
El Girona perdió contra el Liverpool y roza la eliminación. Dicen que la Champions se le ha quedado grande por falta de experiencia y otros asuntos abstractos. La realidad es que este no es el Girona que se ganó jugar la Champions y exclusivamente por eso no ha podido afrontarla con seriedad.
Antes tenía como indiscutibles al Pichichi y a un extremo que hoy es titular en el City, mientras ahora tiene a dos futbolistas que han sido descartados por varios equipos. Además de otras ausencias notables. Descuartizaron el equipo en verano y entonces ha ido por la Champions como si fuera el Barça por la Copa Catalunya, claro que de manera obligatoria. Por eso Míchel dispuso una buena alineación ante el Liverpool, pero de nuevo fue insuficiente.
Estableció un sector izquierdo reforzado porque había que frenar al Salah atacante, y de buena salida porque había que cansar al Salah defensor. Con Blind como lateral y Miguel como mediocampista, el Girona consiguió que el egipcio regatease una única vez con éxito y chutase a portería sólo en el penalti que dio el 0-1 definitivo. Detalles que demuestran que Míchel es el mismo gran entrenador con un equipo para quedar tercero en Liga que con uno para quedar antepenúltimo en Champions.

Además, había que intentar herir al líder de la Premier y la Champions. Por eso el sector izquierdo también pensaba en la fase ofensiva. Blind y Miguel son quienes mejor interpretan el juego del equipo y desde su movilidad se iniciaron las combinaciones propias del Girona, que por momentos consiguió desconectar la presión de uno de los equipos que mejor la ejecuta en el mundo. Lo más arriesgado en fútbol es no arriesgar, decía Lillo.
Desde la posición de central, Krejci iniciaba y sus compañeros escalaban por la izquierda. El flujo de juego estuvo planteado para ese costado porque así también quedaba lejos Van Dijk cuando se llegase al área. Auxiliados por Romeu y Asprilla, desde ese sector llegaron prácticamente todas las ocasiones.
La posición de Asprilla fue especialmente importante. Míchel suele alinearlo en la derecha para aprovechar su habilidad, pero ante el Liverpool abandonaba el centro del ataque para ejercer de enganche y sumar así un jugador válido tanto en el centro del campo como en el ángulo izquierdo.
Sin punta referencial, mientras Gil o Van de Beek atraían la atención de Van Dijk, era Danjuma quien desde el extremo opuesto se activaba como delantero centro. Así consiguió chutar varias veces; desgraciadamente para el Girona, con la eficacia natural de ser Danjuma.
Por su parte, Asprilla está para dar creatividad y asistencias pero casi adelanta a los suyos en el desenlace de la primera mitad con un control más chut en la frontal del área que denota categoría. Alisson impidió que la fina jugada recorriese el mundo. A Asprilla se le ha visto poco debido a las lesiones pero todo apunta a que está justificado ser el fichaje más caro en la historia del Girona.

Se irán de Europa desconsolados pero con la esperanza de volver a clasificarse desde la capacidad del joven talento y el buen ojo de su técnico.
Mbappé emula a Ronaldo y el Madrid vuelve a vencer a la Atalanta
El Madrid ganó a la Atalanta y puso su casa en orden. No hay nada que no curen dos victorias a domicilio en cuatro días con tres goles en el marcador; una victoria para ponerse a tiro de líder doméstico y otra para alejarse de la eliminación europea.
Fue un partido complicado porque la Atalanta no encabeza la Serie A por obra de Dios, sino por tener futbolistas como Ederson y Lookman, el mejor del partido y de siempre. Pobre Lucas Vázquez, lo que tuvo que sufrirlo.
También domina el Calcio por su técnico. Gasperini dijo en la previa que Ancelotti es el mejor entrenador del mundo, aunque el Madrid juegue mal actualmente. Ancelotti podría afirmar lo mismo de Gasperini y ninguno se equivocaría.
En la Supercopa de agosto al Madrid le costó jugar ante la Atalanta porque los de Gasperini se emparejan en la presión alta y los de Ancelotti carecen de virtud individual que permita invalidar los marcajes. Ganaron con dos goles fruto de recuperar el balón en espacios adelantados. En esta ocasión Ancelotti apostó por Tchouaméni como central para tratar de mejorar las dificultades en el inicio, y la cosa mejoró.
Lo hizo en lugar de Asencio, el otro central que le queda sano. También lo hizo porque cree que Tchouaméni es mejor que Asencio en general, aunque días antes dijera que la criticada suplencia del canterano en el último partido de Liga fue por cansancio y no por decisión técnica. Si atendiéramos a las palabras de Ancelotti todos los clubes de los que es parte serían el mundo ideal porque es un bienqueda con lo suyo.
Si bien Tchoauméni cometió penalti por suspirar a un Kolasinac que entraba en el área con la sexta marcha a fondo, nos es menos cierto que los dos goles del Liverpool en la fecha previa debieron ser evitados por Asencio. Y es que Rüdiger puede bloquear las suyas y las de Fran García, pero no le da para llegar hasta el agujero negro que se abre entre Lucas Vázquez y cualquier central que juegue a su lado.
Volviendo a Ancelotti, queda claro que es el mejor entrenador de la historia por lo que hace, no por lo que dice. Y lo que hizo esta vez con la opción elegida fue activar el sector derecho para el ataque de la mejor manera posible, con la aspiración de que así sufriera menos en defensa.

En ese sector, cerquita de Tchouameni se situó Ceballos, el mejor futbolista combinativo del equipo, con permiso del abuelo Luka. Ancelotti comienza a creer en Ceballos y el sevillano comienza a dar el rendimiento que en su día lo llevó a la Selección. Volverá pronto. Y por delante destacó el rol asignado a Bellingham y Brahim.
Hemos comparado a Bellingham con Zidane pero en realidad sólo comparten el número, por eso desde las botas del inglés el equipo no puede fluir. Si el Madrid ganó la Champions en 2002 a partir de Zidane, fueron el todocampismo y la capacidad de llegada de Bellingham su parte importante en la conseguida el año pasado. Es un mediocre pasador y un vulgar creativo, sin embargo, es el mejor llegador del mundo. Más bien tendría que compararse con Pirri, aunque corporalmente se parezcan un carajo.
Con la intención de potenciar tanto el juego de conjunto como al propio Bellingham, Ancelotti dispuso un 4-2-3-1 donde Brahim adquiría protagonismo. Para él, esta vez la banda derecha fue un lugar desde el que partir en dirección a Ceballos y ejercer labores de enlace en ese sector.
Ancelotti supo que, como no es interior natural, a Brahim le conviene aparecer por sorpresa en esas zonas. Y que, aun sin ser centrocampista, el hábil Brahim es más fiable para dar claridad a la jugada que Bellingham en espacios cerrados. Exonerado de esas labores, Bellingham podía dedicarse a irrumpir desde zona de tres cuartos de campo.
El plan del Madrid fue similar al del Girona en cuanto a cargar un sector pero distinto en lo conceptual. Si el Girona explotó el izquierdo para alejarse de Van Dijk y finalizar por el mismo lugar, el Madrid juntó toque y manejo en el derecho para atraer a los rivales y finalizar en los espacios alejados que ocupaban Vinicius y Mbappé.
Así las cosas, Brahim apareció en la mediapunta para asistir a Vinicius en el 1-2, previo pase filtrado de Tchouaméni. Toda vez que el último gol del partido fue un arranque de Bellingham para aprovechar un gran pase en largo de Vinicius, ejecutando una maniobra de engañó dentro del área que sí recordó a Zidane. Dentro del área, Bellingham sí es capaz de transformarse en cualquiera.
Aunque para recordatorios, el gol que abrió el marcador. Lo hizo Mbappé antes de lesionarse y fue calcado al de Ronaldo Nazario ante el Olimpia en la Intercontinental. Control con el pie alejado que elimina al central y chut letal pegado al poste. Acción del crack que todos esperan.

En el último minuto el Madrid estuvo a punto de perder los tres puntos por otra gran jugada de Lookman que desperdició Retegui bajo palos y sin portero. Pero en Bérgamo las estrellas del Madrid evocaron a otras con las que injustamente se les ha comparado y su partido fue relativamente bueno, mereciendo la victoria.
Julián Álvarez contra el cansancio
Es Slovan ha perdido todos los partidos por cosas como que Griezmann pueda hacerle un gol de cabeza en un balón bombeado cuando le marca un central que le dobla la talla: Kashia pareció anclado al terreno en el segundo tanto. Los análisis se quedan grandes ante tal posibilidad, pero aun así existen como planteamiento.
Simeone estableció un 4-4-2 de los que tanto le gustan. Los medios de banda fueron Lino y Giuliano, futbolistas incasables que a veces ha usado de carrileros. Esto permitía que, en fase de repliegue, el Atleti pudiera formar una última línea de hasta seis hombres mientras su entrenador lo gozaba. Aunque apenas lo necesitó porque el partido fue dominado por su plan de ataque, igualmente dispuesto para las bandas.
El Atleti se establecía en la mitad rival con facilidad dada su superioridad técnica y entonces los laterales doblaban a los medios con rapidez, provocando el arrastre. En el inicio resultó fundamental Lenglet, de ahí que los ataques se concentraran por la izquierda. El fichaje de Lenglet fue muy cuestionado y ante el Slovan cometió el penalti de la esperanza eslovaca, pero lo que ha ganado el equipo desde que Simeone confía en él se refleja en la siguiente estadística: diez victorias, un empate y ninguna derrota con Lenglet sobre el campo. No solemos saber demasiado de fútbol, a qué negarlo.
Hubo más centros de la cuenta que no fueron rematados porque el plan adecuado era hundir la zaga de cinco del Slovan para acto seguido finalizar desde la línea del área. Por eso Simeone prescindió de Sorloth y confió en su pareja de mayor movilidad. Como estaba previsto, la idea se explotó por el sector de Lenglet y Galán, donde las irrupciones de este permitían el fuera-dentro tan beneficioso para Lino.
Desde esa lógica llegó el primer gol, obra de un Julián que se retrasó, recibió el balón de Lino y lo alojó en la escuadra. Lo hizo como si no le costara.
Decía Simeone en la previa que ellos habían tenido la mitad de descanso que sus rivales, por si acaso perdían tener la excusa perfecta. Y supongo que Weiss pensó que él cambiaría todo el descanso y la mitad de su alma porque su equipo tuviera al menos un jugador del nivel de Julián. O de cualquiera del Atleti. Para colmo, a la media hora de juego se le lesionó Marcelli, uno de sus destacados.

En la segunda mitad Griezmann hizo doblete antes de ser sustituido y que el Metropolitano aplaudirá como si el gesto se pagara. Y el partido tuvo poca historia más.
Guirassy puede con el Cubarsí-Íñigo, pero el Borussia no puede con el Pedri-Lamine
No se podía saber que a la zaga de este Barça le haría daño un delantero centro como Guirassy, 1.87 de músculo y potencia. El Borussia lo buscó tanto en largo como desde los costados. Quizá menos de la cuenta porque cuando lo hizo fueron las veces que consiguió hundir la temeraria zaga azulgrana.
Guirassy sacó un penalti a Cubarsí propio de juveniles cuando buscaba un centro desde la banda, y empató luego el partido en la única ocasión que su equipo consiguió deshacer la trampa del fuera de juego. No fue más eficaz aún porque pierde con balón controlado y cerquita tuvo a Casadó, que ganó duelos y recuperó balones por él y por todos sus compañeros.
Sin embargo, el plan-Guirassy se quedó cortó porque esta vez en el campo se mantuvo Pedri –a diferencia de ante el Betis-, porque lo de Lamine fue otro día jugando a la Play, pura rutina de ingenio, y porque el ingreso del siempre imprevisible Ferran resultó glorioso.
Que un centrocampista como Sahin diga que prefiere a De Jong de un equipo donde juega Pedri debería estar recogido como tipo penal y Pedri se lo hizo saber. El canario estuvo en el origen de los dos primeros goles, mientras De Jong ingresó en la segunda parte para jugar de enganche porque Flick no sabe muy bien qué hacer con él. Por su parte, Ferran es un cazagoles insólito, que acaba marcando aunque un control suyo estropee previamente una bella jugada, como sucedió en el 2-3.
Antes de que ingresara Ferran con un partido descontrolado y se aprovechara de ello, el juego pasó también por Olmo. El Borussia se replegaba en tres líneas y Olmo, ubicado entre las primeras, conectó con Pedri cuando la posesión de fondo azulgrana hacía saltar a un par de centrocampistas alemanes. Así se validaba la superioridad numérica por dentro conferida por el 4-3-3.
El Barça fue muy superior pero marchó al descanso sin marcar. Iniciada la segunda parte, los de Sahin consiguieron dar un paso adelante y entonces Olmo castigo la espalda de los volantes definitivamente.
Acababan de anular un gol de Guirassy por fuera de juego cuando, junto a la línea de banda, Pedri mantuvo una pelota que parecía imposible bajo el pressing de Couto y el aliento de todo el Signal Iduna. Es calma para elegidos. Conectó con Olmo, aún en su mitad de campo, y el control orientado del interior hizo el resto. Luego asistió al buen desmarque de Raphinha, pero fue hasta secundario.
Los controles de Olmo no deberían enseñarse en las escuelas de fútbol porque igualmente ninguno de los alumnos podría llegar a ejecutarlos. Debería retirarse algo en honor a esos controles, no sé, su marca de botas, un rival desorientado, el propio concepto. En el partido hizo dos de ellos, el primero para avisar del juego del Barça y el segundo para adelantarlo.
El doblete en media hora de Ferran se recordará como merece, pero que Pedri, Olmo y Lamine Yamal estuvieran en todas las jugadas con aportaciones clave es lo que volvió a dar una victoria de nivel al Barça. Ellos ganaron en Dortmund y todo lo demás es ciencia ficción.


El periodista que ha escrito esto sabe mucho de tácticas y de teoría, pero su indisimulada aversión a Simeone me hace sospechar que el caso de Lenglet no es el único que demuestra que de fútbol solemos saber muy poco.