
Antes de empezar Edgar Davids su carrera fuera del Ajax, estuvo a punto de quedarse en su país durante más tiempo o, quién sabe, bajo tierra en una caja de pino. En 1996, su último año, iba a entrenar en el coche con Reiziger, un vehículo se saltó un ceda el paso y chocaron contra él frontalmente. Solo sufrió cortes en el brazo, pero su compañero se rompió un hueso de la mano.
Davids entonces era un canterano más del Ajax. De crío había destacado por ser un artista del balón, su ídolo era Maradona, no paraba de ver vídeos del argentino, pero en la cantera lo cogió Van Gaal y le hizo entrar en materia. Le prohibió hacer túneles a los rivales, eso era, le dijo, «masturbación». La verdad es que lo atemperó bien, cuando se presentó en el Bernabeu en la Champions 95/96 le dio una lección de fútbol al Madrid que comprendió, en ese momento, lo lejos que estaba de la elite continental.
Para desgracia de Guus Hiddink, ese chaval pulido en la escuela futbolística de Amsterdam sobrevivió al accidente y le montó el mayor escándalo de la historia de la selección neerlandesa. Después del empate contra Suiza en la fase de grupos, fue sustituido y Davids dijo en los medios que el entrenador solo hacía caso a los jugadores blancos. Sus palabras: «Debería sacar la cabeza del culo de los jugadores blancos». Eso le costó la expulsión inmediata de la selección, profundizando en la brecha que ya existía entre los jugadores de origen surinamés y los blancos, problema que ya fue ampliamente tratado en Jot Down Sport.

Luego a Davids le fue regular en el Milan. Le pusieron el cartel de transferible y Capello, entonces en el Real Madrid, se interesó por él. Era lógico, él mismo fue quien lo llevó al Milan. Sin embargo, el jugador, a sus 23 años, salió tarifando con los rígidos esquemas de Sacchi, que debió pensar que las nuevas generaciones de holandeses ya no eran como las de antes. El salvavidas madridista no llegó y, ocurrió otra desgracia. Fractura de tibia y peroné. Al quirófano.
Al maltrecho jugador, una promesa rutilante venida abajo, lo recogió la Juventus. Merecía una segunda oportunidad y vaya si la aprovechó. Aquella Juve fue un equipo histórico. Los nombres que acompañaban a Davids quitan el hipo de quien recuerde los 90 en persona: Zidane, Deschamps, Del Piero, Inzaghi –como artistas- y Peruzzi, Torricelli, Iuliano, Montero, Pessotto, Di Livio –en las labores más prosaicas.
No obstante, no tuvieron suerte porque ese Real Madrid configurado por Capello un año atrás, con Redondo y Seedorf en el centro del campo, logró anularlos y vencerlos en una final con doble mérito, puesto que la justicia italiana determinó años después que en esa plantilla había habido unos servicios médicos que operaban legalmente en «la zona gris».
Aun así, ahí vimos al mejor Davids. Valgan como prueba las palabras que le dedicó Santiago Segurola en El País:
Le comparan con un pitbull, indesmayable, tendente a la sobreaceleración, contagioso por su carácter vehemente. El típico jugador complementario hecho a la medida de los tiempos: un gran despliegue físico, una participación casi excesiva y un tormento para sus rivales.
En el Mundial de Francia también tuvo un papel destacado, un gol suyo eliminó a Yugoslavia, y la selección estuvo brillante hasta caer contra Brasil en los penaltis. Las crisis nerviosas que tuvo Ronaldo Nazario antes de esa final amargaron el caramelo del que debería haber sido un gran partido, hubiese molado más que pasase Holanda, pero en el fútbol la belleza no gana partidos.

Esta resurrección resucitó también el interés del Madrid, que de nuevo no logró ficharlo, aunque esta vez en Chamartín no se lloró mucho. En 1999, Davids anunció que padecía glaucoma. Se le tuvo que hacer un permiso para no dar positivo por la medicación que tenía que tomar. Al final, le operaron. Y de ahí surgió una imagen icónica, la del jugador con gafas de ver sobre el terreno de juego. Era una tragedia lo que le había pasado, pero el aspecto que tenía le hacía aún más temible, de alguna manera extraña, parecía más peligroso así ataviado, más profesional. No por casualidad, se convirtió en el jugador más querido de su país, por delante de bestias como Bergkamp y Van Der Sar. Eran, un año más, una generación impresionante, pero esta vez su obstáculo en el camino fue la selección italiana del catenaccio como imperativo categórico kantiano. En ese torneo, Cruyff se quejó del temperamento de Davids: «Es mejor que juegue y cierre la boca».
En el fútbol de aquella época, le del cambio de siglo, Davids representaba la quintaesencia de lo que se buscaba. Todo era más físico, en un sentido literal –porque ahora se corre mucho más en total, en aceleraciones y en cambios de ritmo- rebasar a Davids en el centro del campo era tarea hercúlea, disputarle balones divididos jugarse la vida. Era un interior que te garantizaba una línea de sujeción del equipo impresionante y, además, sabía mimar la bola. Y no solo eso, imprimía carácter a todos. Antes de los partidos, chocaba el pecho con sus compañeros, tal y como había visto que se hacía en la NBA. Les quería a todos como estaba él: Encendido.
Pero, cómo no, hubo un revés más. Pese a sus permisos para pasar controles de dopaje por su enfermedad ocular, dio positivo por nandrolona. Defendió su inocencia, «estoy limpio, no me aplico ni tan siquiera la vacuna contra la gripe. Tengo mucho respeto por mi cuerpo y mi salud. Tengo principios sólidos, nada de asquerosidades. Siempre estuve a favor del fútbol leal», pero la sanción tampoco fue para tanto. Cinco meses –de dieciséis posibles, y tras reducirle la de doce que le cayó- y una multa. Además, el Mundial de 2002 no le esperaba, Holanda no se clasificó, después de estar toda la fase de clasificación a la gresca con Van Gaal. De remate, Sara Hagens, una modelo con la que tenía un hijo, le denunció por malos tratos.

Los que le trataban por aquel entonces recuerdan que tenía formas propias de gangsta rap. Su libro favorito era Bad as I wanna be, de Dennis Rodman. Sin embargo, no se había convertido en ese personaje porque veía demasiado la MTV. Nació en un barrio de clase trabajadora del norte de Amsterdam de los más duros. Su padre trabajaba en el puerto y su madre era mujer de la limpieza. De su carácter daba cuenta su profesora. Entrevistada años después, recordaba que el chaval no hacía caso cuando le llamaban. Ella le preguntó qué le pasaba y este le espetó: «La gente grita ‘ven aquí’ a los perros, pero yo no soy ningún perro, soy una persona».
Entrado el siglo XXI, Davids había ganado tres ligas con la Juve, lo cual era muy meritorio en aquellos años, cuando el fútbol italiano todavía era el más temido del continente, pero había perdido dos finales de Champions. El destino todavía le deparaba una misión trascendental, aunque se cumpliría de forma caprichosa.
En enero de 2004, el Barça estaba en la posición número 12 de la liga española. El año anterior, Louis Van Gaal fue despedido cuando, en las mismas fechas, solo tenía un punto menos. El entrenador del momento, el holandés Frank Rijkaard, estaba desesperado, pero recibió un consejo de un compatriota. Johan Cruyff le recomendó el fichaje de Davids: «Tiene una mentalidad y un carácter que le pueden venir muy bien al equipo. Lo que él puede aportar es lo que le falta al Barça y, si se pudiera incorporar, yo lo haría».
A Rijkaard le preocupaba la falta de contundencia del equipo. Eso dijo, literalmente: «En un equipo debe de haber jugadores contundentes, con mala leche; otros que corran, que trabajen; que sean marcadores, buenos tácticamente y finalmente, otros, con llegada. Hay talento, jugadores que juegan bien al fútbol, pero este equipo no tiene equilibrio. Y otros equipos, con menos talento que el nuestro, sí lo tienen. Nosotros, en este aspecto, tenemos que trabajar más que el resto y nos falta capacidad de definición y de reacción».

El club le echó una mano al entrenador aumentando las sanciones por salidas nocturnas. El técnico lo dejó claro públicamente: «Yo no los he visto de noche. Pero si el club tiene pruebas de que algún jugador está de fiesta a altas horas de la noche, se le va a castigar de manera muy severa, tanto en el aspecto económico como en el deportivo». Y la otra mano se la echó para traerle un refuerzo. Así llegó él; el protagonista de nuestra historia.
Tenía 30 años cuando aterrizó en Barcelona. Había un astro en el equipo, Ronaldinho, pero el resto de la plantilla estaba tan deslavazada que el brasileño tenía que hacer la guerra por su cuenta. Se terminó rápido. En los dieciocho partidos que jugó con el Barça, hizo ganar trece al equipo, siete de ellos seguidos. La remontada fue implacable.
En la primera vuelta, habían encajado 25 goles, en la segunda con él, 14. De 26 goles hechos en la ida, se pasó a 37 en la vuelta. Quizá le momento que reflejó mejor su rol fue la victoria a domicilio contra el Deportivo de la Coruña por 2-3 con un Ronaldinho pletórico, moviéndose en libertad. Bola que robaba Davids, iba a Xavi y, de ahí, a Ronaldinho en situación de ventaja. En el Bernabeu, secó a Zidane, y el Barça se llevó la victoria con un gol de Xavi en el 86 tras una asistencia de ensueño del brasileño ¿qué hacía Xavi entrando en el área? Lo que quería, porque Davids lo permitía.

Ramón Besa, el analista barcelonista más minucioso, habló del factor Davids. Hacía falta alguien que ofreciera seguridad para que jugadores como Xavi, Iniesta o Ronaldinho pudieran poner el arte sin que cada jugada fuera un triple tirabuzón sin red. Cocú, Gerard y Motta habían fracasado en ese rol. El agujero negro que había no era casual, era el que había dejado Guardiola.
Y ahí empezó a carburar algo que luego pasó a la historia y que, posiblemente, ha cambiado el fútbol para siempre. En palabras de Besa ese invierno de 2004:
Davids ha aportado cosas que no tenía el equipo; ha ejercido de pegamento y ha mejorado a cada uno de sus acompañantes, que han acabado por situarse en sus puestos más naturales: Cocu se ha retrasado en la misma medida que Xavi juega más adelantado y Ronaldinho se arranca como trescuartista.
Discutible desde el punto de vista de la simetría, el Barcelona ha empezado a ganar los partidos desde que ha intentado crear la superioridad en el centro del campo. Invariablemente, juegan tres medios con funciones tan específicas que la ausencia de uno no significa necesariamente la ruina de todos. La ocupación del terreno es más racional y la rueda de cambios no tiene por qué afectar el funcionamiento del grupo.
Ya con cierta edad, maduro, Davids comentaba: «hay quien dice: ‘Puedes ganar mil batallas, pero sólo eres un auténtico guerrero cuando te has conquistado a ti mismo’. Yo me he conquistado a mí mismo. Todavía hay fuego en mi interior, pero ahora soy más sabio». Eran sus palabras, pero en esas fechas las podía estar pronunciando el Barça. El equipo quedó segundo en la liga, por delante del Real Madrid de los galácticos, incluso, que se hundió tras lesionarse Ronaldo y haber saldado a su Davids, Claude Makelele. Para Xavi, la llegada de Davids había sido clave. «Nos permitió cambiar la manera de jugar. Llenamos mejor el medio campo y la cosa funcionó mucho mejor», dijo.

El holandés se marchó al Inter en cuanto concluyó la liga, pero siguió ganando batallas después de muerto, como el Cid. El Barcelona que había enderezado en la 2004-2005 despegó como un cohete y en la 2005-06 se llevó la Champions League. Habían pasado muchos años desde 1992 y muchas cosas, entre ellas, una travesía en el desierto inenarrable. Esta victoria significaba mucho en la trayectoria del club, pero también en su filosofía. Había vuelto el 4-3-3 de Cruyff y lo había hecho con el mismo éxito. Cuando recogió el testigo Guardiola, después de que Rijkaard perdiera definitivamente el mando de una plantilla más centrada en los trofeos de la vida nocturna, apostó por el mismo sistema, pero llevándolo a la hilaridad. Aunque hay que preguntarse si esa plantilla acabó en los bares porque Motta, Edmílson o Van Bommel no supieron sustituir a Davids. El caso es que todo cambió cuando los fundamentos pasaron a seguirse de forma obsesiva, casi sin transiciones, todo se iba a hacer desde la posesión. Ya no era tan importante ese rol. Se defendía atacando.
Resulta difícil no trazar el hilo conductor de toda esta historia sin la aparición de Davids, que fue el puente entre dos proyectos que reafirmaron el estilo Barça para siempre y que, para muchos, ha cambiado el fútbol para siempre. De no haber sido Davids el puente que unió las dos orillas, el futuro podría haber sido muy distinto. El candidato que sonaba para sustituir a Rijkaard aquel invierno era… Mourinho.


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Muy buena semblanza. Gracias
Recuerdo muy bien el impacto que tuvo esa media temporada. Me pareció incomprensible por su parte (más dinero supongo) que se marchara al Inter. Solo hay que ver lo que fue el Barca los dos años siguientes y lo que fue el Inter….
La no continuidad de Davids en Barcelona fue algo inexplicable por parte del futbolista, vista la deriva que llevaba su carrera antes de llegar al Camp Nou. A Rijkaard le salió bastante bien pues al final llegó Deco…
PD1: Hablar del doble mérito del Madrid ante la Juve en 1998 y obviar que el gol del partido fue en fuera de juego, tiene tela ^^.
PD2: Y en la 2003/04 se hunden tras la final de Copa y que petasen todos por haber confeccionado una plantilla sin recambios de calidad, donde los titulares jugaban todos… reducirlo a una lesión de Ronaldo y a que no estaba Makelele… tela también.