Opinión

La posverdad del fútbol: del mito de la Masía a la magia del escudo del Madrid

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Guti (Foto: Cordon Press)
Guti (Foto: Cordon Press)

Para llegar a la verdad última del juego no hay nada mejor que acudir a Maradona. «Yo no creo en eras, como la de Menotti y ahora la de Bilardo. A mí no me enseñaron a jugar, realmente. Me enseñaron, sí, una manera de creer en las cosas, pero yo juego al fútbol como cuando jugaba en Fiorito». La declaración es de la década de los ochenta y a la vez es de todas las décadas, ya que la verdad no está sujeta a variaciones. Como dice Maradona, cualquier nacido Maradona hubiera llegado a ser el futbolista Maradona con solo crecer junto a una pelota.

En Brasil, Olimpo del fútbol, también lo tuvieron siempre claro. Espacio de liberade, improviso e autonomia. Proibido treinadores, reza al pie de un campo del Palmeiras. Para ellos un auténtico formador es quien respeta la naturaleza del protofutbolista, lo junta a sus iguales y lo deja que, reconociéndose entre sí, cada uno se desarrolle. Los conceptos generales y la táctica son asuntos básicos, vendrán sobre la marcha y en cualquier caso su interpretación también forma parte del ser del futbolista, no puede ser inoculada por el entrenador. Así, desde el Divino da Guía hasta Endrick y Estevao, las nuevas esperanzas del país, son crianzas de la Academia. Sin embargo, cada vez más lo generalizado es un culto al entrenador que por tanto aleja el análisis de lo esencial.

Y es que de un lado está la verdad, o sea lo relacionado con los grandes futbolistas, y de otro la posverdad, un trasunto pervertido de aquella. El filósofo Sztajnszrajber la precisa como el «leer de la realidad solo lo que le cuaja y le cierra a lo que previamente uno cree». En fútbol, la posverdad pasa por toda explicación que no parta de quienes lo juegan. Dictar en un equipo el achique de espacios menottista o la barrera de stoppers bilardista, sin tener en cuenta las cualidades de cada jugador que la ejecutará, es preestablecerse una idea y darle la narrativa necesaria para que te cuaje.
Aquella fue de Argentina pero, como cada cual tiene la suya, de un tiempo a esta parte están en boga otras posverdades. Al estar relacionada con estas líneas, empecemos por la del Barça.

La metodología no es especial, lo especial es el futbolista

En Barcelona se dio la situación de que desde 2008 el primer equipo dispuso de una hornada de figuras que dominó el panorama europeo. La mayoría era canterana y entre ellas, para más impacto, estaba Messi, captado de Newell´s en su infancia con el gen maradoniano. El equipo exhibió el mejor fútbol que se recuerda y llegaron los títulos. Fue tal la impresión que desde ese momento se piensa que la Masía tiene una METODOLOGÍA apta para crear grandes futbolistas.

Riqui Puig (Foto: Cordon Press)
Riqui Puig (Foto: Cordon Press)

«Cuando explico la metodología en conferencias, insisto en que no es solo entrenar técnicas, sino entender el juego», expuso Vilá, directo del área durante aquella exitosa década. Según la teoría, los formadores les «enseñan» cómo perfilarse o posicionarse, cómo pasarse el balón, etcétera, hasta que los jugadores acaban por «entender el juego». Los conceptualizan por igual y así cada joven acaba por ser válido para jugar en el Barça, más allá de los límites que su naturaleza le haya impuesto.

Al respecto, en aquel tiempo conocí a un canterano del Villarreal de la época en que Iniesta se formaba en la Masía -a la que llegó tras ser elegido mejor jugador en Brunete con el Albacete-. Me aseguró que habían copiado todos los métodos del Barça, que en la ciudad deportiva amarilla se respiraba fútbol del día a la noche y en los entrenamientos gobernaba el balón mediante rondos o juegos de posición. ¿Cómo no salieron, en adelante, grandes futbolista? Según Vilá, «el ADN Barça no se aprende en dos días, es un trabajo de muchos años y de muchas personas que ha ido evolucionando hacia el modelo actual». Será cosa del Barça, algo incluso no exportable, pensé, aún subyugado por las exhibiciones culés.

Pero pasó el tiempo y Sport publicó un artículo titulado Los futuros cracks de la Masía. Era una alineación que reunía a los canteranos estrella nacidos en la segunda mitad de los noventa, con hasta tres jugadores por puesto. Eran los herederos del mejor equipo de la historia en el balance nivel-identidad. En ella estaba por ejemplo Samper, en quien veíamos al nuevo Busquets. También Riqui Puig, encarnación de todos los conceptos del estilo-Barça. O Halilovic, promesa croata firmada con la creencia de que los métodos de la Masía pulieran su alma messianica. Según el entorno, la infalible metodología del club había obrado como se espera de ella y solo quedaba aguardar que los futbolistas dieran el salto al primer equipo. Sin embargo, ahora se sabe la verdad de todo aquello: de los veintiséis aparecidos en la alineación, muchos nos resultan desconocidos y los únicos que han llegado a ser titulares en equipos de la élite son Cucurella -un defensa- y el afortunadísimo portero Onana.

No obstante, hoy comprendo que la generación que brilló a las órdenes de Guardiola sí trajo consigo un capital inmenso para el club, pero por distintos motivos a los que se creen. Desde entonces la Masía es tratada como la mejor cantera del mundo, por ello todos los padres quieren que sus hijos sean parte de ella antes que de cualquier otra. El talento internacional se rifa al Barça y el Barça afina su selección basándose en la técnica, madre de todas las virtudes. Luego ese sentir común es juntado en cada equipo, los técnicos reman a favor del perfil del futbolista y de la interacción entre estos surge el buen fútbol.

Lass (Foto: Cordon Press)
Lass (Foto: Cordon Press)

De este modo, aunque no se puedan crear pedris y entonces salgan decenas de collados sin nivel o Quintas del Mini infladas de relato, abierto tal abanico de captación es más sencillo que broten verdades como Cubarsí o Balde y dignos suplentes como Casadó o Gavi. Y hasta aumenta sobremanera la probabilidad de que se dé un Lamine Yamal, talento atemporal al que nadie enseñó a jugar al fútbol, como sucedió con Maradona y sucede con cada gran futbolista. Ahí están las verdaderas claves de la Masía, los conceptos y restantes postulados forman parte de la posverdad azulgrana. Ahora pasemos a la del Madrid.

La mística no existe, lo místico es el futbolista

Como se ha dicho, en asuntos de posverdad nadie queda atrás porque en ella hay tanto embrujo como interés. El Madrid también tiene varias y la principal es lo de apelar al poder de su escudo para justificar determinadas victorias. Todo empezó en los ochenta, con la esplendorosa Quinta del Buitre deshaciendo los fracasos del Madrid de los García, equipo de inferior nivel. Dieron la vuelta a varias eliminatorias europeas que parecían insalvables y la emoción se desbordó hasta el punto de achacarlo a alguna razón oculta. La posverdad que entonces encajó de blanco fue la llamada MÍSTICA. Tratándose de esa década, volvamos a acudir al caso de Maradona para introducir el equívoco.

La Argentina del 86 ganó el Mundial sobreponiéndose en la final al duro golpe de que una selección alemana le remontase dos goles. Entonces dijo Bilardo que «cualquiera se hubiera derrumbado en el momento del empate, pero seguimos con la misma fe, con la misma convicción». En realidad, cualquiera no se hubiera derrumbado, solo los equipos que no tienen futbolistas capacitados. Todo estaba perdido desde lo anímico pero sucedió lo futbolístico: Maradona seguía en el campo y entonces las plegarias fueron atendidas. Captó la atención de cinco alemanes que le cercaban y un pase suyo lo culminó en gol Burruchaga, otro enorme jugador. Sucedió, por tanto, algo bastante terrenal. Por eso volvería a pasar décadas después, cuando la Albiceleste tuvo otro gran equipo alrededor de Messi y no claudicó con el inesperado empate de Francia, ganando así una nueva Copa del Mundo.

Hace unos años se hablaba de la mística en El Chiringuito y Guti recordó su pasado reciente como jugador del siguiente modo: «Sentía que podías llegar hasta donde tú quisieras. El Real Madrid te transmite eso, que por mucho que las cosas vayan mal, esa camiseta te da alas». Entendiéndose el ánimo trascendental de quien fuera protagonista, conviene apuntar que ese volar en época de Guti fue sin embargo más humilde. Se tradujo en remontar a clubes nacionales como Sevilla, Espanyol, Recreativo y Zaragoza para así aprovechar que el Barça desperdiciase su ventaja en Liga. Sin embargo, habría que preguntar a Guti por qué aquel Madrid presidido por Calderón no pasó de octavos de la Champions durante tres cursos consecutivos. Las razones de que el miedo escénico no pesara sobre la Roma de Totti o el Liverpool de Gerrard pueden encontrarse en el hecho de que en aquellos Madrid tuvieran importancia futbolistas como Heinze, Diarra, Gago, Lass, Huntelaar o los magnificados Robinho y Van der Vaart, siendo sus mayores figuras unos Cannavaro, Van Nistelrooy y Raúl en el ocaso de sus carreras.

Pero regresemos a los mismos ochenta con mirada lógica y, en similar sentido, comprobaremos que la Quinta remontó a sus rivales en la UEFA pero luego el espíritu del Bernabéu nunca apareció en la Copa de Europa, donde se medían a los mejores equipos del continente. Y ya en los noventa, cuando Butragueño, Hugo Sánchez y compañía bajaban su rendimiento y por distintos motivos se falló en la contratación de los nuevos extracomunitarios, en el estadio no hubo rastro siquiera mundano ante conjuntos como el Spartak o el Odense.

Halilovic (Foto: Cordon Press)
Halilovic (Foto: Cordon Press)

La verdad de todo ello es que, siempre que ha aparecido la mística, el Madrid tenía un equipo integral y mejores futbolistas que su oponente. Por eso en los setenta remontó al Derby County pero no al Bayern de Beckenbauer en la siguiente fase, y remontó al Celtic para ser luego remontado por el Hamburgo de Keegan, que invalidó su ventaja de dos goles imponiéndose por 5-1. Por eso lo divino volvió con Balones de Oro en plenitud y otra serie de jugadores de excepción que los complementaban. Porque en la categoría de todos ellos va implícita una confianza superior, mientras su calidad de ejecución hace el resto tarde o temprano. Volvió con Cristiano Ronaldo valiéndose solo desde el balón parado o con Carvajal y Kroos encontrándolo. Volvió porque ante City o PSG siempre estaba por aparecer Benzema. Y por eso cuando Modric envejeció, Carvajal se lesionó y Kroos se fue ya no tuvo un gran equipo, entonces ni Mbappé pudo salvarlo. Por eso, desde lo místico, en la última Champions todo parecía a favor para que un Madrid campeón de Europa remontase otra eliminatoria y finalmente se encontró con lo verdadero: un vulgar Arsenal sentado sobre su escudo.

La historia del Madrid que simboliza su escudo sin duda es importante. Pero lo es porque a través de ella el club puede atraer a los más grandes futbolistas, a quienes contener durante noventa minutos es casi imposible. Ellos crean milagros en cualquier equipo. Cuando el Madrid no los tiene, la camiseta en sí no dice nada. Porque se remonta solo cuando el fútbol puede expresarse, la mística son los padres.

12 comentarios

  1. Poner en un mismo artículo a la cantera del Madrid con la del Barça ya dice mucho. Son incomparables. La Masía está a años luz.

    • Bueno, no es algo que el artículo cuestiones, creo. De hecho poco habla de la cantera del Madrid. Simplemente cuestiona las razones que se dan: la Massía será la mejor cantera, pero no por sus métodos de entrenamiento (que eso se ha dicho muuuuuuuuuuuucho), sino porque son capaces de reconocer y atraer al mejor talento joven (Xavi, Iniesta, Cesc, Busquets, Messi… no creo que les hayan enseñado mucho de técnica en la Massía). Y el Madrid tiene mística (insisto, no habla de «cantera») cuando es capaz de atraer a los mejores futbolistas, al menos al nivel de competir con los mejores equipos. Dicho mal y pronto, «con buena picha bien se jode». Sobre lo de la «mística» del Madrid, sí que creo que en igualdad de condiciones, hay un factor psicológico que hay que considerar. El año de las remontadas, está claro que remontar al City no se hubiera logrado sin Benzemá, Modric, Kroos, Rodrygo… en su plenitud, pero ese final, las caras de los Citizens, las manos en la cabeza de Guardiola… y eso lo utiliza el Madrid en esos momentos puntuales, como el Barça utiliza su prestigio con la cantera para que los chavales con talento ni se piensen ir a la Massía.

  2. Esto iguala la baja de Íñigo…Chema Alonso, recién nombrado asesor del CTA para la IA, abandona por motivos personales

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  4. Ricardo Esteban

    Creo que es bastante injusto lo que se ha dicho sobre la quinta del buitre y la copa de europa.
    El Madrid llegó a semifinales tres años seguidos eliminando a los mejores equipos de europa,el año de la eliminación en semis con el psv estaba claro que eran el mejor equipo de europa (ya se que es tontería hablar de injusticia en el fútbol, aunque hay algunos que siguen con lo de el fútbol nos debe una champions).
    Tan solo había un equipo que era superior a ellos que era el Milan y hay se acabo.

  5. Siendo la posverdad el «leer de la realidad solo lo que le cuaja y le cierra a lo que previamente uno cree», pues este artículo es el mejor ejemplo de lo que es posverdad: tomar tu propia creencia e interpretar la readidad a posteriori en base a preconceptos.

  6. Una visión muy interesante, que desmitifica la excelencia de los métodos de la Masía (lo que tiene bastante de cierto) para poner el foco en la excelencia de la captación de talento de los técnicos de la Masía. Después, la necesidad (cero euros en la caja) y la creencia en que la cantera es excelsa ayuda decisivamente (de otra manera, no se entendería cómo se pusieron a jugar en primera aquellos chicos llamados Busquets, Pedro y cía., que venían de la antigua 3.ª división, si no es por que la gente «creía» en Guardiola, porque con datos no se repetiría nunca esa apuesta).
    Con respecto a «lo del Madrid», pues estoy bastante de acuerdo. De las copas de Europa de los últimos veinticinco años, al menos cinco se explican por el hecho de que el Madrid jugó finales contra equipos netamente inferiores y que, como se suele decir, se «conformaban» con haber llegado hasta allí, sabiéndose peores. Es el caso de las finales contra el Valencia, el Atlético (que pierde dos finales por su inoperancia y falta de autoestima, sobre todo la segunda, en la que el Madrid no tenía mejor equipo), Bayer Leverkusen (que se recuerda por el golazo de Zidane, pero debería recordarse por lo poco que se lo creyeron los alemanes) y la del Liverpool de Karius, que pierde porque no se puede ganar una final sin un portero de nivel.
    Y es que al final es cierto que si no tienes la calidad, el escudo no regala nada. Otro ejemplo es el Centenariazo del Dépor, que le gana al Madrid sencillamente porque era mejor equipo y porque en el Madrid se creían que ganarían «por el espírito
    Juanito» y lo que hicieron fue perder por «el espíritu de Jaimito».

  7. Qué pedazo de pamplina de artículo. Ha cogido dos relatos (Masía y mística) y ha elaborado un argumento tramposo, amén de chusquero, con cada uno para llegar al punto irónico de que la cantera culé es poco más que resultado de la suerte y que a poco que el Madrid hubiese sabido juntar a dos tíos que supiesen dar tres pases, le habrían dado un meneo al Arsenal, lo que, dicho sea de paso, indica que se ha visto jugar al Arsenal entre poco y nada. Al menos ejemplifica perfectamente eso de la posverdad en el fútbol.

  8. Shenzhen2020

    Me pregunto cuál es la razón para que un artículo tan flojo, tan indocumentado, se mantenga en portada tanto tiempo.

    • Negreira Negreira Negreira

      La CTA RFEF pone a arbitrar a UN MADRILEÑO el Real Trampas vs Villarreal…

      Cuadra Fernández, nacido en Madrid, será el árbitro del partido. El fútbol, carece por completo de credibilidad, insisto lo digo con el Barça siendo campeón de liga, copa, supercopa y líder actual de la Liga.

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