Perfiles

Djokovic: Cuanto más fuerte es la caída, más dulce es el regreso

«Paciencia, confianza en uno mismo y apegarse a los principios que le importan a una persona». Así responde Novak Djokovic a la pregunta sobre lo que aprendió de su aparatosa experiencia del año pasado en Australia. Como él dice, fue atacado por todos lados, prácticamente por todo el mundo, pero se mantuvo fiel a sí mismo y, ahora, está de regreso en suelo australiano, en busca de su décimo título en el OPEN de Australia, el torneo en el que ha sido más exitoso a lo largo de su carrera.

La primera quincena de enero de 2022 fue inimaginable para los aficionados al deporte y al tenis. Djokovic no solo apareció en las primeras planas de los medios deportivos, sino que los medios de comunicación más importantes del mundo siguieron su caso al minuto. Uno de los mejores tenistas de todos los tiempos estaba bajo custodia en Australia.

El tenista serbio partió rumbo a Australia con un certificado de exención médica aprobado por dos organismos independientes. Hizo una desafortunada publicación en Instagram antes del despegue y, mientras estaba en el aire, algo cambió. El gobierno australiano, que iba a perder las elecciones, vio ahí una forma barata de ganar puntos políticos, y así empezó todo el asunto, a pesar de que la tenista checa Renata Voracova y el entrenador Filip Serdarušić ya estaban en Australia desde hace varios días con la misma exención.

Djokovic apeló y ganó en la corte, las palabras que pronunció el juez Kelly quedan para el recuerdo: «¿Qué más podría haber hecho este hombre?» A pesar de esto, el ministro de Inmigración, Alex Hawke, usó su poder discrecional y revocó el visado de Novak, deportándolo del país. Fue el final de un episodio doloroso para todos, incluidos los periodistas deportivos que, de la noche a la mañana, tuvieron que aprender a fondo tanto medicina como la ley australiana.

El mundo pasó página, pero Djokovic, durante los meses siguientes sintió la huella de todo lo que le había sucedido. Se apartó de la escena pública, pero no pasó a la clandestinidad, se fue a recorrer Montenegro y a buscar la paz espiritual en el monasterio de Ostrog. También estuvo en Serbia, recibió el cariño de su pueblo y tuvo su primera aparición pública en una entrevista con la BBC. ¿Por qué exactamente en uno de los medios que habían sido más duros con él?

«Si se lo hubiera cedido a alguien con quien tengo una buena relación me dirían: ‘Aquí está, ha montado una entrevista para que no le pregunten nada, huye de las situaciones embarazosas, esconde algo…’ De esta forma, los que más me habían criticado podían preguntarme todo lo que quisieran».

En esa entrevista, Djokovic confirmó públicamente que no se había vacunado y dijo que no pensaba hacerlo, al precio que fuera. Y pagó y sigue pagando. El año pasado no jugó en el US Open, uno de los cuatro torneos más importantes del año, y se perdió cuatro torneos más en Norteamérica, ya que no pudo entrar al país como extranjero no vacunado. Las reglas en los EE. UU. aún no se han cambiado y existe el riesgo de que Novak también se pierda los mismos torneos tan importantes esta temporada.

«¿Por qué?», le espetó el reportero de la BBC.
«Los principios para tomar decisiones sobre mi cuerpo son más importantes que cualquier título o cualquier otra cosa», respondió Djokovic.

No era la primera vez que había creado polémicas de alcance mundial. El Adria Tour que organizó en medio de la pandemia recibió la condena mundial, en gran parte con razón, a pesar de que el torneo siguió todos los pasos y las recomendaciones de las autoridades del momento. Fuera de Serbia era difícil entender el contexto social en el que se había disputado esos días el derbi de fútbol entre Partizan y el Estrella Roja ante veinte mil personas sin adherirse a ninguna medida anti-covid.

No mucho después, Djokovic fue descalificado del US Open por golpear con la pelota a un juez de línea en la garganta, sin querer, pero lo suficiente como para ser expulsado del torneo. Un incidente rara vez visto en las canchas de tenis.

Sin embargo, no hay nada que pueda compararse con su incidente australiano. Aunque esperaba un huracán mediático, no le fue fácil sobrellevarlo. Se notó cuando volvió a la cancha en Dubái y, también, en su Belgrado natal. Ponerse a punto era complicado si no sabía exactamente que torneos se le iba a permitir disputar, pero además, en su lenguaje corporal estaba claro que no era el mismo de antes. Necesitaba tiempo. Es algo que admitiría en varias entrevistas posteriores.

«Créanme, el 95 por ciento de las personas nunca habrían podido regresar si les hubiera sucedido lo que le sucedió a él en Australia», dijo Goran Ivanišević, entrenador de Djokovic.

En esos momentos le pasaron todo tipo de cosas por la cabeza, pero con el apoyo de su familia y equipo, no tardó en enderezar el rumbo, en volver a ser el mismo de siempre. Ahora, tras Roma y Roland Garros, le ha vuelto el brillo en la mirada, el lobo a vuelto a tener hambre, como le gusta decir al propio Djokovic.

Hay que entender que su personalidad es obsesiva. Cuando se centra en una cosa, es capaz de olvidarse de todo lo demás. Así, poco a poco, volvió a encontrar su libertad y su refugio dentro de la pista de tenis. Cuando por fin llegó Wimbledon, otra vez volvía a ser en un momento determinante de su carrera. Nada nuevo, antes siempre había sido así.

Años atrás, con cada trofeo sobre el césped del All England Club, daba un gran paso para convertirse en el mejor tenista de todos los tiempos. Primero, en 2011, Djokovic expandió su imperio de Grand Slam fuera de Melbourne, convirtiéndose simultáneamente en el número uno por primera vez en su carrera. Después, en 2014, con una victoria sobre Federer en la final silenció a los incrédulos que, después de una serie de decepcionantes derrotas en las últimas etapas de Slams, comenzaban a cuestionar su capacidad para ganar grandes partidos. Su tercer título de Wimbledon en 2015 fue la piedra angular del «Nole Slam», que coronó con el título de Roland Garros en 2016. Así, junto a Rod Laver, Djokovic se convirtió en el único de la historia con los cuatro títulos más grandes en su poder al mismo tiempo.

Luego, con una espectacular racha de victorias en Wimbledon 2018, Djokovic completó una remontada milagrosa después de más de dos años sin un título de Grand Slam. Un año después, salvó dos puntos de partido seguidos para finalmente derrotar a Federer en uno de los partidos más famosos de todos los tiempos, y en 2021, con el título de Wimbledon, empató con Nadal y Federer a 20 títulos de Grand Slam cada uno, algo que parecía impensable.

En Wimbledon 2022 de nuevo se encontró frente a su destino. Había nerviosismo, pero nada fuera de lo normal, el lógico para un torneo de esa magnitud. Novak estuvo cerca de la eliminación en los cuartos de final, cuando el joven Janik Siner tomó una ventaja de 2-0 en sets. En ese momento, Djokovic fue al baño, se miró en el espejo y pronunció las siguientes palabras: «Puedes hacerlo. Creer en ti mismo. Ahora es el momento. Olvídate de lo que ha pasado. Empieza un nuevo partido. ¡Vamos, maestro!»

Hotel donde Djokovic fue retenido en Australia

Esa actitud era la señal de que volvía a ser el de siempre, que estaba de nuevo listo para extraer fuerza psicológica donde parecía no haberla. Volvía la roca mental. Unos días después, derrotó a Nick Kyrgios en la final del domingo, y las lágrimas fueron cinematográficas. El personaje principal pasa por numerosas dificultades para terminar experimentando una redención. Cuanto más fuerte es la caída, más dulce es el regreso a la cima. «Buah, este hombre es una máquina» -comentó un periodista- «Sí que es vulnerable, simplemente es que, desde que era niño, está acostumbrado a obstáculos que no son comunes»

En el rostro de Djokovic, tanto en la ceremonia de entrega de la copa como en la conferencia de prensa, predominaba una emoción: serenidad. Era un trofeo con el que había pasado página, con el que resurgió de las cenizas como un fénix. También se perdió el US Open por su -dirán muchos- actitud obstinada de no vacunarse, pero terminó la temporada de milagro al ganar las Finales de la ATP en Turín, torneo que no ganaba desde 2015.

Justo en ese momento, llegó otra buena noticia: le levantaron la prohibición de entrar en Australia. El hecho de que Australia levantó todas las restricciones anti-covid solo tres semanas después de la deportación de Novak ilustra lo inútil que había sido la farsa del año pasado.

En ese momento, Djokovic estaba enfadado y triste, pero había pasado el tiempo y llegaba el momento de volver a Australia. Nunca lo admitirá, pero dentro de él lo que arde es el inat. Esta palabra no puede traducirse, es un término presente en todas las lenguas de los Balcanes y hace referencia a un enfado fuera de lo común, fruto del orgullo, a veces con sentido de venganza. La cuestión es que cuando alguien cae en un estado de inat ni siquiera ve lo que tiene por delante. Bien llevado, sirve para lograr metas impensables; mal llevado, conduce a la autodestrucción. Ahora no cabe duda de que Djokovic está poseído por este sentimiento, que no debe permitir que estalle. Sería contraproducente, pero no hay duda de que su motivación en Melbourne ahora mismo no puede ser más fuerte.

Novak llegó antes a Australia, a finales del año pasado, para jugar un torneo más pequeño en Adelaide. Una decisión inteligente. No tanto por el tenis y su estado de forma -Novak ganó el Open de Australia con y sin torneos preparatorios- sino por todo lo que había pasado. Se dio un tiempo para acostumbrarse al ambiente de Australia, ya que su llegada provocó una nueva ola de atención que poco tiene que ver con el deporte en sí. Fue una forma de manejar los tiempos. Durante ese torneo de menor importancia se produjo la tormenta de textos periodísticos. Ahora, cuando ya ha empezado el plato principal, el Open de Australia, ha desparecido en parte.

No obstante, el público de Adelaide lo recibió calurosamente, incluso con euforia en ocasiones, y lo mismo sucedió en Melbourne, donde Djokovic disputó un partido de exhibición con el héroe local Nick Kyrgios. Ayer, pese a comenzar el torneo con un vendaje en su muslo izquierdo, jugó como si nada hubiera ocurrido el año anterior.

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