Historia del fútbol español

«El deporte como arma»: cuando la Unión Soviética trató de que Real Madrid y Barcelona jugaran en Moscú

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Extracto del informe de la División de Investigación Social acerca del deporte como propaganda en la Unión Soviética (Archivo General de la Administración). Foto: Julen Berrueta.

La revolución del fútbol surgió en la década de los cincuenta. Con la II Guerra Mundial en el recuerdo de todos, pero anclada en el pasado, los periódicos volvieron a fijarse en el deporte rey, que cada vez conseguía más adeptos por todo el mundo. Entre 1950 y 1960, tuvo lugar el Maracanazo, se fundaron la Copa de Europa y la Eurocopa, se dio a conocer un joven brasileño al que llamaban Pelé, y un tal Alfredo Di Stefano era aclamado por los aficionados españoles que lo veían superior a cualquier jugador que tuviese enfrente. En parte, gracias a su calidad, el Real Madrid se hizo con el trofeo de campeón de Europa durante cinco años seguidos, desde 1956 hasta 1960. A su vez, Kubala deslumbraba en el FC Barcelona, mientras que el Atlético de Madrid cosechaba triunfos a nivel nacional.

Miles de kilómetros al este, en la Unión Soviética, el fútbol levantaba pasiones por igual. Había explotado mientras Nicolás II regía sobre el Imperio ruso, y tras la Revolución bolchevique, el deporte se convirtió en un campo de batalla más para combatir al capitalismo. Muchos de los equipos que nacieron en la década de los veinte estaban asociados a sindicatos u organizaciones de trabajadores, y las federaciones deportivas se encargaron de controlar las reglas del juego. El FC Lokomotiv Moscú, fundado en 1922, había nacido con el nombre de Club de la Revolución de octubre, y el nombre actual está claramente ligado a la industria ferrocarril de la época. El CSKA Moscú, por ejemplo, estaba vinculado al Ejército, mientras que la creación del Torpedo Moscú fue promovida por el sector automovilístico.

En pleno éxtasis futbolístico español y mundial, y en mitad de la Guerra Fría, la Unión Soviética planteó la posibilidad de que los grandes clubes españoles viajaran a tierras socialistas. La idea era que equipos de la talla del FC Barcelona, Real Madrid, o Athletic de Bilbao participaran en diversos torneos enfrentándose a los conjuntos rusos que poco a poco se hacían un hueco en el panorama internacional. El problema radicaba en que el régimen franquista desconocía la existencia de estos planes; los soviéticos lo habían urdido por su cuenta y de manera unilateral.

El Torpedo de Moscú en 1957 (Foto: torpedo-arhiv)

La desconocida iniciativa llegó a oídos de las autoridades españolas en la segunda mitad de la misma década, y no tardaron en mirar con recelo al país comunista. Entre 1954 y 1959, miles de españoles habían regresado a España desde la Unión Soviética. La mayoría eran niños de Rusia que habían sido enviados a tierras rusas durante la Guerra Civil española. Tras crecer y formarse allí, algunos, alcanzada la mayoría de edad, habían optado por volver a España. Junto a ellos, retornaron algunos voluntarios de la División Azul que llevaban cautivos en la URSS desde la II Guerra Mundial, y también unos pocos exiliados políticos que habían decidido regresar a España.

Todo aquel que desembarcaba en España y provenía del Estado socialista sufrió la tenaz vigilancia de la Dirección General de Seguridad, que trataba de evitar la llegada de espías y comunistas encubiertos. A través de interrogaciones y recogidas de datos, las autoridades españolas elaboraron una serie de informes sobre la Unión Soviética; desde su infraestructura a los campos de concentración; de la vida cotidiana del país al deporte.

El Informe Especial elaborado por la División de Investigación Social dejó por escrito el 12 de junio de 1957 que la Unión Soviética pretendía «hacer una campaña dirigida a la colonia española y orientada hacia el campo deportivo». Los rumores eran antiguos, pero los servicios de inteligencia españoles nunca descartaron la posibilidad. Algunos de los retornados habían declarado a su regreso que el Dinamo de Moscú se mostraba «deseoso» de invitar al Real Madrid a jugar en la capital rusa. Para las autoridades franquistas no se trataba de un interés genuino por el deporte, ni mucho menos un acercamiento entre dos países antagónicos ideológicamente. En su opinión, la propaganda «más barata y cómoda» era la propaganda deportiva. A través de ella, se podíanmovilizar grandes masas de opinión pública a cuestiones que trascendían el balompié. «Lo que para otros es un simple deporte, o a lo más un capricho, para Rusia es siempre una maniobra de más alcance», se lee en el escrito con el título de El deporte, nueva arma soviética.

Según el texto redactado a máquina, el encuentro futbolístico no era sino propaganda soviética para ganarse el favor de los españoles que todavía vivían allí: «Es evidente que, para los españoles residentes en Moscú, tal noticia, de confirmarse, motivaría una auténtica exaltación patriótica, que de no confirmarse, llevaría consigo la natural desilusión y crítica de nuestras autoridades, las que serían responsables ante sus ojos de que el Madrid no jugara en Moscú».

En resumen, la jugada maestra pasaba por organizar un torneo con la presencia de clubes españoles en Moscú, lo que generaría un gran revuelo entre los exiliados españoles. La presencia de españoles en suelo soviético se contabilizaba por más de 4.000 tras la Guerra Civil española. Si los equipos acababan rechazando la invitación, los exiliados culparían al franquismo de haber interferido en asuntos deportivos. En cualquier caso, la Unión Soviética salía ganando de aquel torneo, se disputase o no. «Claramente se deduce que para la Unión Soviética y sus dirigentes, todo lo que sea útil para mover la opinión española a su favor es un tanto que se apunta y un triunfo político que sabría explotar su sistema de propaganda, oportuna y concienzudamente. Salta a la vista que, presentando el problema en el puro campo deportivo, nada habría que objetar si nuestros deportistas participasen en otros países, pero precisamente en la Unión Soviética, hace peligroso el juego de la maniobra que el Gobierno ruso traza para abrir una pequeña brecha en la opinión pública española», concluye el documento.

Lo cierto es que las autoridades del régimen conocían a la perfección cómo la política y el fútbol podían ir de la mano. Aquello de que el ladrón piensa que todos son de su condición sirvió para sospechar del trasfondo del torneo que pretendía promover la Unión Soviética. El Real Madrid, a través del régimen, llevaba años viajando a países aliados para disputar encuentros futbolísticos y utilizando el fútbol como un atributo más de la política exterior de España. La Portugal de Salazar o la Argentina peronista habían albergado diversos partidos a nivel de clubes con el equipo merengue, y la Delegación Nacional del Deporte, fuertemente vinculada a Falange Española Tradicionalista, había rehusado concertar partidos con países que no guardaran con España «relaciones de franca amistad».

Tal y como señala en sus investigaciones el historiador Eduardo González Calleja, catedrático en la Universidad Carlos III de Madrid y especializado en historia del deporte, «el inicio de las ‘glorias deportivas’ madridistas coincidió con el momento en que el régimen de Franco dejaba de ser el paria político del mundo occidental gracias a la firma de los pactos militares con los Estados Unidos en septiembre de 1953». No obstante, del abandono de la autarquía y del aperturismo español a entablar relaciones diplomáticas con un país comunista como la Unión Soviética se hallaba todo un mar de disonancias ideológicas.

El Real Madrid terminaría jugando en la Unión Soviética, pero no sería hasta pasados dieciséis años. Y no sería en Moscú, sino en Odesa contra el Dinamo de Kiev en competición europea. Para aquel entonces, pese a que la Guerra Fría seguía su curso, se vivía una relativa «coexistencia pacífica», a diferencia de aquellos años cincuenta en los que tanto la URSS como España destacaban por su hermetismo político y el recuerdo latente de las guerras recientes.

2 Comentarios

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