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Nick Calathes: «La peor experiencia de mi carrera fue quedarme dormido en una sesión de vídeo de Obradovic, me quería matar»

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Nick Calathes
Nick Calathes

Hoy se puede decir que Nick Calathes ha marcado una época en la Euroliga. Es el máximo asistente de la competición y uno de los jugadores con más robos de balón de la historia. Nació y creció en Florida, pero desde un principio apostó por Europa antes que por la NBA, donde estuvo en Memphis Grizzlies y salió de allí por un oscuro problema. Lo ha comentado todo en una entrevista en Euro Insiders, donde ha dejado una anécdota que es una película de terror.

En una ocasión, salió de marcha, llegó con resaca al entrenamiento y tocaba sesión de vídeo con Željko Obradović:

«Nunca he contado esta historia antes. Fue en mi primer año en Panathinaikos. Una noche salí con Mike Batiste y Drew Nicholas. Al día siguiente teníamos la sesión de vídeo con Obradović. Yo apenas jugaba, así que estaba desmotivado, cansado… y apoyé la cabeza contra la pared.

De repente me quedé dormido. Mike intentaba despertarme, pero nada. Y claro, un veterano como Tsartsaris estaba ahí, revisando el vídeo, y de repente me señala: ‘¡Coach, no puedo seguir con esta sesión si este chico está dormido!’.

Obradović tenía las llaves en la mano y empezó a agitarlas cerca de mi oído hasta que me desperté. Cuando abrí los ojos y vi su cara, pensé: me quiere matar.

Ese mismo día hice el mejor entrenamiento de mi vida, pero no sirvió de nada: me suspendieron un partido. Y desde entonces, jamás volví ni a pestañear en una sesión de vídeo. Fue la peor experiencia de mi carrera, pero también un aprendizaje enorme».

Nick Calathes intenta taponar el tiro de Juan Carlos Navarro (Foto: Cordon Press)
Nick Calathes intenta taponar el tiro de Juan Carlos Navarro (Foto: Cordon Press)

No obstante, nada más empezar la entrevista, dice que se queda con Obradović de todos los entrenadores que ha tenido, porque le enseñó todo sobre el estilo europeo de baloncesto y eso le ayudó durante toda su carrera. Ahora es uno de los más destacados jugadores de la historia de la Euroliga.

De hecho, hoy es una autoridad a la hora de describir las diferencias entre el baloncesto de ambos continentes, aunque caiga en lo ya conocido. En Estados Unidos importa la estrella; en Europa, el equipo: «En la NBA los jugadores mandan: ganan tanto dinero y tienen tanto peso que, si eres la estrella, hasta puedes provocar el despido de un entrenador. Allí el foco está en el show de los jugadores. En Europa es distinto: aquí el poder está mucho más equilibrado. Los entrenadores tienen un peso enorme en todo lo que pasa en el equipo».

Nick Calathes: Robo y asistencia

Tanto en asistencias: «Siempre tuve una sensibilidad especial para ver a los compañeros. Desde que era pequeño sentía que podía anticipar lo que iba a pasar en la cancha, que sabía a dónde iba a ir un jugador antes de que se moviera. Creo que esa visión me ha acompañado siempre. También he tenido la suerte de jugar con grandísimos compañeros, tiradores, interiores, que podían culminar las jugadas. Una asistencia no existe sin alguien que anote. Para mí es algo con lo que se nace. Puedes aprender a jugar un pick and roll, puedes aprender a leer ciertas situaciones, pero ese feeling para dar la asistencia en el momento justo, esa intuición… creo que es muy difícil enseñarlo. Es más bien un talento natural».

Como en robos de balón: «Los robos son más cuestión de instinto. Es leer los ojos del rival, prever cuándo va a dar un pase. Yo nunca pensé que iba a ser líder en robos. Pero en mi segundo año, con Obradović, en una serie contra el Barça, me emparejó con Navarro. Ahí fue cuando empecé a ser visto como un defensor y me convencí de que también podía aportar mucho atrás. Esa experiencia me cambió la mentalidad: me hizo querer defender más y mejor».

Porque Calathes es estadounidense asimilado griego. En un principio, como es tan común en ese país, no sabía ni situar los países europeos: «De joven me sentía claramente americano, porque crecí allí y hasta los 18 o 19 años no sabía casi nada de Grecia. No podría ni señalar dónde estaba en el mapa, ni quién era Panathinaikos. Pero después de tantos años en Europa, de haber jugado siete temporadas en Panathinaikos y más de una década con la selección, hoy me siento más europeo y más griego».

Pero la nacionalización fue exprés, no hizo falta más que un abuelo: «Un periodista, Regas, me vio en el Jordan All-American Game en el instituto. Se fijó en mi apellido, habló con mi padre y le preguntó si teníamos sangre griega. Mi abuelo era griego, así que dijeron que sí. A partir de ahí, la federación movió los papeles y en unos cinco meses ya tenía el pasaporte».

Rechazado por los compañeros de la selección griega

La experiencia no fue fácil, los demás compañeros helenos empezaron poniéndole la proa: «Fue con el equipo júnior y, para ser honesto, fue lo peor que he vivido. No jugué nada, los compañeros ya llevaban años juntos, yo era el americano que venía de fuera, y creo que hubo un poco de celos. Me sentí marginado y me prometí que no volvería. Pensaba: ‘¿Para qué quiero el pasaporte? Soy jugador NBA, no necesito esto’. Al año siguiente me llamaron con la absoluta y todo cambió. Ganamos la medalla de bronce y, aunque yo tenía apenas 19 años, fue una experiencia increíble. Desde entonces jugué casi todos los veranos con Grecia».

Nick Calathes (Foto: Cordon Press)
Nick Calathes (Foto: Cordon Press)

Y actualmente todo es patriotismo: «Ahora siento que soy griego de verdad. He dado mi tiempo, mi esfuerzo y mi sudor con la selección. Mis compañeros lo reconocen y me respetan como griego. Para mí es un honor vestir esa camiseta, también por mi abuelo. Me siento orgulloso y afortunado cada vez que la llevo».

Pero lo cierto es que cuando se situó ante él por primera vez la duda de si ir a la NBA o a Grecia, eligió Europa: «Tras mi segundo año tuve ofertas serias de la NBA y estaba proyectado para salir a finales de primera ronda. Pero entonces llegó Panathinaikos con un contrato de tres años que me ofrecía lo mismo que ganaría un rookie de primera ronda. Era dinero garantizado. Además, mi hermano ya jugaba en Grecia, así que pensé: ‘¿por qué no?’. Me parecía una oportunidad enorme, y si realmente tenía nivel NBA, ya volvería más adelante».

Ahora, por el contrario, es un placer para él convivir con sus compañeros de la selección, especialmente con Antetokounmpo: «Es un tipo humilde, muy cercano. Podrías pensar que, con todo lo que ha conseguido, tendría un aire de estrella intocable, pero es justo lo contrario. Es el primero que se sienta contigo a comer un McDonald’s, el que hace bromas en el vestuario, el que más se ríe. Es un auténtico payaso en el buen sentido: siempre está gastando bromas. Y al mismo tiempo trabaja cada día como si no hubiera ganado nada todavía. Esa combinación de esfuerzo y humildad lo hace aún más grande».

Desbordado por el nivel europeo

Y ahí empezaron las sorpresas. Vino crecido, pero se encontró con un nivel en Panathinaikos alucinante: «Cuando llegué a Grecia pensaba que iba a ser el base titular. Venía de Florida convencido de que me necesitaban. La verdad es que ni siquiera sabía quiénes eran Dimitris Diamantidis o Vassilis Spanoulis. Mi hermano me decía: ‘Nick, vas al mejor equipo de Europa’, y yo insistía en que estaba listo para ser protagonista. Pronto me di cuenta de que estaba equivocado. Apenas jugaba, solo entraba en pista cuando el partido estaba decidido. El equipo estaba lleno de veteranos y había una jerarquía muy clara. Me tocó sufrir las típicas novatadas de jugadores como Mike Batiste o Tsartsaris, que me machacaban en cada entrenamiento. Fue un choque brutal con la realidad.

Salto a Rusia

Doblando la apuesta, cuando Obradović dejó Panathinaikos, vio el proyecto sin rumbo y se atrevió a aceptar una oferta del Lokomotiv Kuban. Aunque ganó la EuroCup y fue elegido MVP, el contraste fue demasiado: «La vida en Krasnodar fue dura. Venir de Atenas a una ciudad del sur de Rusia fue un cambio enorme. Aunque no nevaba tanto como en otras zonas del país, los viajes eran interminables. Pasaba casi el 75% del tiempo en aeropuertos: para los partidos de liga nacional teníamos que volar con escala en Moscú y esperar horas en las conexiones. Solo en la EuroCup viajábamos en vuelos chárter. Fue agotador, pero al mismo tiempo un aprendizaje más en mi carrera».

Nick Calathes (Foto: Cordon Press)
Nick Calathes (Foto: Cordon Press)

Dopaje en la NBA

Aunque cite a Obradović como el momento más comprometido de su carrera, o los shocks que sufrió con cambios de aires tan extremos, sin duda el momento más controvertido de Calathes fue su positivo en la NBA supuestamente por un suplemento para el cabello. Estaba viviendo un gran momento, pero eso truncó su progresión: «Llegué a los Memphis Grizzlies y me tocó un rol claro: ser el base suplente de Mike Conley. Eso me dio minutos y confianza para adaptarme poco a poco. Compartir vestuario con jugadores como Marc Gasol, Zach Randolph o Tayshaun Prince fue increíble. Marc me trataba como a un hermano menor; salíamos a cenar juntos en cada viaje, igual que con Mike y Tayshaun. Zach era uno de mis favoritos: quizás no era el más atlético, pero todas las noches te aseguraba un 20–10. Y como persona, aún mejor En la pista tuve buenos momentos. Incluso llegué a ganar el premio a rookie del mes, lo cual fue especial porque no era común para alguien que ya venía con experiencia en Europa».

Hasta que pitó: «Luego vino el episodio que me marcó: la sanción de 20 partidos. Todo ocurrió por un suplemento para el cabello que tomé sin saber que contenía una sustancia prohibida. Fue un error mío no informarme bien. La NBA fue muy estricta y justo en un momento clave, antes de los playoffs, me llegó la suspensión. Dejé de cobrar durante ese tiempo y el golpe fue duro, porque además estaba jugando bien. Con la perspectiva del tiempo, creo que debería haberme quedado un año más en la NBA. Memphis había ejercido mi qualifying offer y yo sentía que estaba demostrando que podía ser un jugador válido allí. Pero decidí volver a Europa, a Panathinaikos, porque me ofrecían un gran contrato de tres años. Hoy pienso que, quizá, un año más en la liga habría cambiado mi carrera en Estados Unidos».

Vuelta a Europa

En Panathinaikos, en cambio, vivió los mejores momentos de su vida. Baloncesto europeo en su máxima expresión: «El punto más alto fue en 2011, cuando ganamos la Euroliga. Era apenas mi segundo año completo en el equipo y todavía existían dudas porque jugadores importantes se habían marchado al Olympiacos. Muchos pensaban que sin ellos no podíamos aspirar a tanto. Pero el grupo respondió: fuimos creciendo durante la temporada y llegamos al top 16 con lo justo. En cuartos eliminamos al Barça, que tenía ventaja de campo y era favorito. Eso nos dio una confianza tremenda. La Final Four fue inolvidable. En la final ante el Maccabi, el pabellón estaba dividido mitad amarillo y mitad verde. El ambiente era una locura. Ganar ese título fue demostrar que Panathinaikos no dependía de nadie en particular: que teníamos carácter y calidad para ser campeones. La celebración en Atenas, con el desfile y la gente en las calles, fue probablemente uno de los momentos más felices de mi carrera».

En el Barça

Otra parada en su periplo europeo fue en Barcelona, donde tuvo a su excompañero Saras Jasikevičius de entrenador: «Al principio, difícil. En Barcelona, los tres o cuatro primeros meses no sabíamos cómo relacionarnos, porque antes éramos compañeros de viaje, de risas, de vacaciones incluso, y de repente era mi entrenador. Esa transición fue rara, pero después encontramos un equilibrio y seguimos teniendo una gran relación. En sus primeros años, como en Zalgiris o en su inicio en Barça, quería controlarlo todo: cada jugada, cada posesión, todo marcado. Con el tiempo fue cambiando. Lo vi en Fenerbahçe, cuando coincidimos otra vez, y era un entrenador diferente: más flexible, con más libertad para los jugadores. Creo que fue parte de su evolución y de adaptarse al tipo de plantilla que tenía».

Nick Calathes (Foto: Cordon Press)
Nick Calathes (Foto: Cordon Press)

Pese a todo, no ha sido incluido en la lista de los 25 mejores jugadores de la Euroliga, algo que no llega a entender, ni por él y ni por otras ausencias: «No he hecho un drama por eso, porque todos los que están son grandísimos jugadores y se lo merecen, pero si miras lo que he hecho y lo que he conseguido en la Euroliga, no entiendo cómo no me han puesto. Estoy entre los quince primeros en casi todas las estadísticas: puntos, asistencias, robos, rebotes. He jugado varias Final Four. Creo que mis números y mis logros están ahí. No soy de los que hablan mucho de sí mismos, pero viendo todo eso, me parece extraño no estar en la lista. Y no solo soy yo. Un jugador como Sloukas, o Jan Veselý, con todo lo que ha ganado, tampoco está. En cambio, ponen a alguien como Manu Ginóbili, que fue increíble en la NBA, pero en Euroliga solo jugó un año. Para un ranking histórico de esta competición… no sé, me parece raro».

2 comentarios

  1. Otro incauto que se fue al Barsa a sufrir al Madrid. Bueno, a sufrir a secas.

  2. Pingback: Nick Calathes repasa su carrera en Europa y la NBA, desde su peor experiencia con Obradovic hasta su éxito en la Euroliga - Hemeroteca KillBait

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