
Número diez del mundo en el ranking ATP en estos momentos, Álex de Miñaur es uno de los tenistas más prometedores y tiene doble nacionalidad, australiana y española. Aunque nació en Australia y compite bajo esa bandera, sus padres son un uruguayo y una española y tiene nuestro país muy presente, aprendió aquí a jugar al tenis y admira a nuestros grandes maestros.
Como ha comentado en una entrevista en Ausmerican Aces, enfrentarse a Rafa Nadal era algo que le aterrorizaba. Explicando al presentador del programa lo que significa la presencia en el tenis, le ponía como ejemplo: «Hay un enorme factor de intimidación cuando juegas a este deporte, y con razón. En los primeros días de mi carrera, cuando jugaba contra Rafa Nadal, me ponía a temblar, obviamente. Mientras íbamos andando para entrar en la cancha, él estaba detrás de mí y yo delante, y podía escuchar cómo frotaba los pies contra el suelo, saltaba de un lado a otro, hacía su rutina habitual, y yo pensaba: ‘Dios, está listo’».
Y lo peor estaba por llegar, porque empezaba ya en la pista: «En la cancha, cuando hacíamos el calentamiento de cuatro minutos, golpeaba la pelota más fuerte de lo que la ha golpeado en toda su vida, y yo me quedaba pensando: ‘Dios…’ Todo esto forma parte del juego, pero los buenos jugadores se ponen a hacerlas a su manera para generar tensión. Cuando eres joven e inexperto, sientes eso y lo tienes muy en cuenta. Parte del proceso de ser un jugador y crecer es aprender a lidiar con todo este tipo de experiencias».

Sobre Jannik Sinner, el crack actual, aunque caído escandalosamente por dopaje, opina que su autocontrol es lo que le convierte en un crack: «Es tan difícil jugar contra él por la confianza con la que juega y lo resistente que es. Tiene un nivel increíble, obviamente, pero seguramente lo que le distingue de otros jugadores es su constancia. Juegas contra él durante todo el partido, todo el torneo, y su nivel siempre se mantiene alto. No tiene lapsos de concentración, por eso jugar contra él es tan difícil. El año pasado, con lo que tuvo fuera de la cancha, apenas perdió partidos. Cuando entra en la pista, se concentra y juega un tenis espectacular. Eso te demuestra lo fuerte que es mentalmente».
En su propio partido contra él en el Open de Australia, no logró encontrar forma de vencerle: «En el partido, se me vio mirar fijamente a mi equipo, intentaba encontrar alguna solución al rompecabezas de Jannik, pero la verdad es que no había ninguna en absoluto». Y sobre la intimidación, ha mencionado la imagen que dan los dos mejores actualmente, tanto él como Carlos Alcaraz, al salir a jugar patrocinados por Gucci y Louis Vuitton: «Cada vez que salen a la cancha son la imagen del lujo».
Cómo se enfrenta Álex de Miñaur a los mejores
Consciente de que para competir con los mejores del mundo necesita una adaptación y mejora constante, ha revelado en la entrevista los cambios que ha tenido que dar para no caerse del top 10. Primero, la mentalidad: «Si quería ganar a los mejores jugadores del mundo, era la única manera de hacerlo. Tenía que ser más agresivo, tenía que tomar la iniciativa y no depender tanto de mis piernas. Puedo confiar en mi velocidad y ganar a muchos jugadores, pero si quiero estar entre los mejores, mi juego tiene que evolucionar un poco más y ser más agresivo, hacerles daño en la cancha».
Segundo, el físico. Ha enfocado su entrenamiento a ganar potencia en los golpes «He ganado un poco más de músculo fuera de la cancha, en el gimnasio. He subido un poco de peso y eso me ha ayudado en varias áreas de mi juego. Mi saque y mis golpes de fondo han aumentado un poco en velocidad y solo con eso he logrado diferencias importantes».

Y tercero, no parar de analizarse a uno mismo, no parar de cambiar: «Mi mentalidad durante los años ha sido analizar constantemente y ser mi mayor crítico. Cuando termina la temporada, mi equipo y yo nos miramos al espejo y decimos: ‘Vale, vamos a ser extremadamente críticos con lo que necesitamos mejorar, porque quiero sacar lo máximo de mí mismo’. Mi objetivo en la vida es terminar mi carrera sentado en el sofá viendo la televisión y sabiendo que hice todo lo que estaba en mi mano para dar la mejor versión posible de mí mismo. No quiero ser ese tipo que piensa en lo que podría haber sido, en lo que podría haber logrado si hubiera trabajado un poco más. Eso no va conmigo».
Con esa mentalidad, el australiano no se conforma con estar en el top 10: «No creo que el número ocho del mundo sea mi techo. Creo que tengo más en el tanque y estoy deseando demostrarlo».
Los días clave
Entre los recuerdos más importantes que ha compartido De Miñaur, el día que logró entrar en el top 10 del ranking ATP: «Fue un momento muy especial porque sabía que si ganaba ese partido entraba en el top 10. Poder hacerlo en casa, frente a mi familia y mis amigos, contra un rival de tanta calidad como Alexander Zverev y en un partido de tan alto nivel, fue increíble».
Pero si hay una victoria que destaca por su significado, es la que logró ante Novak Djokovic el 3 de enero de 2024, en los cuartos de final de la United Cup: «Nole ha conseguido todo lo que hay por lograr en nuestro deporte. Poder decir que le gané es un gran orgullo».
Un circuito agotador
Para mantenerse, también hay que ser capaz de jugar torneos cada semana. Un ritmo que no deja tiempo para asimilar las victorias: «El mundo del tenis es bastante implacable. No tienes un segundo para ti mismo para disfrutar realmente de las victorias. Para ponerlo en contexto, cada título que he ganado… en este deporte, terminar un torneo sin perder un partido es una de las cosas más difíciles de hacer. Ganas el título, ganas el torneo, que es algo importante y que no pasa muy a menudo en tu carrera, pero lo que normalmente sucede es que ese mismo día tienes que coger un vuelo al siguiente torneo porque en dos días empiezas otra competición».

La exigencia del tenis actual le he llevado a desarrollar una rutina de recuperación extremadamente estricta: «Después del partido tenemos el enfriamiento, que suele ser 15 minutos en la bicicleta solo para relajar los músculos, luego volvemos al gimnasio, hacemos nuestros estiramientos, tomamos una ducha, hacemos el baño de hielo. Es un proceso que dura unas dos horas y media o tres después de terminar el partido».
Lo único que altera esta dinámica son los partidos nocturnos. Al terminar tarde es difícil conciliar el sueño: «Si acabas a las dos o tres de la mañana y llegas a la cama a las cuatro, probablemente tendrás que programar tu entrenamiento para la tarde del día siguiente e intentar dormir lo máximo posible. El sueño es muy importante y también muy difícil, porque acabas con tanta adrenalina en el cuerpo… Cuando ganas, estás muy excitado, cuesta desconectar y dormir. Cuando pierdes, esas son las noches que más me cuesta dormir, porque como deportista repasas cada punto en tu cabeza, revives los momentos clave y es como vivir una pesadilla antes de dormir».
Además, a diferencia de otros deportes, en el tenis los jugadores comparten el vestuario, incluso con sus rivales directos, lo que genera una dinámica particular antes y después de los encuentros: «En la mayoría de los deportes no tienes que ver a tu oponente hasta que te lo encuentras al otro lado del campo o la pista cuando empieza el partido. En el tenis, en el vestuario, puedes estar literalmente duchándote justo al lado de tu rival. Estás ahí, ambos vemos cómo nos preparamos, las rutinas, nos vestimos… estamos todos en el mismo vestuario, en un espacio reducido, preparándonos para jugar unos contra otros».
El equipo
Miñaur cuenta con dos entrenadores, Matt Reid y Adolfo Gutiérrez, que se dividen las semanas de entrenamiento. Además, cuenta con los consejos de Leighton Hewitt, capitán del equipo australiano de Copa Davis: «Siempre he admirado a dos jugadores: Roger Federer, por la facilidad con la que hacía que el tenis pareciera simple, y Leighton, por su espíritu de lucha, su garra, esa mentalidad de no rendirse nunca. Siempre quise desarrollar lo mismo en mi juego, por eso para mí ahora es increíble que sea mi capitán la Davis y haber compartido con él momentos inolvidables representando a Australia, espero que algún día ganemos la copa juntos».
Una novedad del tenis actual que Miñaur celebra es que se haya permitido la presencia de entrenadores en la cancha: «El tenis es un deporte muy individual, y esta es la primera vez que los entrenadores están tan cerca de la pista. Antes, estaban en la grada y, con el ruido del público, no podías escuchar nada. Solo intentabas leerles los labios. Ahora, al menos, podemos oírnos y comunicarnos mejor, lo que tiene sentido, porque no se me ocurre otro deporte donde no puedas hablar con tu entrenador en medio de la competición».

Ahora se pueden realizar pequeños ajustes tácticos durante el partido sin que eso suponga una larga conversación: «No puedes tenerlos en tu oído diciéndote ‘vale, ahora golpea aquí y luego allá’, pero sí pueden darte palabras de ánimo o pequeñas indicaciones como ‘sé más agresivo’, ‘mantente sólido aquí’, ‘concéntrate en esto’. Son pequeñas claves muy importantes».
Ocio
Fuera de la cancha, De Miñaur tampoco pierde el tiempo, aunque el calendario del tenis no le deja demasiado tiempo para desconectar. Cuando logra hacerlo, tiene claro cuál es su destino favorito: «El lugar al que he ido de vacaciones los últimos años ha sido Capri. Es una isla en Italia, frente a la costa de Nápoles, y es espectacular. El agua es cristalina, la comida es increíble. Es mi sitio ideal para relajarme».
Otra de sus grandes pasiones es la NFL y el fantasy football, donde ha vivido momentos de alta tensión. En su liga, el último clasificado debe cumplir una apuesta y De Miñaur estuvo muy cerca de quedar en esa posición: «Acabé entre los tres últimos y casi pierdo. Si quedabas último, tenías que hacer un maratón o un calendario desnudo, sosteniendo un balón de fútbol americano en plan Heisman. Yo, seguro, habría elegido correr el maratón… No quiero ver esas fotos circulando por ahí».

