
Son muchas las anécdotas que se recuerdan sobre la relación de Franco con el fútbol: desde que era seguidor del Racing de Ferrol, del Deportivo de la Coruña y del Real Madrid, hasta que jugaba a la quiniela todas las semanas junto con su médico personal. También es de dominio público su admiración por jugadores como Pirri, Amancio o Di Stéfano, así como la tromboflebitis que empeoró su salud debido a permanecer sentado durante horas viendo el Mundial de 1974.
Menos conocido para el público general es el ecosistema político-social que las autoridades franquistas acabaron configurando con el fútbol como instrumento anestésico que controlaba las pulsiones de una sociedad en pleno desarrollo y, por tanto, en peligro de escapársele de las manos: el «nacional-futbolismo», un pilar más del régimen junto al nacionalcatolicismo y nacionalsindicalismo.
La militarización del fútbol y la fascistización fallida
Ya durante la Guerra Civil el franquismo, a través de la Falange, inició el proceso de fascistización de la sociedad. Basándose en la experiencia de alemanes e italianos, dos estados totalitarios donde el partido único dominaba todos los estamentos de la sociedad, se inició el control del deporte, en general, y del fútbol, en particular, con el objetivo primigenio de cohesionar y adoctrinar a las masas.
Bajo la dirección del general Moscardó, se militarizó la administración deportiva: el Consejo Nacional de Deportes quedó en manos de militares, clubes como el Atlético de Aviación y el Real Madrid tuvieron presidentes y mandos castrenses, y la nueva Federación, dirigida por el teniente coronel Julián Troncoso, depuró a jugadores y directivos vinculados con la República, condicionando ascensos y descensos según la lealtad política de las regiones.
Es así como la reconstrucción del fútbol tras la guerra se hizo con criterios políticos, premiando a equipos de zonas afines al alzamiento y marginando territorios que habían resistido como republicanos, como Madrid, Valencia o Cataluña.
En la Copa del Generalísimo de 1939 participaron campeones regionales de áreas controladas por los sublevados, mientras clubes como el Athletic de Bilbao, debilitado por el exilio de sus jugadores, no compitieron. La final en Barcelona se envolvió en liturgia franquista: coronas de flores «a los caídos», brazo en alto ante el himno y marcha triunfal dedicada a Franco, mientras el Sevilla derrotaba al Racing de Ferrol, rebautizado como «del Caudillo».
En las primeras temporadas del franquismo, los títulos recayeron en clubes estrechamente alineados con el régimen, como el Atlético de Aviación (que pasó de estar descendido a campeón de Liga) y el Espanyol, convertido en representante de las «esencias patrias» en Cataluña. Paralelamente, se adoptaron medidas simbólicas coherentes con la política deportiva nazi: en 1941 se ordenó «españolizar» los nombres de los clubes, de modo que el Athletic pasó a Atlético de Bilbao, el Sporting a Deportivo de Gijón y el Fútbol Club Barcelona a Club de Fútbol Barcelona. Ese mismo año se escenificó la cercanía con el Eje mediante partidos amistosos entre equipos militares españoles y de la Luftwaffe, presentados en la prensa como muestras de disciplina, preparación bélica y comunidad de ideales con Italia y Alemania. Tras la caída de las potencias del Eje dejó de hacerse el saludo romano antes de los partidos y el proceso de fascistización se paró en el fútbol al igual que en el resto de la sociedad.
Un nacionalismo banal
Desde mediados de la década de los cincuenta, el franquismo, casi sin darse cuenta de ello, se topó con una infinita arma de propaganda política: el Real Madrid. Las victorias, y el dominio europeo incontestable durante años, pusieron en bandeja al gobierno de Franco un instrumento para proyectar una imagen positiva de España en el exterior. Una estrategia similar se siguió con las victorias de Santana, Bahamontes, Ángel Nieto y Paquito Fernández Ochoa, así como con el buen papel de España en el Mundial de Brasil, con el famoso gol de Zarra a Inglaterra.
Caso aparte merece la Copa de Europa de Naciones de 1964, un éxito que, más que fortuito como los anteriores, fue planificado por el franquismo para ensalzar su régimen coincidiendo con la efeméride de los «Veinticinco años de paz», tal y como hemos contado en esta misma revista.
Estas victorias deportivas, sobre todo las del Real Madrid y las de la selección española, unidas a un desarrollo económico y social que abría espacio para el ocio (los estadios, los periódicos deportivos, las radios, las televisiones…) acabaron por configurar un fenómeno propio. Lo resumió García Candau, en El País, en un artículo de precioso título, «Cuarenta años de nacional-futbolismo»:
El fútbol ha constituido en España, desde que acabó la guerra civil, la espita que ha dado paso a represiones y añoranzas en otros terrenos. El fútbol vino a sustituir el pan y toros… El anterior régimen aprovechó las transmisiones televisivas de partidos de fútbol para apartar de la calle a los ciudadanos en fechas tan específicas como el treinta de abril y el primero de mayo.
En «Relaciones entre deporte y política», Pablo Essinague realiza una estadística comparativa del espacio que en 1964 dedicaban los periódicos españoles a la información deportiva y a la política nacional, siendo la dedicada al deporte, fundamentalmente fútbol, superior en todos los medios estudiados. Por ejemplo, en El Diario Vasco se dedicaba un 17% del espacio al deporte, frente a un sólo 3% dedicado a política nacional. En El Correo Español o en El Pensamiento Navarro las cifras eran similares. En ABC, un 5% de deportes frente a 4% de política nacional.
Junto a esta masiva importancia que los medios escritos daban al deporte hay que reseñar la existencia del diario Marca, que con cuatrocientos mil ejemplares era el primer periódico de la prensa española y al que pronto se le sumaría el diario As con una tirada también importante.
A través de una prensa controlada, que dedica más y más espacio a simples partidos de Copa, a declaraciones de entrenadores o a los últimos fichajes, el país empezó a apasionarse por el fútbol, hasta el punto de que el humorista Acevedo, en varios de sus libros, hablaría con tanta guasa como razón de la existencia de una «generación futbolizada», entre los años 1947 y 1967, año en el que la apertura de la Ley de Prensa del ministro Fraga iniciaría los primeros síntomas de una «desfutbolización» al interesarse los medios, ahora podían, por más temas políticos.
En este mismo sentido, el exministro de Cultura socialista, Javier Solana, incidiría en la condición de droga social del fútbol durante el franquismo:
El fútbol empleado como droga para hacer olvidar al hombre de la calle sus problemas cotidianos, y utilizado sistemáticamente en vísperas de las jornadas laborales más conflictivas. Fraga Iribarne, en concreto, como ministro de Información y Turismo, acertó a combinar perfectamente las fiestas de toros y el fútbol para todas las vísperas de las jornadas del primero de mayo, culminando hace pocos años en el paso, un treinta de abril, de todos los goles realizados por la selección española y narradas por la voz épica del franquismo, la del locutor Matías Prats.
Los reputados historiadores Juan Pablo Fusi y Raymond Carr, en el ensayo España: de dictadura a democracia, inciden en la capacidad del fútbol para constituirse en «un escape de la realidad inmediata» durante el franquismo, un catalizador del nacionalismo español. Ejemplo claro de esto fueron las victorias frente a Inglaterra en 1950 o Rusia en 1964, que constituyeron para la propaganda oficial hitos históricos de primera magnitud. Fútbol, toros, seriales radiofónicos, entre otras manifestaciones de cultura popular, integraron una cultura de evasión y forjaron un «silencio artificial» sobre los problemas reales del país.
En este sentido, Duncan Shaw cree que el franquismo se aprovechó de las circunstancias más que fomentarlas, al darse cuenta de que el fútbol funcionaba como agente de desmovilización política, con los estadios llenos y las grandes tiradas de los periódicos deportivos agotándose.
En 1974, en los estertores del franquismo, el diario francés Le Monde señalaría que el fútbol era en España el derivativo de la pasión política.
Con la llegada de la televisión el Régimen obtuvo un arma para incrementar la «futbolización» de la población, multiplicándose los partidos las vísperas de jornadas con alguna significación política. En 1975 se televisaron nada más y nada menos que siete partidos días antes del uno de mayo, cifra enorme si tenemos en cuenta la existencia por entonces de una sola cadena pública de televisión con dos canales. Los espectadores veían lo que se les ponía, sin más opciones que las diseñadas directamente por el gobierno.
Las declaraciones de dos históricos presidentes de estos años, Vicente Calderón y Santiago Bernabéu, dan muestra de lo dicho anteriormente. En 1969, en TVE, le preguntarían al presidente atlético si el fútbol «entontece» a la gente, a lo que Calderón contestaría:
Sí. Pero el problema está en esas otras cosas en que podrían derivar las fuerzas que ahora se gastan en ese «entontecimiento». Dejemos que la gente vaya al fútbol. Lo ideal será que los españoles pensaran en el partido tres días antes y durante los tres siguientes.
El mismo año, el presidente del Real Madrid haría declaraciones similares: «El fútbol es el recurso para que la masa de la gente se olvide de sus problemas a ratos», años después añadiría lo siguiente:
Estamos prestando un servicio a la nación. Nosotros lo que queremos es tener contenta a la gente. Le digo que estamos prestando un servicio porque a la gente le gusta mucho el fútbol, y con el fútbol los españoles hacen más llevaderos los problemas cotidianos.
A finales de septiembre de 1975, los fusilamientos de cinco terroristas causarían una ruptura en la forma en que la sociedad se acercaba al fútbol. Los jugadores del Athletic de Bilbao saldrían a jugar un partido de Liga llevando brazaletes negros, al igual que harían dos futbolistas del Racing de Santander.
En resumen, y tal como ha escrito el investigador Alejandro Quiroga, el franquismo tuvo un gran éxito a la hora de expresar la identidad nacional, ligada entonces al propio Régimen, a través del fútbol, porque el «nacionalismo banal» franquista no tenía en apariencia implicaciones políticas y era, de esta manera, fácilmente asumible por amplios sectores de la sociedad. «El fútbol actuó como un mecanismo de nacionalización informal a lo largo de la dictadura».
Tras la manipulación del franquismo sobre la cosa futbolística, la libertad que trajo la Transición provocó que el fútbol, en unas ocasiones de manera más exacerbada que en otras, fuese utilizado por ideologías contrapuestas, sobre todo en el caso de los nacionalismos vasco y catalán, que veían en sus dos equipos principales, el Athletic y el Barcelona, dos armas propagandísticas de potencia descomunal. Ya lo vio con claridad Manuel Vázquez Montalbán, cuando definió al Barcelona como «el ejército simbólico y desarmado de Cataluña», algo que en las últimas décadas han tenido muy presentes no solo los dirigentes nacionalistas, sino la propia directiva del Barça.
Tal manipulación propagandística nacionalista tuvo su apogeo, quizás aún no su cénit, en la final de la Copa del Rey del año 2009, en la que las hinchadas catalana y vasca silbaron al himno y al Rey de España intentando hacer ver al mundo que pertenecían a naciones diferentes.
«Patria es la selección de fútbol», diría Camus, nadie podía imaginarse tras la muerte de Franco como, tras la apropiación de los símbolos nacionales por parte de su régimen, sería el fútbol el encargado de recuperar para todos los españoles la bandera y el himno a través de las explosiones de júbilo popular que siguieron a las victorias de la selección española en 2008, 2010 y 2012. El fútbol hace posible una patria, un sentimiento nacional. El historiador Eric Hobsbawn lo dejó escrito: «La imaginada comunidad formada por millones parece más real si adopta la forma de un equipo de once personas con nombres y apellidos».




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En serio Cristóbal….¿los títulos de los primeros años cayeron en el Espanyol??
Si un título de copa equivale a estar alineado con el régimen…¿Como definirías las 5 ligas y 4 copas del generalísimo de tu Barça en, pongamos, los 14 primeros años de régimen franquista?
Que curioso que el equipo que más se jacta de catalanismo sea el más laureado de los años más sangrientos de la represión dictatorial.
Tómate un rato en leer historia y contrastar datos antes de soltarnos tus artículos aquí o en Panenka…o el ABC
Pero tranquilo que ya estamos acostumbrados….un abrazo
Así ha presentado hoy TVE sus noticias sobre los pitos a Florentino Pérez en el Bernabéu. Casualmente entrevistan y ponen a un tipo que dice que «hay que apoyarlo, es un ser superior». Bochornosa y burda manipulación en la televisión pública al servicio del capo de este país.