Esgrima

Amad la esgrima; no es deporte para pijos

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Carlos Llavador contra Bianchi Guillaume (Foto: Cordon Press)

Apuesto a que el lector no sabe quién es el tirador número uno del mundo, o quiénes son Carlos Llavador y José Luis Abajo, aunque este último, Pirri, nos diera la primera medalla olímpica en espada y el primero sea el vigente campeón de España. Gerard Gonell tampoco sonará, aunque es el campéon absoluto de este año. Quizá ni siquiera sepa que llamamos tirador a la persona que practica la esgrima. No pasa nada, son datos sólo para los muy fans. Pero lo que no se puede ignorar es que, si estás hecho de una pasta determinada, el esgrima puede hacer mucho por tu felicidad.

Para justificar esa frase hay que explicar un poco un deporte que por alguna razón se viene considerando elitista, aunque un club de esgrima cueste lo que cualquier gimnasio y haya escuelas municipales por todas partes. Aunque también se tiene por elitista leer a Thomas Pynchon (el año pasado hicieron una película de Puro vicio), o el ballet (ahí está el contraejemplo obrero, Billy Elliot, otra película), y no pasa nada. Es normal tener esa percepción de deporte para pijos dado que sólo un insensato no se deja guiar por sus prejuicios en ausencia de información, así que habrá que aportar datos y experiencias que ayuden a mirar con otros ojos a este deporte.

Hay que aclarar primero que si hay poca gente que conoce a las grandes leyendas de este noble arte (hay tratados antiguos que lo llaman así) no es porque sea una actividad reservada a unos pocos, sino porque el éxito en este deporte es efímero. El pico de prestaciones que uno necesita para vencer de manera consistente no dura mucho. En las alturas de la alta competición, los reflejos no se pueden compensar con técnica, puesto que esta última ya se le supone a todos los que llegan a una semifinal de un campeonato. La experiencia es un grado, sí; pero sucede lo mismo que con la técnica: en el esgrima ser rápido y tener reflejos de gato ninja importa mucho más que en otras disciplinas de precisión, como el tenis, el tiro con arco o el golf.

Los combates deportivos de esgrima suelen ser poco interesantes para el público que no esté metido en el tema porque se desarrollan a una enorme velocidad. Sólo los iniciados, los que conocen las guardias y los ataques, aprecian los lances. Los combates televisados o en internet son más populares gracias a la opción de pasarlos en cámara lenta, pero aún así cuesta meterse en un deporte en el que no se sabría muy bien quién ha ganado sino fuera por unas luces verdes y rojas y un sistema de cables que conducen la electricidad. Si uno es más de mirar que de hacer, y nunca le ha tentado coger un sable, hace falta leer un poco para saber qué se está viendo y apreciar la esgrima.

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Foto: Cordon Press

Pero no todo en la vida son medallas olímpicas ni podios. La competición es sólo una faceta de los deportes modernos, y ni siquiera lo que justifica su papel social. La esgrima es un deporte fascinante por muchas razones que no tienen que ver con los campeonatos. Una importante, por su carácter de sublimación de la lucha entre dos voluntades. Casi todos los deportes, incluso el ajedrez, son refinamientos de la guerra o de una batalla, o una manera inteligente de mantener a los soldados en forma y tranquilos en tiempos de paz, pero la esgrima conserva un vínculo más directo con su origen militar. Sigue siendo un combate con armas que, sin las protecciones deportivas, podría ser mortal, y eso abre varias dimensiones de interés. La primera, el corolario, viene de que toda guerra no deja de ser símbolo (y quizá consecuencia) de la lucha que cada persona libra consigo misma, por lo que la esgrima no deja de ser una manera más de avanzar en el penoso camino de meter en cintura la naturaleza humana practicando virtudes capaces de domeñarla, como la paciencia y la disciplina.

La teoría del  esgrima se ha venido desarrollando desde los romanos, aunque fue a partir del Renacimiento cuando florecieron las escuelas. Los tratados clásicos —Marozzo (1536); Agrippa (1553); Grassi (1570); Saint-Didier (1573); Viggiani (1575); Fabris (1606); Giganti (1606); Capoferro (1610); Thibault (1626); Carranza (1582) y Pacheco de Narváez (1600)— buscaban conceptualizar el combate, proporcionando ejercicios y técnicas para vencer en una actividad que entonces no tenía nada de deportiva. Era una necesidad práctica, ya fuera para la guerra, la defensa personal o los duelos, esa manera civilizada para la época de resolver conflictos de manera más o menos definitiva. Al final, se trataba de herir al adversario con una espada antes de que el otro lo hiciese, por lo que conocer bien la teoría se consideraba tan importante como la práctica. No obstante, los grabados que contienen algunos de esos tratados muestran que algunos autores se dejaron llevar por un formalismo geométrico muy bonito pero poco práctico, uno que debió ayudar bastante a reducir la población de idealistas.

En la esgrima deportiva hay tres armas: florete, espada y sable. Con las dos primeras solo se puede herir de punta: con el florete solo cuando se ataca, y con la espada en cualquier situación. Con el sable también se puede tocar con el filo. Existen también diferencias sobre qué partes del cuerpo se pueden herir. En el florete, solo es válido el tronco. En el sable, toda la parte superior del cuerpo, incluida la cabeza. Con la espada, tocar primero (o a la vez) cualquier parte del cuerpo del oponente sirve para anotarse un punto. No puedo hablar desde la experiencia con el florete o el sable, porque apenas los he practicado. Sin embargo, tiré con espada de joven, llegando a participar en los campeonatos universitarios de Irlanda cuando estuve allí de Erasmus. En Birmingham, ya de postdoc, también la practiqué asiduamente. Hoy ya sólo tiro cuando me reta algún conocido al que también le gusta enfundarse el traje y ponerse la careta.

¿Qué aporta la práctica de la espada a una persona, además de un ejercicio físico intenso? En primer lugar, el aprendizaje de una técnica necesariamente precisa para que el combate no sea un paseo triunfal de tu oponente. Hay que saber desde cómo tomar el arma (la posición no es natural ni siquiera con la empuñadura anatómica), hasta las guardias. Hay que aprender a hacer fondos en condiciones, en un movimiento continuo, alargando primero el brazo y proyectando después la pierna adelantada, extendiendo la retrasada y proyectando el brazo no armado. Al igual que la vuelta en guardia, hay que practicarla sin descanso. La técnica precisa, la que funciona, exige atención al detalle, por lo que hay que estar concentrado. Practicar regularmente hasta que cada movimiento se convierten en una segunda naturaleza refuerza la disciplina, la paciencia y la capacidad de mantener el enfoque en situaciones de estrés. Aunque no sea un deporte de resistencia extrema, el esgrima mejora la fuerza muscular (especialmente en piernas y core), la velocidad y la resistencia cardiovascular, contribuyendo a mantenerse saludable.

La espada es un arte de precisión y exactitud —que no son lo mismo—. Se compone de movimientos rápidos que buscan explotar una debilidad del adversario o defenderse, como los desplazamientos (fondo, flecha, vuelta en guardia). Exige un buen manejo del arma, que ha de convertirse en una extensión del cuerpo. La práctica constante mejora la coordinación ojo-mano, el equilibrio y la propiocepción. Pero no sólo eso. Hay una componente estratégica en cada combate. Los esgrimistas (también se dice así) deben anticipar los movimientos del oponente, planificar ataques y defensas, y adaptarse en tiempo real. La parte psicológica es crucial. Pero antes, para poder aplicar lo que cada lance requiere, hay que dominar los desplazamientos (marcha, salto adelante, paso resbalado, romper, salto atrás), coger la distancia y elegir entre las técnicas ofensivas (golpe recto, pase, cupé); las paradas (laterales, circulares, diagonales y semicirculares); y las respuestas (directas, indirectas, compuestas y por tomas de hierro).

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Foto: Cordon Press

Luego está el contraataque (arrestos, librar con y sin hierro), la finta, el ataque a la retirada de la mano, y los compuestos. Hay que dominar la ausencia de hierro, el envite y esconder las preparaciones. Y saber ligar, presionar y batir. Luego están los contratiempos, la segunda intención, y la remis, repris y redoble. El desarme (técnicamente, la expulsión) es una técnica vistosa que busca quitar el arma al oponente mediante un giro rápido de la muñeca, pero casi nunca funciona. Como se puede ver, toda una panoplia de técnicas que tienen que convertirse en reflejos si se quiere ganar. Y esto sólo para la espada. El florete y el sable son otros mundos.

Si eres del tipo de persona activa, a la que le gusta la acción, y buscas una forma de sublimar y controlar ese impulso, este puede ser tu deporte. Obliga a ser consciente del tiempo y de la distancia, situándote en el presente. Hay multitud de ejemplos. La extensión del brazo y el avance del cuerpo deben sincronizarse para maximizar el alcance, pero también minimizar la exposición, porque el rival también juega y tiene su estrategia: quizá se haya descubierto adrede porque ha detectado un defecto en tu fondo, para invitarte a avanzar, pararte, y contraatacar. Técnicas como la fecha (un ataque explosivo con salto; lo único realmente peligroso si sale mal) o la parada y respuesta en cadena requieren práctica para dominar la coordinación y la anticipación, aspectos esenciales en un combate donde cuenta cada fracción de segundo. Pero lo más importante es que practicar esgrima es divertido. Una manera de ejercitarse jugando a algo en lo que hay que estar concentrado y atento.

La transición de profesional a maestro de esgrima suele ser rápida. Cuando uno se da cuenta de que ya no está para ganar campeonatos es el momento de ejercitarse sólo por diversión o hacer un curso, dejando la competición para enseñar a una nueva generación de tiradores. O puedes probar cosas diferentes. La esgrima japonesa, el kendo, también está muy bien si uno es japonés o siente una irrefenable afinidad por aquella cultura. O, si tiene una vena científica, te puede dar por estudiar la metalurgia y la técnica de apreciación de espadas. Se han dado casos.

5 comentarios

  1. Pingback: La esgrima: un deporte accesible y fascinante para todos - Hemeroteca KillBait

  2. Un gran artículo. Yo ya soy amante de la esgrima desde hace muchos años, pero espero que las nuevas generaciones se animen a practicarlo por que es un deporte muy bonito que forma la personalidad y mejora la concentración y los reflejos. Muchas gracias por describirlo con tanto cariño y por dar visibilidad a tres grandes figuras del deporte, aunque hay muchos más.

  3. Soy tirador de espada desde hace casi 10 años y no puedo coincidir más con este artículo. Amemos la esgrima. Por cierto, se escapan algunos «el esgrima» en el texto, pero es «la». Un saludo.

  4. Muy buen artículo. Dan ganas de apuntarse a un club.

  5. Muy buen relato, práctico esgrima hace 49 años y además de competir , formo a personas a amar este deporte . Enhorabuena coincido en todo lo escrito !

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