Análisis táctico

Viaje al centro de la mente de Louis Van Gaal

En la rueda de prensa previa al partido entre Países Bajos y Argentina por los cuartos de final de Qatar ‘22, el seleccionador neerlandés Louis Van Gaal, molesto al ser acusado de defensivo, declaró que «hay que entender que el fútbol evoluciona. Ya no se puede jugar como en el 74 o en el 98. Hoy es más difícil jugar de manera ofensiva». Una afirmación que enfrentaba el fútbol arriesgado que le llevó al éxito en los años noventa ante el de mayor cautela que propone desde 2014, cuando desarrolló «un sistema más defensivo».

Este sistema había sido detallado por él mismo en una entrevista para De Volkskrant, donde reveló: «cuanto más tiempo fui entrenador, más aprendí a amar el sistema 1-5-3-2. Puedes atacar con él. Puedes defender con él. Puedes presionar al rival en cualquier lugar y, si lo juegas bien, corres menos riesgo de que el oponente te rompa, porque tienes tres defensores en el centro. Yo también pensé que el 1-4-3-3 era la mejor manera de formar triángulos en todo el campo, pero entonces aún no tenía la capacidad de ver las bendiciones de ese otro sistema».

Al respecto de ese cambio de parecer, días atrás el seleccionador había concluido, según recoge El País, lo siguiente: «Yo no vivo en el pasado, sino en el presente y en el futuro. Mi ADN era el Ajax. Usar dos extremos, atacar, atacar y atacar. Nada más. Hasta que un día, cuando entrenaba al Barça, perdimos contra el Valencia 3-4 después de ir ganando 3-0. Reflexioné y vi que necesariamente tenía que estar cometiendo un error. Si no miras las cualidades de los oponentes y los contrastas con tus jugadores, no te das cuenta de que para ganar debes ser menos ofensivo».

Si se repasa la historia, aquel partido contra el Valencia corresponde a su primera temporada como entrenador barcelonista. Concretamente, a la jornada 21 de Liga. El dato es confuso, puesto que Van Gaal no varió tras aquella derrota. Siguió alternando los esquemas 3-4-3 y 4-3-3 que usó en el Ajax. Atacó con extremos, posicionó a casi todos los futbolistas por delante del balón y en la mitad de campo rival, presionó hacia delante, etcétera. Con ello ganó más títulos, por ejemplo esa y otra Liga con el Barça. También volvió a perder contra el Valencia, dos temporadas después, semifinal de la Liga de Campeones donde se cometieron errores similares. Este delicado momento, que desencadenó su salida del club tras un curso en blanco, sí podría ser el punto de quiebre real de sus pensamientos, puesto que Van Gaal ha asegurado en varias ocasiones que fue «durante su etapa en el Barcelona» cuando reflexionó.

El punto de partida es interesante para estructurar este texto, como se verá más adelante. Sin embargo, puesto que podía haber sido cualquier otro partido, no es demasiado significativo en relación a las conclusiones extraídas por Van Gaal. Lo que de verdad cabe destacar de sus palabras es el hecho de que el técnico asevere que ahora no aplica aquellas consignas en sus equipos porque el fútbol ha evolucionado y actualmente hay que ser más defensivo.

Sobre esas declaraciones, lo primero que hay que preguntarse es: ¿acaso el fútbol actual es diferente al antiguo? La respuesta es que no. Cierto que hay más preparación física, pero también «los defensores están mejor físicamente que antes», como dijo el propio Van Gaal. ¿Ha cambiado, entonces, en el siglo actual, alguna regla determinante para el juego? No. Aunque el técnico opine que «los espacios son cada vez más pequeños», la realidad es que los espacios útiles son los mismos, puesto que las medidas del terreno se mantienen, el número de futbolistas es invariable y la norma del fuera de juego no volvió a cambiar desde aquellos tiempos. ¿Y los conceptos, se modificaron? Tampoco. Como toda actividad, el fútbol tiene principios inalienables.

Relacionada con la anterior, hay otra sentencia clave en sus declaraciones. Es esta: «Si no miras las cualidades de los oponentes y los contrastas con tus jugadores, no te das cuenta de que para ganar debes ser menos ofensivo», para acto seguido relacionar la ofensividad o defensividad directamente con el sistema de juego aplicado.

Poca duda cabe de que Van Gaal lleva razón cuando dice que la máxima del entrenador consiste en detectar las cualidades de los rivales y aplicar un plan en tu equipo que las anule y los supere. Sin embargo, el resto de apreciaciones del técnico no dejan de ser cuestionables. ¿Son el modelo y el sistema de juego propuestos por Van Gaal en los noventa la matriz de algún problema? Y, en cualquier caso, ¿hay que ser más defensivo hoy que ayer para pretender competir? Cuesta responder a estos interrogantes de manera afirmativa si se ve jugar, por ejemplo, al Manchester City dirigido por Guardiola, uno de los equipos más ganadores de la actualidad. Por momentos, un partido de los citizens parece, en forma y fondo, uno de aquel Ajax campeón de Europa.

Así que, como es difícil aceptar conclusiones cuasi científicas sobre tiempo y maneras en fútbol, hay que intentar analizar el juego para demostrar que, al menos en lo respectivo a esos aspectos, Van Gaal mezcla categorías del mismo y también confunde entre causas y efectos.

Van Gaal con su famosa libreta en 1998

Este artículo trata de atender al fútbol mismo para mostrar que cuestiones como el esquema, la altura de los zagueros o el número de jugadores en la delantera o la zaga empleados en un partido son menudencias en relación al ser del juego. Que todos ellos, per se, no indican nada. Mostrar que cada una de las variantes del juego funciona atemporalmente, siempre que tenga lógica. Mostrar que las sentencias «hay que ser más defensivo» o «hay que ser más ofensivo» son meras abstracciones, y en cualquier caso tampoco determinan el juego. Demostrar que, en esencia, para intentar jugar mejor y ganar lo que un entrenador puede hacer, hoy, ayer y siempre, es elegir a los futbolistas más adecuados en cada zona (y a poder ser también de mayor nivel que el rival), detectar el plan del oponente para contrarrestarlo y, por encima de todo, no contravenir conceptos del fútbol.

Hágase, como no puede ser de otro modo, sobre los partidos, desde los futbolistas y los conceptos del juego. Repásense las situaciones concretas que se dieron en aquel Barça-Valencia de 1998, en primer lugar. Y finalmente las dadas en el Países Bajos-Argentina de Qatar ´22. Ellas y solo ellas hablarán del juego y pondrán cada cosa en su lugar.

Van Gaal usó futbolistas desacordes a su idea

Cuando Van Gaal llegó al Barça dijo que en sus equipos «el portero es el jugador número once». A expensas de Hoek, su ayudante, solicitó el fichaje de Hesp. Un portero neerlandés «parecido a Van der Sar», dijo. Con lo del jugador once, Van Gaal significaba que su portero no habría de limitarse a parar balones. Busquets, otro de los componentes de aquel equipo, había explicado la situación poco tiempo antes en El País: «Hoy tienes que estar muy atento a la jugada. El portero es el jugador que más se ha visto afectado por la evolución del reglamento. Le costaría a un portero retirado adaptarse al fútbol de hoy. Una de las principales exigencias es tener un buen juego de pies. El Barcelona es un equipo ofensivo que requiere un portero que tenga aptitudes para jugar fuera del marco».

Hoek es especialista en preparar porteros para esta faceta. En una entrevista para la web barcelonista EUMD, contó lo siguiente: «Cuando se cambió la regla de la cesión al portero, en el 1992, cambió todo. (…) Cuando estuve con Cruyff en Ámsterdam queríamos jugar de esa manera y necesitábamos porteros con unas características concretas. Guardametas muy buenos anticipando los balones que pudiera lanzar el contrario en profundidad, y que también pudieran participar como un jugador de campo…».

En aquel Ajax jugó el rápido y atrevido Menzo, limitado parador de balones. Ya en el Barça, como Van der Sar era muy caro, ficharon a Hesp. Según Hoek, «Hesp tenía el perfil de un portero del Barcelona. Busquets también, aunque él no era tan completo en todos los aspectos como Hesp. (…) Baía era un portero impresionante, pero un portero más tradicional y menos preparado para jugar desde atrás, anticipando espacios…»

Para los estándares de la época, quizá Hesp fuera más adecuado que Zubizarreta, a quien Hoek incluyó entre los de la vieja orden, habida cuenta de que controlaba sus nervios cuando le cedían el balón, mandándolo en largo las veces que fueran necesarias. Pero, a diferencia del hábil Busquets en esa faceta, el ex del Roda estaba lejos de ser un portero ideal para la idea de juego de Van Gaal. Aun con ese entrenamiento específico del preparador, Hesp medía 1.95 metros, era lento en la carrera y de escaso manejo del balón con los pies. Además, llegó al Barça con 31 años y un fútbol bien madurado. Le costaba dominar muchas exigencias de ese fútbol arriesgado.

La siguiente imagen del partido muestra que, con el primer grupo defensivo azulgrana casi a mitad de campo, Hesp no acompaña la altura más allá del área. Bien interpretada, esta acción hubiera convertido al portero en una suerte de líbero, ese jugador número once, necesario para cortar ataques directos contra la espalda de su zaga y, dada la posibilidad, dar inicio al juego con sentido:

En declaraciones posteriores a la dolorosa derrota contra el Valencia, Hesp opinó: «el sistema usado por Van Gaal es bueno, lo que falla son los jugadores (…) No creo que la solución sea cambiar de sistema o de entrenador». Exacto, fallaban los jugadores.

La delantera del Valencia era más adecuada que la zaga del Barça

En los noventa se estilaba las alineaciones con dos delanteros centros. Frente a ellas, Van Gaal usaba una zaga a menudo compuesta por tres jugadores, con un cuarto por delante en funciones de primer mediocampista. Todos ellos muy adelantados en fase de posesión. El sistema de marcación era de tipo combinado. El más retrasado de los zagueros actuaba de hombre libre. Casi en paralelo, otros dos eran los marcadores de punta. Estos ejercían la marca bajo el patrón mixto: mantenerse en la zona asignada cuando el delantero no esté en ella pero seguirlo durante toda la jugada una vez ha sido marcado. El cuarto futbolista era un pivote posicional por delante de la zaga. La función tanto de este líbero adelantado como del retrasado era a la vez constructiva, en labores de generación de juego, y destructiva, a modo de barredores.

Alineaciones de Valencia y FC Barcelona (sharemytactics.com)

En aquel Barça-Valencia Van Gaal empleó a Abelardo de líbero defensivo. Como el propio futbolista dijo en una entrevista para El Periódico de España, sus características no eran las adecuadas para jugar en una defensa tan adelantada. «Ese 3-4-3 que implantó Cruyff, con esa forma tan bonita de jugar, fue espectacular (…) En el Sporting yo estaba acostumbrado a jugar más replegado, más a la contra, y en el Barça era todo lo contrario, había que llevar el peso del partido con unos espacios atrás enormes para los centrales. Mejoré a nivel táctico y técnico. (…) [Sin embargo] yo con el Barça en general no disfruté mucho, no solo con Cruyff. Con defensas súper adelantadas, apretando mucho al hombre, con muchos espacios… Para los defensas, un mínimo fallo era terrible».

Abelardo era un defensor de buen juego aéreo y dominio del pase, pero en general lento. Precisamente por su lentitud había sufrido mucho Koeman en el Dream Team, siendo un futbolista de mayor nivel que el Pitu y jugando para un equipo que, como recordaría Eusebio, era muy superior técnicamente a la mayoría de rivales y también al llamado Barça de los holandeses. Esta carencia impedía a Abelardo ser el defensa corrector adecuado para jugar con amplio espacio desocupado a su espalda. No llegaba bien a las ayudas de sus compañeros, en los momentos en que los delanteros que marcaban los habían superado. Tampoco era capaz de tapar transiciones de rivales que irrumpiesen en su zona desde segunda línea. Por eso Cruyff lo usaba sobre todo de marcador central, no de líbero. En esta posición, Van Gaal le asignó funciones defensivas que no se correspondían con sus aptitudes. Mucho menos si uno de los delantero rivales es Claudio «Piojo» López. Ese fue el error de apreciación del técnico que predisponía al equipo hacia el mal desempeño, no el uso del líbero en una zaga de tres jugadores ante una delantera de dos. Algo del todo conceptual.

En la imagen adjunta de la izquierda se aprecia el sistema de marcación de aquel partido. En la de la derecha, Abelardo aparece exigido para llegar al cruce del Piojo, incluso estando bien posicionado:

En cuanto a los marcadores centrales, ese día Van Gaal usó a Bogarde y Reiziger para que se emparejasen con el Piojo e Ilie. Reiziger era un jugador de estatura media, rápido y contundente. Toda vez que Bogarde era alto, corpulento, de escasa cintura, lento y expeditivo. A priori, atendiendo a sus características, ambos estaban preparados para la marcación, como demostraron en el Ajax. Sin embargo, para los emparejamientos de este partido no eran los adecuados.

En la previa, Claudio Ranieri, técnico valencianista, no tuvo reparos en reconocer que su plan era “darle verticalidad al encuentro”. Sabedor de las carencias de ambos defensores culés, Ranieri ubicó a López en la derecha, sobre Bogarde. El argentino era un delantero zurdo de primer nivel cuyas principales virtudes eran la velocidad, la lectura de los espacios, el dominio de balón desde la carrera y un chut tan pronto como certero. Necesariamente, Bogarde sufriría con López en jugadas de contraataque che. Mientras en la zona de Reiziger, Ranieri puso a Ilie. El rumano era un atacante de tremendo juego aéreo, capaz de bajar balones ante el defensor más preparado. De entro los zagueros barcelonistas, quizá fuese Reiziger el menos adecuado para contrarrestar esa faceta.

Comoquiera que Van Gaal no cambió a los zagueros de zona durante el partido, ni los sustituyó por otros, y el Valencia mantuvo los ataques por vía directa, priorizando el contragolpe, la ventaja de los duelos (además del mencionado rol de Abelardo como líbero) era visitante. Como se aprecia, el error volvió a estar en la elección de futbolistas llevada a cabo por el técnico neerlandés, no en la estructura de la zaga.

Ilie seguido por Reiziger

Ranieri estudió mejor al equipo rival y eligió mejor a sus futbolistas

Tras el partido, Van Gaal dijo que habían notado la tempranera lesión de Guardiola porque, sin él, el equipo perdía fluidez en la iniciación del juego, aunque su recambio fuese De la Peña. Se ve entonces la importancia de Pep como corazón del fútbol azulgrana aquel día.

En esa fase de salida, el holandés establecía un innegociable modelo combinativo basado en los triángulos de asociación. Estas son palabras de Van Gaal al respecto, dadas en 1997: «el juego del Ajax es una de las claves por las que me ficharon. Es atractivo porque se juega siempre en campo contrario y la circulación de balón es muy alta. Pero este juego exige del futbolista una gran cualidad técnica y una alta noción táctica». El neerlandés siquiera matizaba el modelo, despreciando el ataque por vía directa en fase de posesión. Por ello a Ranieri le fue más sencillo identificarlo.

Desde la base, Abelardo era el primer peldaño y Guardiola habría de ser el siguiente. Los zagueros tendrían que intentar que la pelota llegase hasta Pep. Este, con su excelente visión granangular del juego y su preciso pase corto y medio, sería el encargado principal de activar el riego de ataque.

Ranieri supo leer la pretensión de Van Gaal y, en consecuencia, estableció un dibujo 5-3-2 zonal y lineal con los futbolistas adecuados y las funciones bien marcadas. En una entrevista concedida a Don Balón aquel mismo mes de enero, el romano explicó que «el entrenador inteligente debe equilibrar las posibilidades de los jugadores (…) Al principio puse a los mejores, pero vi que no tenía el equipo y los resultados no acompañaban. Entonces lo cambié todo sometiendo el sistema a los jugadores. Ahora tenemos un equipo conjuntado y se nota la mejoría».

En fase defensiva, el técnico italiano dispuso una espera en bloque medio. La consigna de los dos delanteros era cerrar la vía central de pase hacia Guardiola. Asimismo, la labor táctico-defensiva de Pep también era anulada por el Valencia desde su fase de ataque, puesto que ningún jugador atacaba por la zona central, frontalmente al pivote barcelonista.

A continuación se adjunta una imagen con López e Ilie dificultando la conexión entre Abelardo y Guardiola:

Por su parte, los dos mediocampistas de banda, Farinós en la izquierda y Mendieta en la derecha, serían quienes activaran la presión y, al tiempo, cerrasen las vías de pase lateral hacia el 4 azulgrana. Por indicación táctica, ambos ejercían los saltos de presión de tal modo que forzaban la salida barcelonista hacia las bandas. Mendieta y Farinós eran futbolistas con capacidad física para soportar la exigencia, amén de ser duchos en el pase. Los marcadores azulgranas, menos virtuosos en el dominio y el toque que Abelardo, entregaban el balón a los interiores del 3-4-3, Celades y Sergi. Para recibir, estos esperaban posicionalmente abiertos en las respectivas líneas de cal, ya en la mitad de campo del oponente. Es en ese momento cuando los mediocampistas ches cerraban desde dentro para, a continuación, proceder a presionar de manera agresiva a los poseedores. A su vez los carrileros, Carboni y Angloma, de gran zancada, saltaban sobre ellos, sin haber estado fijándoles la marca.

A continuación se ve, en la imagen de la izquierda, al volante Farinós iniciando la presión desde posiciones intermedias hasta forzar el pase. En la de la derecha, Farinós incremente la intensidad, cierra y presiona al interior Celades, toda vez que Carboni, desde su posición de carrilero, salta sobre él cuando recibe. Mientras, todo el bloque reduce espacios:

Como parte de la maniobra grupal, el volante posicional Milla tapaba al mediapunta rival, Luis Enrique, y todo el bloque basculaba para asfixiar la posesión azulgrana en el sector del balón. Fruto de la misma basculación en bloque, la zaga de cinco hombres base obtenía superioridad numérica ante la delantera de tres azulgranas, aunque uno de los carrileros hubiera salido de ella para presionar.

Urgido por la situación, el interior barcelonista buscaba de manera precipitada el pase medio hacia el extremo de su banda, bien Figo o bien Rivaldo. Era la opción más sencilla, toda vez que ni Celades ni Sergi eran especialistas en el pase largo, sobre todo desde una posición estática y exigida. Ese pase hacia el extremo había sido previsto por el Valencia, de manera que el central de la zona presionada ya se había emparejado con él. Esta acción también respondía a las características de los futbolistas. Y es que Ranieri, a diferencia de un Van Gaal fiel a su dogma, no dio puntada sin hilo.

Como, a diferencia de los carrileros, los centrales valencianistas eran pesados, la presión sobre extremos hábiles en el regate tenía que ser cuerpo a cuerpo. Djukic sobre Figo y Soria encima de Rivaldo impedían que estos recibieran, o que se girasen si habían conseguido recibir. En esas circunstancias, los encimaban incluso muchos metros por delante del área. Sabedores del peligro de tamaños cracks, su objetivo era detenerlos aunque tuviese que mediar infracción. Además de ello, benefició a sus cometidos que los extremos del Barça no respetasen el concepto del juego que indica que cuando se recibe de espaldas hay que jugar a un toque de frente, puesto que se está en desventaja ante el defensor que lo acosa. Asimismo, los compañeros tampoco se le ofrecían como opción de pase, o estaban bloqueados. Así que perdieron varios balones.

Se adjunta una fotografía con la altura a la que llegaba la presión posicional de uno de los centrales, Soria, sobre uno de los extremos, Rivaldo:

Si los valencianistas lograban hacerse con la pelota en ese mecanismo de presiones, la acción siguiente dependía de la altura de la recuperación. De ser en la mitad de campo propia, el recuperador entregaba rápido el balón al volante libre, a poder ser Milla, dada su virtud pasadora. Este cambiaba inmediatamente el frente hacia el carrilero de la banda opuesta.

En referencia a la posición de Milla, cabe destacar un aspecto barcelonista que le favoreció en el partido. Tanto en el Ajax como en el Barça, el jugador usado por Van Gaal en el vértice ofensivo del rombo de su centro del campo solía ser más un segundo delantero que un centrocampista. Así, su labor estaba enfocada al gol, no a la construcción o a la contención. Tres días antes, el Barça había ganado 2-1 al propio Valencia en la ida de los octavos de Copa, y Van Gaal dijo: «Luis Enrique tenía que haber marcado hoy más de un gol. Ésa es la función del que juega de 10, y no del que lo hace de 9». Máxime en fase ofensiva desde un costado, al estar pendiente del centro, el mediapunta descuidaba al pivote del equipo rival, por lo que Milla tenía tiempo para recibir y ejecutar.

Luis Milla

Como se ha indicado, los carrileros valencianista fueron Angloma y Carboni, con Juanfran en la segunda parte. Todos eran jugadores potentes en la transición, con buen pase medio y centro al área. Una vez realizado el pase del volante sobre la banda, estos subían escasos metros con libertad. Los extremos culés, aún con intención de ataque, los desatendían. Asimismo, el interior basculado por la situación de la jugada y pendiente del mediocampista de su costado, reaccionaba tarde para tapar el ascenso del carrilero correspondiente. Una vez con el balón en su poder, el carrilero entregaba un pase profundo a la espalda de los marcadores rivales. Principalmente, el sentido de este envío era hacia el desmarque de ruptura de López, unas veces a la espalda de Bogarde y otras en diagonal.

Las tres imágenes siguientes son la secuencia de una jugada donde el central Djukic roba el balón a Figo en la izquierda de su mitad de campo y se desencadena la jugada que ha sido relatada en las líneas anteriores:

De haber surtido efecto la presión en la mitad rival, se abría una segunda vía de ataque. Con únicamente los zagueros azulgranas por delante del recuperador, este esperaba a que uno de los tres saliera a su paso, generándose un espacio y/o la liberación de un delantero al que asistir. Al mismo tiempo, el carrilero de la zona de recuperación aprovechaba su inercia y potencia ofensiva para atacar paralelo a la banda, imponiéndose así a cualquier defensor que, desde una posición frontal, pudiera seguirlo o cortarlo. Una vez que el zaguero barcelonista se adelantaba hacia el balón, el poseedor asistía profundo a la mejor opción.

Las siguientes imágenes pertenecen al gol del empate a tres valencianista. Fue un robo en la mitad rival y una conexión, como la relatada previamente, entre Farinós y el carrilero Juanfran, que no pudo ser detenida por el interior Ferrer, ambos ingresados en la segunda mitad:

Van Gaal descuidó conceptos del juego

El Barça se fue al descanso un gol arriba. Ranieri no podía permitirse perder, ya que su puesto corría peligro; el Valencia llegó al partido en la decimoséptima posición. En la reanudación el italiano dio entrada a Ariel “Burrito” Ortega, en lugar de Milla. Para el plan de presión lateral del italiano, el mediocentro era el menos necesario. Con Ortega, el dibujo pasaba a ser un 5-3-1-2. Sin embargo, el argentino ejercería más de mediapunta central que de enganche, situándose entre los zagueros y el pivote barcelonista.

En fase defensiva, la labor de Ortega no era muy exigida. Ranieri conocía de sobra las limitaciones del Burrito en esas lides, por lo que solo le pidió que tapase la vía hacia De la Peña. La clave era la fase ofensiva, puesto que supuso una ventaja conceptual. Además, las cualidades de Ortega eran ideales para jugar en esa zona, al ser un futbolista técnico, creativo y con aceleración. Ariel era indetectable, capaz de aparecer por todo el frente de ataque, de eliminar defensores mediante el regate y asistir a los delanteros en cualquier circunstancia, por contraria que pareciese. Además de todo ello, el jugador culé más cercano al argentino iba a ser De la Peña, futbolista de evidentes carencias en atención táctica e implicación defensiva. Esto también lo supo Ranieri antes de darle entrada, por supuesto.

A continuación, una imagen del posicionamiento de los delanteros del Valencia en relación los zagueros y volantes del Barça, tras el ingreso de Ortega:

Es un concepto general del juego que, para ejercer una correcta defensa sobre la portería, la zaga ha de tener superioridad numérica sobre la delantera del rival. Van Gaal no supo detectar el rol de Ortega y, sin variar su planteamiento inicial, permitió un tres contra tres de partida. Retiró a Luis Enrique e ingresó a Ferrer, pero no para usarlo de cuarto zaguero. Este se ubicó como medio derecho, pasando Celades a la zona de interior izquierdo, por delante del pivote. El gol de la victoria del Valencia llegó tras una recuperación en la mitad rival que desencadenó un sencillo desmarque de Ortega al espacio y la asistencia de Morigi, ingresado por Mendieta previamente. Hesp no estaba adelantado y Ortega dispuso del uno contra uno en el área pequeña, que resolvió con genialidad.

Abajo se muestra la imagen del balón recuperado, el desmarque de Ortega y la asistencia al espacio de Morigi que acabó en el 3-4:

Van Gaal culpó de la derrota a los futbolistas. “Con 3-0, algunos no hicieron lo que debían. Corrieron con el balón, les faltó organización”, dijo. Es injusto. Lo que sucedió es que Ranieri leyó el partido mejor que Van Gaal. Los futbolistas usados por Ranieri no eran mejores a nivel general, pero sí más adecuados que los elegidos por Van Gaal, por lo que superiores en esas circunstancias. El neerlandés no supo detectar las virtudes y defectos, individuales y relacionales, de sus futbolistas y los del oponente. Entonces los azulgranas estuvieron mal planteados y fueron inferiores, al contrario que los blaquinegros.

Países Bajos remonta gracias a los suplentes

De vuelta al presente, resulta llamativo que Van Gaal crea que equilibrar el número de futbolistas desde la defensa a través del sistema 5-3-2 es la mejor opción para acercarse a los títulos. Desde 2014, cuando tras dirigir a Países Bajos en la Copa del Mundo entrenó al Manchester United, el técnico neerlandés no ha vuelto a ganar ninguno importante. Mientras que hasta esa fecha ganó ligas con todos los clubes en que había dirigido: Ajax, Barça, AZ Alkmaar y Bayern. Probablemente la clasificación hasta semifinales que consiguió en Brasil ‘14 pese mucho en su juicio, teniendo en cuenta el calado futbolístico de un Mundial.

Sin embargo, lo único cierto es que no alcanzó esa fase por las maravillas de su sistema, sino porque eligió a los futbolistas adecuados en los partidos. Para representar esto puede usarse el ilustrativo ejemplo de Krul. El cambio en la portería exclusivamente para la tanda de penaltis en los cuartos contra Costa Rica pasó a la historia como una de las mejores decisiones de Van Gaal, a quien se consideró el estudioso referencial del juego. El portero suplente, Krul, tenía menos nivel que el titular, Cillessen, pero sus características técnicas y psicológicas le hacían más adecuado para la situación. Van Gaal había analizado bien a sus futbolistas y por eso la probabilidad de éxito era alta. El movimiento fue importante y el equipo superó la ronda, antes de ser eliminado por Argentina. Sin embargo, como muestran sus recientes declaraciones, el técnico nacido en Ámsterdam siguió pensando que el fútbol no está en la elección de los futbolistas, sino en otras nociones accesorias.

Durante el presente Mundial Van Gaal tampoco varió el sistema. En el estreno, la primera línea la compusieron Dumfries, De Ligt, Van Dijk, Aké y Blind. Desde la posición de central derecho, De Ligt sufrió mucho ante rápidos delanteros senegaleses que consiguieron tomarle el costado y la espalda. Solo salió airoso en uno de los seis duelos a ras de césped contra ellos, y acabó amonestado. El equipo ganó, pero en el segundo partido la alineación ya no contaba con el defensor del Bayern, sino con Timber. Comoquiera que el dibujo era fijo, surgió entonces la cuestión de que si Van Gaal había cambiado de jugadores por el estado general de ambos o, al contrario, si el relevo era consecuencia de que Timber tenía características más adecuadas para cubrir el sector derecho o para enfrentarse a su siguiente rival. El partido contra Ecuador acabó en empate a uno. A juzgar por las sensaciones y las estadísticas, Timber fue el más irregular de los tres centrales, pero mostró fiabilidad por encima de De Ligt en la previa. Por ello se mantuvo el resto del campeonato en una zaga que no volvió a variar.

Entonces llegó el partido contra Argentina sobre cuyas declaraciones abre este artículo. Países Bajos fue peor, pero consiguió remontar dos goles en los últimos minutos y llegar hasta la tanda de penaltis, donde fue eliminada.

Alineaciones de Argentina y Holanda (sharemytactics.com)

A diferencia de su homólogo neerlandés, para este encuentro Scaloni varió el sistema y replicó el de su rival desde la forma. Pero no lo hizo porque el 5-3-2 fuese mejor por defecto que el 4-4-2 usado en los anteriores partidos. Ni por ser más equilibrado, defensivo u ofensivo. La esencia del juego albiceleste se mantuvo. Scaloni modificó el dibujo porque estudió la situación y consideró la variante idónea. La situación dice que Argentina tiene a Messi, el mejor futbolista del mundo, un genio por igual de la asistencia y el gol. Y a la vez Scaloni conoce el impulso del central Aké por saltar a la presión, la tendencia ofensiva del volante izquierdo De Jong, las limitaciones físicas del veterano carrilero Blind y la capacidad del joven Nahuel, lateral de Argentina, para transitar en vertical una y otra vez. Desde las características de esos futbolistas, el seleccionador sudamericano previó que para herir a un rival parado en 5-3-2, disposición cuyas distancias facilitan determinados movimientos, Messi moviéndose en la zona de mediapunta derecho y Nahuel adelantado y resguardado como carrilero facilitarían la adecuada conexión a su favor. Así que el sistema fue una consecuencia de las cualidades de los jugadores, a fin de potenciar las propias en ese concreto partido, no una prioridad.

A continuación se adjuntan, de izquierda a derecha, los mapas de calor de Romero, Nahuel y Messi, indicativo de la zona donde incidió Argentina:

El primer gol llegó debido a que Messi recibió en la franja de aceleración de jugada, el central zurdo Aké salió de su zona primaria para tratar de arrebatarle el balón y ese espacio fue aprovechado por Nahuel, más rápido que Blind. Messi asistió y Nahuel, tras penetrar, marcó.

Messi hizo luego el segundo gol y Países Bajos acabó por empatar el choque gracias al ingreso de Berghuis, como mediocampista por la derecha, y Weghorst, en la posición de delantero centro. Al igual que el gol de Nahuel, el primer tanto del punta de Países Bajos tampoco es causalidad del sistema, sino pura consecuencia de la lógica del fútbol.

Si bien Berghuis está dotado de una precisa pierna izquierda, Weghorst es un ariete de 1.97 metros de estatura y buen rematador de cabeza. De los tres centrales dispuestos por Scaloni, ninguno sobrepasa el metro ochenta y cinco de estatura, siendo el zurdo Lisandro el más bajo de ellos, con 1.75 de talla. En ese hábitat, un centro lateral de Berghuis hacia la zona de Lisandro fue cabeceado por el imponente Weghorst al fondo de la portería. El del Besiktas ganó todos sus duelos aéreos. En la rueda de prensa que siguió a la eliminación de Qatar ´22, Van Gaal explicó lo siguiente: «Teníamos la posesión y no encontrábamos al hombre libre. Lo he intentado cambiar en el descanso. He hecho un cambio de dos jugadores. Argentina ha tenido que adaptar su sistema y nos hemos beneficiado».

Vuelve a centrar el resultado en los sistemas, esta vez concretándolo en el del rival. Lo cierto es que los ingresos de Berghuis y Koopmeiners en el descanso cambiaron poco. Y que fueron las características de los atacantes Luuk De Jong y Weghorst, ingresados más adelante, las que resolvieron el partido. Analizando a todos los futbolistas implicados, Van Gaal podría haber potenciado esas virtudes diferenciales de algunos de los suyos desde el inicio. Pero decidió ser fiel a las doctrinas de un sistema dispuesto para el repliegue y contragolpe. Por lo que arriba jugaron Memphis y Bergwijn, ineficaces ante la zaga compuesta por Otamendi, Lisandro y Romero.

A continuación se adjuntan los mapas de calor de los dos atacantes neerlandeses, Bergwijn y Memphis, a derecha e izquierda, respectivamente, para ver sus atrasadas zonas de influencia:

«No voy a seguir en la selección porque era solo para este periodo. He disputado veinte partidos y no he perdido ninguno», sentenció Van Gaal tras la eliminación.

Quién sabe si esta vez de manera definitiva, deja el banquillo uno de los técnico más ganadores de la historia. Alguien que dirigió grandes futbolistas y eligió bien muchas alineaciones, por eso ganó mucho. Que recientemente dirigió futbolistas menos dotados, pero también eligió bien y pudo ganar más partidos. Como todos los entrenadores, uno que cuando eligió peor fue cuando más perdió. Ganó y perdió por eso. No por los sistemas. No porque el 5-3-2 sea la panacea mientras que el 4-3-3 “ya no es el Santo Grial”, como dijo. No por los extremos o los carrileros. No porque para ganar haya que ser más defensivo. No por el equilibrio. No porque el fútbol haya cambiado.

Cualquier sistema es válido, si tiene sentido. Toda idea es útil, ayer y hoy, si respeta los conceptos. Estos son superiores a cualquier insignificancia. Porque el intemporal fútbol es el único que habla. Y hay que tener la voluntad de escuchar al fútbol antes que a la libreta.

Van Gaal se va y el fútbol pierde mucho sin él. Pero quedan sus equipos en la memoria y sus aciertos en la lógica del juego.

Un comentario

  1. Articulazo. El análisis no puede ser más preciso, básicamente porque desnuda el principal defecto de Van Gaal: la carencia de autocrítica. Sus derrotas más flagrantes vienen por elegir mal a los jugadores, como bien señala el autor, y por no aprender de errores pasados al no reconocerlos o hacerlo a medias. Lo sorprendente es que un tipo capaz de ser el protagonista de un cambio de portero antes de la tanda de penaltis y que le salga bien, o de una remontada de la nada como la del último Mundial ante Argentina, no sea capaz de ver cuándo mete la pata.

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