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Juan Carlos Valerón: «Lendoiro le ha dado a Coruña algo que era impensable»

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Entre plataneras y balones, en una tierra que parece haber convertido el talento futbolístico en una cuestión genética, creció Juan Carlos Valerón (Arguineguín, Gran Canaria, 1975) en el seno de una familia de seis hermanos.

Maestros como Arrigo Sacchi, Luis Aragonés o Javier Irureta marcaron su trayectoria, en la que compartió campo con magos y eruditos como Djalminha o Guardiola. Tras caer al infierno con el Atlético de Jesús Gil, Augusto César Lendoiro lo reclutó para convertirlo en su ojito derecho durante trece temporadas. En el Dépor, El Flaco convirtió el pase en arte en los templos más venerables del fútbol europeo e hizo historia sin perder nunca su innata humildad. Las lesiones amenazaron con poner fin a la carrera de uno de los mayores talentos que ha dado el fútbol español, pero Juan Carlos nunca perdió su imborrable sonrisa y resistió con la misma calma con la que siempre trató al balón para seguir mostrando sus trucos, sin importar la categoría. Hoy, desde los banquillos, afronta el reto de pensar como entrenador y trata de transmitir a las nuevas generaciones todo lo que le hizo disfrutar un juego que, en sus pies, parecía mucho más sencillo de lo que realmente era.

Más de 400 partidos en Primera, 44 en Champions, 46 internacionalidades, pero de pequeño se decía que el bueno en la familia era tu hermano Miguel Ángel.

Sí, no es que se dijera que él fuera el bueno, sino que él destacó antes que yo porque es mayor que yo. En nuestra infancia él estaba por delante de mí. Tuvo un gran impacto en aquel momento y, de hecho, fue el primero que fue a la Unión Deportiva Las Palmas. Nos abrió un poco el camino a los demás.

Luego tuvo una lesión muy grave en un partido contra el Barça en Copa (1997). Tú estabas en el banquillo.

Fue un momento complicado, un momento duro. El equipo acababa de ascender, volvía a resurgir después de haber estado en la antigua Segunda B cuatro años, que fueron difíciles. Fue una cosa un poco parecida a lo que vivió el Dépor recientemente. Después de una trayectoria de la Unión Deportiva Las Palmas histórica en Primera y haciendo muy buenos años, cayó a Segunda B.

Estábamos, yo creo que los dos, en nuestro momento más importante, sobre todo el de mi hermano. Fue una lesión desgraciada. Rompió tibia, peroné y también le había cogido ligamentos del tobillo. Lo aparta de los terrenos de juego durante mucho tiempo y, a partir de ahí, no pudo volver a engancharse.

¿Cuándo eras pequeño tenías esa misma buena fama que tuviste de mayor o te peleabas mucho con tu hermano?

Al llevarnos dos años y medio, pues como todos los hermanos de cualquier familia: te peleas y juegas todo el rato. Pero sí, y sobre todo con mis hermanos mayores también.

El fútbol lo empecé a vivir de pequeñito. Está en la calle, está en tu casa… Ya empiezas a ver el balón por allí, a ver a tus hermanos… Quería jugar en la canchita que teníamos ahí en el barrio donde yo vivía, y así fue nuestra infancia y fuimos creciendo.

Sé que liasteis una con un tractor de por medio…

Pues lo típico (risas). Hay muchas anécdotas, pero esa la recordamos porque nos asustamos bastante. Me vi ahí en un tractorcito pequeño de estos que había en la zona donde vivimos, que hay plataneras.

Él estaba conduciendo. Bueno, moviéndose para delante y para atrás. Yo una de las veces fui a subir y él arrancaba, entonces caí al suelo. Me pasó las ruedas por encima de las rodillas. El terreno estaba lleno de arena y ayudó a que no fuese tan fuerte la situación. Fue más el susto que otra cosa.

Juan Carlos Valerón, David Silva, Aythami, Misa Rodríguez también se formó allí… ¿Qué tiene Arguineguín? ¿Cómo sale tanto talento de un pueblo de unos 2.500 habitantes?

En realidad, no creo que tenga nada en especial. De la cantera en Canarias salen jugadores de todos lados. Sí que es verdad que no es habitual que tan seguido, dos jugadores, en este caso, David y yo, uno detrás de otro, él en sus inicios y yo en el final de mi carrera, pues no es muy habitual desde el mismo pueblo. Después mi hermano también tuvo su época dorada cuando llegó a Las Palmas, Aythami también después salió de allí… Bueno, son cosas que coincidieron en ese momento así.

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¿Existe una genética canaria especial para que salga tanto futbolista talentoso?

Mucha gente pregunta por el futbolista canario, ¿no? Yo creo que las características del entorno siempre marcan un poco la educación que tú tienes en todos los sentidos, y en el futbolístico también. En lo cultural, nuestra manera de entender el fútbol allí en las islas… Te educas con esa manera de entender el juego, de jugar mucho en la calle, en la playa… Todas esas cosas son las que te van formando tu personalidad, tu carácter y tus cualidades futbolísticas.

Empezaste en Las Palmas jovencito y ya pronto con el 21 a la espalda.

Con 17 años estaba jugando en el juvenil del Arguineguín. Mi ilusión era llegar a jugar en el regional que en esa época estaba en Tercera. En aquel momento tenía mucho seguimiento, había muy pocos equipos de la zona sur tan arriba. Y, de repente, me veo en el siguiente año jugando en la División de Honor de la Unión Deportiva de Las Palmas. Fue un salto que no esperaba. De creer que mi vida deportiva podía pasar por estar en el equipo de mi pueblo toda mi vida a de repente llegar a un equipo de una cantera del fútbol profesional. Todo fue muy rápido y, de repente, me vi en el primer equipo.

La temporada que se empiezan a designar los dorsales a los jugadores fue en la 95-96. Justo habíamos ascendido ese año a Segunda. Se ponía un dorsal para toda la temporada con el nombre. Y dio la casualidad que cuando me tocó elegir a mí, porque se empezó a elegir por veteranía, pregunté los números que quedaban libres y entre ellos estaba el 21. Yo tenía 21 años justo esa temporada y dije: «Pues cojo el 21 ya que tengo 21 años». Ese fue el motivo y la razón.

A partir de ahí salieron muchos grandes jugadores con el 21.

Con el tiempo te das cuenta de que hubo grandes jugadores que llevaron el 21. Pero personalmente no me había fijado en nadie. La razón única fue por el tema de que coincidió mi edad con el dorsal.

¿Ahí ya te llamaban «El Flaco»?

Me lo empezaron a llamar cuando llegué a la Unión Deportiva Las Palmas porque si ves alguna foto de esa época… (risas). En toda mi infancia era siempre de los más pequeños del equipo, el más bajito, el más delgadito… De hecho, cuando debuté en Tercera, siendo mi segundo año juvenil, mucha gente se extrañó por ver un jugador con un cuerpo tan… No tenían el físico que para una categoría como esa en aquel momento se necesitaba.

Luego ya pegué un poco el estirón en juveniles, ya empecé a coger altura, pero la delgadez la mantuve. Y cuando llegué a los filiales de Las Palmas, ya me empezaban a decir «Flaco» los compañeros y ahí quedó. Justo también porque coincidí con Manuel Pablo en esa época. Entonces cuando llegué a Coruña todo el mundo me empezó a llamar «Flaco» porque Manuel me llamaba así. Se retomó porque tanto en Mallorca como en el Atlético de Madrid nadie me llamaba «Flaco».

En Las Palmas haces una gran temporada en Segunda y el Mallorca paga tu cláusula. Aquello no sienta del todo bien en parte de la afición canaria…

Sí, hay un poquito de controversia. Nada diferente de lo que habrán podido vivir otros jugadores que salen de la cantera y tienen la oportunidad de ir a otro sitio. Siempre surge esa situación en la que la afición no quiere desprenderse de alguien de la casa, de la cantera. Y bueno, a veces no se ve bien que en ese momento alguien pueda tomar la decisión de salir o de progresar o de ir a otro sitio.

También es verdad que las circunstancias en las que se dio ese fichaje fueron un poco diferentes. No es lo mismo cuando el club llega a un acuerdo con otro equipo para salir y es de mutuo acuerdo. Aquí al final Las Palmas quería que siguiera en el club y entonces el Mallorca tenía que pagar la cláusula. Eso generó que la gente se pudo molestar un poco, pero bueno, son cosas de la vida. Gracias a Dios con el tiempo he podido resolver de alguna manera esa situación. Al volver a casa todo el mundo ya olvidó un poco aquello y, bueno, gracias a Dios ya está todo bien.

Llegas al Mallorca, que era un equipo recién ascendido a Primera, y quedáis quintos y subcampeones de Copa.

Fue algo inesperado porque prácticamente se hizo un equipo nuevo. Recuerdo haber llegado y estaba haciéndose el equipo. Del Valencia vienen seis descartes en esa pretemporada: Romero, Iván Campo, Gabi Moya, Eskurza, Engonga y Gálvez. Unos eran descartes del Valencia; otros éramos jóvenes, que todavía no éramos muy conocidos; más algunos que todavía se habían quedado en el equipo… Y se empieza el año con un poco de incertidumbre, a ver qué es lo que pasaba.

Lo que ocurrió fue que cuajó todo muy bien desde el inicio. Con una serie de jugadores de un nivel importante y con ganas de triunfar, con ganas de demostrar; con un cuerpo técnico que venía por primera vez a Europa, con Héctor Cúper, que venía de Argentina… Y se juntó una química que salió bastante bien. Fue todo rodado desde que empezó la temporada, los resultados empezaron a venir, el ambiente del equipo desde el principio dentro del vestuario fue muy, muy bueno… Entonces, cuando las cosas a veces se dan así, caen como cayeron, pues todo fue rodado.

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Y en tu caso, además, titular indiscutible: 47 partidos entre Liga y Copa en tu primer año en Primera.

Sí, al principio fue un poco difícil porque yo venía de haber jugado solo un año en Segunda con Las Palmas. Me encontraba con jugadores ya de una experiencia importante, con un entrenador también que había entrenado en Primera… Y recuerdo que en pretemporada las cosas no fueron tan sencillas. En los partidos iba viendo que me podía quedar un poquito en segunda línea, ser suplente… Físicamente yo todavía estaba en unas condiciones que, quizá, no estaba preparado para estar a un nivel importante para el rendimiento. Pero bueno, como toda la vida, tienes que ir adaptándote, ganándote las cosas. Recuerdo que la pretemporada fue dura y eso físicamente me ayudó muchísimo. La verdad es que tuve una gran ayuda por parte del cuerpo técnico, con el preparador físico Alfano. Me llevaba dos veces, entre semana, por la tarde al gimnasio. Empecé a trabajar mi cuerpo y eso poquito a poco fue dando sus frutos.

Al año siguiente fichas por el Atlético de Madrid con 23 años y debutas en la Selección. Toda tu carrera iba muy rápida.

¡Muy rápida, muy rápida! Con 17 años estoy jugando en el equipo de mi pueblo y con 23 estoy jugando en uno de los grandes de España, en el Atlético de Madrid. Fue todo muy rápido, pasando por todas las etapas, pero prácticamente un año por cada etapa, por cada categoría y de repente te vas ahí, en Primera y en un club grande.

Y eso, ahora, visto con perspectiva, ¿crees que mentalmente lo fuiste asimilando bien?

Sí, yo creo que sí. En general me considero una persona que he ido afrontando las cosas siempre bien. Para mí fue positivo. Date cuenta de que hay jugadores del fútbol profesional que salen de juveniles directamente a jugar en Primera o de un filial directamente a jugar en Primera. Yo pasé por juvenil, Tercera división, Segunda B con Las Palmas, ascendemos, Segunda A y luego Primera. Fui pasando por todas las diferentes categorías. Fue rápido, pero fui dando los pasos adecuados. Y sí, creo que todo me fue llegando cuando me tenía que llegar. A veces eso tampoco lo decide uno.

De la llegada al Atlético y a la Selección, ¿de qué te acuerdas de esos primeros días? ¿Qué jugadores te marcaron en aquel momento?

De pequeñito, mis primeros recuerdos de fútbol siempre, lógicamente, estaban el Madrid en la época de la Quinta del Buitre, el Barcelona del Dream Team, el Atlético de Madrid del doblete…

De repente estoy en el Atlético de Madrid, un equipo que había visto ganar el doblete, con Kiko, Molina, Aguilera, Vizcaíno… Todos esos que los estás viendo de pequeñito y, de repente, te vas ahí con ellos. En la Selección: Fernando Hierro, la Quinta del Buitre y, sobre todo, el jugador que yo de pequeño no sé si admiraba, pero el que más me encantaba por su forma de jugar y por la posición en la que jugaba, que era Guardiola. De repente me veo jugando en la Selección e incluso hubo una época en que éramos los dos mediocentros, con Camacho. Te puedes imaginar… Para mí todo eso fueron cosas que de niño las ves y, de repente, te ves ahí. Afrontarla, vivirla y disfrutarla.

¿Y qué tal con Guardiola?

Lo que recuerdo es que intentaba estar siempre muy pegado a él, muy cerca de él. Ya se le veía, a los compañeros nos iban diciendo cosas… Él tenía también la influencia de Johan Cruyff, de la escuela del Barça… Entonces todas esas cosas que a lo mejor otros jugadores no conocíamos, pues esa comunicación, lo que nos transmitía, ese tipo de cosas eran cosas muy bonitas.

Hablando de mitos de los banquillos, en el Atlético coincides con un estilo muy diferente: Arrigo Sacchi.

Creo que te podría decir que he tenido muchísimos entrenadores, de todos he aprendido, he sacado cosas muy positivas. Lógicamente con unos he tenido más protagonismo, con otros a lo mejor un poco menos, porque eso es parte del fútbol.

Arrigo es uno de esos entrenadores que a mí sí que me marcaron. Cuando yo llego al Atlético de Madrid, lógicamente es un club grande, con una exigencia importante y yo todavía tenía una juventud y un bagaje que todavía necesitaba un poquito más de tiempo para poder llegar a mi máximo rendimiento.

Y de repente ves a Arrigo Sacchi, que lo has visto por la tele ganando títulos y todo lo que hizo… A mí me sorprendió desde el primer día, como entrenador y como persona. Yo me quedé impactado cuando el primer día que nosotros llegamos al entrenamiento del Atlético de Madrid, nos empieza a hablar en español. Acababa de fichar y hablaba en español, con su libreta para hablar en español. Te das cuenta de por qué ha sido tan grande. Cómo se preparó para llegar a un país, estudiar el idioma… Que hoy en día eso lo vemos como algo que todo el mundo ya lo hace, pero en aquel momento, quizás, no era tan visible. Desde el primer momento nos trató a todos igual, habíamos fichado jugadores italianos que habían venido de su mano… Yo noté mucha protección por parte de él, mucha ayuda, porque yo era joven todavía y, quizás, no era capaz de dar un rendimiento todavía como para ser un jugador titular, pero siempre me transmitió que iba por buen camino. Ese momento para mí fue importante en mi carrera deportiva con Arrigo Sacchi.

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¿Qué recuerdos tienes de Jesús Gil? ¿Cómo eran aquellos años duros para el club y para él?

Yo no tuve una relación con él. Claro, yo era un jugador joven, acababa de llegar, había muchos pesos pesados dentro del vestuario que tenían una relación más cercana, todos los jugadores que habían vivido los años anteriores con él. Aparecía por ahí, nos hablaba… Conmigo la verdad que siempre fue muy cariñoso, pero bueno, no tuve una relación con él como para poder hablar cosas, más allá de una relación de un presidente cuando está con sus jugadores.

¿No te tocó alguna bronca famosa de él en el vestuario?

Sí, alguna recuerdo, pero no fueron especialmente… Quizás se recuerdan más en otro momento, en otra época.

Pero bueno, fue bonito para mí estar en un club grande como el Atlético de Madrid y fue bonito vivir aquello. Me hubiese gustado que hubiesen salido las cosas diferentes, poder estar a lo mejor con una madurez que permitiera que mi rendimiento hubiese sido un poquito mejor. Pero bueno, las cosas se dieron como se dieron. Yo intenté dar lo mejor de mí. También he de decir que esa experiencia me ayudó mucho a crecer porque cuando te ves en un momento así y has vivido esa situación en un club como el Atlético de Madrid, estar dentro de la plantilla que tiene un descenso… Y no es con cualquier equipo, es con el Atlético de Madrid, con la historia del Atlético de Madrid, pues es duro. Pero estar allí y vivir eso, pues no te queda otra que asumirlo, afrontarlo y creces mucho.

De los jugadores del Atlético de Madrid que en aquel momento eran los pesos pesados del club aprendí muchísimo de cómo aguantar toda aquella situación. De los Kiko, Aguilera, Molina, Toni Muñoz que era el capitán… y muchos más. El que estaba ahí y el que realmente podía hablar era Kiko. Incluso había momentos en que él era el único que podía acceder al presidente a intentar apaciguar las cosas. Intentaba proteger al equipo, con su figura y todo lo que representaba en el Atlético de Madrid, incluso en las ruedas de prensa.

Visto ahora, ves aquel equipo con Kiko, Molina, Hasselbaink… ¿Cómo se puede explicar que aquella plantilla descendiese a Segunda División?

No creo que haya sido por algo en concreto, sino un cúmulo de situaciones que se dieron y que al final nos llevó a lo que pasó. Yo creo que estábamos haciendo una transición, después de que el Atlético de Madrid consiguiese el doblete, que se crearan unas expectativas importantes… Luego empezó el equipo, pasado un par de años después del doblete, que las cosas no salían bien, Radomir Antic termina su ciclo con el Atlético de Madrid, viene Arrigo Sacchi y se hace un proyecto nuevo, las cosas no terminan de funcionar, la exigencia del club era estar en los primeros puestos, otra vez intentar conseguir un título… Y el ver que no nos daba o que necesitábamos, quizás, ese tiempo de transición para que las cosas volvieran a llegar ahí, pues no pudo ser.

El segundo año, si le añades que viene todo el tema de intervención del club… Creo que fue un cúmulo de cosas que al final caes y cuando estás dentro ves que empieza a caer todo y no encuentras la manera de frenarlo. Nos tocó pasar por ahí.

Y, por si fuera poco, perdiste dos finales de Copa seguidas…

Sí, y la segunda —que esto yo creo que es algo que seguramente habría que mirar si ha pasado alguna vez—, ya descendidos.

Le pasó también al Recreativo de Viqueira, en la final contra el Mallorca de 2003.

Pues mira, imagínate… Ya el primer año haciendo una temporada muy mala, nos metemos en la final, que la perdemos. Y el segundo año, con el descenso nos volvemos a meter en la final. Y también la perdemos. Todo muy…

…Todo muy rocambolesco.

Sí, sí. Situaciones de… no salir nada bien.

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Afrontar una final después del palo en Oviedo, aquel descenso dramático en el 2000, no tuvo que ser nada fácil…

No era fácil, pero bueno, nos agarrábamos un poco a decir… Esto lo podemos ganar y ofrecerle a la afición algo. Dentro de aquel momento difícil y triste, pues una pequeña alegría. Que no iba a compensar el descenso, pero seguro que hubiese dado una pequeña alegría a nuestra gente.

Después del descenso evidentemente la gente estaba muy molesta con nosotros. Lo típico, nos mostraron su descontento. Pero cuando llegó la final de Copa todo el mundo aparcó ese descenso y nos sentimos muy apoyados por la afición. Vino con nosotros a la final y fue otro palo que nos llevamos que nunca ha gustado.

Supongo que con el descontento que comentabas hacías referencia al último partido de aquella Liga en el Calderón. Fue un recibimiento muy hostil.

Situaciones como esas se han vivido en el fútbol toda la historia. Son cosas que tienes que entender, que son así. Nosotros como profesionales siempre tenemos que entenderlas. Cuando hay algo que no has podido alcanzar, pues la gente muestra su descontento. Y cuando eso pasa, lo único que tienes que hacer es ponerte delante y aguantar esa situación.

Después te vas al Dépor, que acababa de ser campeón de Liga. Pero llegas para un puesto en el que estaba Djalminha, una de las estrellas del equipo…

Me pasó también cuando fui al Mallorca que estaba Palhinha, en el Atlético de Madrid estaba Juninho, que también jugaba en mi puesto… Pero yo en ninguna de las situaciones cuando iba a un equipo pensaba que estaba este jugador y yo no voy a jugar… Sino que voy a un equipo y voy a ser parte de un equipo. Y después ya veremos qué es lo que pasa. Si toca el rol de no ser titular, pues estar ahí y con el tiempo pues ir ganándote las cosas. Es lo lógico y normal que había vivido durante toda mi vida y no iba a ser diferente.

Yo siempre he mirado eso como algo positivo: llegar al Deportivo y estar con Djalma. Poder verlo jugar, poder verlo entrenar a tu lado, aprender de él, de su carácter, de su personalidad… Entonces para mí fue positivo.

Si tú fueras el entrenador de aquel momento, ¿crees que habrías alineado más veces a Valerón y Djalminha en el mismo once de las que hizo Irureta, que fueron muy pocas?

Puffff, no lo sé, no lo sé. Es una pregunta complicada. Es que me parece que entrar en eso… Yo creo que el míster hizo las cosas como él entendió, como él creyó. Y nosotros hicimos lo mejor que pudimos y yo creo que salió bien.

Hablabas de aprender de Djalminha. Si en el campo llamaba la atención, en los entrenamientos siempre se comenta que era una locura…

Sí, sobre todo su personalidad, su frialdad para dar pases en situaciones de pocos espacios, en momentos donde estás rodeado de jugadores, aparte de su calidad técnica y su visión de juego. Esa parte es la que más intenté ver en él. Es una posición donde te ves muchas veces para dar ese pase de gol, para dar esa calma o esa frialdad para poder elegir bien, para dar el pase en un espacio muchas veces cerrado… Esas cosas son importantes.

Djalminha tenía una pista de futvoley en su casa. Me contaron que alguna vez tú ibas por allí en las pachangas que hacía con los compañeros…

No habitualmente, pero sí recuerdo que una vez hizo una comida para todos, para el equipo. Había piques con los compañeros… Y ellos, tanto Djalma como los brasileños, se reían de nosotros en el futvoley (risas). Nosotros estábamos acostumbrados a otras cosas y nos pasaban por encima.

Djalminha y Fran se picaban también antes de los partidos con un banco en el vestuario a modo de red… ¿Tú también participabas?

¡Sí, sí, sí! Había unos cuantos que teníamos las parejas ya hechas. Jugábamos dos contra dos para entrar un poco en calor. Era divertido. Fran en el fútbol-tenis era uno de los jugadores a batir. Jugábamos todos a ver quién le ganaba. Era superior. Los piques con Djalma eran buenos, buenos. Ahí había nivel.

Me nombrabas antes a Manuel Pablo. Ya lo conocías y fue tu gran amigo en A Coruña. Incluso vivíais en el mismo edificio.

Cuando llego a Coruña sé que él está aquí, entonces lo primero que hago es intentar estar cerca de él, vivir al lado los primeros días o primeras semanas. Justo alquilé un piso en el mismo edificio y ahí estuve los primeros años que estuve de alquiler. Luego ya pasé a tener una vivienda, pero también al lado.

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Y famosas eran vuestras partidas a la Play…

No sé si famosas, pero sí… (risas). Nuestra afición era la Play. El Pro en aquel momento, luego tuvimos que cambiarnos al FIFA.

También se involucraba buena parte de la plantilla en los viajes…

Sí, en las concentraciones siempre jugábamos y luego cada año venía gente nueva. Me acuerdo de que Roy (Makaay) era uno de los que le gustaba jugar también, Dani Mallo era otro fichaje, el Turu a veces… Teníamos nuestro grupo de quedar por las tardes en casa a echar las partiditas.

Tenías fama tú y Manuel Pablo de ser muy bromistas, crear buen rollo y también de vacilar a los compañeros recién llegados.

(Risas). A nosotros nos gustaba bromear y pasarlo bien. Al pobre Sergio, recién llegado, fue al que le tocó una broma que fue un poco más allá de lo que es el día a día en el vestuario. Nos vinimos a la ciudad y le empezamos a dar vueltas ahí al pobre… Nos iba siguiendo con el coche, quería ir a la zona de El Corte Inglés y le dimos un par de vueltitas hasta que se dio cuenta, pasó de nosotros y ya se buscó él la vida para llegar.

Sergio ha sido uno de los jugadores con los que he tenido una relación más íntima, más cercana. Aparte de ser compañero, ha sido amigo y sigue siendo amigo.

¿Qué tenía aquel Dépor para estar tantos años ahí arriba? Hoy es algo que parece irrepetible. Ya no por el Dépor, sino por cualquier equipo de una ciudad pequeña o mediana…

Para que un equipo llegue a ganar la Liga, Copa del Rey, jugar Champions, todos los años las fases de grupos eran muy buenas, llegar a semifinales… Todo eso no se construye en un momento, eso viene de un proyecto que empieza Lendoiro con el SuperDépor a mediados de los noventa donde gana su primera Copa del Rey, donde casi gana una Liga… Y todos esos años van creando una mentalidad de equipo ganador, de pelear por estar arriba.

Nosotros cogemos toda esa cultura, toda esa mentalidad. Te empiezan a llegar jugadores como Mauro Silva, Donato, Djalminha, Makaay… Gente top, que en sus países podrían estar jugando en clubes grandes. Era un grupo de futbolistas de un nivel muy bueno, muy alto, con una mentalidad de jugador grande. Jugábamos contra el Madrid o contra Barcelona y antes de jugar el partido teníamos la mentalidad de que podíamos ganar el partido. En mi trayectoria, cuando he jugado en otros clubes, sabes que vas a jugar contra un equipo como esos e intentas a ver si hacéis un buen partido… Entonces ahí fue donde aprendí yo realmente el oficio del fútbol y de estar con jugadores con una mentalidad de que se podía ganar.

En esa época ayudaste a que Tristán fuese Pichichi en 2002 y luego a que lo fuera Makaay en 2003. ¿Con quién te entendías mejor?

No hay que elegir. Pero ni ahí ni cuando estaba en el Atlético de Madrid con Hasselbaink, ni luego cuando vinieron otros delanteros del Dépor. Lo bonito de todo esto es poder disfrutar de lo que pasó ese año con Diego, de lo que pasó luego con Roy… Sí que es verdad que se recuerda, yo también lo recuerdo, porque fueron dos años muy bonitos. Mi conexión con Diego y con Roy dio bastante resultado.

Antes me hablabas de Guardiola, pero coincidiste con otro gran entrenador actual: Scaloni. ¿Ya le veías madera de que podía llegar a ser un gran entrenador?

La parte del juego no sabes muy bien si puede ser entrenador o no, pero sí hay otra parte que sabe lo que es gestión de vestuario, la inteligencia emocional para llevar un grupo, su facilidad y su don de liderazgo que tenía dentro del equipo… Eso sí que lo tenía. Luego se preparó y al final con eso y una buena preparación futbolística, pues está donde está.

Vamos con el famoso Centenariazo. ¿Llegasteis extramotivados por todo el ruido mediático que se generó, porque era la Copa del centenario del Madrid y parecía que estaba la fiesta preparada para ellos?

No, nosotros no llegamos extramotivados. Nosotros llegamos en un buen momento, eso sí. Veníamos de hacer unas temporadas buenas, pero en aquella época hicimos partidos de Liga y Champions muy buenos. No era muy normal que se jugara la final tan pronto, fue en marzo, y nos cogió en un muy buen momento.

Al final todo lo demás son cosas que no puedes controlar y las circunstancias, las características de cómo se llegó a esa final y el tema de que fue en el Bernabéu, el centenario… Eso son cosas añadidas que un equipo de fútbol desde dentro las ve diferente a cómo las ve la gente desde fuera. Nosotros sabíamos que íbamos a jugar un partido de fútbol contra el Madrid. Es verdad que jugaban en su campo, que ayuda, porque si nosotros hubiésemos jugado en Riazor también nos hubiese sido algo favorable para nosotros. No es determinante, pero sí ayuda. Pero la realidad de todo eso es que si tú no llegas como nosotros llegamos en un buen momento, las posibilidades de sacar el partido adelante seguro hubiesen sido menos. Nosotros sí sentíamos que estábamos en un buen momento porque veníamos de unos partidos en los que las cosas estaban saliendo muy bien, que nos veíamos con mucha confianza. Y eso sí que nos llevó a llegar al partido con la confianza de que le podíamos hacer frente al Madrid.

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Llegabais de ganar a la Juve y después de la final ganasteis en Highbury…

Exactamente. No fue una cosa de decir: bueno, fuimos extramotivados… No. Estábamos en un buen estado de forma y de confianza. Obviamente la motivación por ganar la Copa del Rey está ahí pero igual que nosotros, la tenían ellos.

Ese año, que es de los mejores de tu carrera, también te tocó vivir la otra cara de la moneda con la Selección con aquel escandaloso arbitraje en el Mundial ante Corea.

Cada persona que estuvimos allí, cada jugador, cada uno lo vivió a su manera. Fue un partido que lo luchamos hasta el final para salir. Sí que hubo algunas decisiones en el partido, pero como cualquier otro partido… En aquel momento el árbitro no acertó en las decisiones y cuando termina el partido, yo no tanto, pero cuando ves que todo el mundo empieza a… Bueno, decisiones que fueron, quizás, determinantes, pero que… ya está. Pasó así.

¿A quién recuerdas en aquel vestuario más enfurecido?

Yo creo que todos. Tampoco recuerdo a nadie en especial. Unos lo sacaban más hacia afuera que a otros. Yo lo llevaba más por dentro… El vestuario era una mezcla de frustración por no haber podido sacar el partido adelante, que se te va en la tanda de penaltis, por la sensación de que a lo mejor esas decisiones te han perjudicado… Fue difícil.

Volviendo al Dépor. Old Trafford, Highbury, San Siro, Delle Alpi… No se os resistía ni un solo templo del fútbol europeo.

Es lo que te comentaba antes, tiene que ver con la mentalidad. Aparte de la plantilla que había en aquel momento, estamos hablando de jugadores de un nivel alto, que podrían haber estado jugando en un equipo grande tranquilamente… Pero estaban ahí. Mauro, Naybet, Donato, Djalma, Diego Tristán, Fran, Sergio, Romero… Todos jugadores de selección. Y encima teníamos dos equipos porque salía uno y entraba otro y el equipo no bajaba el nivel. Se creó una plantilla muy competitiva con un nivel muy alto. Cuando ves que empiezas a andar y ves que vas jugando los partidos… y ves que vas viendo que te enfrentas a equipos buenos y que eres capaz de ganarles y de competirles, pues toda esa confianza va generando cada vez más seguridad. Ibas a los partidos con la sensación de que le podías ganar a cualquiera.

Esa mentalidad fue clave para lograr la famosa remontada ante el Milán. ¿Tú eras de los que confiabais en que se podía remontar? ¿Lo veías viable o lo veías como algo prácticamente imposible?

Yo no sé cómo lo vivió cada compañero, pero yo te digo cómo lo viví yo y lo que yo sentía dentro del vestuario. Nosotros cada año llegábamos hasta donde nadie esperaba. Y ese año: uno, y otro, y la Juve, y la eliminas… Pues venga, seguimos. Nos toca el partido del Milan. Caemos 4-1 allí y viene el partido de vuelta, entonces, nosotros no teníamos nada que perder, es decir, hemos llegado hasta donde nadie había esperado. El hecho de quitarte esa presión hace que un equipo salga sin miedo a perder. Lo teníamos todo perdido. Eso fue como nosotros lo enfrentamos: vamos a jugar, vamos a intentar hacer lo que se puede y ya veremos.

Entonces empieza el partido y, de repente, tan rápido, marcas el primer gol. De repente, metes otro gol. Cuando marcas el segundo gol empezamos a decir: «Oye…» Y además es algo que no se puede explicar, cuando tú estás dentro del campo vas sintiendo una vibra que vas diciendo: «Hoy las cosas están…» Y ves que el rival no está cómodo, que no puede, que no puede. Entonces todo eso te va llevando a uno, al otro, al otro… Y fue lo que pasó.

En las semifinales ante el Oporto tú eres protagonista de una ocasión clara en el partido de vuelta, con 0-0. No sé si eres de los que le has dado muchas vueltas en tu vida…

¡Le das vueltas! No sé si muchas, bastantes, pero sí le das vueltas. Es que cuando una cosa de esas se da luego lo piensas muchas veces, pero después llega un momento en que tienes que seguir, no puedes hacer otra cosa. Tampoco uno se puede echar la responsabilidad de decir: bueno, si hubiese metido esa ocasión… Nunca sabes, porque todavía quedaba partido y la verdad es que fue una eliminatoria difícil para nosotros.

Una de las cosas que me pasó en esa jugada es que yo tengo la sensación de que estoy en fuera de juego. Y parece que no, pero… No es por poner una excusa, pero algunas veces a lo mejor hemos visto algunas jugadas que a algún jugador también le ha pasado y define… Inconscientemente como que no te preparas para pensar rápido y hacer lo correcto.

Con todo lo que triunfó Jabo Irureta en esa época, siempre hay quien dice que con otro juego un poco más ofensivo o que con otro entrenador con otras ideas igual el Dépor hubiera ganado más títulos…

Puede ser eso que dice alguna gente. Puede ser que sí, puede ser que no… Yo no voy a entrar en decir si sí o si no. Yo solamente te voy a dar mi opinión: creo que teníamos al entrenador ideal para ese equipo, ideal en ese momento puntual. Esa es mi opinión.

Yo, por ejemplo, si te hablo de mi situación personal, creo que si no hubiese estado Jabo, no sé si hubiese llegado a ese nivel de rendimiento futbolístico. Estuve con muchos entrenadores, pero la confianza que yo llegué a tener en ese momento, esos años, con Jabo, no la he tenido con ningún entrenador.

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Uno de los méritos de Irureta también fue gestionar los egos, la calidad que se quedaba en el banquillo…

Jabo tenía algo que es muy importante para un entrenador, que es el cuerpo técnico. Tenía a Paco Melo (segundo entrenador) y a Franga (José Ángel Franganillo, preparador físico). Fueron fundamentales en todo lo que sucedió.

El míster era un entrenador que no se quería meter mucho dentro de lo que era el funcionamiento del vestuario. Ahora que soy entrenador puedo entenderlo. Tú eres el que toma las decisiones, los jugadores que no juegan siempre van a estar… Hay una sensación ahí personal complicada, delicada. Entonces, la ayuda de Paco Melo y de Franganillo para ayudarle a gestionar todo eso fue fundamental. Eso y otra cosa que para mí también fue clave, que fue la autogestión que había dentro del vestuario. La autogestión que había a la hora de resolver muchos conflictos los propios jugadores.

¿Como cuando se produjo el incidente del cabezazo de Djalminha a Irureta?

Por ejemplo. U otras situaciones que a lo mejor no salieron. Es lo que te decía antes, cuando llego al Dépor encuentro algo que no encontraba en ningún sitio: jugadores de un nivel tan alto como para saber que el entrenador puede llegar, pero desde la puerta para adentro ya no puede entrar. Porque hay algo que solo lo puede gestionar el grupo.

El entrenador llega hasta donde llega, los ayudantes llegan hasta donde llegan, pero si los conflictos entre los compañeros no se resuelven ahí dentro, poco se puede hacer. Entonces, es una suma de todo. Digamos que era como un puzle que estaba todo encajado.

Pasando ya a la siguiente etapa. Se va Irureta, Mauro, Fran, Naybet, Makaay, Tristán… Pero el Real Madrid estuvo hasta el año 2010 sin ganar en Riazor. ¿Cómo explicas eso?

No sé muy bien tampoco… A veces coges esa sensación de que le ganas todos los años, le ganas todos los años, le ganas todos los años… Y mentalmente, pues sales al partido ya con esa confianza de decir: este año ganamos otra vez. No sé muy bien explicar o qué motivo es lo que hace que eso pase.

Hay equipos que a veces se les da un campo mal, a mí me ha pasado. En Madrid se le dio durante un tiempo hasta que rompes ese maleficio, digamos. A veces pasa.

En ese periodo tuviste también una mala racha con tres lesiones en tu rodilla. Estuviste dos años donde prácticamente no jugaste. ¿Se te pasó por la cabeza abandonar o algún médico te aconsejó hacerlo?

Fue duro, fue duro. No es que me plantease dejarlo, pero hubo un momento en el que mi rodilla… Mi última operación la hago con el doctor Arriaza. Hablo con él y le digo que la rodilla no va y si me puede echar una mano. La rodilla no daba de sí. A partir de ahí hace un estudio de cómo estaba la rodilla y habla con muchos especialistas a nivel mundial, sabiendo que había un porcentaje alto de que la rodilla ya no estuviera en condiciones de poder aguantar el fútbol de élite. Pero también había otro porcentaje de que podía salir bien. Y eso fue lo que pasó. Gracias a esa ayuda de Arriaza en ese momento donde yo no tenía ya casi salida, no sabía qué hacer, hizo que la operación saliera bien y que la recuperación, aunque fue más larga de lo normal, también saliese bien. Por lo menos me permitió alargar un poquito más mi carrera y terminar como terminé.

Yéndonos ya a la recta final de tu trayectoria en el Dépor, en la temporada 2010/2011 descendéis después de 25 años en Primera. En A Coruña aquello fue un drama porque era la primera vez que mucha gente iba a ver el Dépor en Segunda.

Los jugadores que quedaban de la época dorada fuimos pasando por toda esa transición de que ya no podíamos tener esos futbolistas de nivel. Fuimos cayendo un poco a nivel deportivo y empezamos a pelear un poco por mantener la categoría. Todo iba en una dirección que en algún momento nos íbamos a ver luchando por ese descenso que llegó. Fue duro porque veníamos de años muy buenos.

Y luego te toca retirarte del Dépor con otro descenso (2013), con esa imagen tuya entre lágrimas despidiéndote en Riazor…

Sí, la verdad que me han pasado cosas en mi carrera deportiva… Ha habido cosas buenas y otras cosas menos buenas, pero siempre he intentado aceptar la situación como fue, como vino en aquel momento. Me hubiese encantado dejar el equipo en Primera, ya que mi tiempo ahí en Coruña se había cumplido. Hubiese dado todo lo que tenía porque eso pasara, pero hay cosas que no puedes controlar en la vida, como el descenso del Atlético de Madrid. Son situaciones que no quieres vivir nunca y que te gustaría que no pasaran, pero a veces te pasan, y las tienes que aceptar y afrontar.

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Tuviste muy buena relación con Lendoiro y, de hecho, aún la mantienes. Él ha reconocido que tú eras su ojito derecho y ha dicho que podrías haber sido una especie de ideólogo en el Dépor, similar a lo que fue Cruyff en la Masía en el Barça.

Con todos los presidentes y con toda la gente que he conocido en el mundo del fútbol mantienes una relación buena. Pero es verdad que con el presi el vínculo llegó a ser, y es, bastante fuerte. Aparte de que con él yo viví mi mejor época. Empecé con él y acabé con él. Es una relación que va más allá de presidente-jugador y es un vínculo muy grande. Le tengo una gran estima y un valor enorme. Es un presidente que le ha dado a Coruña algo que era impensable. Y, a nivel personal, la manera en la que él me demostró lo que pensaba de mí y cómo me valoraba, pues solo lo sé yo y él. Fueron muy bonitos todos esos años con él y lo voy a recordar siempre con mucho cariño.

En los últimos años se han hecho en A Coruña muchos homenajes: Bebeto, Mauro Silva, Djalminha, Scaloni, Arsenio… ¿Te falta también un gran homenaje a Lendoiro?

Creo que más allá de que se le haga un reconocimiento o no, o si alguien se lo hace algún día, el reconocimiento de la ciudad él lo tiene. Porque, aunque no se puede hacer un acto, estoy convencido de que él se siente valorado y reconocido por toda esa masa social, que incluso en el momento más difícil de su etapa, que fue cuando tuvo que dejar el Deportivo y todo ese momento duro que vivió él, la gente le demostró que estaba agradecida con él por todo lo que hizo.

Pero bueno, si me preguntas a mí personalmente, ojalá algún día pueda tener ese reconocimiento.

Después de trece temporadas en el Deportivo, vuelves a Las Palmas y cierras el círculo, no sé si quitándote un poco la espina de triunfar en tu casa…

Cuando yo salgo de Coruña, en ningún momento creo que exista alguna posibilidad de volver. Yo venía de jugar en Coruña, en el Dépor, en Primera… Las Palmas viene de una época en que las cosas no salen bien, están ahí en Segunda, manteniendo el equipo, con jugadores de la cantera, económicamente sufrió el club un momento que casi desaparece… Entonces en aquel momento no encajaba mi vida o mi momento en poder volver a casa. Y más cuando yo no tenía una visión de que iba a salir de Coruña. Pero las cosas pasan cuando tienen que pasar, pasan cosas que uno a veces no las espera. Y fue lo que pasó. Terminé mi etapa en Coruña y, de repente, pues se abre una puerta que yo no esperaba, que era volver a casa. Primero pensé bien la decisión, la medité bien también, y creí que era lo que tocaba en ese momento y se me dio.

Terminaste en Primera, con un ascenso, pero antes decías que te habían pasado cosas en tu carrera: por ejemplo, aquella final de playoff perdida ante el Córdoba en 2014 tras una prematura invasión de campo de aficionados de Las Palmas en el descuento.

Sí, sí, fue duro. Pero yo de todas las cosas que han sido complicadas o difíciles en mi vida, siempre intento sacar de ahí algo, o sea, salir adelante, seguir adelante. Había vivido la situación de nuestro primer descenso en el Dépor, que fue una debacle, y tenía la experiencia de que ese descenso tuvimos la habilidad de convertirlo en algo positivo, desde el primer momento. Todo lo que hicimos con el presi, tuvimos reuniones rápidas después del descenso para darle la vuelta a toda esa situación. Recuerdo que ese año fue muy bueno, nuestra gente nos demostró que estaba con nosotros a pesar de haber descendido. Creo que tuvimos la habilidad de transmitir a nuestra afición que había sido un momento duro, pero que todos unidos y subidos en el mismo barco, podíamos otra vez volver a Primera. A mí eso me ayudó cuando pasó lo del Córdoba. Fue una debacle en la ciudad, en el club, pero vi el mensaje claro, ya sabía cómo teníamos que afrontar esa situación. Creo que hicimos lo correcto y tuvimos la habilidad también de convertir ese momento en algo positivo, para que el año siguiente todo fuera mejor y conseguir el ascenso.

¿Cómo de rápido fueron esas reuniones con Lendoiro de las que hablas?

Dos o tres días después del descenso tuvimos la primera toma de contacto. Se reunió con Manuel Pablo y conmigo para hacer una primera evaluación y empezar a dar ya los primeros pasos correctos. Y ahí empezó todo otra vez. Fue un trabajo en equipo y, al final, cuando luego suceden cosas suceden, pero suceden por algo, porque se han hecho bien desde el principio.

Terminas dejando el fútbol a los 40 años. Ahora eres entrenador después de haber tenido grandes nombres dirigiéndote: Cúper, Sacchi, Antic, Ranieri, Camacho, Aragonés, Irureta… ¿Cómo te ves tú? ¿Algún ejemplo que te haya marcado mucho?

Tienes ejemplos de todos. Al final yo creo que tú te haces un poco una composición de todas las cosas que yo veía positivas de cada uno y vas añadiendo a lo que tú eres como entrenador.

He estado entrenando, pero no he tenido una continuidad como un entrenador que todos los años está en un equipo, que va progresando… Y una de las cosas por la cual no he tenido esa continuidad es porque necesitaba encontrarme a mí mismo. No parecerme o no intentar jugar de una manera parecida a alguien que me gustaba. Si no encontrarme a mí mismo y decidir cómo veo yo el fútbol, cómo realmente lo siento y cómo realmente me gustaría desarrollarlo. Cuando dejas de jugar, o yo por lo menos, la transición de cambiar la mentalidad de jugador a entrenador a veces te lleva años. Si quieres ser un buen entrenador necesitas dejar de pensar como jugador. Yo veía que no terminaba de conseguir esa transición.

Todos los problemas que conlleva ser entrenador, tomar decisiones, has sido jugador y sabes lo difícil que es para el futbolista que no juega, que se queda afuera, que en ese puesto vas a tener conflictos, que vas a tener problemas, que vas a estar mirado con lupa por todo lo que haces… Entonces no es el puesto que, digamos, a uno le da por ser el sueño de su vida. Y por eso he estado tantos años intentando entender o saber si realmente es lo que me gusta y si realmente estoy capacitado para afrontar todo eso y las emociones o la empatía con los jugadores, porque uno jugará y otro no jugará, pues las tienes que dejar a un lado para poder hacer tu trabajo bien.

Pero ahora te está gustando, ¿no?

Sí, después de estar varios años haciendo algunas cosas, ahora he tenido la oportunidad de empezar en el equipo de mi pueblo (Arguineguín), donde empecé todo. Y con la sensación de que ahora sí me siento preparado para ser entrenador. Otra cosa es qué capacidad tengo o qué nivel tengo. Pero sí, por lo menos para hacer lo que me gusta. Siempre me ha gustado el fútbol, el juego y desarrollar cosas. Y es una faceta que ahora mismo me compensa.

La gente no olvida tu gran pasado como futbolista e incluso, tengo entendido, que te siguen llegando cromos a tu casa para que los devuelvas firmados.

Sí, después de muchos años me llegan, sobre todo del extranjero. Me vienen muchos de países orientales: Japón, China… Mucha gente que ha tenido cromos o cosas de esas, que las han ido coleccionando a lo largo del tiempo, y después te las mandan para que se las firmes. Cada vez que me llega y puedo los devuelvo firmados. Además, la gente que realmente es aficionada a guardar cromos te lo pone todo con su sobre para que se lo devuelvas, no tienes que hacer prácticamente nada.

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