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Draymond Green: «En trash-talk, he dicho cosas sobre hermanos muertos de jugadores. Es muy bajo, pero si me atacan, no sé parar»

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Draymond Green (Foto: Cordon Press)
Draymond Green (Foto: Cordon Press)

Draymond Green, cuatro veces campeón de la NBA con los Golden State Warriors es uno de los jugadores más agresivos y polémicos de su generación, ha concedido una entrevista a The Pivot, el pódcast conducido por Channing Crowder, Fred Taylor y Ryan Clark. Durante la conversación, Green no solo ha hablado de su trayectoria, sus títulos y sus compañeros, como Stephen Curry y Chris Paul, sino que se ha metido en terrenos como la salud mental, la agresividad en la cancha, los conflictos con otros jugadores y cómo esa personalidad de guerrero le ha terminado afectando a su vida familiar.

De entrada, ha admitido que lo que se piensa de él es cierto: «En la cancha soy otra persona. El tipo que está aquí sentado contigo ahora no es el mismo». De hecho, lo que se dice de él se queda corto: «Soy un completo cabrón en la cancha. Un auténtico problema…». Y para muestra, burradas que admite haber realizado, como cuando, en trash-talk, reconoce: «He dicho cosas sobre hermanos muertos de jugadores. Fue muy bajo, pero si me atacas, yo no sé parar».

Aun así, admite que en el trash talk, incluso él tiene ciertos límites: «No hablo de esposas ni de hijos. Todo lo demás está sobre la mesa». Eso sí, la moralidad, en ese contexto, pasa a segundo plano si el rival le ha faltado antes. «Si tú vienes a por mí, te voy a decir lo que sea. Me importa una mierda si duele». Reconoce que ha dicho cosas que incluso sus propios compañeros consideran inaceptables, pero no se arrepiente. «Mis colegas me han dicho: ‘Estás loco, no puedes decirle eso a alguien’. Pero si lo digo, es porque necesitaba hacerlo».

Draymond Green (Foto: Cordon Press)
Draymond Green (Foto: Cordon Press)

También ha mencionado a jugadores con los que ha tenido roces en la cancha, pero luego han terminado siendo amigos. Habla de Fred VanVleet, Dejounte Murray y Chris Paul: «Me encanta cuando un tipo me dice: ‘Necesito hablar contigo’. Ahí sé que es de los míos». En el caso de VanVleet, incluso reconoció que se había equivocado al decirle algo muy hiriente durante una serie de playoffs y que lo primero que hizo al verlo fue pedirle disculpas sinceras.

Le molesta profundamente cuando los jugadores, después de un encontronazo, se alejan y «se ponen raros», cambiando el trato sin haber mediado una charla. «No soporto a los que se ponen raros. Si tienes algo, dímelo. No quiero sentir que soy un abusón por cómo te miras cuando me ves». Para él, enfrentarse es parte del juego, pero la madurez viene de poder hablarlo y cerrar el asunto. Cuando eso ocurre, dice, las relaciones se vuelven más fuertes, más auténticas. «Desde ese día, mi relación con Fred es aún mejor. Porque sé que es como yo: quiere hablarlo, no dejarlo podrirse».

El problema es que los focos distorsionan todas estas situaciones. Según cuenta, el entorno competitivo activa un estado mental distinto, difícil de contener incluso cuando lo racional intenta imponerse. «Si me llaman hijo de puta en la calle, probablemente no pase nada. Pero si me lo dicen en la cancha… no sé si podré controlarme».

Reconoce que su comportamiento en la cancha forma parte de un espectáculo, pero avisa a navegantes de que en su caso no finge nada: «Lo que hago en la cancha es entretenimiento. Pero si me provocas, no lo voy a esconder. Voy a devolvértelo. Y vas a ver que lo hago». De esta dualidad, se ha dado cuenta poniéndola en negro sobre blanco: «Estoy escribiendo un libro. Y me he dado cuenta ahí de que en la cancha soy un maldito monstruo. Y fuera de ella, no».

Alperen Sengun y Draymond Green (Foto: Cordon Press)
Alperen Sengun y Draymond Green (Foto: Cordon Press)

Y luego no se corta a la hora de explicar el incidente más polémico de su carrera, el golpe a Jusuf Nurkić, que le costó una suspensión indefinida. Reconoce que todo fue fruto de la frustración: «En ese partido no encontraba mi juego… así que empecé a buscar algo que me encendiera. Lo golpeé». Aquel momento marcó un punto de inflexión emocional para él, tanto que incluso llegó a considerar seriamente abandonar el baloncesto profesional. «Después de eso le dije a Adam Silver: ‘Estoy harto. No quiero jugar más’».

Un hermano llamado Stephen Curry

Buena parte de la conversación la dedica a explicar su relación con Stephen Curry, a quien considera no solo su compañero más importante, sino también un hermano. A lo largo de trece temporadas compartidas, ambos han forjado una conexión que trasciende lo deportivo. «Probablemente he pasado más tiempo con Steph en los últimos 13 años que con cualquier otra persona en mi vida».

Juntos han construido una dinastía en los Golden State Warriors que, según Green, se sostiene en algo que los une profundamente: la duda. Los dos fueron subestimados en sus inicios, y esa desconfianza ajena se convirtió en el combustible que les permitió crecer juntos: «Estamos unidos por la duda. No hay uno de nosotros sin el otro».

Draymond insiste en que, a pesar de que muchos consideran que Curry no lo necesita, esa percepción no le molesta en absoluto: «Me encanta que la gente piense que Steph es tan grande como yo sé que es. Es mi hermano. Yo creo que es el mejor del mundo. Nadie puede decirme lo contrario».

Si algo lo marcó de su amigo, fue el día en que Curry admitió sentir síndrome del impostor. «Cuando vi que Steph decía eso, pensé: ‘Vaya’. No lo sabía, pero cuando lo dijo, pensé: ‘Tiene sentido’». Reconocer que incluso alguien como Curry, el tirador más grande de la historia, tiene momentos de duda, le hizo verse reflejado. «Yo también me siento así a veces. Pero además, ¡yo no soy Steph Curry!».

Racismo

También ha lanzado una crítica directa al estigma que lo ha perseguido durante años: la etiqueta del «hombre negro enfadado». Para él, es una construcción mediática, que además es injusta, reduccionista y que lo deshumaniza: «Lo que me molesta del ‘hombre negro enfadado’ es que lo que hago en mi trabajo se use para decir que soy así como persona».

Draymond Green (Foto: Cordon Press)
Draymond Green (Foto: Cordon Press)

En ese sentido, diferencia con claridad quién es como jugador y quién es como hombre. «En la cancha soy emocional, intenso, agresivo. Pero eso no significa que fuera de la cancha no tenga sentido común».

Además, denuncia la hipocresía con la que se juzga su comportamiento en función de los resultados. Cuando los Warriors ganan, su estilo se interpreta como una virtud necesaria; cuando pierden, se convierte en un defecto intolerable. «Juegas igual que siempre, pero cuando no estamos ganando, de pronto eres un loco».

Su madre no puede verlo por televisión

En uno de los momentos más íntimos de la entrevista, Green ha revelado lo que piensa su familia de los shows que monta y el personaje que representa: «Mi madre ya no ve mis partidos. Solo revisa la estadística. Le da ansiedad». Un problema que ha salpicado también a su mujer: «Atacan a mi esposa en redes. Le dicen: ‘Seguro te está pegando en casa’».

Estos comentarios le han hecho sufrir: «Yo soy quien siempre carga con la mierda de los demás. Pero ahora tengo que salvarlos… ¡de mí mismo!». Este problema también le llevó a meditar el abandono: «Cuando me di cuenta de que yo estaba causando daño a mi familia, quise retirarme».

Sobre LeBron y Kevin Durant

Por otro lado, Green se ha referido a unas declaraciones recientes de LeBron James sobre la ring culture, esa tendencia a juzgar la grandeza de un jugador únicamente por los campeonatos ganados. Aunque cree que LeBron no se explicó del todo bien, en el fondo está de acuerdo con él: «Lo que LeBron quería decir es que hay gente que no ha ganado un anillo, pero que aun así es grandiosa. Y otros usan eso para rebajarlos».

Draymond Green (Foto: Cordon Press)
Draymond Green (Foto: Cordon Press)

Green puso como ejemplo a Chris Paul, a quien definió como un «ganador» a pesar de no haber conseguido un título. Según él, la cultura del anillo ha llevado a que incluso figuras como Kevin Durant sean criticadas por «haberlo tenido fácil», cuando en realidad sin Durant, los Warriors quizá no habrían ganado más. Para Green, lo importante no es solo el anillo, sino entender «lo difícil que es ganarlo».

Se queja de los que minimizan los dos anillos que Durant ganó con los Warriors, como si hubiera «caminado hacia ellos». «Nuestra plantilla era tan buena que hicimos que pareciera fácil, pero sin Kevin no sé si hubiéramos ganado otro campeonato», explica.

Todo esto, dice, le viene por sus orígenes. Creció en Saginaw, Michigan, una ciudad pequeña donde, según él, hay que ser muy fuerte y estar dispuesto a pelearse con quien sea para poder sobrevivir. Desde muy pequeño, su madre le inculcó el orgullo: «No nos permitía ser fans de nadie», cuenta. Ese es el secreto de su éxito, o así lo entiende él.

4 comentarios

  1. Pingback: Draymond Green habla sobre su agresividad en la cancha y los límites del trash talk - Hemeroteca KillBait

  2. Un personaje bastante lamentable.

  3. Un jugador que siempre intenta lesionar a los rivales, con el mensaje de que ganar compensa toda violencia

  4. Lector ocasional

    Soy fan de Warriors y lo fui de Magic Johnson. Detestaba la dureza, intensidad y suciedad de los Celtics por contraposición al talento de esos Lakers. Luego Lakers tuvo que subir la intensidad y dureza ocasional para competir con ellos. Ahora me encuentro con un badboy en mi equipo, pero que entiende el juego como pocos siendo clave en los éxitos de Warriors y ese carácter en cancha tan complicado que varias veces me ha irritado. Lo del ojo de Harden, el pisotón a Sabonis, el mataleón a Gobert, el puletazo a Poole son tremendos, pero hago responsable a la NBA, porque le han malcriado. Le deberían y deben ponerle sanciones más duras, de partidos y económicas. No hay otra visto que por su parte y sin esas sanciones es incapaz de moderarse. Por otra parte, me gusta su humanidad por sus opiniones y las de sus más cercanos y la honestidad con la que habla de ello. Falta manejarlo, que las palabras se las lleva el viento, aunque le queda poco tiempo en la liga

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