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Ben Johnson: «[Carl Lewis tenía sustancias en su cuerpo, pero le dejaron el oro] porque es americano y América cuida a sus atletas»

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Ben Johnson
Ben Johnson (Foto: facebook.com/Benjohnson979; Erdélyi Gábor)

A estas alturas de la vida no se puede decir que el escándalo de Ben Johnson en 1988 fuese el mayor de la historia del dopaje, pero sin duda sí que fue uno de los más simbólicos de todos cuantos ha habido, que desgraciadamente es un catálogo generoso y amplio. Sin embargo, su caso presentaba unas aristas que siguen hiriendo y el corredor canadiense no deja de denunciar.

En 2003, la revista Sports Illustrated reunió 30.000 páginas de documentación que probaba el dopaje las grandes estrellas y medallistas estadounidenses. La filtración provenía de Wade Exum, director de la oficina de control antidoping del Comité Olímpico de Estados Unidos entre 1991 y 2000. La lista incluía a futbolistas como Alexi Lalas o corredores como Joe DeLoach, Andre Phillips y, el caso que nos ocupa, Carl Lewis, el máximo beneficiario de la caída de Ben Johnson.

Exum denunció públicamente que Lewis incluso corrió dopado la final de los 100 metros de Seúl’ 88. Según su testimonio, había dado positivo en tres ocasiones durante las pruebas clasificatorias para llegar a los Juegos Olímpicos y llegó a estar desclasificado para el USOC, aunque a última hora se rectificó y se le incluyó. Lewis lo negó, alegó que había tomado un suplemento de hierbas de venta libre que contenía las sustancias prohibidas. Es la excusa tantas veces escuchada: él no lo sabía.

Además, añadió que el nivel de los estimulantes encontrados en su cuerpo era tan bajo que ahora, tras un control, sería negativo. No obstante, Johnson no olvida ese detalle y, en una reciente entrevista en The Mix Up Show, ha sido preguntado sobre el caso y ha explicado que se le permitió seguir corriendo y quedarse con el oro tras la final porque «es americano y América cuida de sus atletas».

Ben Johnson (Foto: Cordon Press)
Ben Johnson (Foto: Cordon Press)

La periodista, Angie Goodaz, le recuerda el momento. Según lo reviven, Lewis protestó tras la final y se acudió en su ayuda: «Estados Unidos era uno de los grandes patrocinadores de World Athletics (la federación mundial de atletismo) por lo que estaban protegidos. Canadá no tenía ningún poder en ese ámbito».

Además, según el velocista, también hubo una conspiración entre multinacionales del calzado. En febrero de 1988, Johnson firmó un patrocinio con Diadora, la marca de Bjon Borg, Alain Prost o Niki Lauda, de 2,5 millones de dólares. Era el mayor contrato individual de la historia del atletismo y la marca era italiana, eso enfureció a los otros grandes: «Después del campeonato mundial de 1987, tenía mi propia línea de ropa con Diadora, eso no le gustó a otros patrocinadores como Nike, Adidas o Puma, que no querían que esa marca tuviera éxito».

Así lo explica: «Cuando me preguntaron en Diadora qué color quería, elegí los de Jamaica [Muestra la cazadora, negra y amarilla, con su nombre en la espalda y un logotipo con su perfil] era un diseño tan bonito que las otras marcas no lo aceptaron. La historia de lo que hicieron fue debido a esto».

Johnson nunca admitió la totalidad de las acusaciones contra él que fueron patentes tras su positivo. Reconoció que había tomado esteroides anabólicos bajo la supervisión de su entrenador Charlie Francis desde 1981, pero negó haber tomado estanozolol, la sustancia por la que dio positivo. Aludió que la muestra pudo ser contaminada, aunque esta línea se vino abajo cuando en 1993 volvió a dar positivo esta vez por testosterona.

Desde entonces, su argumento fue que hubo una conspiración contra él. Un argumento creíble en la faceta de que Carl Lewis también podía haber consumido sustancias, pero menos en desarrollos como este del acuerdo de las marcas de ropa en acabar con él, pero lo sigue sosteniendo, en esta entrevista zanja: «Diadora estaba creciendo rápido y yo era la imagen de esa marca».

Sobre la contaminación de la muestra, ha ido subiendo el tono: «Eso no fue un accidente, pusieron algo en mi comida o en mi bebida para sabotearme, solo para deshacerse de mí. Todo era más grande de lo que uno puede imaginar, yo era un pez pequeño en el estanque y querían derribarme. Cuando me dieron la noticia en 1988, no era nada nuevo. Sabía que esto iba pasar».

Sugiere que había demasiado dopaje generalizado y alguien debía pagarlo: «Me convirtieron en chivo expiatorio por los errores de todos, necesitaban a alguien a quien culpar y me eligieron a mí». Por lo que fuera, él les resultaba incómodo: «Esto no era sobre dopaje, era político, racismo y dinero. No querían a alguien como yo en la cima». Todo está amañado: «Este juego no es tan limpio como crees, eligen a quien proteger a quién destruir». No obstante, años atrás, dijo que la dosis fatal de esteroides se la suministró a traición alguien de su propio bando.

Ben Johnson (Foto: Cordon Press)
Ben Johnson (Foto: Cordon Press)

Para su entrenador, el mencionado Francis, no hay malas palabras. Explica cómo se lo presentó su hermano y se convirtió en su preparador durante toda su carrera. Aunque juntos estuvieron involucrados en flagrantes casos de dopaje, solo dice: «Me enseñó cómo prepararme mental y físicamente para cualquier reto, es lo que yo le trato de transmitir a los chicos a los que entreno ahora». Como nota curiosa, uno de sus pupilos en 1997 fue Diego Armando Maradona.

Cuando llegaron los días negros, el mayor apoyo que tuvo fue su madre. Ella misma ya le había avisado de lo que podía pasar: «Mi madre me dijo antes de morir: estas cosas pasan, tienes que estar preparado para lo peor. Todo lo que me dijo que sucedería, sucedió». Lo cierto es que la segunda mitad de los años 90, tras los positivos, vivió con su madre: «Ella entendía todo lo que sucedió y me dio todo el amor y cuidado que necesitaba».

De hecho, entró en una grave crisis cuando la mujer murió en 2004: «Cuando empecé a vivir solo después de la muerte de mi madre, estaba totalmente deprimido. Compraba una botella de vino, me la bebía entera y no sentía nada. Estuve haciendo eso durante semanas y acabé diciéndome ‘¿Qué estoy haciendo? Mamá no querría esto’, así que dejé de beber de golpe en 2008 y no he vuelto a hacerlo desde entonces».

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