
Alexander Zverev ha hablado recientemente en Nothing Major, donde ha repasado diversos momentos de su carrera, entre ellos uno especialmente doloroso: su lesión en las semifinales de Roland Garros 2022 ante Rafael Nadal. Fue un punto de inflexión en su carrera, pudo tomar al asalto el número uno y, sin embargo, todo fue hacia abajo: «Todo el mundo sabe lo que pasó con mi tobillo jugando contra Rafa en Roland Garros», ha dicho, dejando claro que no es ningún secreto la importancia que tuvo ese percance.
«Sí, ha sido el mayor revés en mi carrera», dice, sin ninguna duda. Para él, no se trató simplemente de una derrota deportiva o de una mala experiencia física, sino de la ruptura de una trayectoria excelente. «No porque perdiera ese partido. Técnicamente, él iba set arriba cuando ocurrió». Sin embargo, lo que realmente marcó a Zverev fue el contexto en el que se produjo la lesión. «Fue un partidazo. Sentía que estaba jugando el mejor tenis de mi vida», dice.
La importancia del momento iba más allá del propio torneo parisino. Según explica el tenista, «lo que más me dolió no fue perder, sino que estaba a solo un partido ganado en cualquier torneo para ser número uno del mundo». En ese momento, Zverev era el jugador con más victorias en el circuito y su ranking ATP estaba muy cerca de lo más alto. La lesión interrumpió ese camino justo cuando estaba al alcance de lograrlo.

«Estaba en mi mejor forma, había ganado seis títulos en 2021, incluido el oro olímpico», recuerda. El alcance físico de la lesión fue determinante. «No había nada que pudiera hacer. Me rompí siete ligamentos y me fracturé tres huesos». Incluso le bastaba con perder con Nadal, pero alcanzar luego unos cuartos en cualquier torneo posterior para lograr su objetivo: «Aun perdiendo con Rafa en ese partido, si luego hacía cuartos en otro torneo, era número uno».
Una semana con Rafa y Toni en Mallorca
La parte de la entrevista que más ha calado en los medios españoles es la relativa a la visita que hizo a Mallorca para entrenar con Rafa y Toni Nadal. Zverev destaca especialmente el nivel de implicación que mostró Nadal durante esos días. «La intensidad con la que Rafa jugaba es la intensidad con la que entrena. Fue increíble».
El detalle más divertido de la historia es cuando cuenta cómo es Rafa Nadal en la distancia corta, alguien que piensa en tenis las 24 horas. «Teníamos cenas hasta la una de la madrugada y en mitad de la cena se levantaba a hacer swings de derecha para mostrarme qué técnica quería que mejorara». No se podía creer que sea alguien tan obsesionado con el deporte. «Fue increíble lo comprometido que estaba. Me sorprendió muchísimo. Pensé: bueno, he jugado contra Rafa durante 10 años, vendrá a cenar para ser amable conmigo. Pero no fue así».
El entrenamiento no se limitó a conversaciones o consejos. Nadal también entró a la pista con él. «Se metía conmigo en la pista y me mostraba derechas, intentaba mejorar mi golpe. Ese día, delante de él, jugué como si fuera Ernests Gulbis, porque estaba hecho un manojo de nervios», reconoce entre risas. Aun así, está muy agradecido por las lecciones: «No tenía por qué hacerlo. Es Rafa Nadal. ¿Quién soy yo para él? Fue increíble. Estoy muy agradecido». Hasta el punto de que le ficharía: «probablemente, elegiría a Rafa ahora mismo [como entrenador]».
El tenis actual
Otra parte de la conversación la dedican a reflexionar sobre cómo ha cambiado el tenis profesional en los últimos años. Ante una pregunta sobre si los jugadores situados entre los puestos 5 y 15 del ranking eran mejores en generaciones anteriores, el tenista alemán no se anda con rodeos: «Todo el mundo le pega muy fuerte a la pelota».

Según Zverev, esa transformación ha provocado una cierta homogeneización en los estilos. «Hoy en día, todos juegan más o menos de la misma manera», comenta, señalando que, aunque hay jugadores como Carlos Alcaraz que aún muestran variaciones tácticas, la mayoría adopta una estrategia basada en golpes muy planos y agresivos desde el fondo de la pista. Añade que él mismo, cuando está jugando bien, entra dentro de esa categoría.
Al hacer una comparación con el circuito de principios de los años 2000, Zverev destaca que en aquella época había más variedad. Menciona a Roger Federer, Rafael Nadal, Stan Wawrinka y David Ferrer como ejemplos de tenistas que poseían estilos de juego muy distintos entre sí. «Antes había más finura, más identidad», explica. Para él, la diferencia más notable entre generaciones no está tanto en el nivel general como en la diversidad táctica.
Sin embargo, reconoce que el nivel medio del circuito también ha aumentado. Señala que, en la actualidad, es más frecuente que jugadores situados entre el puesto 20 y el 30 puedan vencer a miembros del top 10 en torneos importantes. «Antes era muy raro ver a alguien del 28 del mundo ganarle a Berdych o a Ferrer en un Grand Slam. Ahora puede pasar más fácilmente».
Pone como ejemplo casos recientes como los de Cerúndolo ganando a Rublev o Tommy Paul venciendo a Casper Ruud. Esos resultados, dice, muestran que las diferencias entre la élite y el resto del top 30 son hoy más pequeñas que antes. «Hay más profundidad en el circuito», asegura. Ya no basta con ser consistente: también hay que estar físicamente preparado para partidos duros desde las primeras rondas.
Zverev concluye que no se trata de que una generación sea mejor que otra, sino de que el deporte ha cambiado. En su opinión, antes era común que seis de los ocho mejores del ranking llegaran sistemáticamente a los cuartos de final de un Grand Slam. Ahora eso no siempre ocurre. Aun así, considera que el actual momento del tenis es bueno, aunque diferente, y que hay nuevas exigencias tanto físicas como tácticas para mantenerse en lo más alto.

Ahora lo que le preocupa es la evolución de los torneos Masters 1000, que ya duran dos semanas algunos de ellos: «Con cómo ha estructurado la ATP los torneos ahora, es imposible jugar menos de veinte al año», señala. Critica que, además de los nueve Masters obligatorios, ahora se exigen cuatro torneos ATP 500, lo que deja muy poco margen para descansar o planificar bien la temporada. Añade que algunos de estos torneos largos, como París-Bercy o Montecarlo, deberían mantenerse en el formato de una semana, que considera mucho más razonable tanto para jugadores como para aficionados.
Sobre su diabetes tipo 1, se queja de que en Estados Unidos no hay forma para él de comer adecuadamente. «La calidad de la comida aquí es terrible», dice. Explica que hay semanas en las que, por mucho que ajuste la dosis de insulina, su nivel de azúcar en sangre resulta incontrolable. «En EE. UU. le ponen azúcar al pan, al arroz, a la pasta… no entiendo por qué».
Zverev también habla de otro cambio que, a su juicio, ha afectado negativamente al juego: la calidad de las pelotas. Señala que desde la pandemia de COVID-19, muchos torneos han optado por bolas más blandas y menos presurizadas. «No es solo el fieltro. Es que las pelotas no tienen aire dentro», explica. Las compara con pelotas para niños, de esas rojas y amarillas utilizadas en niveles de iniciación. Asegura que este cambio se ha hecho para ahorrar costes, y que afecta tanto al rendimiento en pista como a la salud física de los jugadores.
En cuanto a los rivales que más se le complican en la pista, Zverev no duda al nombrar a Daniil Medvedev como su adversario más difícil. «Le he perdido como 78 veces», dice entre bromas, aunque con resignación. Afirma que incluso cuando él está jugando bien, Medvedev consigue superarlo, y lo describe como alguien que, cada vez que se enfrentan, se transforma en «el Novak Djokovic de los mejores tiempos». Aunque ambos tienen un perfil similar, reconoce que no logra encontrar la fórmula para vencerlo de forma consistente.
La etapa formativa de Alexander Zverev
En sus primeros años, cuando le dicen que ya destacaba mucho con 13 o 14 años, matiza esa parte de su biografía: «No era tan bueno a los 14. Era decente, pero no el mejor», señala. Añade que en su generación había muchos jugadores de gran nivel y menciona a nombres como Daniil Medvedev, Karen Khachanov, Andrey Rublev o Nick Kyrgios, quienes ya sobresalían a esa edad.
Zverev explica que su verdadero punto de inflexión llega a los 15 años, cuando experimenta un cambio físico importante. «Ese año pegué un estirón de 15 o 20 centímetros», dice. Gracias a ese crecimiento y al trabajo acumulado, empieza a jugar mejor a los 16. En ese momento logra cerrar la temporada como número uno mundial en la categoría júnior sub-18, lo que marca el inicio de su ascenso hacia el circuito profesional.
Un aspecto que considera fundamental en esa etapa es haber tenido acceso desde joven a entrenamientos con jugadores profesionales. Su hermano mayor, Misha Zverev, ya competía en el circuito ATP, lo que le permitía a él observar y practicar en ese entorno. «Mi hermano me ayudó mucho en la transición hacia el circuito profesional».

Otro factor clave es el tiempo que pasa entrenando en Saddlebrook, un centro de alto rendimiento en Florida. Allí comparte pista con jugadores del circuito, lo que le permite familiarizarse con los ritmos y exigencias del tenis de alto nivel. «Cuando llegué al tour, no era todo nuevo para mí. Ya lo había visto antes», asegura. Esa experiencia le da confianza y reduce el impacto del salto entre el tenis juvenil y el profesional.
Zverev valora especialmente el hecho de haber tenido esos contactos a una edad temprana. «Practicar con profesionales cuando tienes 14 años te ayuda a saber qué te espera», comenta. En lugar de sentirse intimidado al llegar a torneos ATP, él ya conoce el ambiente, el nivel físico y el tipo de juego con el que va a enfrentarse. Eso le da una ventaja competitiva frente a otros jóvenes que hacen la transición sin ese bagaje.


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