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Fabio Capello: «Fernando Redondo me parecía muy lento, pedí que se fuera y me dijeron que me tranquilizara»

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Fabio Capello (Foto: Supernova)
Fabio Capello (Foto: Supernova)

Uno de los más grandes entrenadores de los años 90 y que resucitó al Real Madrid en dos ocasiones, Fabio Capello, ha dado una entrevista en Supernova en la que no se ha cortado ni una cala a la hora de contar los secretos del vestuario del club blanco.

Muchas de las historias ya eran conocidas, pero futbolísticamente sorprende realmente la de Fernando Redondo. El argentino fue posiblemente la piedra angular de las dos copas de Europa que logró el club en 1998 y 2000. Sin embargo, para el italiano no contaba: «Era un jugador tremendo. Pero cuando llegué al Real Madrid, le dije al presidente ‘Redondo tiene que  irse, es demasiado lento’. Me contestaron: ‘No, Fabio, tranquilo, ya verás que es importante’. Y tenían razón. Era inteligentísimo en el campo, serio, el primero en llegar y el último en irse».

De hecho, recomendó su fichaje al Milan cuando salió, de aquella manera, de Concha Espina, pero aquella historia terminó mal y, sin embargo, Redondo dio otra lección: «Me dolió mucho cuando llegó al Milan y se lesionó, porque yo lo había recomendado personalmente y quería verlo en plena forma. Además, demostró una ética enorme: cuando se lesionó, renunció voluntariamente a su sueldo mientras durara la baja. Era algo verdaderamente distinto».

Fabio Capello contra Ronaldo y sus fiestas

Otra historia bien conocida es el gusto de Ronaldo Nazario por la noche madrileña. Según ha contado Capello, era una pesadilla y encima arrastraba a otros jugadores. Era el más talentoso, dice el técnico italiano, pero también el más problemático: «El mejor jugador que he dirigido en toda mi carrera es Ronaldo, el gordo. Pero tuve que echarlo para poder pensar en ganar el campeonato. Era negativo. Fiesta, fiesta, borrachera y ‘¡vamos!’. Pesaba 94 kilos. Cuando ganó el Mundial en Japón pesaba 84. Yo le decía: ‘quiero bajarte de peso’, pero nada, imposible. Además, arrastraba a muchos compañeros. Tenía detrás a un grupo que seguía su ritmo. Si Ronaldo te dice: ‘ven, salimos esta noche’, ¿qué haces? No puedes decirle que no».

Aun así, Capello no esconde la admiración que le provocaba el brasileño cada vez que pisaba el campo. «Era el más grande con diferencia», llegó a admitir. «Podía hacer cosas que ningún otro jugador en el mundo era capaz de intentar. Cuando estaba en forma, era imparable: potencia, talento, intuición. Pero el problema es que eso le duraba poco, porque no tenía el compromiso de los demás».

Fabio Capello (Foto: Cordon Press)
Fabio Capello (Foto: Cordon Press)

Sin embargo: «Ronaldo era único, pero su ejemplo contagiaba lo peor. Había noches en que todo el equipo parecía girar a su alrededor, y no precisamente por lo que hacía en el campo. Al final entendí que para ser campeón tenía que tomar decisiones impopulares. Y echar al mejor de todos fue una de ellas».

La desagracia es que tenía a dos de los mejores delanteros del mundo y no les pudo sacar provecho, prueba de que en fútbol uno más uno no es dos: «Tenía a Ronaldo y a Van Nistelrooy y pensé: ‘con estos dos vamos a hacer muchos goles’. Perdimos tres partidos y empatamos uno. Así no se puede».

Capitán Raúl

Por otro lado, ha reconocido el valor del jugador silencioso, del líder que no necesita levantar la voz para ordenar a todos. En el Real Madrid, ese hombre fue Raúl González Blanco: «Siempre fue él. Siempre. Era un capitán de verdad, un jugador de verdad». Cuando la plantilla flojeaba, cuenta Capello, era Raúl quien devolvía la intensidad al juego: «Cuando el equipo se dormía, él lo entendía enseguida y lo despertaba. Se ponía a correr, a presionar, y así encendía también al público. Era el primero en dar el paso adelante, el que contagiaba energía a todos los demás».

Su recuerdo no puede ser mejor: «Raúl era el alma del vestuario. Un tipo que nunca se escondía, que sabía cuándo había que sufrir y cuándo levantar la cabeza. Los aficionados cantaban sin saber qué cantaban, pero él los ponía de pie».

Enseñar a chutar a Seedorf

El holandés Clarence Seedorf fue otra de las pizas incomparables de su primer proyecto. Sin embargo, según ha revelado, de joven comportaba como si fuera uno de los veteranos: «Estábamos en el vestuario, yo explicaba lo que había que hacer y él se levanta y dice: ‘Yo haría esto y esto’. Me quité la chaqueta, se la di y le dije: ‘Toma, ya tienes otro entrenador’. Y me fui del vestuario en calzoncillos. Tenía 18 años y una personalidad enorme».

Capello recuerda que lo había llevado del Sampdoria al Real Madrid y que, pese a sus ímpetus, era un jugador con una enorme capacidad de aprendizaje. «Con el tiempo se convirtió en un futbolista extraordinario, muy completo, aunque un poco profesor. Siempre quería discutir las jugadas, explicarte por qué hacía las cosas».

No obstante, Capello tuvo que corregirle la técnica de disparo: «Le decía: ‘¿Sabes chutar?’ y me respondía: ‘Sí’. ‘No, no sabes, le decía yo, porque chutas siempre igual’. Le enseñé a bajar el hombro al golpear y después de eso se pasaba horas practicando. Mandaba a Roberto Carlos a que le centrara los balones y se quedaba ensayando sin parar».

Al final, quedó enamorado de su carácter: «Era listo, trabajador y tenía una ambición enorme. A veces podía ser cabezota, pero siempre con la intención de mejorar. Por eso jugó donde jugó y ganó lo que ganó».

La autodestrucción de Cassano

«Un genio tan brillante como incontrolable», dice Capello que era Antonio Cassano. Era uno de los jugadores más dotados que dirigió, pero también como el ejemplo perfecto de cómo el talento sin disciplina se autodestruye: «Era un jugador de una calidad única, un gran talento. Pero si hubiese estado un poco más atento en algunas cosas, podría haber llegado mucho más lejos, ser más importante de lo que fue».

Fabio Capello y Beckham (Foto: Cordon Press)
Fabio Capello y Beckham (Foto: Cordon Press)

Según ha contado, con Cassano cada conversación duraba lo que tardaba el jugador en distraerse: «Le hablabas y te decía ‘Sí, gracias’… y a los cinco minutos ya estaba pensando en otra cosa». Esa ligereza, sin embargo, no restaba magia. «Tenía una genialidad innata. El talento o lo tienes o no lo tienes. La creatividad no te la quita nadie. Veía el juego antes que los demás, y eso no se enseña».

El entrenador admitió también que, pese a sus excentricidades, le guarda cariño. «Era un chico generoso, de gran corazón. Con el tiempo, uno recuerda menos las locuras y más las veces que te hacía reír o te sorprendía en el campo. Cassano era así: un problema diario y, a la vez, una alegría irrepetible».

El affaire Beckham

Capello también ha hablado de David Beckham, al que ha descrito como un ejemplo de seriedad y compromiso. Ha recordado que el club quiso apartarlo cuando firmó con Los Angeles Galaxy, pero él se negó: «El Real Madrid se sintió ofendido y el presidente me pidió que no lo hiciera jugar. Pero Beckham se entrenaba con una seriedad y una humildad únicas. Venía todos los días, trabajaba como un profesional absoluto».

Finalmente, el técnico ha contado que decidió reincorporarlo al grupo por pura justicia: «Le he dicho al presidente: ‘Mire, este chico es demasiado serio, demasiado bueno. Si perdemos, me echan a mí, pero él vuelve al equipo’. Y volvió, y fue clave para ganar la Liga contra el Mallorca».

Años después, Capello incluso lo ha llevado como asistente suyo al Mundial de Sudáfrica, pese a que estaba lesionado: «Era un ejemplo, dentro y fuera del campo. Lo que la gente veía fuera no tenía nada que ver con la persona real. Beckham ha sido siempre un profesional de verdad».

Genios descontrolados

Otros personajazos que han pasado por sus manos han sido tipos como Zlatan Ibrahimović, un jugador al que ha dicho haber estudiado «durante un mes y medio» para mejorar su técnica. «He observado cómo chutaba, cómo se movía, cómo saltaba de cabeza… estaba lleno de defectos. Pero cuando enseñas a un talento y le explicas el porqué de las cosas, entiende rápido. Era humildísimo. Veía que mejoraba y eso le motivaba», ha revelado.

También ha hablado de Dejan Savicević, uno de los futbolistas más creativos que tuvo en el Milan, aunque con una personalidad también complicada y agotadora. «Era un genio, pero sin continuidad. Hacía cosas que solo un loco podía imaginar, como el gol de vaselina en Atenas. Pero había que convencerlo de que trabajara para el equipo».

Antonio Cassano y Fabio Capello (Foto: Cordon Press)
Antonio Cassano y Fabio Capello (Foto: Cordon Press)

De su paso por la Roma, Capello ha mencionado a Totti, Batistuta, Montella y De Rossi, recordando la dificultad de gestionar un vestuario de tanto talento. De Rossi, dice, le sorprendió por su madurez: «Lo hice debutar en Copa y al principio estaba tímido. En el descanso le dije: ‘Juega normal, no pasa nada si fallas’. En la segunda parte fue otro. Ahí entendí que estaba preparado para quedarse en el primer equipo».

Por último, ha elogiado a la vieja guardia del Milan que lo llevó a la cima del fútbol europeo: Maldini, Baresi, Tassotti, Boban y Albertini. «Era una máquina perfecta, una plantilla que funcionaba sola. Todos llegaban puntuales, todos entrenaban con seriedad. Algunos técnicos extranjeros venían a ver las sesiones y no entendían cómo nadie llegaba tarde. Era una cuestión de mentalidad. Ese Milan tenía alma, tenía cultura de trabajo y una idea de equipo que hoy se ve poco».

El entrenador dictador

Más allá de los nombres propios, Fabio Capello ha dejado un auténtico tratado sobre su forma de entender el fútbol. Ha insistido en la disciplina como valor irrenunciable: «Para ganar hay que tomar decisiones impopulares». Ha explicado que cada intervención en el descanso ha dependido siempre del contexto: «A veces hay que gritar, otras solo decir ‘jugad como en el entrenamiento’». En los grandes partidos, ha reflexionado, evita sobrecargar a los jugadores porque la emoción ya viene de serie, pero teme más las jornadas «ya ganadas antes de jugarlas». También ha repetido que el psicólogo del equipo debe ser el propio entrenador, el que sabe cuándo hablar, cómo hacerlo y qué tono emplear según el estado anímico del grupo. Para Capello, esa gestión emocional, invisible para el público, ha sido tan decisiva como la táctica.

Capello también ha criticado la influencia de las redes sociales en el fútbol moderno y el daño que, a su juicio, provocan en la concentración de los jugadores. Ha explicado que los comentarios, las polémicas y la exposición constante generan un clima difícil de controlar dentro del vestuario: «Hay quienes se divierten detrás del teclado, y eso se convierte en un problema para el entrenador».

Por esa razón, ha defendido la necesidad de un gabinete de comunicación que ayude a manejar las crisis y a informar al técnico de lo que ocurre en el entorno digital. «Un entrenador necesita a alguien que le diga qué está pasando, qué se dice y qué no, para poder intervenir a tiempo», ha asegurado. Según Capello, ese acompañamiento permite actuar de forma individual con cada jugador o con el grupo entero, evitando que un rumor acabe afectando al rendimiento del equipo.

Sobre la evolución del fútbol, se ha quejado de la excesiva táctica en el fútbol base, una práctica que, según él, frena la creatividad de los niños: «Si un entrenador hace táctica con chicos de diez años, yo lo despediría». Defiende que a esas edades hay que dejarles jugar, divertirse y aprender por instinto, sin convertirlos en pequeños soldados del sistema.

Raúl y Fabio Capello (Foto: Cordon Press)
Raúl y Fabio Capello (Foto: Cordon Press)

Ha elogiado especialmente el modelo español, que fomenta el toque, la imaginación y la técnica individual por encima de la rigidez. «Por eso España juega al fútbol de verdad: porque los niños tocan, pasan, se mueven, aprenden a sentir el balón».

Por último, ha recordado con ironía que durante su etapa como jugador provocó dos cambios de reglamento con sus protestas: «Nos hicieron jugar tres veces el mismo partido, con prórrogas, y al final lo decidieron por una moneda. Era una locura. Por suerte, después de aquello cambiaron las normas».

 

8 comentarios

  1. Pingback: Capello recuerda sus decisiones más duras en el Real Madrid y habla de los jugadores más conflictivos - Hemeroteca KillBait

  2. Negreira Negreira Negreira

    El señor que estaba sentando al lado de Butragueño en el palco el día del Getafe – Real Madrid, nos arbitra #ElClasico

    CÉSAR SOTO GRADO

    Como siempre he dicho, las ligas las empieza ganando el #RealMadrid .
    Somos los otros clubs que tenemos que restarles ligas.

    ¡Força Barça!
    Contra tot i contra tots
    #FCBarcelona

  3. ESCANDALO MUNDIAL

    ULTIMO CLASICO SOTO GRADO

    SE TRAGO EL GOL DE LAMINE

    PITÓ PENALTI UN PISCINAZO DE LUCAS VAZQUEZ
    Liga ya sentenciada

  4. Negreira Negreira Negreira

    Ya lo advertimos ayer

    Falta de Huijsen a Cubarsí en el gol de Bellingham y Soto Grado no anula el gol.

    A pesar del codazo en la cara del defensor, el VAR decide contentar al equipo del régimen y se comete el ROBO.
    ROBO MUNDIAL

    PENALTAZO DE CARVAJAL A ARAUJO

    TODO PODRIDO

    Y solo nombro dos.

  5. La celebración como un título del 2-1 yéndose todos a por Lamine, hacen aún más grande al Barça y al propio Lamine.

    Con 7 bajas, con Lamine y Ferran sin estar al 100%,con De Jong con gastroenteritis y aún así con un 70% de posesión y con gol ilegal donde le dan codazo a Cubarsí

  6. Soto Grado y el VAR dan penalti por mano de Eric García.

    A pesar de que la mano existe, la normativa exime de penalti cuando la mano VIENE PRECEDIDA DE UN REBOTE.

    JUEGAN CON OTRAS NORMAS.

  7. Las manecillas del reloj

    ¡Echad ya a Roures, Benet y Tebas, infiltrados de Florentino! Es curioso,si hubiera sido así hubieran pitado el penalti de Vinicius y hubieran dado validez al primer gol anulado (3 hubo en total), que depende del frame era o no era fuera de juego.
    Seguid creyéndoos vuestras historias y escuchad el tic tac del reloj de la justicia, que poco a poco va llegando la hora … Tic, tac

  8. 10 jornadas , 10 atracos . Ningun partido del equipo estado ha acabado sin polemicas , y siempre beneficiado el mismo . El penalti de Carvajal a Araujo es para desconfiar para siempre

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