Giro de Italia

Luchadores con máscara, pendientes en las cejas y sobremesas de Netflix: Simon Yates gana el Giro de Italia 2025

Es noticia
Simon Yates (Foto: Cordon Press)
Simon Yates (Foto: Cordon Press)

El 25 de mayo de 2018 se estrenó «Il Grandi Butroni», protagonizada por Chris Froome y el Colle della Finestre. Éxito de crítica y público, contaba las aventuras de un campeón improbable que viajaba en moto por las autopistas de Italia. La extraordinaria actuación de su protagonista le valió meter el mayor atraco contractual desde Lamar Odom en Vitoria. A la premiere de aquella peli asistieron, como estrellas invitadas, Reichenbach, Dumoulin y un jovencillo británico de mirada triste llamado Simon Philip Yates.

Ahora, siete años desde entonces (anda que no han pasado cosas en estos siete años) encuentra Simon su redención. En el mismo sitio, de parecida forma. El joven imberbe, el veterano resabiao. Ayuda de colegas, duelo a tres bandas, un solo golpe mortal. Deja que no hagan remake en Hollywood.

Solo que no. Que no del todo, que nada de imágenes tiernas, nada de atardeceres naranjas y sonrisas sobre arenas finas. Mucho que contar, pero cuidado con las navajas.

Sean ustedes bienvenidos a la 108º edición del Giro de Italia, dirigido por Eloy de la Iglesia.

Un favorito que vive de milagro

Empieza, el Giro por Albania, y no quisiera yo ser malpensado con lo de Albania, y con las relaciones italo-albanesas de los últimos meses, y con el hecho de que cuando a esas relaciones les entró aluminosis (por no sé qué de los derechos humanos) el Giro anunció que igual no salía de Albania y ejem.

Eso, que sale el Giro de Albania, y trinca la primera (y la tercera) etapa Mads Pedersen (uno que se ha ganado el sueldo de sobra, incluso trabajando para gregarios de buen tiempo y poco palmarés), y se viste de rosa el gran favorito tras crono cuchufletesca. Se llama Primož Roglič, el gran favorito, y trae currículum suficiente como para mearse en cualquier otro ciclista al comienzo de este asunto. Sucede que cuando Roglič es outdsider principal merece la pena poner a los que le siguen, para cuando se caiga. No «por si se cae», sino «para cuando se caiga», porque caerse se va a caer. Puede seguir o irse para Eslovenia, qué hermosa eres, pero caerse se va a caer. Debe Primož su vida a quien le convenciera de abandonar los saltos de esquí para dedicarse a las bicis, porque con esos antecedentes…

Simon Yates (Foto: Cordon Press)
Simon Yates (Foto: Cordon Press)

Justo detrás aparecía Juan Ayuso. Que es muy joven, pero ambicioso. Que tiene ya cajón en la Vuelta, pero petardeó fuerte contra Roglič en Catalunya. Quien, a veces, regala titulares que sus piernas no pueden mantener. Pero trae preparación óptima, clase de sobra y un equipo como para dar miedo al miedo (sobre todo si estás bajando Crostis con Vine al lado). Algunos, incluso, hablan de compartir galones con Adam Yates. Con Adam Yates y con ningún otro de la escuadra, ejem…

Tercero iría Mikel Landa, pero prefiero ni hablarles de Mikel Landa. Que se recupere como es debido, Mikel Landa. Ni pajas quiero hacer con su desempeño estos veintiún días. Solo eso, que se recupere. Qué duro, macho.

Detrás de estos… a ver, vienen algunos italianos random y dos o tres paisanucos con temporadas recientes rollo «mira, Herbert von Karajan dirigiendo una banda de turutas y bubucelas». Por ejemplo, Richard Carapaz. Por ejemplo, Simon Yates. A ver quién apuesta, tú, por Richard Carapaz o Simon Yates, menos fiables que un Fiat Multipla en el concurso de Miss España…

Ah, también tendríamos, por decir algo, a los jóvenes. Pero no veo yo ningún joven con credenciales.

La potencia sin control no sirve de etcétera

Y así pasamos los días de empiece. Ayuso gana en el primer puerto (que es el clásico de siempre, un Montevergine de Monte Sirino, o así), Primož se cae, Primož se vuelve a caer, Diego Ulissi trinca el rosa (no estaba muerto, estaba de parranda, aunque le dura poco), los sprínters esprintan.

(También hubo el bochorno anual por Italia. El bochorno anual con los ingredientes anuales, los protagonistas anuales, los payasos anuales peloteando como hacen anualmente. Da un poco de pena, pero mira… Yo ya ni voy a reincidir en ello. Si quieren saber lo que pasó consulten mi crónica del Giro, año 2023. Y 2022. Y más. No suele salir, eso, en mis crónicas del Tour, ya ven, curiosísimo. Fuertes contra los débiles, débiles contra los poderosos. En fin, pa prao).

Y, luego, el sterrato. Fuera máscaras. Y tanto por contar.

Porque anda que no pasan cosas, en el sterrato. Desde resurrecciones (Egan), hasta cine clásico (Primož al suelo), sorpresas-que-no-son-muy-sorpresas (Isaac del Toro poniendo la carrera patas arriba) y epifanías. De las últimas… Wout van Aert. Melancólico Wout van Aert, desconocido Wout van Aert, corría por Italia el doppelgänger de Wout van Aert, pero un doppelgänger sin patas, un doppelgänger de novelista autoeditao. Pudo ganar en Siena, Wout, en el sitio donde le conocieron los del mainstream, ese repechón que subió a pie. Fue en 2018, apenas dos mesucos para nuestro «Colle della Finestre meets Simon Yates, chapter one». Desde entonces se hizo Wout uno de los mejores del mundo, con palmarés corto para lo que muchos dicen, con trabajo largo para lo que muchos ganan. Pero era un mar de dudas, era un corredor existencialista van Aert en los últimos tiempos, de ahí la importancia de esta victoria. Pudo Sísifo, en Siena, dejar bien arriba su pedrusco.

(Verán que van Aert vuelve a salirnos en el juego, allá por las últimas pantallas).

De Siena salió líder Isaac del Toro. Que tiene veintiún años, que es de México. Raúl Alcalá ganando crontrarrelojs y comiendo mayonesa pocha, Miguelito Arroyo tirando de Lemond, Pérez Cuapio dando espectáculos mamarrachescos a mitad de camino entre la diva declinante y Manny Ribera. Ahora, él. Buena pinta, solvente, con aire de haber podido sacar aun más rédito. Pero es que iba Ayuso cortado, caído, ensangrentao. Igual ahí se decidieron tres semanucas… o igual no.

(Sobre las relaciones entre Ayuso y del Toro escribiremos otra pieza, que saldrá en la sección «Sucesos»).

Juan Ayuso (Foto: Cordon Press)
Juan Ayuso (Foto: Cordon Press)

La crono aclara poquito, entre igualdad y ventoleras, entre lluvia y que tampoco viene, no sé, Serhiy Honchar. Y luego San Pellegrino in Alpe, que siempre será el Passo di Cecco Chiflao, y allí aprieta Egan, y se va con él Carapaz, y también el líder, y luego remonta Ayuso, y habla el Giro castellano con cien acentos, y tú puedes insultar a los de otras escuadras (o a tus compis) de mil maneras distintas, que eso no te lo permite el aburridísimo inglés. Ataca Bernal, digo, que fue de más a menos, que mostró más actitud que aptitud, que quizá nunca ronde pódiums en tres semanas, pero tiene el orgullo del campeón que fue, la raza del campeón que quiere recordar cómo era. Un Giro de diez, el suyo, vuelve a Cundinamarca con la seguridad absoluta de que no pudo hacer más cosas para conseguir mejor resultado.

(No sé yo si del Toro puede decir lo mismo).

Y nada, gana ese día Carapaz, y parece recuperar sensaciones Carapaz, y sigue todo abierto, porque quien vino a ser dominador se descuelga a cada arreoncito (y marcha para casa a no mucho tardarse), quien era alternativa se descuelga a cada arreonazo (y marcha para casa a no mucho tardarse) y los otros dan menos seguridad que el Numancia de Soria en un Mundialito de Clubes.

Se repite estampa camino de Asiago. Éxito rutilante para Carlos Verona, que aprovechó el buen tiempo meteorológico para sacarse exhibición bastante cuca en los últimos treinta kilómetros. Detrás… pues eso, un llenesecuá a capítulo de Power Rangers. Por previsible, fundamentalmente. Tirón de Egan, sale bien del Toro, sale bien Richard, le cuesta a Ayuso, le cuesta a Primož, avanza Latinoamérica con las venas abiertas, pero del Toro dice que relevar es de feos, y yo mira lo guapísimo que salgo en las fotos, y es rémora importante, y acaban entrando de la manuca. Aproximadamente…

Pulula, por ahí, Simon Yates, que pareciera único capaz de poner en apuros el latin power. Simon Yates diciendo en las entrevistas que su personaje histórico preferido es Francis Drake, que el tal Edward Vernon no lo hizo tan mal, que menuda puta mierda el reaggeton, que trae patente de corso firmada por el mismísimo Charly (no le llama Su Muy Graciosa etcétera porque Charly tiene menos gracia que Bordalás hablando del euríbor). Yates tiene aires crapulescos, pedalea como si no costase y calza siempre un maillot que, así, a vistazo rápido, más parece camisa de tonos hawaianos a medio abrirse por el pecho. Simon, con esas pintillas de chiringuito en El Palmar, con las gafas de sol tipo «espera que me quite las gafas de sol», con un aire despreocupado a lo «ven y te cuento cuando gané la Vuelta a España». Ese Simon Yates. Equipo nuevo, función de líder solo a ratos, más de vuelta, dicen algunos, que Stan Collymore por Vetusta. Pero oye, ahí sigue. Pudieron rematarle en el sterrato, y en San Pellegrino, pero sigue.

Igual hasta trinca pódium.

Remakes y serie b

Y al principio de la última semana… bum. Etapa trentina, todo por los aires. Gana Scaroni, segundo Fortunato, Pellizzari recorta tiempo como si se llamase Pellizotti o Pelliccioli (Pezzolano ni de coña, bastante tiene con lo suyo). O, si lo prefieren, que se puso el Giro 2025 en plan «Giro 2001-2007», con ese aire de macarrismo meridional, con pendientes en la ceja, camisetas sin mangas, mechitas. Se puso el Giro, sí, pelocenicerao, como las fotos antiguas de Cesc Fábregas. Y eso siempre es bueno, porque prometía un poco de cine quinqui, era Callejeros: el Giro, trae banda sonora entre Camela y Camarón. Bochorno y fuegos artificiales. Quién podría mejorarlo.

 Christian Scaroni y Lorenzo Fortunato (Foto: Cordon Press)
Christian Scaroni y Lorenzo Fortunato (Foto: Cordon Press)

En Trento, digo, pegó mordisco Richard Carapaz, perdió bastante del Toro, salieron siete o nueve paisanucos, a cual más alolailao, con el rosa en la cabeza. En Trento, también, supimos que no iba a triunfar por Italia Juan Ayuso.

Juan Ayuso pasó por el Giro con más achaques que Elizabeth Siddal tras un finde en la nieve. Se cayó el día de Siena, le hicieron sutura, se le abría la sutura (o no) dependiendo de cómo rindiese en cada etapa. Anduvo rondante al rosa, se fue con más dubitaciones de las que trajo. Quince minutos por donde el Concilio, retirao después tras aparecer con la cara hinchadísima. Picadura de abeja, no se pegó de hostias con del Toro, tranquis. Paradoja o no, el día que Isaac muestra fallas es cuando reafirma su liderato interno. Qué mundo, este.

Y lo que queda

Porque en el Mortirolo se destapó El Santo. Rey Misterio, Sin Cara, Penta. Mexicanos que pelean con máscaras, que se vuelven locos en ocasiones, que reciben cienes y cienes de hostias, están a punto de morir, y luego hacen la resurrección, porque la resurrección no se hace sola, la resurrección hay que hacerla. Claro que eso es wrestling, y parece de mentiras. Lo nuestro son bicis, y parecen de verdad.

Decía que salió a saltucos El Santo subiendo Mortirolo (aunque era un Mortirolo fake, era un Mortirolo desmortirolizado). El Santo protagonizó más de cincuenta películas, películas de serie b tirando a z, películas con títulos como El Santo vs la hija de Frankenstein (lo juro), Santo y Blue Demon contra Drácula y el hombre lobo (lo juro) y Santo en el tesoro de Drácula (versión sin censura con título El vampiro y el sexo, lo que nos lleva, directamente, a la pregunta de qué es el tesoro de Drácula y dónde esconde Drácula su tesoro). En esas pelis nuestro enmascarado preferido solía encajar más golpes que un adolescente leyendo whatsapps, para después alzarse de entre sus cenizas y terminar rumbero (como un canallita cuarentón leyendo whatsapps).

Pues Isaac del Toro (casi adolescente, no olviden) hizo algo equivalente. Se queda en el Mortirolo, sufre como un animal, no entra en los cambios de ritmo, no se alza casi nunca sobre la bici. Resuelven, entre él y sus gregarios, la situación bajando dirección Bormio. Y lo que pudo haber sido empate termina en victoria, cuando se levanta milagrosamente y aplica un RKO a Richard Carapaz. Primera etapa para del Toro, segundo mexicano en ganar parciales por la Bota, tras Julio Alberto Pérez Cuapio (ahhh, esas apariciones dosmileras, qué de placeres nos dieron). Maglia que se reafirma y, a la vez, muestra fisuras. Es una máquina en puertos cortos y pendientes altas, sufre en puertos largos y ritmo de sostener.

Cuidado

En Aosta aguanta. Hace años que los puertos valdostinos, antaño decidiendo carreras (quizá por su longitud, quizá por sus pendientes, quizás por su encadenado), no rompen a los pelotones pros (quizá por su longitud, quizá por sus pendientes, quizás por su encadenado). Así que tablas. Todo para la definitiva, la de Finestre. Allí se juegan el Giro entre Isaac del Toro y Richard Carapaz.

Ah, tercero es Simon Yates. Cercuca, pero asoma menos el morro que Miguel Bosé en un Congreso Científico.

Vamos, que no espero yo mucho de Simon…

Y, de repente, Finestre.

Así que llegamos al momento cumbre. Una única etapa, porque las otras decidieron detallines. Bueno, a ver, tampoco, pero me entienden. Finestre y Sestriere, enlace casi-clásico, aunque debuten en 2005 (Sestriere lleva el siglo y poco, me refiero a juntos). Última oportunidad para meter mano al rosa. Último round para componer pódium.

Y sucede… en fin, suceden un montón de movidas.

Primero movimientos discutibles. De escuadras. Los de Yates cuelan peón en el grupo de escapaos. Solo que ese peón se llama Wout van Aert, y es peón para escaques cerca del rey. Vamos, que espera si no será más cosas. Luego el equipo del líder deja hacer, porque son de dejar hacer. Y los de Carapaz fían todo a Richard, a un acelerón de Richard, a una hostia así, a mano abierta, del Richard.

Wout van Aert (Foto: Cordon Press)
Wout van Aert (Foto: Cordon Press)

Que la da. Empezando Finestre. Cincuenta kilómetros a Sestriere, dieciocho a la cima, no salieron, aun, de la carretera ancha. Y ataca el ecuatoriano. Y sale, con dificultades, del Toro. Y captura, tras unos minutos (tras unos minutos, no inmediatamente) Simon. Que entra y salta. Y lo pillan. Otra vez. Y lo pillan. Ahora Carapaz. Y lo pillan. Luego Simon, y empieza a marcharse…

Vale, datos. Cuando arranca Richard sale a por él del Toro, y le cuesta salir, y nunca va con los acelerones, y sube siempre sentado, y va a rueda, y le mete un metrito alguna vez, y cierra hueco, pero le mete un metrito alguna vez. Pero cuando arranca Simon quien sale a por Simon es Carapaz, nunca del Toro. Lo que puede ser síntoma de fuerzas (solo tengo para uno) o de estrategia (solo quiero secar a uno). De hecho, el ataque definitivo de Yates (el ataque definitivo de Finestre, el ataque definitivo de toda la Corsa Rosa) estuvo a punto de ser neutralizado. Carapaz que tira, que recorta segundos, que lleva al líder chupando tubulares como si tuviese un póster de Haimar Zubeldia en su habitación. Lo tienen a diez metros… y el ecuatoriano se abre. Te toca a ti, que para eso vas con el premio gordo. E Isaac pasa, Isaac da mus, Isaac dice que pa qué. Simon se pierde entre las curvas.

El Giro vuela.

Porque entra del Toro en crisis. No de patucas, sí de mente. Cosas… discutibles. Ponerse tras cualquier rueda, lo mismo Derek Gee (buen rendimiento, horrible maillot), que Tiberi, que Marino Alonso, que Herminio Díaz Zabala. A un rato dice a Richard que releve, que de lo contrario va a perder el segundo puesto… y contesta Richard que tiene bastantes segundos puestos, y también un Giro y un oro olímpico, y que lo de colaborar era antes, y que, mira, ¿ves este dedito que se extiende?, es el dedo corazón. Dramatizando un poco. Isaac que tenía el pódium asegurado, que tenía la clasificación de los jóvenes asegurada, que no iba a entrar en hundimientos para las jornadas siguientes porque no quedaban jornadas siguientes. Exceso de orgullo frente a Carapaz, falta de cabeza frente al universo. Incomprensible, en cualquier caso.

Ahí se pierde el Giro. Pero, seamos claros, ahí lo pierde Isaac del Toro. A un ataque contra la maglia debe responder la maglia, y buscar refugios en terceras personas parece inteligente solo cuando sale bien, como bien conoce el Emérito. Del Toro mostró credenciales, pero des-demostró mentalidad. Su sprint en Sestriere (ridículo), sus fotos con Pelizzari en Sestriere (ridículas) y sus declaraciones en Sestriere (bochornosas y rozando jeta de hormigón) revelan poca capacidad táctica, poca autocrítica y un pansinsalismo bien gordo. Veremos si sale, de Sestriere, fortalecido tras sus errores o gorospizado por sus bocachancladas.

(Señalamos más arriba el error básico de su equipo, pero es que dejo un poco de lado esa actuación porque prefiero hablarles de ciclistas. Con todo… no metieron gente en fuga, y no metieron gritos bastantes a del Toro cuando del Toro se puso a tolaizar la maglia).

Y eso, que está Simon Yates ganando la carrera. Fue fácil, solo tuvo que subir Finestre veintiún minutos más rápido que en 2018. Sí, ganó en el sitio donde perdió cuando era joven e impresionable. Qué redención más chula, que docu guapo nos va a salir para Netflix, de esos docus guapos que se ponen para dormir siestas de domingos. Eso, veintiún minutos más rápido, sencillísimo. Ah, y también tuvo que echar mano a Wout van Aert, mitad de descenso. Buena locomotora, Wout van Aert, ampliando huecucos, hundiendo esperanzas. Creo que estaba todo sentenciao, de aquellas, pero por si veían resquicios… pues Wout.

De ahí hasta arriba… exhibición de Yates, que llega solo pero no gana la etapa, y esto es como si en el Plan di Montecampione hubiese trincao parcial Hernán Buenahora. Ya no hay respeto. Entra Yates solo, digo (etapa para Harper), mete diferencias de escándalo (a cuatro minutos del Toro por el rosa, a casi cinco Richard), concluye una cabalgada que tuvo aciertos (suyos) y errores (ajenos), todos para mirar con lupa. Luego llegó ese sprint mexicano con música de Leticia Sabater, las declaraciones tipo «chaval en el Torneo de Brunete» y cierta sensación de que aun queda cosas por contarnos de este día.

Sea así o no… honores, grandes, para Simon Yates. Patas atómicas cuando necesitaban patas atómicas, sangre fría cuando fue necesaria la sangre fría. Y salió como Primo Uomo tras un Finestre donde empezó siendo Special Guest Star.

Regocijémonos con Yates.

4 comentarios

  1. Buenos días
    Siempre un placer leerte, Marcos. Me gusta la gente que se «moja».
    Yo todavía estoy perplejo tras la etapa de la Finestre y los comentarios de Ares, Contador y Chozas. Ninguno de ellos ha cuestionado la forma de correr hoy de Del Toro. Vale que solo tiene 21 años y que estaba ante su primera gran oportunidad. No descarto que haya pecado de bisoñez pero por eso mismo. Porque tiene un futuro excelso por delante hoy tenía que haber corrido como un valiente aunque estallara. Limitarse a seguir la rueda de Carapaz. Pararse literalmente cuando otros no tiraban. Salir a coger la rueda del belga del Alpecin en la bajada de la Finestre. Mostrar un pasotismo insultante antes de la subida a Sestriere y lo último y más vergonzante de todo, esprintar los últimos 200 metros hacia la nada, me han dejado cariacontecido. Y eso que Carapaz le hizo toda la subida a dele Finestre cuando yo me decía, pero ¿¿¿Richard qué haces? ¿No has tenido suficiente con ver como Del Toro se aprovechaba, por dos veces, de tus ataques para robarte segundos en las metas? Ser segundo o tercero cuando uno es ganador de un Giro es irrelevante. No se le debe criticar a Carapaz, que siempre ha atacado valientemente, sino a Del Toro. Hoy ha hecho una etapa indigna de una maglia rosa
    Y termino con el campeón. S. Yates. Me alegro mucho por él. Por justicia poética debía ganar.

  2. UAE está creando monstruos: Ayuso, Almeida, del Toro… son unos creídos sin nada demostrado en grandes vueltas. ¿Cuántas declaraciones de Ayuso hablando de que es líder y se merece liderar no sé qué? ¿Se creen que lo de Pogaçar es contagioso, y por pegarse a él merecen el mismo trato? Que lo demuestren.
    Y lo de Carapaz… recuerdo su crónica del Giro que ganó Carapaz, en la que decía que no tenía carisma. Y yo comenté que el carisma a veces es estar callado y dominar. Carapaz sigue siendo el mismo: tendrá peor o mejor suerte, tomará peores o mejores decisiones (en mi opinión, el único error fue no meter a 3 tíos en la escapada el penúltimo día, cosa que Movistar hizo todos los días cuando ganó el Giro). Y además, sin idioteces a lo del Toro o Ayuso. Sale, compite con sus armas (tácticamente es el mejor) y sin miedo a los rivales. Y oye, tiene mejor palmarés que todos los bocachanclas.

  3. Las referencias a Collymore- Oviedo y a Gorospe, me han matado

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*