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Así ganó el fútbol la batalla al béisbol en las calles de Cuba

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Foto: Elízabeth Acosta
Foto: Elízabeth Acosta

Quienes hayan visitado Cuba en los primeros años 90, en tiempos del llamado Periodo Especial, y regresen en la actualidad, encontrarán tantas diferencias que casi pueden llegar a pensar en dos islas distintas: la ubicua figura de Fidel Castro fue reemplazada por Díaz Canel, de la tímida apertura empresarial de las paladares se pasó a la proliferación de mipymes y la salsa fue desplazada por el reguetón, por no hablar de la generalización de la telefonía móvil e internet, la caída del turismo y la emigración masiva…

Sin embargo, en las calles de las grandes ciudades, y en especial de La Habana, se percibe un hecho asombroso, inimaginable 30 o 40 años atrás: los niños cada vez juegan menos pelota –lo que conocemos como béisbol– y cada vez más al fútbol. Camisetas de equipos europeos y latinoamericanos por doquier, retransmisiones de partidos con índices récord de audiencia, conversaciones recurrentes sobre jugadores y resultados, todo ha contribuido a difundir este deporte en una isla sin apenas tradición futbolística, y a amenazar una hegemonía beisbolera de más de un siglo y medio.

«Yo no creo que el fútbol le haya ganado la batalla al béisbol», se resiste a reconocer el novelista Leonardo Padura, reconocido forofo de la pelota hasta el punto de confesar que se hizo escritor por carecer de talento para el deporte, y que plasmó su pasión en el libro El alma en el terreno. Para este vecino del barrio habanero de Mantilla, «lo que ocurre es que la discusión en Cuba se ha limitado fundamentalmente al béisbol nacional, y además en un momento de crisis de la pelota en Cuba, porque los jugadores de más calidad han salido de la isla. Y luego hay una crisis de organización, los horarios de los partidos a las dos de la tarde, el hecho de que no se retransmita el béisbol estadounidense… El resultado es que la gente está viendo el mejor fútbol del mundo y el peor béisbol del mundo. Yo mismo no sigo el béisbol cubano, y sin embargo no me pierdo cuántos jonrones [homerunes] batea Ohtani, el japonés que juega en las Grandes Ligas».

Una historia conflictiva

Para profundizar en estas pistas, Jot Down Sport acude a una cita en casa de Norberto Codina, escritor y autor de ensayos como Cajón de bateo o Cuando el béisbol se parece al cine. En torno a un café muy fuerte y azucarado, como gusta en la mayor de las Antillas, comparece también Félix Julio Alfonso, considerado la máxima autoridad en historia de este deporte en Cuba, y autor también de títulos de referencia como Béisbol y estilo o Apología del béisbol.

Mientras hace girar lentamente la cucharilla en su taza, Alfonso explica cómo, tras peinar todas las hemerotecas a su alcance, llegó a una conclusión clara: el fútbol no aparece por ninguna parte en la prensa cubana del siglo XIX. En ese tiempo, el gran debate cultural en torno al deporte es entre el béisbol, o pelota americana, y las diversiones de origen español, fundamentalmente dos: las corridas de toros y la pelota vasca: «A finales del XIX se da una gran polémica entre los defensores del béisbol, que eran los criollos ilustrados, generalmente jóvenes de clases medias y acomodadas, que usaban el béisbol como vehículo cultural para socavar el imaginario español. Y la ofensiva española defendía toros y pelota vasca. Llegó a haber un debate fuerte entre ambos juegos de pelota para dilucidar cuál era más atractivo o interesante».

Foto: Elízabeth Acosta
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En esta confrontación parece haber jugado un papel destacado un periodista gaditano, liberal y progresista, que incluso coqueteaba con el socialismo utópico, llamado Juan Martínez Villergas conocido también en Cuba como fundador de sucesivos periódicos de corte satírico como La Charanga, El Moro Musa o Don Circunstancias. «Este hombre, que en la península era un liberal de izquierdas, en Cuba se reveló como un rabioso integrista y un enemigo mortal de todo lo que oliera a separatismo o independentismo. Se burlaba de todo lo que oliera a béisbol, y defendía la pelota vasca y los toros», añade Alfonso.

Una curiosa anécdota ilustra hasta qué punto el deporte podía informar de las fuerzas que acabarían favoreciendo la independencia de Cuba y el ocaso del Imperio español de ultramar. En 1894 regresó a La Habana, tras una larga ausencia, el poeta gallego Manuel Curros Enríquez. Al llegar a un hotel pidió ver a una persona, con la que tenía una cita. «Esa persona está para la pelota», le dicen.

Va a una casa para hacer otra visita, para descubrir a su llegada que el anfitrión, según le informan, «está para la pelota». Un día estéril, porque todas las personas con las que había quedado estaban para la pelota. Entonces formula una idea profética, un año antes de la guerra del 95: «Cuba está perdida para España». Si los juegos representan para el pueblo algo importante, como es el caso, era evidente que aquel juego americano se había ganado el corazón de los cubanos. No les interesaban los juegos españoles. El espíritu de Cuba no era español.

La emigración que trajo el balompié

La llegada en toda regla del fútbol a Cuba, el partido inaugural del balompié en la isla, se remonta a 1911. «Antes no hay dos equipos con once jugadores cada uno, y el hecho de que sí lo haya está relacionado con toda la avalancha migratoria española de las primeras décadas del siglo XX», apunta el historiador. En efecto, entre 1900 y 1930 llegaron a Cuba casi un millón de españoles, una cifra descomunal, sobre todo de procedencia canaria, gallega y asturiana. Eso hizo que la sociedad cubana, que había tenido una cifra parecida de negros africanos entre fines del XVIII y mediados del XIX, se equilibrara desde el punto de vista racial, propiciando el gran mestizaje.

Así, entre los años 30 y 40 el fútbol experimenta un momento de auge, debido a que «sobre todo las sociedades asturianas y vascas promueven su práctica entre sus asociados, que tienen ya familias criollas y dan una especie de edad dorada que acaba permitiendo que el fútbol cubano vaya a ese mundial de 1938 y que los periódicos, sobre todo los grandes como el Diario de la Marina, El Mundo, El Heraldo de Cuba, empiecen a dar mucha información sobre fútbol, y al mismo tiempo convoquen copas de fútbol ellos mismos», prosigue el historiador. «Pero el fútbol luchaba ya contra un deporte hegemónico como era el beisbol. Nunca iba a existir una paridad en la República con este, por más que los periódicos cubanos lo impulsaran. El Diario de la Marina, por ejemplo, tenía tres o cuatro páginas deportivas, de las cuales una era para el fútbol, otra para el béisbol cubano y otra para el de las grandes ligas. El fútbol perdía tres a una».

Codina apunta que «incluso el hai-alai, la pelota vasca, tenía tanta difusión entonces como el fútbol». Pero el deporte omnipresente era el béisbol. No solo en los periódicos, sino también en la literatura, donde prácticamente todos los escritores del siglo XX tocarían el tema con mayor o menos afición: desde Alejo Carpentier, que desafiaba la prohibición paterna para jugar en su barrio de La Víbora, a Nicolás Guillén, pasando por otros aparentemente alejados de la cultura popular, como Virgilio Piñera o Lezama Lima, quien siempre recordaba que se alejó de su práctica porque «un día vinieron a verme los amiguitos del barrio, y tuve que elegir entre la pelota y Platón».

Foto: Elízabeth Acosta
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Su amigo José Rodríguez Feo, cofundador del grupo Orígenes, tenía un palco en el estadio del Cerro porque era seguidor del equipo Almendares. El padre de la cantante Omara Portuondo fue Bartolomé Portuondo, un aclamado pelotero, y el de la poeta Nancy Morejón fue estibador de los muelles y también árbitro ocasional, de modo que ella afirma que le debe sus estudios a la pelota. También el padre de Pedro Juan Gutiérrez, autor de la Trilogía sucia de La Habana, soñó con ser jugador profesional y llevaba a su hijo, medio obligado, a los partidos.

No obstante, tras el triunfo de la Revolución, el fútbol va a vivir un nuevo momento dorado. Surgirá una quinta de jugadores entre los que despuntaban el delantero Regino Delgado o Juan Francisco Reinoso, que sería el portero por excelencia del equipo Cuba en la década de los 70. Es el equipo que va a ganar la medalla de bronce en los panamericanos de Cali, y luego la medalla de plata en los panamericanos de San Juan en el 79, nada menos que contra Brasil. El empuje de este deporte se hizo patente en el hecho de que terrenos de béisbol como La Tropical fueran reconvertidos en campos de fútbol.

Con todo, para la generación de Alfonso y Codina, el deporte por excelencia en su infancia era el béisbol, ya fuera en un terreno propicio, como Arroyo Naranjo, o en una esquina cualquiera del barrio de El Vedado. «Los niños de mi época -yo vivía en una zona rural- empezábamos jugando al taco, jugar con un palo de escoba y pelotas hechas con cajas de fósforos o de cigarros, o a veces con un pedacito de madera o plástico», recuerda el primero, mientras que Codina sonríe al evocar que «en mi niñez era normal hacer pelotas con una caja de cigarros envuelta o con una tripa de pato. Eso después mejoraba cuando lográbamos reunir un grupo de muchachos de nueve jugadores, pero siempre nos faltaban guantes, pelotas, en fin… Pero el gran embullo, [entusiasmo], era por la pelota».

Así fue hasta que, en el año 86, tiene lugar un acontecimiento inédito en la televisión cubana, cuando se transmiten por primera vez en Cuba los octavos de final, los cuartos, las semifinales y la final de un Campeonato del Mundo: el de México.

El mundial que lo cambió todo

«Aquello significó un cambio en cuanto a percepción en mi generación», recuerda Alfonso. «De pronto descubrimos que había un gran espectáculo mundial que ignorábamos. Mi padre me hablaba mucho del equipo de Brasil del 70, pero lo curioso es que él nunca lo vio jugar. Él leía en los periódicos el nombre de cada uno y lo que había hecho, pero en su cabeza no tenía imágenes de las jugadas».

Todo eso cambió con México. Codina afirma no haber olvidado nunca dónde y con quién estaba en la final entre Argentina y Alemania, «y la botella de ron que nos tomamos», sonríe. «Ya en el mundial del 82 de España había información, pero no visibilidad. En cambio, el mundial del 86 se siguió en todas las casas de Cuba. Fíjate, hablamos de un país con dos canales nada más, a pesar de haber sido pionera de la televisión en color en América Latina en los años 50… Pero hay un antes y después de México, sin duda».

Foto: Elízabeth Acosta
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¿Qué ocurría en el béisbol cubano, mientras tanto? Curiosamente, ese mismo año 86 se celebró un campeonato con la final más épica de la historia de este deporte en la isla: aquella en la que los Industriales de La Habana le ganaron a los Vegueros de Pinar del Río con un jonrón de Agustín Marquetti que desató la euforia de la capital y de buena parte del resto del país. «Si comparo a Maradona con toda su magia y ese equipo argentino, y la final del béisbol cubano, para mi generación ésta última fue más importante. Sin discusión. Y el jonrón de Marquetti está en la retina de los cubanos con más fuerza que el gol del siglo con la narración de Víctor Hugo Morales», asevera Alfonso.

Llega el año 90 y, al socaire del éxito popular de México 86, por primera vez en Cuba se retransmiten todos los partidos de un campeonato del mundo de balompié, en este caso el de Italia. Pero aquí el periodismo deportivo cubano se topa con un hándicap histórico: no había narradores de fútbol en la isla. «Recuerdo a Héctor Rodríguez, un narrador espectacular, tratando de entender el fútbol y narrarlo, y lo que hacía era un churro», explica Alfonso. «No estaba acostumbrado, no conocía a los futbolistas. En Cuba había en ese momento narradores de béisbol a nivel mundial, de atletismo, de voleibol, de boxeo ni hablar… ¿Pero de fútbol? No había. El campeonato cubano era de muy poco juego y muy poca difusión».

En la terrible década de los 90, marcada por la escasez y la crisis política que siguió a la caída del Muro de Berlín, el béisbol sigue siendo el deporte rey en la isla. Incluso en el Periodo Especial, las series nacionales tuvieron dos grandes equipos: el de Villa Clara en la primera mitad de la década y el de Santiago de Cuba en la segunda mitad, cada uno de los cuales ganó tres campeonatos seguidos. El historiador recuerda que «la euforia fue enorme. Se siguieron transmitiendo los mundiales de fútbol con su periodicidad correspondiente, si bien tras los campeonatos, el furor se apagaba y no volvía hasta el próximo mundial».

Foto: Elízabeth Acosta
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Pero, una vez más, la televisión va a desequilibrar la balanza. Después de los 2000 se produjo un fenómeno que, en opinión de Alfonso, «fue algo deliberado, inducido»: el canal deportivo empieza a transmitir 24 horas y, como es lógico, tienen que llenar la parrilla. Así, se empiezan a ofrecer, a menudo en vivo, partidos de la liga europea de fútbol, «privilegiando a la liga española por supuesto, que era la que más cerca nos tocaba, por idiosincrasia y tradición. Eso empezó a convertirse en un fenómeno de masas en la audiencia. Para mí, un éxito inesperado. Nadie preveía una pasión futbolística entre los jóvenes como la generación de mi hijo, que hoy tiene 20 años y entonces tenía 7. Pero ocurrió».

Este hecho coincide con el declive del béisbol cubano, el del campeonato doméstico, y con un fenómeno paradójico para la afición deportiva del país, ya que en torno al 2009 y el 2010 empezó a darse una avalancha de cubanos triunfando en las Grandes Ligas. Los cubanos jugaban el mejor béisbol del mundo… Pero era un béisbol que no podía verse en Cuba.

La gran paradoja

La industria del fútbol vio entonces una oportunidad histórica de conquistar un territorio insospechado, la isla beisbolera por excelencia. «Hubo un intento muy tímido de transmitir esos partidos de las Grandes Ligas en diferido, pero a alguien no le gustó y lo mandaron a parar. El fútbol, en cambio, ha sido desde entonces una tubería de partidos con anuncios, publicidad, incluso con enviados especiales de la televisión cubana como Héctor Villar, para cubrir esos partidos en el Santiago Bernabeu. A eso súmale que empezaron a surgir peñas que apoyaban al Bayern de Munich, a los equipos italianos… El fútbol se convirtió en algo omnipresente, en detrimento del béisbol. La pelea era de león a mono amarrao», insiste Alfonso.

Los cubanos no solo tenían acceso al mejor fútbol del mundo, incluso en vivo, sino que además todo eso ocurría en un momento espectacular del balompié mundial, con Lionel Messi y Cristiano Ronaldo como representantes de una generación dorada. En ocasiones, los futbolistas no necesitaban siquiera correr para ser el centro de atención: en 2015, el madridista Sergio Ramos visitó Cuba como embajador de la Unicef y despertó un revuelo enorme.

Mientras tanto, el béisbol más interesante, el de las Grandes Ligas, solo podía verse por cable, el que pudiera pagarlo… o mediante lo que los cubanos llaman el paquete: la gente graba los juegos y los distribuye semiclandestinamente mediante soportes informáticos. «Si se hubiera dado un fenómeno en igualdad de condiciones, el fútbol se las habría visto difíciles», interviene Codina. Porque el béisbol de Grandes Ligas es otro gran espectáculo, tiene otras grandes estrellas, con un sistema de publicidad y difusión que en Cuba nunca se ha visto. Si lo hubiéramos visto al mismo nivel que el fútbol, otro gallo hubiera cantado».

Foto: Elízabeth Acosta
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Lo más chocante es que en esa Cuba que no tiene acceso a las Grandes Ligas estadounidenses sí puede verse, por ejemplo, el baloncesto de la NBA. La mayor parte de las veces, por el canal argentino de cable TNT, que todo el mundo piratea alegremente. Alfonso lo cuenta así: «Yo pregunté a un narrador deportivo que se llama Reinier González si la televisión cubana tiene algún contrato especial para transmitir los partidos de basket usando la señal de ese canal, y él me respondió: ¿pero qué contrato va a tener? Yo mismo los pirateo, con una antena, los bajo y los llevo a televisión. ¿Por qué no hacen lo mismo con el béisbol de Grandes Ligas? Podrán patalear lo que les dé la gana en MLB, pero lo veremos. Que yo sepa, nadie de la NBA, el gran emporio deportivo de Estados Unidos, ha protestado porque los partidos se vean de manera pirata en Cuba».

Hubo un intento de contrarrestar la marea futbolística desde la televisión con un espacio de casi tres horas de duración, Béisbol de siempre, en el que el periodista cubano Yasel Porto, hoy afincado en el extranjero, abogaba por reverdecer la afición por este deporte desde la calidad informativa. Desde entonces, sigue marginado. «Evidentemente, hay una intención marcada de no transmitir el béisbol de las Grandes Ligas por una razón política ingenua: al final, con la cosa de internet y los teléfonos celulares, hay sitios piratas que transmiten esos partidos, no tienes que tener señal directa», agrega. «Yo mismo, cuando tengo que ver MLB, cojo mi celular y me conecto a cualquiera de los sitios que lo están transmitiendo. Claro, gasto mis datos móviles, si lo pudiera ver en televisión no los gastaría. El caso es que al final ha prevalecido esa posición errónea. En una reciente serie de El Caribe, ganó un equipo venezolano, con un cubano en el roster (de hecho, eran tres en el equipo), y eso habría sido para Cuba una fiesta, pero… Se está metiendo la cabeza como el avestruz, aunque al final la gente se las ingenia para ver lo que quiere».

Un deporte caro

En este lento declive del béisbol antillano, los expertos quitan importancia a la desmesurada diáspora de jugadores que se ha vivido en las últimas dos décadas, ya que, como ocurre en el fútbol, es hasta cierto punto normal que muchos jugadores se marchen fuera de su país; en el caso del béisbol, a México, a Venezuela o a los Estados Unidos.

Otra cuestión es que se trata de una práctica cara, mucho más que otros deportes. «Para tú poder conseguir los implementos para jugar, tienes que hacer una inversión mucho más grande que para conseguir un balón. Armar un equipo de béisbol son nueve guantes, un bate, por lo menos tres o cuatro pelotas, por supuesto los uniformes…», enumera Codina. «El mismo diseño del terreno es un poco más complicado que poner solo dos zapatillas para marcar la portería. El fútbol es un deporte de la pobreza, no como el béisbol».

En cambio, el escritor no cree que las intrincadas reglas del béisbol, casi un código para iniciados, supongan un obstáculo para los jóvenes. «Al contrario, esa complejidad es un encanto que lo singulariza», subraya. «Para un neófito, ver a un grupo de hombres aparentemente detenidos, rascándose las partes, mirándose entre ellos, con el tiempo paralizado… Puede ser desconcertante.

Sin embargo, para el conocedor del béisbol existen X posibilidades latentes en el terreno en ese momento. El fútbol, aunque tienes que saber qué es un offside, es un juego dinámico, como el basket, que se resume en que la pelota entra aquí o entra acá. Y es más fácil pronosticar que el Barcelona le va a ganar al Getafe, que en el béisbol, donde uno de segunda puede ganar a un equipo de primera, porque existen muchas circunstancias que pueden compensar la desigualdad entre un equipo y otro. Es otro atractivo. Y tiene el factor tiempo: ahora se está regulando en detrimento del béisbol, porque el dios Cronos en este deporte, hasta hace poquito tiempo, no existía. Un partido puede durar cuatro horas».

Foto: Elízabeth Acosta
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«El béisbol se aprende desde niño, es como el idioma, un idioma que hablamos los cubanos desde el siglo XIX. Esa dificultad es lo más normal del mundo», incide. «Y tiene sus dioses, también. Esos muchachos que discuten que si Messi o Cristiano, ¡si hubieran visto jugar a Miguelito Cabrera, a Albert Pujols, o vieran a Ichiro Suzuki, a Shohei Ohtani…», enumera Codina, al tiempo que Alfonso señala que «los héroes de nuestro eran peloteros. El de Norberto era [Minnie Miñoso], el mío Víctor Mesa, ambos extrovertidos, explosivos. Nunca se nos habría ocurrido tomar a un futbolista como ídolo».

Actualmente, el desequilibrio mediático entre fútbol y béisbol no hace sino acentuarse. La televisión emite información regular y sistemática de las ligas española e italiana y de la Premier League, sin escatimar recursos. Hay un espacio llamado Pasión mundial exclusivamente dedicado al balompié, mientras que la información sobre béisbol ralea en la parrilla. «Además, por una suma de circunstancias, el béisbol criollo ha ido bajando su calidad, los campeonatos nacionales se han empobrecido, acusamos los terrenos en malas condiciones, la falta de recursos, tener que jugar a las dos de la tarde, como apuntaba Padura, cuando se supone que los jugadores tendrían que almorzar y jugar por la noche. Pero cuando nuestro talento natural sale de aquí y se va a otra liga, brilla».

¿Es reversible esta tendencia? Para Félix Julio Alfonso, no cabe duda: «Todo este apogeo del fútbol está construido de manera artificial, porque debajo de eso no hay ningún campeonato de fútbol que arrastre a esos niños o a esos jóvenes, ni van a los estadios. Es esa fantasía televisiva, de ese glamour… Y los narradores de fútbol aquí son unos pijos todos, te lo digo en español de España».

Una opinión que encaja con la de Leonardo Padura: «Todavía estoy por ver a un futbolista cubano al que paguen diez millones de dólares por temporada. Sin embargo, hay 30 jugadores cubanos de béisbol que ganan eso en las Grandes Ligas, y otros 60 o 70 jugando en otras ligas americanas y ganando salarios respetables. Ahí está la gran contradicción, pero esta sigue siendo una tierra de béisbol, porque da futbolistas con una calidad enorme, y además con mucho sacrificio, que a menudo no llegan más que a jugar en la liga de Costa Rica o de Nicaragua. Pero, ¿cuántos futbolistas cubanos juegan en la liga española?»

Mientras tanto, en las calles habaneras el balón sigue rodando, acaso como un símbolo de los tiempos que corren. «En Cuba se dice que según esté la pelota, así está el país», concluye Padura. «Así que imagina el desastre».

3 comentarios

  1. JOAN LAPORTA a Juanma Castaño

    «¿Le parece mal lo de Negreira, pero no le parece mal que durante 72 años los presidentes del CTA hayan sido, socios, exjugadores o extrabajadores del Madrid?»

  2. Negreira Negreira Negreira

    ULTIMAHORA

    Joan laporta REVIENTA EL BULO NEGREIRA
    «¿Le parece mal que Negreira nos hiciese informes, pero NO le parece mal que durante 72 años los PRESIDENTES DEL CTA hayan sido, socios, exjugadores o extrabajadores del Madrid?»

    BOOOOOMMMMMM

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