Ciclismo

Insisto, recomiendo, enfatizo, vean ciclismo actual; no solo no tiene nada que envidiar al antiguo, es más divertido

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Vean ciclismo actual
Fem van Empel (Foto: Cordon Press)

Los años bisiestos y olímpicos, como el presente, son los mejores años. Seguro que París bien vale una misa y unos Juegos Olímpicos y deportivamente será un año legendario, pero si están imbuidos de espíritu olímpico y quieren ampliar sus horizontes más allá del rey fútbol, les recomiendo que este 2024 lo dediquen a ver ciclismo. Quizá no lo hayan visto nunca, quizá lo vieron en la infancia con aquellos Tours de Induráin que todavía nos saben a piscina, a Nocilla y a verano eterno.

A lo mejor se desencantaron por el dopaje, los escándalos o quizá con solo ver cuatro etapas del Tour usted ya es feliz, pero insisto, recomiendo, enfatizo, vean ciclismo. No solo es mejor ahora que antes, no solo no tiene nada que envidiar a las mejores épocas ciclistas por mucha turra que nos dé el ejército de la nostalgia, sino que estoy convencida de que es el deporte más divertido de ver actualmente.

Eso sí, empezamos con una serie de advertencias sensatas, tipo «no metas al gato en el microondas», para evitar futuras demandas. El ciclismo actual tiene muchas cosas mejorables. Como todo en la vida, llegar a adulto es aceptar que lo que más quieres o te gusta también te va a dar muchos disgustos. No me gustan que estén desapareciendo las etapas largas en las grandes vueltas, no me gusta que se fumen muchas de esas etapas (aunque también es una labor social dejarte tiempo para acabar con esa serie de Netflix), lo más divertido no se encuentra en las grandes vueltas y sí, está lo del dopaje, no hay apenas casos conocidos o mediáticos, pero para dolor de mi corazón este deporte (todo el deporte, en realidad) se ha ganado que arqueemos una ceja con escepticismo.

No pongan la mano en el fuego por nadie. Pero como ya tenemos Twitter o X o cómo se llame ahora esa red del diablo para amargarnos y que no nos guste nada, aquí estamos para contar lo bonito. Para convencerle de que engancharse al ciclismo es lo mejor que puede usted hacer. Estas son las razones:

Ese chico esloveno: La existencia de Tadej Pogačar ya justifica sin ningún añadido más el núcleo de este artículo. Este muchacho tiene enamorados a la comunidad ciclista, no solo por lo mucho que gana y gana mucho, diecisiete victorias en 2023, el que más solo por detrás del sprinter de Alpecin, Jasper Philipsen. Es la manera de ganar, capaz de exhibirse en la Paris Niza, ganar un Tour de Flandes en los morros de Mathieu van der Poel, que es como ganar al Madrid en Champions, y luego ir a por el Tour, sí, ese Tour que pierde con Jonas Vingegaard pero donde su estilo valiente y agresivo hace las delicias de los aficionados.

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Tadej Pogačar (Foto: Cordon Press)

La imagen de su derrumbe en la etapa de Col de Loze, el día siguiente después de perder casi dos minutos con respecto a Vingegaard en la contrarreloj de Combloux es una de las imágenes deportivas del 2023. Su sinceridad transmitida en directo con el audio que mandó a su equipo con el dramático «I am gone, i am dead», su humanidad reflejada en su rostro desencajado mientras Marc Soler, benditos sean los gregarios, no le abandonaba, nos demostró que la derrota también puede ser en cierta manera más bella que la victoria y nos dimos cuenta de que si queremos a Tadej ganando, lo hacemos más perdiendo, qué mejor razón para seguir al ciclismo en estos tiempos tan oscuros y tan resultadistas.

Esa carrera francesa: El Tour de Francia, amo absoluto de este deporte, el olimpo que marca la grandeza de un ciclista. Durante algunos años también ha sido una prueba decepcionante, con trenecitos que impedían ataques, excesivo conservadurismo, todo lo que se quejan y esta vez con razón los opinadores del no me gusta nada. Y en lo que se escudan para asegurarte de que antes el Tour no era así, obviando que la memoria es selectiva y nuestro corazón engaña al pensamiento continuamente.

La realidad es que las dos últimas ediciones del Tour han sido espectaculares. La de 2022 se vio marcada por ese ataque coral y magistral del Jumbo en la etapa de Col de Granon a un Tadej Pogačar que parecía invencible y en el 2023 seguimos con el duelo entre el esloveno y el danés Jonas Vingegaard que firmó la hazaña de Combloux para dejarnos patidifusos a todos. Y sí, hay rumores, como antes, como ahora, como siempre, pero hay que empezar a dejar de acusar a la gente sin pruebas, se puede empezar por el deporte y a lo mejor acaba uno teniendo una mejor democracia, que falta hace.

Esas carreras de un día: Pero no solo de Tour puede vivir un aficionado al ciclismo, estamos en la era de la (pos)modernidad y para poder mantener la supremacía del ciclismo actual sobre el antiguo no podemos prescindir del buen momento en que viven las clásicas, carreras de un día con una larga, por fin, kilometrada donde hay palos desde el principio y que son una oda al ciclismo atrevido, valiente.

Y si Tadej es la gran estrella del momento, no hay duda de que en el podium de los más queridos y admirados le acompañan Mathieu van der Poel y Wout Van Aert, un holandés, medio francés nacido en Bélgica, y un belga, con familia neerlandesa, cuyo jardín preferido son estas competiciones de pedruscos y leyenda. El ciclismo es un canto al europeísmo, no en vano el corazón de las clásicas se encuentra en Flandes, este deporte seguro que a Ursula Von Leyen le gusta.

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Mathieu van der poel (Foto: Cordon Press)

Ataques a 80 kilómetros, pinchazos inoportunos, barro hasta las orejas, caídas espectaculares, si el panenkismo es la señal gafapasta del fútbol en ciclismo hay que ser vandepulita, concepto inventado por Jose Lobo, escritor de Yonquis y Gitanos y creador de epítetos, y no perderse ni la carrera de la asociación de amas de casa de Malinas, Flandes Oriental. Empieza a mediados de marzo en las costas de Italia con la Milán San Remo y acaba con la disputa de la carrera decana, la Lieja Bastogne Lieja y ese mes y medio es una mañana de Navidad continua para los aficionados. Olvídese del Tour, en esas seis semanas está concentrada toda la belleza y garra del ciclismo.

Ese ciclismo de barro y arena: Lo que están haciendo Van Aert y Van der Poel en las clásicas no es más que el remake de una película de culto que llevan años protagonizando en los campos embarrados de Flandes. Si lo de ser vanderpulita en las clásicas le ha gustado, el ciclocross es el vanderpulismo extremo, carreras explosivas de una hora de duración, olvídese de la siesta, y todo un catálogo de destreza técnica sobre una bicicleta que hacen las delicias de aficionados y tikotkeros.

Las carreras son una institución en el Benelux, sobre todo en Flandes, las campas se ponen hasta las patas, la cerveza belga corre por doquier (a veces para mal) y es lo más parecido a un festival de música, rockera por supuesto. Si el rey del barro es Van der Poel, la reina es otra ciudadana de los Países Bajos, Fem Van Empel, para que los aficionados a la Fórmula Uno se sientan como en casa y no estén un minuto sin escuchar el himno neerlandés.

Esas espectaculares mujeres: Si Puck Pieterse, Fem Van Empel, Lucinda Brand o Ceylin del Carmen Alvarado son las reinas del ciclocross, sus homólogas en carretera llevan también un par de años ofreciendo toneladas de diversión. También dominan aquí belgas y neerlandesas con Lotte Kopecky y Demi Vollering saliéndose en todos los terrenos. Gracias a las mejoras en profesionalización, la brecha con los hombres es cada vez menor, y el que gana es el espectador, la igualdad de oportunidades produce el doble de felicidad.

Habrá brechas físicas imposibles de subsanar, pero es que nos importa un carajo. Si las carreras de hombres son divertidas, las de mujeres lo son aún más, una locura táctica donde las distancias no son definitivas hasta el final, ataques por todos lados y valentía a raudales. No se queden con la mitad, vean a las chicas también.

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Wout van Aert (Foto: Cordon Press)

Ese no sé qué que yo qué sé: A poco que hayan crecido en una familia con cierto gusto por el deporte seguro que han oído miles de historias sobre los grandes personajes del ciclismo, desde Ocaña a Merckx hasta el llorado Marco Pantani o el infame Lance Amstrong. Las generaciones venideras también tendrán su ración en los próximos años, no falta carisma en el pelotón. Si les gustan los chicos tímidos, la clase trabajadora que se levanta a las cinco de la mañana, flipará con Vingegaard, decidido con tenacidad nórdica a reinventar todos los récords del Tour de Francia.

Y este año igual se anima con el Mundial y con los Juegos, todos amamos los Juegos. Pueden quedarse con algunos de los ya tres reyes magos citados (Tadej, Mathieu o Wout). O con Remco Evenepoel si les gusta un poco de chulería pero con corazón noble, otro tarado en el buen sentido capaz de atacar a 70 kilómetros de meta, de hundirse en la montaña y perder la Vuelta y al día siguiente ganar la etapa y hacernos a todos de su club de fans.

No se paga entrada en ciclismo, pero Remco lo valdría. O quizá podría quedarse con la historia de Primoz Roglic, que con 23 años limpiaba escaleras mecánicas y ni siquiera tenía bicicleta y ahora lleva, entre otras cosas: una Lieja Bastogne Lieja, un oro olímpico, tres Vueltas y un Giro. Primoz es un poco «pupas», se ganó nuestro cariño después de perder un Tour el último día ante Pogacar en La Planche des Belles Filles.

Cubierto por casco mal puesto su imagen llegando a meta es difícil de olvidar pero lo que deberíamos tener siempre presente es la infinita elegancia que mostró para aceptar con regia dignidad una dolorosísima derrota. Desde entonces muchas victorias y muchas caídas, con Primoz nunca sabes si acabará una carrera. Hasta el Giro lo ganó con avería mecánica incluida en la cronoescalada decisiva, casi matando de infarto a todos los que tenemos la desgracia de quererle. Si acaba una carrera es altamente probable que la gane, es seguro que se toma una cerveza al finalizar y más seguro todavía es que todo el mundo se alegrará, porque ante todo es un tipazo y a quien no le gusta que gane un tipazo.

Esa clase media: No solo las estrellas valen la pena, hay una clase media algo opacada ante la tiranía de los llamados «Big6» que, sin embargo, ha firmado páginas relucientes en los últimos años. El vertiginoso descenso de Tom Pidcock (otro ciclista multidisciplinar, campeón del mundo de ciclocross y mountain bike) para ganar la etapa de Alpe D´Huez o el de Mohoric en el Poggio para ganar la Milán San Remo de 2022. Desde Arnaud de Lie a Philipsen, de Skjemolse a Juan Ayuso, existe una considerable cifra de muy buenos ciclistas capaces de tutear con descaro a los grandes y cuyos nombres hay que tener muy cuenta.

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Primoz Roglic (Foto: Cordon Press)

Estas solo son algunas de las razones para engancharse a la temporada ciclista, habrá muchas más, pero lo más importante, más allá de gustos o de consideraciones sobre las cosas del ciclismo de antaño que echamos de menos y que nunca olvidaremos. Lo de hoy está pasando hoy, lo estamos viviendo. Las fotos del pasado son fotos fijas en las que hemos recordado lo que queremos recordar. Una visión idealizada de un mundo que en realidad nunca fue tan idílico.

En las famosas fotos de puertos como el Gavia nevado en 1988 nadie te cuenta que en aquella etapa casi todos acabaron llegando en coche, como es lógico y normal. El ciclismo antiguo de la épica y el romanticismo también tuvo las redadas contra Festina o Pantani muriéndose solo en una habitación de hotel, o el corazón de Tom Simpson explotando en un coctel de anfetas y alcohol, porque entonces era normal subir un puerto puesto de droga y de whisky o las muestras de sangre guardadas en frigoríficos.

No pongamos la mano en el fuego por nadie, el dopaje existe y existirá, las desgracias y los juguetes rotos también, pero de momento el ciclismo actual es un montón de chicos simpáticos jugando a montar en bici y haciendo historias inocentes en Instagram mientras nos ofrecen algunos de los momentos más emocionantes del deporte actual. Y está ocurriendo ahora, no corramos el riesgo de ponernos dentro de veinte años a añorar una época que está pasando sobre nuestros ojos mientras recordamos algo que ya sucedió y no volverá nunca. Lo mejor está siempre por venir. No lo olvidemos ni en el deporte ni en la vida.

9 Comentarios

  1. Chapeu, bonito artículo. Se agradece un artículo bien contado y lejos del amarilleo actual.

  2. Juan Ramón de Rafael Nerpell

    Magnífico artículo. El ciclismo actual es espectacular a más no poder. Tanto el masculino como el femenino. Con unas hazañas increíbles que no tienen que envidiar a las contempladas en todas las épocas. En los últimos 120 años. Pero los Pogacar, Vingegaard, Roglic, Evenepoel, Van der Poel, Van Aert, son unos ciclistas increíbles. Fuera de Serie. Sin menospreciar a los antiguos ases del Pedal: Bartali, Coppi, L. Bobet, Anquetil, Hinault , Koblet, Van Looy, Van Steenbergen, Gaul, Bahamontes, Ocaña, P. Delgado, Contador, Valverde, Indurain, Nibali, Froome, etcétera.

  3. Juan Ramón de Rafael Nerpell

    Me dejaba el comentar las extraordinarias competiciones ciclistas femeninas de los últimos años. Singularmente los dos o tres últimos. Con espectaculares hazañas de las ciclistas holandeses principalmente, sin olvidarnos de otras italianas, belgas, suizas y hasta españolas en tiempos más lejanos. Con extraordinarios registros cronométricos en escaladas y en contra reloj. Y con batallas tremendas en clásicas y grandes Vueltas. Y en los disputadísimos Campeonatos Mundiales recientes. Seguiremos comentando…

  4. Si el ciclismo se recupera tras el viaje a ninguna parte del tejano y otros como él, será gracias a esta generación, ilusión, valentía, determinación y tal vez (lo digo sin saberlo) a que los pinganillos, potenciometros y otros castradores de la voluntad, queden en segundo plano, aplastados por la bendita locura de estos niños en bicicleta. El tiempo lo dirá, mientras preparaos para el espectáculo!
    Felicidades por el artículo!

  5. «Las carreras son una institución en Benelux» pues no. En Bélgica desde luego pero en Holanda, pese a su afición por el ciclismo, apenas hay carreras y menos de renombre, principalmente por motivos de cobertura policial.

    En cuanto a Luxemburgo, la mayor prueba ciclista es el equivalente a la vuelta a Burgos, para qué decir más.

  6. Gran artículo, sí, capaz de motivar a cualquiera a disfrutar del ciclismo. ¡Gracias!

  7. Gran artículo, muchas gracias!

  8. Viva el chaba!

  9. ¡Enhorabuena por el artículo! Y totalmente de acuerdo: es un deporte espectacular y cada vez más emocionante.

    Añadiría que las retransmisiones son en general muy buenas y ayudan a “meterte” en la carrera y a seguirla como si estuvieras pedaleando con ellos.

    Disfrutemos mientras podamos!!

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