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Juanma Trueba: «Después de 26 años en el AS, nunca podía imaginarme en la cola del paro»

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Ha cambiado pero no lo suficiente para olvidarnos de él. Durante muchos años Juanma Trueba (1968) hizo historia como cronista en el AS donde convirtió a la palabra en su pelota de fútbol. Fue un atrevido, por encima de todo, y por eso, nueve años después de su despido, seguimos hablando de aquellas crónicas como si las volviésemos a leer mañana.

Hoy, camina como un ser anónimo en la calle Príncipe de Vergara, donde hemos quedado con él. Acaba de publicar un libro de Santiago Bernabéu, ‘El hombre detrás del escudo’, que nos ha rejuvenecido. Hemos vuelto a escuchar su nombre y su prosa que, por encima de todo, determina energía positiva. «Al final, todo el mundo tiene razón», dice. «Hasta los malos se creen que tienen razón», añade. 

¿Qué fue del periodista?

¿El periodista Trueba?

Sí, sí, claro.

Más que dejar el periodismo, el periodismo me ha dejado a mí. Esta es la situación sentimental.

¿Y no se puede volver?

Se puede. Claro que se puede.

¿Y vas a volver?

Me gustaría volver a hacer cosas para quitarme el gusanillo.

¿Cuál ha sido la última oferta?

Ninguna. No ha habido ninguna. Ha sido un abandono del periodismo hacia mí, como te he dicho.

¿Y después de más de 20 años por qué se produce ese abandono?

Es una historia al revés de las que suelen contarte. Es extraño. Yo ya tenía una posición consolidada cuando me despidieron. Supongo que entre su decisión y otras malas decisiones que también tomaría yo. Así se dio.

Eras subdirector del As. ¿Era difícil?

A mí no me resultó muy difícil. Fui escalando puestos de manera natural. No fue algo que yo pedí ni estaba dentro de mis ambiciones. Pero quizá, al hilo de tu pregunta, lo más difícil es que te despidan siendo subdirector.

¿Y quién fue el que te despidió?

Alfredo Relaño.

¿Y por qué?

En los últimos meses, me dijeron que dejaba de hacer las crónicas del Real Madrid después de muchos años. Después, me fueron alejando poco a poco y a última hora me despidieron porque me había alejado. En resumen, y por hacerlo corto, fue así: yo ya no formaba parte del círculo de confianza.

Mira, cuando me dejan sin hacer las crónicas del Real Madrid aquello se acompaña de un reproche que me ofende mucho porque no era cierto: que no trabajaba demasiado. No me lo esperaba, me dejó sin palabras. Me sentí atropellado porque yo hacía muchísimas cosas. De pronto sentí que tenía que llevar la contabilidad de todo lo que hacía para rebatir esa acusación. A partir de ese momento me compré un cuaderno y me puse a escribir hora por hora lo que hacía cada día. El cuaderno lo terminé el día que me despidieron.

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¿Y a qué se le llama trabajar mucho en el periodismo?

Echarle horas, yo le echaba muchas horas a la redacción. Tenía una influencia positiva sobre el grupo y no me desentendía del trabajo de organización de la redacción, que era lo que se esperaba de mí, y de ayudar en la elaboración de las portadas.

Tenía un trabajo intenso y muy comprometido. No participaba de la costumbre de comidas de cuatro o cinco horas, cosa que me perjudicó. Qué le vamos a hacer, yo tardo menos tiempo en comer y me agobiaba no estar en la redacción para hacer lo que correspondía.

¿Es mejor tener contactos que tener talento?

Sí, esto lo dice Woody Allen, que es mejor suerte que tener talento, pero diciendo esto no quiero que se me vea como un resentido.

¿Pero te queda rencor? ¿la herida ha cicatrizado?

Para mí fue como una ruptura sentimental. Llevaba 26 años. Era un lugar al que quería mucho. En el AS me hice como persona. Desde entonces, uno utiliza las destrezas o las torpezas de cuando te dejan y lo primero que piensas es que no quieres volver a saber nada de quien te ha rechazado. Con el tiempo me he dado cuenta de que dolió más de lo que esperaba. Soñé durante mucho tiempo que me pedían perdón y era un sueño recurrente.

Pero el perdón no soluciona nada.

Supongo que el perdón estaría acompañado de una readmisión, no lo recuerdo bien. También he soñado que volvía a la redacción y trataba de disimular, como si nada hubiera ocurrido, una sensación muy desagradable.

¿Y ya no tienes ese sueño?

Hace tiempo, pero basta que hablemos de esto para que lo tenga otra vez.

¿Y volver?

Supongo que es imposible. Las personas que lo propiciaron todavía están ahí de una u otra manera.

Relaño se jubiló.

Sí, sí, lo sé, pero sigue siendo presidente de honor.

Entonces no hay manera.

No tengo ni idea, pero tampoco quiero transmitir rencor, de verdad. Lo que me sucedió a mí le ha pasado a mucha gente. Pero, claro, yo cuento mi caso, cómo me extrañó verme en el SEPE tras una trayectoria que no parecía que me fuese a llevar a eso. Y cuando me apunté al paro…

¿Has vuelto a ser el mismo?

No te voy a engañar. Afecta a la confianza de uno mismo. Lo cual es peligroso porque te sirve de excusa cuando no estás al nivel. Así que no sabría decir. Alguna cosa interesante he hecho, pero esto va de confianza y, cuando te la dan, caminas un metro y medio por encima del suelo. Cuando te dan cancha eres mejor y cuando no creen en ti te generan dudas. Cuando no te llama nadie, te das cuenta de que no eres la última Coca Cola del desierto.

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Hay quien dice que es mejor estar en una gran empresa a que te toque la lotería.

No lo sé. Yo preferiría que me tocase la lotería. En una gran empresa ya estuve. Me tocó y me destocó. Pero, a decir verdad, a mí nunca me tocó la lotería. Yo nunca pedí nada. Y este es un defecto asumido. No soy de pedir. Los aumentos de sueldo iban viniendo y lo aceptaba. Tuve suerte, porque había otros tan buenos como yo que no tuvieron esa suerte. Pero luego todo cambió y ocurrió algo infrecuente como el despido tras una trayectoria bastante positiva para el medio.

¿Has vuelto a tener el mismo sueldo que tuviste de subdirector?

No, nunca.

¿Y eso también afecta?

Son, sobre todo, números que en determinadas situaciones importan. Pero los números no están muy instalados en mi cabeza, lo que ha podido ser perjudicial para mí. El caso es que me fue bien. Mi trayectoria creció y el dinero no era entonces un problema.

Siendo muy joven, Julián García Candau te convierte en columnista en el AS.

Sí, Candau quería renovar cosas. Estábamos jóvenes como Iván Castello, Carlos de la Puente…., y él nos dejaba escribir en la página tres del periódico. Fue un impacto. Era una redacción muy consolidada y de repente unos chavales contaban sus historias. A nosotros nos hizo mucho bien.

La redacción estaba en la Cuesta de San Vicente.

Lo recuerdo con nostalgia. Era un sitio muy entrañable, con una enorme escalinata. Parecía que entrabas en la casa de Scarlett O’hara. Me divertí mucho. Era el momento de transición del periodismo antiguo al moderno. Todavía había tipómetros y un motorista llevaba las páginas a la rotativa. Ver a Juan Gato allí, que era uno de los tipos más modernos de toda la facultad de periodismo, me chocó mucho. Era un síntoma de esperanza. Luego, aunque hayamos tenido distintos destinos, siempre ha sido una persona encantadora.

En aquel AS, los jefes tenían la edad que tú tienes ahora.

Tuve el mejor jefe posible que era Vicente Carreño. Tenía oficio y sensibilidad. Me ayudó muchísimo desde el primer día. Recuerdo que me puso a refrendar fotos de ciclistas al ver que, como yo era muy aficionado, los reconocía. Fui feliz. Candau, al que también estoy muy agradecido, me había conocido de becario en la Agencia Efe y confió en mí. Eso disparó mi carrera en el AS.

¿Y una vez que pasó todo?

Bueno, la gente tiene sus vidas. Alguno te sigue llamando. Alguno no te llama, pero sabes que se acuerda de ti. Recuerdo el momento de la despedida. Hubo gente muy cariñosa conmigo como Sergio Gómez, José Luis Guerrero, Javier Sillés, Alberto Pimentel, Ricardo González, Alfredo Matilla, Pedro Martín o Héctor Martínez, por citar a los primeros que vienen a la mente. Ves a gente compungida, también ves a alguno que sonríe…

¿Quién sonrió?

Uno en concreto. A lo mejor sonreía por otra cosa. No lo sé. Ya saldrá su nombre, si sale, pero no tiene mayor importancia. Para ese yo era un tipo incómodo, y eso debería hacerme sentir orgulloso. Pero me quedo con la gente que fue cariñosa. Luego, pasa el tiempo y es normal. Cada uno se dedica a sus cosas.

La distancia hace el olvido.

Totalmente.

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Y te quedas solo.

Yo esperaba que me llamase el Marca. En aquel tiempo estaban de moda los confidenciales. Te llamaban y te convertías en protagonista de los medios deportivos. Me preguntaban por los rumores de que iba ir al Marca. Todo eso te resulta muy halagador. Voy a tener el teléfono cerca que me va a llamar el Marca, me decía a mí mismo. Pero no llamó nadie. Incluso cuando Segurola se fue del Marca al AS imaginé que esa podría ser mi opción. Pero no. En esa situación de indefinición el único que me llamó fue el ’20 Minutos’.

¿Y cómo fue?

Me llamó un colega que, por lo que me dijo, era muy fan. Me puse a hacer cosas allí, pero mi sensación es que fui perdiendo relevancia. Una vez tropecé con una redactora jefe, cuyo nombre no recuerdo, que se puso a corregirme cosas que no era necesario corregir, de verdad. Aquello reforzó mi idea de que se habían olvidado de mí. Estaba discutiendo con una redactora jefe que no tenía ni idea de quién era yo sobre una tontería. Cuando acabó la temporada no me volvieron a llamar.

Y fundas ‘A la contra’.

Como no pasaba nada de lo que yo quería que pasase se me ocurrió hacer un medio, sí. Pero lo hice al revés de lo que hay que hacer. Lo primero que busqué fue el talento, cuando lo primero que tenía que haber buscado es el dinero.

¿Y eso no se pudo corregir?

No encontré solución. Creí que gente que estaba en situación no muy satisfactoria estaría dispuesta a arrimar el hombro. Pero el gremio es muy particular y no funcionó.

Fue la cruda realidad.

Además, yo me convertí en el foco del mal cuando yo me tenía por uno más del grupo. Toda la crítica iba hacia mí como ideólogo del asunto. Fue una época dura.

Una cosa es ser periodista y otra empresario, no tiene nada que ver.

El resultado demuestra por qué dejé empresariales en el primer año de universidad y me puse a hacer periodismo. Esto había que haberlo hecho al revés. Además, la competición en el mundo de los medios ya era otra. Era el click. Y para eso no hace falta talento sino mover bien el dinero y hacer tres o cuatro cosas. Y luego, si quieres darte el lujo de tener talento lo puedes tener. Aún así, los primeros meses de ‘A la contra’ la audiencia se disparó porque había mucho talento. Pero esto sí que era como correr el Tour de Francia con pan y agua.

Aun así quieres volver al periodismo.

Lo más parecido al periodismo es escribir y acabo de publicar un libro de Bernabéu. Antes hice otro sobre ciclismo. Es una manera de ser independiente, de controlar tú las cosas, de seguir escribiendo y, en cierto modo, también es una renovación del currículum.

¿En qué se parece escribir un libro a escribir una crónica?

No tiene mucho que ver. Puedes hacer trampas. Puedes hacer una sucesión de crónicas y venderlo como un libro. Pero es la misma diferencia entre correr un 800 y hacer un maratón. Es diferente. Para mí el libro ha sido un reencuentro conmigo mismo. También me ha puesto a prueba. Hubo quien dijo que escribir poesía es como tirar un pétalo al Cañón del Colorado y esperar el eco. Pues escribir un libro es lo mismo. No tiene demasiada repercusión, pero bueno….

¿Y vale la pena el esfuerzo?

Sí. Renta poco, pero vale la pena. Además, he tropezado con un editor muy empático y motivador, Dante Hermo, que me ha animado a hacerlo. Y lo he hecho con gusto, sufriendo a veces porque no tengo mucho tiempo, pero lo he logrado.

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Y nada menos que un libro de Santiago Bernabéu.

Sí. Esto es curioso. Yo no soy partidario de que el periodista diga de qué equipo es. Ahora está de moda, pero yo creo que sobra. Dicho esto te diré que soy del Madrid. Hice crónicas del Madrid pero intenté que no se me notase el plumero. Me apasionaba, pero me resultó curioso que quedase estigmatizado como antimadridista por parte del club.

Yo, además, era un madridista que de niño conoció a Santiago Bernabéu, lo que no sé si te da una categoría superior, pero debería. Por eso siempre me ha chocado mucho que en el proyecto de ‘A la contra’ nos prohibieran acreditarnos, hasta para los partidos del Madrid femenino, porque yo era persona non grata, supongo que por haber trabajado tanto tiempo en un periódico en el que el director no era muy afín a Florentino Pérez.

Pero ese director te despidió.

Efectivamente. Eso tenía que haberme liberado de la pena.

¿Quién lo prohibía?

No sé si Florentino se dedica a estas minucias, no creo, pero siempre hay gente alrededor que son los dóberman del poder. Esto ya me pasó en la Universidad Europea. Yo daba clases en el Master del Real Madrid hasta que me dijeron que desde el club no querían que siguiese, aunque era muy valorado por los alumnos.

¿Florentino te lo reprochó en persona?

Yo he coincidido tres o cuatro veces con él, en alguna comida organizada en el periódico. Recuerdo que una vez me echó en cara que fuese tan pesado con el tema Xabi Alonso, ya que yo no paraba de repetir que el Madrid debía ficharlo. Había hecho una gran temporada con la Real y me parecía el jugador adecuado para reforzar el equipo. En otra ocasión, recuerdo que Florentino me dijo: «¿y ahora a quien tenemos que fichar?». Yo le contesté que a Cesc Fabregas y él me preguntó: «¿Y ese en qué lugar ha quedado en el Balón de Oro?». O sea que teníamos una relación leve pero que yo creía cordial. Hoy es posible que ni se acuerde de mí.

Parece que sí te leía.

No tengo ni idea. Es posible que me leyese o que sólo mirase las puntuaciones a los jugadores, costumbre muy extendida.

Como los propios jugadores.

Sí. Tuve un encuentro con uno que quería conocerme para preguntarme si tenía algo en contra de él.

Fue Sergio Ramos ¿no?

Efectivamente, y fue cariñosísimo. Quedamos en la Ciudad Deportiva del Madrid con el protocolo algo sobreactuado que rodea a los futbolistas. Aún no entiendo muy bien por qué no quedamos a tomar un café, que hubiera sido más natural. Tuve que esperar un buen rato hasta que salió del vestuario y creo que nos caímos bien. Nos hemos encontrado luego un par de veces por Madrid y siempre ha tenido el detalle de acercarse a saludar con mucho afecto.

¿El periodista cuando escribe es un ser superior?

No. Yo nunca he tenido esa sensación. Ni cuando hacía las crónicas del Madrid o la selección. Jamás.

Pero en aquella época leer a Trueba era como ir a misa.

Ya no va nadie a misa… (risas) Pero fíjate, yo, aún siendo del Madrid y habiendo conocido a Bernabéu, prefería hacer una crónica buena a que ganara el Madrid. Era antes del Trueba FC que del Madrid. Con la selección también. Yo no he sido cabrón, por lo menos conscientemente. Contra Florentino tampoco, que hace muchas cosas bien y otras que yo considero que no son correctas.

El siguiente libro: la biografía de Florentino.

Me parece que es muy difícil escribir ese libro. Habría muy poca gente dispuesta a contar cosas sobre el personaje y yo no he compartido nada con él como para hacerle un retrato. La única opción es que él quisiera que yo fuera el autor, lo cual sería tan apasionante como altamente improbable. En el caso de Bernabéu, me divirtió mucho explorar su vida antes de ser presidente, que era un aspecto bastante desconocido.

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¿Y cómo lo hiciste?

Ahora es muy fácil. La hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional es fabulosa y puedes rastrear todo lo que quieras. Ahí estuve investigando, buceando, encontrando cosas que yo creo que no estaban en ningún sitio. También di con sus calificaciones del colegio. Porque cuando haces un libro, al menos en mi caso, te planteas el reto de contar cosas que no estén en internet…

Entonces has convivido con Bernabéu las 24 horas del día.

No tenía todo el día para hacerlo. Pero es verdad que en los periodos de vacaciones y de días libres sí lo hacía. Lo que pasa es que me gusta tanto la documentación, que acumulé muchísima, y luego cuesta poner todo eso en orden. Me han faltado, quizá, entrevistas con gente que pudieron tener contacto con él, pero eso me enredaba mucho y no tenía tiempo. Y luego, a mi me daba la sensación de que la memoria trata de blanquear siempre, te compone la figura de un santo y a mi no me apetecía. Quería dibujar la figura de Bernabéu, un hombre con sus contradicciones, sus partes buenas y malas.

¿Bernabéu fue un santo?

No, en absoluto. Ni pretendía serlo. Era un personaje muy a la contra. Un provocador nato. Él decía que era un «contreras», porque estaba siempre llevando la contraria a todo el mundo. Llevó la contraria hasta al régimen, aunque haya gente que no lo quiera recordar. También por eso presumía de conocer todas las casas de palomas de Madrid. Y esto lo hizo hasta que tenía 80 años. No era un ardor de juventud. Se vanagloriaba. Y no hay que olvidar que en los años 50 la mujer de Franco era la presidenta de una institución en contra de la prostitución… Pero no quisiera que nadie pensara que esto lo escribo para escandalizar. Hay que mirarlo a través de los cristales de esa época, que no es la nuestra. Gustavo Adolfo Bécquer estuvo a punto de morir de una sífilis y le tenemos por un símbolo de la sutileza y del romanticismo. Eran épocas distintas y se vivía de manera diferente, no tiene sentido juzgarlo con los parámetros de ahora. Dicho esto, apuesto a que Bernabéu usaba sus experiencias con las palomas para provocar. Tenía ese gen. No se acomodaba en ningún sitio. Bernabéu es un hombre que hizo la guerra con el bando sublevado y luego acabó renegando de eso. Creo que la España que quedó después de la guerra no le gustó nada.

Como cronista, tú también eras provocador.

Qué va. Era un tipillo feliz, que hacía lo que le salía porque le dejaban hacerlo. Podía hablar de Leonor Watling o de una novia que tenía en el instituto, porque me lo permitían. Y eso podía resultar provocador, pero no era mi ánimo. Me resultaba divertido hablar de mis compañeros de colegio, o de otras experiencias personales, e hilarlo luego con el relato del partido. En aquel momento no se hacía mucho, o no se hacía. Pero ahora sí es bastante común.

¿Y se mete mucho la pata?

Creo que yo no la metí mucho, honestamente. Alguna tuve, claro. Escribía unas contraportadas en el AS que pretendían ser humorísticas. Eran ocho bolos. Recuerdo que días antes de que el Madrid jugara la final de la Champions en Lisboa frente al Atleti, se empezó a decir que ya no quedaban hoteles libres en la ciudad y alrededores. Entonces escribí que no había que desanimarse porque todavía era posible alojarse en Talavera dentro de un establo por 50 euros. Esto sentó fatal en Talavera porque pensaron que les hacía de menos y hasta las autoridades municipales hicieron una especie de recusación contra mí. Me llamaron de ‘La Voz del Tajo’ para pedirme explicaciones y en las redes, claro, se me insultó generosamente.

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Tenías mucha repercusión.

Si, sí… ahora en Twitter no me lee casi nadie. ¿Ejército de fans? No sé dónde estarán, la verdad.

¿Y tus discípulos en el periodismo, esos para los que eras un Dios en la redacción del AS…?

Supongo que ahora serán dioses en su propia nube. No sé, esto es ley de vida. No sé qué decirte. Si he podido influir en alguien, me alegro muchísimo, porque tengo una vocación didáctica, profesoral, que me estimula. Siempre he sido un periodista de redacción más que de acción.

Te faltó viajar.

Desde que Prisa compró el AS en el año 96, y hasta que me despidieron en 2017, viajé sólo a Barcelona y a Salamanca. No he ido jamás a una final de Champions, Juegos Olímpicos, Eurocopas… Solamente viajé en la época pre-Prisa, con Julián García Candau de director. Entonces tuve la ocasión de conocer Wimbledon, Roland Garros y los Masters de Nueva York y Frankfurt. Experiencias increíbles. La sequía de después sí me da pena, porque cuando tienes una trayectoria tan larga, poder decir que has estado en una Eurocopa, en unos Juegos o en cualquier gran evento debe resultar muy satisfactorio.

¿Y un subdirector no puede meter mano ahí?

Yo soy de poco pedir. Creía que las cosas te tienen que llegar porque las mereces, tan tonto era. Yo pensaba que esto tenía que llegarme con mi trayectoria…pero no lo hizo. Recuerdo que se fletó un autobús para ir a la final de Lisboa y fue muchísima gente del periódico. Yo me quedé fuera.

Y lo podrías haber contado desde allí.

Claro, y con mucha más riqueza de detalles. Pero había quien tenía interés en transmitir que yo era lento escribiendo y, como era lento, no podía ir a los sitios. No obstante, la razón por la que no escribía ni siquiera desde el Bernabéu era que el director quería que el cronista viera el partido a su lado para tener un criterio común a la hora de desarrollar el partido en las páginas del periódico. Esto no significa que yo recibiera consignas, o por lo menos del director. Nunca las recibí, solo de un director adjunto, que un día me dijo cómo tenía que puntuar el partido que el Madrid perdió contra el Alcorcón por 4-0. Yo protesté y me tomó la matrícula.

¿Alejandro Elortegui?

Sí… Un personaje importante en el periódico, que no en el periodismo.

Un mal recuerdo entonces.

Bueno, a ver, cuando te echan de un sitio tú quieres ser elegante, porque así has sido educado, pero es un combate muy desigual porque los que te han despedido no han sido elegantes en absoluto. A veces el cuerpo te pide guerra, pero después de tanto tiempo ¿para qué?

Exacto, para qué.

Cualquiera que le haya conocido creo que tiene un juicio muy exacto de quién es, pero también tengo algún amigo que tiene una buena relación con él. Por eso lo mejor es que yo no diga más, por respeto a mis amigos, aunque esta persona me perjudicase en su momento.

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¿Relaño ha vuelto a llamarte en estos nueve años?

No, lo último que sé de él fue lo que me dijo al echarme: o renuncias al sueldo y al cargo o estás despedido.

¿Entonces podrías haber seguido?

No creo que esa sea una propuesta aceptable, más aún para quien ha cumplido con su trabajo escrupulosamente. Es evidente que quería despedirme.

¿De dónde sale toda esa sensatez que transmite Relaño en sus artículos?

Las personas tienen muchas caras. Es alguien que me ayudó, con el que creí tener una buena relación y que luego me despidió, de manera que para mí pesa más ese final. Estoy convencido de que la gente que actúa mal se monta sus propias coartadas para justificar sus decisiones y dormir en paz. Después supe que decían que yo me negaba hasta poner los pies de foto, una barbaridad. O que ganaba mucho dinero, o que me no me hablaba con el staff que cada vez me hablaba menos. En fin.

Tenías 48 años.

Una vez que no me llamó el Marca era difícil retomar el hilo. A lo mejor, yo tampoco supe relacionarme con otra gente de la profesión. Fíjate, una de las reacciones más cariñosas tras el despido fue de José Ramón de la Morena, con el que yo colaboraba. Él me llamó durante varios días y me dijo que no me preocupara, que yo me iba con él a Onda Cero, etc.

La verdad tuvo una reacción muy cariñosa con un colaborador como yo, que no era demasiado importante en el programa, y se lo agradezco muchísimo. Cuando pasan estas cosas ves realmente el comportamiento de la gente. Quizá por tener esa ocupación en la radio frecuenté poco el ocio nocturno y en aquellos años la noche te permitía ampliar tus relaciones profesionales.

Hiciste poca calle, poca entrevista.

Sí, entrevistas he hecho algunas. Pero al no ir a una Eurocopa, un Mundial, pues pierdes muchas relaciones; mi mundo era la redacción y yo estaba limitado a ese entorno. Me acuerdo que una vez le comenté a un amigo que estaba a la misma distancia de ser director de que me echasen. Y me echaron.

La vida es un juego de riesgos.

Bueno, yo no hice nada para que me echasen, a lo mejor me tendría que haber movido sibilinamente, pero pensaba que las cosas si las mereces te llegan, lo que es una ingenuidad mayúscula.

¿Ya no eres un romántico?

Más que un romántico quizá fuera capullo. Yo pensaba que si trabajabas y eras honesto lo normal era ir prosperando. Craso error.

¿Quién será el próximo Juanma Trueba? ¿está en la familia?

Yo a mis hijas les digo que no se les ocurra estudiar periodismo. Ojalá yo no lo hubiera hecho, cualquier otra cosa me hubiese parecido más útil. Ser periodista es ser y no ser. Yo me imagino que cuando tú eres un médico y te despiden de cualquier sitio, tu sigues siendo un médico, pero al periodista cuando le despiden y no está en el foco ya no es nada.

¿Volverás?

Nunca se sabe, pero ya no estoy en el foco. Ha cambiado todo. El texto más o menos bien escrito antes tenía un valor, ahora apenas lo tiene. Ahora creo que en lugar de montar un medio, que era una visión más o menos romántica, me tenía que haber preocupado por mí mismo. En vez de salvar a nadie me tenía que haber salvado a mí mismo. En ese momento debía haber explotado las redes sociales. Tenía un nombre, o al menos un nombrecito. Debía haber hecho algo distinto. No lo aproveché y me quedé en tierra de nadie. Estoy convencido de que había gente que en ese momento estaba dispuesta a pagar por algo que yo escribiese.

¿Y ahora?

Ahora no sé donde están, pero te voy a contar una anécdota. Un día, hará cinco o seis años, tras ver un partido del Madrid con un amigo, nos fuimos a un bar y nos encontramos a tres personas. Uno de ellos me preguntó si yo era Juanma Trueba y me contó que era uno de los que escribían comentarios en mi viejo blog del AS y que entre otros que también lo hacían habían creado una comunidad que llamaban El bar de Trueba, un grupo que acabó siendo de buenos amigos y que me ayudó cuando pudo en el proyecto A la Contra. Ellos, a los que nunca agradezco lo suficiente su fidelidad, me hacen ver que algo hice que no estuvo mal del todo.

Sea como sea, dejaste huella.

Mucha no, a los hechos me remito. Pero sí tuve mi momento.

¿A qué se dedica ahora Juanma Trueba?

Estoy en la mejor consultora de patrocinio de España. Me han hecho un hueco, tienen paciencia conmigo y trato de no defraudarlos.

¿Sigues escribiendo?

Escribo, pero tiene poco que ver con el periodismo, es otra experiencia distinta.

Y otros horarios.

Yo disfrutaba con los denostados horarios del periodismo. Trabajar en un sitio en el que estaban las televisiones encendidas me resultaba gozoso. Yo era feliz allí. Estabas viendo el Tour y luego un partido, y después un torneo de golf. Recuerdo que cuando se lo contaba a gente que no forma parte del periodismo les resultaba fascinante, les parecía un no trabajar. Y a lo mejor lo era.

Sin embargo, la gente que está dentro se queja de malas condiciones laborales.

Con razón. Al final, todo el mundo tiene razón. Hasta los malos tienen razón, eso es así. Cuando decimos que alguien se dará cuenta de todo el mal que hizo, nos equivocamos, ni el más perverso de los perversos se tiene por un cabrón. Es un poco desesperanzador. Es mentira que a todo cerdo le llegue su San Martín.

¿Y cuándo tocaste el cielo llegaste a separar los pies del suelo?

El cielo es mucho decir. Cuando era reconocido quizá alguno pensó que estaba medio gilipollas. Pero yo siempre tuve la sensación de que todo podía caducar, de que no debía apegarme mucho a las cosas. En eso tuve razón, aunque alguna vez se me olvidó que podía pasar.

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Pero pasa.

Al final, el tiempo te distancia de todo ese grupo al que recuerdo con tanta nostalgia. Iñako Díaz Guerra, Alfredo Matilla, Sergio Gómez, Ricardo González, Rubén Cañizares, Raúl Romojaro… o José Luis Guerrero, que ha dejado el periodismo y a mí me ha roto un poco el corazón porque es bastante más joven que yo y me da pena que alguien tan bueno abandone la que fue su vocación. Tuve la suerte de trabajar con gente de los que me queda el mejor recuerdo posible.

¿No hubo sitio para Trueba en Relevo?

Cuando nació Relevo yo estaba con el proyecto A la Contra… Relevo era una esperanza para la profesión. Ha sido una muy mala noticia para todo el mundo su desaparición.

Dejaron el listón alto.

Sí, pero buen periodismo ha habido siempre. Por ejemplo, el AS que nació en 1967 era maravilloso. Vicente Carreño, Martín Tello, Ángel Cruz, Macario Muñoz o Chema Bermejo hicieron un periodismo admirable y tengo la sensación de que no se les trató muy bien después, quizá se sintieron como he podido sentirme yo. Aquella gente fue muy importante. Yo fui muy fan de todos ellos y quiero que se me note en esta entrevista. Me dio mucha pena cuando supe que había muerto Bermejo, una persona sin vanidad que transmitía buen humor a toda la redacción y lo hacía todo más fácil. Eran buena gente y cuando se renovó el mobiliario se les dejó de lado.

8 comentarios

  1. Me ha dejado un poco de sabor amargado esta entrevista. Señor Trueba, Juanma, lo que te puedo decir es que para los que soñábamos con ser periodistas deportivos de la promoción de periodismo de la URJC de 2005, usted era Dios y comentábamos los línea en clase las crónicas, y las maravillosas frases y palabras que ahí residían. Algunas podría aún citar de memoria. (Spoiler: ninguno somos actualmente periodistas)

  2. El mítico así lo vi yo de Juanma Trueba al compartir sus crónicas en Twitter. Inolvidable.

    Eterna admiración profesional e identificación personal para otro periodista que tampoco encuentra hueco en los medios.

    Gran entrevista. Un abrazo.

  3. Un entrevista que desde el primer párrafo se lee desde la desazón. Empatizo extremo con las pesadillas que atormentan a Juanma. Y, aunque todo lo que cuenta sea doloroso, poder abrirse a hablar del tema es algo necesario, expiatorio.

    Yo no tuve la suerte de leer a Juanma en AS, pero lo he descubierto con el tiempo a través de un conocido podcast en el que aparece cada lunes, y ¡qué lujo! En el fondo, que el periódico se permitiera echar a un referente por X (o por Z) no era si no un adelanto del tiempo que vivimos hoy, ¿no? Aunque bueno, la vida da muchas vuelta y, pese a que la gente no cambie, cambia la gente que dirige o ponen a dirigir los sitios, y con ello lo que se hace. Ojalá tenga la oportunidad de reconciliarse, de alguna forma, con el periodismo.

  4. Un grande Juanma.

  5. Cuando al Madrid le tocaba jugar un partido importante dos de los mayores placeres eran leer sus artículos previos al partido y las crónicas del mismo cuando el Madrid ganaba. Sabía transmitir la grandeza del fútbol y el deporte sin caer en la grandilocuencia, escribía muy bien, era irónico, entendía lo que es el Madrid y no caía en lugares comunes. Uno compara a Trueba o a Segurola en su momento con la gran mayoría de periodistas deportivos y se pregunta cómo estos pueden usar tan mal el lenguaje materno.

  6. Relaño: magnífico escritor, pésimo compañero.
    Trueba: magnífico escritor, blandiblú a la hora de defender al Madrid de tanto atropello.
    El periodismo español, ya no existe. Ahora tenemos unos cuantos juntaletras que ni saben ni quieren ni pueden ejercer esa bonita profesión.

  7. Me dio clases Juanma en el Máster del Real Madrid; era mi profesor favorito. Luego hice mis prácticas en AS. Juanma es un tipazo: educado, culto y de trato amable. Siempre quise hacer crónicas como él; pocos periodistas como él. Una pena lo que le hicieron, no lo merecía, esa es una práctica común que le hacen a la gente que no sigue ciertos servilismos.

    Yo me regresé a México y le perdí la pista después de ver que ya no escribía más en AS. Me gustaría sentarme a tomar un café con él algún día. Lo recuerdo con gran cariño; me fui a España a estudiar periodismo, en gran parte, por estar con periodistas como él.

    Un gran abrazo desde la distancia.

  8. Carlos Dones

    Uno de los mejores cronistas de partidos de fútbol que he leído en mi vida. Y tengo más de 50 años. Escribía como los dioses y sabía de fútbol de verdad. Yo soy muy forofo del Atleti, pero jamás me pareció que Juanma Trueba fuera madridista. Me acabo de enterar. Esa neutralidad solo la consiguen los más grandes. Chapó por usted, señor Trueba.

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