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Alfonso Pérez Burrull: «¿A qué se dedicaba Negreira? A trincar dinero del Barça»

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Hay nordeste sobre el Cantábrico, y juega la mar a caracolearte olas de espuma y verde. Pasean algunas personas por la playa de Comillas, pero con bien de abrigo, capuchas, pantalón largo. En unos meses, en agosto, no habrá quien pare por aquí, pero ahora solo están los del pueblo. Allí, en una casa antigua, decimonónica, con miradores en madera que se abren a puerto y ensenada, hemos quedado con Alfonso Pérez Burrull para hablar de árbitros. Y de arbitraje, que igual es lo mismo, o igual no.

Alfonso Pérez Burrull (Comillas, 1965) es nombre reconocible para quienes gustan del fútbol. Mediático a su pesar, quizá dijera. Árbitro de gesto serio, de compadreo escaso, de decisiones rápidas. Superando los doscientos partidos en esa Primera División que es, sí, espejo de países y paredón permitido. Ente tantas pasiones como despierta el balompié son ellos, los paisanucos de negro, quienes juegan, siempre, el papel de malos (al menos hasta que se equivocan a favor de tu equipo, entonces bien). El eslabón más débil, el que recibe críticas haga lo que haga. Un mal necesario, dicen algunos. Pero mal.

Alfonso responde con medio sonreír, un punto irónico y cero precauciones, como cuando pitaba penaltis en el Bernabeu. Hablamos con él de aquellos presidentes hechos caricatura, de violencia, de presión. Hablamos sobre la Tercera en Cantabria y sobre pitar por Europa. Hablamos, en definitiva, sobre dedicarte a ese oficio, el de los dos apellidos, el de las repeticiones en bucle, donde millones de personas te insultan cada siete días.

Pero comenzamos confesándole que es, el suyo, retiro de ensueño por Comillas. El decorado más espectacular de todos.

Alfonso Pérez Burrull. La familia tenía barcos, eran constructores, e hicieron esto cuando no había ninguna casa aquí.

¿De cuándo es?

De mil ochocientos y pico, tengo ahí documentación de mil ochocientos noventa y tantos. Así que hacen la casa. Abajo ha habido de todo… ha habido tienda, putiferios para los marineros.

Es que está muy a mano.

También taberna, también. Es un sitio fantástico, yo vengo aquí (hace un gesto a las vistas sobre la mar) y pongo la oficina de trabajo. Se van todos los problemas.

En agosto no podrás parar.

No, Comillas al final… Pagamos algunos políticos del pasado, que trincaron y han destrozado el pueblo.

¿A qué se dedicaban tus padres?

Mi padre era de Flex, casualmente, así que lo mío con los colchones (es representante) viene por tradición familiar.

¿Era comercial?

Sí, él empezó con la casa Flex en Cantabria. Era de aquí, de Comillas, mi madre era aragonesa. Se conocieron en Barcelona, en un guateque. Y mi madre ha criado a cinco hijos.

¿Aquí en Comillas?

Entre Santander y Comillas.

¿Cómo recuerdas aquel pueblo, aquella Comillas?

Distinta. Siempre con gente de fuera, porque aquí siempre hemos sabido convivir con mucho guiri, mucho turista inglés… Recuerdo de crío, cuando empezó el Ferry a Santander, que alquilábamos una casa y eran todo ingleses. Había menos trasiego del que hay ahora, era mucho más tranquilo, ahora se ha desfasado. Recuerdo esto como «el pueblo», vivir en Santander y venir en verano. En invierno vivir aquí, en el muelle, era muy difícil, mucho frío, mucha… Pero estábamos deseando que viniera el fin de semana para venir a Comillas.

¿Tú ahora lo reconoces?

Sí, lo reconozco… pero me sobra mucho. Hay veces que miras y… cuesta. Sigue teniendo su encanto, pero cuesta no equipararlo con esa construcción masiva que ha habido.

Tú paseas y te vienen recuerdos… la cuadra de no sé quién, aquí estaban las vacas de fulanito.

(Sonríe) De eso me acuerdo de todo, aquí vivía este, aquí el otro. Muchas cosas que ahora ya no hay. Y aquí, en esta casa, queríamos mantener la esencia. Preservarla.

Está muy conservada, sí.

Ha costado, ha costado… Casa de madera, en invierno, cuando hay temporales… Ahora ya arreglamos el tejado, pero antes… joder.

Aquí llega la mar cuando ruge.

Limpiar sal de cristales, la madera, la pintura que salta, todos los años, sí, sí.

Cuando tú eras crío aquí enfrente, en el puerto, aun había mucho barco de pesca.

Mucho, la infancia la tienes en el barco, cada vez que veías entrar un barco bajabas a ver lo que había pescado, lo que caía… era un rito. Entraban los barcos, te conocías a todos los pecadores, a todos los perros de los pescadores. Bajaban en vespino, era un trasiego a partir de ciertas horas. Y la parte baja de aquí, de la casa, uno de los dos bares que hay antes era la emisora, la que estaba conectada con todos los barcos. Así que estás todo el día oyendo qué se cuentan entre ellos. Por eso luego hablas tan mal, porque te acostumbras a escuchar gente que meten tacos cada cuatro palabras, los marineros al final… Cuando pasaban los bermeanos, que iban volviendo a puerto y tiraban aquí el palangre, metían unos juramentos espectaculares. Sí me acuerdo, sí.

Eso te sirvió para cuando te insultaban en Ipurua, por ejemplo. Sabes lo que te dicen…

Exacto. Y sobre todo para tirar yo más tacos que los jugadores. Las expresiones de cada sitio me las aprendía. Y las pancartas las leía, también, a veces hasta preguntaba a los jugadores, a ver qué ponía en ellas, por si era «presos no sé qué», y entonces había que quitarlas. Había que atreverse a quitarlas, claro.

¿Cómo fue tu infancia aquí, de niño?

Sobre todo me acuerdo de que quería jugar al fútbol, mi familia es muy futbolera, pero yo no jugaba al fútbol. No daba el nivel en Santander… probaba, en los Escolapios, en la liga normal, y nada. Pero sí te daba para jugar en Comillas, y siempre me acuerdo de la playa, los torneos playeros. Eso y el balón, todo el día con el balón por los praos del pueblo, que ahora ya no hay ni praos. Balón y la pandilla, y las excursiones, y las guiris, las francesas. Eso era sagrado.

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Momento álgido.

Claro, en esa época sobre todo. Estabas aquí, aparcaban dos autobuses, cuarenta y cuarenta, ochenta franceses y francesas que vienen al pueblo, vamos allá para hacerles de cicerones (ríe).

¿Bajabas para ver si caían cuatro perras o para hacer amistades?

Un poco de todo. Las perras las hacía de dos formas. La primera de monaguillo, parte con el poco que te daba el cura y parte con lo que sisabas del cepillo cuando se daba la vuelta.

¿Eso se puede contar ahora o irás al infierno?

Creo que iré al infierno, pero por más cosas que esa. Y la otra forma de sacar dinerillo eran los bolos.

¿Pinabas bolos?

Claro, había codazos ahí, recuerdo en Comillas que había un torneo que era el del Marqués de Retortillo, lo jugaban en la bolera de El Chozo. Si empezaban a jugar a las cuatro, a las tres estabas allí, porque quien primero llegaba era el que pinaba.

Fue muy famosa esa bolera, nos contó Tete que era uno de los sitios donde más le gustaba jugar.

El torneo lo hacían justo allí, estaba debajo del Casar del Castro, que ahora da pena verlo. Un hotel precioso, muy antiguo, un sitio espectacular, pero… hasta donde yo llego ahora es del banco. Probablemente es el sitio que más pena da verlo abandonado en Comillas.

Tú cuando juegas al fútbol de niño, ¿ya tienes la intención esa de arbitrar?

No, la primera intención la tuve porque mi padre era árbitro, pero muy aficionado, en partidos de amigos allá por Santander. Nunca pensé en arbitrar pero, si tenían que coger quince jugadores para jugar en la liga federada, yo era el diecinueve. Empecé a arbitrar porque me castigó el padre Julián… siempre me echaban de clase, y de aquellas…

¿Por hablar?

Bueno, por hablar y por más cosas. Y entonces un día él me vio en el pasillo, cuando te castigaban te echaban a una sala que estabas allí de pie, él me vio y me dijo «joder, siempre estás por aquí, venga, ven para acá, ya sé lo que voy a hacer contigo». Estaban jugando el Torneo Calasanz, el interno del colegio, y me puso a arbitrar. De aquellas no había árbitros, y cuando un equipo de alevines se inscribía tenía que inscribir a los jugadores y un árbitro para arbitrar en casa. Y me inscribieron a mí, tenía quince años. Paco, el del Calasanz, me dijo «oye, ¿por qué no vienes los sábados por la mañana?». Yo no había soñado nunca con arbitrar.

¿Te pagaban o algo?

No, no, qué va. Mira, mi padre estaba en la Federación Cántabra de Fútbol, y de aquellas no se podía arbitrar oficial hasta los dieciséis, que es cuando me apunté a ser árbitro. De los quince a los dieciséis estuve con los alevines del Calasanz.

¿Y te gustó?

Desde el primer día.

¿Por qué? ¿Por qué le gusta a un árbitro ser árbitro?

Primero porque estás en un prao, en un partido de fútbol, que con el balón no ibas a poder estar. Y segundo porque era una manera de decidir cosas, ser un tío honesto, honrado. Y hacerlo en un campo de fútbol me parecía una sensación maravillosa. Era un reto cada fin de semana, y toda esa dificultad desde que empiezas… incluso lo ocultas cuando eres árbitro de quince o dieciséis años, porque el árbitro… No es que fuera el tonto de la clase, pero un poco así.

Y el gordo de portero.

Exacto, así que lo ocultas. Pero esa sensación que tenías de cuando tú pitabas una falta, todo el mundo se te echaba encima pero tú decías «yo la he visto y la pito»… esa sensación me gustaba, siempre.

¿Y en casa nunca te dijeron que te dedicases a algo más tranquilo?

No, no tengo esa sensación de que mis padres me dijeran que no fuera árbitro.

Pensaba que igual para tu madre había sido…

Mi madre tiene otro hijo que es guardia civil de tráfico, o sea que… le viene por los dos lados.

Se han acordado mucho de ella.

Eso decía ella… «es que Burrull tal y cual, siempre se recuerda a la madre».

Tú estás en la profesión de los dos apellidos, además.

Sí, con aquello de Franco García. Pero, volviendo a lo de antes, es una sensación, arbitrar, que a mí me gustó muchísimo. Aparte que fue encontrar algo que iba con mi carácter, mi forma de ser y mi personalidad, probablemente por la educación que tienes.

¿Tú de qué equipo eres?

Del Racing.

¿Y de más allá?

No, de más allá no, nunca he tenido una pasión futbolística distinta…

Me sigue valiendo para la pregunta… ¿nunca tuviste tentación de echar una manuca?

No, eso lo último, si hubiera favorecido un solo minuto de mi trabajo como árbitro… no lo hubiese sido. Precisamente esa es la fuerza que me da. Piensa que cuando tienes un periplo por los años ochenta en la Regional y tienes que pitar en el Barquereño, en Iguña…

Esa Castañera de Selaya…

Allí o ibas a derecho y te respetaban, o las pasabas putas, porque había días que tenías miedo, pero miedo de que te temblaban las piernas.

¿Tú alguna vez has salido por patas de algún sitio?

Sí… he salido corriendo de campos… tengo tres o cuatro veces. Una en Somo, en el campo de Latas, que pitaba un Pontejos-Ribamontán al Mar. Había mucho miedo, porque yo llegaba a la caseta y sabía que me iban a esperar fuera. En vez de llegar, ducharte, hacer el acta… zas, meter todo en la maleta, las botas, pirarme y cuando se han querido dar cuenta yo ya había desaparecido.

En Montaña tengo otra, en un partido de juveniles, luego me enteré que les habían prometido dinero por ganar, que estaba prohibido, y por eso había tanta tensión. Saltó gente al campo y estaban esperándome en la típica salida pequeña que hay, con vallas. Eché a correr y a última hora hice un quiebro, salté aquella valla, que no sé ni cómo la saltaría, y llegué al vestuario el primero.

También me metieron un paraguas en la pierna, en Gama. Hubo invasión y el delegado me había dado las llaves para que fuese rápido al vestuario, pero el manojo tenía cuatro, y entre que metes una y otra… pam, me pilló el pellizco. Y alguna otra más hay. Sí que salías mucho en olor de multitudes. Además en Regional, no me digas la razón, la caseta del árbitro y el bar estaban al lado…

Era un bar más peligroso que el VAR.

Sí, claro. Pero aquello era todo psicología pura. A mí me gustaba que era cuestión de imaginación, de tener más imaginación que ellos para zafarte.

Y en Primera ¿has tenido alguna vez miedo?

No, en Primera no. He tenido mucha más mala hostia que miedo.

Te iba a preguntar después si eras más de imponer respeto o de dialogar, pero igual ya me contestaste.

No, pero dialogando. En Primera, estuve trece años, pero empiezas con treinta y te vas con cuarenta y cinco, así que cambia la cosa. Siempre que tiré de buen humor, de ironía y de buen rollo con los futbolistas iban bien las cosas. Cuando ibas tenso funcionaba peor. En Regional vacilabas un poco, entre comillas, pero en Regional empecé tras pasar un año en Inglaterra, así que vengo con los rizos, la chupa de cuero, el pendiente… En los años ochenta, que pensaban que un árbitro no podía tener pendiente, un árbitro era un señor mayor. Nosotros fuimos una generación pionera, los primeros que ya con diecisiete años arbitrabas en campos. Me acuerdo una vez, en Arenas de Iguña, que me preguntaron por el árbitro. Aquí estoy, dije… No, no, el de verdad, insistían, el árbitro de verdad. Me vio un chaval. Aprendías la psicología… los tres primeros pitidos sonaban en todo el pueblo, y el primer juramento, el primer cagüentodoloquesemenea, era el mío. Mano izquierda, psicología y respeto.

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Tienes razón que los árbitros de los ochenta eran señores con pinta de registrador cansado, con barriga y bigote. Eso ya no se puede ver.

Nosotros fuimos la primera generación que rompe el estereotipo. Me di cuenta de que lo más importante en noventa minutos era no parar de correr, llegar a las jugadas y cansarte menos que ellos.

Tú ahora ves el Racing.

Siempre que puedo, sí.

Te decía… ves el Racing y gana un partido en el minuto noventa de penalty injusto. ¿Eso lo disfrutas o tienes el punto corporativo de «pobre árbitro»?

(Resopla) Complicado, ¿Quieres más a papá o a mamá?

Dicho de otra forma, que lo disfrutas.

(Ríe). Ten en cuenta que si yo soy árbitro es porque era del Racing… yo era el típico crío que estaba en una peña, iba a los entrenamientos a que te firmasen autógrafos. Si no hubiera sido futbolero y del Racing, no hubiera sido árbitro. Pero en la radio, cuando me preguntan si soy antes árbitro o racinguista, respondo que antes árbitro.

Pero eso lo dices en la radio…

No, y en la realidad, primero eres árbitro. Tú no quieres que un compañero se equivoque. Pero si se equivoca, eso forma parte del arbitraje, y si es para que gane el Racing… cosas de la vida.

¿Juegas al fútbol con amigos?

Ya no, mi espalda no me lo permite.

¿Y antes?

Sí, poco, pero sí.

En esas pachangas… arbitrabas?

No, jamás, eso era lo peor. Mira, arbitré un día un partido aquí, en Comillas, y estuve dos meses sin salir, todavía de aquella hay alguno que no me habla. Estaba yo en la grada y no llegaba el árbitro, era un amistoso contra la Gimnástica de Torrelavega, para recaudar dinero para los futbolistas. Y eso, estaba en la grada, no hay árbitro, me sube el delegado, mira, sobre la marcha, te cambias, te pones a pitar, por favor. Yo de Comillas… pito, expulso a dos del Comillas, y claro, aquel día quien te llama hijoputa desde la banda es el lechero, el panadero y el otro.

Son los que conocen a tu madre, no va en abstracto.

Al final sí que la gente se cabreó mucho. Creo que aun hay gente que me ve por el pueblo y mira para otro lado.

Yo te hablaba antes de si estás echando una pachanga con diez amigos en la playa… si hay entrada fuerte ¿impones? Ha sido penalty, que te lo digo yo…

No, no, cuando he jugado al fútbol he jugado al fútbol. De hecho, cuando dejé de arbitrar, quitando invitaciones y tal, no he vuelto.

Lo que hablábamos antes del físico, ¿no crees que ahora nos estamos centrando demasiado en la preparación física de los árbitros, dejando al margen otros asuntos?

Eso es una buena pregunta, porque ahora el árbitro se echa muy encima de las jugadas. Está tan bien físicamente que a veces persigue el balón, y no. El físico del árbitro es para seguir la jugada y verla, a ser posible, de parado. El físico debe ir por dos motivos: uno, para tener más riego y que no estés en un túnel cuando tienes que decidir; y dos, para anticiparte y colocarte mejor. Cuando te echas muy encima de las jugadas, que lo veo en muchos, se equivocan más, porque pierdes perspectiva. Las jugadas hay que verlas a doce, quince metros, porque ves todo, ves lo que hay alrededor, ves la intensidad… Y eso se pierde cuando estás muy cerca.

Una pregunta igual un poco tonta, al hilo de esto… ¿A los árbitros les hacen antidoping?

A mí me lo han hecho una vez.

Porque vosotros necesitáis una preparación física importante.

Sí, es muy importante. De hecho, siempre presumo de que la preparación física en el arbitraje moderno se parió en Cantabria. Yo tenía un amigo que era preparador físico en el Perines, Pablo Cantera Mesones, y cuando subí a Segunda, lo fiché como entrenador, nosotros no teníamos entonces. Él hizo la tesis con eso, algo novedoso. Preparé un pack para enviarlo a Madrid explicando todo lo que hacía, entonces no te pedían nada de eso. Al poco tiempo, por un árbitro de Primera, ese pack llegó a la UEFA. Y a los dos años vinieron preparadores físicos de la UEFA para explicarnos cómo había que entrenar en el arbitraje, y yo pensaba «coño, pero si esto lo he hecho yo, me han copiado».

Yo recuerdo aquellos famosos test de Cooper de los árbitros, que salían imágenes por la tele y veías unos señores de mediana edad trotando, y daba cosuca.

El primer día les adelantabas y te agarraban, no pases de aquí, aquí todos juntos, que no haya ningún gallo. Coincidí con Andújar, con López Nieto, Fernández Marín, con toda esta gente. Algunos estaban bien, pero todavía físicamente…

Vieja guardia.

Espectacular, una generación de árbitros con gente preparada a nivel intelectual de forma espectacular. Muy, muy preparada.

¿Tú crees que los árbitros de antes son mejores que los de ahora?

No me gusta hablar de eso porque parece que dices eso de «cualquier tiempo pasado fue mejor».

O sea, que sí.

Creo que hoy tienen menos don de gentes. El contexto es distinto, probablemente ahora hay demasiado reglamento en la mano y poco reglamento en el prao. Lo que hay ahora es que son todos muy iguales, antes de veinte árbitros había veinte estilos distintos, ahora no. Haría un mix, por lo que te dije antes, ahora corren mucho pero se comen muchas jugadas por estar muy encima. Si tú tienes el balón aquí (estira la mano) y tienes que agachar la cabeza porque estás al lado no ves lo que pasa alrededor.

No sé si eso de estar muy encima lo podemos trasladar, también, a ver las jugadas con cámaras superlentas, como ocurre en el VAR. ¿Eso no atenta contra la naturaleza del juego? Incluso a vosotros, tú al final te preparas para pitar lo que ves, no lo que ves frame a frame, igual eso desnaturaliza vuestro trabajo.

Sí, creo que sí. No entiendo que cuando el árbitro va a al VAR no le pongan la jugada que acaba de suceder, la que lleva en la retina, a la misma velocidad. No entiendo que lo primero que ve un árbitro sea el frame... si me vas a poner una foto… ponme la imagen entera, y luego ya la vamos acercando. No entiendo quién discurre esas cosas, hay una parte del VAR que viene muy bien a los árbitros, porque la duda la tienes, pero otra parte se hace para contentar a los equipos. La primera viene muy bien, ojalá la hubiera tenido yo, porque tienes que tomar decisiones sin tener todos los pelos de la burra. Pero otra parte… la gente se cura en salud. Y tampoco es eso.

Por eso me gustó mucho el reciente partido Barça-Madrid (esta entrevista se hace un par de días después del Clásico jugado el once de mayo), hay una mano que si la pones hace dos años el árbitro dice «ha pegado en la mano, es mano». Y aquí todo el mundo vio que era mano, pero el árbitro consideró que bien, pero que el hombre no podía cortarse el brazo. Así que sí, puede que desnaturalice eso.

Mira, la primera vez que me pusieron un pinganillo de entrada este oído te le sella, ya no escuchas nada… con el pinganillo me di cuenta de que podía pensar, consultar con todos, y ahí es donde más empecé a equivocarme. Cuando no tenía pinganillo ni consulta, era pim pam, pim pam, sobre la marcha, para lo que estás programado desde los quince años, no te confundías… lo veo ahora y digo «joder, tampoco me confundía tanto». También es verdad que no había tanta sofisticación técnica.

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Yo recuerdo aquellas moviolas de Estudio Estadio que se veía todo peor, eran borrones.

Exacto, nosotros fuimos la generación que comienza con una cierta tecnología, de empezar con nada a poner un zumbador aquí (se toca el brazo), el pinganillo, todas esas cosas…

Tú, por ejemplo, el famoso penalty ese de los dos toques del Atlético de Madrid, que tienes que verlo lentísimo y muchas veces para apreciar el hecho… ¿Crees que está bien arbitrado?

Sí (contundente). No se puede tocar el balón dos veces.

¿Aunque tengas que parar al frame?

Sí, la tecnología es lo que tiene. Tenemos fueras de juego que son por esto, por dos dedos. Ha habido debate, ¿eh?, un fuera de juego que era porque el jugador calzaba un 47, con un 43 no sería fuera de juego. ¿Quieres tecnología? El balón tiene un geolocalizador y diecisiete cámaras solo para él, te va a sacar todo. Si el fútbol quiere tecnología, pues toma ya.

¿A ti te gustaría que tuviera menos?

Tal y como se entiende sí, porque se ha convertido en el «y tú más» de la política aplicado al mundo del fútbol. ¿Qué hay de mi penalty? Los equipos quieren solo una cosa de los árbitros, que cuando te confundas sea a su favor, y no hay más. Con la tecnología tienes un recurso que antes no, antes te podías cabrear pero lo pitao, pitao. Pero ahora tienes el «¿y si?», así que te quedas en el área, reclamas, esos que se quedan diez minutos tirados, que parece que les han matado, porque saben que presionan.

¿Tú alguna vez has visto un compañero tuyo al más alto nivel, en Primera, y has pensado «joder, si es malísimo»?

No sé si malísimo, pero sí he visto a gente que no me gusta. A mí nunca me ha gustado la gente… igual no es «soberbia» la palabra, pero el árbitro tiene que ser humilde. Cuando veo un compañero que se piensa que vamos de estrellas por la vida, nos empezamos a separar un poco de la tierra, parece que tenemos nuestro propio reglamento, como somos más mediáticos nos perdonan más… No me gusta.

Supongo que me hablas de Mateu Lahoz, ¿tú hubieses hecho un documental como él?

No, en absoluto. Creo que es el mundo al revés, si el árbitro es lo más famoso de un partido de fútbol… por definición tiene que ser lo más anónimo. No es posible, porque al final sales, pero no es necesario. Hace poco vi una rueda de prensa de árbitros antes de un partido, que yo la hice, ojo, pero pienso… ¿en qué momento tienes que hacer una rueda de prensa antes de un partido? Hay jugadores, entrenadores, aficiones, pero ¿el árbitro?

Entiendo que me hablas de la famosa rueda de prensa antes de la final de Copa entre, de nuevo, Barcelona y Real Madrid. ¿Crees que eso estuvo mal llevado?

No es que estuviera mal llevado eso, que sí… creo que en general no tiene sentido. Es como hacer una entrevista a un juez antes del juicio.

No te gusta lo de hablar antes, ¿y después? Los árbitros hablabais después de los partidos, hasta que se cerró el grifo y se crea una especie de misticismo del silencio que…

Siempre creo que hay que hablar.

Ahora no pueden.

Bueno, a mí no me lo prohibieron nunca, yo siempre he hablado. Recuerdo una vez que a Victoriano (Sánchez Arminio, presidente de los árbitros entonces) le dije «a ver, presi, viene el Barça-Madrid, te llama todo el mundo, periodistas», periodistas que te graban, porque sabes que te graban, «no, esto es entre nosotros, tú y yo», cabrón, que sé que me grabas… Y entonces dijimos «el martes, si es menester, nos ponemos delante de la prensa, ponemos el banner del patrocinador, que le va a gustar, y yo calculo que en tres partidos ya no nos van a llamar, porque no les vamos a dar vidilla». Y efectivamente. Después de un partido no me parece mal hablar, ¿qué me van a preguntar a mí?

Si yo lo creo así, pero hoy en día no lo parece. Incluso cuando sale un árbitro diciendo que se ha equivocado, pareciera que es imposible en la actualidad.

Eso hay que normalizarlo, «esta jugada me la he comido, qué le voy a hacer, así es la vida».

Pero ahora parece que lo magnificamos todo, que decir eso es impensable.

Porque ahora estamos buscando el planteamiento Barça-Madrid, Madrid-Barça, que arrastran al resto y es absurdo, porque se busca cualquier cosa para alentar la teoría de la conspiración.

Esos programas que viven del crear confusión, los gritos, la polémica impostada.

A mí me parece una soberana estupidez. Yo respeto, pero…

Ahora se ha sumado a este estilo, además, una televisión «propia» de un club grande, como es el Real Madrid.

Mira, tú tienes el mejor equipo, los mejores jugadores, la mejor afición… ¿y antes de un partido tienes que hablar del árbitro? ¿No tienes suficiente con lo tuyo? Ahora, si tienes una televisión… y no nos engañemos, el Barcelona vendió su tele hace dos años, si no haría lo mismo. Entonces, ¿qué ocurre?, ¿qué sentido tiene? Ninguno. ¿Si eres árbitro te tiene que llegar? No, de ninguna forma.

¿Y eso es posible? Que no te llegue…

No te llega, no, aunque te puede cabrear.

Pero entonces te llega, tú sabes lo que piensan y dicen de ti. Esa idea de los árbitros de «yo me aíslo, no sé lo que dice nadie»… Me imagino que es falso, que te lo digan unos y otros.

Sí, pero tú tienes que estar preparado mentalmente para saber lo que pasa… cuando ganan les caes de puta madre y cuando pierden ya… Sabes que pasa, y tienes que aprovechar esa inercia. Creo que hablar de arbitraje es una cosa espectacular, es vender tu producto. Pero hay que saber cómo y cuándo. Ocurre que si no es con polémica, no sales. Hablar es lo mejor del mundo, pero yo hablo contigo de jugadas, si me pides que hable para justificarme que no soy corrupto porque tú piensas que soy corrupto entonces ya no.

Tú cuando empiezas a arbitrar piensas en llegar a lo más alto.

Desde que empecé, en Preferente y Tercera, sí que tenía… así como en otros órdenes de la vida, sí he tenido cierta falta de autoestima… El arbitraje ha sido algo muy emocional para mí, de crío, con diecisiete y dieciocho años, muy retraido, a mí el arbitraje me sacaba lo que tenía dentro. Siempre me gustó, siempre pensé que podía llegar. Aunque el mundo del arbitraje por dentro es complicado, hay que conocerlo.

¿Por qué?

Al final hay miles de árbitros y tienen que darse una serie de circunstancias. Tú puedes hacerlo muy bien pero en Primera ya hay dos de Cantabria y no puedes pillar cacho. Pero siempre pensé que valía, que se me daba bien, que estaba preparado para ello.

¿Recuerdas todos los partidos que has pitado?

No, no, me pasa ahora que a veces me preguntan, «aquel día en no sé dónde», y no.

¿Y los Clásicos?

Esos sí, eran más… Pero a mí los partidos que más me gustaban de Primera eran los que algún equipo en la última jornada se jugaba el descenso. Eso era lo que más me gustaba de todo.

Pero es como estar en un drama, como ir a un funeral.

Pero tienes que poner la esencia del juez, del árbitro, tienes que tirar de todo lo que tienes dentro, de mano izquierda, de tranquilidad, debes ser la parte más tranquila del estadio. Precisamente por eso es lo más complicado.

Y precisamente en esos partidos, ¿nunca te pidió algún jugador algo? Joder, Fonso, que nos vamos a Segunda, un penalty, y tal.

Sí, claro, pero siempre con buen rollo. Nunca lo hacías, pero eso de «sácame una tarjeta, que tengo cuatro y así» o «nos jugamos mucho, joder», y qué le vamos a hacer… Tú sabes hasta dónde puedes llegar y hasta dónde no. Lo que tratabas es de llevar rápidamente al jugador a otra cosa.

¿Tenías manías antes de entrar?

El día del partido. Yo soy muy nervioso, soy una especie de Mister Bean de la vida, y mi concentración era… Lo aprendí de Nadal, que lo veía siempre ordenando sus botellas. Me gustaba tener una rutina, y tenerlo todo desde por la mañana… A veces era muy rígido, porque si me ponían la sota antes del caballo ya me desconcentraba. Y cuando llegó la tecnología, al principio que probabas el pinganillo y no funcionaba, perdías tiempo en el vestuario… buff. Si todo me salía bien desde por la mañana con la rutina y eso, bien… Era una rutina de días, hacerlo todo bien y el domingo, fuuum, abrías el frasco… Mucho rock and roll, mucha música y salir a pasarlo bien, a disfrutar, era una sensación apasionante. De lo que más me acuerdo hoy es del túnel de vestuarios antes de un partido, con los gritos y tal. Madre mía, qué bonito.

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¿Se puede disfrutar sabiendo que tienes papeletas para tener a cincuenta mil tíos insultándote? Igual aunque hagas bien tu trabajo, incluso.

Pero convives con ello, al final lo aprendes de crío. De crío tenías detrás, en la banda, a siete que te escupían… Mira, como fuera un día de Regional de esos con lluvia y paraguas, tenías que correr a dos metros por delante porque los paraguas te llegaban. Yo sé de levantar la bandera, que te enganchara un paraguas y quitártela. Y hacer así, un hombre en Toranzo, «bah, a la mierda la bandera» y partirla contra la rodilla. Después todo el partido con el trapo, sin palo, arbitrando de esa forma.

Cuando llegas a Primera, pillas los últimos coletazos de presidentes personajes… Gil, Caneda, Lopera.

A mí me tocó lidiar con ellos.

¿Y cómo?

Esa gente en lo personal… digamos que era todo un teatro.

¿Tú en el campo eres persona o personaje?

En el campo soy la persona, a veces he sido más personaje fuera del campo. La esencia mía ha sido en el campo, mi persona la he reflejado en un campo de fútbol.

La tropa, decíamos.

Jesús Gil, Lopera, del Nido, tenías que tomar distancia, te lo tomabas un poco, sin que se me enfade nadie, como la España de charanga y pandereta que decía Machado, y sobre todo debías tener respeto. Eran gente muy humana, pero hacían personajes y había que poner la raya. Cuando te veían venir, decían «joder, nos viene a pitar el cabrón este», eso es lo que querías que pensasen de entrada. Había una especie de querer hacer, antes de un partido, demasiado peloteo al árbitro. Fíjate qué tontería. Y a mí no me gustaba eso.

¿Con regalos?

Nunca un regalo, de hecho, nosotros los quitamos.

¿Nunca te han hecho un regalo?

Es que el concepto de regalos… lo hacían todos, los detalles… En toda Europa.

Pero qué te dan, ¿un muñequito como en las bodas?

De todo, a mí me han dado de todo. Mira, el Villarreal, de Porcelanosa, te daba una cerámica enorme con el partido. El Deportivo una cerámica de Sargadelos. Pero ibas a Turquía y te venías con una maleta.

Te ponían pelo, si quieres.

Merchandising, camisetas, esto, lo otro. Era algo que tampoco le dabas importancia, al final eso acaba en el Comité de Árbitros, en los chavales. Otros equipos te daban un reloj, que yo eso lo quité, mandé un correo diciendo que tal equipo me había dado un reloj en tal día. Que no lo quiero, primero porque no lo uso y segundo porque tal. Que luego el reloj acababa en un compromiso, en esto, aquello. O una camiseta. Y poco a poco se fue quitando, sé que algo siguen en la actualidad. Pero nunca nada más allá, de más importancia, de lo que dijeras es lo normal.

¿A ti te han intentado comprar?

No, nunca.

¿Ni siquiera así como de tapadillo? Indirectas y tal…

No, ni lo he visto alrededor, no es algo que yo haya visto jamás, ni siquiera en pequeñas dosis. No lo hubiéramos permitido, es sagrado eso, si te quitas esa esencia es que te sentirías como una mierda contigo mismo. No puedo salir a un campo ni dormir bien pensando que he hecho esto.

¿Y estar arbitrando un partido y ver que uno de los dos equipos tiene prima?

No prima, pero he podido percibir… Mira, te pongo un ejemplo práctico. Pité un Zaragoza-Celta, último partido de Liga, a uno le valía el empate para jugar la UEFA y al otro para no bajar. Lo que ves es que no tiran a gol, no es nada. Ese día es cuando empieza lo de las apuestas, y la primera lista de partidos que hay con apuestas está ese partido. Y no se le ocurre más al de El Diario Montañés (un periódico cántabro) que titular «Un partido pitado por Pérez Burrull dentro de la lista de partidos de corrupción». Creo que ha sido el peor día de mi vida, me fui a la redacción con el periódico en la mano y no le he pegado una hostia… Llego allí y pregunto, «¿quién cojones ha escrito esto?». El problema es el antetítulo y el título, «Pérez Burrull» y «corrupción» en la misma frase… no puedo con ello. Al final tuvieron que rectificar, abajo a la derecha, en un panel pequeñito, pero tuvieron que rectificar. No he percibido nunca eso de los amaños, y hubiera tardado cero coma cinco segundos en denunciarlo.

Pero lo de los futbolistas que te decía… yo entiendo que en tu ejemplo, que les vale a los dos el cero a cero, se acaban sacando balones del campo a patadas, pero ¿nunca viste un partido en el que uno de los dos estuviera más motivado de lo normal o mucho menos motivado de lo que debiera?

No lo percibes, creo que desde abajo, alrededor de ellos, es donde menos lo puedes percibir. Lo más parecido fue un partido de la UEFA, en Macedonia, que sí me dijeron los de UEFA que aquel partido estaba investigado. Fíjate, el Skopje contra un equipo que ni me digas, no lo recuerdo. Un cero a cuatro, fue. Y después lo piensas, pero como tampoco conoces, y tú estás pendiente de lo tuyo, no te da tiempo a percibirlo. Igual estás en la grada sentado y te das más cuenta, pero desde abajo es el peor sitio.

Frases que te han dicho a ti o sobre ti. En uno de tus primeros partidos expulsas a Guardiola y él te dice «Te vas a enterar de lo que es el Barcelona».

Sí, nada más entrar en Primera.

¿Cómo se lidia con eso?

Es mi cuarto o quinto partido en Primera División, un Oviedo-Barcelona. Perdía el Barcelona uno a cero, y es de esos partidos que por lo que sea no estás bien. La primera vez que pitas a un equipo grande, y ellos ven que tú eres rookie. Y van a por ti. Ahí tienes que sacar la esencia. Había expulsado a Couto, y yo estaba mal. Le pité un penalty a favor del Barça que tiró Rivaldo, pegó en el palo, salió y yo pité córner, fíjate. «Hostia, no, que es saque de puerta».

Ese es el penalty famoso que dices «yo ese lo meto por la escuadra».

Me vinieron todos a protestar y les dije que eso lo metía por la escuadra yo, que qué me decían.

Igual esa frase no tranquilizó muchos ánimos.

No, no es correcta, no, pero tenías que sacar el tipo, ellos te están metiendo presión, cuando los grandes pierden, te presionan, y a ti te sale el amor propio, vale, la voy a cagar, pero los dientes los enseño. Recuerdo que Guardiola salta al campo, estaba calentando en banda, pasa a mi lado y me dice «te vas a enterar de lo que es el Barça». No sé si eso o «tú te vas a hacer famoso a cuenta del Barça». Típica frase que… si un jugador te dice «qué cojones pitas, vete a tomar por el culo, no tienes ni puta idea» yo no lo voy a amonestar.

Es más volcánico, lo otro viene más pensado.

Lo otro es más sibilino. Entonces él hace una falta, le saco amarilla. Le pité un fuera de juego a favor, él aplaude al línea en plan irónico, como diciendo «ya era hora». Segunda amarilla y expulsión. No sé si fue lo mejor, pero es lo que hice. Al partido siguiente pité Barça-Valencia, mi segundo partido con el Barça y todos los titulares de la prensa era «cuidado, que viene el del Oviedo». Ganaba el Barcelona tres a cero al descanso, y acabó perdiendo por tres a cuatro.

Aquello del Piojo López, ¿no?

Sí, sí. Espectacular, conmigo no iba nada. Yo soy muy tranquilo, pero por otro lado tengo mis nervios, y las reacciones que he tenido… yo ahora las filtro y digo, joder, me salen los modos del pueblo. Ahora que están todo el día así (hace el gesto de taparse la boca para decir algo sin que te pillen las cámaras), no hubiera podido, hubiera tenido que hacer un curso de buenas palabras.

Otra frase… Patxi Izco, presidente del Osasuna. Esta te la sabes, ¿no?

Sí, claro.

«He comprobado que Pérez Burrull es un delincuente».

Sí, hasta que ganó cero a dos en el siguiente partido y me entró a saludar… ahí le dije de todo. Ha ganado, es el mejor momento. Yo me llevaba muy bien con Juanfran, además, metió los dos goles Juanfran, y entró Patxi Izco. Pasa, pasa, que quiero hablarte…

Aquello te lo dice porque anulaste un penalty a Osasuna contra el Madrid en el Bernabeu, ¿no?

Aquello fue porque la cagamos muchísimo, pero tú la cagas contra Osasuna en casa del grande… Pero la cagas a nivel pitar un pentalty y despitarlo. Eso no lo arreglas jamás. Pero es que la gente se piensa que tú controlas lo que vas a pitar en el minuto setenta y uno, y tal. Pero eso pasó…

Llegas a recibir anónimos.

Sí, escritos con recortes de periódico, como en las pelis.

¿Y te lo tomas en serio? ¿Te acojonas?

No.

¿Tenían faltas de ortografía? Yo siempre he creído que quien hace un anónimo de esos, comete faltas de ortografía.

No me acuerdo, no. Me impresionó una señora de Pamplona que me llamó a casa, el disgusto que le había dado a sus hijos y tal. Pasa que buscaban en las Páginas Amarillas «Alfonso Pérez» y pillaba mi sobrino, porque el primero de la lista que salía allí era «Antonio Pérez Burrull», que es mi hermano. Entonces llamaban a casa de mi hermano preguntando por Alfonso, que mi sobrino tendría doce años entonces, y tal (ríe).

¿Cómo es arbitrar un Clásico?

Una sensación muy bonita, porque son partidos de mucho nivel. Es como estar en medio del Barça y el Madrid, de todo su séquito, su repercusión mediática, todo eso. La virtud para pitar un Clásico es saber que el Clásico es la parte de disfrutar, un campo con setenta, ochenta mil espectadores.

¿Se puede disfrutar eso?

Sí, mucho, pero sin pensar que es un Barça-Madrid, porque si lo haces le estás perdiendo el respeto al resto de los equipos, «qué pasa, que a mí no me pitas igual». Si vas a disfrutar, a pasártelo bien, es cuando mejor salen las cosas. Si vas en plan «ay, mamina, que tengo un Clásico», la cagas fijo.

01 Burrull

Si hay ochenta o cien mil espectadores tirando cosas al campo, incluso la cabeza de un cochinillo.

Ese fue el de después, yo pité cuando jugó Figo en el Camp Nou la primera vez con el Madrid, ahí se llevó todos los pitos. Nunca estuve en un campo con tal nivel de agresividad, de tensión, de ver que la gente… miraba de vez en cuando y veía a la gente con la babilla por la comisura de los labios, hostias.

¿Y no se te ocurrió suspender?

No, se llevaba Figo todos los focos. Yo pasé a un segundo plano.

Tú encantado, cantando en voz baja, «ese portugués», etcétera.

(Sonríe) No lo decía, claro, pero ese día tuve la suerte de que le marcó Puyol, cuando Puyol era el gran Puyol, y no tocó un balón. Sí es cierto que, por mucho que te quieras abstraer, llegas al Camp Nou, ese ambiente, y estás un poco en tensión. Pero si tú vas a pasártelo bien… llevaba el cuarto árbitro de Santander, que era amigo, los líneas igual, todos amigos, a pasarlo bien. Y esa mentalización, esa risilla floja de satisfacción por estar ahí, es la que manda siempre, no la preocupación. Si me preguntas diez años después es cuando has cambiado esa risilla floja por fruncir el ceño preocupado, y ahí pitas peor.

Si hubieras estado en lo del cochinillo, ¿hubieses suspendido?

De aquellas era complicado suspender partidos, porque no había protocolos, entonces era difícil. Suspender un partido tiene que ser la policía, yo puedo hacerlo por cosas muy graves, pero cuando estás al límite, y tal, desalojar un campo… Pero tienes que hacerlo de acuerdo con ellos. Una cosa es que tú tomes la decisión, pero otra cosa es que tengas que ponderar. A mí me gusta cómo está el protocolo ahora: paras, avisas, paras, se lo dices a la gente… Hay que tener firmeza, pero también ser proporcional y de forma progresiva. Ni tanto, ni tan calvo. A nivel de violencia, no solo contra el árbitro sino en general, antes… Yo me pasaba los partidos poniendo en actas toda la simbología nazi que había en los campos, que ahora lo ves en perspectiva y era una barbaridad, los ultras, esto y lo otro. Había vallas, la gente agarrada allí. Creo que se ha avanzado mucho. De aquellas, además, los clubes potenciaban la guardia pretoriana, ¿no? Tú veías el fondo sur del Bernabeu y daba grima.

Un poco «mira, Alemania, año 1936».

Sí, uf, toda la simbología, las letras, esto, lo otro. Yo siempre lo ponía.

Y que tú lo pusieras ¿servía para algo?

Poco, pero… A mí me mandó una carta el Observatorio Nacional de no sé qué y no sé cuántos y me felicitó por mi compromiso, y aquello fue una de las cosas que más me han gustado. Luego me enteré que si en cuarenta actas se habían señalado cosas de esas, treinta y ocho eran mías. Siempre me pareció que la violencia era algo que había que parar, sobre todo esa permisividad que había, hacer algo. Yo quería que ellos hicieran algo. Recuerdo que sobre el Bernabeu puse «simbología nazi», y lo puse adrede, porque sabía que desde el Comité me iban a llamar por la palabra. Pero si no ponía la palabra «nazi» no saltaba, y por no haber esvásticas parecía que ya pasaban de todo. Los Ultras Sur estaban haciendo así (hace el gesto de saludo nazi) todo el partido.

Recuerdo el gesto de Guus Hiddink, que dijo que no jugaban un partido si no retiraban una esvástica de la grada, creo que fue en Valencia.

He quitado una en Valladolid… no era una esvástica, sino una esvástica dentro de una señal de tráfico.

¿Pero una señal de tráfico de verdad o una pancarta con forma de señal de tráfico?

No, no, una de mentira.

Bueno, te lo digo porque los ultras del Inter tiraron una moto al campo, yo ya me espero cualquier cosa.

Por esa moto no pité yo un partido en Italia. Tenía uno de selecciones ese miércoles, Italia-Rumanía, y suspendieron todo el fútbol.

En Tercera División se hacía lo de tirar perros cuando estaba mal el tema.

Perros, cortaban las redes, inundaban campo.

Hablemos de errores que hayas cometido como árbitro… ¿Logras bromear con ellos o es demasiado?

Más que bromear lo racionalizas… el error no lo escoges, te llega, no te puedes machacar cuando no ves algo porque… chico, no lo has visto. Además cuando eres árbitro y le das vueltas a esas cosas lo pasas muy mal, no avanzas, piensas que ojalá pudieras dar marcha atrás, pero… El error te cabrea cuando es demasiado mediático, hay otros que depende del día y del partido parece que pasan desapercibidos.

Tú cuando pitabas fuera, en Europa, ¿lo hacías distinto? Yo creo que es evidente que en Champions se deja más juego que en la Liga Española. Eso ¿os lo dicen o te vas adaptando de forma natural?

Te adaptas, pero yo no lo supe llevar bien y por eso no progresé tanto en Europa. Yo llevaba el arbitraje español… el arbitraje español siempre hemos ido un paso por delante del resto.

¿En qué sentido?

Filtrabas mucho más las jugadas, mirabas mucho más el reglamento, lo conocías mejor, pitabas muchas más cosas porque se ajustaban a ello, pero en Europa se pitaban muchas menos, tenías que cambiar el disco.

El famoso arbitraje inglés, si no hay muerto no es penalty.

Luego hay más cosas… en Europa los jugadores saben que dos tarjetas son un partido de sanción, eso es sagrado. Y el idioma, si no lo conoces te haces los partidos mucho más relajados.

¿Porque no lo escuchas todo?

No, porque no hay afinidad, no se conoce la gente entre ellos, el idioma cada vez se habla más, pero antes tampoco te hablaban… El entorno es diferente, y todo lo que es un entorno distinto te relaja.

A ti que te gusta más, ¿dejar jugar o pitarlo todo?

Dejar jugar, siempre.

¿Y por qué no lo hacías en Europa? Me acabas de decir que te llevabas el arbitraje español contigo.

Porque no supe cambiarlo, eso me di cuenta después, a veces ibas a rajatabla con lo que te habían dicho. Tuve una parte de mí que era demasiado cumplidora con lo que te habían dicho que debías hacer, y no lo supe filtrar. Te pongo un ejemplo, aquí trabajamos antes que en otros sitios los agarrones en las áreas, para cortarlos de raíz. Pero en Europa no lo hacían, y yo tengo una eliminatoria de Champions que pito uno en el minuto ochentaytantos, uno que en España era, pero allí, era Croacia, te miran como diciendo «pero qué has pitado». Claro, eso lo analizas después.

¿Tú crees que el futbolista conoce el reglamento?

No, mucho menos de lo que deberían. A mi algunos jugadores, tras pitar mano, me han llegado a preguntar si era directa. Claro, si es mano es directa, ¿tú esto no lo sabías? No, yo con meter goles tengo bastante. Pues también es verdad. Creo que se beneficiarían bastante de conocer mejor situaciones del reglamento. Ahora menos, porque se ha avanzado, pero… el fuera de juego, por ejemplo, hay un equipo que está ganando porque es el que hace caer en más fueras de juego, que es el Barcelona. El entrenador ha venido de Alemania y dice «por aquí tiro la línea». Tienes a Mbappé, que es el que más cobra, y resulta que lleva cuarenta y dos fueras de juego. El segundo, uno del Mallorca, tiene veintipocos. Y yo digo, joder, en el sueldo de este jugador ¿no va el saber cómo es un fuera de juego, cómo tiene que correr para romperlo? Por ahí los jugadores no lo trabajan. Situaciones que te llevan a tener mano izquierda con ellos, porque sabes que desconocen las cosas.

Me imagino que periodistas y aficionados aun conocen menos el reglamento.

No.

¿Tú alguna vez viste un periodista soltando cuatro exabruptos y quejándose de algo que solo sostiene porque no conoce el reglamento?

Sí, la gran mayoría, sobre todo si son del Barça o del Madrid. La cohorte mediática, vamos.

03 Burrull

¿Y eso cómo se gestiona? Por ejemplo, tú estás en una radio (Radio Marca) que tira más para el Madrid.

Menos de lo que yo pensaba.

Vale, pero me entiendes. A ti te meten a hablar en una tertulia sobre un penalty, o esas manos que has dicho antes, y cuando salen las bufandas ¿cómo lo gestionas?

Yo les digo que todo depende del área donde os toque, eso lo tengo claro, la misma jugada en mi área no es penalty ni pa dios, y en la contraria es penalty siempre. Y luego volvemos al problema del VAR. El VAR te da la posibilidad de opinar, el frame te da la posibilidad de opinar. Y la gente solo quiere que el árbitro, cuando se confunda, sea a su favor. Pero yo en la radio me he encontrado mucha más objetividad de la que desde fuera pensaba que habría.

¿Tú qué cambios harías en el VAR?

Yo pondría la cámara normal. Que el árbitro tuviera la capacidad para decidir por sí mismo, su duda. Y quitaría los audios, ya.

No contribuyen más que a la polémica, parece.

Es que queremos más transparencia, dicen. Y ¿qué hay más transparente que un árbitro con un silbato en el prao? Tú no puedes legislar para contentar a todos, que es lo que se hace ahora. Lo primero que debes hacer es que el arbitraje sea independiente del resto, como una subcontrata, que nosotros seamos independientes, «esto es el arbitraje», como quien es perito. Luego pasta, ¿cuánto vale arbitrar un partido, cuánto es el coste del arbitraje? Y yo decido quién pita, quién no, quién es mi presidente, etcétera. Y luego ser más proactivos, explicar mejor las cosas. Si hay una jugada como la que hemos hablado antes del brazo de Tchouaméni, salir mañana a… Si ahora hay mogollón de canales de comunicación, yo haría tutoriales de arbitrajes todas las semanas.

Que arriba, en el Var, haya árbitros que estarán la semana siguiente en la posición contraria, ellos en el césped, ¿no pervierte un poco el asunto? Porque puede haber corporativismo, un quid pro quo.

No, porque al final tú lo que quieres es acertar. Todo lo que dice la gente, blablablá… acertar. Si cuando veo la jugada es clave y nadie me la discute… pues campeón mundial. Todo lo que haces arbitrando te lo llevas ahí. El resto es permanentemente estar dando palos de ciego. Al final pones la tecnología, parecía que iba a cambiar y no ha cambiado, ahora van a hacer esto y no ha cambiado… ¿Cuál es el problema? Que hay que vender. Y luego no se trabajan los partidos de fútbol. Mientras el domingo, en esa hora y media, no se articulen cosas sobre todo para que haya más tiempo de juego estaremos en las mismas. Yo creo que es el árbitro quien debe poder decir «uy, esa jugada, voy yo a verla», no hace falta que nadie me lo diga.

Cuándo no aciertas, cuando tú no acertabas, ¿sentías que te apoyaban los jefes, los de arriba?

Sí, aunque no siempre.

Tú tuviste neverazos.

Tengo el honor de haber sido el primero, por la jugada esa de Osasuna. Había un momento que estaba todo el mundo «a ver si sancionan a un árbitro, a ver si sancionan ya a un árbitro». Sucedió aquello y encima yo era cántabro, como el presi, y hala, a sancionar.

Y eso de la nevera ¿no es un poco injusto, un señalamiento?

Totalmente, mucho. Primero porque no entiendo lo de la sanción. Yo tengo una puntuación en el partido, yo en todos los partidos puntuó, y a final de temporada haces una media, un baremo, y clasificas a los árbitros del uno al veinte. Así que júzgame en función a puntuación, que la tengo ahí. Yo cuando tengo un error, como todo en la vida, lo que quieres es arbitrar.

A ti cuando te meten en la nevera, ¿te dicen cuánto vas a estar fuera de circulación? Es que no sé cómo funciona el asunto.

No, no te dicen.

O sea, que vuelves cuando le saliera de los huevos a Sánchez Arminio, Presidente de los árbitros.

Básicamente.

Entiendo que cuando se calme el asunto.

Sí. Pasa que el presi (Sánchez Arminio) y yo teníamos un diálogo… «anda, no me toques los cojones». Él es como mi segundo padre, pero mis broncas con él han sido tremendas siempre…

Alguien de modales volcánicos.

Pero el más sabio. Pero sí, cuando se cagaba en todo era… Hablaba muy poco, era un tío muy listo, muy listo, y a mí es lo que más me enseñó, lo que más me gustaba era cuando me decían en Cantabria «te pareces a Sánchez Arminio», que los llevaba a todos derechos. Y era mi referente, porque además era un tío honrado, muy honrado. A Sánchez Arminio lo quisieron comprar en su momento y lo denunció. Pasa que la denuncia la dejó en manos de la Federación, y…

Sobre la nevera, digo, lo pasas mal, pero no porque sea la dimensión mediática ni… No, eso te tiene que activar, lo pasas mal porque ves la jugada, sabes que te has equivocado, «dónde coño estaba mirando». Si sabes que has pitado mal porque te has acojonado, porque tienes un mal día, pero lo otro, el «cómo he pitado yo esto»… A mí el línea me dijo, en aquella jugada de la nevera, siete veces que se había tirado, siete, no se me olvidará en la vida. Porque yo había pitado penalti, a mí lo que me jode es que yo había pitado penalti. Y él «se tira, se tira, se tira, se tira», no jodas, ¿se tira?, pero si yo he pitado penalti. «No, no, seguro que se tira». Entonces si un asistente interviene con tanta vehemencia es porque tiene el mil por cien de certezas, de lo contrario no interviene, y mucho menos para despitar un penalty. Así que lo tienes que hacer caso. Cuando luego ves el pisotón… «La madre que te parió».

10 Burrull

¿Tú sabes de qué equipos son los otros árbitros?

Sí, lo sé… sé que el de Vizcaya es del Athletic.

Joder, esa es la respuesta fácil, ya sabes por dónde te pregunto.

No, pero es que nunca he visto, son cosas que no he percibido nunca, no lo hemos hablado tampoco.

Pero es como un gran secreto, como cuando todo el mundo dice «yo soy del equipo de mi pueblo, a mí Barça y Madrid no me interesan».

No se habla, pero porque no son temas de conversación que tengamos los árbitros. No es que se tape o se obvie, pero tampoco…

Insistiré ¿no sabes de nadie que sea muy del Madrid o del Barça? No ocurriría nada, a vosotros os gusta el fútbol, tenéis sentimientos.

Cuando tú eres árbitro es porque has empezado con catorce o quince años. Y eso, por mucho que seas de un equipo, te filtra mucho la parte digamos forofa del fútbol. Hay un punto en que yo puedo ser del Racing pero tampoco me va la vida en el Racing. Tú eres árbitro, esa es la idea.

Y los que son de la Vizcaína, ¿nunca te fijaste a ver si favorecían en alguna decisión con terceros al Athletic? O viceversa.

No, al contrario. A mí alguna vez me dijeron, ¿Por qué tú, siendo de Cantabria, no puedes pitar al Racing? Si es que eso no es bueno para nadie, para mí tampoco. Al final…

Te lo iba a preguntar después… negar la posibilidad de pitarle al equipo «de casa» es como poner en dudas al árbitro, ¿no?

Yo iba a pitar igual, pero todo lo que hablemos… cuando tú estás en un prado, a la carrera, no te da tiempo a pensar tanto, te da tiempo solo a ver, a ver, a ver. La gente piensa que nos da tiempo a darle vueltas a las cosas, y no. Nos da tiempo a colocarnos y tomar decisiones. Piensa que un árbitro, entre lo que pita y lo que deja de pitar toma ciento y pico decisiones por partido. Entonces no da tiempo a pensar nada, no vas nunca más allá. A veces lo reflexionas después, «la gente cree que a mí me da tiempo, en el minuto setenta, a ver si estoy aquí, si el equipo está allí». Y no, no da tiempo.

Vamos a meternos en lo jodido… Federaciones territoriales, Federación Española… ¿tú cómo ves el fútbol español? Hablando claro, ¿crees que es sucio?

Es una buena pregunta… no, sucio no creo que sea.

Pero, por ejemplo, la Federación Española lleva unos años que es poco edificante, al menos de cara al exterior.

Tal y como veo el tema, sin ser muy conocedor, aunque lo he sido, de muchas cosas, creo que son estamentos que están muy sobredimensionados, creo que el fútbol te da una componente de vanidad y de cosas distinta al resto…

Y de dinero. Las Territoriales, sin ir a la Española, también manejan mucho dinero.

Y de dinero, sí. Creo que hay muchísima más gente que se lo curra altruistamente respecto a los que no, pero sí es cierto que hay esos datos. Yo creo que no acaba de concretarse bien lo que es una federación, lo que es la Liga, creo que hay mucho batiburrillo allí, a ver quién puede más, una organiza y otra pone dinero, una pone los jugadores y la otra… Te hablo de lo mío, cuando hay un árbitro lo nombran un componente de la Liga, uno de la Federación y uno de los árbitros. Y esto, ¿por qué? ¿Por qué un componente de la Federación y otro de la Liga? Tiene que ser el arbitraje. Pero ellos no se atreven. Yo un día se lo dije al Presidente de la Federación, si para él es mucho mejor, se quita todo el componente del árbitro y ya está. Pero parece que es un elemento de poder, lo del árbitro. Y se vende mucho victimismo, además, porque realmente el árbitro no tiene tanta importancia. No hay una liga que tú digas «esto lo ganó fulanito por el árbitro». De hecho, ¿quiénes son los que más se quejan? Quienes más ganan.

Igual también son los que tienen más eco.

Los que tienen más complejo. Tú analizas este país y es (toca con los nudillos a ambos lados de la mesa) PP-PSOE, Grupo Vocento-Grupo Prisa, Barça-Madrid. Y estar en el centro, como el árbitro, es divertidísimo.

No sé yo.

Eso es lo que a mí me motiva muchísimo. Entonces dices, ¿quiénes son los que más se quejan de los árbitros? El Barcelona y el Madrid. Yo cuando me enteré de que el Barça pagaba pasta al amigo Negreira dije «joder, han reflejado lo de la política de Madrid nos roba al arbitraje».

Vale, ya que lo sacas tú, vamos con Negreira. Tú a Negreira lo conociste, entiendo, y el hijo además os daba clases de coaching o no sé qué cosas.

A Negreira toda la vida, sí. Y el hijo me dio una clase, me tocó el último año, sí.

Cuando sale todo eso, ¿a ti te sorprende? ¿Es normal que se pague a un vicepresidente de los árbitros los ochocientos mil euros que dicen?

No, no, no. A mí primero me sorprende, porque dices «¿esto qué es?»

Pero ¿nadie sabía nada de eso? O sea, el vicepresidente de una entidad está recibiendo pagos por parte de uno de los dos focos más importantes, supuestamente por la redacción de informes arbitrales, y ¿nadie se entera?

No, yo te doy mi opinión personal. Eso está judicializado…

Sí, eso está claro, ahí no vamos a entrar. Además, ha salido rápidamente Tebas a decir que todo prescrito, que nada de sanciones.

A mí me parece que forma parte de lo que te he comentado… Si vamos a la raíz, el Barça en esa época tiene a unos tales Xavi, Iniesta, Messi, Villa, Puyol… yo no me los imagino los martes viendo informes arbitrales, eso lo primero. Eso es algo que, creo, únicamente compete al club. Igual que compete al Madrid este año decir que la Liga está manipulada en su contra. Me da igual uno que otro, uno con dinero y otro con una carta. Estamos en las mismas, la raíz es la misma.

Bueno, yo creo que no estamos en las mismas… no es lo mismo sacar una carta institucional que pagar ochocientos mil euros al vicepresidente de los jueces.

No, pero ¿qué ocurre? Eso, lo del Barça, a mi modo de ver tiene más que ver con otras actividades ilícitas de manual, un «coge dinero y luego ya nos lo repartimos».

Te lo voy a preguntar de otra forma… ¿Desde algún punto de vista es normal que un club encargue informes sobre árbitros al vicepresidente de los árbitros?

No, yo creo que «informe arbitral» es un eufemismo tirado para justificar tanta cantidad de dinero, eso ante todo.

Entonces ¿qué crees que se busca con eso?

Yo creo que se ha buscado gente que quería quedarse con dinero, bien vía «informe arbitral» o vía convencer a un club de que esta forma se les podía beneficiar…

Pero ahí está la clave, estás diciendo que desde tu punto de vista lo que busca el Barcelona es influir en los árbitros. No digo que lo hiciera, porque no lo sé, pero sí lo intentó.

Sí, claro, por eso el primero que debe dar explicaciones es el Barça, el club que paga dinero pensando en conseguir eso. Segundo, eso es vivir en otro planeta.

¿Por qué?

Si alguien piensa que eso va a llegar a un árbitro de fútbol, vive en otro planeta o no se ha tomado un café con un árbitro en la vida.

Entonces ese dinero ¿es a fondo perdido?

Claro, a fondo perdido, a alguien de ese club le han hecho la envolvente, muy bien tirada, y le han convencido de que poniendo ese dinero le podían beneficiar. Pero voy más a la parte económica, porque estás hablando del club que tiene los mejores jugadores del mundo, el club que mejor ha jugado al fútbol de los últimos años… Entonces ya me dirás tú. Y luego es una parte del complejo victimista que tienen los clubes, que piensan que si no haces eso eres débil, si tú no te quejas del árbitro eres débil. Al final ocurre que ves las cantidades, ves que esa empresa solo se surte de ese dinero, y mi opinión es que ese dinero, una vez llega a Negreira, lo habrá repartido…

¿Negreira hubiera podido influir en algo?

No, en nada. Los estatutos de la Federación…

¿A qué se dedicaba Negreira? ¿Cuál era su labor?

¿A qué se dedicaba? A trincar dinero del Barça.

Aparte de eso, digo, que no parece mal curro.

Yo he coincidido con él quince años, era el Vicepresidente (del Comité Técnico de Árbitros). La relación suya con los árbitros, en el sentido de «pita así o pitá asá» era cero, nunca. Victoriano, el presidente, tuvo siempre a los mismos, el equipo era el mismo, cuatro amigos de su generación. Y te aseguro que Victoriano era el primero que no hubiera permitido… Yo creo que se murió, aparte de por la enfermedad, por el disgusto cuando se enteró de eso. Conociéndole como le conozco, seguro. De puertas para afuera suena horroroso, lo de Negreira, pero hablas de una persona que no hacía nada. Claro, yo lo veo ahora y Negreira tenía tirada la envolvente de puta madre de cara a vender al Barcelona su capacidad para influir, porque él, dentro del Comité Técnico de Árbitros, se encargaba de llamarte. Era quien te decía «has subido» o «has bajado». Tú ya lo sabías, pero el testimonio oficial lo daba él. Y luego, tres veces al año, nos decía cómo íbamos clasificados, Grupo Uno, Grupo Dos o Grupo Tres. Ibas a una reunión en Madrid, de cinco minutos, te sentabas con uno de los tres vicepresidentes, que te podía tocar Negreira, Marín Prego o Franco Martínez, por ejemplo, y ya te decían… «pues mira, aquí vas bien, aquí te han puesto en dos informes que debes mejorar esto, esto y esto». Fin de la cita, no hacía más.

04 Burrull

Pero, insisto, si no hacía más ¿cómo cae el Barcelona en eso? ¿Cómo una entidad con cientos de millones de presupuesto cae en pagar tanto dinero a la persona equivocada?

Eso es lo que a mí me sorprende. Aun siendo… Imagínate que eso fuera legal, pagar ochocientos mil euros a un asesor arbitral. La pregunta es, si esa persona no fuera vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros ¿le hubieras pagado ochocientos mil euros? Evidentemente no. Por lo que a mí me parece que es tan grande esa cantidad que algo se nos escapa, algo se queda por el camino.

Porque él, dices, aunque hubiera querido hacer algo, influir, tampoco tenía posibilidad.

Nada, nada. Eso de «oye, pítame a favor»… no, eso no existe.

No me refería a algo tan grueso, pero sí poner, por ejemplo, a ciertas personas más de su cuerda en determinados partidos.

Pero eso… Él no decide quién pita, es la Comisión de Arbitraje, y en mi época era un ordenador, incluso, que lo tenía puesto un notario en Madrid.

¿Tú te creías eso del ordenador?

Sí, porque yo pité partidos que de lo contrario no… Yo pite un Barça-Madrid en marzo y lo sabía desde noviembre, no porque me lo dijera nadie sino porque leí entre líneas, «aquí tengo lío». Al «pasiego» lo tenía yo muy calao.

¿El «pasiego» es Sánchez Arminio? Pensaba que era de Santander.

No, es una denominación mía, una forma de hablarle. Victoriano… Mira, el bar de debajo de su casa, en Santander, es el bar Manil, uno de toda la vida que es Peña Barcelonista. Y yo le decía «pero ¿tú te das cuenta de que el día que quieran tocarte los cojones?»… Y él me decía «qué coño, que es el bar de debajo de mi casa, llevo aquí sesenta años, es donde bajo a la partida».

Hoy en día algún periodista te lo relaciona.

A él no le importaba, bajaba allí a la partida y veía allí los partidos. Pero era la peña del Barça. Volviendo a lo de Negreira, ya te digo, tal cantidad de dinero yo creo que hay alguna otra actividad ilícita ahí. Ahora, que alguien de la directiva del Barcelona lo dé por bueno… eso no puedo entenderlo, no me entra en la cabeza.

Pero volvemos a lo de antes, si alguien de la directiva lo da por bueno es porque ellos entienden que están recibiendo un servicio a cambio.

Yo estoy convencido de que se da por bueno por lo que te digo, porque alguien se mete pasta en el bolsillo con esa envolvente. ¿Qué ocurre? Que si encima tienes un hijo que te trae un día el currículum para ser coach… que ya lo era, porque había trabajado antes con la Federación Española. ¿Qué pasa? Que aparece un día, «quedaos un poco después, que os van a dar una charla», y eso, el coach americano, ese que te pones encima de una mesa y te dejas caer para atrás porque tus compañeros van a cogerte y eso.

¿Eso lo hacíais los árbitros? Porque es una imagen que me encanta.

Eso lo trajo él el primer día.

Si cae un árbitro de esos de los ochenta no lo pillan entre cinco.

No (ríe). Nos presentaron un poco la actividad, era, creo, 2009, mi último año. Yo no sabía que era el hijo de Negreira, y nos dijeron de quedarnos. «Joder, presi, vamos a la playa», estábamos en un hotel de aquí, de Santander. «No, que viene esta gente nueva, y tenemos que»… Entonces te dan la charlita, esto, aquello… yo pensaba, «y este iluminado ¿quién es?, esto no vale para nada, qué me está contando este hombre de psicología arbitral si nunca ha pitado un partido de fútbol». Entonces me enteré de que era el hijo de Negreira. Tú puedes contratar a una persona para que haga actividades de estas, claro. Y luego, por ejemplo, yo iba a Barcelona, no tengo coche allí, me llama este y me dice «oye, tal, que te llevo al campo». La envolvente que decíamos, de cara a vender su producto al Barça, si es que encima lo llevo al campo, tú. Negreira tenía un bar en Barcelona, donde íbamos muchos árbitros cuando estábamos allí… más envolvente. Pero yo tengo claro que eso tiene que ver con dinero que sale del Barcelona y se reparte entre muchos bolsillos.

¿Tú cómo crees que debería haber sido, o en su caso debería ser, la sanción al Barcelona?

Lo que espero es que, si es cierto, no se vaya de rositas. Yo he echado en falta que el arbitraje se hubiera posicionado en la denuncia.

¿Y por qué no lo ha hecho?

Pues no lo sé, yo ya no soy árbitro en activo, pero he echado en falta que al día siguiente se hubieran personado, y que nos hubieran convocado a todos. Un día nos convocaron a todos los árbitros y exárbitros en Madrid, una fiesta, un postureo. Echo en falta que se hubiera tardado un minuto en hacer lo mismo, y en haber ido al juzgado, porque te están diciendo que estás comprao. Eso, el primer día haber ido. Lo bueno de esto es que creo que al final se va a demostrar que todo eso no ha llegado nunca a ningún campo de fútbol.

Cambiando de tema… Una vez te leí sobre la importancia de la salud mental en los árbitros, de cómo un problema personal afecta en todas las profesiones… y la tuya es estar delante de veinte mil tíos que te recuerdan todo el rato lo malo que eres. Nadie habla de eso, parece que el árbitro tiene que ser un robot.

No, no lo eres, a mí se me juntó el arbitraje con temas personales. Lo ves con el tiempo, no en ese instante. La energía la pierdes, pierdes autoestima, firmeza, y al final lo reflejas, sin darte cuenta creo que se palpa, algo pierdes que no vas bien a los partidos. Yo tuve las dos épocas, cuando el fútbol hacía olvidar todos los problemas, convertirlos en positivo, llegaba el domingo y todo era una fiesta… y tuve también una época que ya no, ya no podía. Ya antes de la «nevera» dejé de arbitrar un partido, llamé al presi y le dije «mira, no puedo, no me siento preparado».

Piensa que son temas donde debes filtrar la rabia, y, claro, yo tengo un silbato, tengo unas tarjetas, y a lo mejor la ira que tengo por mi situación personal la saco en el minuto setenta y lo hago mal, lo hago mal. Y tengo alguna jugada que me he dado cuenta que ha sido por eso, porque estás de mala leche y en ese momento lo pagas ahí, y lo haces mal. Pierdes mucha autoestima, yo trabajé con un psicólogo. La componente psicológica del arbitraje es esencial, como en todo, sobre todo cuando lo llevas al disfrute de la vida,… al fútbol, a tu trabajo, al rock and roll, a todo lo que es positivo… Si llevas los problemas ahí al final llegas al domingo y estás cansado y mentalmente no tienes energía, estás más pensando en que se acabe el partido, que no pase nada, que en disfrutar. Y eso no…

Vosotros, además, sois una profesión entendida como «el mal necesario», esa ira y rabia que dices la gente la descarga sobre vosotros. Eso se debe hacer una bola enorme.

Claro, si alguien descarga sobre ti su ira, y tú tienes la tuya propia, al final van a chocar las dos. Si tú estás bien sabes que hay ira, pero también sabes que forma parte de lo normal, y entonces tienes la energía positiva para llevar a los jugadores, para divertirte…

Tú, en el campo, ¿escuchas lo que te dicen?

No, a veces no llega, piensa que en un campo de ochenta mil… Pero a veces sí, oyes al que tienes al lado.

¿Y algo que se te haya quedado grabado? Lo más gordo, o lo más gracioso, igual en Tercera…

El día que el speaker del Barquereño cogió el micrófono y dijo, por megafonía, «este árbitro es un canalla». Claro, tenía una mamada de cojones, el cabrón. Pero a mí algo que haya podido preocuparnos… Fíjate, el que te llamen «cabrón» o «hijoputa» cuando estás en un partido de fútbol no te llega tanto, te llega más la parte sibilina de la vida, esa que te decía antes. Te llega más cuando dicen que pitas a favor de alguien, eso a mí es lo que más me ha costado filtrar.

Te lo decía porque hay gente muy creativa insultando.

Sí, pero me ha hecho mucha gracia. Yo tengo campos enteros llamándome «Burro», por «Burrull», o las canciones a los asistentes, «hoy tú pitando y tu mujer follando», cosas de eso a coro por la grada. La parte de la ironía me hace gracia, la retranca me gusta, creo que es bonita, pero lo otro… cuidado. El otro día en el Barça-Madrid durante un momento dicen que hay que meter a Asensio en la cárcel… No sé por qué no pararon el partido.

Bueno, también es un asunto judicializado, lo suyo.

En ese momento no lo sabía, me enteré después.

¿Tú eres partidario de parar partidos cuando se insulta de forma sostenida a un jugador?

Sí, de hecho, una de las cosas de las que más orgulloso estoy es por haber sido el primer árbitro del mundo que paró un partido por cánticos racistas. No lo sabía, pero me metí en internet y lo decían en el Calcuta Daily. Fue el de Kameni, un Málaga-Espanyol. A él le llegó un balón desde el centro del campo, lo ha cogido y en ese momento el Frente Bokerón (los aficionados radicales del Málaga), que está detrás, se han puesto a hacer el sonido del mono. En ese momento he parado el partido, no había ni protocolo ni leches. Le he dicho al delegado que dijera por megafonía las causas, y por megafonía dicen «se ruega a los espectadores que no utilicen silbatos en la grada»… Mira, no, no te estoy diciendo eso. Pero, claro, los clubes no podían reconocer que sus aficionados… En resumen, que sí soy partidario de suspender por insultos, y no hay que asustarse por hacerlo, el fútbol nunca es una excusa, nunca puede ser una excusa. A un asistente le tiraron con una moneda en la cabeza y el árbitro dijo «para casa»… ¿pero cómo vas a suspender por eso?, decían. Sí, para casa. Con la violencia hay que actuar así.

Hombre, el mejor ejemplo de eso es ver un partido de fútbol en los ochenta y verlo hoy en día, la grada no tiene nada que ver.

No tiene nada que ver, no, eso es lo que pide el fútbol, poner una raya contra esa violencia. ¿Qué ocurre entonces con los árbitros? ¿Nuestra raya es discontinua? Esa beligerancia es la que echo en falta del arbitraje.

¿Un árbitro puede suspender un partido porque le insulten a él?

Debería hacerlo, puedo aplicarme el protocolo a mí mismo. Tal y como está el protocolo ahora, si en un campo me están llamando de todo… Arbitro un partido de Primera y suena en la grada «árbitro hijoputa» y paro el partido, claro que sí, ¿voy a pararlo porque insulten a los otros y no porque me insulten a mí, que soy el juez? Lo paro, y hago el mismo protocolo.

Y el día que pase eso, ¿cuánto van a criticar al árbitro por chulo?

Espero que nada, pero si es por chulo es buena señal. Si al árbitro le llaman chulo… bien. No se debe ser chulo en la vida, pero en el arbitraje…

Pero tú eres consciente que si estás pitando un partido, te llaman «hijoputa» y suspendes ese partido, al día siguiente hay mil periodistas diciendo que si eres un egocéntrico, que si el fútbol es así, que si quieres ser protagonista, que si el tribalismo…

Claro, pero esos mismos son los que cuando hay un insulto racista…

Bueno, no estaría yo tan seguro, y tenemos ejemplos cercanos en el tiempo, gente que dice que ese tipo de actitudes se han hecho toda la vida y no tienen nada que ver con ser racista o no, sino con el mismo fútbol. En crudo, que llamas «mono» a Vinicius no por el color de su piel, sino para ponerle nervioso. Eso, en síntesis, lo he escuchado yo radios y lo he leído en prensa.

Sí, pero afortunadamente eso se va corrigiendo, y afortunadamente se puede corregir porque ahora en los campos hay mil cámaras. Creo que se ha avanzado mucho. Y en cuanto al árbitro, que decíamos antes, con más sentido. El árbitro no tiene que salir a hacer un comunicado porque el equipo X haya dicho tal y tal, no… Pero, ¿en la violencia? Ahí sí. Fíjate, en categorías inferiores hay chavales arbitrando con un brazalete que pone «soy menor de edad». Piensa, es la hostia, y no pasa nada. Este año he visto una imagen que aun tengo en la cabeza, una madre de la mano con un chaval de alevines que le ha pegado un sopapo al árbitro… ¿Pero esto qué es? Lo que pido al arbitraje, a mi colectivo, es que sea beligerante ahí, parece que nos rasgamos las vestiduras cuando un equipo grande se queja y ahí no.

Preguntas más breves… El jugador más pesado al que arbitraste.

Xavi, el del Barça, porque hablaba mucho. Era muy bueno, pero no callaba, cuando el partido le iba mal hablaba demasiado. Pero era muy bueno, de estos jugadores que parecen tener la capacidad de parar el tiempo un segundo más que el resto. Y era el líder de su equipo. Pero como encima jugaba en el centro, porque con el extremo coincides menos… era muy pesado.

El jugador más piscinero.

No he tenido muchos piscineros, no tengo en mente…

Vale, pues más fácil… el más carnicero.

Mira, tengo un partido que era Osasuna-Sevilla, jugaban Javi Navarro y Pablo Alfaro en una defensa y Josetxo y Cruchaga en la otra. Ahí saltaban chispas por todas partes. A mí me gustaba, pero se metían entre ellos, los córners era mejor mirar para la grada. Centrales fuertes y se daban… Pero muy nobles, eso sí. Nunca he conocido un jugador que me cayese mal. Primero porque no me da tiempo a coincidir con ellos, y luego porque nunca he visto un jugador que sea mala persona, mala gente.

12 Burrull

¿Un árbitro puede tener amigos jugadores?

Conocidos, amigos no. Yo tengo «amigos», pero conocidos. Te pasa cuando pillas a gente de Cantabria, que los conoces desde críos… a Munitis, Iván Helguera, de la Peña… te llevabas bien, pero… Insisto, en el campo, cuando está el balón moviéndose, no te da tiempo a pensar mucho.

El jugador más correcto.

A mí me tenía enamorado Mauro Silva, el del Dépor, un tío genial, siempre venía a decir «que Dios te ayude», era un tío muy cristiano. Y luego me acuerdo de la foto del Madrid-Barça con Puyol y con Raúl, me parecían dos líderes y dos tíos espectaculares. Si te tenían que decir algo te lo decían, esos han entrado en mi vestuario después de un partido a decirme lo que pensaban.

¿Eso pasa muchas veces?

Bueno, a directivos no los dejaba entrar, a jugadores los que quisieran. Y yo he entrado en vestuarios, también. Ellos te miraban como las vacas al tren. Esa relación trataba de potenciarla mucho, pero solo con los jugadores. Yo llegaba al campo y le decía al delegado «me doy por saludado con todo el mundo, no quiero que entre nadie». Antes, esa generación de presidentes que decíamos, entraban todos… Caneda, Gaspart, del Nido, Jesús Gil… La primera vez que pité a Gil en el Calderón, tuve una bronca con él de cojones. Encima ese vestuario, que era muy pequeño, él casi ni entraba, buah. Una bronca de la hostia, lo eché del vestuario.

¿Y qué te dijo? ¿Qué decía Gil cuando se enfadaba de verdad?

Era muy pintoresco. Él decía que le habían robado… pito un partido en el Calderón y expulso a Kiko por tirarse en el área, o al menos eso me parecía a mí. Se había tirado, vaya. Y entonces salió Gil en ebullición, salió con la cartera así (hace el gesto de abrir una cartera y llevarla en la mano), «nos has robado», y quería entrar en el vestuario, pero no lo dejé entrar, y él pam, pam, golpeando la puerta,  lo eché. Pero era así, una costumbre.

Formaba parte del teatro.

Sí, no veías una mala intención, ni que alguien lo hiciera para conseguir… no, eran costumbres. Pero llegaba un momento que era incómodo, y ya entonces dije eso de «me doy por saludado por todo el mundo», y no pasa absolutamente nada.

Tras tu retirada entras en medios… cuando vas al otro campo, al del periodismo, ¿entiendes cómo os ven los periodistas a los árbitros?

Sí, sí.

¿Y llegas a empatizar con ellos?

Sí, si quitas a los periodistas que son como «Pepe, el hincha», y son hooligans, y hacen su papel… esto es como las tertulias de política, lo marcas todo dentro del fútbol, que no es sino una gran maquinaria mediática. Lo he pasado peor cuando dejé de arbitrar, porque estuve como diez años siendo algo así como el enlace sindical de los árbitros. Asociación de Árbitros, profesionalismo, unas ciertas cosas, especialmente en Cantabria. Y por ahí es por donde a mí me cortan la cabeza. A mí en unas elecciones a la Federación Cántabra me hacen chantaje desde Madrid, me dicen «tienes que darle los votos a este», eso fue el presidente de la Federación Española de Fútbol. A mí no me parecía bien aquello, ¿chantajes me estáis haciendo?, y no le di los votos, así que me cortaron la cabeza. Estaba haciendo los informes de Primera y Segunda, y es cuando acabé mal con Victoriano. Así fue.

Vamos acabando, ¿qué partido te hubiese gustado pitar?

Mira, fuera de España me hubiese gustado pitar un Celtic de Glasgow-Glasgow Rangers. Soy un enamorado de la parte británica del fútbol y me parece un partido precioso, esa esencia futbolística me hubiese encantado. He estado allí, en los campos, viendo fútbol y… A nivel español me hacía ilusión una final de la Copa del Rey, y llegué a pitarla, así que no tengo espinas.

¿Alguna vez sueñas con un penalty que se te escapó?

Sí, muchas.

Y en el sueño ¿lo pitas bien o es una pesadilla?

Me sale más la parte del güevón, sí lo pasas mal. Sueño mucho, además, y el fútbol… La gente no sabe que cuando tú no pitas algo siendo el árbitro, cuando la cagas y luego ves la cagada en televisión… la ves en todos los sitios, te la recuerda todo el mundo. Recuerdo cuando, lo de la nevera, de hacer mi trabajo, ir a algún pueblo, entrabas en el bar y todo el mundo callado, en silencio. Y yo decía «a ver, ¿quién me invita hoy al café?». Pasas a ser famoso, que a mí no me gustaba nada, quieres volver atrás. La esencia es que a mí me pagan por acertar, y cuando no acierto me analizo, dónde coño estaba mirando yo…

La última, ¿nunca tuviste la tentación de rematar un córner?

(Ríe) Sí, no sé si de rematar un córner, pero de hacer alguna pared sí. Pero mira, hubo un partido que vino un balón desde la grada, quise hacer un control, se me escapó y casi me caigo, así que me dije «zapatero a tus zapatos». Pero esa sensación la tienes, claro que la tienes, cuando viene un balón rodando todo el mundo quiere devolverla.

19 comentarios

  1. Pingback: Alfonso Pérez Burrull habla sobre arbitraje, su carrera y el caso Negreira - Hemeroteca KillBait

  2. A ver si algún día se habla de Plaza y todos los CTA del Madrid

    Que el Real Madrid se tire 6 jornadas seguidas, (la mitad de la fase de clasificación de la Champions) sin salir de Madrid es pura casualidad…Ocurre cada año lo mismo. Las eternas casualidades que sólo le ocurren al Club-Estado.

    • Qué patético eres. Escuchaste algún día en la radio las cuatro muletillas contra el Madrid y a pesar de tu discapacidad cerebral aún las recuerdas. Pobre mermado.

  3. Negreira no pintaba nada pero enchufa a su hijo, se tira treinta años de vicepresidente y hace que le cuadruplique el sueldo Laporta, un tipo capaz de sacar 40 millones de euros al presidente del Congo, inscribir a jugadores fuera de plazo y competir en la liga sin cumplir las normas económicas.
    Que dejen ya de intentar que nos traguemos estas milongas, de verdad. Sabían que si se equivocaban a favor les caían internacionalidades y finales de Copa, y si lo hacían en contra se les descendía mediante el índice «corrector-corruptor», con la consiguiente y enorme pérdida económica.
    Y más en un país como este, donde cualquiera que toca un poco de poder (espero que haya honrosas excepciones) mete la mano en el saco y enchufa a familiares.
    Lo más probable (por presión política) es que aquí no pase nada, pero por lo menos que no nos tomen por tontos. Se compraron, al menos, 17 años de las competiciones nacionales y muchos de ellos tienen chalet con piscina y dinero de sobra en el banco gracias a ello.

    • Con todo el cariño para el "especial" JC

      Jose Mourinho ha sido destituido como técnico del Fenerbahçe. Tras la eliminación de su equipo en la previa de la Champions a manos del Benfica, la directiva del club no ha dudado un instante y ha decidido el despido fulminante del técnico portugués.
      A ver, lo digo por el madridismo sociológico que tenéis, se os cae todo relato, una persona que ha sido despedida allá donde ha ido, sin la ayuda arbitral no es nada. Pasó con el Inter – Barça. Por cierto, el único club que salió bien parado después del covid fue el Madrid. Y eso es raro. Pero si sumas decretos ley para favorecerlos, parkins, dinero y demas «ayudas» de las instituciones españolas y madrileñas…estáis mermados pero es normal, se aprovechan de mentes debiles o personas «especiales»

  4. Ladrones no!

    Lloran en la final de la copa
    Lloran con el partido vs Osasuna
    Lloran con los árbitros (RMTV)
    Lloran ahora por el partido en Miami.

    Como cual niño de 4 años, si no le dan su juguete se pone a llorar.
    Llorando y Robando desde 1902

    • F.C. Goebbelona

      Dile al tito Jan que destine unos eurillos del contrato con el Congo a darte un aumento, que la verdad es que te lo curras.
      Pero por mucho que vayas por todas las webs del mundo no vas a ocultar toda la mugre que esconde el Barcelona bajo la alfombra, ni el lamentable fracaso que supone estar siempre muy por debajo a nivel deportivo y moral. Dile a tu amo que refunde el club y deje de hacer el ridículo, no va a poder pagar a prensa y bots por mucho tiempo…

    • Tu nick, supongo que será mirándote al espejo, bobo.

  5. MUY URGENTE

    La liga RECOMENDO al Barça NO CONVOCAR a Roony Bardghji para NO INCURRIR EN ALINEACIÓN INDEBIDA,por TENER FICHA DEL FILIAL

    Mastantuono HA SIDO CONVOCADO

    Si después del «RIDÍCULO ÍÑIGO MARTÍNEZ» Osasuna NO DENUNCIA.

    HAY QUE EMPEZAR A PENSAR MUY MAL

  6. Negreira trincó pasta de un equipo que le sobornó y que no ha recibido ningún castigo. Como no lo recibió en 2003 estando su campo apercibido, en 2000 por no presentarse a un partido o hace unos 20 años por llegar más de una hora tarde a otro. Y si hay que inscribirle algún jugador ahí está el CSD trabajando a destajo.Las últimas décadas del Barsa son una vergüenza para el fútbol.

    • Ladrones no!

      Así contesta una persona con madridismo sociológico. Es el 99%.

      • Ladrones no!

        El Real Madrid es el equipo al que más penaltis a favor han pitado en LaLiga desde el comienzo de la temporada 2016/17 con un total de 85, 24 más que al FC Barcelona y 34 más que al Atlético de Madrid desde entonces. Presión.

    • Ladrones no!

      Si Mastantuono juega vs Osasuna infringirá los art. 125 y 126 de la RFEF siendo alineación indebida. Eso sí, veréis como el mismo Osasuna que denunció al Barça por jugar Iñigo Martinez tras irse de la Selección por lesión, no hará nada. Calladitos los mamporreros del Club Estado.

  7. Madridista confeso pero legal

    Mbappé ha marcado más penaltis en La Liga (8) que Lewandowski (7), que llegó a la liga hace 3 años.

  8. Negreira Negreira Negreira

    Tras gastarse +200M€ en fichajes, todo el CTA madridista, el presidente de la RFEF, el de la Liga, y vender humo con el inventor del fútbol Xabi Alonso vuelven a ser la porquería de siempre.

    Ganan por un penalti y una roja inventada al pobre Abel Bretones que ha salido del campo flipando por el robo.

  9. JORNADA 1 ANTE OSASUNA

    1- Penalti INEXISTENTE a mbappe
    2-ROJA DE RISA a Bretones
    3-Roja perdonada a Carvajal

  10. Dos partidos de sanción a Abel Bretones. Se ríen de todos.

  11. Pero pedazo de acémila, elige tú si eras así de malo o así de corrupto:
    https://x.com/AlbertFCB/status/1997278220673224731

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