El Clásico Historia del fútbol

El último Clásico de Mourinho

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En marzo de 2013 se jugó el último de los siete mil Clásicos que el destino tuvo a bien conceder en tiempos de Mourinho, para nuestro disfrute futbolístico y destrozo ambiental de la Selección.

El Barça lo entrenaba Vilanova, sucesor de Guardiola y ausente aquella noche por su enfermedad. Roura tuvo la posibilidad de dirigir al Barça y decidió hacerlo en chándal, a saber bajo qué motivación. Por fortuna para el club, el equipo heredado aún daba lecciones de estilo pasándose la pelota.

El Barça llegó al Bernabéu líder, a 16 puntos del Madrid, diferencia histórica cara a un Clásico. Pero, cosas del fútbol, el Madrid lo había eliminado en semis de Copa esa misma semana, haciéndole un meritorio 1-3.

Como la honra del Clásico estaba ganada, la Liga bien perdida y esperaba el United a la vuelta de la esquina, Mourinho decidió plantear su partido más táctico. Según se entiende, táctico es que juegan los futbolistas menos técnicos y más entregados en defensa. Los peores que se tenga, únicos que van a obedecer el planteamiento del entrenador a pie juntillas.

De tal modo, no fue alineado Cristiano Ronaldo, héroe de la Copa con su doblete. No fue alineado el sensible Özil, que esto no iría de crear, sino de correr. El martes 26 en el Camp Nou, a Puyol casi había tenido que sacarlo la ambulancia tras un quiebre que supuso el segundo gol. El responsable de la hazaña fue Di María, cuya ausencia en el partido liguero resultó el merecido descanso al deber cumplido.

Como enganche inició Kaká, el fichaje más decepcionante de la historia del Madrid hasta la llegada de Hazard. El brasileño pasó desapercibido de nuevo y por supuesto no acabó el encuentro. Cerca de Kaká estuvo Pepe. Mourinho aún mantenía que la roja a Pepe en la Champions de 2011 era injusta, un robo y no una agresión por jugar desnortado, entonces no dudó en volver a alinearlo como volante. Tomó el lugar del cerebro Alonso y esta vez lo hizo bien, como eje del plan táctico.

Pepe dentro para saltar a Iniesta y controlar defensivamente la frontal. Algo más factible porque faltó Xavi y Cesc fue suplente, entonces Modric hubo de encargarse de Thiago. El de los Alcántara fue un gran futbolista pero entenderán que, al compararlo con Xavi, hablamos de otra cosa.

Un dibujo 4-4-2 en fase de espera que pasaba de bloque medio a bajo, porque el partido pediría encerrar a Messi. Como todos los partidos en los veinte años de carrera del crack, dicho sea de paso. Pepe a fin de bisagrear con Messi. Estrecharlo entre tamaños volantes y los centrales Ramos y Varane, otras dos leyendas defensivas. Aun así, Messi se filtró a sus espaldas para hacer el empate en el 17′. Como acababa por hacer cada partido durante sus veinte años de carrera, dicho sea de paso. Messi chutó al palo corto y los reflejos de Diego López resultaron no ser los de Casillas, para entonces ya marginado por el entrenador.

Pero el Barça no era solo Messi, supo Mourinho. Entonces jugaron Essien y Coentrao en los laterales para atender a los extremos, que fueron Villa y Pedro, respectivamente. Y como aquel Barça es el único equipo conocido donde podían atacar ambos laterales a la vez porque el balón no se iba a perder, otros dos peones en las bandas: Callejón y Morata.

A momentos llegó a establecerse, en el Madrid, una línea de seis atrás, más Pepe por delante. Feo asunto. Cobardía y caca, eso de defender tantísimo. Que somos el Madrid y esto es el Bernabéu, hombre ya. Y sin embargo fue eficaz porque los sentimientos son libres pero lo que funciona es la lógica del juego.

Se trataba de reducir espacios para salir al contragolpe desde dentro hacia afuera. De tal modo el Madrid abrió el marcador a los cinco minutos. Robó Ramos, Morata percutió por la izquierda y asistió a Benzema. Para que el gol sucediera, antes tuvo que cerrar mal Mascherano la espalda de Piqué. Algo que podía esperarse.

Mascherano en el Barça, como lo fuese Helguera en el Madrid un decenio atrás. Si Helguera estuvo pensado como sucesor de Hierro, con el conocido resultado del Zidanes y Pavones, no menos regalos concedió Mascherano en el área azulgrana. Ambos eran grandes volantes de recuperación y cierto toque, pero su fútbol, impulsivo y temerario, no era apto para dar fiabilidad a una zaga zonal a ese nivel. Pensara lo que pensase el idolatrado Guardiola.

Pero continuemos. Morata bordó el partido, todo lo que Morata puede bordar un partido. Esto es: Morata estuvo cerca de marcar dos goles, aunque no los marcó. Un cabezazo atacando el espacio, a centro de Modric, que para eso talla 1,90 y su defensor era Alves. Salió al lateral de la red. Un mano a mano tras ruptura —¡a pase de Pepe, ese cerebro!—, ya en la segunda mitad. Si el primer remate Morata lo mandó fuera por ser un rematador defectuoso, se le exime del segundo fallo. La causa de no marcar el gol de la victoria estuvo en que para la Liga jugaba Valdés, y no Pinto, entonces en el Barça los balones parables se paraban.

A esas alturas del match ya había sido relevado el goleador Benzema. Ingresó Cristiano, que a ver cómo dejas sin Clásico al Balón de Oro. Lo de juntar a los estilistas Kaká y Benzema en la zona de aceleración para que pudieran recibir y asistir a los rupturistas Callejón y Morata no había surtido efecto porque no habían recibido. Así que tocaba meter un tercer delantero potente y resguardarlo con otro interior de brega y llegada: Khedira.

Esto adelantó a Modric, ya el único pasador, triste de tanta basculación y tan poco balón. El Barça no creó peligro y de propina Modric fue feliz en el 81, porque el fútbol es justo con el talento. Centró un córner que Ramos llevó a la red en la zona Cesarini, que en España es la zona Ramos y en Madrid es la zona de la gloria.

No obstante, el sevillano hizo un penalti a Adriano en el minuto 93. No fue señalado como tal, lo que provocó protestas de Iniesta, quien fue amonestado. En un partido intrascendente, nuevos incidentes entre compatriotas y más fuego para la Roja. Algo que a Mourinho, claro, plin.

El Madrid ganó y recortó la distancia, pero acabaría la Liga a 15 puntos de los 100 del Barça. Antes eliminaría al United en Champions, aunque más tarde caería de nuevo en semis, esta vez ante el Borussia. También perdería la final de Copa, ante el Atleti.

Mourinho saldría del Madrid, aún con la reputación intacta. Ha vuelto este curso, de nuevo como ansiado salvador, pero ahora sin aura. Hoy juega su «primer» Clásico, ante otro Barça imponente. El tiempo dirá si este Madrid y este Mourinho se salvan mutuamente. O el Madrid explotará, con otro curso en blanco. Y Mourinho tendrá que irse, esta vez sí que sí, a entrenar a un Málaga.

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