Italia necesita más jugadores preparados, más desarrollo desde abajo».
Consigliere del Milan
Por último, Sobre su club actual, el Milan, del que es consejero, destacó la llegada de Massimiliano Allegri, un entrenador «ganador», cuyo efecto se ha notado de inmediato en el vestuario: «Ha traído experiencia, equilibrio y estabilidad». Y añadió una reflexión que vale como declaración de principios de corte madridista: «En el Milan el espíritu siempre es top cuando se gana». Para él, las críticas sobre el supuesto poco espectáculo del equipo forman parte del juego, pero no cambian el fondo: «Todo lo que hacemos es para obtener resultados. El ADN del Milan es ganar. Mientras ganemos, esas críticas se alejan».

Ya de paso, mencionó episodios del pasado, surgió su encontronazo en Londres tras un Arsenal – Milan: «Soy una persona que cuando pierde no está contenta. Dos mentalidades ganadoras en una misma habitación… es normal que salte alguna chispa».
Ahora, ya retirado, Ibrahimovic sigue presente en los momentos clave. Tras partidos especialmente duros, como un reciente Juventus–Milan, admitió haber estado en el vestuario junto al cuerpo técnico: «Cuando se pierde, se pierde juntos; cuando se gana, se gana juntos». Recordó que, después del pitido final, «todos estaban enfadados» y que el primero en hablar siempre es Allegri. Él interviene después, pero con cautela: «Justo después de un partido hay demasiada adrenalina. No puedes pedir a un jugador que piense en frío. Hay que darles espacio».
Entre todos ellos, aparte de Modrić, hay uno que ocupa un lugar especial, Rafael Leão. Ibrahimovic lo definió como «uno de los jugadores más fuertes del mundo». Y defendió que sus altibajos son el precio natural del talento extraordinario: «Si no se hablara de Leão, no sería uno de los mejores. Pero es que ya lo ha demostrado. Cuando ganamos el scudetto, lo hizo siendo muy joven y, para mí, lo ganó casi solo». Recordó también su impacto en la Nations League con Portugal, señales de un futbolista que, según él, «tiene esa magia que hace decir wow a quien no lo ha visto y decir ‘es normal’ a quien lo ve cada día en los entrenamientos».


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