
Desde marzo no aparecía Rafa Nadal para recordar la que ha sido su carrera, todo un monumento al tenis, y a sus rivales. Lo ha hecho por fin en el America Business Forum celebrado en Miami, donde ha comentado cómo fue su educación y cómo le conducía su tío Toni Nadal, uno de los artífices de su éxito, para concluir con las lesiones, su martirio, que acabaron con su carrera. Todo ello con cariñosas menciones a sus rivales.
Porque no podía pasar una oportunidad como esta sin hablar de Roger Federer y Novak Djokovic, a los que describió así: «Son dos personalidades distintas, pero dos personalidades que al final tienen una gran pasión y un gran amor por el deporte. Así lo han demostrado durante toda su carrera. Creo que han sido rivales que no han parado de mejorar, que han demostrado querer perseguir sus objetivos haciendo las cosas de la mejor manera posible y han sido rivales de una envergadura mayúscula que me han llevado al límite durante todos estos años, sin ninguna duda».
Para entrar luego en materia de forma más detallada: «Creo que Roger es una persona, y un tenista diría, un poquito más desde un punto de vista mágico, desde el talento puro y duro y desde la inspiración. Y Novak diría que es alguien un poquito más trabajado, evidentemente con un talento descomunal, pero con una ética de trabajo y una mentalidad ganadora difícil de comparar. Son personalidades distintas, formas de encarar las carreras también distintas, pero por diferentes caminos llevados al límite y a la excelencia».
2005, el mejor año y un año fatídico de Rafa Nadal
Entre otras confesiones, también ha contado cómo 2005 fue el año más difícil de su carrera, justo en el momento en el que empezaba a destacar, llegó a ser número dos del mundo y hacerse con su primer Roland Garros: «Durante aquel año, en el que gané once torneos, a final de año, durante la final del Masters 1000 de Madrid, tengo un problema en el pie que en aquel momento no le doy mucha importancia. Termino jugando el partido, ganando, pero al día siguiente me levanto cojo, y a partir de ahí empieza una situación realmente difícil de tolerar, porque los siguientes tres o cuatro meses no sabemos muy bien lo que está pasando, pero no hay manera de recuperar, hasta que, visitando muchos médicos, terminamos encontrando lo que es el problema, que es una enfermedad degenerativa del pie, que me plantea un problema: que a lo mejor no puedo seguir con mi carrera profesional».

Desde entonces, su esfuerzo y superación estuvieron también enfocados a la lucha contra su propio físico: «Diría que este es el momento más difícil de mi carrera, principalmente porque estaba empezando y porque parecía en aquel momento que mi carrera estaba totalmente, o mi vida estaba destinada hacia ser un tenista profesional y tener una carrera más o menos larga en ello, y de golpe y porrazo, pues esa ilusión o esa vida que tú parece que tienes montada de tal manera se te cae por completo. Por suerte, después de meses de buscar solución, se encontró una solución que nunca fue una cura, porque el pie es… tengo una enfermedad que no tiene cura… pero que me permitió continuar con mi carrera a través de unas plantillas que me salvaron. Pero hasta aquel momento, pues realmente la situación era desagradable y dura».
Y esa es la parte más sorprendente, porque Nadal ganó lo que ganó, pero desde una limitación física: «Queda feo después de la carrera que he tenido decir eso, pero realmente he tenido que vivir con ese problema durante toda mi carrera, que es obvio que he tenido una limitación, pero, contrario a lo que se pueda pensar, que eso me ha mantenido limitado, yo creo que esto me ha permitido disfrutar muchísimo más y valorar muchísimo más todas las cosas buenas que me han ido pasando, que han sido muchísimas. Con lo cual, gracias a este problema diría que nunca di por sentada ni la victoria ni tan siquiera la continuidad en mi carrera deportiva. O sea, creo que esa dificultad me permitió poner en valor cada cosa que me ha ido sucediendo durante estos veinte años siguientes de carrera».
El papel de Toni Nadal
Si alguien estuvo presente durante la charla fue su tío, Toni Nadal. Aunque no fue solo él, para el tenista fue muy importante contar con el apoyo de todos los que le rodeaban desde crío: «Mi familia tuvo un impacto muy, muy importante en mi vida desde que era un niño. Y evidentemente tuve la suerte de crecer en una familia bien estructurada, con pilares y referentes que me acompañaron desde el comienzo hasta el día de hoy. Y para mí, pues, sentir siempre esa sensación de tener un lugar donde volver y sentirme seguro, sentirme respaldado y sentirme yo mismo, sentirme el Rafa de siempre, no el Rafa exitoso del tenista profesional. Para mí, pues, eso siempre me dio la tranquilidad y el bienestar necesario para seguir desarrollándome como tenista y también como persona».

En realidad, su carrera tuvo un inicio muy gradual, empezó como un hobby y acabó convirtiéndose en una profesión: «Mis padres hicieron de padres, no quisieron hacer de entrenadores. Mi entrenador en ese sentido fue mi tío Toni desde que era pequeño. Después, evidentemente, tuve muchos otros, pero bueno, empecé de esta manera. Yo creo que lo que me aportaron todos fue lo que tenían que aportar. Al final, mis padres no pretendieron ser nada más que padres. Apoyarme en lo que a mí me apetecía, intentar apoyarme en lo que eran mis ilusiones y mis sueños y exigirme en mis obligaciones diarias. El colegio, todas las obligaciones diarias que tenía que cumplir para después poder aspirar a divertirme o a entrenar o a hacer las cosas que no eran ya obligatorias. Y en ese sentido, pues, dejaron que mi tío tuviera el protagonismo que necesitaba para poder ayudarme a formarme como tenista. Al principio, como es lógico, empecé como cualquier niño, yendo al club como hobby y las cosas fueron desarrollándose de tal manera que, a una edad relativamente corta, pues ya casi estaba entrenando como un profesional».
El papel complicado en ese punto también fue para Toni, que tuvo que ejercer de duro entrenador y cálido familiar al mismo tiempo: «Toni era una persona muy exigente conmigo. Vivía también el hecho de que yo soy su sobrino, es mi tío, y en ese sentido, pues él también tenía una motivación grande en que a mí me fueran las cosas de la mejor manera posible. Con lo cual la línea siempre es fina entre el exigir y el sobreexigir. Pero siempre entendí que todas las pruebas a las que él me sometía, me exigía, siempre eran por mi bien. Siempre lo entendí de esta manera, siempre lo respeté de tal manera, y al fin y al cabo, siempre lo dije: antes que mi entrenador, él siempre fue mi tío y lo quiero como un familiar que aparte ha tenido una relación muy, muy cercana y la sigue teniendo a día de hoy. Creo que ha sido una relación de éxito, pero más allá de eso, ha sido una relación normal, familiar, teniendo en cuenta que hemos vivido momentos impresionantes juntos, también de tensión, porque cuando vives en el día a día el deporte de élite, pues claro que hay situaciones que son de tensión, que las pulsaciones se elevan. Pero creo que lo hemos vivido siempre con respeto y de una manera muy civilizada y ordenada».
El origen de la resiliencia
Así se forjó un deportista que si ha destacado por algo ha sido por su capacidad para no dejarse doblegar nunca, un luchador implacable e incansable: «No hay ninguna receta. Es el día a día lo que te lleva a poder rendir después al nivel que necesitas estar en los momentos que más te exigen o en los momentos de mayor dificultad. En ese sentido, cuando estoy perdiendo dos sets a cero y el partido está muy negro estaba pensando ‘No, esto lo voy a remontar, lo voy a ganar’. No. Era consciente de que la situación estaba muy difícil, y lo normal es que se terminase perdiendo., Pero eso, al final, te lleva otra vez al estado de entrenamiento inicial, que es: tú vas a entrenar cada día con la mentalidad de dar tu máximo. Hay veces que tu máximo es el 100%, hay veces que tu máximo es el 80%, hay veces que es el 50%. Pero si aquel día tienes que dar el 50% porque no puedes dar más, no vayas a dar el 30. Tienes que dar el 50».

Porque la clave estaba en tolerar esa frustración, el mal rollo de ir perdiendo, sin que el juego se resintiera nunca por ese factor psicológico: «Cuando lo aplicas de manera diaria y llegan los momentos de dificultad en los torneos, en las finales, cuando las cosas no salen de la mejor manera posible, pues tu cabeza está preparada para tolerar la frustración, para tolerar y aceptar la dificultad y para, de alguna manera, decir: ‘Bueno, el partido está casi imposible, ¿verdad? Pero al menos lo que yo tengo que hacer es, aunque la derrota sea casi segura, no abandonarme en la derrota, sino intentar llevar el partido hasta donde yo pueda’. Al final todo se vuelve a lo que es la ética primera del deporte, que es: da igual el resultado, da tu máximo hasta el final, porque de ahí encuentras al final el resultado más importante de todos, que creo que es la satisfacción personal más allá de cualquier título».
Y lo mismo para cuando iba ganando, no confiarse nunca también era un ejercicio de concentración: «Lo que vas pensando cuando vas ganando es intentar seguir haciendo las cosas de la mejor manera posible para que el partido no se tuerza. Nosotros vivimos en un deporte en que el partido puede cambiar de manera drástica en cualquier momento. Por la forma en la que el tenis se cuenta, siempre hay un partido abierto, con lo cual tienes que cerrar el partido, hasta que el partido no está cerrado pueden ocurrir cosas. Cuando estás ganando, pues yo siempre lo que nunca di es por segura la victoria. Intenté de alguna manera tener respeto a cada situación, a cada rival, a cada punto y, de alguna manera, a cada torneo. Con lo cual, cuando vas ganando, intentar seguir estando al 100% de concentración para que las cosas sigan funcionando de la misma manera».
Tener los pies en la tierra
Todo ese equilibrio mental, de nuevo Nadal lo vuelve a poner en el contexto del entorno, sin sus seres queridos y equipo proporcionándose estabilidad, no habría podido ser tan fuerte en ese punto: «Esto se hace manteniendo a personas alrededor que sean honestas contigo, manteniendo a personas alrededor que te digan las cosas que sigues haciendo mal, que te bajen, que digan ‘eh, Rafa, no, para’. Creo que tienes que ser lo suficientemente humilde y autocrítico, e inteligente diría yo, para tener personas alrededor que tú les dejes guiarte, que tú les dejes decirte las cosas como son. No tienes que solo querer escuchar las cosas buenas, porque al final eso ocurre cuando eres una persona de éxito: la gente tiende a lavarte continuamente».
Que te pongan los pies en la tierra: «Dentro de una pista de tenis, aunque seas una persona de éxito, también haces cosas mal. Con lo cual, tener personas alrededor que te digan las cosas como son te pone en la situación real de lo que eres como persona. Y yo he tenido la suerte de tener una familia que me ha tratado como he sido: como un hijo, como un hermano, como un sobrino, no como una estrella. Y después he tenido a mi equipo, que es el mismo equipo prácticamente desde que era pequeño; no he cambiado de equipo en mi vida, con lo cual ellos nunca han sentido que por decirme una cosa que a mí no me gustara corriera peligro su puesto de trabajo. Se han sentido libres para poderme decir las cosas que tenían que decir».

De hecho, su familia sabía de qué iba el tema a raíz del papel de su tío, Miguel Ángel Nadal, en el Barça: «Mi tío jugó en el Barcelona, jugó tres campeonatos del mundo con la selección española de fútbol: Estados Unidos 94, Francia 98 y Corea y Japón. Con lo cual, de alguna manera ya habíamos vivido otra historia dentro de la familia, muy cercana, y eso también ayuda a vivir las cosas de una manera un poquito más tranquila y pausada. Estaban un poquito más preparados».
La retirada más dramática
Su carrera llegó a tal punto, fue tan sublime, que cuando se retiró se vivió en el mundo del tenis como una tragedia, el final de una era. Desgraciadamente, el final se precipitó por una lesión, pero tuvo que asumirlo: «Tenía respeto, porque en esta vida hay que tener respeto a todos los cambios. Hay que tolerar los cambios. Cuando uno lleva toda la vida haciendo una actividad y, de repente, esa actividad se termina de manera drástica, pues hay que tener respeto a los procesos y al cambio. Pero bueno, yo, dentro de lo que es mi carrera deportiva, desgraciadamente he tenido lesiones de larga duración que también me han permitido testar un poquito lo que era mi vida fuera del tenis. Aunque seguía esforzándome para volver a jugar a tenis, pero he pasado periodos sin tenis. Y he podido comprobar, y así ha sido siempre, que mi vida siempre ha sido mucho más que tenis».
Porque una de las claves para poder digerir el final fue que su carrera no le hizo privarse de nada. Siguió siendo persona siempre, no solo deportista profesional, y eso le ayudó a aceptar el punto y final: «Yo creo que nunca perdí lo que es esa época tan bonita e importante, que es la adolescencia, donde tienes que experimentar diferentes cosas y divertirte y hacer las cosas que hace todo el mundo. No lo hice menos que mis compañeros, pero también tuve la capacidad de hacerlo, y eso me llevó a que cuando se ha terminado mi carrera estaba preparado para ello. Ha sido una etapa inolvidable, preciosa, que la he disfrutado muchísimo, pero sabemos que en esta vida todo tiene un principio y un final, y llevo tiempo preparándome para ello. Y para mí, lo único que me preocupaba era, como he explicado antes, que cuando llegara este momento estuviera convencido de que mi momento había llegado y que no me quedaba nada más por dar. Así lo he comprobado, y estoy en paz».


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