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Sebastian Vettel: «Fernando Alonso probablemente te dirá que siempre ha estado en su mejor nivel porque está muy seguro de sí mismo»

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Sebastian Vettel (Foto: FORMULA 1)
Sebastian Vettel (Foto: FORMULA 1)

Cuádruple campeón del mundo de Fórmula 1, Sebastian Vettel es una de las voces más reflexivas que ha dado el paddock en los últimos años. Retirado de la competición desde finales de 2022, el alemán ha repasado en una entrevista su trayectoria deportiva, la noción del pico de rendimiento y el declive, la dificultad de reconocer a tiempo el final de una etapa y la transición hacia una vida construida más allá de la Fórmula 1. Con una honestidad poco habitual en el deporte de élite, Vettel habla del paso del tiempo, de la identidad del piloto, de la familia y de cómo cambian las prioridades cuando el ruido del éxito se apaga.

Algo que pone en contraste con Fernando Alonso. Del piloto español, a la hora de explicar cuándo se siente el pico de forma, dice que en su caso posiblemente sea siempre: «Si le preguntas a Fernando, probablemente diría que siempre ha estado en su mejor nivel. Porque, en ese sentido, él está muy seguro de sí mismo. Creo que desde fuera es natural que exista un pico, y esto se ve en la Fórmula 1, y se ve en todos los deportes. Pero también creo que es muy individual, porque depende de muchos factores».

Luego explica que hay diferentes grados de estado de forma: «En mi caso, creo que hay que distinguir entre picos de rendimiento y el pico global, por así decirlo. Porque creo que puedes ser capaz de dar actuaciones de máximo nivel durante mucho más tiempo que mantener un pico continuo, es decir, una consistencia de pico. Hoy en día los pilotos llegan y ya vienen muy preparados. Incluso lo ves con los rookies: todos hacen un trabajo muy bueno. Y eso es porque empiezas muy pronto y te preparas de forma muy profesional desde muy temprano. Así que, sin duda, en Fórmula 1 las exigencias son distintas, hay más de todo y tal, pero… no hay nada que impida estar muy listo muy rápido».

Sebastian Vettel en Circuit de Catalunya (Foto: Cordon Press)
Sebastian Vettel en Circuit de Catalunya (Foto: Cordon Press)

En su caso, solo ahora sabe cómo oscilaba su estado: «Llegué a la Fórmula 1 en 2006–2007 y diría que, para 2010, cuando gané el campeonato, estaba en mi pico. Pero, curiosamente, en 2011 estaba mucho más preparado para ganar un título de lo que lo estaba en 2010. Después vinieron años muy fuertes: 2015 lo fue claramente, también 2017 y 2018. Y luego, en 2019 y, siendo justos, también en 2020, ya iba cuesta abajo. Me alegra poder decirlo ahora, porque ya no tenía ese último empujón definitivo. ¿Lo sabía en ese momento? No. No lo sabía».

A él, lo que le lastró el final de su carrera fue la familia. Empezó a preferir pasar más tiempo con ellos: «Creo que 2019 fue un punto de inflexión. Recuerdo que, en realidad, ya en 2018, al empezar la temporada y viajar a la primera carrera, sentí algo extraño: no quería ir. Quería correr, sí, pero no quería viajar. Me rondaba la idea de no volver a pasar un día entero en un avión. Era una sensación rara, hasta el punto de decirme a mí mismo: ‘¿pero qué estás diciendo, si esto te encanta?’. Claro que me encantaba, así que fui. Por supuesto que fui. Gané la primera carrera y estaba eufórico. Fui a la segunda pensando que volvería a ganar, y también la gané. La temporada siguió su curso y fue un año muy, muy fuerte. Pero en 2019 apareció algo más. Los niños ya eran lo bastante mayores como para decir: ‘Papá, no te vayas’. Antes solo estaba la mirada del perro, que sabía perfectamente lo que significaba la maleta junto a la puerta, y ya entonces era duro despedirse. Con los niños, sin embargo, fue mucho, mucho más difícil».

Sus años dorados

Sobre la magia de este deporte, el primer recuerdo que le viene a la cabeza está ligado a Ayrton Senna: «La carrera que recuerdo es cuando Senna ganó aquí en 1991», dice, evocando aquella victoria en Interlagos en la que el brasileño, exhausto, apenas pudo bajarse del coche tras perder marchas. «Mi padre era un gran fan suyo», añade Vettel, que recuerda aquellas tardes viendo las carreras a su lado. «Creo que simplemente me sentaba junto a él y miraba».

Sebastian Vettel en el Gran Premio de Hungría (Foto: Cordon Press)
Sebastian Vettel en el Gran Premio de Hungría (Foto: Cordon Press)

En su imaginario personal, Michael Schumacher ocupa un lugar central. «Michael en rojo lo era todo», afirma. Fue su héroe de infancia, el referente absoluto, el piloto que definió su relación con el deporte. Y junto a ellos, aparece otra figura esencial para entender la historia del campeonato: Bernie Ecclestone. «Cuando pienso en la Fórmula 1, pienso en Bernie», sostiene.

Para Vettel, más allá de polémicas o interpretaciones posteriores, Ecclestone fue quien construyó el negocio moderno del campeonato. «La hizo Fórmula 1, punto». Destaca además su manera de hacerlo: «Inteligente, elegante y siempre justo en los negocios. Nadie que haya tratado con él habla mal de Bernie. Ese era su superpoder».

Al mirar hacia su propia trayectoria, Vettel reconoce que los recuerdos no se ordenan solo en forma de títulos. Menciona Monza 2008, su primera victoria, como un punto de inflexión, pero enseguida amplía la mirada. «Tengo todos los trofeos, pero con el tiempo te das cuenta de que lo que queda son los momentos y las personas con las que los compartiste». Hoy valora mucho más a la gente que le acompañó que las copas acumuladas en las vitrinas.

Esa distancia también le permite una autocrítica. Vettel admite que, en su momento, quizá no supo celebrar lo suficiente. El ritmo era implacable: ganar el domingo y pensar ya en la recuperación del lunes. Recuerda una anécdota reveladora tras conquistar el Mundial de 2012. Después de una noche intensa, sin apenas dormir, acudió al gimnasio para «acelerar» la recuperación. Un miembro de McLaren, sorprendido, le preguntó cómo podía estar ya en la cinta de correr tras ganar el campeonato el día anterior. «Le dije: ‘2013 empieza aquí’», cuenta entre risas. Luego aclara que era una broma, pero la escena refleja bien su mentalidad de entonces.

Sebastian Vettel en Suzuka (Foto: Cordon Press)
Sebastian Vettel en Suzuka (Foto: Cordon Press)

Con el paso del tiempo, su mirada ha cambiado. «La edad no te hace necesariamente más lento», reflexiona, recordando una respuesta de Schumacher cuando cumplió 40 años: «’Cuesta abajo es más rápido’». Lo que sí cambia, explica Vettel, es la forma de disfrutar.

Sebastian Vettel, fan de Verstappen

Vettel se detiene también en Max Verstappen, al que observa con una mezcla de admiración y alerta. «Lo que da un poco de miedo es que sigue mejorando», afirma. «Sabemos que es muy bueno, eso está claro, pero sigue progresando. Sigue teniendo hambre, sigue dispuesto a aprender y trabaja muchísimo entre bastidores».

Para el alemán, la clave está en la cabeza. «Incluso si es uno de los pilotos con más talento de la parrilla, lo que realmente lo hace tan fuerte es siempre una combinación de factores. Pero el ingrediente principal es su cabeza». Vettel subraya su capacidad para responder en los momentos decisivos: «En las situaciones en las que importa, mantiene la calma, apenas comete errores y entrega cuando tiene que hacerlo». La presión, añade, no desaparece: «La siente, como la sentimos todos. Creo que no es posible no sentirla». La diferencia es que Verstappen sabe gestionarla: «Es capaz de encontrar un espacio en su cabeza para apartarla y centrarse en lo que de verdad importa».

Esa fortaleza mental se ve reforzada, además, por su palmarés. «También influye que ya haya ganado campeonatos», explica Vettel, que habla desde la experiencia. «No mucha gente ha ganado tantos títulos, pero yo he tenido la suerte de ganar algunos y sé que el mayor alivio llega con el primero». Ese primer campeonato actúa como una liberación: «Es como la primera victoria: de repente sabes que puedes hacerlo». A partir de ahí, la relación con la presión cambia.

En el caso de Verstappen, Vettel cree que ese factor es determinante. «No necesita demostrarse a sí mismo que puede ganar un campeonato». Y eso le permite competir desde otro lugar: «En la posición en la que está ahora, en la lucha por el título, es simplemente hacer todo perfecto y, si funciona, funciona; y si no, no».

La situación de Hamilton

Sobre otro de los grandes movimientos recientes del paddock: la llegada de Lewis Hamilton a Ferrari. Vettel, que vivió en primera persona el salto a Maranello tras competir en equipos de cultura anglosajona, advierte de que el cambio es mucho más profundo de lo que parece desde fuera. «No es fácil, es muy diferente», explica. Y matiza: aunque el idioma operativo del equipo sea el inglés, el corazón de Ferrari es italiano. «La cultura del equipo es italiana, y eso marca absolutamente todo».

Sebastian Vettel en el Gran Premio de Azerbayán (Foto: Cordon Press)
Sebastian Vettel en el Gran Premio de Azerbayán (Foto: Cordon Press)

El alemán no habla desde la distancia, sino desde la experiencia. «A mí me encantó. No me arrepiento en absoluto. Tuve una etapa fantástica allí», dice, antes de contextualizar su propio recorrido: alemán de origen, formado en estructuras internacionales y acostumbrado a trabajar en inglés, Vettel se adaptó con rapidez al entorno británico de la Fórmula 1. El salto a Ferrari, sin embargo, exigía algo más que rendimiento en pista. «Cada equipo es distinto, pero Ferrari es un mundo propio».

Ahí entra el elemento que considera decisivo y que trasladó personalmente a Hamilton como consejo. «Lo mejor que puedo decirle es que aprenda el idioma. Que lo aprenda muy, muy bien». No se trata solo de una cuestión funcional. «Cuando no hablas bien una lengua, te entiendes, sí, pero ¿entiendes de verdad a las personas? ¿Entiendes la cultura?», se pregunta. Para Vettel, el idioma es la puerta de entrada al espíritu del equipo: «Aprender la lengua te expone automáticamente a la cultura, y a partir de ahí todo lo demás empieza a encajar».

Mirando atrás, reconoce incluso una espina personal. «Ese es probablemente uno de los errores que cometí», admite. Aunque tomó clases de italiano y llegó a desenvolverse con soltura, cree que no fue suficiente. «Debería haberlo estudiado más a fondo, quizá pasar más tiempo en Italia, entender mejor la cultura, porque la cultura también son las personas».

Adrian Newey y el mito de la bala de plata

Ante la posibilidad de que Adrian Newey sea el gran catalizador del salto definitivo de Aston Martin, Sebastian Vettel rebaja cualquier lectura simplista. En la Fórmula 1, insiste, no existen atajos ni soluciones mágicas. «Todo el mundo está buscando esa bala de plata», explica. «Pero no existe». El rendimiento, subraya, solo aparece cuando todas las piezas encajan al mismo tiempo: el coche, el equipo, la organización y el contexto.

Eso no significa, aclara, restar valor a la figura de Newey. Al contrario. Vettel reconoce que se trata de una pieza excepcional, una de esas personas capaces de marcar diferencias reales dentro de un equipo. «Adrian es sin duda uno de ellos», afirma, aunque matiza que incluso un talento así necesita el entorno adecuado para desplegar todo su potencial. «También él tiene que estar en el lugar correcto».

En ese sentido, destaca una cualidad que considera determinante: la obsesión de Newey por las carreras. «Tiene algo que muy poca gente tiene: está obsesionado con el automovilismo». No como un concepto abstracto, sino como una pasión casi infantil. «Le encanta correr. Es como un niño cuando se trata de motor», describe Vettel. Esa energía, sostiene, es el mayor motor creativo que puede tener un ingeniero de su calibre.

Sebastian Vettel (Foto: Cordon Press)
Sebastian Vettel (Foto: Cordon Press)

Mirando ya a 2026, con el cambio de reglamento técnico y de unidades de potencia, Vettel anticipa un escenario abierto, con margen para sorpresas. «Puede haber más de un tapado», apunta, porque todo dependerá de cómo interpreten los equipos las nuevas normas. Aston Martin, desde luego, no parte de cero: «Los recursos están ahí», recuerda Vettel, que ha visto crecer el proyecto desde dentro. La nueva fábrica, el túnel de viento, el simulador y la alianza con Honda dibujan un marco ambicioso.

Pero incluso con todos esos ingredientes, el alemán insiste en la dificultad del reto. «Hacer que todo haga «click» es lo más complicado», resume. Aston ya ha demostrado lo fácil que es arrancar fuerte y lo difícil que es sostener ese rendimiento. Por eso, más que prometer milagros, Vettel invita a entender la Fórmula 1 como lo que siempre ha sido: un delicado equilibrio en el que el éxito solo aparece cuando todo, absolutamente todo, se alinea.

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